Y después de esa foto que tanto le gusta a cierto “héroe” que responde al nombre de John Schneider seguiré con la historia después de limpiar la pantalla de sus babas. Bueno, Reptiliis, mi amada Andrómeda (me encantaría poner una foto suya aquí para añadirle interés al relato), las dos alemanas que aparecen desde aquélla en los sueños de JS y yo nos subimos en la furgoneta blindada, que me había empeñado en alquilar a nuestra llegada y salimos quemando asfalto.
Pero, ¿realmente os creéis que sería ten fácil salir de allí? Ya creía, yo no cuento historias tan simples. De hecho entrábamos en la calle principal, que se caracterizaba principalmente por la mareante cantidad de farolas que cegaban a los indefensos conductores, como era mi caso, cuando una explosión más brillante que las ya mencionadas farolas nos obligó a desviarnos del camino y estamparnos en una joyería, con el consiguiente estropicio. Afortunadamente no estaba el dueño y pudimos quitar los cristales, pero cuando ya íbamos a subir en la furgoneta para salir disparados llegó un comando de los puros, un grupo de fanáticos armados con metralletas y cañones de pulsaciones!! Tras recoger mi mandíbula del suelo usé mi telepatía para dormir a unos cuantos. Mientras Reptiliis, con su habitual sutilidad despedazaba a sus rivales, que eran incapaces de entender cómo diablos podía seguir intacto, es decir con todas las partes de su cuerpo a pesar de sus disparos a discreción. NOTA: Reptiliis debe aprender a no depender tanto de su habilidad restauradora, sin ella estaría perdido, y el resto del grupo por extensión. Andrómeda también daba buena cuenta de ellos ante su desesperación, ya que gracias a su campo de fuerza ningún disparo le alcanzaba. Lo reconozco, era abusar, pero tenéis que recordar que había dos personas con nosotros sin poderes así que mientras mis soldados se deshacían de esos bárbaros yo las puse a salvo, subimos por las escaleras del edificio y nos metimos en un apartamento, que un anciano nos cedió amablemente tras una amistosa discusión. (Le pegué un puñetazo y cayó redondo, digamos que la idea de dejarnos entrar no le atraía)
Acabada la pelea abajo nos lanzamos por las escaleras abajo y ¿qué creéis que nos ocurrió? Pues sí, algo malo. Siempre se tiene que torcer algo. Un tipo más feo que el pecado y del tamaño de una armario de tres puertas se plantó como si fuera un eucalipto delante nuestra, no lo reconocí hasta que su puño cerrado impactó en mi cara despojándome de mi querido casco y una parte de mi ego. Era un viejo conocido, Baierstrauss, un asesino a sueldo al que le fastidié un par de encargos contra oficiales del Imperio Simiano, los tipos que me pagan. Como os podéis imaginar me la tenía jurada, y tanto, digamos que fue un duro golpe para su carrera del cual no se había recuperado, y en mi mano estaba que siguiera así. Su cuerpo estaba recubierto de una aleación de vidrio y metal muy dura, llevaba un par de cañones láser unidos a los antebrazos que hicieron sendos surcos de fuego donde me encontraba unos segundos antes. Rodé por las escaleras procurando alejar su atención de ciertas alemanas que quería presentar a John. Cuando salió a un descansillo pobremente iluminado pude ver un añadido que había hecho a su armadura, un casco psíquico, el pobre estaba realmente obsesionado conmigo, eso estaba claro.
Era el momento de ponerse serios. Si ese desgraciado pensaba que ese casco era suficiente para anular mis poderes era su problema, le había dejado con vida la última vez, pero Baierstrauss parecía empeñado en morir. Desenfundé mi pistola láser y, mientras seguía rodando escaleras abajo le acerté con un par de disparos que lo enfurecieron. Gritaba y juramentaba todo lo que podía, eso era buena señal. Me frené, di la vuelta y me abalancé contra él. Cuando estuve encima de él le envié una sonda mental, el pobre no supo lo que le vino encima. Cayó inconsciente y le puse unas esposas que llevaba encima, en teoría eran para un asesino, pero éste ya estaba muerto cuando llegamos.
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