La lluvia pasó. El cielo se aclaró, y en la noche de verano

el Viejo Tom Bombadil reía mientras volvía a casa,

Desatrancó su puerta de nuevo, y abrió una contraventana.

En la cocina las polillas empezaron a revolotear;

A través de la ventana Tom vio a las nacientes estrellas titilar,

Y a la delgada luna nueva descender hacia el oeste.

 

La oscuridad cayó sobre la colina. Tom encendió una vela;

Se oyeron crujidos en la escalera, giró el tirador de la puerta.

"¡Huu, Tom Bombadil! ¡Mira lo que te trae la noche!

Estoy aquí, tras la puerta. ¡Por fin te he atrapado!

Olvidaste al Tumulario del viejo montículo

Allá en la cima de la colina, en el círculo de piedras.

Es libre de nuevo. Bajo tierra te llevará.

¡Pobre Tom Bombadil, pálido y frío te tornará!"

 

"¡Fuera! ¡Cierra la puerta y no vuelvas nunca!

¡Llévate tus centelleantes ojos, tu risa hueca!

Vuelve al montículo herboso, en tu lecho de piedra

tiende tu cabeza huesuda, como el Viejo Hombre Sauce,

Como la joven Baya de Oro, y los Tejones en su madriguera.

¡Vuelve al oro enterrado y a la tristeza olvidada!"

 

Huyó el Tumulario saltando por la ventana,

A través del patio, sobre la tapia como una sombra barrida,

Lamentándose volvió a la colina, al inclinado círculo de piedras,

Bajo el montículo solitario, agitando sus anillos de hueso.

 

El Viejo Tom Bombadil yació sobre su almohada

Más dulce que Baya de Oro, más tranquilo que el Sauce,

Más abrigado que los Tejones o que los Tumularios;

Durmió como un tronco, roncó como un fuelle

 

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