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Luz de LunaTercera PartePor: Volk Kotenok |
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- ¿Estarán bien? -Preguntó Víctor antes de marcharse con suu esposa... Lena estaba abrazada a Yulia, la morena respondió.
- Estaremos bien, si algo se ofrece te llamo.
- Eso espero, no dudes en hacerlo... -dijo al marcharse.
- ¿Estás bien mi amor? -Preguntó a su pelirroja, estaba temblando en sus brazos.
- Me asusté mucho, y me asusté aún más cuando llegaste...
- ¿Cómo así?.
- Si, es que cuando te vi pensé que Andrei podría hacerte daño, sabía que tú no ibas a permitir que me hiciera daño, pero temí por ti.
- ¿No te lastimó? -volvió a preguntar Yulia./p>
- No, sólo me tomó del brazo pero tú lo detuviste a tiempo... -rió un poco Lena, aunque de nuevo volvió a el gesto de dolor que había sido presenciado por la mañana...
- ¿Qué?, ¿te sigue doliendo?.
- No, al medio día me tomé unas píldoras y ya no me molestó, quizá ahora me vuelva a doler por la impresión, tú sabes, nervios...
- ¿Cómo se atreve es imbécil a venir? -Dijo molesta la pelinegra.
- No te pongas así -trató de tranquilizarla Lena- no hay nadaa que me haga cambiar lo que siento por ti.
- Eso lo sé, lo que me molesta es el atrevimiento del estúpido, no tiene derecho a ponerte una mano encima, pobre Tatiana, también estaba asustadísima, tendré que hablar con él...
- No, Yulia, por favor... -suplicó la pelirroja, -déjalo... no vale la pena...
Yulia asintió -está bien- dijo sin querer decirlo... -lo haré sólo porque tú me lo pides...
Lena prefirió cambiar el tema, aún no sabía por qué Yulia estaba de vuelta antes de tiempo.
- ¿Cómo fue que volviste tan pronto? Según sé deberías haber vuelto dentro de más de una hora -preguntó la pelirroja.
- Durante el día no me sentí cómoda, recordé el gesto de dolor de la mañana y pensé que lo mejor era volver para estar contigo, quizá se te ofreciera algo, tú me cuidas... yo te cuido... -fue la respuesta de la morena...
Lena sintió su corazón lleno de alegría... esas palabras eran todo lo que necesitaba... yo te cuido... tú me cuidas... la una para la otra.
Lena fue a acostarse un rato, sí se sentía un poco mal, los nervios, estaba convencida de ello, la morena acompañó su delicado sueño... la abrazó un poco mientras dormía y junto con ella durmió también... Lena se sentía protegida en los delgados brazos de su diablillo, sabía que Yulia jamás permitiría que nada le sucediera, durmió intranquila, el dolor no la abandonó por completo, pero descansó unas horas.
Yulia se levantó y preparó una cena sencilla, cocinar no era su fuerte pero lo hacía de cuando en cuando, en ese apartamento las tareas se compartían y aunque no le gustara o no fuera hábil las hacía... volvió a la habitación con un poco de ensalada y pan con atún.
- Te traje la comida... -anunció con suave voz.
Lena se percató de que ya estaba oscuro, sólo la lamparita situada en la mesa de noche alumbraba el lugar... allí estaba su querida Yulia, con la camiseta manchada de tomate pero con la bandeja en las manos, la pelirroja se incorporó en la cama y halando las almohadas las acomodó en su espalda, Yulia se sentó al lado derecho y colocó la bandeja en el regazo de Lena... ésta comió poco, dijo que sería mejor, no tenía mucha hambre...
El dolor continuaba allí, en el lado derecho de su vientre...luego de cepillarse los dientes y de sentir los brazos de su chica rodeándole la cintura mientras se veía el espejo Lena volvió a la cama, Yulia tenía que hacer un par de tareas de la academia pero pensó que podría hacerlas al medio día, antes de que tocara la clase, ahora todo lo que debía hacer era tomar su sitio en la cama y abrazar a su pelirroja hasta que ésta se sintiera bien, lavó los pocos utensilios y los platos y se fue a dormir.
Quizá eran las tres de la madrugada cuando Yulia notó que Lena estaba llorando...
- Mi amor... ¿qué te pasa? -preguntó asustada.
Lena estaba dormida y aún así lloraba, esto inquietó mucho a la morena
- ... cariño... Lenita... -dijo sacudiendo un poco a la pelirroja
- ... me duele... -dijo en un sollozo- me duele mucho...
Eso estaba mal, Lena era un roble, si alguna se enfermaba era la morena, pero Lena, nunca, sin duda era algo serio...
- Te llevará a emergencias... -dijo dando un salto de la cama, se puso los vaqueros y un abrigo, buscó el abrigo de la pelirroja y se lo puso... -espera un segundo -le dijo- fue a la sala y marcó a su casa, luego de tres timbrazos escuchó la soñolienta voz de su padre..
- ¿Diga?...
- ¡Papá, Lena está mal, está enferma! La llevaré a emergencias... -no esperó respuesta de su padre, su pequeño corazoncito era una locomotora dentro de su pecho, no podía pasarle nada a Lena, - ¡por Dios!, que no sea nada grave- decía una vocecita en su cabeza, era como su voz, pero ésta voz lloraba...
Colgó y regresó a la habitación... obtuvo fuerzas de desesperación, tomó a la pelirroja en sus brazos y no sin esfuerzo la llevó por las gradas hasta el primer piso, Lena continuaba gimiendo, aunque trataba de no sonar tan dolorida, al contrario intentaba calmar a su morena, miraba dolor en la mirada azul de ella, -no es nada- decía mientras volvía a apretar los labios del dolor, -no te preocupes amor, no es nada...-
Yulia sentó a Lena en aquellas gradas que daban a la calle, sacó las llaves del auto de su bolsillo, le costó un poco abrirlo, las manos le temblaban, al fin logró abrir la puerta del acompañante y volvió por su pelirroja, la sentó y casi voló hasta su sitio, condujo rápido mientras un desfile de tragedias marchaban por su cabeza, iba llorando, sentía el dolor de no poder hacer nada por su amada niña...
Oleg levantó a Larissa, -Lena está enferma, Yulia la lleva para emergencias, debemos ir-. Con la ropa de dormir y abrigos salieron afligidos, ambos sentían a la pelirroja como propia hija, además, debían brindar su apoyo a la pequeña Yulia... -sonaba mal-... dijo Oleg camino al apartamento, pensó por un momento que quizá su pequeña les estaba esperando, supo que no estaba cuando no vio el auto en su habitual sitio.
- Debe estar desesperada -dijo Larissa preocupada- debe estar muy mal...
Dieron la vuelta y se dirigieron al centro de asistencia más cercano, quizá Yulia se había dirigido allí. No la encontraron.
- Larissa -dijo a Oleg- la llevó a la clínica privada... teme llevarla a la asistencia estatal.
Obteniendo fuerzas de quien sabe donde, la pequeña Yulia volvió a tomar a la pelirroja en brazos.
- Necesito ayuda... -dijo a la primera persona de blanco que eencontró... la enfermera alcanzó una camilla y la morena colocó allí a su amada, caminó a la par tomando su mano y hablaba rápidamente...
- Señorita, que la vea un médico, le duele el vientre, desde hoy por la mañana, es una emergencia...
La enfermera le ordenó notificar en admisión y luego esperar en las sillas que estaban en esa sala, ella conduciría a la chica con el médico, ya tendría noticias. Yulia dio los datos a la enfermera.
- Katina Elena Sergeevna -dijo cuando le preguntaron el nombre de la paciente... -diecinueve años, A positivo, no, no soy su familiar, no ninguna alergia, no, no tenemos un seguro médico... -las respuestas salieron de sus labios mecánicamente, ¿quién era aquella alma insensible que podía disparar tantas preguntas en aquel momento en que el dolor la embargaba?, ¿cómo podían preguntarle tonteras si lo único que quería escuchar era que nada malo le pasaba a la que era dueña de su vida?
Yulia se sentó en una de las sillas del pasillo, cada vez que una enfermera pasaba por allí preguntaba por la pelirroja, -espere un momento-, -enseguida-... eran las respuestas que recibía, sus ojos estaban rojos, aunque no lloraba abiertamente sus ojos estaban llenos de lágrimas... ¿y si algo malo pasaba?, ¿sería grave lo que tenía Lena?... ninguna noticia, empezó a desesperarse, apenas llevaba diez minutos en ese lugar pero según su tiempo interno eran mil años.
Larissa vio a su pequeña, le dolía verla así, se miraba diminuta, estaba encorvada en la silla y sus manos sostenían su rostro por los costados, sus dedos estaban sujetando sus cabellos.
- Yulia... ¿qué pasó?.
- ¿Cómo está?... -fue la pregunta de su padre...
Levantó sus tristes ojos azules y murmuró...
- aún no sé nada, no se nada... -dijo levantándose y abrazando a su madre... necesitaba tanto ese abrazo, quería sentir consuelo, el padre se unió al abrazo.
- Preguntemos por ella -dijo al soltar a sus grandes amores.
- Señorita -dijo Yulia- ¿puede decir...?
- ¿Los familiares de la señorita Katina?... -dijo otra enfermera llegando al lugar...
- Nosotros... -dijo Yulia- ¿cómo está Lena?...
- ¿Ustedes son sus padres? -Preguntó a Oleg ignorando por completo a la pequeña.
- No -contestó Oleg.
- ¿Qué clase de parentesco tienen?- Volvió a preguntar... Larissa contestó...
- Es amiga de la familia, de mi hija...
- Lo siento, no puedo dar información si no es a sus padres..-dijo la insensible mujer.
- Por favor -suplicó Yulia mientras se le volvían a llenar los ojos de lágrimas- dígame cómo está Lena...
- Lo siento señorita... no puedo darle información, si usted no es su pariente no puedo decirle nada...
Yulia no pudo más y le gritó a la mujer...
- ¡Soy más que su pariente!... ¡Somos pareja, vivimos juntas!...
La enfermera hizo un enorme gesto de sorpresa y desaprobación...
- No pue... -había empezado a decir cuando se acercó otra mujer, vestía unos pantalones negros y una bata blanca...
- ¿Qué sucede? -Interrogó a la enfermera./p>
- Doctora Kruschev, es que aquí la “señorita” quiere saber sobre una paciente pero no es su pariente- explicó la mujer a la médica utilizando un tono sarcástico al decir “señorita”...
- Pues enfermera... -vio el gafete que tenía en el pecho y sigguió-... Dimitreevna, haga favor de informar a... -dijo viendo a la morena.
-Yulia, Yulia Volkova -dijo la morena
- ... a la señorita Volkova sobre el estado de la paciente...
- es que... -empezó nuevamente la mujer.
- Nada -dijo la médica usando una nota más alta en su voz-.... que le informe sobre el estado de la paciente...
- La tienen que operar... -dijo retirándose para no dar más información...
- ¿Pero qué tiene? -Dijo Yulia volviendo a llorar y dirigienddo esa pregunta a nadie en particular...
- esperen -dijo la médica-... enseguida vuelvo...
Oleg abrazó a Yulia, -no te preocupes hija, Lena es fuerte... <
- Si, lo sé -dijo alzando la voz un poco- pero la van a operar, es por algo, no se le opera a nadie por gusto...
- Cálmate hija -dijo Larissa- lo mejor es guardar la calma, esperemos, seguro no es nada grave...
- Señorita Volkova... -dijo la médica.
- Yulia -dijo la pelinegra al dirigir sus pasos hasta la mujer- llámeme Yulia Doctora Kruschev.
- Llámame Tanya –dijo- bueno, no tienes por qué preocuparte, a tu chica la vamos a operar, yo la voy a operar, es el apéndice, no es grave, estamos a tiempo, es una operación de rutina...
- A Yulia parecía como si le hubieran quitado el mundo de sus hombros, aunque estaba preocupada las palabras de la amable médica la tranquilizaban un poco.
- En cuestión de una hora, hora y media habremos terminado, aunque...
- ¿Qué? -Interrogó Yulia.
- Según la información que diste no poseen seguro médico.
- No -dijo la morena- estamos pasando por momentos difíciles, no hemos podido comprar nada así para nosotras...
- Tendrás que llenar unas formas y podremos realizar la operación, aunque deberás cubrir parte de los gastos.
Los padres de Yulia observaban cómo su hija movía sus manos y hablaba con la chica de cabello oscuro y piel morena, era más alta que su pequeña, aunque no tanto y sus ojos eran verdes, no azules... quizá tendría unos 30 años... ¿pero qué pasaba, qué le estaba diciendo a Yulia?, no se preocuparon tanto pues vieron sus azules ojos más calmos, sus gestos indicaban que Lena no corría peligro o al menos que no era tan grave como se lo había imaginado la morena.
- ¿De cuánto estamos hablando Tanya? -Preguntó esperando que la respuesta no fuera una cantidad innombrable...
- ven Yulia, vamos a la oficina de Servicio Social y allí veremos... permiso. -dijo la médica al retirarse con la pelinegra...
- Ya vuelvo -dijo Yulia a sus padres.
Tanya tomó un sitio detrás del escritorio y buscó los papeles que debía llenar Yulia, sacó una calculadora y mencionó la cantidad...
- No tengo ese dinero, pero lo conseguiré... ¿puede usted realizar la operación y yo traer el dinero antes que den de alta a Lena?...
- ¿La amas verdad?... -la pregunta de la médica sorprendió a la morena pero contestó sinceramente.
- Con todo... y aún más, si algo tuviera que pasarle a alguien preferiría que fuera a mí, ella, ella es todo mi corazón, sin ella yo no soy... pues yo...
Tanya sonrió y contestó, haré la operación, tienes hasta las diez de la mañana de mañ... hoy, de hoy...
- No se preocupe, aquí estará el dinero antes de las diez...
- Yulia -dijo la chica- no te preocupes, todo saldrá bien.
Salieron de la pequeña oficina, Tanya a prepararse para la cirugía y Yulia a hablar con sus padres y a esperar que todo terminara.
- Mamá, papá... -empezó la pequeña- dice Tanya, la médica,, que tienen que operarla para quitar el apéndice, que no hay peligro hemos llegado a tiempo... pero...
- ¿pero qué? -Preguntó con preocupación Larissa.>
- Dinero -dijo la morena- debo pagar una parte de los costos, Tanya hizo algunos arreglos para que Servicio Social absorbiera parte de los costos...Tenemos un poco de dinero, Lena es muy buena administrando lo que entre las dos ganamos, pero no es suficiente.
- ¿Cuánto es? -Preguntó Oleg, la chica les dijo.<
- Puedo darte una parte -dijo el padre- pero aún faltaría.
- Yo te daré lo que tengo -dijo Larissa- aunque aún no será suficiente...
- Yo conseguiré el resto, sólo esperaré hasta que Lena salga de la operación y veré qué soluciono, debo tenerlo antes de las diez.
Oleg pasó un brazo por la espalda de su pequeña y con la otra mano tomó la de su esposa.
- Esperemos -dijo y se sentaron a hacer eso, esperar.
A las cinco treinta de la madrugada Tanya se asomó hasta dónde se encontraban esperando noticias de la pelirroja...
- Yulia -dijo con una sonrisa- todo salió bien, una pequeña cicatriz será el recuerdo, pero no es muy grande...
La morena saltó de la silla donde estaba y abrazó a Tanya.
- ¡Gracias!, ¡Gracias!, ¿puedo verla?...
Los padres de la morena se acercaron.
- ¿está bien Lena? -Preguntaron al unísono.
>- Está perfectamente, aunque ahora la llevarán hasta una sala de recuperación, quizá puedan verla en unas dos o tres horas...
- ¿tanto? -dijo Yulia bajando su mirada.
- Ven -le dijo Tanya- ven...-. Condujo a Yulia hasta la sala de recuperación.. allí estaba la pelirroja, estaba pálida, pero estaba allí, la morena observo cómo su respiración movía su pecho... se sintió tranquila y empezó a llorar...
La médica se sintió conmovida, qué amor tan grande, sabía que la chica de cabello revuelto estaba llorando de alivio, de saber que nada malo le había pasado a la mujer que amaba, que no se la iban a arrebatar, pasó un brazo por encima de los hombros de la pequeña y le dijo: -tranquila, ya pasó, todo estará bien...- Yulia preguntó si podía dar un beso a su chica, la médica accedió, Yulia se inclinó y besó la frente de Lena... -te amo- le dijo en un susurro, -te amo mi amor.
Oleg tenía que volver a casa, no podía faltar al trabajo, Yulia lo acompañaría, él daría el dinero ofrecido por ellos, Larissa se quedaría allí, por cualquier cosa, había dicho la pequeña, ella tenía que arreglárselas con el resto del dinero...
El padre dio el dinero, -¿sabes cómo conseguir el resto?- Preguntó el padre...-¿ no deberías llamar a sus padres?...
- ¡No!, esto lo arreglo yo, quizá les llame, pero después, y creo que ya sé cómo conseguir el dinero...
Lo único de valor que poseía aparte del vehículo era el teclado, aquel que le había tomado dos años de ahorros comprar, era uno de los buenos, tendría que venderlo, no importaba, ella haría cualquier cosa por su amada pelirroja.
Cogió la caja y lo empacó despacio, incluyó todas las piezas, la toma de la corriente, el pedestal, incluso llevó la bocina, sin el teclado no serviría de nada y quizá le dieran algo por ella. Cuando el hombre de la tienda de segunda mano llegó ella ya estaba apostada en la puerta... hablaron de dinero, él vio la oportunidad de obtener un buen trato ya que si la chica estaba allí tan temprano era una emergencia, así que sacaría partido de la necesidad...
- Este teclado me costó el triple de lo que me ofrece -protestó la morena.
- Lo tomas o lo dejas -dijo el hombre.
- ... está bien, lo tomo, ah, ¿cuánto me da por la bocina?...
Unos cuantos billetes más fueron obtenidos, el trato había sido casi un robo, pero ya tenía el dinero, con el de ellas, el de sus padres y la cantidad obtenida por el instrumento podría pagar lo que debía, incluso quedaban algunos billetes para comprar algo para su chica. Al salir del local pasó brevemente a explicar lo sucedido en el colegio donde trabajaba, no hubo ningún problema, comprendieron muy bien que la ausencia de Yulia estaba más que justificada.
A las nueve de la mañana volvió Yulia a la clínica, llevaba unas hermosas flores, lo mejor que pudo conseguir sin derrochar el dinero, aún faltaba ver si no prescribirían algo a su amada, así que era mejor no gastar todo... antes de ir con Lena se dirigió a la oficina de Servicio Social, ahora ya estaba la encargada y había recibido la nota de la Doctora Kruschev, allí estaba la chica de la que la nota hablaba, se saldaron las cuentas y ya con todo en orden se dirigió hasta la habitación que le habían dicho.
Se asomó a la puerta, Larissa estaba sentada en un sofá y la pelirroja dormía.
- ¿cómo está? -Preguntó en voz baja la morena... >
Antes de que su madre respondiera, Lena abrió los ojos y pronunció su nombre.
- ¿Yulia?... estoy bien -dijo para tranquilizarla, recordaba haberla visto terriblemente preocupada en la madrugada, extendió su mano y la pelinegra la tomó.
- Sé que estás bien, me diste un susto de muerte...
- Lo siento... -dijo la pelirroja.
- No tienes que sentir nada, no es tu culpa, pero me asusté bastante... toma, te traje esto... -dijo al tiempo que daba a su chica las fllores.
- Son lindas... -dijo Lena.
- No tanto como tú... -respondió Yulia-... nada es tan hermoso ccomo tú...
- No hables mucho -dijo Tanya entrando por la puerta. -hola Yulia, hasta que por fin te veo reír -dijo guiñando un ojo a Lena.
- Es que estoy feliz... -contestó la pelinegra.
- Lena, ella es quien te operó.
- Ya nos conocimos -respondió la chica de los ojos verdigrís-- vino hace un rato para decirme qué me habían hecho.
- Hubiera querido estar aquí cuando despertaras, pero debía ir a casa...
- Por dinero, ¿verdad? -pregunto Lena.
- Si, pero ya lo solucioné... no te preocupes...
Tanya explicó a las tres los cuidados que deberían tener por lo menos en unos quince días, nada de movimientos bruscos, una dieta sin grasas para mejorar la cicatrización.
- Quizá deberías estar en cama una semana, luego caminarás pero despacio, ¿para qué correr riesgos innecesarios? -dijo la médica, así lo harían, Yulia se encargaría de eso.
- Al pie de la letra cada una de las indicaciones...-dijo la morena.
- Yulia, quiero que vayas a la universidad y hables con el profesor Gruzkov, en casa, en mis cosas está una carpeta de color azul, es un trabajo que debo entregar hoy, llévaselo por favor y dile por qué falté, que luego me pondré al corriente, la próxima semana...
- No quisiera dejarte -dijo Yulia bajando la mirada- pero iré, vvolveré pronto... besó los labios de su amor y le dejó aún en compañía de su madre que ahora dormía un poco en el sofá.
Ya con la carpeta en el auto hizo el viaje hasta la universidad, parecía un perrito apaleado, estaba despierta desde las tres, había llorado, había pasado por momentos duros imaginando mil y un tonterías, así que no llevaba su mejor rostro.
El profesor Gruzcov ya conocía a la morena, Lena los había presentado el día del reconocimiento por sus notas, el hombre alto y rubio, o al menos lo había sido, pues ahora su frente era una amplia pista de aterrizaje...
- ¡Yulia! -Dijo sorprendido al verla en la puerta de su pequeña oficina.
- Profesor Gruzcov, Lena me ha pedido que le entregue esto, la han tenido que operar de emergencia hoy a las cuatro de la madrugada.
El profesor se preocupó sinceramente: - ¿Pero ella está bien?- Preguntó...
- Si, ella está bien, pero no podrá venir en al menos dos semanas.
Lena había dicho una pero no, serían dos... ¿para qué arriesgarse, como había dicho Tanya?...
- dile que no se preocupe, yo hablaré con el resto del claustro y le asignaremos tareas remediales, quizá tú pudieras pasar para recoger las asignaciones o podemos dárselas a su amiga... Nadya.
- No -dijo apresuradamente la pelinegra- yo vendré por las tareas.
El hombre expresó sus buenos deseos por la pronta recuperación de la pelirroja, envió sus saludos y se despidió de Yulia.
Al salir de la oficina del profesor Yulia se encontró con Nadya, le había visto llegar y entrar en la oficina del maestro...
- Yulia, ¿qué le pasó a Lena? -preguntó, era evidente que algo había pasado, el semblante de la pelinegra delataba eso, además, la pelirroja no era de las que faltaba a la universidad.
Yulia habló con ella de mala gana, pero al final pues... ah, si le preguntaba era porque su amiga le preocupaba...
- Si quieres ve a verle, mañana ya estará en casa, supongo...
Nadya ofreció hacerlo y agradeció a Yulia por ser amable con ella y permitirle ir a su casa, trató de disculparse, Yulia le dijo que olvidaran el asunto, eso era lo mejor, olvidar. Nadya sintió profunda vergüenza, esa chica le estaba demostrando que era una gran persona, que no le guardaba rencor a pesar de tener motivos, Yulia era una estupenda chica, Lena no estaba equivocada, que tarde se había dado cuenta de ello.
Antes de volver a la clínica, su madre debía irse a descansar a casa, pasó por el apartamento, se le ocurrió que Lena iba a querer ropa para cuando saliera así que mejor la llevaría de una vez, buscó unos holgados pantalones, si, aquellos que se anudaban en la cintura, así podrían controlar la presión y una camiseta, cerrando la puerta estaba cuando Tatiana subía las gradas con el pequeño Vladimir en brazos.
- Hola Yulia –dijo, mientras el chico se lanzaba literalmente a los brazos de la morena... Yulia le cargó y comentó lo ocurrido por la madrugada, también que Lena ya estaba bien...
- Nos hubieras hablado –dijo- te hubiéramos ayudado.
- Apenas sabía cómo me llamaba -contestó sonriendo- pero gracias siempre.
Volvió a la clínica y agradeció a su madre, Oleg se había escapado a la hora del almuerzo y también estaba allí, había llevado unas fresas a la pelirroja quien ya las comía.
- Que bien, si ya tienes apetito esa es buena señal -dijo sonriendo- los padres se marcharon y dejaron a aquel par a solas.
- No se qué haría sin ti -dijo la pelirroja, yo me hubiera vuelto loca sin saber que hacer.
- No te creas, yo no sabía qué hacer... -se sinceró Yulia.
- ¿Cómo hiciste con el dinero?... -preguntó nuevamente.
-... no te preocupes, ya lo solucioné.
- eso ya lo sé, pero qué hiciste.
- pues... tomé lo que teníamos, mis padres me ayudaron y... -dijo y luego vio por la ventana para no tener que terminar la frase.
-... y ? -Preguntó nuevamente la pelirroja.
- Este... hola Tanya -dijo Yulia- se había salvado por nada, noo quería decir nada a Lena acerca de la venta del teclado, pero tampoco le iba a mentir, así que la llegada de Tanya quedó perfecta.
- Bueno -dijo examinando la herida de la pelirroja- esto se ve muy bien, mañana después del medio día podrás irte a casa...
Eso alegró mucho a la pareja: -¿puedo quedarme a pasar la noche aquí? -Preguntó Yulia...
- Claro, hablaré con las enfermeras, yo me marcho justo ahora, ha terminado mi guardia, mañana no vengo, pero el doctor Romanov te verá antes de salir, sólo recuerden los cuidados y no pasará nada, ah, -dijo empezando a sonreír- al menos por dos semanas... nada...
- ¿Nada de qué? -Pregunto Yulia, Lena empezó a reír.
- Nada de nada -volvió a decir Tanya... al fin cayó en cuuenta la morena y rió con ellas... por dos semanas... nada de nada...
Cuando llevaron el almuerzo para Lena el estómago de Yulia le hizo el reclamo de la falta del desayuno y por lo visto la falta de almuerzo, la morena dio de comer en la boca a su niña, Lena le pidió que por favor ella diera un par de bocados de aquello, bien sabía que no había comido, le miraba sus ojos aún rojos.
- ¿Por qué no duermes un poco?. Si quieres ve a casa, yo voy a estar bien- dijo la pelirroja.
- No, aquí me quedaré, sé que mi madre va a venir, cuando lo haga volveré al apartamento, me daré un baño, me mudaré de ropa y volveré para quedarme.
- Está bien -dijo Lena sin discutir.
Yulia ya había tomado una decisión y era más fácil mover el Everest de sitio que hacerla cambiar de parecer, así que...
Los padre de Yulia volvieron a eso de las siete, Yulia hizo lo que había dicho a Lena, en cuestión de una hora estaba de vuelta, incluso había traído con ella aquel conejo de felpa que había comprado a la pelirroja cuando tenían dos meses de salir juntas, aún antes de la primera vez, Lena colocaba el muñequito cerca de la almohada a la hora de dormir, cuando le había llevado a su casa le abrazaba, pero desde que vivían juntas a quien abrazaba todas las noches era a su morena.
A las nueve se marcharon sus padres, era mejor volver pronto al barrio, además estaban cansados y el día siguiente había trabajo que hacer. Yulia besó los labios de su amada antes de acomodarse en el sofá, se arropó un poco y durmió enseguida... estaba rendida, estaba agotada tanto física como mentalmente... la pelirroja dijo algo, al no obtener respuesta se percató de que Yulia estaba profundamente dormida, le dirigió una mirada cariñosa y desde su cama envió un beso con su corazón y una caricia con su alma... allí estaba su diablillo, su ángel, su amor, durmiendo en el sofá, pero junto a ella.
El siguiente día, Yulia despertó cuando una enfermera llegó a tomar la temperatura de la pelirroja.
- ¿Te sientes bien? -preguntó en tono preocupado... /span>
- Está bien -dijo con una linda sonrisa la enfermera- no se preocupe, su hermana está bien...
- ¿Hermana? -Pensó Yulia.
- Ya ves hermanita... estoy bien -dijo sonriendo Lena.
- Ah, si, me alegro... -volvió a decir la pelinegra... para qué iba a sacar de la duda a la chica, en general las personas asumen, si ven a dos chicas no es común el pensamiento de que sean pareja, así que es más fácil suponer.
El doctor Romanov examinó a la pelirroja. -estás perfecta, parece que no te hemos hecho nada –dijo- ahora podrás marcharte a casa, pero debes tener en cuenta todos los cuidados a seguir...
- No se preocupe doctor -respondió Yulia sonriendo- Lena descansará, estará en cama una semana, caminará hasta dentro de 15 días, irá a la universidad porque yo la llevaré y no moverá un dedo hasta que se recupere... me encargaré muy bien de esta chica. -Terminó diciendo mientras guiñaba un ojo..
- Parece que tu madre es un poco joven -bromeó el facultativo, era un hombre mayor, más parecía un retirado luchador de grecorromana que un médico internista, sin embargo había algo en su rostro, quizá ese aire gracioso que le daban sus cabellos rizados y revueltos que estaban a los costados y el mostacho que hacía ver aún más infladas sus rojas mejillas.
- Si -siguió con la broma Lena- mi madre me cuidará muy bien, es tan preocupada -dijo alargando la palabra tan hasta darle una gran sonoridad.
Yulia empujaba la silla de ruedas en donde había obligado a la pelirroja subir, Oleg y Larissa venían junto a ellas.
- Me siento ridícula en esta silla -comentó a Larissa pero con toda la intención de que la pelinegra escuchara.
- Bueno, pues es la silla o te cargo, ¿qué prefieres? -Respondió fingiendo un tono de enojo...
- Ah, no, pues mejor la silla, si no a la siguiente que operarán será a ti, por una hernia...
Oleg reía, ese par no dejaba de hacerlo reír, ya no recordaba cómo era su chica cuando no conocía a Lena, bueno, sí le recordaba, de aquella Yulia apenas quedaba rastro, quizá algunas veces habían tenido problemas, ella siempre quería hacer su voluntad, el padre debía frenar aquellos impulsos, si por Yulia fuera sería corredora de carreras, paracaidista, escalaría montañas se iría de safari al África y bailaría todas las noches en la discoteca. Quizá se debía a las chicas con quienes salía, recordaba a aquella posesiva Katia, a la fiestera de Liaya, a aquella otra que era totalmente dependiente de Yulia, la chica asfixia, le había llamado él, si, Ivana, en fin, su Yulia seguía siendo alegre, bromista, atrevida, impulsiva, pero... pero su corazón estaba calmo y había una voz que la calmaba, si esa voz le decía... “déjalo, no lo hagas” o “cálmate” y acompañaba esas palabras con un beso su terremoto se calmaba, él mismo debería haber buscado a Lena antes... rió de sus pensamientos, Larissa le vio extrañada, -¿de qué ríes?- Preguntó... - Nada, luego te explico.
Oleg fue quien cargó a la pelirroja y la acomodó en asiento del acompañante del Niva verde, Yulia volvió a la clínica para devolver la silla y luego corrió hasta el auto...
- ¿A dónde señorita? -Dijo adoptando un aire de chofer de niña rica...
- A casa, a casa -repuso con un tono circunspecto Lena justto antes de reír sonoramente... Las chicas se condujeron delante del auto de los padres de la pelinegra.
- Por un momento pensé que jamás volvería a tenerte junto a mí -dijo con un dejo de tristeza Yulia.
Lena alargó su mano y acarició la bronceada faz de su amada, recorrió lentamente las líneas perfectas que delineaban aquel bello rostro...
- Si me tocara irme creo que te llevaría conmigo- se inclinó y besó fugazmente los labios de Yulia, se incorporó en el asiento haciendo una mueca de dolor.
- Oh no, ¿te duele? -Dijo Yulia preocupada mientras clavaba ell auto en el asfalto al haber accionado violentamente el freno.
- Un poquito -dijo sonriendo la pelirroja- pero si sigues frenando así me dolerá horrores...
- Lo siento, pero es que te vi, el gesto de dolor y pues ah... no sé, me preocupé.
- Sigue, sigue que no pasa nada, estoy bien...-reanudaron la marcha hasta llegar al apartamento.
Oleg llevó nuevamente en brazos a Lena mientras Yulia corría delante de él abriendo las puertas, cuando abrió la del apartamento escuchó cómo se abría la de los vecinos, el pequeño Vladimir corrió y saltó a los brazos de Yulia.
- ¡Gusano! -Dijo Yulia mientras le alzaba y le hacía volar un poco, Lena siempre reía pues a Yulia sólo le salían ese tipo de palabras para referirse al crío, era su manera de ser cariñosa, Víctor y Tatiana se habían acostumbrado a esas muestras de afecto, cada día ese niño era un bicho diferente para la pelinegra. Larissa vio cómo brillaron los ojos de Lena al ver a Yulia con el niño, no era la primera vez que era testigo de esa actitud, ella supo de qué se trataba esa chispa, esa mirada empezaba a ser una mirada maternal.
- Bueno Yulia -dijo Oleg- dónde pongo el paquete...
- ¡Ya Oleg! -Dijo Larissa, Lena por su lado rió cuando su chica de ojos azules respondió...
- En la cama por favor, en la cama...
Todos entraron al apartamento, Oleg llevó a la pelirroja hasta la cama tal y como había dicho Yulia, la recostó mientras la pelinegra acomodaba las almohadas, Larissa colocó por allí la pequeña bolsa que contenía la ropa de dormir de Lena, la que había llevado la madrugada de la emergencia.
- ¿Quieres comer algo?, ¿Tienes sed? -Preguntó comedida aquella chica que lucía el cabello revuelto.
- No amor, no tengo hambre ni tengo sed, quizá un poco de sueño...
- Bueno, bueno -dijo Yulia levantándose de la orilla de la cama donde había estado sentada y comenzó a sacudir sus manos indicando que todos debían salir -Lena quiere descansar así que todos a la sala...
Obedientes padres y vecinos abandonaron la habitación.
- No seas grosera Yulia -dijo la pelirroja.
- No soy grosera, sincera es otra cosa, tan sólo consiga que se marchen vuelvo, tú tienes que descansar.
Víctor y Tatiana estaban por retirarse cuando el pequeño Vlad pidió a Yulia que tocara algo para él, la pelinegra siempre que el niño se lo pedía tocaba unas cuantas notas en el teclado que ahora faltaba.
- Ahora no puedo -dijo Yulia bajando la voz aunque no sirviió de nada, el niño estaba gritando que quería que Yulia tocara, los padres se llevaron al crío quien ahora parecía una sirena de bomberos porque no había sido complacido.
- Yulia, ¿eso de que no tocaras tiene que ver con lo que sospecho? -Dijo el padre, haciéndole ver claramente que suponía la venta del teclado...
- Ah, si, tuve que hacerlo, más adelante compraré otro.
- Tienes razón querida -dijo Larissa- el bienestar de la persona que amamos no tiene precio.
- Luego te ayudaré a que compres otro... -dijo Oleg mientras daba un beso y un abrazo de despedida a su hija.
- ¿No quieres que me quede? -Preguntó la madre- podría ayudar a cuidar a Lena -terminó.
- No mamá, me las puedo arreglar, si tengo alguna duda te llamo.
- Está bien, se cuidan, y cuida muy bien que descanse, el reposo es fundamental en la recuperación...
- Si mamá lo se, Lena no se moverá -sentenció la pelinegra-... si Lena quiere hacer algo será sobre mi cadáver.
Yulia volvió a la habitación, vio a su pelirroja con los ojos cerrados, su cabello hacía marco perfecto a aquel bello rostro.
- ¡por Dios!, ¿que haría yo sin ti? -dijo en un susurro mientras cerraba sus azules ojos...
- Andarías conquistando chicas... -dijo la dulce voz de Lena.
- Pensé que estabas dormida.
- Pues no, ¿vendiste el teclado verdad?... ¿por eso no tocaste para Vlad?...
La pelinegra no hubiera querido decir nada, Lena seguro iba a decir que no tenía por qué hacerlo, se sentiría culpable...
- Si, lo vendí y no me arrepiento por ello, si tuviera que hacerlo de nuevo lo haría...
- Ven -dijo Lena mientras posaba la palma de su mano en la cama. Yulia se acercó y se sentó a la par de su amada.
- Sé que eres capaz de todo por mí, sé que renunciarías a ti misma si te lo pidiera o fuera necesario, podría decirte que no debiste hacerlo, pero entonces sería una mal agradecida... ¡gracias mi amor!, nadie jamás podría amarme como tú lo haces, nadie jamás me amará como me amas tú... sólo espero poder corresponder a todos tus sacrificios algún día.
- Lena -empezó a decir Yulia- tú has hecho grandes sacrificios por mí, sé que dejar a tus padres requirió de una gran valentía y mucho amor, por estar conmigo has dejado todo, tu mundo, tus cosas, tu familia, no hay más grande que eso, amarte es lo menos que puedo hacer...- la pelinegra se acercó a sus labios y los rozó.
- Te amo preciosa, te amo -dijo clavando su mirada azul en aquella verdigrís
- Y yo a ti.
Yulia preparó unas patatas con crema agria, una ensalada y un pequeño filete de pollo para que Lena comiera...ella por su lado comería cereal, llevó las viandas hasta la habitación y se dispuso a dar de comer a Lena.
- Yo puedo comer sola.
- No, tú debes descansar así que yo te daré de comer...- ¿Para qué discutir?, esa batalla estaba perdida.
Cuando la pelinegra terminó de dar de comer a su pelirroja, retiró los platos e insistió en llevar hasta allí un vaso con agua y el cepillo de dientes...
- No exageres Yulia, puedo ir hasta el baño...
Parecía que se iba a romper, Yulia le llevó tomada del brazo, caminando lo más despacio que pudo...
- Vaya, que grande puede ser este apartamento... -dijo Lena empezando a reír.
Al volver la pequeña acomodó a la pelirroja en la cama y fue hasta la sala, Lena sólo escuchaba el ruido que producía el sofá mientras era arrastrado.
- ¿Qué haces?...
- Llevo el sofá hasta allí, podría quedarme en la sala, pero quiero estar cerca por si necesitas algo... -respondió desde la salita.
- Deja eso, ven acá.
Obedientemente Yulia regresó a la habitación, visiblemente acalorada por el esfuerzo de mover el mueble...
-¿ O quieres que me quede en sala? -Pregunto con ojos tristes al asomarse por la puerta...
- Quiero que te quedes conmigo –respondió- yo no puedo dormir si no estás a mi lado... aunque tampoco puedo dormir cuando estás... -dijo pícaramente Lena.
- Es que te puedo lastimar... -dijo la morena- quizá me mueva y te golpee, no quiero que te pase nada, por eso voy a dormir en el sofá.
- Mi amor no te preocupes, igual tú no eres un terremoto en la cama, al menos no cuando estás dormida...- volvió a reír...
- No hagas eso... -dijo Yulia.
- ¿Hacer qué? -Preguntó la pelirroja... <
- Bien sabes que en dos semanas... pues... ¡nada!. No me hagas eso, sabes que apenas puedo resistirme... y ahora debo resistirme...
- ¡ay! Mi querida Yulia... en dos semanas volveré a ser tuya completamente -Lena agregó un tono sensual a esta última palabra...
- ¡lo estás volviendo a hacer!... dijo Yulia.
Esa noche Yulia apenas pudo dormir, se acomodó lo más lejos que pudo de Lena, ocupó un pequeño trozo de la cama... la pelirroja quiso atraerla hacia sí, pero la pelinegra sólo besó sus labios, tomó su mano y le dijo:
- Bueno preciosa... a dormir... -fingiendo hacerlo.
La chica de cabello rebelde veló el sueño de su amada niña, vio en la penumbra el bello rostro de su amor, revivió en su memoria cada una de las sonrisas de aquella chica, cómo sus ojos se reducían a dos pequeñas rayitas cuando le veía coquetamente, cómo cerraba sus ojos al momento de amar y cómo pronunciaba su nombre con devoción al sentirla.
Al amanecer Lena vio a Yulia hecha un nudito en el extremo de la cama, no quiso despertarle, pero en cuanto se movió la pelinegra saltó del lecho...
- ¿qué te pasa? -Dijo sobresaltada.
- Nada mi vida, nada, no quise despertarte...
- ¿Cómo te sientes? -Preguntó con tono más calmo la morena.
- Magnífica, me cuida la única persona que lo sabe hacer.
Yulia preguntó a su chica si quería que informara de su estado a sus hermanos, ella no había dicho nada pues esa era una decisión de su pelirroja... -anda, diles- respondió, trató de incorporarse...
- ¿a dónde vas?.
- Pues a prepararte el desayuno.
- Nada de eso, yo iré a prepararlo para las dos, tú debes descansar... deja que yo lo hago.
La morena se encargó de todo, incluso lavó las viandas para que a Lena no se le ocurriera que había algo que hacer...
- Mamá vendrá a cuidarte durante la mañana... -dijo al llevar hasta su niña libros, comida, agua y algunas otras cosas que suponía podría necesitar mientras su madre llegaba, que serían escasos treinta minutos...
- No era necesario... -empezó Lena.
- claro que lo es, te debes recuperar completamente y yo prometí encargarme de ello...por eso, ahora mismo limpiaré la herida tal como lo dijo el médico y lo volveré a hacer en la noche...
Yulia limpió la herida con sumo cuidado, -¿te duele?- Preguntó un millón de veces, -no-, fue la respuesta al millón de preguntas, -como quisiera que nunca te doliera nada- dijo la morena- esa noche quería ser yo la que sintiera el dolor y no tú...-, -si hubieras sido tú la del dolor yo no hubiera sabido que hacer, pero tú lo hiciste muy bien. Dio un beso a su boca y le dijo -apúrate, que te van a echar del colegio por faltar.
Larissa cuidó de la pelirroja por la mañana, -creo que nos hacía falta un respiro- dijo la madre de la morena- hace tanto que no conversamos sin prisas...
Lena y Larissa se habían hecho amigas desde el principio, claro que Lena le respetaba como la madre de su amada, pero sabía que podía confiar en ella como una amiga...
- hija -empezó Larissa- ¿alguna vez has pensado en la maternidad?...
La pregunta sorprendió a la pelirroja, por breves momentos no supo qué decir, pero habló sinceramente.
- Cuando veo a Yulia con Vlad me siento de un modo que no sé cómo explicar, me gusta verle jugar con el niño, se parece tanto a ella-
- Te lo digo -continuó la madre de Yulia- porque el otrro día noté eso en tus ojos, tú sabes que... pues... por obvias razones eso es imposible en el caso de ustedes...
- No sé Larissa, siempre existen posibilidades, pero creo que aún no es el momento...
- No, yo sólo comentaba, en realidad no creo que ninguna de las dos esté preparada aún, ustedes mismas son unas chiquillas, quizá más adelante. Las cosas pasan cuando deben pasar.
- Tiene razón, quizá más adelante- terminó Lena.
Al medio día, antes de volver al apartamento Yulia fue hasta la universidad para recoger las asignaciones para Lena, tal y como lo había prometido al profesor Gruzcov, Nadya le vio llegar, pero no pudo darle alcance, pues Yulia iba con prisa.
Lena se sorprendió al escuchar el sonido de la cerradura.
- Ya vine -dijo desde la salita.
- ¿qué haces aquí?... -dijo sorprendida la pelirroja.
- Nada, vengo a hacer la comida y comer contigo...
- Pensé que volverías hasta las tres treinta o cuatro... -volvió a decir Lena.
- Pues ya ves que no... hola mamá -dijo dando un beso en su mejilla, luego se acercó hasta la pelirroja y besó sus labios.
- Ya cociné algo, dijo Larissa.
- Muchas gracias mamá, mañana lo haré yo...
Las tres comieron en la habitación, Yulia hizo la llamada a los hermanos de la pelirroja, luego la misma Lena habló con ellos y les dijo que estaba bien... ellos prometieron ir a visitarle esa misma tarde, quizá a las cuatro. Yulia debía volver a la academia, aún faltaban un par de clases y ya estaba retrasada... un beso rápido fue la despedida y se marchó.
Los hermanos de la pelirroja se preocuparon, cuando Yulia les empezó a contar acerca de la operación, pero al escuchar a su hermana al teléfono su corazón se tranquilizó... era lamentable que le insensatez de sus padres tuviera alejada a su princesa... ellos siempre habían sido celosos guardianes de su hermana y a pesar de los comentarios punzantes de su madre, ellos no veían nada malo en Yulia, esa chica era muy buena y era evidente que amaba a su querida hermana, así que qué pretexto podrían poner... ninguno, esa tarde les visitarían...
Cyril no pudo resistir, fue hasta donde se encontraban sus padres...
- Mamá, papá... a Lena le operaron hace dos días... ya está bien... pero creo que deben saberlo.
- Pues ya nos informaste... -dijo insensible la madre-...
- ¿estás seguro que está bien? -preguntó el padre...
- Si, he hablado con ella, está bien... no creen que ya es hora de que comprendan que no se elige a quien se ama?...
- Dejemos ese tema -dijo Innesa levantándose... aunque en su interior su corazón dio un vuelco al escuchar que a su pequeña le habían operado no delató sus sentimientos, esa coraza de indiferencia era lo único que la protegía de aceptar aquello que poco a poco se volvía más tangible e irreversible, pero ella debía resistir, su hija estaba mal... según ella.
A eso de las tres volvió como un rayo la pelinegra, se saltó la última clase y regresó con su amor... parecía que se habían puesto de acuerdo con Nadya pues cuando Yulia bajó del auto ella también lo estaba haciendo.
- Hola Yulia.
- Ah, hola Nadya, ya está en casa, vamos...
Larissa aún se encontraba allí. – Mamá -dijo Yulia al saludarle- ella es Nadya, una amiga de Lena.
La madre saludó cariñosa a la chica, ella no sabía nada de el intento de trampa por parte de ella, la madre de la morena decidió marcharse, al ver Yulia que Lena se quedaría con Nadya se ofreció a llevarle hasta casa.
- Enseguida vuelvo amor, llevaré a mamá...
- Ve mi vida, Nadya se quedará conmigo y me hará compañía mientras vuelves...
Nadya se sentó en la orilla de la cama -veo que estás bien- le dijo a su amiga.
- Estoy bien, no fue nada, solo que nos cogió de sorpresa...
- Sé que el otro día no querías escucharme, tienes toda la razón para estar molesta conmigo...
- Deja, no pasa nada.
- Lo mismo dijo Yulia, que tarde me he dado cuenta de que nunca has estado equivocada, Yulia es una gran chica... te ama y tú claro que le amas...
- Si, con todo el corazón, ella es un sol conmigo, si te contara.
- ¿Qué? -Preguntó Nadya.
- Ah, pues bien sabes tú que Yulia trabaja duro, yo ayudo con lo que puedo y pues, no pasamos problemas con comida y renta, pero pues no tenemos dinero como para tirarlo por lo tanto no estábamos preparadas para una emergencia, además Yulia no quiso llevarme a la asistencia estatal, me llevó a una clínica privada.
- ¿Qué hizo para pagar? -Preguntó nuevamente la amiga.
- Pues... vendió el teclado...
- ¿Qué?...
- Vendió su teclado.
- ¿Aquel del que tan orgullosa estaba?.
- Si, el que le tomó dos años comprar... lo vendió para poder pagar lo que costó la operación.
- Yulia es grandiosa -dijo sincera Nadya, esa chica rubia y de ojos azules, lamentó en su interior haber juzgado de oportunista a la morena, Lena no podía estar con nadie mejor, esa chica de aspecto rebelde era magnífica con la pelirroja.
Al volver Yulia de dejar a su madre Nadya empezó a hablar con las dos, pidió perdón por lo que había hecho, por supuesto no mencionó nada acerca de la participación de la madre de Lena en la fallida intriga...
- Lamento haber hecho lo que hice... -empezó diciendo- sé que no tengo disculpa, pero de verdad deseo que las dos me perdonen, te juzgué mal Yulia, no pude haber estado más equivocada, y... Lena, nunca has estado equivocada, Yulia es sin duda la persona correcta...
- No pasa nada, entiendo por qué actuaste así... todo queda olvidado... -dijo la morena.
Nadya abrazó a su amiga y dio un abrazo también a Yulia... -ahora vuelvo dijo-... fue al auto y trajo consigo un par de paquetes... -esto es para ustedes-... llevó a Lena un libro... bien sabía de sus aficiones y para Yulia llevó una fina carpeta de piel, para que guardara sus partituras...
- Está hermosa... gracias -dijo sincera la morena- ¿quieren tomar té?.. preguntó.
- Claro... está bien, fue la respuesta de las dos chicas... Yulia lo preparaba mientras las dos chicas se quedaron platicando...
- ¿Tus padres no saben nada?.
- Yulia y yo hablamos con Cyril y Sergey, supongo que ya lo saben... los chicos han prometido venir a verme más tarde... y pues seguro les dijeron algo... sé que les importa, pero están doloridos... los entiendo y no les guardo rencor... quizá con el paso del tiempo pues, ya no se sientan de esa manera.
Las chicas bebieron el té que Yulia sirvió, charlaron acerca de cómo habían estado las cosas la noche de la emergencia... Nadya se despidió consciente de que Lena debía descansar, sabía que con disculparse no arreglabas las cosas, así que pensó en hacer algo más para compensar la mala jugada que había pretendido con aquel par... al salir de allí, se dirigió a la casa de los padres de la pelirroja, era hora de enmendar los errores.
Mientras los hermanos de la pelirroja se iban de camino a la casa de las chicas, Nadya llamó al padre de Lena y le pidió unos minutos para poder charlar, el hombre le recibió en aquella habitación que alojaba la biblioteca, ella ya había estado allí en otras ocasiones, allí planeó, junto con Innesa, la trampa, ahora allí, estaba reparando en parte el daño hecho...
- Sergey -empezó la chica- yo sé que usted aún no se repone de lo de Lena -el hombre hizo un gesto con desgano, ya estaba cansado de pelear en su interior, ¿qué le importaba ya con quien estaba su hija?, si esa era su felicidad él debía respetarla-... yo misma he juzgado duramente a Lena y otro tanto más a Yulia, pero he estado equivocada... he podido comprobar que el amor que se tienen ellas dos es muy grande, es de verdad... -hizo una pausa aquí para esperar la reacción del padre de su amiga. -Lena fue operada... -siguió Nadya al no ver ninguna señal en el rostro de Sergey.
- y ella... -aquí se encendieron los ojos verdigrís del hombre-... ¿está bien? -preguntó con preocupación...
- Muy bien -respondió la chica- Yulia se ha encargado muy bien de todo, señor... –continuó- Yulia es una gran chica, ha sacrificado muchas cosas para que no les falte nada, incluso, vendió un teclado que había comprado con esfuerzo y un par de años de ahorro, necesitaba el dinero para la operación de Lena y lo vendió sin pensarlo dos veces.... Lena no está equivocada, somos nosotros quienes lo hemos estado todo este tiempo.
El hombre no pronunció palabra, escuchó luego cómo la chica relataba lo de la frustrada trampa, claro que no mencionó la intervención de la madre de la pelirroja, era mejor callar esa parte.
- Gracias por contarme todo esto -dijo Sergey- son ustedes, los chicos quienes nos abren lo ojos, gracias...
La chica se marchó, su conciencia estaba en paz, sabía que hablar con la madre de Lena era inútil, pero había visto comprensión y nostalgia en los ojos del hombre... ojalá y tomara la decisión correcta, ojalá y su amiga pudiera recuperar a su familia.
Los hermanos de Lena llegaron también al apartamento, llevaron a su hermana algunos presentes, ninguna de las chicas mencionó nada acerca de la venta del teclado... rieron ahora al imaginar los gestos de Yulia durante la emergencia, ahora ella podía reír tranquilamente, junto a ella, tomando su mano estaba esa pelirroja que revolvía su cuerpo, tranquilizaba su corazón y habitaba en su mente... ahora que sabía que todo estaba bien reía de lo que había sucedido.
Los días pasaron y entre los cuidados de la madre de la morena, los de Tatiana la vecina y los de su amor, Yulia, la pelirroja se sentía de lo mejor, aunque según ella la chica ojiazul exageraba en los cuidados se sentía completamente complacida con las atenciones de su amada, Yulia cocinó, lavó, limpió, ordenó en fin, no dejó tarea por terminar para que a su adorada pelirroja no se le “antojara” empezar a moverse.
Al cabo de dos semanas, poco más allá de mediados de septiembre, la morena llevó a la pelirroja hasta la clínica, era hora de que removieran las suturas, llevaron vino y flores para agradecer las atenciones de la médica, ya habían confirmado por teléfono que le encontrarían ese día.
- Bueno, parece que no ha ocurrido nada, esta pequeña cicatriz será el único recuerdo...- Tania, la médica examinó detenidamente la herida, retiró las suturas y cada vez que Lena apretaba los labios por el pequeño dolor sentido apretaba más fuerte la mano de la morena. Yulia acariciaba los rojos cabellos de su amada.
- Bueno... -dijo Tania- ahora puedes caminar, pero no levantes nada pesado, ya puedes ir a la universidad, pero aún debes tener cuidado con... -dirigió una mirada cómplice a Yulia- no hagas ejercicios muy fuertes...
Las chicas estaban por retirarse, Yulia a propósito dejó el abrigo en la oficina de la facultativa para poder regresar por él. -ahora vengo, olvidé el abrigo, dame unos segundos...-, la morena habló con Tania, hizo una invitación... pronto sería el cumpleaños de Lena, así que a falta de familia quería llenarla de amigos, la médica aceptó la invitación y volvió a agradecer las flores y el vino que llevaron las chicas.
La morena volvió y se condujo hasta un pequeño restaurante, esa tarde comerían fuera, quería que Lena disfrutara un poco de la ciudad, había estado varios días en el apartamento... caminaron de la mano, algunos dirigieron miradas de reproche, algunas mujeres bajaron la vista e incluso un tipo profirió un insulto, Yulia no perdió la calma, sabía que a Lena no le gustaba que se pusiera de tú a tú con los tontos que creían poseer la razón.
El día siguiente Yulia hizo el trayecto hasta la universidad, dejó a la pelirroja, la llevó hasta su sitio, Nadya prometió no dejarla ni un minuto, ella se encargaría de su amiga, Yulia no lo notó, pero estaba siendo observada, al abandonar el estacionamiento de la universidad y dirigirse a la academia, un lujoso auto fue detrás de ella, justo al estacionar el Niva verde en la academia, Sergey, el padre de Lena se acercó hasta ella.
- Yulia, ¿puedo hablar contigo un momento?... -la morena se sorprendió, apenas pudo evitar dar un grito.
- Diga -dijo en el tono más tranquilo que encontró...
- Quiero pedirte disculpas... quiero que perdones mi torpeza y olvides lo que un día hice...
Los ojos azules de la chica se abrieron un poco más, apenas podía dar crédito a lo que estaba escuchando, ¿ese hombre estaba pidiéndole disculpas?... sinceramente respondió...
- No tengo nada que perdonar, usted tenía toda la razón para estar molesto conmigo, quien debe perdonar algo en ese caso es Lena, ella es su hija, usted debió apoyarla a ella, por mí... pues no se preocupe... todo queda en el olvido, sólo puedo decirle que es bienvenido en nuestro apartamento cuando lo desee.
El hombre hizo un gesto y la morena comprendió que iba a abrazarle, se acercó y ella lo hizo primero...
- Eres una gran chica Yulia, Lena no pudo haber elegido mejor... -dijo Sergey con las lágrimas a las puertas de sus ojos, verdigrís como los de la princesa que extrañaba tanto.
-No sé cómo acercarme a Lena -dijo el hombre al soltar el abrazo de aquella pequeña de cabello revuelto.
- Normalmente -dijo la morena- ella le ama, no le guarda rencor.
- Es que he sido un mal padre... no apoyé a mi hija, sé que la situación no era común, sé que todo el mundo señala... y lo hice yo también...
Yulia contó al padre su idea de celebración de cumpleaños de Lena, pensó que era un buen momento para propiciar el encuentro entre ellos dos.
- Faltan tan sólo diez días -dijo Yulia- será el mejor regalo de cumpleaños de su vida...
La chica y el hombre se despidieron, Yulia estaba feliz, tropezó con la puerta al entrar al salón, todos sus compañeros rieron, ella sonrió con ellos pensando que Lena tendría el cumpleaños más feliz de su vida, que la felicidad de su amada pelirroja sería casi completa...si no fuera por el desprecio de su madre.
La morena volvió por Lena a la universidad, solicitó un permiso para retirarse antes de tiempo, siendo una alumna aventajada, quizá nunca había sido premiada con mención honorífica debido a su temperamento, nadie podía dudar de su capacidad y talento, aunque todos notaban ahora su cambio de conducta, seguía siendo el centro de atención dado su carácter extrovertido, pero ahora no tenía problemas con ningún compañero o maestro, el permiso le fue concedido sin problemas...
Otra vez andarían dando un par de vueltas por Moscú, quizá irían a un parque o a beber té, había pensado en llevarle al cine, pero luego pensó en las filas y la gente y no quiso exponer a su amada a un golpe descuidado... fueron al pequeño café del centro comercial, los pasteles de ese sitio eran los favoritos de la pelirroja, mientras caminaban por entre los negocios, Lena vio en una vitrina de la tienda de animales unos conejos...
- Ven Yulia, ¡mira que lindos conejitos!... -la pelirroja se introdujo en la tienda y acarició los animalillos.
- Mi amor -dijo a su oído- ¿no te gustaría que tuviéramos un conejito?...
- Lena, si compramos un conejo o come él o comemos nosotras -rió la pelinegra-... aunque hacer el amor con la frecuencia que lo hacen los conejos no estaría mal, dijo guiñando un ojo la morena...
Continuaron la marcha hasta el café, incluso antes de llegar Yulia compró un pequeño conejillo de felpa.
- Amor... tu conejillo, ahora somos tres...
- Cuatro dirás, -dijo la pelirroja- ¿recuerdas a Bambi?, él está en la casa.
Ciertamente en casa estaba el otro muñequillo, otro de los regalos de su querida chica con ojos de cielo, aquel se llamaba Bambi, éste pronto pasó a llamarse Rufus.
Habían pasado ya más de tres semanas de la operación, apenas faltaban cinco días para el cumpleaños de Lena, Yulia había preparado todo muy bien, no olvidarás este cumpleaños, pensaba mientras observaba a su pelirroja leyendo en el sofá, estaba acomodada en sus piernas, allí descansaban aquellos rizos rojos, Yulia posaba su mano en el sitio de la cicatriz a la que llamaba el bebé, Lena había reído de la ocurrencia de la morena.
- Tiene que llamarse bebé -dijo explicando el por qué- todo sucedió de noche, te llevé a emergencias, te metieron en una sala de operaciones, te sacaron algo del cuerpo y éste es el resultado, mi amor, esto es un bebé.
- Para celebrar tu cumpleaños he invitado a papá y mamá, tus hermanos y Nadya para que vayamos a comer al hotel, pues como tengo que tocar esa noche y no puedo faltar pues... no se me ocurrió nada mejor...
- No importa, no hay necesidad de preparar nada -dijo sin retirar la vista del libro- te tengo a ti, mi mejor regalo...
Diciendo esto se incorporó un poco para poder besar los labios de la pelinegra.
Yulia estaba dispuesta a hacer de ese día uno inolvidable, hacía un par de días mientras preparaban una presentación con los chicos del colegio, encontró entre varios objetos de utilería usados en sus actos, un disfraz de conejo, no era más que un traje blanco de felpa con un rabito pegado en el sitio correspondiente, encontró las orejas que se ajustaron perfectamente a su cabeza, no le costó trabajo meterse en el traje, ella era bastante chica... lo llevó a casa de sus padres, lo metió en la lavadora que entre todos habían comprado hacía un par de años, desde que ella pudo colaborar con los gastos, y ya seco lo llevó a casa...
Esa mañana mientras aún Lena dormía se levantó sigilosamente de la cama, Lena notó el movimiento pero no le dio importancia, sin duda volvería enseguida, podían levantarse tarde, era sábado, así que su alfiler estaría de vuelta en segundos... de hecho así fue, sintió el revolver de las sábanas, sintió cómo la cama cedía levemente ante el peso de la chica...
La pelirroja giró para abrazarle, era ya casi un mes de que la deseaba y aún no habían vuelto a sentirse, lo habían intentado hace casi una semana, pero un movimiento involuntario de la morena había provocado un leve dolor, quizá no tan leve pues le había arrancado un gritito, Yulia no terminaba de disculparse y pues no lo habían vuelto a intentar...
Yulia había dicho que esperaran un poco más, la pelirroja deslizó sus manos debajo de la sábana y cuando pensó sentir la piel de su morena sintió la afelpada textura, eso acabó de despejarla... se sentó en la cama y corrió la sábana sólo para encontrarse con la morena riendo...
- ¡Felicidades... amor! Aquí está tu conejito... -dijo Yulia saltando sobre la cama y moviendo el rabito que colgaba del disfraz...
Lena empezó a reír... -Ay Yulia, me diste un susto..-. se levanttó para pararse en la cama también, abrazó a su amada y posó una mano en el sitio donde estaba el rabo, con la otra mano acarició una de las orejas.
- ¿Eso quiere decir que esta noche comeremos conejo?... dijo viendo sensualmente a la morena...
- ¡Esta noche hay conejo! -Dijo Yulia mientras hacía cosquillas a su amada en el costado.
Las dos se dejaron caer en la cama, entre los juegos y los besos se decían palabras de amor, la morena sabía perfectamente que lo que más adoraba su pelirroja era escucharle decir que la amaba, en un susurro y en su oído, y la manera en que la hacía reír. Volvieron a dormir, abrazadas como siempre lo hacían, Lena no podía recordar cómo era dormir sola, al final no importaba, jamás volvería a hacerlo y eso llenaba su corazón de felicidad.
Se levantaron de la cama reclamadas por el sonido del teléfono, Larissa y Oleg cantaron feliz cumpleaños del otro lado de la línea, Lena agradeció e incluso hizo una invitación para comer al medio día, ellos la rechazaron, Yulia ya les había advertido que quería ese día para ellas dos... solas.
- En la noche nos encontraremos -dijo Oleg, si no Yulia nos desconoce como padres...- terminó riendo el padre de la chica, Lena sonrió y terminó diciendo
- Está bien, hasta la noche. -Yulia llevó a Lena al centro de Moscú, Yulia había hecho una reserva para comer en el restaurante giratorio, Ostankino, aquel ubicado en la torre de televisión, comieron manjares “occidentales”, pescado ruso, pero al estilo occidental, Yulia pidió vino blanco, recién había recibido la paga, podía darse algunos lujos, además, lo preparado para la noche pues... se lo descontarían del sueldo del próximo fin de mes, no era malo pues por ser parte del personal del hotel tenía un descuento todo lo que consumieran.
Comieron lentamente, viéndose reflejadas en el vidrio que las separaba de la ciudad, el sol se reflejaba en los rizos rojos de su amada, Yulia estaba absorta observándola...
- Eres más que bella –dijo- cuando veo tus ojos pierdo el aliento, te amo...
Lena acarició una de sus mejillas, se levantó de su silla un poco para poder alcanzarla, besó sus labios y le dijo...
- yo también te amo, pero los ojos más bellos no son los míos, son los tuyos... cómo lograste meter el cielo dentro de ellos?... -preguntó sin esperar respuesta, besó nuevamente a su chica y regresó a su posición.
La tarde continuó su marcha, ahora Yulia llevó a Lena al parque Sokolniki, muchas veces habían ido al parque Gorki, dada la cercanía con la Universidad, pero ahora Yulia quería aumentar los sitios en los que tuvieran memorias compartidas... caminaron entre los árboles tomadas de la mano, ambas llevaban abrigos delgados, se detuvieron varias veces en su andar, aquel bosque fue testigo de cientos de besos, de caricias y promesas de amor, caminaron hasta que Yulia dijo que debían ir a otro sitio, volvieron cerca del Kremlin, fueron al zoológico, Lena amaba a los animales, esas salidas eran sus favoritas, vieron renos, lobos, algunos osos y tigres siberianos, tomaron rumbo nuevamente, fueron hasta el apartamento, era hora de prepararse para la cena de la noche...
Cuando Lena salió de la ducha encontró en la cama una caja blanca con un lazo y moño rojos, una pequeña tarjeta con la caligrafía de la morena, “Para la mujer más bella, para la única que sé amar”.. Yulia estaba tras la pelirroja, vio como abría el paquete, desató suavemente el moño y retiró los papeles que contenían el regalo, allí estaba un fino pantalón de lino, negro y una blusa de seda del mismo color, estaban perfectamente elegidos, sobrios y de buen gusto.
- Te costaron una fortuna -dijo Lena sabiendo que era observada por su amada.
- Una miseria si se compara con la fortuna de tenerte... -dijo la morena quien ya había vestido sus ropas.
Cuando iba a tocar siempre vestía pantalones oscuros, ahora mismo llevaba unos grises con unas delgadas franjas, una blusa de cuello alto color negro y el abrigo que hacía juego con el pantalón... se acercó hasta su pelirroja, retiró la toalla que envolvía su cuerpo y tomándola por la cintura le hizo girar.
- Sé que no soy muy buena con las palabras -dijo acercándose tanto que casi rozaba su nariz con la propia- sólo sé que yo soy yo porque te tengo a ti... que desde que estoy a tu lado estar sola ya no es una opción... es sencillamente imposible...
Dirigió sus manos hasta los rojos rizos y apartándolos de su rostro besó suave y profundamente a Lena, despacio abrazaron sus bocas, sus corazones danzaban la misma melodía, ambas disfrutaron de sus sabores, los mismos que se confundieron hasta ser solo uno, un solo latido, un solo aliento... la desnudez de Lena y el sabor de su boca fueron irresistibles para la morena, ella misma empezó a quitar su abrigo mientras la pelirroja sacaba la blusa de sus pantalones, con el torso desnudo abrazó a su pelirroja y la acomodó en la cama mientras besaba su cuello, su piel estaba aún húmeda, recogió con sus labios las gotas de agua de sus hombros y dirigió sus manos hasta la entrepierna de su amada, Lena acariciaba la espalda desnuda de la morena, gimió levemente cuando sintió la mano de su chica empezando a explorarla.
- Ya no tenemos tiempo-dijo al oído de Yulia.
- Lo sé -dijo al tiempo en que cambiaba el ritmo de lo que estaba haciendo, la pelirroja volvió a gemir, ya no tan ligeramente, Yulia sabía perfectamente cómo hacer sentir a su chica, descendió un poco hasta encontrarse besando el vientre de la pelirroja, Lena mordía su labio inferior, hacía muchos días que deseaba sentir ese placer... ahora lo estaba sintiendo, el timbre interrumpió aquel momento, la chica cerró sus ojos verdigrís y dijo:
- Debemos irnos... ah... creo que esto tenemos que arreglarlo más tarde...
La morena se incorporó y tomó su blusa, -más tarde... más tarde tendrán que amarrarme... -dijo en medio de una sonrisa, odiaba ser interrumpida cuando se estaban amando, aunque esta vez no era culpa de nadie, ya era la hora acordada para partir a la cena...
Víctor, Tatiana y Vlad estaban allí en la puerta, con su mejor sonrisa y un par de regalos... se saludaron con un par de besos en las mejillas.
- Hola bicho -dijo al chico...- éste entregó el regalo a la chica...
- Feliz cumpleaños -le dijo.
- Espera enano, tienes que decirle eso a Lena, no a mi, el cumpleaños es de ella...
El chico rió y se sentó a esperar la salida de la pelirroja junto con sus padres.
Era imposible no quedar impresionado con la belleza de la pelirroja, vestía las prendas que le había dado su amada, traía el cabello suelto y apenas un brillo en los labios, no necesitaba maquillaje, para qué esconder la belleza tras esos productos había dicho una vez Yulia, Lena era bella, más allá de la belleza aún, según la morena.
Los vecinos abrazaron a la chica y entregaron su regalo, ella lo agradeció y abrió de inmediato, - hermosa bufanda -dijo al sacar una fina pieza de lana, hace juego con la ropa, se la acomodó en el cuello y recibió en sus brazos al pequeño Vlad, quien estaba halando un poco sus pantalones... - Feliz Cumpleaños- volvió a decir el chico, esta vez a la persona correcta, entregó el paquete y dio un beso a la pelirroja... -te quiero-... dijo inocente, -así como te quiere Yulia...- Lena no pudo evitar unas lágrimas...
- Gracias Vlad, yo también te quiero... -abrió el regalo del pequeño, era una taza con unos dibujos pintados a mano, la había hecho en la guardería estatal, allí se quedaba todas las mañanas mientras trabajaban sus padres.
- El dijo que era para ti, -comentó Tatiana.
- Pues es mi nueva taza... -terminó mientras la llevó hasta el sitio en donde estaban dos tazas, las de uso frecuente de las chicas, quitó la de color lila y colocó la rosa recién regalada a la par de la de su chica, la celeste.
Se dirigieron al hotel, allí se encontraron ya a los padres de la morena, Sergey y Cyril, los hermanos de la pelirrioja, Nadya y Tanya la médica... ocuparon la mesa que les estaba asignada mientras que Yulia ocupó su lugar frente al piano... siempre tenía un micrófono al frente, parte del espectáculo nocturno lo conducía ella al mencionar algo particular de las piezas interpretadas...
- Buenas noches... -dijo con el tono de voz evidentemente emoocionado- esta noche seré egoísta, pues aunque sé que ustedes vienen por escucharme, ¡que fanfarrona soy! -dijo guiñando un ojo, mientras arrancaba unas risas de la concurrencia- esta noche no tocaré para ninguno de ustedes, esta noche la mujer que amo cumple 20 años y... todo lo que interprete será para ella, para ti... -dijo dirigiendo la mirada a la pelirroja, ya había hablado con el encargado de las luces... dirigieron un haz hasta la pelirroja que se encontraba del color de su cabello, las personas aplaudieron y la música empezó a escucharse en el salón...
Luego de la primera pieza, la morena volvió a hablar... -eres especial, por eso he escrito esta canción para ti...la he titulado “Elena... bella Elena”, pero antes... te tengo una sorpresa cariño... -al decir esto Lena hizo un gesto de interrogación... su padre se acercó hasta ella por detrás.
- Feliz cumpleaños hija - escuchó en aquel tono tan familiar, pero que había dejado de escuchar...
La pelirroja se levantó y abrazó a su padre... ambos lloraron y rieron al tiempo que las notas de “Elena... bella Elena” eran el fondo a esa reconciliación... la cena siguió su curso, deliciosos platos fueron llevados a la mesa, Yulia habló por última vez, era la última pieza que interpretaría...
- Lena... para ti... completa...-esas fueron las únicas palabras... Luz de luna empezó...
Lena no lo podía creer, era casi completamente feliz, su chica había hecho todo esto por ella, habló de sus sentimientos delante de todos, le reunió con su padre, le escribió una canción y ahora estaba tocando Luz de luna, aquella pieza que había dado origen a todo, la melodía que era el fondo musical de su historia de amor.
Al terminar de interpretarla, Yulia agradeció, otro pianista se hizo cargo del resto de la noche, ella tomó su lugar al lado de la pelirroja, no sin antes saludar al padre de su chica. Tomó la mano de Lena y no dejó de verle... sonreía...
- ¿Estás contenta? -Dijo Lena sonriendo también... /span>
- Si... mucho... soy feliz... -besó los labios de la pelirroja y dijo -y ahora ... el pastel...
Los meseros llevaron un pastel decorado con todas sus velitas encendidas, la concurrencia se unió al canto del feliz cumpleaños y desde lejos alzaron sus copas deseando salud y felicidad ala festejada.
Era la hora de partir...
- Papá... ¿te llevarías a Víctor y su familia? -Preguntó la morena.
- ¿Para qué?, a ti te queda más cerca ¿no? -dijo en tono burlón
- Por favor papá...
- ¿Por qué? -Preguntó de nuevo...
- ah, no preguntes, sólo llévatelos...
- ¿Por qué? -Insistía el padre... igual iba a hacer lo que le pedía su pequeña, pero le encantaba sacarla de quicio, mientras Yulia hacía un gesto de enojo. Lena y su padre sostenían otra conversación, acordaron reunirse el día siguiente, fijaron el lugar y Sergey se retiró dejando a su hija un beso en la frente, ese hombre iba a su casa feliz, sus otros hijos pasaron sus brazos por los hombros y se marcharon los tres abrazados.
- ¿Los llevarás o no? -insistió la morena...
>- ¿Por qué? -Volvió a decir el hombre...
- ¡Porque Lena y yo nos quedaremos aquí! -Gritó un poco- ... ¿satisfecho?...
Oleg rió -no tenías por qué darme detalles- dijo volviendo a reír... se marchó junto con su esposa y los vecinos de las chicas, ya se habían despedido de ellas.
Nadya y Tanya por su lado se despidieron de las chicas, ambas sabían que retirarse y dejarles solas era lo mejor que podían hacer.
- ¿Nos vamos? -Preguntó Lena a su chica mientras abrazabba su cintura...
- No, tú y yo nos quedamos aquí...renté una habitación... -la morena balanceó frente a la pelirroja la tarjeta que abría la cerradura de la habitación...
- ¿Por qué haces todo esto? -Preguntó en el elevador...
- Será por que te amo? -Dijo sarcásticamente la morena mientras besaba a su chica
- ... recuerdas... -susurró en su oído- esta noche hay conejoo para la cena...
Lena sonrió, y abrazó más fuertemente a Yulia, había quedado algo pendiente hacía un rato, sabía que esa noche quedarían saldadas todas las cuentas pendientes del último mes...
Yulia abrió la puerta, se había encargado personalmente de arreglar aquella habitación... las luces dejaban partes en claroscuro, la cama era uno de esos lugares, había rosas rojas por todo el lugar, la misma cama tenía un corazón trazado con botones de ellas... había música suave y en la hielera una botella de champagne...
- Esta noche es especial... -dijo al abrazar la cintura de la pelirroja, la condujo así, abrazada hasta la mesita, destapó el champagne y sirvió las dos copas que estaban dispuestas... -te amo-dijo antes de tocar sus copas...
Lena estaba sin palabras nuevamente... esa chica la llevaba a sitios in imaginados y le hacía volar... siempre... bebieron el champagne y confundieron sus sabores con besos... Lena tomó de la mano a la morena y la condujo hasta la cama, al pie de ésta y sin palabras se quedó mirando fijamente sus ojos, besó los suaves labios de Yulia y empezó a retirar su blusa...
- Quiero estar contigo... -le dijo explicándose... Esas palabras completaron de encender el fuego en el pecho de la pelinegra... uno a uno quitó los botones de la blusa de la pelirroja, mientras la deslizaba por sus hombros delineó sus hombros con besos, soltó la blusa en la alfombra y quitó el sostén que ceñía sus senos... allí estaban esos hermosos y redondos senos... cuánto les había extrañado... los mordisqueó suavemente, la pelirroja echó su cabeza hacia atrás...
Yulia mientras besaba aquellos botones que se estaban endureciendo, llevó sus manos hasta los pantalones de su chica... los quitó y se fue agachándose mientras los deslizaba por las piernas y las besaba, se incorporó, entonces Lena la giró para recostarla en el lecho, se inclinó sobre ella para quitar sus pantalones también, mientras dedicaba suaves besos a la entrepierna de la morena, ésta se incorporó un poco para hacerla llegar a sus labios.
Lena lo hizo, mientras sentía el dulce sabor de la morena sintió cómo era girada para quedar bajo la morena... Yulia se encorvó sobre ella, con una mano retiró sus bragas y acarició con sus labios y lengua el sitio que hacía volar a su niña, los gemidos de Lena empezaron, era delicioso sentir las húmedas caricias de su amada, sentía como su cuerpo se llenaba de calor, el más frió invierno podía tomar Moscú si quisiera, si ella tenía a Yulia no podía morir congelada.
Sintió como las manos de la morena dejaban sus senos para dirigirse hasta dónde se encontraba su boca... sintió cómo estaba en ella, con un ritmo lento al principio, fue llevando por un camino llamado placer a la pelirroja, el ritmo se incrementó al igual que los jadeos de la pelirroja, tiró un poco de aquellos cabellos negros, era tanto el placer que deseaba poder gritar sin temor... lo hizo, afirmó, gritó el nombre de la morena, repetidas veces se escuchó a sí misma decir ¡Así! ¡Así! ¡Siiii!... te amo Yulia... La morena llevó sus labios hasta los de Lena, quería sentirla, fue besada con intensidad, con deseo, las minúsculas gotas formadas en sus pieles se volvieron un solo perfume... Yulia sintió nuevamente temblar a su pelirroja al momento del orgasmo, vio cómo arqueaba su cuerpo y lamía sus labios...
Lena quiso corresponder, aún con el corazón marchando al doble giró para quedar sobre su chica, sabía que la morena la deseaba, sabía el modo de hacerla sentir... estrechó su cuerpo contra el de ella, sus pechos se unieron al tiempo que sus bocas... Lena descendió suavemente desde la boca, pasando por el cuello, sus senos, en donde hizo una escala más larga, su vientre hasta detenerse en su entrepierna, sabía que cuando deslizaba su lengua por la ingle de la morena ésta apenas podía contener los gemidos, los disfrutaba tanto, sabía que estaba haciendo sentir a su amada, eso era indescriptible... sintió la humedad del deseo de Yulia y dirigió la humedad de su boca a es sitio...
Yulia sentía como aquella pelirroja la acariciaba suavemente, se la estaba bebiendo, a Lena el sabor de su morena le era fascinante, además de que disfrutaba los pequeños espasmos de su vientre cuando el placer lo provocaba, notó erizarse la bronceada piel de su chica... estaba disfrutando enormemente, sabía que Yulia disfrutaba pues escuchaba su nombre en medio de gemidos, sentía las delgadas manos enredadas en sus cabellos y notaba cómo se apretaba contra ella, cómo movía sus caderas para no perderla ni un segundo...Yulia aceleró el ritmo de sus caderas, estaba llegando, mi amor, mi amor, decía mientras repetía el orgasmo, se abrazaron en el lecho, se miraron a los ojos y besaron sus labios, por unos segundos se perdieron completamente en sus miradas, hasta que al unísono empezaron a reír...
- te amo, te amo, te amo -empezó a decir Yulia subiendo una nota con cada palabra más hasta encontrarse gritándolo.
- Yo también -gritó también la pelirroja. Yulia saltó de la cama... Lena observó desde allí la desnudez de su amor... que bella era, volvió con la botella y las copas... sirvió nuevamente y bebió de los labios de su amor...
- No hay mejor champagne que el que bebo de tu boca -dijo la morena.
- Si lo hay -dijo Lena-... es el que bebo yo de la tuya...
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DE FANS PARA FANS Esta obra ha sido publicada bajo consentimiento de su autor y sin fines de lucro. Es una obra de ficción donde se protagoniza con personajes reales en situaciones ficticias. Toda semejanza con la realidad es pura coincidencia. Para cualquier aclaración ó duda: [email protected] |
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