“Un Martini seco –pidió Bond- servido en una copa grande de champagne. - Oui monsieur. - Un momento: tres porciones de Gordon’s, una de vodka, media de Kina Lillet. Sácudalo bien, hasta que esté helado; añada después una corteza de limón. ¿Entendido?”
(Casino Royale, Cap. VII)
La fuerte misoginia y machismo que se hace patente a las novelas y que eran el reflejo de la supuesta homosexualidad de Fleming y de su misoginia, se puede resumir en estos fragmentos:
“(...) Y, como si esto pareciera poco, había una nueva peste: la chica. Suspiró. Las mujeres para la diversión. En el trabajo se interponen y lo mezclan todo con sexo, hiriendo sentimientos. Y la cantidad de problemas emocionales que tienen... Se tenían que vigilar, cuidar...”
(Casino Royale, Cap. IV)
“(a Bond) no le gustaban las chicas, estrellas de cine por ejemplo, que fuesen propiedad pública de alguna forma. Le gustaban las mujeres privadas que pudiese descubrir por él mismo y hacerlas suyas (...) quizás, todavía esto menos digno de valor en él, porque las más famosas eran las más difíciles de conseguir...”
(Al servicio secreto de Su Majestad, Cap. II)
“- Te haré un trato. Si vienes y me cambias los vendajes, te llevaré a tomar una copa. Sólo una. Y tres para mí. Es la proporción adecuada entre hombres y mujeres”
(Al servicio secreto de Su Majestad, Cap. XXVI)
“Bond llegó a la conclusión de que Tilly Masterson era una de aquellas chicas que tienen una alteración hormonal. Conocía muy bien a aquel tipo de mujer y opinaba que tanto ellas, como su contraparte masculino, eran producto del voto femenino y la igualdad de sexos. Tras cincuenta años de libertad, las calidades femeninas se estaban echando a perder a favor de los hombres. Descarriados de los dos sexos había por todo por todas partes, no completamente homosexuales, pero confusos, sin ninguna definición. El resultado era un montón de infelices inadaptados sexuales, estériles y llenos de frustraciones, las mujeres en busca de quién dominar y los hombres busca de quién les cuide. Sentía lástima por ellos, pero no podía dedicarles tiempo.”
(Goldfinger, Cap. XIX)
El hecho de crear a Bond con un carácter y unasobsesiones tan definidas, ha llegado a obligar al escritor a informar al lector sobre todo tipo de minuciosidad. Cualquier cosa que rodee a Bond, es digna de describir.
Por ejemplo en su primera novela, Casino Royale, se informa al lector de que a Bond no le gustan las flores y, referenciándose a su misoginia, detesta estar rodeado de cosas femeninas. Su conducta ante las mujeres es “una mezcla de taciturnidad y pasión”.
No le gustan los pijamas y dormía desnudado hasta que en un viaje a Hong-Kong encontró una solución, que consistía en una chaqueta de pijama sin botones que le llegaba hasta las rodillas, y que era provista d’un cinturón.
En la novela Diamantes eternos (1956) se puede ver que Bond utiliza pelotas de golf Dunlop 65, y que siempre lleva encima el libro La mejor manera de jugar al golf en cualquier momento.
007 prefiere las mujeres que no tllevan muchas joyas y que no se pintan las uñas. En el momento de estar bien informado, se ve claramente que Bond es un buen inglés. Haciendo caso a sus sentimientos patrióticos, prácticamente el único diario que 007 lee es The Times.
Desconfía de quien utiliza un nudo de corbata Windsor, odia el tabaco de Virginia y no le gusta que nadie toque su pistola. Estas referencias se encuentran más o menos determinadas a lo largo de la novela Desde Rusia con amor.
Como curiosidades sobre la complejidad en cualquier aspecto del personaje literario, saber que bebe martini con vodka con un trozo de corteza de limón, en las suelas de los zapatos lleva dos navajas y referenciando su apagado sentimiento racista, no le gusta pelearse con chinos porque considera que hay demasiados.
También odia París, a la que califica en Panorama para matar, como ciudad “que había perdido su corazón, se había vendido a los turistas (...) a la escoria del mundo”.
Igualmente no le gustan las mujeres francesas, que las describe así:
“(...) seguramente tendría la piel gruesa, fea y de poros grandes (...) El cabello rubio bajo la desenfadada boina de terciopelo tendría raíces oscura y seria tan áspero como las cuerdas de un piano. La menta de su aliento no conseguiría disimular el olor a ajo...”
(Panorama para matar, Cap. > )
Uno de los platos preferidos de Bond son los huevos cocotte a la crema, y odia el té, al que considera una de las principales causas de la caída del Imperio Británico. Detesta disfrazarse, y no siente admiración por los periodistas. Considera un hábito horrible malgastar una copa con hielo, le gusta el jazz, le impacta ver sangre y no le gusta ver a una mujer llorando.
Así se complementen las características personales más básicas para poder entender el personaje de una manera más profunda, tal y como la concibió su creador hace más de cincuenta años. Fleming murió, consecuencia de un ataque de corazón, el 12 de agosto de 1964 en pleno éxito de su personaje.
Pero el espectáculo debía continuar y las obras literarias de 007 siguieron publicándose de la mano de Robert Markham, John Gardner y, actualmente, Raymond Benson.