cuando llegamos. Aquí me veo obligado a hacer un inciso para explicar qué demonios hacíamos en ese país. Pues bien el comerciante del que ya he hablado le comentó al presidente que yo y mis muchachos podríamos librarle de un asesino que se había convertido en el Mesías de los Puros, y allí fuimos a cambio de una considerable cantidad de dinero. Lo gracioso o no tan gracioso, depende de cómo se mire es que cuando pusimos el pie en el aeropuerto privado de Ali Fa-Tao los problemas habían aumentado, aunque habían conseguido cargarse al asesino, eso sólo sirvió para que los Puros se lanzaran contra la capital barriendo con todo lo que se encontraron por el camino, como la ya no tan respetada guardia imperial. Como consecuencia nos quedábamos sin recompensa, además el gobierno había desaparecido, se comentaba que en cuanto se alzaron los Puros  alzaron el vuelo el presidente y su cohorte. Pero sólo eran rumores.

Inconsciente como estaba lo dejé tirado junto al viejo tan amable de antes y bajé con las dos germanas a la furgoneta, donde nos esperaba impaciente Reptiliis. Nos subimos y Andrómeda pisó a fondo el acelerador. La calle principal era un retrato de lo que debe ser el infierno, bombas cayendo a diestro y siniestro, gente corriendo sin rumbo ensangrentados, en definitiva el caos absoluto. Esquivando baches y gente fuimos saliendo de la ciudad para toparnos con un control de los Puros, un blindado y una panda de salvajes armados hasta los dientes. Desde nuestra situación podíamos ver cómo esos bárbaros habían rodeado por completo la ciudad haciendo prácticamente imposible salir de la misma. Alguien les debía estar ayudando o mismo dirigiendo, lo sospechaba desde que vi esos cañones de pulsaciones, y esas sospechas se confirmaron cuando vi acercarse a la ventanilla del conductor a uno de mis principales enemigos, Roahl K. Wudsenn, gobernador del planeta Alicroon VII, y terrorista galáctico. Las cosas empezaban a casar, para empezar la presencia de Baierstrauss( un tipo tan inútil no me podía haber encontrado.)

Con su habitual actitud de infinita superioridad, dio unos golpecitos en la ventanilla para que la bajáramos, cuando lo hicimos dijo con tono de triunfo: “Esta vez te he pillado, mercenario. Ahora sed buenos y seguid a ese vehículo, os llevará a mi base y allí tendremos una agradable velada, lejos de todo este alboroto.”

Lógicamente toda esa pedantería no podía quedar sin respuesta así que le espeté lo siguiente en su acartonado rostro:”Escucha nene, si por un momento has pensado que me tenías remotamente atrapado puedes irlo olvidando, el que va a hacer algo eres tú, porque vas a ordenar a tus perros de presa que se larguen de aquí  y que no vuelvan jamás. ¿Lo has entendido o necesitas que te lo repita?”

Su reacción fue la esperada, una risa monumental, que le desapareció en cuanto una de mis tan queridas arañas tecnoorgánicas surgió de debajo de uno de los blindados y destrozó otros dos con sus láser gemelos. Pronto surgieron más de otros sitios y las tropas de mi odiado enemigo huyeron con él a la cabeza. Eso en teoría debería haber dejado el camino despejado, no obstante estaba visto que ese no era mi día, ya que justo cuando veíamos ya el aeropuerto aparecieron los soldados de élite de Roahl K. Wudsenn, un cruce de monos y plantas aberrante. Tienen el cuerpo de simio, son grises y verdes, a través de su piel se forman estacas de madera que usan como armas, y también pueden generar una armadura de madera realmente. Si eso no fuera suficiente, del tronco salen vainas “sorpresa”, dado que su contenido puede ser desde gas paralizante a esporas venenosas, pasando por espantosos insectos igualmente mortíferos. En definitiva, el calificativo de élite se lo habían ganado a pulso. Parecían especialmente enfadados, con lo que deduje que debían saber lo de nuestro encuentro con su jefe.

 

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