Reptiliis, en una arrebato de temeridad suicida salió del vehículo y lanzó una andanada de dardos por su enorme bocaza y su cola en forma de maza, tras desactivar su inductor de imagen. Para mi sorpresa nuestras compañeras de viaje no parecieron sorprenderse demasiado del aspecto de reptil del encargado de relaciones públicas de Advanced Technologies, lo cual fue un alivio, ya que así pudimos hacer lo mismo Andrómeda y yo. Las arañas, que habían acudido a mi llamada psíquica con su puntualidad acostumbrada nos ayudaron a rechazar su caótica ofensiva, y después de intercambiar unos cuantos disparos reanudamos nuestro interminable viaje.
El aeropuerto, bueno, esa extensión de terreno con un edificio miserable pegado donde habíamos aterrizado era pasto de las llamas, estaba claro que Roahl K. Wudsenn
no quería que escapara nadie. Lo peor es que eso nos dejaba temporalmente sin forma de salir, puesto que el teletransporte de mi nave estaba estropeado, algo que sólo sucede en situaciones como ésa.
Una de nuestras acompañantes pronunció la pregunta que más temía, y con razón:
“¿Qué demonios está pasando aquí, y por qué parece que vosotros tenéis un papel en este infierno?”
Decidí ser sincero, sobre todo porque no tenía ganas de inventarme una mentira mínimamente coherente.
“Pues bien, somos un grupo mercenario que venía a cumplir un encargo a este país, pero resultó que alguien se nos había adelantado, lo malo es que ese encargo debería haber servido para calmar la situación, como podéis ver no ha sido así, es más, un viejo enemigo mío dirige a esa pandilla de asesinos, con lo que las cosas estás bastante mal.”
Su compañera, la del parche, intervino de inmediato:
“Bastante??, esto es el puto caos, si no nos largamos pronto vamos a morir todos. Me gusta estar con vosotros, tengo que reconocer que sois geniales, pero esto nos supera, ¿qué era lo de antes, monos salvajes?”
“Lo comprendo, tienes razón, las cosas se han desmadrado, pero saberlo no arregla nada, yo no quería meterme en este lío, ya sé que vosotras no estáis acostumbradas a luchar con criaturas alienígenas, pero tenemos que escapar de aquí y llamar a loa caballería para que se ocupe de todos estos energúmenos.”
“Siento lo que te he dicho, entonces, ¿cuál es el plan?”
Había conseguido ya algo, que ellas asumieran la más bien aberrante realidad, sólo quedaba hacer un plan, desgraciadamente ésa era la parte más difícil.
“Para empezar Andrómeda os dará un par de armaduras flexibles y dos cañones de partículas, son muy fáciles de manejar, apuntáis y fulmináis a vuestro objetivo.”
Mientras decía esto intentaba sacar un plan de emergencia que nos sacara a salvo de esa inmensa hoguera en la que se iba a convertir ese país. Teníamos una furgoneta, no obstante habría sido un ingenuo si hubiera pensado que podíamos cruzar la frontera sólo con ella. También estaban las arañas, que nos podían ir abriendo el camino...Y seguía sin tener un plan. Todo la nación debía pertenecer ya al sin par Roahl K. Wudsenn. Después de un rato dándole vueltas a la idea de esquivarle pensé, ¿por qué debo evitarlo? Así que tras un breve intercambio de mensajes telepáticos con Andrómeda lancé un potente grito psíquico especialmente dirigido a Roahl en el que le retaba a un combate. Era un cobarde, pero no podría rechazar mi oferta, o esa manada de animales se volvería contra él con las armas que el mismo les había proporcionado.
Como me temía mis compañeros de fatigas se negaron a dejarme ir solo, así que nos dirigimos a las cenizas del aeropuerto a esperar al señor Wudsenn. De acuerdo con mi plan llegó acompañado de sus tropas de élite. Con un paso amanerado y como si estuviera desfilando para sus escasos fans y con su clásico aire de superioridad me escupió un conjunto inconexo de palabras que he resumido y ordenado para hacerlas comprensibles ( compadezco a los que tienen que transcribir sus discursos):
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