El Bond cinematográfico
Al margen de estas películas, producidas por la productora oficial, EON, y la United Artists, hubo otras dos películas de James Bond. El productor Charles K. Feldman que tenía los derechos de la primera novela de Fleming, Casino Royale, ofreció a los productores Harry Saltzman y Albert R. Broccoli llevar la obra al cine conjuntamente con Sean Connery, pero estos rehusaron.
Ante esta respuesta, Feldman decidió crear por su cuenta la película, pero decidió hacerlo de una manera muy original. El productor creó una comedia épica con los actores David Niven en el papel de Sir James Bond, Peter Sellers como James Bond, Woody Allen como Jimmy Bond, el sobrino del agente, Ursula Andress, Charles Boyer, William Holden, John Huston, Deborah Kerr, Orson Welles como LeChiffre, el malvado de la película, Joanna Pettet, Terence Cooper y Barbara Bo
uchet. El film nos presenta a un viejo Bond retirado que disfruta de su jubilación hasta que los servicios secretos requieren de su ayuda al no poder solucionar los problemas de estado. Al agente no le queda otra opción que dársela, al ver como su casa se derruida. Para desipstar alenemigo, Sir James Bond da su nombre y número a varios espías.
El resultado es una historia incomprensible y desconcertante, por el hecho de haber sido dirigida por cinco directores (Vale Guest, Ken Hughes, John Huston, Joseph McGrath y Robert Parrish). La película, que competía el año 1967 con la de 007 oficial de Connery Sólo se vive dos veces, fracasó en la taquilla.
La otra película de Bond que no vio en su creación la mano de Broccoli fue Nunca digas nunca jamás. El productor Kevin McClory, que hizo conjuntamente con Fleming la novela Operación trueno, quería hacer su versión de su parte del pastel en un remake de la película de 1965, por lo que tras cuatro años de juicios, se le concedieron los permisos por hacerlo, pero prohibiéndole la utilización del famoso logo de la pistola en el número 007, del paseo inicial de James Bond disparando a la pantalla y del leit-motiv de la serie.
Pero McClory quiso atacar d’una manera contundente a la serie oficial. El actor Sean Connery, había dicho el 1971, tras su película de 007 Diamantes para l’eternidad, que “nunca jamás” interpretaría al agente secreto, a quien él odiaba y no soportaba verse interpretándolo. McClory sabia que si no conseguía al Bond original, seria mucho más difícil qu
e la película cuajara.
Así pues, le ofreció el papel a Connery, quien tras pensárselo lo aceptó por curiosidad y por crear un fuerte impacto sobre la productora oficial, con la cual la relación no había sido muy buena. El principal título se cambió por el de Nunca digas nunca jamás, alegando lo que Connery había dicho años atrás. fue competidora en 1983 del film de Moore Octopussy, que acabó triunfando sobre la producción de McClory.
Un personaje plano
El James Bond del cine es mucho más sencillo y simple que el literario. El no poder transmitir por la pantalla grande los pensamientos y sentimientos de 007 de la manera tan extensa como lo hizo Fleming en los libros, ha ocasionado que sólo se hayan mantenido los aspectos conversibles teniendo así un personaje con unas características fijas, e investigando más profundamente en él pocas veces. El Bond del cine es un personaje que tiene que seguir un patrón fijo y simple: salir de cualquier situación con el máximo estilo y eficacia posible, acompañado de una chica preciosa. El predominio sobre todos los campos de la cultura norteamericana está provocando actualmente en Bond una americanización progresiva, lo que contrasta rotundamente con sus orígenes y sentimiento patriótico británico.
En el momento en que James Bond pierde el estilo de caballero inglés y se cede a los efectos especiales y al espectáculo sin ton ni son, se está perdiendo la esencia del personaje, que es precisamente lo que pasa actualmente.
Los thrillers de acción de 007 tienen éxito, también en gran parte, porque hay un trasfondo en la aventura, una historia y un guión que tienen que ser cuidados y estructurados de manera que todo parezca real. Se debe impresionar al público y a la vez se tienen que dar razones para que no pueda creer que aquello que ve es demasiadas fantasioso.
Al menos estos postulados era lo que se tenía en cuenta en la era de Connery, pero desgraciadamente esto no va de la mano con las últimas películas, las cuales se desvían del original James Bond. Como en todo, sobre James Bond priman siempre los beneficios económicos. De hecho el agente secreto se mantiene sólo por eso.
Como dijo Roger Moore en una entrevista:
“Las aventuras de James Bond seguirán mientras continuen generando beneficios”