Luz de Luna

Segunda Parte

Por: Volk Kotenok

 

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MAMA, PAPA... PROSTI

 

Lena y Yulia llegaron a Moscú a eso de las tres, habían tenido un regreso placentero, la tormenta no las había sorprendido en el camino, al llegar a casa de la pelinegra los sentimientos eran contradictorios, se sentían felices y tristes a la vez, por diferentes motivos, claro está, no se verían en un par de días, pues en dos días se celebraba la noche vieja y los padres de Lena lo pasaban con los abuelos paternos, no se verían sino hasta que el año nuevo llegara, a tres días solamente, aunque para ellas era como si las hubiesen sentenciado de por vida a no verse, felices claro, porque eran una, porque su amor era completo, mente, cuerpo y alma.

 

- ¡Mamá! Ya estamos de vuelta -gritó Yulia al abrir la puerta de su modesta casa.

- Tu padre aún no llega del trabajo -dijo antes de saludar a las chicas con sendos besos -él dijo que llegarían tardísimo, esta vez se equivocó... -rió Larissa- ¿cómo les fue?.

La pregunta estaba de más, las sonrisas permanentes en los dos hermosos rostros era suficiente respuesta.

- ¡Muy bien! -dijeron al mismo tiempo.

- Fue muy lindo -dijo en medio de un suspiro la pelirroja, Yulia solamente cerró los ojos y sonrió, Larissa no tenía que ser adivina para confirmar lo que sus gestos indicaban, esas dos chicas se habían tenido una a la otra, era evidente.

- Pues me alegro que hayan tenido un lindo viaje. Saldré unos minutos Yulia, ofrecí a Anya dar un vistazo a sus hijos mientras volvía del trabajo, hoy no pudo venir la chica que los cuida, quedan en su casa... -dijo al salir por la puerta.

 

- ¿Hasta cuándo nos volveremos a ver? -Preguntó Yulia con un gesto triste.

- Seguramente hasta el primero de enero, no puedo desaparecer de casa de los abuelos, no me lo perdonarían. -Contestó la pelirroja.

- ¡Ya se!, ya se, pero te voy a extrañar horrores -afirmó Yulia.

- Yo también te extrañaré, me harás mucha falta y si quieres la verdad -continuó ahora con una sonrisa -te extrañaré tanto en mi cama... -Se acercó a la chica de cabello rebelde y besó sus labios -no dejaré de pensarte un solo minuto...

- Te llamaré justo a la media noche, quiero que sea mi voz la primera que escuches el próximo año -dijo Yulia mientas acariciaba el rojo cabello de aquella chica.

 

- Me debo marchar -anunció Lena -no quiero irme pero será mejor que llegue a casa.

Un abrazo al que ninguna quería renunciar fue la despedida, en esta ocasión Yulia no acompañaría a Lena, el cielo aún estaba claro y no debían arriesgarse a ser vistas, Yulia quedó parada frente a su hogar cuando vio doblar la esquina al vehículo de su amada, separarse de ella era cada vez más doloroso, los momentos juntas parecían tan efímeros que sentía que apenas la saludaba cuando ya se estaba despidiendo.

- ¡Cómo quisiera que no te fueras nunca!... -fue el susurro que salió de sus labios al compás de unas lágrimas, eran tan sólo tres días, pero parecía la vida entera.

 

Lena puso su mejor cara, ciertamente estaba triste por dejar a su amada y saber que volvería a verla hasta tres días más tarde, pero la felicidad que le hacía sentir su amor pudo más, saludó a sus padres e inventó mil aventuras sucedidas con Nadya, no dejaba de sonreír, a ninguno de los padres la sombra de la duda les perturbó, Lena subió a su habitación para deshacer las maletas y darse un baño.

 

Minutos más tarde, su madre, se dirigió a su habitación para comunicarle que su padre tenía invitados a cenar, así que debía vestirse para una cena formal, al llamar a la puerta no obtuvo respuesta, abrió pues Lena jamás cerraba su puerta con llave, las maletas estaban a medio deshacer en la cama, se escuchaba el sonido de la regadera, ya se estaba dando la mencionada ducha, a punto de retirarse de la habitación de su hija estaba cuando notó este pequeño trozo de papel de color brillante entre las ropas de Lena, su curiosidad fue mayor que el respeto que tenía a la privacidad de su hija, apenas hubo desdoblado aquella esquela sus manos empezaron a temblar, no podía creer lo que leía.

 

Lena había mentido, dobló nuevamente el papel, quería entrar al baño e interrogar a su hija, pero debía actuar con cautela para poder descubrir todo el engaño, se marchó de la habitación con aquellas palabras martillando su cabeza... “es maravilloso amanecer en tus brazos, te amo pecosa”...

 

Inessa sabe que Lena no pasó el fin de semana con Nadya, ¡ja!, esa muchacha debía saber con quien pasó esos días Lena, la chica le había mentido la noche de la llamada, era hora de confrontarla para saber la verdad, el teléfono en casa de Nadya sonó hasta desconectar la llamada, no había nadie, pensó en llamar a Riazán, pero decidió esperar, ella sabía que pasarían la noche vieja en casa, mañana hablaría con Nadya y le sacaría la verdad.

 

Al salir del baño Lena terminó de deshacer las maletas, encontró la pequeña nota y en efecto dio un beso a ésta, Yulia era así, llena de pequeños detalles que la enamoraban cada día más, se vistió y bajó de nuevo a la sala, su madre le dirigió una mirada que no pudo descifrar.

- Cámbiate -le ordenó - tu padre tiene hoy una cena importante y debes vestirte formal.

Lena obedeció, su madre estaba molesta por algo, quizá sólo eran ideas suyas, manía persecutoria, se autodiagnóstico, regresó con el nuevo atuendo y estuvo muy animada durante la cena, los amigos del padre estaban fascinados con la desenvuelta chica, era encantadora, segura, el mismo padre notó un cambio de actitud en su pequeña, estaba radiante y emanaba felicidad... la madre continuó seria.

 

La tan esperada Noche vieja llegó, Yulia se encontraba dando saltos de gusto al despertar, esa noche hablaría con Lena y sin duda mañana le vería, a pesar del frío que estaba haciendo ese día (-20°) Yulia no lo sentía, su clima interior era estupendo, era una playa de los mares del sur en un hermoso día de verano. En su casa los preparativos no eran muy grandes, pero celebrarían la llegada de un nuevo año con mucha ilusión, sobre todo por parte de la pequeña de aquella casa, ahora sí podía decir que sería un buen año, el primero de todos, había conocido el amor.

 

En casa de Lena todo estaba preparado para la celebración del nuevo año, la perspectiva económica de los negocios del padre de Lena era sin duda inmejorable, ese iba a ser un buen año, había dicho en el desayuno, Inessa apenas murmuró un “si”, Lena abrazó a su padre deseándole que todo fuera como el quería, ella también comentó su alegría por el nuevo año, aunque no comentó los motivos.

 

La madre de Lena llamó a Nadya, la chica no pudo hacer nada ante la directa pregunta de la madre de su amiga.

 

- ¿Con quién pasó Lena el fin de semana y no me mientas esta vez Nadya? ...

 

- Yulia...-  fue la única palabra que alcanzó a decir antes que Inessa colgara.

 

Esa maldita muchacha había contaminado a su hija... fue el pensamiento que cruzó su cabeza, sintió el impulso de tomar a su hija por los cabellos y hacerla razonar a golpes, sin embargo, ella lo negaría todo, si le había estado mintiendo esos dos meses no le costaría hacerlo otra vez, ella debía sorprender a su hija con esa para así poder actuar, hasta no tener la pruebas no le diría nada a su esposo, pero en cuanto ella lo confirmara con sus ojos Lena se iba a enterar de lo que era capaz, otro país, eso será, Lena se irá a otro país...

 

La celebración llegó, al sonar las doce en ambas casas, los abrazos no se hicieron esperar, las sonrisas y las lágrimas se confundían y hacían de las emociones solamente una excusa, Lena estaba pendiente de aquel aparato que pendía de su cintura, vibró como estaba acordado, unas suaves palabras se deslizaron por su oído, su madre, quien no había perdido de vista a su hija desde lo de la nota, observó cómo sonreía y hablaba suavemente, notó cómo cerró sus ojos y sonrió antes de decir “yo también te amo”... Lena colgó sin enterarse de que había sido observada, su corazón andaba dando unas cuantas vueltas por su cuerpo, la voz de su amada tenía esos efectos y otros más en ella, deseaba tanto que pasaran las horas, se verían a las cuatro de la tarde en aquel café que ya las conocía.

 

Yulia se sentó en el sofá se la salita, en medio de sus padres se sentía completa, la chica a la que amaba estaba con ella todo el tiempo, quizá ahora no lo estaba físicamente, pero siempre estaba, sus padres la comprendían, también querían a su chica, le iba bien en la Academia de Música, qué le podría salir mal?... - Sin duda nada -dijo para sí misma,... - ¡nada!.

 

A las tres Lena dejó a sus padres en la mesa, dijo que saldría así que se daría una ducha, iría a saludar a Nadya, mintió nuevamente, su madre vio entonces la oportunidad, sabía que su hija estaba mintiendo, ahora era el día... Mientras Lena se arreglaba la madre llamó un taxi, si quería sorprender a su hija tenía que pasar desapercibida, acordó con el conductor que esperara en la esquina, Lena salió con una brillante sonrisa de su casa, iba al encuentro con su amor, la madre ordenó la persecución de aquel auto... calle tras calle su furia iba en aumento, la maldita lesbiana había arruinado todo, había hecho perder la razón a su hija, seguramente tenía interés en lo que Lena pudiera poseer, esa chica era una muerta de hambre...

 

Lena vio aquel auto verde estacionado y junto a él aquella pequeña con los cabellos revueltos fumando un cigarrillo, ella sabía por qué fumaba, Yulia invariablemente por ansiedad o nerviosismo lo hacía, ella ya había aprendido a reconocer las manías de su amada, aunque Yulia nunca reconocía estar nerviosa o ansiosa siempre lo estaba cada vez que se separaban por más de dos días, parecía que temía no volver a verla nunca, se sentía complacida ante la devoción de la morena, aunque no le gustaba que fumara, no era sano.

 

La madre vio cómo la pelinegra se acercaba al auto de Lena, abría la puerta y le saludaba con un par de besos en las mejillas, aún las chicas trataban de no besarse en público, Lena aún se ruborizaba, se tomaron de la mano y empezaron a caminar hacia aquel café... La madre dejó el taxi y siguió a la pareja, quienes absortas en sus propios ojos no se percataron de aquello. Antes de tomar sus respectivos lugares una frente a la otra, las chicas se besaron dulcemente, un roce de labios...

 

- ¡Quita las manos de encima de mi hija! - Fue el grito que resonó en el local, ninguna podía dar crédito a sus ojos, la madre de Lena estaba exaltada, su rojo rostro la delataba, estaba casi del color de sus cabellos.

 

Lena se sintió morir, su madre le había descubierto. Yulia se adelantó para quedar entre Lena y su madre...

 

- ¡No grite señora!, todos nos están viendo.. -dijo tratando de sonar razonable, aunque apenas podía respirar, el redoble del andar de su corazón sonaba estruendosamente en sus oídos.

 

- ¡No me digas lo que debo hacer! -Seguía gritando Inessa.

 

- Señora, yo amo a Lena y eso no lo podrá cambiar.

 

Yulia sonó muy segura al decir esto, en un instante sintió cómo su rostro se llenaba de un calor que ardía, la madre de Lena le había dado una cachetada, instintivamente posó su mano en la mejilla dolorida, Lena gritó a su madre

 

- ¡No hagas eso mamá!, ¿cómo te atreves?... -en ese momento la madre se disponía a hacer lo mismo con su hija, cuando la pequeña pero firme mano de Yulia la detuvo.

 

- ¡Usted podrá pegarme!, ¡pero no a ella! -dijo sin gritar pero con un tono fuerte. Ahora sus ojos se encontraban rojos, la madre de Lena se sintió intimidada por aquella decidida mirada, en un instante Lena sólo alcanzó a decir...

- ¡Perdona Yulia! -y salió corriendo de aquel lugar...

 - ¡No quiero volver a verte con mi hija! - Gritó por última vez la madre, quien se sintió aliviada por no tener que seguir enfrentando aquella mirada azul, salió tan solo para ver a Lena abandonar el estacionamiento a toda velocidad.

 

Yulia salió de aquel lugar con el corazón destrozado, ¿qué iba a pasar?, seguramente las separarían, ¡Oh Dios!, Lena estaba en problemas, caminó hasta el estacionamiento y se marcho a su casa, debía hablar con su padre, ella había tomado una decisión pero necesitaba el apoyo de ellos, sí, primero a casa y luego...

 

El padre de Lena escuchó a su hija entrar, venía azotando las puertas, subió las escaleras como un rayo y de nuevo azotó otra puerta, esta vez la de su habitación... esa era una actitud extraña en la pelirroja, sin duda algo malo había pasado, siguió sus pasos en las gradas y tocó antes de abrir la puerta.

 

- Pasa -dijo Lena sin dejar de hacer lo que hacía, su padre se sorprendió mucho al ver un par de maletas en la cama y a Lena sacando unas cuantas prendas de su armario, sin miramientos introdujo la ropa y luego algunos libros...

 

- ¿Qué pasó cariño? -Dijo el padre en tono preocupado...

 

- ¡Me marcho papá!, perdóname, pero si no lo digo yo te lo dirá mi madre,... ¡amo a Yulia! ...

 

- Tomó el teléfono de su cintura y marcó pidiendo un taxi, el padre no salía de su asombro, se había quedado sin palabras, justo en ese momento la madre llegó a la casa, subió inmediatamente las escaleras para encontrarse la escena.

 

- ¿¡Qué haces!?... –Gritó.

 

- ¡Me marcho! -Dijo Lena segura.

 

- Esa maldita muchacha metió cosas en la cabeza de nuestra hija -vociferaba Inessa ante Sergei quien no había pronunciado palabra desde la confesión de su hija.

 

- ¡¿Perdiste la razón Lena?! -Preguntó con un grito la madre... Lena calmadamente contestó,

 

- ¡Si mamá!, si amarla es haber perdido la razón así es, ¡perdí la razón!, no traten de detenerme, igual me marcharé.

 

El padre sólo atinó a decir.

 

- Estás echando a perder tu futuro.

 

- No papá, Yulia es mi futuro... lo siento, mamá, papá, perdónenme, ¡me voy!...-colocó el teléfono que había tenido en la mano en el escritorio que estaba junto a la ventana, tomó las maletas y bajó las gradas, salió de la casa y abordó el taxi que estaba esperándola, en ningún momento volvió la mirada, iba hecha un mar de lágrimas... Lena dio una indicación al conductor y emprendió la marcha...

 

Yulia llegó a su casa, su padre le vio al entrar, se miraba más pequeña, si eso podía ser posible.

 

- ¿Qué pasó lobito? -le dijo con cara de susto.

 

- Papá, la madre de Lena nos sorprendió, ¡ella está en problemas!... debo ir a su casa, debo hablar con su padre, no puedo dejarla sola en este momento.

 

- De acuerdo -dijo el padre... -¡iremos!, eres mi hija y debo dar la cara por ti, aunque nos vaya mal, vamos a esa casa...

 

 

 

ESTA ES TU CASA...Y TÚ, QUITA ES SONRISA DE TU CARA

 

Justo al abrir la puerta para salir a la casa de Lena; Oleg y Yulia se encontraron con la pelirroja sentada en la pequeña grada, sus ojos estaban anegados por las lágrimas, un par de maletas descansaban en el suelo.

 

- ¡Lena! -Exclamó la pelinegra mientras la abrazaba.

 

- ¿Estás bien? -Preguntó Oleg al tiempo que se agachaba para estar a la misma altura, la pelirroja asintió con la cabeza, Yulia no dejaba de besar los cabellos de aquella chica y con sus manos quitaba momentáneamente las lágrimas de su rostro.

 

- Entremos -dijo el padre de Yulia mientras tomaba las maletas, Yulia tendió la mano a su amada para ayudarla a levantar, el padre dejó las maletas en la sala y fue a la cocina por un vaso con agua.

- Toma -le dijo a la pelirroja, Lena bebió un par de sorbos.

- Ya no voy a volver a casa -dijo al fin en medio de un sollozo.

- ¿Pero qué pasó? -Preguntó inquieta la chica de ojos azules.

- Ni siquiera discutimos, solamente tomé mis cosas y salí, sé que jamás me dejarían estar contigo...

Yulia tomó las manos de su chica...

- ¡Mira en que problema te metí!...

- No, -dijo Lena- tarde o temprano iba a pasar, no sé cómo sucedió, pero ya no hay modo de dar marcha atrás, además, -dijo mientras clavaba su mirada verdigris en aquella azul- no quiero dar marcha atrás, no quiero estar sin ti...

Oleg decidió abandonar la salita, esas chicas tenían que hablar algo que solamente les interesaba a ellas.

- Vuelvo enseguida -dijo antes de salir. Yulia agradeció en silencio el respeto de su padre.

 

-Mi amor -dijo ahora en un tono un poco bajo- ¡jamás hubiera querido que las cosas pasaran así!, me dolía el corazón de saberte sola en casa, mi padre y yo íbamos para allá...

Lena posó una mano en la mejilla de Yulia.

- Lamento que mi madre te pegara... nunca debió hacerlo y gracias por defenderme... -besó suavemente sus labios...

 

En ese momento el familiar sonido de la cerradura las sorprendió, la madre de Yulia entraba por la puerta, al llegar a la salita observó el cuadro, Lena sentada, Yulia casi hincada a los pies de ésta sujetando sus manos.

- ¿Qué pasó? -Preguntó con un poco de temor al notar las lágrimas de la pelirroja.

- Los padres de Lena se enteraron.

- Me marché de casa -dijo mientras bajaba la mirada.

 Larissa se acercó y abrazó a la chica.

- Lamento mucho que las cosas pasaran así...

Oleg volvió al escuchar que su esposa había llegado, era el momento de tomar cartas en el asunto, a pesar de que ambas chicas eran ya mayores de edad, aún eran unas niñas, debía apoyarlas y encontrarle alguna solución a la situación.

 

- Bueno Lena, creo que igual debemos ir para hablar con tu padre -dijo la morena.

- Yulia tiene razón -intervino Oleg quien ahora estaba parado en la puerta de la salita.

- ¡No por favor! -dijo la pelirroja- ninguno de los dos entendería nada, no es un buen momento, jamás les escucharían...

- No importa -dijo Yulia-  te amo y estoy dispuesta a hablar con tu padre, pase lo que pase.

- No Yulia, ¡por favor!  -dijo al tomar las manos de ésta... -si me amas no lo hagas... llamaré a Nadya, me quedaré con ella esta noche y mañana veré que soluciono, debo buscar un empleo a algo...

- ¡No! -dijeron al unísono Oleg, Larissa y Yulia.  - Si lo deseas te puedes quedar aquí - terminó el padre.

- No quisiera molestar -respondió Lena.

- Sabes que no molestas -intervino ahora Larissa- esta es tu casa.- En ese momento una sonrisa se dibujó en el rostro de aquella chica rebelde que no había soltado la mano de su amada...

- ¡y tú!, quita esa sonrisa de tu cara, Lena dormirá en tu habitación pero tú dormirás en el sofá -dijo el padre queriendo sonar un poco serio.

- No me río por eso, estoy feliz de que Lena se quede con nosotros. - Contestó Yulia a su padre...

 

Yulia subió las cosas de la pelirroja a su habitación.

 

- Yulia -empezó la pelirroja- igual debo buscar un empleo, no creo que deba molestar a tus padres, ustedes tienen sus gastos y yo vengo de más...-La morena dejó que terminara de hablar.

- Tendré que dejar la univer...

- No, -la interrumpió- tú no dejarás la universidad, ya dejaste tu casa por mí, nunca dejaría que abandonaras tus estudios, creo que puedo arreglármelas, pediré que me den un par de horas más en el colegio para las clases de piano, si dicen que no pues buscaré otro empleo, pero tú no vas a dejar de estudiar... -

 

Yulia abrazó a aquella pelirroja, esa chica de ojos verdes había renunciado a todo lo que le pertenecía, había dejado las comodidades, eso no era nada, había abandonado a sus padres para poder estar con ella, Yulia no podía hacer menos que ayudar a que Lena siguiera con sus estudios, quien lo diría, el sueño más grande de ella se estaba realizando, quizá de manera brusca, quizá sin la poesía que hubiera querido, pero si, su pelirroja y ella serían una, vivirían bajo un mismo techo, aunque su padre ya le había sentenciado al sofá, no importaba, Lena estaría allí todo el tiempo.

 

- Vamos -dijo Yulia- bajaré las sábanas para mi y te quedarás en la suite presidencial- rió al hacer este comentario, la pelirroja acompañó esa sonrisa, Yulia siempre lograba hacerla reír.

- Yo debería quedarme en la sala- dijo Lena.

- No -dijo terminantemente la pelinegra- la única que cabe en el sofá soy yo, además desde ahora esa habitación es tuya...

 

Todos se sentaron a la mesa, Lena comió poco, los padres de Yulia sabían que aunque se sentía feliz de no haber dejado a Yulia se sentía muy dolida por lo de su padres, además la chica los extrañaría.

 

- Deja hija -dijo Larissa al ver que Lena empezaba a levantar los platos par lavarlos- yo lo haré.

- Quiero ayudar -fue la respuesta de la pelirroja.

- Déjalos -intervino Yulia- yo los lavaré...

 

Tanto Lena como Larissa se miraron extrañadas, Yulia odiaba lavar los platos, pero esta noche lo haría, Lena secó cada uno de los platos que le entregaba su chica, Lena se sentía extraña, sí, sentía un pequeño dolor en medio de su pecho, le había dolido dejar a sus padres, pero jamás hubiera pensado siquiera en renunciar a su amada pelinegra, también sentía una indescriptible felicidad, o algo así, tener a Yulia todo el tiempo con ella era una de sus más grandes fantasías, amaba tanto a esa chica que estaba dispuesta a todo.

 

Esa noche apenas pudo dormir Yulia, sabía que su amada estaba tan cerca, alrededor de las cuatro de la mañana se decidió, subió las escaleras y abrió la puerta de su habitación, allí estaba aquel ángel pelirrojo, su carita inocente la enamoraba más cada vez que la veía, ¿cómo no amarla?, era casi tan bella por fuera como por dentro.

- Jamás me separaré de ti... -dijo al besar su frente y volver al pequeño sofá que ahora era su sitio de descanso.

 

Lena se sentía a gusto en aquella casa, con “su nueva familia”, por un momento había llegado a pensar que sus padres le buscarían, pero esto no pasó, estos pocos días que faltaban para la navidad (navidad ortodoxa 7 de enero) sirvieron para tranquilizar sus pensamientos, sus padres estaban muy dolidos sin duda, pero no había más remedio, ella no iba a dejar a Yulia por nada ni por nadie...

 

Los días junto a Lena eran dulces, Yulia se encontraba en un estado de exaltación, reía por todo, jamás había estado tan positiva, estas serían las navidades más hermosas, o mejor dicho, el principio de una serie de maravillosos días, la vida había sido buena con ella, quizá había sido un poco drástico, pero el resultado no podía ser mejor.

 

- Te pusiste la cadenita -dijo Yulia al ver aquella mañana a su pelirroja mientras bajaba las escaleras.

- Si –contestó- siempre la llevé conmigo, pero ahora no tengo por qué ocultarla. -Se sentó al lado de Yulia en aquel sofá que ahora era su cama.

- Llevaré orgullosa la cadenita que me diste, siempre debí hacerlo.

- Ya no importa,- dijo la pelinegra - ahora lo harás... -completó el comentario con un pequeño beso...

 

Larissa habló desde la cocina.

 

-  ¡Feliz Navidad niñas!...

 

Las dos chicas rieron, era cierto ese día era el día de la navidad, la primera navidad juntas

 

- ...¡Vamos!, vengan a desayunar...

 

Durante el desayuno hablaron de la celebración de esa noche, siempre llegaban algunos vecinos, habría que brindar por la buena fortuna y esperar al “Abuelo Helado”...

 

- Mamá, yo ya no me creo eso...-dijo Yulia-  aunque quizá debiera volver a hacerlo... -terminó mirando a su pelirroja, en realidad sentía que tenerla con ella era como un regalo de su ruso Papá Noel.

 

Todos los rostros aquella noche estaban radiantes, la navidad les alegraba la vida, era como una promesa de mejores tiempos por venir. Yulia llamó a Lena lejos de aquellos invitados.

 

- Ven un segundo amor -dijo tomando una de sus manos y la condujo hasta la habitación que ésta ocupaba ahora.

 

- Tengo un regalo para ti, no es mucho, pero quiero dártelo.

 

Yulia sacó una pequeña cajita de el bolsillo izquierdo de sus vaqueros.

 

- Toma -dijo dándole un suave beso en los labios...

Allí, de pie en aquella habitación, el corazón de Lena temblaba, esa chica le había dado su corazón e insistía con darle más... un pequeño anillo, con una diminuta piedra blanca estaba en sus manos.

 

- Le hice grabar Lena y Yulia -dijo bajando la mirada- es sencillo, pero creo que es un símbolo de lo que te amo...

 

Lena besó a Yulia con amor, suave y largamente.

- Te amo -le dijo- ¡cómo quisiera poder darte algo!.

- Ya lo has hecho, me haces tan feliz cada día que no necesito nada más...

En efecto, Lena no había comprado nada, el poco dinero con que había salido de su casa era el de sus bolsillos y aunque su padre le tenía asignada una cuenta bancaria había decidido no tocar un solo centavo, eso hubiera sido indigno...

 

- Bajemos -dijo Yulia- ya conoces a mi papá, no parará de hacer bromas de que nos escapamos...

- ¡Espera!, sí tengo algo para ti... -dijo Lena al tiempo que desabrochaba uno a uno los botones de su abrigo...

- “COMPLETAMENTE TUYA”  “para lo que quieras”... -leyó Yulia en la camiseta blanca de la pelirroja, de puño y letra. -tendré que esperar para cobrar este regalo- rió la pelinegra- pero te aseguro que lo cobraré -dijo acercándose para besarla y hacer un breve recorrido por las curvas de aquella chica, quien cerrando sus verdigrises ojos besaba a Yulia y comenzaba a sacarle el abrigo...

 

- ¡Niñas! -Fue el grito que interrumpió aquello que recién empezaban...-¡llegó la hora de la cena!...

- ¡Que inoportuna!... -chilló Yulia.

- Tranquila -dijo Lena- cuando te cobres el regalo haré que valga la pena la espera... –rió pícaramente...

- ¡Oh por Dios!, esperar... ya no quiero esperar... -dijo Yulia mientras volvía a colocarse el abrigo.

- Vamos –dijo- la pelirroja tomando su mano- hay que ir a cenar...

 

Esa navidad se abrazaron a la media noche, sus corazones no podían estar más felices, se tenían una a la otra, Oleg y Larissa observaban la devoción de aquel par, no tenían ninguna duda acerca del amor que se profesaban.

 

- Lena de verdad ama a Yulia -dijo Oleg- ¡pobre chica!, renunció a todo por amor...

- Si -completó Larissa- es triste que sus padres no la comprendan, aunque claro que es difícil, ¿recuerdas cuánto tiempo me llevó aceptar y comprender a Yulia?.

- Si, lo recuerdo, pero al final ganó el amor que tenemos por nuestra pequeña.

- Si, debo decirte sinceramente que me alegra que Yulia haya conocido a Lena, es una chica maravillosa, incluso ha hecho que nuestro pequeño terremoto se tranquilice... -dijo ahora riendo la madre... era cierto, aquel terremoto había encontrado en los brazos de aquella pecosa amor y tranquilidad.

 

Yulia obtuvo más horas en su trabajo de las clases de piano, tenía que colaborar más con el gasto de casa, ese no era un problema, era un placer...las clases de Lena en la universidad reiniciaban y aunque Lena había tratado de conseguir un empleo, había fracasado, era difícil encontrar un trabajo, ella era muy inteligente, pero nadie necesitaba en estos momentos a alguien con habilidades en psicología, había estado a punto de aceptar un empleo de mesera en una cafetería, pero Yulia no se lo permitió.

 

 -¡Eso jamás!-  había dicho la morena- Si alguien tuviera que hacerlo sería yo, pero tú nunca.

 

Las visitas nocturnas a la habitación de la pelirroja por parte de Yulia eran frecuentes, sobre todo desde que Lena la sorprendió una madrugada mientras la observaba.

 

- ¿Qué haces? -Preguntó soñolienta Lena.

 

- Viéndote -fue la sincera respuesta- me gusta verte mientras duermes, podría pasarme la vida entera viéndote dormir, ¡te ves tan bella!.

 

Lena dirigió una mano hacia Yulia invitándola a ir a su lado, besos y caricias... nada más, los padres se encontraban tan solo cruzando un pequeño pasillo, esos besos y caricias eran mejor que nada, así que... desde esa noche, Lena esperaba a Yulia, estaban juntas hasta que Lena dormía, entonces Yulia regresaba a su sofá.

 

Aquella noche, la visita de Yulia no faltó, Lena esperaba como siempre, aquel pequeño y delgado cuerpo ocupó su lugar junto a ella, esos besos la hacían volar, Yulia susurraba a su oído...

 

- Quisiera no tener que irme, quisiera poder pasar la noche contigo y... que nada se escuchara en la habitación de mis padres...

 

- ¡shh!, ¡shh!, -contestaba Lena en medio de los besos- ¡calla!, no deben escucharnos, si llegan a saber que vienes aquí me echarían de tu casa...

 

- No lo creo, pero quizá se molestarían, ¡te amo! -decía Yulia mientras sus manos se colaban en las ropas de la pelirroja.

 

Lena suspiraba, el contacto de aquella piel la volvía loca, en su cuerpo estaba grabado aquel placer, el sentido en Konakovo, el placer más grande que había sentido y le reclamaba volver a sentirlo.

 

Lena correspondió a las caricias de su amada dándose vuelta para quedar encima de ella, sin decir palabra, solamente con la señal que indicaba su índice que posaba en los labios de Yulia, empezó a quitar los pantalones a rayas del pijama de la chica de ojos azules.

 

Sus labios se posaron en el vientre de aquella chica que en silencio escuchaba cómo su corazón resonaba en sus sienes, la sangre se agolpaba por todo su cuerpo, ese calor era Lena, ese calor que se apoderaba de su cuerpo era aquella pelirroja que tenia metida en medio de su alma.

 

Lena recordaba cómo la última vez Yulia la había sentido, besó su cuerpo al tiempo que retiraba la camiseta y las bragas, quería sentir a su chica, la ropa era un estorbo, Yulia al parecer pensó lo mismo, aunque su respiración empezaba a entrecortarse, tomó un respiro y cambió de posición con su amada, le había tomado por la cintura para poder girar sobre ella, también quería ver aquel hermoso cuerpo, aquel cuerpo que sabía le pertenecía.

 

Lena la deseaba, era evidente, su pecho estaba agitado, Yulia retiró el camisón de aquel cuerpo pecoso, su memoria la traicionaba, aunque cada vez que recordaba aquel momento en la cabaña, venía a su mente el desnudo cuerpo de su querida chica, ese bello cuerpo, ahora le notaba más bello que sus recuerdos, claro, no había nada que se pudiera comparar a la realidad, mientras besaba el cuello de Lena, viajó hasta su oído para decirle...

 

- Me cobraré el regalo de Navidad -Lena rió.

 

- ¡Claro!, estoy en lo dicho,  ¡para lo que tú quieras!....

 

Sus labios se encontraron, había pasión en aquellos besos, Yulia besaba el cuerpo de Lena mientras con sus manos empezaba a hacer inventario de los sitios que elevaban a su pelirroja, los recordaba perfectamente, Lena gemía ahora.

 

- ¡shhh!, ¡shhh! -era lo que Yulia decía a su oído.

 

Lena trataba de no hacer ruido alguno, pero no tenía poder sobre las reacciones de su cuerpo, Yulia regresaba a su boca para que aquellos gemidos se ahogaran en sus labios, Lena también recordaba, no, revivía aquella sensación que le hacía olvidar todo, solamente estaban ella y la chica de ojos azules, nada más existía en aquel universo pintado de caricias y besos.

 

- Si -era la palabra que salía ahora de la boca de aquella pelirroja.

- Te amo -decía Yulia mientras interrumpía brevemente las caricias tan solo para empezarlas de nuevo, allí estaba otra vez...

 

Lena sentía a Yulia, deseaba gritar su nombre, esa chica que la poseía físicamente también poseía su corazón, en ella, estaba en ella y Lena no quería dejarla ir, los gemidos de Lena empezaban a ser más altos.

 

- ¡shhh!, ¡shhh! -repetía Yulia en sus oídos.

- Te amo Lena...

- Yo también te amo...

 

Fueron las entrecortadas palabras que salieron de aquellos labios, su cuerpo estaba temblando, ¿cómo podía Yulia lograr eso en ella?, no lo sabía, pero estaba volviendo a volar, Yulia la llevaba a otro mundo con sus caricias...

 

Yulia dirigió su boca hacia el vientre de su amada mientras con sus manos dibujaba círculos sus senos, quería sentir el sabor de aquella pelirroja, quien al contacto con la lengua de Yulia se quedaba sin respiración al tiempo que su cuerpo formaba una curva...

 

- Me vas a hacer gritar -advirtió Lena.

 

Yulia hizo caso omiso de aquella advertencia, nadie podía separarla de su amor, su verdadero amor, Lena tomó la almohada y la colocó en su boca, ahogó allí aquel grito mientras clavaba sus dientes en la tela, esa sensación no la abandonaba, no había sido una sola vez, el grito se repitió a los breves momentos, Yulia le hacía sentir como nunca. Yulia empezó el camino de regreso, su ingle, su vientre, sus senos, su cuello y finalmente su boca, Lena tomó el rostro de aquella chica entre sus manos al darle un beso.

 

- ¡Te amo! -le dijo mientras ahora acomodaba a Yulia sobre la almohada que antes había mordido.

 

Tomó una de sus manos, la derecha y pasó su lengua por cada uno de aquellos dedos, esos delgados dedos que sabían cómo tocar sinfonías completas en su cuerpo, sonreía en medio de aquella oscuridad, se dirigió a las piernas de su amada y suavemente besó sus muslos, esa chica era entera de ella así como ella también le pertenecía, trazó caminos a lo largo de aquella piel morena, ahora era Yulia quien redoblaba su respiración y era la pelirroja quien susurraba los

- ¡shhh!, ¡shhh!. -posó sus manos en los senos de la morena mientras sus labios sentían el sabor de su cuello.

 

- Eres dulce -le dijo la pelirroja al oído- ¡me encanta tu sabor!...

 

Yulia apenas podía contener sus suspiros, aquella chica de verdad revolvía todos los deseos de su cuerpo, esa era su niña, apenas era una mujer, pero era todo, sus pensamientos se interrumpieron al sentir los labios de Lena en sus senos, estaba jugando a mordisquearlos, que bien la conocía, sabía cuáles eran los puntos que aumentaban su placer.

 

Yulia enredaba sus dedos en aquella cabellera de fuego, su corazón estaba cambiando de sitio, Lena tomó aquella ruta, la de la última vez, el sabor de su pelinegra la volvía loca, quería volver a sentirla mientras temblaba de placer...

 

Yulia sentía la suavidad de los labios de Lena en su cuerpo, en aquel sitio en el que ya solamente ella era permitida, las solas ganas de satisfacer a su amor hacían que Lena instintivamente encontrara sus sitios, era hermoso escuchar los gemidos salir de aquella boca, era hermoso sentir cómo movía sus caderas para no perder contacto con ella, la pelirroja también disfrutó el orgasmo de la pelinegra, el hacerla sentir la hacía sentir a ella también.

 

Se quedaron abrazadas, el resto de la noche sus pieles no dejaron de estar cerca, Yulia abrazaba de lado aquel hermoso cuerpo pecoso, su rostro descansaba muy cerca de la nuca de Lena, el perfume de su piel la hizo soñar...

 

El sonido de la puerta de la habitación de el frente sobresaltó a Lena.

 

- Yulia -dijo a su oído- se ha levantado tu padre...

 

La pequeña se levantó de un brinco, aún alcanzó a escuchar los pasos de su padre bajando las escaleras, en breves segundos iba a notar que ella no estaba en el sofá, al menos las sábanas habían sido usadas al principio de la noche, pero claro, ella no estaba.

 

Tomó sus ropas y abriendo sigilosamente la puerta de la habitación, observó a su padre de espaldas, rápidamente se metió en el baño, enseguida escuchó los pasos hacer el camino de regreso, se mojó el cabello y la cara, tomó una toalla y se envolvió en ella, abrió la puerta del baño y encontró a su padre a punto de llamar en el que había sido su cuarto...

 

- ¡Buenos días papá!... dijo casi sin darle importancia...

- ¿Qué haces levantada tan temprano? -Fue la lógica pregunta, su chica no era precisamente una madrugadora...

- Me levanté para bañarme primero, ahora con Lena aquí tendremos que ajustar los horarios para hacerlo...-¡bien Yulia!, se felicitó a sí misma, esa respuesta había sido brillante, pasó delante de su padre y bajó las gradas.

 

- Yulia -dijo el padre desde arriba.

- ¿Si papá? –contestó.

-  La próxima vez que te bañes, deberías hacerlo sin las calcetas...

 

Yulia volvió la vista hacia su padre quien tenía una sonrisa en el rostro... la cara roja de Yulia acabó por delatar todo, bajó la mirada y escuchó a su padre decirle antes de regresar a la habitación...

- ¡Diablillo!...

 

Sentados a la mesa, Yulia hacía lo imposible por no encontrar los ojos de su padre, la había sorprendido, y él, por Dios, él era impredecible y bromista...

 

- ¿Que tal dormiste Lena? -Fue la pregunta que hizo antes de un sorbo de té...

- ¡Muy bien!, gracias -fue la respuesta de la pelirroja quien dirigió una mirada cómplice a su amada.

- ¡Por favor papá...!  -dijo Yulia.

Lena y Larissa no comprendieron el comentario... Oleg sonrió un poco y aclarando su garganta dijo:

- Me alegro que hayas pasado buena noche, a ti te alegra también, ¿verdad Yulia?...

- ¡Ya papá! -Chilló Yulia-  Gracias y buen provecho -dijo al levantarse de la mesa...

 

Mientras se dirigían hasta el colegio en donde Yulia daba las clases de piano Lena interrogó.

- ¿Por qué contestaste a tu padre de esa manera?...

- Si supieras... -contestó Yulia, hizo el breve relato de lo sucedido por la madrugada y Lena empezó a sonrojarse.

- ¡Por Dios!, y yo contestándole “muy bien gracias”... ¡que vergüenza!, tu padre si que es un caso...

- ¿Un caso? -Preguntó Yulia- ¡es una pesadilla!... -al final terminaron riendo.

- Al menos no fue mamá -dijo Yulia- con ella las cosas hubieran sido diferentes...

 

Yulia se quedó en el colegio y Lena tomó el auto para ir a la universidad, así lo habían acordado, luego Yulia tomaría un autobús para ir a la Academia y Lena pasaría por ella al salir, ese era el primer día después de las festividades del final del año y las navidades, Lena tenía que enfrentar a sus compañeros quienes sin duda ya sabrían que ella se había marchado de casa y por supuesto sabrían el motivo.

 

- ¡Lena! -Dijo aquella voz familiar mientras bajaba del auto en el estacionamiento de la universidad, la pelirroja se sorprendió pero también se alegró, era su padre...- quiero hablar contigo -dijo Sergey en tono frío.

- habla -dijo ella.

- No sé cómo pasaron las cosas, pero quiero que vuelvas a casa, si dejas a esa chica haremos cuenta de que no ha sucedido nada, ¡pero tienes que dejarla!.

- Lo siento papá -dijo enfrentando su mirada -te dije que amo a Yulia y no pienso separarme de ella, además...

- Si quieres -interrumpió él -te vas de viaje, aclaras tu mente y hablamos del tema cuando regreses.

- Olvídalo papá. Te quiero, a los dos, a ti y a mi madre, pero no voy a abandonar a Yulia, ella es el amor de mi vida, si no tienes más que decir, tengo que ir a estudiar...

 

Se dio la vuelta y dejó a su padre allí, parado en medio de aquel estacionamiento, el nudo en la garganta de Lena apenas le permitía respirar, pero todo aquello era cierto, Yulia era el amor de su vida y no la iba a abandonar, ese amor le había dado la fuerza para responder como lo había hecho.

El silencio que se hizo en el salón al entrar Lena fue la evidencia de que todos lo sabían, ella tomó una actitud diferente a la que hubiera tomado en otro tiempo, sonrió a todos y saludó, colocó su mejor sonrisa en su cara, lo vivido la noche anterior venía a su cabeza y mantener esa sonrisa no requería ningún esfuerzo... Nadya se acercó a su amiga...

 

- No puedo verle la cara a tu madre... -le recriminó a la pelirroja.

 

- ¿Por qué? -Preguntó extrañada.

 

- Ella me llamó y me preguntó  “con quien pasó el fin de semana Lena, y no mientas otra vez”... no pude hacer nada, contesté que con Yulia y colgó, ¡por Dios! Lena, ¿en qué te metiste?, ¿dónde has estado?, he llamado a tu teléfono pero nadie responde...

- Me marché de casa...

- Eso ya lo sé, pero ¿por qué no respondes el teléfono?.

- No me llevé más que la ropa y los libros ...

- ¿Pero dónde estás?...

- Vivo en casa de Yulia...

- ¡¡¡ En casa de esa !!! -Gritó la chica y todas las miradas se dirigieron hacia ellas.

- Si -contestó Lena en el mismo tono- en casa de Yulia.

- Calma - dijo Nadya- no quise ofenderte... ni molestarte, todos aquí saben que te fuiste de casa porque andas con una chica, dicen que seguramente te volviste loca, que te afectó esto de la psicología...

- ¡Por Dios!, Nadya, no seas infantil, si me marché es porque amo a Yulia, no podía permitir que nos separaran. Ahora sé cómo mi madre se enteró...

- Disculpa, pero no me quedó más remedio...

- No importa -dijo la pelirroja - quizá debiera darte las gracias, si no es por eso aún estuviéramos a escondidas... gracias Nadya...

 

Las chicas tomaron sus lugares en el salón pues el hombre que dictaría cátedra estaba entrando por la puerta, los murmullos se acallaron y el discurso empezó, ningún elemento de aquel salón dejó de dirigir una mirada a la pelirroja, algunos sonreían después de murmurar algo con el de la par, nada importaba, Lena era más fuerte que eso, en casa la esperaban los labios más dulces y las caricias que la hacían volar, tenía el cielo frente a ella todo el tiempo, aquellos ojos eran el cielo que deseaba... y lo tenía.

 

El padre de la pelirroja estaba molesto, su hija le había desafiado por una... era mejor no pensar en ella, pero quizá esa era la clave, su hija estaba enamorada o al menos eso creía, quizá si convenciera a la morena de dejarla. Esa chica era una oportunista, seguro por dinero lo estaba haciendo, pues lo obtendría, él se lo daría para que dejara en paz a su pequeña... recordó el comentario de la Academia de Música y se dirigió al lugar.

 

- Volkova -dijo el director mientras se asomaba a la puerta del salón de la clase de piano -le buscan...

 

Yulia no esperaba a nadie, era la primera vez que pasaba eso, -sería Lena... quizá- pensó al retirarse del banco y dirigirse a la puerta... su sorpresa fue mayúscula al ver a aquel alto hombre. No podía olvidar el rostro del padre de la pelirroja.

 

- Quiero hablar contigo -dijo dirigiendo a su vez una mirada al director para que éste se retirara.

- ¡Claro! -respondió segura la pelinegra- diga...

- Aquí no -contestó el hombre –salgamos.

 

Yulia estaba muy nerviosa, el padre de Lena se miraba molesto pero calmado, no sabía que reacción esperar, era natural que estuviera muy enojado, así que se armó de valor y dijo:

 

- Claro, dónde quiera...

 

Sergey caminó delante de ella, Yulia solamente seguía sus pasos, él abrió la puerta del auto y le indicó con la mano que se sentara, Yulia temblaba por dentro, pero estaba decidida a enfrentar a aquel hombre, se condujeron sin hablar y llegaron a un parque, el auto se detuvo.

 

- No sé que le has hecho a mi hija –comenzó -pero sea lo que sea quiero que dejes de hacerlo, quiero a Lena de vuelta a casa.

 

- Yo no la detengo...-empezó a responder Yulia cuando Sergey la interrumpió.

- ¡No importa!, quiero que tú la dejes, si es dinero lo que buscas lo encontraste, te daré lo que pidas si dejas a Lena.

 

Yulia no podía dar crédito a lo que sus oídos escuchaban.

- ¿Dejar a Lena por dinero?, ¡jamás!, usted quizá pueda ponerle un precio a su hija, yo no, ella es lo que más vale en mi vida, más que mí misma, no existe una cifra que pueda comprar el amor que le tengo.

 

El hombre que ya había sacado el bolígrafo y la libreta de los cheques se detuvo. Yulia continuo:

 

- Señor Katin, sólo porque comprendo que usted hace esto por amor a Lena no le respondo como debiera, yo amo a su hija y eso no lo compra nada ni lo cambia nada... permiso... -terminó diciendo al tiempo de abrir la puerta del auto y retirarse caminando.

 

Dinero, todo lo querían comprar con dinero, incluso el amor de ellas... hasta dónde podía llegar la intolerancia... decidió dejar ese episodio en el olvido, jamás contaría eso a Lena, solamente la lastimaría, no podía, no debía decir nada, incluso a sus padres, esa plática quedaría entre el padre de su amada y ella.

 

Al ver alejarse aquella pequeña figura no pudo menos que sentir vergüenza de sí mismo, esa chica le había dado una lección, él había pretendido poner un precio a su hija, esa chica no pudo hacerlo. Quizá era cierto ese amor del que habían hablado tanto una como la otra, las dos tenían la misma seguridad en las palabras, decidió alejarse, igual aún le dolía la traición de su hija, así lo veía, quizá más adelante se arrepintiera o...

 

Los días transcurrieron, Lena dejó de ser la atracción de la universidad desde que, hacía pocos días, se había parado frente a todos mientras murmuraban y dijo tan alto como pudo sin gritar:

 

- Si, damas y caballeros, estoy enamorada de una chica, vivo con ella, es maravillosa, en todo...

 

Y al decir las palabras finales sonrió y se retiró, todos obtuvieron la respuesta que deseaban, Nadya apenas podía creer lo que había hecho su amiga, algunos de sus compañeros volvieron a la normalidad con ella, algunos dejaron de hablarle, no importa se dijo la pelirroja, mis verdaderos amigos siempre estarán conmigo...

 

Lena pasaba por Yulia a la Academia, todos habían observado el cambio de la chica de ojos azules, incluso Katia, quien se había acercado para tratar de arreglar las cosas con Yulia... la pelinegra respondió que solamente podía ofrecer amistad, ella amaba a otra chica y era muy grande eso, Katia no insistió, quizá Yulia fuera una rebelde, pero ante todo siempre había sido una chica respetuosa de los sentimientos y las relaciones, ella había perdido su oportunidad.

 

- Pues te felicito -le dijo- pero felicito más a esa chica, sin duda tiene mucha suerte.

- ¡Que va! -respondió Yulia- la de la suerte soy yo...

 

El terremoto Yulia estaba tranquila, siempre sonreía y esperaba ansiosa la salida, todos veían cómo abrazaba a aquella pelirroja que venía en el auto verde todas las tardes.

 

Yulia y Lena llegaron a casa temprano, encontraron una nota de Larissa, “casi todo está listo, sólo pongan al fuego la sopa y tendrán la cena, fui al cumpleaños de Anreeva, volveré a las 9:00, besos”.

 

- Vaya -dijo Yulia sonriendo a su pelirroja -tenemos la casa para nosotras solas.

 

Eran aún las cinco y su padre no volvería hasta las siete, ese era su día de suerte... Lena tomó de la mano a Yulia y la dirigió a la salita, la sentó y ella se acomodó a horcajadas en sus piernas.

 

- ¿Hace cuánto que no estamos así? -Preguntó antes del beso la pelirroja.

- Mucho... -dijo en medio de un suspiro Yulia.

 

Sus manos estaban situadas en las caderas de su chica, besos suaves y lentos empezaron, Lena revolvía el pelo de su chica de mirar azul mientras sentía sus labios, sus alientos eran uno, Yulia no podía separar las manos de aquel cuerpo que al parecer había sido diseñado para quitarle el aliento y hacerle perder la razón.

 

Lena tomó entre sus manos aquel bello rostro que tanto amaba y viéndola a los ojos le dijo:

- Te amo tanto Yulia, te amo con todo lo que soy...

Yulia sintió conmovido su corazón, esas palabras le erizaban la piel.

- Tú también sabes que te amo -fue la respuesta -con todo lo poco que soy...

- Eres todo -dijo la pelirroja y volvió a los labios de su amada, esos labios eran el mejor vino que había probado, ese sabor la acompañaba siempre desde el primer momento en que lo sintió...

 

Yulia sentía lo mismo, el sabor de la pelirroja era todo, haría cualquier cosa por aquella pecosa pelirroja, cualquier cosa con tal de no separarse de ella jamás, esa chica era todo su corazón, ella funcionaba porque tenía al lado a aquella chica de ojos verdigrís, ella lo podía todo porque a su lado estaba Lena...

 

El padre de Yulia abrió la puerta, ese día al fin había podido dejar el trabajo un poco temprano, por alguna extraña razón no saludó como lo hacía normalmente, su -¡Ya llegué!- No se escuchó esa tarde, cuando llegó a la salita vio a la pelirroja sentada sobre su pequeña, las niñas estaban besándose, se encontraban en otro mundo, no quiso interrumpir ese momento, él bien sabía que las chicas apenas tenían tiempo a solas, pues siempre estaban ellos, él sabía lo que era querer estar con la persona amada, salió nuevamente de la casa y esperó unos minutos fuera antes de hacer sonar el timbre.

 

Aquellos besos eran interrumpidos de nuevo.

- ¿Quién será? -Dijo malhumorada Yulia.

- No sé, mejor veamos-dijo la pelirroja -se separó de su amada y se dirigió a abrir la puerta.

- Hola querida -dijo Oleg -disculpa, olvidé mi llave y pues... como salí temprano...

 

Lena saludó con un beso al padre de Yulia, la pelinegra ahora estaba parada en el marco de la puerta de la salita.

 

- Hola papá -dijo y besó su mejilla -él repitió la historia del olvido de la llave, mientras Lena traía un vaso con refresco de la cocina, siempre lo hacía con el padre de Yulia. La pequeña se dio cuenta de que de la bolsa del pantalón de su padre salía el llavero, ella lo comprendió todo y guardó silencio.

 

- Lena, ¿vamos a la abarrotería?.

- ¿Para qué? -Fue la respuesta...

- Pues quiero ver si hay... -buscaba una palabra, en realidad no quería comprar nada, necesitaba hablar con ella, pero no frente a su padre- quiero ver su hay uvas- dijo al final.

- Pues no se, pero si quieres vamos...

 

- Lena -empezó la pelinegra, he estado pensando en que deberíamos buscar un lugar para nosotras dos.

- ¿Te refieres a mudarnos?.

- Si, creo que sería lo mejor, ¿tú creíste lo que dijo papá acerca de olvidar las llaves?.

- Si, las olvidó ¿no?...

- No, las tenía en el bolsillo de su pantalón, él nos vio, sé que no le molestó, sé que inventó esto del olvido para no hacernos sentir mal, pero de verdad deseo poder estar contigo sin temor a que lleguen mis padres...

- Yo también... -contestó la pelirroja -pero alquilar un sitio es caro.

- Ya veremos, ayer leí una oferta de trabajo que estaba en la cartelera de la Academia, creo que podría tomar otro empleo.

 

Llegaron a la abarrotería y compraron unas cuantas uvas, los vecinos ahora también hacían mala cara a la pelirroja, ella era otra de esas, ya no le daba importancia, tomó de la mano a Yulia y caminó con la frente en alto, -si no quieren ver que no miren- fueron las palabras de la pelirroja a su chica.

 

 

PEQUEÑO UNIVERSO

 

 

Desde ese día se dedicaron a buscar un apartamento, uno minúsculo, comunicaron la idea a sus padres quienes dijeron que por ellos podían seguir allí, pero si era lo que deseaban pues las apoyarían.

 

El padre de Yulia llegó una tarde comentando que habían desocupado uno de los apartamentos de aquel edificio que se encontraba como a diez calles de allí, no eran grandes ni lujosos, pero la renta era razonable...

 

- Además tiene tina de baño... -dijo al oído de su hija mientras guiñaba un ojo...

 

Yulia saltó de gusto.

- Iremos a verlo, enseguida...

 

Los cuatro fueron al lugar; no era más que dos pequeñas habitaciones y un pequeño baño... con tina.

 

- ¡Está perfecto! -dijo la pelinegra.

 

Lena y Larissa no comprendían cómo Yulia y Oleg estaban tan complacidos con aquel minúsculo lugar... Yulia buscó la mirada de su chica para ver su reacción.

 

- Ya sé –dijo -pero con un poco de pintura, cortinas y un par de cuadros tendrá otra cara.

 

Oleg se ofreció a ayudar con algunas reparaciones que necesitaba... no se habló más, ese seria el apartamento que compartirían. Pasaron la siguiente semana pintando y arreglando el lugar, Yulia había tenido razón, con el nuevo color en las paredes, las cortinas que les había regalado Larissa, la buena limpieza hecha el fin de semana el lugar se estaba tornando agradable, ese sería su lugar, ese sería su pequeño universo...

 

Poco a poco fueron trasladando algunos muebles, la camita de Yulia, una mesa y un par de sillas que habían servido como escritorio, un sofá que había sido de la abuela, sus ropas, aquella estufa pequeña que tuvieron que comprar, mientras reunían dinero para un frigorífico guardarían algunas cosas en casa de sus padres, al fin todo estaba listo, en medio de las limitaciones tenían un lugar propio, un sitio que las esperaría para cobijarlas todas las noches...

 

Ese día, el de la mudaza, Yulia no cabía de la emoción, iba a tener a su pelirroja todo el tiempo posible, a excepción de cuatro horas los jueves, viernes y sábados, había obtenido el empleo que estaba anunciado en la cartelera, iba a tocar el piano de 8:00 a 12:00 de la noche en aquel hotel de lujo que quedaba en la calle que conducía al Kremlin, ganaría el dinero suficiente para poder mantener el apartamento, eso era lo mejor.

Lena seguía un poco incómoda por no poder colaborar con los gastos.

 

- No es justo Yulia, yo también debo ayudar, así deben ser las cosas, aquí estamos las dos, tú no tienes que hacer todo...

- Sé que si la oportunidad se hubiera dado estarías ayudando, no es tu culpa no encontrar empleo, con lo que gano podemos arreglárnoslas, hagamos un trato.

- Dime -contestó la pelirroja.

- No discutiremos problemas de dinero en el apartamento, si tenemos que hablar algo de eso será aquí, en las gradas de la calle, pero dentro no, ¿de acuerdo?...

- Claro, como digas...

 

En ese momento vieron venir el auto de Oleg, traía las últimas cosas de las chicas, Larissa también venía, esa noche ellas no volverían a casa, la vida juntas estaba empezando, hubo abrazos de despedida, unas cuantas lágrimas llegaron a los ojos de Larissa.

 

- ¡Las voy a extrañar tanto!.

- ¡Ay mamá!, son sólo unas cuantas calles, te aseguro que estaremos en casa mucho tiempo.

- Lo se, lo se, pero no puedo evitarlo, eres mi única hija...

 

Yulia abrazó a su madre, ella también los extrañaría, pero no podía negar que, saberse de ahora en adelante una pareja establecida junto con su amada pelirroja, llenaban su corazón de alegría.

 

Mientras llegaba el momento de la verdadera despedida, Oleg revisaba la calefacción.

 

- Te dará problemas, Yulia –advirtió.

- No importa papá luego mandaremos a que la revisen, tenemos suficientes frazadas... lo que extrañaré un poco será la televisión... -dijo la pelinegra.

- Al menos el no tenerla no tendrá los efectos que tiene en las demás casas rusas... -rió el padre.

 

Yulia y Larissa empezaron a reír, Lena no comprendía el por qué de la hilaridad de aquel comentario, Yulia aún riendo empezó a explicar...

 

- Mi padre asegura que la sobrepoblación rusa se debe a la falta de entretenimiento nocturno, como la TV.

 

Lena se ruborizó pero también empezó a reír, claro, en ellas el no tener una distracción por las noches no iba a tener efectos visibles en nueve meses, es más, no tener ninguna distracción nocturna era un premio más que una pena.

 

Su primer noche en el apartamento era un sueño hecho realidad, estaban tan emocionadas con saberse a solas y en privado que hablaron casi toda la noche, Yulia se sentía feliz de compartir su cama con aquella pelirroja. La acomodaba, acariciaba sus cabellos, Lena se acurrucaba junto a ella, era lindo tenerse sin miedos, sentir sus brazos amarrados en ella, sentir sus besos sin miedos ni presiones, tenían una vida para amarse y disfrutar una de la otra, ahora no importaba nada, la guerra, la lluvia, el frío, su amor era tan grande que no habían palabras suficientes para describirlo, esa noche se amaron lentamente, sin temor pronunciaron sus nombres, despacio cada una fue de la otra, volvieron a confundir sus sabores y se abrazaron para ser sorprendidas juntas por el amanecer... su primer amanecer juntas... el primero del resto de sus vidas.

 

- Pronto celebraremos tu cumpleaños -dijo Lena mientras ponía en la mesa el plato con el desayuno para su amada de cabello rebelde...

- Sin duda será el mejor -dijo Yulia mientras saboreaba su comida...

- Ya verás que será el primero de los mejores... dijo Lena mientras sonreía a su amor y colocaba su plato en la mesa....

 

Yulia sintió cómo su pulso andaba al doble... escuchar a su amada hablar así le hacía imaginar mil cosas que la hacían volar...

 

 

 

Los padres de Yulia eran frecuentes visitantes de aquel apartamentito, siempre iban cargando algo para comer, una botella de vodka o algún artículo que notaran hacía falta en aquel sitio.

 

- No deben molestarse -decía Yulia, ella bien sabía que sus padres disfrazaban de cortesía la ayuda brindada, a Yulia le gustaba sentirse autosuficiente, el padre sabía de eso, esa pequeña también había heredado su carácter...

 

Lena esperaba pacientemente por las noches a que volviera Yulia.

 

- No me esperes despierta, descansa -había dicho aquella chica con ojos de cielo, pero no, Lena nunca pudo ir a la cama si no era acompañada por su querida chica, intentó un par de veces el consejo, pero era imposible, ella estaba incompleta con su ausencia, así que, aprovechaba esas horas de soledad para poder estudiar, no iba a hacerlo cuando pudiera pasar su tiempo con su amada, así que era mejor sacar provecho.

 

A mediados de febrero Yulia observó cómo su madre y Lena conversaban incansablemente, cuando ella llegaba a acercárseles ellas callaban y empezaban luego a hablar trivialidades, Yulia sabía qué se traían entre manos, ese 20 ella cumpliría 19 años...

 

- No preparen nada... -decía mientras ensayaba unas notas en aquel teclado que había comprado luego de casi dos años de ahorro.

- Quién dice que estamos planeando algo -dijo Lena desde la mesa, rió con Larissa.

- Nada, no necesito nada, te tengo a ti y mi familia me ama, ¿qué más necesito?.

- Sueña Yulia, no estamos preparando nada... dijo Larissa volviendo a sonreír con Lena... la pelinegra quizá era despistada, algunas veces, pero estaba en lo cierto, para su cumpleaños recibiría varias sorpresas...

 

 

HAPPY BIRTHDAY YULIA

 

 

El domingo 20 llegó, Yulia despertó tarde mientras era acariciada su piel con una rosa roja, los pétalos suaves se deslizaban por su bello cuerpo.

 

- Buenos días dormilona -dijo Lena mientras se acercaba para besarle...

- Buenos días -respondió Yulia frotándose los ojos.

- Feliz cumpleaños -fueron las palabras que en un tono musical pronunció la pelirroja-...cómo amaneciste?...

- ¡Maravillosamente!, desde que estoy contigo no amanezco de otro modo...-era una respuesta sincera, Yulia había olvidado la existencia de la palabra tristeza, las dos chicas padecían de esa amnesia.

- Hoy no haré nada más que atenderte, será uno de mis regalos en tu cumpleaños -continuó la chica de ojos verdigrís mientras tomaba su sitio abrazando el cuerpo de su chica, al oído le dijo -cuando comas yo te daré de comer, cuando te bañes, yo te bañaré, te pondré la ropa y....

- ¿....Y qué? -Preguntó en medio de una sonrisa la chica de ojos azules.

-  ... nada, luego... luego te la quitaré...

 

Yulia estaba acercándose a Lena con aquella chispa en los ojos que la pelirroja conocía bien.

 

- Te traeré el desayuno... -dijo mientras se levantaba y dirigía una mirada seductora a su chica, se paró en el marco de la puerta y giró para dirigirle otra mirada. -más tarde solucionaremos eso que está en tus ojos... -y salió...

 

Yulia sabía que Lena estaba jugando, era hermoso, vivían juntas y siempre jugaban a seducirse, siempre el deseo de tenerse era como el de la primera vez, siempre renovado, parecía como si llevaran mucho tiempo sin hacer el amor, aunque justo la noche anterior o quizá algunas horas eran la distancia entre aquel deseo y el nuevo... Yulia vio al techo de aquella habitación y sonrió.

 

- ¡Ok!, jugaremos... -se dijo mientras volvía a sonreír...

 

- Para el apetito de mi amor -empezó Lena mientras acercaba la bandeja a la cama- ...jugo de naranja, pan tostado; en el punto favorito, mantequilla y mermelada, cereal y huevos con tocino... terminó la pelirroja.

 

- Tú quieres que suba de peso... -dijo en medio de una sonrisa Yulia al momento de tomar con su mano el vaso conteniendo el jugo...

- Eso es imposible alfiler, respondió Lena al acercar un trozo del pan a la boca de su amor...

 

El desayuno fue lento, Lena apenas dejaba a Yulia tomar el vaso, ella dio de comer cada uno de los manjares en la boca.

- Servida mi amor... -dijo mientras levantaba la bandeja... -ahora vuelvo, veremos lo que sigue...

 

- Creo qué es hora del baño... -dijo Lena al volver a la habitación- así que prepárate... dijo al dirigir su mano para sacarla de la cama.

 

La tina estaba llena, había algunas flores en aquel diminuto baño, Lena había iluminado el sitio con algunas velas, había agregado al agua tibia sales aromáticas, empezó a quitar los pijamas a Yulia, lo hizo despacio y con cada prenda menos imprimía un beso más en aquella piel, sus bronceados hombros, su suave cuello, sus delicados labios...

 

Yulia quiso hacer lo propio con las ropas de la pelirroja, -umm, umm- le dijo a modo de negación.

- Espera... -Lena quitó una a una sus prendas, dejando que Yulia observara el espectáculo privado- vamos a la tina -dijo la chica de los ojos verdigrís mientras tomaba la delgada mano de su amada, ella se sentó y sentó a Yulia en el medio de sus piernas.

 

Yulia sentía aquel cuerpo desnudo detrás de ella, sentía sus senos, Lena deslizaba suavemente la esponja por el cuerpo de Yulia, quien tenía echada la cabeza hacia atrás para poder besar aquellos labios que quemaban su alma, el agua tibia en sus cuerpos era una delicia, en medio de aquella espuma, la pelirroja deslizaba sus manos por la fisonomía de la chica ojiazul.

 

Cuando Yulia intentó darse la vuelta para iniciar aquel maravilloso juego que ambas disfrutaban, Lena se lo impidió suavemente y dijo a su oído.

- Es hora de salir de aquí, el baño terminó...

- Oh, por Dios....-Esa chica estaba llevándola a los límites de su resistencia, Yulia estaba excitadísima y Lena parecía dispuesta a seguir con aquel juego de volverla loca... -¡está bien! -dijo casi sin querer decirlo – Vamos.

 

Salieron de la tina, Lena se encargó de secar aquel cuerpo bronceado, incluso, secó parte de las gotas con sus labios, pero aún no era el momento, Lena tenía preparado algo especial para Yulia, así que era mejor probar su deseo para anticipar lo que vendría...

 

- Tengo un pequeño regalo para ti... -dijo Lena mientras sacaba un paquete mediano de uno de los cajones de la ropa..

- Qué tienes allí?... -pregunto Yulia queriendo alcanzar el paquete...

- Acércate... -dijo la pelirroja.

Yulia avanzó hasta ella, Lena pasó su brazo por la cintura de Yulia y con la mano acarició sus cabellos.

- Te amo y aunque quisiera darte más de lo que tengo no puedo, pero te doy todo lo que soy... -dijo tan cerca de los labios de la pelinegra que no pudo resistir y los besó.

 

Yulia estaba emocionada, ella sabía tan ciertas aquellas palabras, Lena le daba todo, no había nada más grande que eso... se separaron y Yulia abrió el paquete...

 

- ¡Es la blusa que me gustó el otro día! -dijo Yulia en medio de un gesto de admiración.

 

Hacía un par de semanas mientras estaban comprando algunas cosas para el apartamento, en el centro comercial Yulia había perdido algunos minutos observando aquella blusa en el aparador, Lena se había quedado rezagada junto con Larissa al charlar con una vecina que Yulia particularmente no soportaba, Lena de lejos observó a Yulia consultar sus bolsillos, luego la cartera y finalmente dirigir una mirada de despedida a la prenda, ese día Yulia gastó el dinero que le quedaba en un libro que necesitaba la pelirroja para la universidad...

- Si -contestó Lena- aquella que no te compraste por comprar mis libros.

- Eran importantes... los necesitabas -contestó la pelinegra.

- Tú dejas tus cosas de lado por las mías, así que decidí que iba a darte algo que habías querido, aunque fuera algo pequeño...

- ¿Pero cómo hiciste?... tú no tienes dinero...

- Bueno, en parte guardé el dinero qué mágicamente aparece en mi cartera cada vez que recibes tu paga...

 

Yulia bajó la cabeza, sabía que si ofrecía ese dinero a Lena ésta lo rechazaría, así que había optado por introducir unos cuantos billetes a la cartera de la pelirroja, por si cualquier cosa se ofrecía... no era mucho, pero podía servirle de algo...

 

- Ya no lo hagas más... dijo Lena -el dinero te sirve más a tí... y el resto -dijo continuando la explicación- el resto es un secreto... –rió.

 

Yulia hizo un gesto de incomodidad.

- ¿No me vas a decir?...

- Claro que te diré, siempre la verdad, ¿recuerdas?... la verdad es que tengo la suerte de que algunos de mis compañeros sean unos perezosos, hice algunos de los trabajos de la universidad por ellos y pues me gané el dinero...

 

Yulia abrazó a Lena.

- ¡Gracias!... -susurró a su oído- es lo más hermoso que alguien ha hecho por mí...

- Espera -dijo la pelirroja -aún faltan cosas para el día de hoy...- dio un beso a aquellos rojos labios y empezó a poner las ropas al delgado cuerpo bronceado de su amada...

 

 

Los padres de Yulia llegaron a eso de las once, Lena y Larissa se encargaban de hacer para ese almuerzo la comida favorita de Yulia, palmeni y varenniki, aquellas bolas hechas de harina fina rellenas de carne y otras de fresas...

 

- ¡Deliciosas! -decía Yulia cada vez que hablaba de aquellos platillos...

 

- Te debo decir que siento un poco de envidia -dijo Larissa mientras aderezaba las verduras para acompañar los manjares.

- ¿Por qué? -Interrogó la pelirroja.

- Tú sabes que yo amo a Yulia más que a nada, es mi hija, pero jamás logré poner la sonrisa que tú has podido en su cara, creo que ahora que está contigo hasta más bonita se ve...Lena sonrió.

- ¿Usted cree?...

- Claro, jamás y es de verdad, jamás había visto a mi diablillo tan feliz...

 

Oleg y Yulia salieron, iba en el auto del padre a hacer unas compras... él en realidad había dispuesto hacer un regalo a su hija, pero decidió que era mejor preguntarle que quería o qué necesitaba, él sabía que el dinero era el mejor regalo...

 

- Yulia -empezó a decir el padre dentro del auto -te saqué de casa para que seas tú quien me diga que quiere de regalo de cumpleaños...

- Nada papá, tengo todo lo que he deseado en la vida, mis padres me aman, mi chica me ama, mis padres aman a mi chica...

- Ya déjate de conjugaciones, que eso es lo que te mereces, has sido una buena hija, un poco loquita, pero una buena chica...interrumpió Oleg- quiero regalarte algo, algo que necesites o desees, si pudiera darte más lo haría, así que no me dejes aquí con mis buenas intenciones...

Yulia abrazó a su padre y le dijo:

 

- Creo que sé lo que quiero, vamos, te llevaré...

 

A la una del día, Oleg y Yulia volvieron al pequeño apartamento, aún no bajaron aquel regalo que había comprado el padre.

 

- ¡¡Ya llegamos!! -anunció alegremente Yulia en la puerta.

- ¡¡Felicidades!! -Fue el grito que escuchó en aquella pequeña salita-comedor-cocina...

 

Allí estaban Lena, Larissa, sus vecinos Víctor, Tatiana y su pequeño hijo Vladimir, la joven pareja que hoy los acompañaba tenían cerca de una semana de haberse mudado, ellos no juzgaban a las chicas, ellos también estaban enamorados y comprendían perfectamente el amor de las dos... todos abrazaron a Yulia deseándole felicidades, muchos años más de vida, en fin, todo aquello que se acostumbra en esas ocasiones... Lena susurró al oído amado:

 

- Felicidades y gracias...

- ¿Gracias por qué?.

- Porque sólo por haber nacido me has hecho la mujer más feliz del mundo... -dio un beso a aquel amado rostro y todos se sentaron a la mesa...

 

- Nadya -dijo que no podría venir -dijo Lena antes de empezar.

- ¡Por Dios!, no podré comer... -dijo Yulia con sarcasmo.

- Es que tenía que estudiar... -dijo la pelirroja a modo de explicación...

- Seguro -dijo la morena- no pudo... pero inventar una excusa mejor... moriré de pena... -volvió a decir.

- Ya Yulia, mejor olvidémoslo, quizá fue mejor que no viniera...

- que perspicaz... -volvió a decir la pelinegra...

- ¡Vaya! -dijo Lena en medio de una sonrisa- ahora la de las palabras rebuscadas eres tú...- Todos rieron.

 

Luego de algunas bebidas y los platos, todos estaban acomodados en la salita, Yulia y Lena en el sofá pequeño, en el que cabían perfectamente las dos, los padres de aquella en el sofá grande, Larissa sostenía al pequeño Vladimir.

- ¿No es lindo? -decía a sus padres quienes se encontraban acomodados en dos sillas traídas de la mesa...

 

Yulia empezó a hablar...

- Quiero darle las gracias a todos, porque la felicidad que siento este día es completa, sé que todos ustedes tienen genuinos sentimientos hacia mí, los amo...

 

Larissa se sorprendió con las palabras de su pequeña, Yulia jamás había sido la clase de persona que dejaba ver sus emociones, esa era una faceta nueva, seguramente el estar con Lena le había hecho una chica más sensible, más dulce...

 

- Vamos por el regalo -dijo Oleg- pues recordó que aún no había bajado aquello del auto.

- Mira Lena -dijo en medio de una gran sonrisa, Yulia y Oleg sostenían en sus manos un pequeño frigorífico, de esos que se usan en los bares, quizá de dos pies, pero era algo, Yulia le había visto en aquella tienda de artículos de segunda mano.

 

- Ahora si Lena, ahora si podremos comprar helado...rió nuevamente.

 

 Lena se sonrojó y luego rió, las chicas habían hablado hacía algunos días de poder hacer algunas travesuras en la cama, Lena había hablado de llevar helado y divertirse con aquello frío, sin embargo Yulia, había hablado de aquella imagen que le había venido en Konakovo, aquella enfermera pelirroja con una minúscula falda blanca, en su fantasía producida por la fiebre había visto a Lena, las dos rieron en aquella ocasión, ahora, la fantasía de Lena ya podría tener lugar.

 

Víctor y Tatiana admiraban el devoto amor de aquellas chicas que eran vistas con recelo en el edificio, ellos claro que se sorprendieron al saber la relación de aquellas dos, pero, ¿cómo juzgarlas?, eran magníficas, fueron las primeras, no, las únicas en ofrecer su ayuda cuando se mudaron, incluso compartieron con ellos su modesta cena cuando no pudieron hacer funcionar la estufa de gas... y el pequeño Vladimir estaba completamente loquito por Yulia, cada vez que la veía se retorcía en los brazos de su madre para salir de ellos y abrazar a aquella chica que lo alzaba y le hacía reír.

 

Lena sentía dentro de ella una emoción singular, era lindo ver a Yulia con aquel chico, tan parecido a ella, con cabellos oscuros y ojos azules, Lena aún no se daba cuenta, pero la idea de ser tres andaba dando vueltas por su cabeza.

 

A media tarde todos se retiraron, era innecesario decir el motivo, ellos sabían que era hora de que las chicas estuvieran solas, así que luego de los besos de despedida aquel corazón llamado Lena y Yulia se quedó en el apartamento...

 

- Bueno -empezó la pelirroja- ahora saldremos.

- ¿A dónde? -preguntó la morena -no tengo mucho dinero...

- Yo tengo -dijo Lena- cobré caro por hacer las tareas... y rió...

 

Esa tarde fueron al cine, Yulia eligió la película, aquella de misterio que había visto en las carteleras, Lena saltó a cada momento intenso del filme, Yulia se divertía y disfrutaba cuando la pelirroja se abrazaba a ella, esa era la parte favorita de la morena al ver películas de terror o misterio.

 

Al salir del lugar fueron a aquel alejado parque, caminaron tomadas de la mano y se dirigieron al banco más solitario, Lena se sentó y atrajo a la chica de cabello revuelto a sus piernas, sin demasiadas palabras el amor estaba allí, sus besos lo decían todo.

 

- Este es un sueño hecho realidad -dijo Lena- encontré el amor, lo encontré en ti, me siento afortunada, ¿cuánta gente pasa por la vida buscando y buscando?, se equivocan y sufren por no encontrar el amor... yo te tengo a ti, no debo buscar más...-.  Yulia conmovida contestó...

- ¡El amor eres tú! -le dio un beso -yo te encontré a ti, ¿recuerdas?, estabas en el camino... eras mi destino... ahora eres mi realidad... te amo preciosa...

 

Caminaron hasta el estacionamiento y se condujeron a casa, Lena recostó su cabeza en aquel delgado hombro y cerró sus ojos, no cabía la felicidad en su corazón iba al lado de aquella chica que la amaba tanto, de aquella chica que ella amaba tanto.

 

- ¡Gracias por este día maravilloso! -dijo Yulia al besar a Lena dentro del apartamento...

- ¿Crees que ye terminó? -Dijo sonriendo coquetamente la pelirroja- aún falta lo mejor...

 

Yulia había guardado su deseo todo el día, incluso por unos momentos parecía que su cuerpo no reclamaba tan intensamente a su pelirroja, pero con esa sonrisa y esas palabras el deseo volvió a asaltarla...

 

- Ve a la habitación, ahora llego...-dijo pasando su mano por el mentón de Yulia... en medio de un suspiro y sin decir palabra la chica de ojos azules obedeció, fue a la habitación y se sentó en el lecho, no sabía que esperar. Lena la estaba poniendo nerviosa, parecía que jamás había estado con ella... Yulia escuchó la puerta abrirse.

 

- Bueno -escuchó la voz de la pelirroja- ahora llegó la hora del tratamiento...

 

La pelinegra no podía creer lo que veía, seguramente estaba alucinando, allí estaba su adorada pelirroja con una minúscula falda blanca, con una camisa blanca anudada justo debajo de sus senos y con aquel gorrito del mismo color, era su enfermera.

 

Lena tomó la iniciativa y recostó a Yulia en la cama... la morena quería despojar a su pelirroja de su atuendo, llevaba todo el día deseándola desesperadamente, Lena aún no se lo permitió.

 

- Espera -le dijo- tienes que obedecer lo que te ordeno, el tratamiento sólo funciona si te portas bien...

 

La pelirroja descubrió poco a poco el cuerpo de su chica, en medio de besos y caricias una a una sus prendas fueron retiradas, en un descuido de Lena, Yulia coló sus manos en la blusa...

 

- Estás haciendo trampa... -dijo la pelirroja con un pequeño jadeo en el oído de la pelinegra...

 

Yulia prosiguió, en pocos segundos estaban de igual a igual, la desnudez era completa, deliciosa, sus pieles se conocían perfectamente y se añoraban, cada encuentro era diferente y deseado, jamás aquella pelinegra había sentido algo igual, con ninguna de las chicas con las que salió, su pelirroja era única, especial, Lena llevó a Yulia por el camino del éxtasis, la amó como no lo había hecho antes.

 

Yulia tembló en los brazos de Lena mientras era amada, sintió a la pelirroja por todo su cuerpo, esa chica de ojos verdigris la conocía de punta a punta y sabía cómo llevarla a ese sitio en el cual su corazón parecía dejar de latir para luego volver a sentir la vida en los labios de su amada, Yulia la amó también, desenfrenadamente, había sido llevada todo el día a los límites de su resistencia, esa noche era una noche especial, los regalos recibidos habían sido los mejores, justo ahora estaba disfrutando del mejor regalo de su vida, su amada chica de cabellos rojos.

 

 

NADYA

 

 

- ¿Qué tal de cumpleaños?... - Pregunto irónicamente Nadya.

- Muy bien -dijo sinceramente la pelirroja- te perdiste de una buena comida...

- ¡Por Dios!, Lena, cuándo vas a reconocer que estás en un error, esa chica no te quiere, es una oportunista...

- ¡Nadya!, por favor –interrumpió- eres mi amiga, pero no voy a permitirte que te expreses así de Yulia.

- Lo siento –contestó- pero puedo probarte que ella no es como tú crees, justo antes de conocerte ella había estado saliendo con una compañera de la Academia, una chica llamada...

- Katia -dijo la pelirroja- lo sé, justamente por eso se fue a Konakovo...

- Además -continuó la amiga- salió con tres o cuatro chicas más de la academia, una de ellas estudia violín, la otra chelo, ha salido como con seis chicas... -insistía Nadya.

- Si -dijo nuevamente Lena- ha salido con Ivana, Katia, Anastasia, Anya, Catalina, Liaya...

 

Nadya no quitaba aquella cara de asombro, Lena debía estar hipnotizada para ignorar eso, cómo podía soportar aquel desfile de mujeres...

 

- Ah, se me olvidaba, también salió con Martina, allá en Konakovo...

- ¿No te importa? -preguntó asombrada la amiga.

- No, todo eso es pasado y allí se quedó, Yulia y yo sólo tenemos presente y futuro, además, a algunas ya les conocí y son chicas estupendas.

- ¿Cómo que les has conocido?...

- Si, en Konakovo conocí a martina, fuimos a pescar...

- ¡Qué descaro de chica!, llevarlas a las dos...

- No -interrumpió la pelirroja- Yulia me llevó a mí, Martina está con Svetlana y ellas dos nos llevaron comida a casa, Yulia no es mala por haber salido con varias chicas, en realidad no me siento mal por ello, quizá salió con muchas, pero se quedó conmigo Nadya, eso es lo más importante...

 

Se dirigieron al salón y recibieron sus clases, cuando llegaron a un receso, las amigas fueron a la cafetería para beber algunos refrescos... Nadya recibió una llamada telefónica... casi muere del susto al escuchar la voz al otro lado del teléfono, era la madre de la pelirroja.

- ¿Si?... -dijo con la voz quebrada...

- Nadya quiero que me ayudes en algo...

- Claro –respondió-  ¿en qué...?.

- ¿Está Lena contigo?...

- Si - fue el monosílabo que salió de sus labios...

- Te espero por la tarde para hablarte de lo que necesito -y colgó...

 

¿Qué querrá la mamá de Lena?, era la pregunta en la cabeza de Nadya, estuvo distante el resto del día, Lena apenas lo notó, estaba tan ocupada tomando apuntes que no se percató del cambio de actitud de su amiga.

 

Inessa estaba esperando a la chica, aún con temor llegó a la cita a aquella casa.

- Pasa –dijo- indicando que entrara a aquella habitación que contenía la biblioteca...-aún no te perdono que mintieras, pero creo que si me ayudas reivindicarás esa amistad que decías tener con mi hija...- Aquella mujer la intimidaba, y claro que deseaba hacer algo...

- Quiero que me ayudes a separar a esas dos...

Nadya escuchó la idea de la madre de Lena, si su hija era testigo de algún engaño por parte de la pelinegra ella se decepcionaría y entonces volvería a su hogar, sumisa... planearon cómo propiciar una situación incómoda, el plan no les fallaría, esa relación no podría durar más...

 

Los días pasaron, Yulia y Lena seguían viviendo su idílico romance, no necesitaban más, ellas dos eran más de suficiente, las noches en que Yulia no trabajaba en el hotel, ésta ayudaba a su pelirroja con las tareas, se hicieron habituales en un café internet cercano a su pequeño apartamento, Yulia era mejor mecanógrafa que la pelirroja, así que mientras Lena dictaba Yulia copiaba, Lena presentaba siempre sus trabajos perfectos, gracias a la ayuda de su amada morena... claro, que había que hacer economías para poder disfrutar de esos servicios, pero la carrera de su amada chica bien valía la pena...

 

En esos días, Lena por fin obtuvo un pequeño trabajo, en la universidad ofrecieron un pequeño sueldo para una asistente de biblioteca, en realidad era más una limosna que un sueldo, pero ningún dinero vendría mal, además, le quitaba solamente la hora del receso, no era un problema... una de las vecinas del apartamento también ofreció algo, sus chicos, los gemelos que se encontraban cursando el séptimo grado necesitaban ayuda en un par de materias, sabiendo que Lena era una chica inteligente y que necesitaba un ingreso le ofreció unos cuantos rublos por la tutoría de las materias y otros más por ser la niñera de los chicos un par de horas dos días a la semana, mientras ella trabajaba... poco a poco la economía de aquella pareja iba mejorando y Lena se sentía más a gusto con ella misma por poder colaborar con los gastos...

 

Nadya sentía remordimientos por lo que iba a hacer, ciertamente la chica ojiazul no era de su agrado, pero iba a tenderle una trampa, aunque su amiga Lena era más importante, había que sacarla de su error a como diera lugar.

 

Nadya investigó lo que la madre de la pelirroja había pedido, era cuestión de hacer lo planeado, ese sábado, Nadya fue hasta la casa de Katia.

 

- Te traigo un mensaje de Yulia, dice que te espera hoy a las cuatro en el café que está cerca de la universidad.

 

Katia no entendía nada, recién ayer había visto a la pelinegra y no le había dicho nada, incluso, si quería hablarle pudo haberlo hecho por teléfono... además ¿por qué enviarle un mensaje con una extraña?... debía ser algo serio...

 

- Está bien, dile que iré...

 

Ese día era el perfecto, pues Lena había contado a su amiga que Yulia estaría fuera esa tarde, pues en el hotel iban a comprar un nuevo piano y pues siendo ella la interprete era lógico que fuera ella quien lo eligiera... Nadya llamó al hotel, pidió que le dieran un mensaje a Yulia Volkova... –Claro - contestaron, se lo harían llegar...

- Dígale que Lena le estará esperando a las cuatro en el café que está cerca de la Universidad...

- Con mucho gusto... -fue la respuesta de la telefonista que hizo llegar el mensaje a la pelinegra...

 

Nadya llegó al apartamento de Lena... justo después del saludo le dijo...

- Cómo puedes vivir en este lugar... hasta da miedo venir aquí... por Dios Lena, no te das cuenta de que Yulia....

- Para Nadya -le dijo- no quiero echarte de casa, pero si sigues hablando así tendré que hacerlo...

- Olvídalo, vengo para invitarte a tomar un café...

- No se -empezó Lena...

- ¿Qué?, ¿no te da permiso Yulia?... -dijo con sarcasmo...

- No es eso, solamente que quisiera estar aquí cuando vuelva, pero... vamos, le dejaré una nota...

 

El trabajo estaba hecho, Lena sorprendería a Yulia con Katia, Larissa estaría en el estacionamiento tan sólo para observar cuando su hija saliera llorando y comprobar que aquella jugarreta había dado resultado, estaba dispuesta a recuperar a su hija a toda costa, aún con el dolor de ésta...

 

Yulia llegó puntual al café, tomó su lugar en aquella mesa que invariablemente ocupaba con su pelirroja, era extraño, ¿para qué le había citado allí?... quizá no era nada, una salida juntas, seguramente era eso... a los pocos minutos Katia apareció por la puerta, saludó a Yulia con un gesto de mano y caminó hacia ella, Yulia correspondió al saludo, qué coincidencia, Katia por allí, no había que temer, Lena sabía que habían salido juntas y sabía que Yulia jamás haría algo que la lastimara...

 

- ¡Hola!... -dijo Katia tomando el lugar frente a Yulia...

- Hola Katia, hace tanto tiempo... -dijo con una sonrisa...

- Si, recién ayer -contestó la chica sonriendo también...

- ¿Qué haces aquí? -preguntó la pelinegra...

- Eso te pregunto yo, ¿para qué me llamaste?...

- Aquí debe haber un error, yo no te llamé...

- Pues una chica que no conozco llegó a casa esta mañana y me dijo que querías verme aquí en el café a las cuatro...

 

Yulia enseguida presintió que había una trampa en todo ese engaño, no era una broma, algo sucio estaba detrás de todo aquello...

 

- Lo siento Katia, no te mandé llamar, yo recibí una llamada del hotel diciéndome que Lena quería verme aquí a las cuatro de la tarde... estoy tan desconcertada como tú...

Justo en ese momento Nadya y Lena asomaron por la puerta... Nadya traía distraída a Lena, esperaba poder llevarla lo más cerca de la mesa para que no hubiera oportunidad de que no viera a aquellas dos...

 

La madre de Lena había visto a su hija a la amiga estacionar y bajar del auto... su pelirroja estaba hermosa, estaba radiante... pero no había excusa, tenía que volver a casa a la buena o a la mala...

 

Estaban a pocos pasos de la mesa, Yulia y Katia no se percataron del ingreso de las chicas, estaban tratando de explicarse los sucesos que las habían llevado hasta ese lugar... Nadya fingió sorprenderse al ver a Yulia y compañía...

 

- Lena, mira... -dijo hipócritamente...

 

Lena vio como su chica hablaba con interés a aquella que había sido su pareja justo antes de ella... su corazón martilló en sus sienes.

 

-  vamonos -dijo Nadya, el daño ya estaba hecho...

- No -dijo la pelirroja -espera... -se encaminó hasta la mesa y saludó-  hola Yulia... hola Katia...

 

- Hola amor -fue la respuesta de Yulia al levantarse y besar los labios de su chica...

- ¡Ella es la chica Yulia! -dijo Katia al señalar a aquella que salía por la puerta.

- ... ¿Nadya?...

- Pues no sé cómo sea su nombre pero es ella...

 

Lena aún seguía sin entender pero no perdió la cordura...

- Lo siento -dijo Katia- me marcho, adiós Lena.

- Adiós Katia -contestó la pelirroja por educación...- ¿qué pasó Yulia?, ¿Puedes explicarme esto?- Interrogó con la voz un poco quebrada... -recibí un mensaje que indicaba que tenía que verte aquí a las cuatro...

- Katia recibió el mismo mensaje, sólo que era yo quien la citaba...

- ¿Cómo?, ¿la citaste aquí?...

- No, Nadya fue quien llevó ese falso mensaje... nos han tendido una trampa... Nadya te trajo a propósito para que me vieras con Katia...

 

Hasta en ese momento la pelirroja comprendió aquella jugarreta, su amiga, Nadya le había traicionado, había mentido para lastimarla...

- Debo decirte que por un momento dudé.. -confesó bajando la verdigrís mirada, cuando te vi sentada con Katia en nuestra mesa sentí unos celos enormes...

- No tienes por qué... -dijo la pelinegra tomando las manos de su chica -jamás haría nada que te lastimara, jamás podría estar con alguien que no seas tú...

- Lo sé, y lamento mucho haberme sentido celosa... -Lena estaba sonrojada, se sentía muy mal por haber dudado aunque fuera unos instantes del amor de aquella morena, por haber dudado de su fidelidad...

 

Yulia observó en el rostro de su amada chica la preocupación y la vergüenza...

- No te apures Lena, no ha pasado nada...

- Es que me siento mal por haber dudado.

- Pues quizá crees que dudaste, pero en el fondo confiabas, si no hubieras salido de aquí sin hablarme.

- Nadya me dijo que nos fuéramos, yo le dije que esperara... esa era su intención...

- Ya no hablemos de ella -dijo Yulia mientras tomaba las manos de su pelirroja por encima de la mesa...

- Te amo, esta estúpida jugarreta no puede lastimarnos...

 

Innesa vio salir a Nadya del café.

- ¿Qué pasó? -Fue la interrogante.

- Todo se descubrió, lo siento, pero jamás volveré a hacer algo así, adiós...

 

Innesa se sintió enormemente frustrada, su plan había fallado, pero quizá más adelante podría hacer algo para lograr su objetivo.

 

En efecto, aquella trampa no había hecho mella, al contrario, aquel amor se vio fortalecido, las chicas podían resumir su amor en tres palabras, confianza, respeto y deseo... esos tres ingredientes eran los que componían aquella relación...

 

El padre de Lena venía observando a su chica de cuando en cuando, esperaba oculto en el estacionamiento de la universidad para poder contemplarla, él no podía estar sin aquel trozo de su corazón... le veía descender del auto verde, radiante, siempre sonriente, llena de alegría y llena de vida... algunas veces el padre pasaba tardes enteras en la habitación de su hija, había ordenado que no movieran nada de su sitio, cuando su pequeña volviera todo debía estar como ella lo había dejado, solamente que su ausencia se había hecho muy larga, hacía ya cinco meses de la partida de su pequeña, hacía cinco meses que Lena había tomado aquellas pocas pertenencias y se había marchado en busca de su amor... él había pensado que eso pronto terminaría, que aquel capricho ya fuera de una o de la otra terminaría y entonces su pequeña volvería... recordaba vívidamente cómo aquella pequeña morena había clavado su mirada en sus ojos cuando él había ofrecido aquel dinero... ahora, luego de todo este tiempo estaba convencido de que aquella chica amaba a su hija y que era correspondida, pues Lena había hablado con firmeza cuando había tratado de convencerla de volver...

 

 

DEDICADO AL AMOR

 

 

El fin del ciclo estaba próximo, Lena iba a tener el honor de dirigir las palabras al claustro de maestros en el acto en el cual recibirían su título de Candidatos en Ciencias los compañeros que le adelantaban dos años, pero las excelentes notas obtenidas por la pelirroja le habían hecho acreedora a tan alto honor, ella misma recibiría en ese acto un reconocimiento, su promedio era casi perfecto, aunque las últimas notas, las recibidas los últimos seis meses si lo eran, Lena era el ejemplo de perfección académica...

 

- Me gustaría mucho que mis padres estuvieran en el acto... -había dicho Lena a Yulia, aunque enseguida cambió el tema para no hablar de sucesos desagradables, pues bien sabía que eso era imposible, sus padres no iba a asistir si asistía Yulia y pues, la pelirroja no iba a decir a su amada que no llegara, ese día le iba a sorprender con algo...

 

- Buenas -dijo la voz al teléfono- con el señor Katin...

- Diga... -respondió aquel hombre.

 

Cuando su secretaria dijo que una chica llamada Yulia quería hablar con él se sorprendió mucho, quizá era ella quien ahora quería negociar, quizá el día había llegado...

 

- Señor Katin, Lena va a recibir un reconocimiento importante en la universidad el próximo lunes, ella de verdad desea que ustedes estén allí...

- ¿Por qué me lo dices? -Fue la sorprendida respuesta y pregunta de aquel hombre, no comprendía las intenciones de aquella chica -  ¿por qué llamaba para decirle eso?.

- Ya le dije, Lena desea verles allí, ella no sabe que le estoy llamando, pero usted puede hacer lo que desee, quiero verla feliz y verlos a ustedes la haría bastante feliz...

 

Yulia colgó, su corazón estaba palpitando fuertemente en aquella cabina telefónica cercana a la Academia, incluso había llegado a pensar en decir que ella no iría con tal de que ellos si fueran, pero en un último minuto se arrepintió, pues Lena jamás le perdonaría faltar, así que sencillamente le comentó al padre el deseo de su hija, allá él si dejaba que su orgullo se interpusiera entre ellos.

 

La mañana de ese primer lunes de julio, Lena vistió la toga que le otorgaban a la persona que pronunciaba el discurso especial, Yulia estaba en medio de la concurrencia, ambas habían vestido sobria y elegantemente, las dos vistieron ropas oscuras y caminaron orgullosas por en medio de todos, sus manos iban tomadas y sus miradas se encontraban a cada paso.

 

- “Los logros -empezó diciendo la pelirroja a aquel público- no son algo que se obtiene por un golpe de suerte, están formados por eslabones que labramos a lo largo de un tiempo, a algunos nos puede tomar más que a otros, pero si mantenemos la entereza y el tesón podemos alcanzar cualquier cosa que nos propongamos, hoy un grupo de gente que ha sabido de esto culmina una etapa importante, alcanzan un logro... amigos, ellos son un ejemplo de lo que la confianza en sí mismos y la constancia dan frutos”...

 

Lena habló a aquella gente y arrancó las lágrimas de más de uno, los padres observaban a sus hijos recibir sus diplomas y se emocionaban recordando las palabras de aquella bella chica de ojos verdigrís, cuando llegó el momento del reconocimiento especial, el Doctor Dimitrovich empezó el breve discurso...

 

 

-“La alumna que reconocemos hoy es una que hace enorgullecer a esta cuatricentenaria universidad, ella hace lucir el emblema de este recinto como muy pocos lo han hecho... este año el premio a la excelencia académica de esta universidad no será otorgado a un graduado, esta chica estoy seguro lo recibirá por un par de años más, los que le faltan para completar sus estudios... Elena Katina...-

 

La concurrencia aplaudía a la pelirroja mientras recibía aquella cajita con una medalla dentro, su pelo brilló aún más con aquellos rayos de sol veraniego que caían sobre ella, miró emocionada hacia el público y encontró aquellos ojos azules que desde hacía ocho meses eran todo en su vida...

 

Yulia aplaudía emocionada realmente, admiraba profundamente todas las cualidades de su amada, su constancia y su empeño...un par de lágrimas corrieron por sus mejillas al escuchar las palabras de agradecimiento que salieron de aquellos labios rojos que tanto amaba besar...

 

- Sólo hay una persona a quien quisiera agradecer, sé que este logro es mío, pero jamás lo hubiera logrado sin la inspiración de la persona más luchadora y persistente que conozco, a la persona que amo y respeto... a ti, querida Yulia... a ti...mi amor...

 

Se hizo un breve silencio incómodo entre la gente, pero casi instantáneamente empezaron a aplaudir, Lena bajó del estrado con su vista clavada en los ojos de su amada morena... algunos murmuraron, no importó, algunos sonrieron, tampoco importó, otros se sintieron muy bien, algunas parejas tomaros sus manos cuando Lena se sentó junto a Yulia y besó sus labios delicadamente y luego dirigió su mirada al estrado para seguir observando los actos tomada de su mano.

 

A lo lejos todos estos hechos fueron observados por Sergey, quien al final había decidido asistir al acto aquel, aunque no llegó a hablar con su hija, fue espectador, como todos, de aquel amor que se profesaban, se retiró calladamente, una idea iba rondando su cabeza, su hija era su hija por encima de todo, en realidad el hecho de estar con otra chica no la hacía una mala persona, incluso, la otra chica era perfecta, él había comprobado eso... quizá debía cambiar sus opiniones, más bien sus prejuicios, pues lo único que se interponía entre él y su amada hija era solamente eso... prejuicios.

 

Te amo, dijo Yulia al oído de Lena mientras conducían hacia aquel restaurante donde celebrarían lo del reconocimiento, los padres de Yulia venían detrás, ellos también habían presenciado aquello, admiraron aquel valor de la chica pelirroja para poder decir ante todos que amaba a Yulia... observaron como los rizos pelirrojos se acomodaban en el hombro de su pequeña, vieron como su diablillo inclinaba también un poco su cabeza para sentir a su chica.

 

 

VERANO

 

 

- Yulia... ¿cuántos días tendrás de vacaciones?...

- Esta semana no tengo que ir al hotel, en el colegio regreso hasta mediados de agosto, pero la próxima semana tendré que estar en el hotel, así que se podría decir que sólo esta semana...

- Entonces tenemos una semana de vacaciones... -dijo Lena con una mirada maliciosa...

- Si -dijo Yulia correspondiendo a esa mirada con otra igual... -¿qué estás pensando?... ¿no salir de casa una semana?...

- Quizá...quizá... -respondió Lena mientras se acercaba tomando la cintura de su morena y empezando a besar sus labios...

- mmm...mmm... ¿estaremos toda la semana sin ropa?... -volvió a preguntar Yulia en medio del beso...

- Quizá... quizá... -volvió a decir la pelirroja...

- ¿Haremos el amor a todas horas en esa semana? -Dijo Yulia mientras enredaba sus delgados dedos en la cabellera roja de su niña...

- siii, siii -dijo Lena mientras recibía el profundo beso de Yulia quien ya empezaba a deslizar una de sus manos por la blusa de Lena y mientras la desabotonaba empezaba a acariciar aquellos senos que la volvían loca, ambas se condujeron sin soltarse hasta la habitación, no hacía falta ver el camino, sus cuerpos conocían muy bien los pocos rincones de aquel apartamentito que desde que ellas dos estaban allí era una sucursal del mismo cielo o al menos así lo creía aquel par...

 

- ¿Eres mía? -Preguntó Yulia mientras retiraba completamente la blusa de aquel blanco y hermoso cuerpo...

- Totalmente tuya... -respondió en un gemido la pelirroja.

 

Yulia era un rayo al desnudarla, Lena siempre se sorprendía de la pasión de su amada, Yulia era fuego, siempre... algunas veces era un fuego que quemaba lentamente, otras fuego que consumía vorazmente, fuego al fin y ella siempre deseaba quemarse en aquel calor...

 

Yulia tenía aquel cuerpo desnudo en la cama, lo recorría con suavidad y no dejaba sitio sin besar, Lena tomó a Yulia por el rostro, la atrajo hacia sí y besó su boca... mientras la humedad de los besos quitaban el aliento a Yulia la pelirroja abrió la camisa que cubría aquel hermoso cuerpo moreno, los botones esta vez no soportaron el deseo de la chica, saltaron de su sitio y rodaron por allí, quizá alguno quedó donde aquella prenda fue lanzada...

 

Lena giró para colocarse encima de Yulia, el deseo de las dos era incontrolable, la pelirroja, quien ahora maniobraba a la perfección con los botones de los vaqueros de Yulia deseaba tener la desnudez de su amada chica, -¿por qué a veces parecía que la misma piel era una barrera?-... pensó, no lo sabía, pero ahora cuando sólo quedaban las bragas blancas por retirar, ese breve momento de distracción permitió que Yulia volviera a tomar el sitio que antes había sido de ella...

 

La pelinegra dirigió sus manos hacia el sur de Lena, ésta sintió cómo Yulia se deslizaba dentro de ella, que bien la conocía, aquellas manos eran expertas ubicando uno a uno los sitios que conducían a Lena a aquel nuevo lenguaje compuesto de gemidos, Yulia besaba el cuello de su chica... poco a poco llegaba hasta su oreja y pronunciaba las frases que Lena sabía ciertas...

 

- Te amo Lena.

- Yo también te amo... -dijo la pelirroja terminando la última palabra con un leve grito...

 

Se aferraba al cuerpo de la chica de ojos azules... si ella iba a volar se la llevaría con ella...volaban juntas... Yulia continuó la cadena de besos por el pecho de Lena, hizo trazos sobre aquel cuerpo... Lena disfrutaba cada roce, ya fuera de sus manos, de sus labios o de su lengua...

 

Yulia percibió contra ella el agitado ritmo de las caderas de Lena, se presionaban contra ella, sentirla así le hacía perder la cabeza, Lena giró para retardar aquel placer... a veces podía hacerlo y dejaba a su cuerpo esperando por más, pero ella sabía muy bien que lo recibiría, así que después su cuerpo se lo agradecía...

 

Estando sobre Yulia dibujó un camino de besos desde el cuello hasta la cintura de la pelinegra... quien entrecerraba los ojos mientras sentía a su amada pelirroja, Lena hizo girar el cuerpo de Yulia quedando esta boca abajo... la pelirroja empezó besando aquella delgada espalda, Yulia apenas podía contener los gemidos, la boca de la pelirroja recorrió aquella geografía hasta memorizarla, la pelinegra deseaba sentir a aquella chica, giró suavemente y Lena comprendió ese lenguaje, Yulia sintió cómo Lena estaba en ella, podía sentir sus labios, su lengua... sintió estremecer su cuerpo y dirigió sus manos a los cabellos rojos de Lena que acariciaban su entrepierna...

 

-  Lena... Lena... -pronunciaba Yulia entrecortadamente-.... siiii, siiii, mi amor... te amo... la pelinegra siempre pronunciaba el nombre de la pelirroja en su momento de placer, Lena adoraba la manera que su nombre salía de aquellos labios amados...

 

Yulia sabía que era el momento de corresponder, volvió a recorrer la ruta de su amada, ahora con su boca y entre las caricias de sus manos y sus besos el deseo de Lena volvió con más intensidad, el pecho de la pelirroja subía y bajaba al compás de sus caderas...

 

Yulia sabía muy bien como llevarla por aquel camino, su corazón estaba por detenerse, eso parecía... allí estaba, cerrando sus ojos mientras sus gemidos indicaban a Yulia que aquellas caricias eran las correctas...

 

- Así, así, siii, te amo Yulia -apenas pudo pronunciar la pelirroja, su respiración rápida y los pequeños temblores indicaban que había llegado al clímax, el placer que le proporcionaba Yulia era tal que a veces fantaseaba con hacer el amor permanentemente...

 

Abrazadas en la cama Lena volvió a la platica...

 

- Qué dices si pasamos esta semana en Konakovo, tú tienes descanso, yo también, es verano...

 

Yulia se sintió emocionada.

- Claro, ¿por qué no se me había ocurrido?, vamos a Konakovo, estaremos esta semana allá...

 

Lo que no sabían era que tanto los padres de una como de la otra habían tenido el mismo pensamiento, así que cuando Yulia llamó a sus padres para comunicarles que iría a la cabaña ellos respondieron alegremente que ellos también irían... Yulia empezó a reír...

 

- ¿No quieres que vayamos? -Preguntó la madre al teléfono....

- Claro mamá, será una semana interesante... -continuó riendo, sabia que no iba a ser lo mismo, pero que importaba, ellas dos se tenían todos los días, sería divertido estar otra vez con sus padres, eso si, sólo por una semana...

- Mis padres irán... -dijo Yulia a Lena... -ella también empezó a reír...- ¡qué suerte! .. –dijo

-  ¿Te molesta? - preguntó la pelinegra.

- No, será divertido, haremos el amor en silencio... será difícil, pero divertido... volvieron a reír juntas...

 

 

ES NUESTRA HIJA

 

 

Los padres de Lena llegaron a Konakovo a las diez de la mañana, sus otros dos hijos les acompañaban, Ciryl y Sergey extrañaban tanto a su hermana pequeña, en algunas ocasiones habían intentado interceder por su hermana, pero se encontraron siempre con aquella muralla llamada Inessa.

 

Oleg, Larissa y las chicas llegaron después del medio día, habían comido algo en Klin, aquel pequeño café de la carretera les brindó un buen plato a un precio cómodo, habían llevado víveres para pasarla bien en la cabaña, no habría necesidad de salir... las chicas y Oleg bajaron una a una las cosas llevadas en el auto, Larissa hizo un recorrido por la orilla del río, hacía más de dos años que ella no llegaba a aquel lugar, lo extrañaba tanto, dirigió su mirada hacia su familia y vio cómo Oleg y Yulia reían mientras Lena sacudía sus vaqueros, había pisado un hormiguero... luego los tres reían, al ver a su pequeña, a su marido y a la chica de su hija recordó que Yulia había sido concebida en aquel lugar... quizá esa era la razón por la que se sentía tan apegada a aquel sitio, Yulia lo reconocía, allí había tenido principio su existencia...

 

Esa noche se sentaron en la pequeña salita.

- Me encanta este lugar... -dijo Yulia sinceramente.

- Claro Yulia -dijo el padre...-ya me he dado cuenta que te gusta -dijo mientras daba un pequeño puño en su brazo y guiñaba su ojo...

- Si -continuó Lena con la broma- has venido tantas veces...

 

Larissa estaba riendo, Oleg y Lena siempre se confabulaban para hacer bromas a la pelinegra, les divertía escuchar explicaciones precipitadas...

 

-  ehhh, si, es que es muy bonito.

 

-  Si -dijo Lena -sobre todo la habitación de tus padres...

 

Yulia cambió de color, Lena apenas había terminado de decir aquello tomó el color de su cabello, Oleg y Larissa rieron al ver a aquel par...

 

- ¡No Yulia! -dijo el padre- ahora no podré dormir en mi cama nunca más...

 

- No... este yo nunca... -empezó a decir Lena. Larissa reía-  ...nunca...

- No importa -dijo Larissa dejando de reír- ...no tiene importancia...

- Es que yo nunca...

- Nunca hemos estado en su cama... -completó Yulia un poco seria...

 

Oleg soltó una risa. - Pues será el único sitio... -Yulia empezó a reír con él.

 

- Nunca te he contado esto -empezó Oleg dirigiéndose a su esposa... -pero cuando este par de pilluelas estuvieron en la casa a Yulia le dio por bañarse con calcetas...

 

- ¡Ay papá! -dijo Yulia empezando a reír.

 

Oleg contó lo vivido aquella mañana, Lena se sonrojó y comentó la vergüenza pasada en el desayuno, el padre de Yulia reía con cada detalle contado, recordaba el cabello revuelto de su chica, envuelta en una toalla y con las calcetas mojadas puestas... recordaba su cara roja...

 

Llegó la hora de dormir, cada par se retiró a su habitación, Lena sintió escalofríos al entrar a aquel pequeño cuarto, aquella camita había sido testigo de su primera vez, de la primera vez en que hicieron el amor con Yulia... se acostaron muy juntas, ya estaban acostumbradas, era bueno porque esta cama era un poco más chica, ellas casi ocupaban el espacio de una sola, eran una sola... se besaron antes de decir buenas noches y así, abrazadas las encontró el amanecer...

 

Los cuatro pasaron la mañana pescando, por qué comprar si podían conseguir la comida, había dicho Oleg, Yulia le decía a Lena que recordara las lecciones de la otra vez, la pelirroja rió.

 

- Yo ya sabía cómo pescar... –dijo- pero me divertía mucho el que trataras de enseñarme...

- ¡Tramposa!... -dijo Yulia mientras daba un beso en sus labios...

 

La suerte no estuvo de parte ni de Oleg ni de Yulia, ese día el río parecía enamorado de Lena y Larissa, quienes fueron quienes pescaron las mejores piezas, por no decir todas...

 

- Bueno, al parecer nosotras llevaremos el pan a la mesa... -dijo Larissa en tono de burla.

 

- No importa -dijo Yulia- igual nos quieren... - Todos empezaron a reír.

- Si -dijo Lena- mientras arrojaba un pescado a la pelinegra- igual te quiero.

 

Hubo una pequeña persecución, Yulia quería devolver el pescado a Lena pero ésta se ocultó tras Larissa y Oleg, todos rieron y llegaron a la cabaña, esas dos chiquillas estaban disfrutando de ser eso, dos chiquillas...

 

- Papá, ¿me prestas el auto?.

- Claro, ¿van a salir?.

- Si, queremos salir a cenar, ¿no les molesta?.

- No , para nada -respondió Larissa- sabemos que también quieren tiempo para ustedes dos, a solas, aunque el restaurante...

- Sólo iremos a cenar...

- Anden, vayan que se diviertan y buen provecho...

 

- Tengo un cariño especial por este lugar -empezó diciendo la pelirroja mientras colocaba, como de costumbre, su mano en la pierna de Yulia- Konakovo eres tú... –concluyó.

- No, Konakovo somos tú y yo... -contestó la pelinegra mientras acariciaba la mano que llevaba en la pierna.

 

Llegaron al restaurante, Yulia abrió la puerta a la pelirroja, siempre que ella conducía era la costumbre, Lena como siempre disfrutaba esas atenciones, Yulia buscó aquella mesa que habían ocupado, allí estaba, se dirigieron hacia ella y cuando iban a mitad del trayecto en una de las mesas estaba la familia de Lena.

 

Ella fue la primera en verles sintió una emoción extraña, pero no fue miedo, apretó un poco más la mano de Yulia, ésta al sentir la fuerza notó a los padres de su amada y a dos chicos quienes suponía eran sus hermanos...

 

- Buenas noches papá, mamá, hola Sergey, hola Ciryl.

- Buenas noches -dijo el padre. -Innesa no contestó, Sergey y Ciryl se levantaron y besaron a su hermana.

- Buenas noches -dijo Yulia.

 

Ninguno de los padres contestó, los hermanos de su chica extendieron su mano y dijeron buenas noches...

- Permiso -dijo la pelirroja y haló la mano de su amada.

- Permiso -dijo Yulia y se encaminaron hasta la mesa... -si quieres nos marchamos... -dijo la pelinegra...

- No, tú y yo venimos a cenar, si les molesta que se marchen ellos... tú y yo nos quedamos aquí.

 

La cena transcurrió lentamente, en la mesa de los padres de la pelirroja apenas se pronunció palabra, Innesa no dirigió su vista en ningún momento a aquel par, Sergey de cuando en cuando observaba a su pequeña, le veía sonreír junto con aquella chica, en un par de ocasiones sus ojos se encontraron, él pudo observar el amor de su hija en sus ojos, él también la amaba, ya era hora de dejarse de tonterías, su hija sería siempre su hija...

 

La comida terminó pronto para aquella familia, antes de salir Ciryl y Sergey fueron a despedirse de su hermana y la chica que estaba con ella...

- Te hemos extrañado -dijo Sergey.

- También ellos te extrañan- concluyó Ciryl.

- Lo sé -contestó la pelirroja- yo también los extraño, a todos, pero amo a Yulia y no podría dejarle nunca...

- Para nosotros no es problema, pero para mamá... -dijo Ciryl levantando los hombros- ¿podemos visitarlas? - Preguntó Sergey dirigiendo esta pregunta a Yulia...

- Claro -contestó la morena- nuestra casa es su casa, pueden llegar cuando lo deseen, le haría mucho bien a Lena...

 

Se despidieron pues los padres ya habían salido del local, el padre de la pelirroja solamente dirigió una última mirada a su hija, la extrañaba tanto...

 

- ¡Hola Vítali! -Dijo la pelirroja al reconocer a su amigo. Yulia se levantó y le abrazó, luego lo hizo Lena.

- ¿Cómo han estado chicas?... por Dios, no sabía que hacer, he estado viendo todo el rato hacia acá, tus padres Lena, por lo que vi ya se enteraron y no están muy contentos...

- Es largo de contar -dijo Yulia- ¿por qué no nos reunimos mañana para hablar?, tu jefe está viendo y no queremos causarte problemas...-concluyó la morena.

- Seguro -dijo aquel chico rubio- convocaré a la pandilla, te llamaré mañana por la mañana a la cabaña Yulia. -dijo antes de retirarse, tenía que trabajar.

 

Las chicas regresaron a la cabaña.

- Casi no has dicho nada Yulia -dijo suavemente la pelirroja mientras recostaba su cabeza en aquel delgado hombro...

- Pensaba solamente en lo diferentes que serían las cosas si tus padres no estuvieran tan molestos, a veces pienso en todo lo que dejaste por estar conmigo, has hecho un gran sacrificio, lo que quedó atrás no es nada comparado con lo que obtuve.

- Eres lo más maravilloso que me ha ocurrido, eres mi vida- terminó la pelirroja tomando su mano.

 

Antes de entrar a la cabaña para dormir, las chicas caminaron a la orilla del río tomadas de la mano, la luna brillaba plena en medio de aquel cielo azul.

 

- Yulia... -dijo casi riendo la pelirroja- sabes que aún no escucho completa Luz de Luna... siempre que la empiezas sucede algo... -dijo viendo coquetamente a la pelinegra...

- Ya la escucharás. ... siempre sucede algo... -dijo sarcásticamente la morena...

 

Ese algo era aquel juego hermoso en el que las dos se entendían...

- Mañana deberíamos sacar sacos para dormir fuera, la noche está maravillosa -dijo Yulia mientras se sentaba en aquella piedra junto al río, la pelirroja tomó su lugar en las piernas de su amada.

- Eso sería hermoso, nunca he dormido a la intemperie, me ha dado miedo...

- ¡ja!, pero conmigo al lado no hay nada que temer... -repuso Yulia alzando su brazo para hacer un gesto mientras empuñaba su mano y dejaba ver su minúsculo bíceps... Lena rió.

- No, dormiré tranquila porque sé que tu padre estará a pocos metros, sino... -volvió a reír e hizo cosquillas en el costado de Yulia, resbalaron de la piedra y riendo en el suelo se besaron y se acariciaron hasta que el frío las obligó a buscar el refugio de la cabaña...

 

Mientras Lena y Larissa preparaban el desayuno la pelirroja comentó haber visto a su familia la noche anterior...

- Allí estaban, mi madre sigue con su actitud, mi padre está dolido pero sé que no se siente como mi madre..., a veces me parece que veo odio en sus ojos...

- No digas eso hija -dijo comprensiva Larissa mientras pasaba un brazo por encima de los hombros de la pelirroja- es sólo que le está tomando tiempo aceptar las cosas, no es fácil, yo lo sé, dale tiempo, eso es todo lo que necesita, tiempo...

 

El desayuno está listo gritó Larissa para que llegaran Oleg y Yulia, la pequeña de cabello rebelde bajó con una toalla secando sus cabellos...

- Qué mala suerte... -dijo mientras sonreía- ya no llegué a tiempo para ayudarlas a preparar la comida...

- Ah, si -dijo Oleg quien venía detrás de su hija aún con un poco de sueño en sus ojos...

- No se preocupen- respondió Lena- a ustedes dos les tocará lavar los platos y estamos a mano... Vaya, no les había resultado hacerse los graciosos.

- Si, nosotros los lavaremos -dijo Yulia- ¿verdad papá?...

- Si -dijo mientras sacudía su cabeza negativamente. Larissa y Lena empezaron a reír ...

- Por Dios, parece que los estamos sentenciando a muerte...

 

Se sentaron a la mesa y comieron aquel desayuno, al terminar Yulia y Oleg empezaron a recoger los platos.

- Deje... -dijo Lena dirigiéndose a Oleg- Yulia y yo lo haremos... tú si no te salvas... -le dijo a su amada chica.

 

Ambas lavaron los platos y cuando estaban por terminar el teléfono reclamó su atención...

- Claro Nicolai -dijo Larissa- enseguida la llamo... Yulia -dijo la madre-... Nicolai quiere hablar contigo...

- Hola, Nico... -respondió efusiva la pelinegra- ¿cómo te ha ido?... que bien, ah si, si, le vimos ayer con Lena en el restaurante, claro, a las tres está perfecto -dijo y colgó... - Lena, a las tres con la pandilla, vamos a pescar...

 

Lena sabía que pescar significaba cantar, tomarse algunas copas, contar historias y claro, pescar...

 

En aquel palacio a cinco kilómetros de la cabaña, el desayuno era tan silencioso como la cena.

- Papá -comenzó Ciryl- creo que deberíamos darle una oportunidad a Lena, ella sólo está enamorada...

- ¡Calla! - Gritó Innesa -.. tu hermana está haciendo algo incorrecto, eso es... es horrendo, estar con otra mujer...

La madre de Lena estaba histérica, no soportaba la idea de su hija y la otra chica, pero que sus hijos estuvieran pensando en que estaba enamorada era inaudito.

 

- Nunca estaré de acuerdo con semejante aberración... -dijo terminante antes de levantarse de la mesa y dejar a su marido e hijos... Sergey se dirigió a su padre...

- Si ustedes no quieren saber nada de Lena y la otra chica los comprendemos, pero nosotros no renunciaremos a nuestra hermana sólo porque ustedes no pueden admitir que ella ama a Yulia...

- Sé que ella es mi hija, es nuestra hija y hermana de ustedes, pero aún me cuesta asimilar el hecho de que no le gusten los hombres... su madre tampoco puede, pero no puedo negarles el derecho a verla, háganlo si quieren, solamente no nos presionen, quizá más adelante pueda ser, pero para mí aún no...

 

El padre de la pelirroja abandonó la mesa, no con el escándalo hecho por su esposa, los chicos tenían razón, aunque ciertamente él aún no estaba preparado para enfrentar a aquel par, el tiempo lo curaba todo, quizá más adelante.

 

Lena y Yulia partieron de la cabaña luego del almuerzo, se reunirían con la pandilla en el mismo sitio de la otra vez, cogidas de la mano caminaron de nuevo aquel trayecto bajo el árbol hasta los chicos, se abrazaron efusivamente, Svetlana y Martina seguían siendo pareja, sus brazos en la cintura de la otra así lo delataban, Natalia fue la primera en preguntar cómo les iba, pues Nicolai había contado que ellas estaban allí y los padres de Yulia también...

 

- Vivimos juntas -dijo con una hermosa sonrisa la pelirroja.

- Desde hace seis meses -añadió la pelinegra- bueno, siete si contamos el mes en casa de mis padres...

- ¿Qué? -Dijo con sorpresa Irina- ¿entonces tus padres se enteraron?... -dirigió esta pregunta a la pelirroja.

- Si, el día del año nuevo, mi madre nos sorprendió...

- Yo escuché que les habían visto aquí unos días antes de la noche vieja... -dijo Vitali interviniendo en la conversación.

- ¿Quién te dijo? -Preguntó Yulia- nadie en particular, en el pueblo comentaron que la hija de Sergey Katin había venido contigo... incluso algunos dijeron que les habían visto “haciéndolo” cerca del río...

 

Yulia se enfadó... - ¡eso es una mentira!...

- Llo sabemos -dijo Svetlana- la gente aquí se la pasa inventando historias acerca de ustedes y de quien se les ocurra, nosotros nunca dimos crédito a eso que dijeron.

 

- Pues si venimos y justo después la madre de Lena nos descubrió, pero fue lo mejor, pues desde ese día estamos juntas... -al terminar de decir esto Yulia abrazó la cintura de la pelirroja... –bueno-... empezó de nuevo -a lo que venimos, ¿dónde está el kvass?, tengo sed.

 

Los chicos trajeron las botellas de aquella bebida ligeramente alcohólica, brindaron con sendos vasos y se dirigieron a la orilla para probar suerte con las cañas...

 

Al cabo de una hora de pesca, decidieron prender la fogata, esta vez sí comerían la cosecha del río, Martina e Irina habían llevado una cesta con algunas frutas que compartieron con los amigos, Nicolai se encontraba charlando con las chicas...

 

- ¿Entonces estuvo duro?...

- No fue de la manera más cortés -explicaba Lena al referirse a su ida de casa- les extraño mucho, pero no podría dejar a Yulia por nada del mundo. La chica con ojos de cielo tenía su brazo en la cintura de su chica,  -recién anoche les encontramos en el restaurante- continuó la pelirroja- mis hermanos se acercaron, creo que con ellos la cosa está mejor, pero con mi madre...

 

Alexi interrumpió aquella conversación. -Vamos, llegó la hora del concierto- dijo dando la guitarra a Yulia.

- Lena -dijo Nicolai- te toca deleitarnos con tu hermosa voz, ahora con más confianza que la otra vez.

 

Se puso de acuerdo con su amor, cantaría aquella canción que hablaba de cómo se había vuelto loca por su amor, de cómo no estaba completa si su otra mitad faltaba. Mientras Lena cantaba Martina y Svetlana empezaron a besarse, Yulia las notó y el deseo de besar ella a su pelirroja -¿por qué la deseo tanto?-... pensaba aquella morena, -¡ya se!, es que la amo...- cuando Lena terminó la canción Yulia se levantó y la alzó besó sus labios como si tuviera años sin hacerlo...

 

Todos quedaron sorprendidos, aquel par estaba en una nube privada, aquel beso se interrumpió hasta que Vitali les dijo.

- Chicas... ¿no quieren una habitación?...

Todos empezaron a reír con la ocurrencia y aquellas dos se soltaron con su rostro delatando que aquel cometario no estaba tan lejano de la verdad.

 

Cuando el rejol marcó las 8 Yulia y Lena anunciaron su retirada, dijeron que tenían que cenar.

- ¡ja! -dijo Natalia- a cenar... -el sarcasmo en su voz fue suficiente para que todos volvieran a reír.

- Si, me muero de hambre -dijo Vítali guiñando un ojo a Natalia.

- Ya, ya -dijo Yulia- por lo que sea, nos vamos- y rió, tomó la mano de su pelirroja y empezó a caminar.

- Hasta luego -alcanzó a decir Lena.

- Si -gritaron todos- el jueves nos vemos.

 

Así lo habían prometido, Yulia abrió la puerta del auto para que la pelirroja tomara su lugar, allí la morena volvió a tomarla por la cintura y la besó.

 

- ¿Qué tienes Yulia? -fue la pregunta de Lena.

- Tú sabes -le dijo clavando su mirada azul en aquellos ojos que le hacían soñar- ...tú bien sabes que no puedo estar sin ti.

- Estoy contigo... -dijo la pelirroja.

- Lo sé, pero es que te amo tanto... -Yulia volvió a tomar conciencia del sitio en donde estaba...- vámonos, no quiero público...

- Ay Yulia -dijo en medio de una hermosa sonrisa Lena...

- o qué, ¿tú lo quieres? –preguntó.

- No, yo tampoco quiero público...

 

Cuando llegaron a la cabaña, Yulia apenas saludó, subió a su habitación y bajó enseguida con aquella bolsa para dormir que guardaba.

 

- Buenas noches señorita... -dijo con sarcasmo el padre.

- Ah, hola papá, dormiremos fuera esta noche, a la orilla del río.

Lena quien se había sentado en la salita con los padres de su chica se percató de que la morena estaba desesperada por estar junto a ella, a solas.

- Lleven una linterna -dijo Larissa- mientras sonreía, ella también notó la intención de su hija de salir pronto de aquel lugar.

- Cuidado con las serpientes -empezó Oleg, quería asustar a su pequeña, le divertía tanto hacerlo.

- No importa -dijo Yulia, haremos una fogata- también deben tener cuidado con los lobos.

- Ya papá, no me vas asustar, ya no soy una chiquilla.

- Está bien “lobito”, ve a tu hábitat.

 

Yulia cargó con la bolsa para dormir, regresó por un poco de leña.

- Haremos una fogata -dijo a Lena quien casi se dedicó a observarla, era tan especial, siempre le gustaba crear esas atmósferas tan especiales para ella, en casa algunas veces, cuando las finanzas lo permitían, Yulia preparaba la habitación, velas, flores, a veces eran aquellos juegos con golosinas, sobre todo desde que le regalaron el frigorífico.

 

A Lena le vino a la mente aquella vez en que vio cumplida su fantasía de llevar aquel helado a la cama, recordó los saltitos que dio Yulia cuando untó aquella vainilla helada en su cuerpo y cómo por primera vez le escuchó gritar de placer cuando retiró todo aquel helado con su boca, el deseo llenó los sentidos de la pelirroja, mientras estaba sentada en una piedra viendo cómo Yulia prendía la fogata volvió a sentir, así, a distancia sintió a aquel terremoto con ojos de cielo que prendía su pasión y conocía todos los secretos de su cuerpo...

 

- Ya está -dijo Yulia mientras tomó su lugar junto a aquella pelirroja, rodeó la cintura con sus delgados brazos y susurró a su oído -esta noche harás más que dormir a la intemperie.

Lena giró para encontrar sus labios con los de aquella que ocupaba todo su corazón. – Haremos- dijo justo antes del beso...

 

Se sentaron abrazadas junto a la fogata, sobre la bolsa para dormir.

- Parece mentira -empezó Yulia.

- ¿Qué parece mentira? -Preguntó la pelirroja mientras bebía aquel kvass que Yulia había llevado oculto entre la bolsa.

- Tenerte conmigo, soy afortunada, siempre imaginé llegar a tener a alguien conmigo, pero nunca imaginé tener tanta suerte como para que fuera como tú.

- Yulia -respondió Lena- si a suertes vamos, yo soy la de la suerte, mi vida no era mala, era solamente como aquellas películas que ves, de las que no formas parte, era como vivir en blanco y negro; contigo mi vida tiene todos los colores, es más brillante, más plena, estoy completa contigo, viví mucho tiempo siendo sólo media persona... -Lena se acercó para besar los labios de Yulia, este beso suave se les fue deslizando, llegó poco a poco al cuello de la pelirroja.

 

Sergey había estado intranquilo todo el día, sabía a su niña tan cerca y a la vez tan lejos, sus hijos tenían razón, cómo podían ignorar a su hija, salió de su habitación hasta la salita familiar de la primer planta, allí sabía que encontraría a su esposa, seguramente hablando al teléfono con Maia, la madre de aquel chico que quería meterle por los ojos.

 

- Innesa -empezó aquel hombre- creo que debemos hablar...

- ¿de qué? –interrogó- de lo que hablamos por la mañana en la mesa.

- Si es de Lena de quien quieres hablarme pierdes el tiempo, jamás estaré de acuerdo con lo que está haciendo.

- ¡Mujer!, Por favor, ¡Lena es nuestra hija! - Gritó un poco Sergey.

- Lo sé, pero preferiría que...

- ¡¿qué?! -Volvió a gritar Sergey.

- Nada, no discutamos más, no voy a cambiar mi opinión, nunca aceptaré eso que hace Lena.

 

Sergey subió a su habitación derrotado, hubiera querido hacer entrar en razón a su esposa, quizá hasta tuvo ganas de hacerlo a golpes, pero él no era de ese temperamento, él era un hombre que ante todo creía que se podía razonar... salió nuevamente de la habitación y tocó aquella que usualmente compartían sus hijos, al abrir Ciryl solamente dijo:

- Vean a su hermana cuanto deseen, ustedes son sin duda más sensatos que nosotros...

 

 

JUNTO AL RÍO

 

 

La luz de la luna iluminaba aquel claro hecho a la orilla del río, los suaves sonidos del agua deslizándose sobre las piedras ponían fondo a aquella noche especial, los ruidos nocturnos se veían interrumpidos de cuando en cuando por los sonidos de besos suaves y susurros.

 

Aquellas dos almas se encontraban abrazadas sobre la bolsa de dormir, viendo sus rostros, metidas una en los ojos de la otra, sintiendo las suaves caricias hechas en los cabellos, los besos y las palabras de amor.

- ¿Cómo es que logras esto en mí? -Preguntó Lena.

- ¿Qué cosa?.

- Hacer que mi corazón quiera salirse de su sitio para meterse junto al tuyo- Yulia sonrió.

- Pues no sé, creo que tanto el tuyo como el mío piensan lo mismo, al mío también me quiere abandonar para ir tras de ti... -al decir esto último Yulia deslizó su mano bajo la blusa de Lena, -mmm, mmm, parece que encontré una preciosa mano, o mejor, ella me encontró- dijo la pelirroja con una sonrisa.

- Deja la mano -rió esta vez Yulia- mi cuerpo entero te quiere buscar... dicho esto Lena introdujo sus manos dentro de los pantalones de la pelinegra... aún sin quitarle la ropa empezó a recorrer su cuerpo hasta dónde se lo permitían las prendas, se colocó sobre Yulia y ella misma se quitó la blusa,... la pelinegra, que siempre deseaba a su amada tragó saliva y contempló aquel espectáculo que invariablemente la dejaba atónita.

- Dios, ¡que hermosa eres! -Dijo sinceramente.

- Buen momento para mencionarlo- dijo Lena sonriendo.

 

Yulia no pudo contenerse, y así fuera con divinidades o no, su chica era hermosa, le quitaba el aliento, dirigió sus manos hasta esos senos que saltaban un poquito al contacto de sus manos, se incorporó un poco para poder besarlos, Lena sentía cómo las manos de su morena recorrían su cintura y su espalda, mientras sentía las húmedas caricias de Yulia, amarró sus manos tras la nuca de su chica, echó su cabeza hacia atrás y cerró los ojos, notas maravillosas estaban en su cabeza, notó cómo sus pantalones estaban cediendo ante las maniobras de su amada, sin saber cómo estaba recostada y era Yulia quien quitaba ahora sus bragas. ¿cómo podía hacerlo sin que ella lo notara?, era maravilloso, no había paraíso terrenal escondido en algún sitio, estaba allí, y se llamaba Yulia...

 

La pelirroja atrajo contra sí a la pelinegra, besó sus labios apasionadamente mientras quitaba aquella sudadera que la cubría, quiero sentir tu piel, dijo como si necesitara explicarse, Yulia levantó sus brazos obedientemente, Lena también la observó, si, sus senos eran más chicos que los de ella, eran bellos, suaves y delataban muy bien sus deseos, estaban allí, dispuestos, esperando a su amada chica, Lena dirigió sus besos hacia esa área y luego los llevó hasta el cuello de su morena, con un suave giro recostó a Yulia sobre la bolsa, descendió sus caricias hasta el vientre, sintiendo el calor de aquella boca por su cuerpo Yulia gimió, de aquella chica inexperta de hace algunos meses no quedaba rastro, ella era un libro abierto para su amada, le hacía sentir como nadie jamás lo había hecho, sintió como un líquido algo frío caía sobre su pecho, Lena estaba vertiendo un poco de kvass en ella y lo bebía...

 

- Mucho mejor que de la botella -dijo volviendo a sorber del pecho de su amada.

 

Yulia sintió un escalofrío y no fue por la bebida, no, saberse amada a cuerpo completo por la pelirroja era la sensación más extraordinaria que había experimentado, Lena quitó suavemente sus pantalones y descubrió poco a poco sus piernas.

 

- ¿Cuál es tu más oscura fantasía? -Le preguntó maliciosa guiñando un ojo, la pelinegra solamente atinó a decir:

- Tú conoces todo de mi...

- ja, no me quieres decir -dijo jugando Lena. Claro que la conocía, entonces mientras dirigía su boca hasta la entrepierna de Yulia y comenzaba a retirar sus bragas susurró justo en su ingle...

- Yengo mis secretos para hacerte hablar... -Yulia dejó escapar un gritito cuando la pelirroja se dirigió hasta su boca y con sus manos empezó a trazar dibujos de amor dentro de ella.

 

Lena besaba el cuello de la pelinegra y volvía a sus labios para acallar sus gemidos.

 

- Tus padres están muy cerca... -advertía en susurros.

- Que estén... -fue la breve respuesta de Yulia, apenas podía contener los sonidos que su cuerpo le pedía, cómo podía ponerse a pensar en sus padres... No, Lena lo era todo, esa sensación de ser de ella, de sentirla por todo su ser...

 

La pelirroja poco a poco fue dirigiendo sus besos hasta donde sus manos se encontraban, sin dejar de hacer lo que hacía empezó a besar la ingle de Yulia, ahora si, ya no eran gemidos, eran verdaderas exclamaciones de placer, el nombre de la pelirroja, afirmaciones, la marcha redoblada de su corazón se podía escuchar en sus oídos, Lena notó cómo empezaba aquel rítmico movimiento de sus caderas, Yulia estaba llegando.

 

Si, te amo, Lena, eran las palabras que salían de la boca de Yulia... formando un arco con su cuerpo y enlazando sus manos entre los cabellos rojos de Lena, la morena alcanzó aquel sitio al que su amada la llevaba, a aquel trozo de cielo que solamente compartía con ella.

 

La pelirroja besaba los labios de Yulia, ahora con su corazón más calmo, con el dorso de su mano la morena acariciaba el rostro de su amada, el rumor del río mecía aquellas dos almas, Lena posó su cabeza en el pecho de aquel tornado llamado Yulia que ahora estaba tranquilo, abrazó suavemente su cintura y cerró sus ojos.

 

Yulia halo una parte de la bolsa de dormir, cubrió sus desnudos cuerpos y acarició los rizos rojos de su amada, el perfume del cuerpo de la pelirroja era sencillamente excitante.

 

- Siento que no puede haber mayor felicidad -dijo Yulia- estando contigo soy la más feliz de la tierra.

 

Lena acomodo su cuerpo recostando el codo de lado y apoyando la cara en su palma...

 

- Somos, mi amor, tú y yo somos las más felices de la tierra.

 

Lena besó a su amada en la frente y viéndola a los ojos completó... - si te tengo no necesito nada más..-

Yulia giró suavemente hasta quedar encima de la pelirroja.

- ¿Quieres kvass? -Preguntó la morena.

- Si es de tus labios sí -respondió entrecerrando sus ojos verdigris.

Yulia bebió un sorbo de la botella y besó los labios de Lena, el sabor el kvass estaba en las dos, la pelinegra besaba suavemente a su chica, no había prisa, despacio hizo recuento con sus manos del cuerpo de su amada, todo, todo estaba allí para ella, Lena quiso acariciar su espalda, Yulia con un estudiado movimiento sujetó sus muñecas y las posó por sobre su cabeza, inclinada besaba el cuello y los senos de la pelirroja, quien en medio de jadeos sonreía.

 

Yulia la soltó y dirigió sus manos hasta aquellos hermosos senos, a ciegas, pues se encontraba besando la entrepierna de su chica, sintió su redondez, suavemente sintió la firmeza de aquellos botones que la invitaban siempre a dar un paseo por aquel paraíso.  Lena gemía mientras Yulia sentía en su boca aquella humedad que le indicaba que era deseada, que aquel cuerpo añoraba sus caricias, el sabor de su pelirroja era una bebida excitante, lo sabía de memoria, esa chica quien ahora daba cabida a sus juguetones dedos disfrutaba tanto como ella.

 

El calor de sus cuerpos era superior a aquel que levemente desprendía la fogata, los vivos rojizos se reflejaban en el cabello de Lena quien sujetaba fuertemente la bolsa de dormir con sus manos, dentro de ella estaba su amor, a veces creía que su cuerpo no iba a ser capaz de sentir tanto placer o que quizá ya había alcanzado el máximo posible, que equivocada estaba, justo ahora, Yulia la estaba llevando con caricias y con besos a un nuevo orgasmo, la respiración de Lena era entrecortada, entre gemidos y gritos estaba sintiéndolo nuevamente, más fuerte, más intenso, Yulia nunca se detenía hasta no lograr que Lena volara y claro que volaba, Lena era mecida por aquellas manos hasta tocar el cielo, era conducida por un camino de suspiros y gemidos hasta donde después de aquella felicidad que experimentaba su cuerpo le pedía un respiro para quizá más adelante volver a empezar.

 

La calma posterior a la pasión de aquellas chicas era interrumpida por suaves besos.

- ¿Sabes que apenas puedo estar sin ti? -Dijo Yulia a su pelirroja- cuando estoy en el hotel, tocando para toda esa gente, todo lo que quiero es que pasen los minutos y volver a tenerte, volver a abrazarte, me desespero si no te tengo, no me gusta conducir si no vas a mi lado... sin ti es como si no fuera yo.

 

Lena escuchaba a la morena, siempre demostraba su amor, no siempre hablaba de su amor, pero en cada acto ponía todo su corazón, cada vez que Lena la sorprendía observándola mientras se mudaba de ropa, como a veces, por las noches su sueño era vigilado por la pelinegra... la respuesta era la misma ante aquella pregunta de ¿qué haces despierta?... viéndote, podría pasar mi vida entera viéndote dormir... ahora Yulia hablaba de lo que sentía dentro de ella, la pelirroja la abrazó y dijo:

- Todo eso lo sé, y te amo por eso... la abrazó y durmieron bajo la luz de aquella luna que ahora se ocultaba tras una nube...

 

Larissa se levantó temprano, siempre que Yulia dormía fuera del techo paterno ella se preocupaba, sabía que no le pasaría nada allí, tan cerca, cincuenta metros no era nada, pero su corazón de madre no podía acostumbrarse a su ausencia, incluso, había hecho que Lena le llamara las noches que su pequeña tocaba en aquel hotel para avisarle que ya estaba de vuelta, la morena nunca lo notó, pues Lena lo hacía mientras ella estaba mudándose de ropa o en el baño.

 

Aun con la ropa de dormir Larissa se encaminó para verificar que sus chicas estuvieran bien, sinceramente su corazón se llenó de ternura, allí estaba su pequeño diablillo, entre los brazos de la pelirroja, su bello rostro descansaba en el pecho de Lena, algunos cabellos rojos caían sobre aquellos oscuros, sin decir nada volvió a la cabaña, sus pequeñas estaban bien, pues desde aquel día en que Yulia les presentó a la pelirroja, ésta se hizo parte de la familia, también era su pequeña.

 

El resto de la semana fue tranquilo y relajante, Lena, Yulia y los chicos se volvieron a ver tal y como lo habían prometido, sólo que esta vez se reunieron en la cabaña, fueron recibidos con bocadillos y algunas bebidas por los padres de Yulia, pescaron y dieron unas cuantas vueltas en bote, el padre de Alexi lo había vuelto a prestar, no volvieron a ver a los padres de la pelirroja, pues aunque ellas volvieron al pueblo un par de veces, donde por cierto eran el blanco de todas las miradas, los padres de Lena evitaron la salida, no se marcharon de Konakovo porque Innesa había dicho que no se marcharía hasta el próximo domingo, justo el día de la partida de las chicas los hermanos de la pelirroja llegaron a la cabaña, fueron recibidos amablemente y conocieron a la familia de la chica que vivía con su hermana...

 

Los juzgaron correctamente, buenas personas, trabajadores y amables, Yulia se supo ganar a aquellos chicos, y no tanto por lo que hiciera ella misma, ellos notaron los cambios en su hermana, mayor seguridad, una sonrisa imborrable, ella estaba bien, estaba en lo correcto, así que si ella así lo quería... ¿quiénes eran ellos para interponerse?, nadie, nadie debía hacerlo, así que pidieron la dirección del apartamento, irían a visitarles más adelante...

 

 

MOSCÚ

 

 

Al volver de aquella semana de vacaciones las visitas de los hermanos de la pelirroja eran frecuentes, ellos también llevaban algunos obsequios, cuando ofrecieron ayuda económica a su pequeña hermana ésta la rechazó.

- Estamos bien -les dijo- Yulia trabaja duro y yo colaboro con lo que puedo, ni Yulia ni yo aceptaríamos su dinero, no se preocupen, la pasamos bien, todo lo que necesitamos es a nosotras mismas...

Los chicos comprendieron y se limitaron a pequeños presentes en cada visita, flores o algunas bebidas.

 

La noche de un sábado en que Yulia tocaba el piano Lena esperaba impaciente a su amada, durante todo el día habían estado en extremo cariñosas, pero se vieron interrumpidas varias veces, Vladimir el vecinito había querido jugar con Yulia y ésta no le iba a despreciar, luego más tarde los padres de la pelinegra habían detenido el juego después del almuerzo y al final, los hermanos de Lena habían llegado a media tarde para conversar un rato e invitarlas a comer pizza.

 

Comieron en el apartamento y se marcharon a eso de las 7:30, así que no quedó tiempo, Yulia solamente dijo después del beso antes de partir... -cuando vuelva arreglamos esto...- Lena esperaba con aquel libro en el sofá, no le había leído, se sentó allí desde que la pelinegra salió, pasó página tras página pero en realidad no había leído nada...

 

Cuando escuchó el familiar ruido de la cerradura su corazón se sobresaltó, allí estaba de vuelta, eran tan sólo unas horas, pero parecía un tiempo infinito... Yulia se acercó y besó sus labios a modo de saludo, Lena quitó su abrigo y lo colocó por cualquier sitio.

 

- ¿Cómo te fue?.

- Bien, todo mundo quería piezas especiales, no descansé en toda la noche... vamos a la habitación- susurró Lena en su oído.

- Vamos -dijo Yulia levantándose y dando su mano para ayudarle, en la habitación Lena quitó poco a poco parte de la ropa de su amada, estando Yulia en camiseta y bragas Lena dijo:

- Enseguida vuelvo -iba a llamar a Larissa- era mejor hacerlo si no, era posible que el teléfono sonara también y de nuevo fuera un mal momento...-Larissa, si, ya está de vuelta, buenas noches,... -Lena volvió como un rayo a la habitación.

 

Allí estaba su chica, profundamente dormida justo como la dejo, con la camiseta y las bragas... ni siquiera se había tapado, estaba rendida... la pelirroja sonrió, -hasta mañana mi amor- dijo suavemente mientras acariciaba sus cabellos y cubría su cuerpo con la sábana, apagó las luces y tomó su lugar, ese espacio reservado para su cuerpo en aquella cama, pues su lugar en el corazón de Yulia era éste entero.

 

- Lo siento amor... -fue lo primero que dijo Yulia al despertar- me quedé dormida...

- No tienes por qué disculparte, trabajas tanto... no pasa nada, tú y yo somos más que una noche, tenemos toda la vida...

Eso sonaba perfecto a los oídos de la morena, toda la vida... así debía ser, imaginarse sin aquella chica no pasaba por su mente...

- Claro, toda la vida... -dijo abrazándola en el lecho...

 

 

A finales de agosto, Nadya había hecho el intento de acercarse a Lena.

- No tengo nada de que hablar contigo -le contestó la pelirroja- mejor márchate, no quiero ser grosera.

Nadya no dijo nada acerca de la complicidad de la madre en aquella trampa.

- Lamento lo que hice –dijo- ya no importa, no lograste nada, pero querías hacerme daño, vete Nadya, quizá vuelva a hablar contigo, pero aún no es el momento...

 

La amiga se marchó del apartamento, Lena se sintió un poquito mal, ella apreciaba genuinamente a aquella chica, pero le había fallado, la herida de esa traición aún estaba abierta, era mejor que pasara el tiempo.

 

El verano pasó como de puntillas, despacio y las chicas disfrutaron aquellos días en que ninguna de las dos trabajaba por el día, hacer el amor con toda esa luz entrando por la ventana era maravilloso.

 

- Me encanta verte... -decía Yulia- me gusta ver tu rostro y tu cuerpo cuando estamos juntas...

- Eres maravillosa, hay gente que se pasa esperando a que las cosas lindas les pasen, pero contigo...

- Tú eres quien busca que pasen, siempre das lo mejor de ti... -la morena halagaba a su querida chica, era cierto, Lena siempre daba lo mejor de ella, porque Yulia hacía lo mismo, ¿como no corresponderle a aquella mujer hermosa que alegraba sus días y sus noches?, a aquella chica con ojos de cielo que la llevaba a ese sitio siempre, aquella con quien compartía muchas cosas además de la cama, todo, amor, vida, sueños, esperanzas, todo.

 

A principios de septiembre, Lena y Yulia volvieron a sus actividades habituales, Lena volvió a hablar con Nadya, quizá ya no con aquella confianza de antes, pero no había podido ser indiferente, al final casi comprendía las intenciones de aquella chica...

 

 

Ahora que la economía era más afable con la pareja de cuando en cuando se daban pequeños gustos, iban al cine, comían fuera... incluso una noche decidieron salir a bailar... Yulia ya algunas veces había ido a aquel sitio en donde no se les miraba de modo extraño... para Lena esa era la primera vez.

 

- Vaya -dijo a Yulia sonriendo nerviosamente- al parecer todas mis primeras veces serán contigo...

Yulia sonrió... -me alegro que así sea- Luego de un rato la pelirroja estaba completamente cómoda en aquel lugar, más de una chica había hecho alguna insinuación, siendo tan bella no pasó desapercibida, cuando la pelinegra notaba atención extra por parte de alguna extraña abrazaba más fuerte a su chica o le besaba para hacer evidente que era de ella...

 

- Yulia, pareciera que esto es una competencia -decía sonriendo la chica de ojos verdigrís- no hay nada que temer, yo soy tuya...

- Si, lo sé, pero ellas no lo saben y se los hago ver claramente. -Yulia sujetaba las caderas de Lena mientras bailaban aquella melodía, la pelirroja enlazaba sus manos detrás de la nuca de la morena, sus ojos no se separaban ni un momento, Lena sonreía al ver su reflejo en el cielo que tenía delante de ella, besaba sus labios y susurraba a su oído ...

- Te amo Yulia... -además de ser la primera vez en un bar gay, Lena bebió un poco más de la cuenta esa noche, no tanto para no saber lo que hacía, pero sí lo suficiente para estar desinhibida y bastante chistosa...

 

Un par de veces la misma Yulia quien, no bebió de más, apenas había podido detenerse, pues los besos y las caricias de la pelirroja estaban subiendo su temperatura, el camino al apartamento estuvo plagado de estaciones, algunas muy delicadas, algunas otras bruscas paradas del auto, Lena bien sabía cómo volver loca a aquella pequeña que conducía un poco imprudentemente, pero cómo hacerlo de otro modo si ya casi no tenía puesta la blusa y su pelirroja metía las manos entre sus pantalones...

 

En aquellos encuentros nunca hubo rastro de dureza, pero el deseo a veces era voraz, esa noche, Yulia bregó con la puerta al tiempo que besaba a su pelirroja, al abrir también detuvo por la cintura a su amada, pues había estado recostada contra la puerta al ser besada por su terremoto personal, su terremoto de ojos azules... sucumbieron en aquel sofá de la sala, la habitación parecía tan lejana y su deseo se estaba desbordando, la puerta apenas fue cerrada, sus ropas se esparcieron por la salita quien ahora era cómplice de las caricias, besos y jadeos de la pareja.

 

El lunes siguiente a la aventura vivida en la discoteca y luego el avasallador encuentro de aquellas chicas, Lena escribió algunas notas y las introdujo a la bolsa donde Yulia tenía partituras y apuntes, mientras la morena se bañaba, la pelirroja deslizó aquellas esquelas en medio de una sonrisa pícara, conocía de antemano la reacción de su amor ante aquellas letras, habría que esperar tan solo un poco, esas notas darían sus frutos al caer la tarde...

 

La pelirroja dejó como siempre a su chica en el colegio de niños y ella se dirigió hasta la universidad, muchas veces había dicho a Yulia que se quedara ella con el auto pero nunca lo permitió.

 

- Yo estoy más acostumbrada que tú a la calle –contestó- yo me las sé arreglar mejor, además, la universidad está más lejos que mi sitio de trabajo o la academia, así que, nada, no hay que discutirlo más...

 

Lena aceptó como usualmente lo hacía, no valía la pena tratar de cambiar la opinión de su amor, era imposible... Yulia preparó sus cosas para empezar la clase.

- Escuchen muy bien -les dijo a los niños- sé que esto es complicado, pero la música clásica es fundamental si quieren estudiar música, es la base... ahora, escucharán algo de Vivaldi, ustedes ya investigaron acerca del autor, así que ahora escucharán de él...

Las cuatro estaciones sonaban dulces y perfectas, se podían sentir las emociones flotar, cuando Yulia volvió la página de su partitura, encontró aquel trozo de papel de color celeste, la delicada caligrafía que podría reconocer sin excepción, hacía una invitación que hizo detener aquella interpretación... -ya es suficiente -dijo a los alumnos- escriban en una hoja qué sintieron al escuchar la melodía...

 

Los alumnos obedecieron sin chistar y ella leyó detenidamente aquella nota, sintió cómo un agradable calor se le deslizó desde la nuca hasta debajo de sus caderas...”Al presentar esta nota haré el amor contigo y recorreré con mi boca cada rincón de tu cuerpo... hasta que no puedas resistirlo”...

 

Ese día fue eterno, a cada dos minutos sacaba aquella invitación al cielo... si, eso era, una invitación al cielo... sus manos se dirigieron al bolsillo un millón de veces ese día, -claro que presentaré la nota mi amor, claro que lo haré... -dijo creyendo que había sido pronunciado en su cerebro.

 

- ¿Qué nota vas a presentar...mi amor?... -dijo riendo Catalina, su amiga de la academia- hay Yulia, estás soñando o hablando dormida...

- Tengo un pase al cielo -dijo riendo la morena y se alejó riendo. Debido a los horarios de la academia y los nuevos horarios en la universidad, Yulia volvía por las tardes en autobús, no era un sacrificio, no iba a hacer que Lena esperara una hora por ella tampoco haría que saliera de casa, el combustible era caro así que el autobús estaba bien.

 

El trayecto de treinta minutos en el autobús se hizo dulce y largo a la vez, dulce porque mientras releía la nota decidió buscar algo en la bolsa y encontró otras dos más... pases al cielo, les había llamado, y podría hacer uso de ellos cuando quisiera, “Al presentar esta nota haré el amor contigo en la tina, para empezar...”... “Al presentar esta nota haremos el amor todos los días de la semana y el sábado y el domingo tres veces”... Yulia levantó la vista con el rubor en su cara, estaba segura que aquel calor que sentía en el rostro delataría lo que estaba sintiendo.

 

Lena esperaba a aquella chica que venía con las sensaciones hechas un torbellino dentro de ella, estaba impaciente aguardando el momento en que la llave hiciera girar la cerradura y abriera la puerta, vistió unos vaqueros que ceñían su cuerpo, les había hecho unos arreglos, había quitado la pretina de ellos y por lo tanto había desaparecido el botón, tan sólo la cremallera sujetaba aquella prenda, una corta camiseta de color blanco completaban el atuendo que dejaba ver su cintura, sus bien formadas caderas y ese pequeño ombligo que parecía guiñaba el ojo, la pequeña camiseta no hacía más que acentuar sus hermosos senos.

 

- A Yulia le encanta verme... me gusta eso...- pensó mientras se vistió...

 

Quizá eso de los vaqueros para cualquiera podría parecer incómodo, pero no, ellas podían tomarse el tiempo para que la desnudez llegara lentamente... pero si la pasión era mucha, pues igual no eran un problema... jamás lo fueron, desaparecían en un tris tras... ninguna prenda era estorbo, aunque también lo eran... pero no eran barreras irrompibles...

 

Eran parte de aquel maravilloso juego que había descubierto una helada tarde de diciembre, una helada tarde que terminó con el calor más delicioso que hubiera sentido jamás...allí estaba, sentía ese calor todas las noches, todos los días, a cualquier hora y siempre esperaba por el siguiente, amaba profundamente a Yulia, amaba todo lo de ella y todo lo que era ella, amaba sus gestos por la mañana al sostener la batalla del despertar... amaba la manera en que su pelo revuelto le hacía ver como un travieso chico de diez años... amaba cuando sus ojos azules brillaban al ver sus gestos en el amor... amaba la manera en que la morena buscaba sus ojos cada vez que le decía “te amo”, la volvía loca su sonrisa, sincera y abierta, la contagiaba, amaba las partituras, sus pequeños pies enfundados en las calcetas caminando por el apartamento aunque ella ya le había dicho que no debía hacerlo, pues se resfriaría, amaba sus besos, sus caricias, su seriedad al hablar de las tiras cómicas como quien discute el tema de la paz en Medio Oriente... o cómo tomaba la ropa interior que le quitaba y se la acomodaba como un gorro en la cabeza... -mi bragas de gorro-... dijo en voz alta la pelirroja y rió.

 

Yulia introdujo la llave en la cerradura, inconscientemente cerró los ojos al momento que la hacía girar, Lena del otro lado saltó del sofá, su corazón sabía de la cercanía de aquella a la que amaba, sin palabras, Yulia vio aquella belleza que llevaba el cabello suelto y vio como sus rizos rojos revoloteaban, la ventana estaba abierta y una fresca brisa invadía el lugar, se acercó y dirigió sus manos a la cintura desnuda de la pelirroja, sintió el terciopelo de su piel, besó sus labios disfrutando suavemente del sabor dulce de su niña, soltó una mano de la cintura de Lena y la introdujo en el bolsillo izquierdo pantalones, sacó el trozo de papel de color celeste que había sido leído millón y medio de veces ese día y lo puso en la mano de la pelirroja...

 

- Tengo un pase al cielo... -susurró en su oído

- Aunque no lo presentaras haría lo que dice allí -dijo Lena a escasos tres centímetros de sus labios y volvió a ellos...

 

Suavemente la pelirroja fue retirando las prendas del cuerpo de su chica, una a una fueron quedando como aquel sendero de Hanzel y Gretel, el abrigo, la camiseta, el sostén, el cinturón, los zapatos, las calcetas, los vaqueros a lo largo de aquel camino, de aquel breve camino que conducía desde la sala hasta la habitación... Yulia retiró la pequeña camiseta blanca...

 

La ausencia de sostén hizo de ese momento algo indescriptible, cuando los rizos cayeron en sus hombros de seda brillaron aún más, Lena se acercó al cuello de la morena y empezó a cumplir con el ofrecimiento hecho, deslizaba suavemente sus labios por el cuello de Yulia, quien no separaba sus manos de aquella cintura, la morena atrajo a su pelirroja hasta sentirla con sus caderas, Yulia vestía solamente las bragas y Lena aún tenía puestos los vaqueros, la morena intentó abrir la cremallera de los pantalones de su amada pero las manos de ésta aún no se lo permitieron.

 

- Espera...primero lo primero -susurró a su oído. Dio un leve empujón a su chica quien cayó en la cama y se deslizó sobre ella hasta llegar a sus labios. -es hasta que no puedas resistirlo más... -sentenció la pelirroja.

 

Llevó sus manos hasta las bragas de Yulia, aquella prenda de color celeste se deslizó tan suavemente como los labios de Lena, cada centímetro de piel fue cubierta con besos y delicadas caricias, la pelinegra jadeaba y cerraba sus ojos, mordía su labio inferior pues aunque deseaba poseer a su chica tenerla así también era exquisito...

 

Pero quería sentir su desnudez, mientras la pelirroja volvía a sus labios la morena separó una mano de aquellos cabellos rojos que tanto amaba y volvió a intentar retirar los vaqueros de su amada, esta vez la misma Lena se levantó un poco para permitir que la pelinegra maniobrara con facilidad, también la deseaba, quizá quien ya no podría resistir más era ella misma, Yulia giró para quedar sobre ella y poder quitar los vaqueros, tan pronto los quito acarició las piernas y el pecho desnudos de aquella chica, si le preguntaran seguro sabría cuantas pecas poblaban aquel cuerpo, allí estaba el lunarcillo a quien Yulia llamaba el corazón... pues tenía esa forma y se encontraba justo debajo del ombligo.

 

- Besaré tu corazón -le dijo antes de dirigir sus labios hasta el lugar, aunque el verano ya se había marchado sus pieles empezaban a llenarse de minúsculas perlas cristalinas... -sabes delicioso- volvió a decir la morena mientras hacía el recorrido por aquella geografía que le pertenecía.

 

Lena gemía incluso antes de sentir sus labios o su lengua, sintió cómo Yulia volvía a estar en ella.

- Me gusta sentirte en mí -dijo a su oído mientras la boca de la morena acariciaba su cuello con besos, la pelirroja tomó las caderas de Yulia y las empujó contra sí, quería sentirla completamente, sentir cómo su cuerpo y el de su amor se volvían uno solo.

 

Yulia sentía la vida con cada suspiro y gemido de su chica, su espalda se erizaba al sentir su tibia respiración en su cuello, los senos de la pelirroja reclamaron su atención, sentía cómo aquellas protuberancias se endurecían y le invitaban a visitarles, la respiración de Lena apresuró su paso al sentir los delicados mordiscos de aquella chica, sintió cómo la mano desocupada acariciaba la redondez de sus senos, la pelirroja además de las afirmaciones de placer revolvía, aún más, los negros cabellos de su chica, al menos no estaban tan cortos como para no permitirle jugar con ellos.

 

De sus cuerpos se desprendía el perfume de cada una y se volvía una sola fragancia, Yulia cambió el ritmo varias veces, pero ahora mismo la pelirroja agitaba sus caderas y entonces Yulia también aceleró el ritmo, -prepárense para volar-... fue el pensamiento que cruzó por la cabeza de Lena, esta vez si las líneas trazadas en la espalda de la morena en el momento del orgasmo fueron más profundas... Yulia sintió un pequeño ardor pero no importó, su chica estaba allí repitiendo su nombre en voz alta... -¡Yulia!, ¡Yulia! ¡si! ¡si!-... Lena atrajo a su morena y dio un leve mordisco en su hombro, fue más suave que lo hecho en la espalda, pero igualmente una hilera blanca reflejando el surco de sus dientes se dibujó brevemente en la morena piel de Yulia...

 

Poco a poco el corazón de la pelirroja volvió a su ritmo normal, no había nada más maravilloso que descansar en los brazos de Yulia luego del torbellino que era hacer el amor con ella, la morena dedicaba suaves besos a los cabellos rojos de su chica, Lena, acomodada en el pecho de la morena también besaba a su chica, el olor de la piel de Yulia era inconfundible, delicioso y al mismo tiempo excitante, sentirla era suficiente para despertar su deseo.

 

Recordó la promesa hecha en papel y hasta el momento quien había recibido todas las atenciones había sido ella, giró suavemente para quedar sobre ella, encorvada sobre la figura de Yulia, la pelirroja lamía su vientre, sus senos y su cuello, los cabellos rojos acariciaban también aquel cuerpo que tanto adoraba, entre su boca, sus manos y su cabello tenían a la morena al límite de la resistencia, qué placer tan grande, era acariciada por suave terciopelo y fina seda, deseaba sentir a su amada, con sus manos recorría el blanco cuerpo de Lena, sus bocas se encontraban a cada instante, en esos besos estaba la felicidad, los labios dulces de la pelirroja tocaban suavemente los suyos, sentía cómo sus lenguas se abrazaban demostrando el deseo de poseerse, de ser una de la otra, de que sus respiraciones se volvieran un solo aliento, lo era, desde que cruzaron sus miradas a la orilla de la carretera eran un solo corazón...

 

Yulia arqueó su cuerpo al sentir la ruta trazada con besos y caricias, habían hecho una pequeña escala en su ombligo y ahora se dirigían al sur, jugó con los rizos rojos de su amada y sintió cómo era amada por completo, el calor de su cuerpo aumentaba, las delicadas caricias de la pelirroja obtenían afirmaciones de la boca de la chica con ojos de cielo, -¡si!, ¡Lena!... te amo, te amo...- sin interrumpir lo que hacía dirigió sus manos a las caderas de la morena, la atraía contra sí y dedicó besos a sus ingles, besó sus muslos y volvió al sitio que llevaba a Yulia al éxtasis, esas leves separaciones hacían que el regreso fuera más intenso, -mi amor...- decía Yulia con los ojos cerrados, su respiración interrumpida era señal de que su cuerpo disfrutaba... claro que lo hacía, pero ambas disfrutaban por completo, ciertamente en la cama se demostraban amor físico, éste era el complemento perfecto de aquel profundo amor que sentían una por la otra, aquella necesidad de la una por la otra, las sonrisas que se les dibujaban todas las mañanas al despertar juntas, al verse a los ojos y decirse mi amor, aunque la palabra se quedaba corta era la que el mundo había diseñado para nombrar aquel cúmulo de emociones que hacían temblar sus corazones al fundir sus manos al caminar, así se le llamaba a aquel fuego que sentían cuando sus pieles se rozaban, así se le llamaba a aquella sensación de volar cuando se sentían en sus cuerpos, en sus almas, en sus corazones... Yulia estaba gimiendo, no tardaría en llegar a aquella cima a la que su pelirroja la llevaba siempre, aquel grito y la sacudida de su cuerpo indicaban que todo iba bien, perfectamente bien.

 

Lena se sentía feliz de poder provocar lo mismo que su amada le provocaba, se sentía feliz de satisfacerle como ella lo hacía, amaba acomodar su cabeza en el pecho de la morena y escuchar cómo su pequeño corazoncito volvía a la calma y pronunciaba su nombre con cada latido...

 

Quizá eran las siete de la noche cuando dirigieron una mirada al reloj, la pelirroja se encontraba sentada en el regazo de Yulia y abrazaba su cuerpo al tiempo que lo amarraba con sus piernas, sus pechos se tocaban y sus latidos estaban al mismo ritmo, Lena dibujaba con besos en la frente de la pelinegra mientras ella besaba y lamía el mentón de su amor...

- deberíamos renunciar a la ropa... -dijo Yulia sin dejar los besos, la pelirroja rió.

- Si, y recibiríamos a las visitas así...

- No, es que no le abriríamos la puerta a nadie.

- ¿Y cómo iríamos por la comida?... porque tendremos que comer.

- Ah, pues... nada, que la traigan la dejen en la puerta, dejamos el dinero y que se marchen, cuando se hayan ido pues salimos y ya...

- ¿y el trabajo?, ¿y la universidad?...

- Te encanta desarmar mis fantasías -reclamó en todo chistoso la morena.

- no... me gusta complacerlas... mi chica fantasiosa...

- Pues si es así... pensaré en algo...

- Pues pensaremos....

 

Quizá salieron de la cama hasta las diez, sus estómagos reclamaron satisfacción y había que dárselas, llevaron algo de comer a la cama... quizá si era buena idea la de Yulia, hasta el momento las ataduras llamadas ropas permanecían por el suelo y acomodadas en el armario.

- Me gusta verte caminar así...

- ¿Así como? -Preguntó la pelirroja...

- Me gusta como te mueves, como se sacude tu pelo, como me diriges una sonrisa justo antes de salir de la habitación...

- Ah... pues aunque no tengo tanto que ver como tú... también me gusta verte... -dijo en medio de una carcajada Lena...

- ¡Ja!, ¿Así que no tanto que ver?... -Yulia se lanzó contra la pelirroja e hizo cosquillas hasta que la pelirroja advirtió que mojaría la cama si continuaba... no paraba de reír... la morena no la soltó pero cambió su táctica... enredó sus dedos en el cabello rojo de su amor y besó sus labios profunda y dulcemente... enlazaron sus cuerpos y se volvieron a amar hasta el amanecer...

 

Por la mañana al despertar a Yulia, tenían que salir pronto, se habían quedado dormidas, Lena notó las marcas en la morena espalda...

- ¡oh, por Dios!, lo siento...

- No importa... -dijo la pelinegra, sonriendo, sabía muy bien que esas marcas no durarían mucho y que además significaban que todo lo que había hecho estaba bien -no importa- repitió con una sonrisa en los labios y bebiendo el vaso con leche que sería el ligero desayuno que se podían permitir por la prisa.

 

Cuando se despidieron en el estacionamiento del colegio de niños Lena hizo un gesto que preocupó a Yulia...

- ¿Qué te pasa mi amor?...

- Un dolorcito... seguro por comer tan rápido, ya pasó...

- Quizá si fue eso, si te sientes mal vuelve a casa o tómate algo... ¿de acuerdo?

- Claro, no es nada, no te preocupes... -un leve beso fue la despedida, pues algunos de los críos estaban llegando y era mejor no abusar de las buenas relaciones con la gente del colegio.

 

Aquel dolor se repitió un par de veces... Lena siguió pensando en que la velocidad del desayuno era la culpable, se bebió un par de píldoras y pasó el día sin mayor novedad... aunque siempre con aquellos ojos azules dando vueltas en su cabeza y sintiendo revoloteos por todo su cuerpo... hacer el amor con Yulia tenía esos efectos... podía sentirla todo el día... sus sentidos no le permitían olvidarla...

 

Innesa no se había rendido en su intento de separar a la pareja, esta vez buscó otro aliado, llamó a Andrei, el chico que ella tenía tanto interés en emparejar con su hija... le contó parte de lo sucedido, él ya lo sabía, pues nadie ignoraba que Lena se había ido de casa para estar con una chica... la versión de Innesa pintaba a una Yulia que se aprovechaba de la pelirroja, una oportunista que tenía hipnotizada a su hija...

 

Andrei dijo que hablaría con la pelirroja, que iría hasta la facultad para hacerle entrar en razón, el orgullo del chico estaba herido, más de uno de los compañeros que también estudiaban arquitectura había hecho el comentario de lo repulsivo que podía resultar para las chicas, pues ellas preferían acostarse con otra chica que con él... Tendría esperar para hablarle, sería mejor seguirla, pues sin duda todos se burlarían de él si lo veían tratando de convencerla, tendría que ser en privado... aquella pelirroja no sabía lo que hacía, él era lo que le convenía, aunque ella tendría que rogar por el perdón, el que hubiera estado con una chica tenía que pagarlo.

 

Lena salió de la facultad a eso de las dos treinta, pensó el volver pronto a casa, sorprendería a Yulia con un rico postre pues hacía dos días había conseguido unas fresas y Larissa había dado recientemente una receta que sabía enloquecería a su pequeña, no sospechó en ningún momento que estaba siendo vigilada, subió al auto verde y condujo por Moscú, por la ruta usual, llegó al barrio donde ya le conocían y aunque no era bien vista ya formaba parte de él...

 

Andrei condujo detrás del Niva, se sorprendió cuando notó el barrio al que había ido, ¿cómo podía la pelirroja vivir en ese sitio?, no eran más que unas “Kurschovas” (edificios construidos en los ’70 para los obreros). Vio cuando Lena estacionó frente a aquel edificio, seguía igual de bella, acaso un poco más... le vio entrar y subir las gradas... él hizo lo mismo... al llegar a la primer planta, que era donde se ubicaba el apartamento, se encontró con Tatiana.

 

- Hola Lena -dijo ésta dando un beso a la mejilla de la pelirroja.

- Hola Tatiana... ¿cómo esta el pequeño Vlad?... -sacó las llaves del bolsillo mientras su vecina respondía que se lo habían llevado los abuelos a visitar unos primos... cuando Lena abrió la puerta del apartamento escuchó la voz de Andrei, habló alto, no, gritó...

- ¡Así que es esta con la que te acuestas!...

 

Tatiana no supo que decir, Lena estaba furiosa pero la misma rabia no le permitía reaccionar, a las espaldas de Andrei Yulia dijo en el tono más alto que pudo sin gritar...

- No, con quien hace el amor es conmigo... -Andrei se volvió y se encontró con los ojos azules de la morena, no notó miedo en ellos, quizá él sí se asustó un poco, pero se dirigió a Lena...

- Tienes que marcharte de aquí, no puedes seguir con... esta... -dijo agregando el tono más despectivo que pudo...

- Lárgate Andrei, nadie te pidió que vinieras, déjame en paz... -dijo la pelirroja...

 

El muchacho tomó el brazo de la pelirroja y trató de halarla.

- ¡Suéltala! -Gritó esta vez Yulia al tiempo que dirigió un golpe con su rodilla a aquel sitio en medio de las piernas del hombre... Andrei no pudo pronunciar palabra, sus manos sujetaban su entrepierna... encorvado trató de levantar la mirada, a punto de abrir la boca estaba cuando Yulia volvió a gritar...

- ¡Que te largues!, si sabes lo que te conviene lárgate...- Andrei se estaba incorporando cuando Víctor, el esposo de la vecina y amigo de las chicas llegó atraído por el pequeño escándalo...

- Haz lo que dice Yulia, lárgate cobarde... deja a las chicas...

 

El chico bajó las gradas tan rápido como se lo permitió el dolor que sentía... esa infeliz se las pagaría, murmuró de camino al auto... salió de aquel barrio y condujo hasta su casa, entró rápido y sin decir nada... Innesa se encontraba de visita y vio entrar al muchacho... por la expresión de sus ojos supo que algo desagradable había pasado.

 

Andrei se recostó en su cama pensando en cómo hacerle pagar aquel atrevimiento a la estúpida chica de cabello oscuro, la oportunista que le había robado a la pelirroja, eso no se iba a quedar así, encima del ridículo hecho ante sus amigos ahora había herido profundamente su amor propio... eso no se iba a quedar así.

 

 

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DE FANS PARA FANS

Esta obra ha sido publicada bajo consentimiento de su autor y sin fines de lucro. Es una obra de ficción donde se protagoniza con personajes reales en situaciones ficticias. Toda  semejanza con la realidad es pura coincidencia.

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