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- CAPÍTULO 10 - Primera Parte
Sarah iba agarrada del brazo de Akane. Ambas caminaban rápidamente encogidas de frío hacia la comisaría, sorteando a la gente que paseaba por las atestadas calles del centro de la ciudad.
- ¡¿No podías haber elegido peor día para renovarte el maldito carné?! – se quejó Akane cubriéndose la garganta - ¡Tenía que ser hoy, que hace un frío del demonio!
- ¡Perdona, mujer! Pero a ti tampoco te viene tan mal venir hoy… Así pones al día tu pasaporte y te vas con tu bombón a Italia – Sarah dio un salto para evitar pisar algo no muy agradable, salido de los intestinos de un perro, que yacía en la acera - ¡Oh, Dios qué asco! ¿Por qué esos bichos no tienen un tapón puesto en el culo? Así no dejarían su asqueroso rastro en el suelo y yo no tendría que verme en una carrera de obstáculos…
- Bueno, eso de que me voy a Italia aún no está del todo decidido, aunque ganas no me faltan, la verdad… ¡Y los animales no tienen la culpa, es el dueño el irresponsable!
Sarah paro en ese mismo instante, con la boca abierta formando una casi perfecta O. Al sentir el tirón del deje de caminar de su amiga, Akane también paró y la observó con un gesto que se descifraba como un claro ¿Qué?
- ¿Desde cuándo defiendes tú a esos bichos? – dijo remarcando cada sílaba, reanudando la marcha.
- Desde que mi bombón tiene uno – afirmó sacándole la lengua y guiñándole un ojo – Es una ricura, me encanta Kira. ¿Sabes que llevo dándole de comer casi un mes a escondidas de Ranma y él se ha dado cuenta? – dijo con perplejidad y después moduló a un tono de lástima - La pobre pasa un hambre…
- ¡Ahora sí que creo que estás totalmente loca! – gritó en medio de la calle carcajeándose sin pudor alguno - ¡¡Cómo una cabra!!
- Venga, qué no es para tanto… Lo que tendrías que hacer es tener un bicho de esos, como tú dices… Verás como al final terminas cambiando de opinión.
- Sí, sí… ya, ya… Cómo si no tuviera otra cosa mejor qué hacer…
- Seguro que no… - Akane recibió una palmadita en el costado - ¡Auch!
- ¿A que no sabes lo que soñé el otro día? – Sarah apretó los labios, intentando contener la risa. Giraron en una esquina y llegaron a la calle de la comisaría.
- Viniendo de ti puedo esperarme cualquier cosa… - Akane la sonrió y volvió a taparse la garganta –…ERÓTICA… - exclamó más alto - A ver, venga, sorpréndeme…
- Me tiraba a tu bombón en los servicios de mi oficina
Ahora fue el turno de Akane de parar en seco, con la mandíbula a punto de desencajársele y los ojos prácticamente fuera de sus órbitas. Sarah empezó a reírse.
- ¡¿Te parece gracioso?! Porque a mi no me lo parece en absoluto, pedazo de zorrón – se separó de ella y empezó a caminar deprisa.
- ¡Oh, venga Akane! – Sarah se colocó a su altura aún riéndose - ¡Por el amor de Dios, es una broma! Además, ¿Qué más te da que fantaseé con él? Es todo tuyo, yo no lo quiero…
Akane la observó de reojo, con un gesto que incitaba a no acercarse a ella a menos de dos metros. Ahora no estaba segura sobre qué era lo que la había ofendido más, si el hecho de que Sarah hubiera fantaseado con él o que no quisiera a su bombón para una aventurilla. Las mandíbulas apretadas y el ceño y los labios fruncidos eran una muy mala señal. Ladeó su labio inferior y arqueó una ceja, colocando las manos en las caderas y mirándola cara a cara.
- ¿A que a ti tampoco te gustan mis bromas? – De repente se echó a reír – Sarah, no creo que te hiciera gracia que nadie fantaseara con Nico ¿Me equivoco? No se si lo has dicho para hacerme rabiar o porque de verdad fantaseaste con él. En el primero caso, vale, acepto la broma. En el segundo, si te vuelve a pasar no me lo cuentes… - echó a andar levantando la mano, poniéndola a la altura de la boca de Sarah, incitándola a callarse - Por que entonces me lo imagino contigo en la cama y la idea no es muy agradable… - metió las manos en los bolsillos del abrigo - Tu cuerpo desnudo no me excita en absoluto…
- ¡Qué le pasa a mi cuerpo! – dijo echándosela encima, como si fuera a montarse a sus espaldas.
Ambas empezaron a reír y caminaron hasta la comisaría. Cuando estuvieron cerca observaron la enorme cola de gente que había esperando para realizarse el carné o el pasaporte. Y, como no les quedaba más remedio, se colocaron las últimas.
- Parecen las rebajas… - susurró Akane asomándose, intentando ver más allá de las cuatro primeras cabezas que veía.
- Es peor que las rebajas… - dijo con hastío – Anda, intenta colarte, verás lo que te pasa…
- No gracias, quiero seguir conservando mi cabeza. Quedarme sin uñas en las rebajas no me importa, esas crecen pero el seso… a veces ni hay ¡Cómo para crecer! - hubo una pequeña pausa, en las que ambas intentaban calentarse las manos abrigándolas bajo las mangas de los abrigos o frotándoselas - … ¿Qué pasó con tu aumento?
- Se lo dieron a otro… - respondió como si no le importara – Seguimos viviendo en una sociedad machista, qué le vamos a hacer. Lo mejor es resignarse. Yo no puedo quejarme, gano un sueldo muy bueno. Mejor que el de muchos hombres, aunque suene contradictorio, así que… Tampoco me molestó mucho…
- ¿Estás segura? – Preguntó Akane con un gesto de sarna – Mira que nos conocemos Sarah…
- Segura, no te preocupes. De todas formas, me olía que podía ir a parar a manos del cabrón de Nomura. Es un lame culos redomado, por no decir un chupa pollas…
Akane se llevó la mano a la boca, ocultando la sonrisa y el gesto de asombro.
- Habla bien, anda… Nomura tampoco es alguien a quién quiera imaginar haciendo “eso” – sintió escalofríos al remarcar la última palabra – Dios, prefiero imaginarte a ti con Ranma… - hizo como que se metía los dedos en la boca, simulando un vómito.
- ¿Pues sabes que dicen que la tiene grande?
Akane empezó a carcajearse a viva voz. Las lágrimas empezaron a saltársele. Sarah era prácticamente monotema; lo trataba de forma tan inteligente y natural, que era como si estuvieran hablando del último vestido que se hubiera comprado. Tenía una manera de decir las cosas que la hacían retorcerse en risas. La mujer que había delante de ellas se dio la vuelta observándolas con curiosidad.
- ¿Y la quieres probar acaso?
- ¿Tan mal gusto crees que tengo? – Sarah se hizo la ofendida – La cara de Namura parece un Picasso ¡Horrible! – Se aclaró la garganta – Además, Nico está bastante bien… y lo se de buena tinta por que me lo han corroborado otras mujeres… ¡Ah! – exclamó con retintín - Ni te imaginas la de miraditas que algunas le lanzan cuando salimos por ahí… - levantó los hombros - Supongo que no eres la única que tiene a un bombón como amante…
- Yo nunca afirmé lo contrario, es más, siempre dije que Nico me parecía muy atractivo – silencio – Además ¿Qué importa? Te quiere y te hace feliz ¿No? Qué más da si es más o menos guapo…
- Sí, bueno, supongo que tienes razón… - murmuró como no queriendo profundizar demasiado en el tema - Todavía me acuerdo de aquel muermo de novio que te echaste hace tantísimo tiempo. El cerdo ese… ¡Qué desgraciado! – gritó con desprecio, haciendo que algunas personas se girasen a verlas. Personas que, por supuesto, ellas ignoraron por completo – Encima de feo, un cabrón de tres pares de…
- Calla – dijo Akane paciente – No quiero recordar nada de esa época – desvió la mirada a la dirección contraria en la que se encontraba Sarah. Sintió un escalofrío y se encogió – Aquí hay cola para rato – susurró, cambiando radicalmente de tema, volviendo la vista sobre su amiga – Voy a ese bar de enfrente a por unos cafés, para evitar morir congeladas.
- Buena idea – afirmó Sarah. Akane empezó a moverse para irse en busca de las bebidas calientes pero ella la detuvo antes de que se fuera – Oye Akane perdona que te haya recordado a…
- No importa – la interrumpió con una sonrisa – Si en el fondo lo tengo superado, pero no puedo evitar sentir rencor hacia él – torció los labios - Eso me pone de muy mal humor… - y a continuación con un tono de voz muy jovial dijo - ¿Solo o con leche?
Al cabo de un par de minutos Akane llegaba a la fila con dos vasos de plástico llenos de humeante café caliente. Eso sí, alguna que otra persona gritó algún que otro improperio al creer que se estaba colando. Por supuesto, ella se limitó a caminar y a ni siquiera mirarles ni dirigirles la palabra.
- Engendros del demonio – masculló al llegar junto a Sarah – Cree el ladrón que todos son de su condición – le ofreció el vaso.
- Te dije que era peor que las rebajas. Gracias – agregó dando un gran trago de café - ¡Uff, está ardiendo! Ten cuidado no te quemes…
En silencio, ambas esperaban dando pequeños sorbos al cálido líquido. Al cabo de unos minutos, una chica de unos veinte años aproximadamente pasó por el lado de toda la cola de gente. Algunas mujeres, entre ellas Akane y Sarah, se quedaron de piedra al verla con tan poca ropa con el frío que hacía y observaron, resignadas, como algunos hombres no le quitaron la vista de encima. Estando prácticamente babeando. Claro, iba vestida con una mini-falda, medias, unas botas oscuras y una pequeña cazadora que le llegaba a la cintura…
- Seguro que más de uno la tiene dura… - murmuró Sarah con desprecio
- Corrección, seguro que TODOS la tienen dura… - bebió un poco más de café - No puedo creerlo – respondió muerta de frío – Con cosas como esta la balanza de mi creencia sobre quién es más tonto, si el género femenino o el masculino, se iguala sorprendentemente a la perfección para deshonra del mío.
- Algunos especimenes del nuestro desde luego que nos dejan en mal lugar a las demás – Sarah se asomó, intentando ver a la chica de nuevo - ¿A quién se le ocurre con este tiempo ir con mini-falda? Yo fui joven y me encantaba gustar a los hombres, como ahora, pero tenía al menos un mínimo de cordura.
- Yo voy abrigada hasta las orejas y aún así tengo frío… No me quiero imaginar como andará ella… Está claro quienes son los que cortan el patrón en esta sociedad… Y lo imbéciles que llegan a ser algunas por ganar puntos en el sexo opuesto - decía con cierto recelo, bebiendo un sorbo de café.
- Llevará otra cosa caliente, porque si no, no me lo explico… - Sarah también bebió – He pensado en hacerme una lipo-escultura – soltó de repente como si hablase del tiempo
- ¿Perdón? – Preguntó con asombro Akane, abriendo los ojos como platos - ¿Te has vuelto loca? – Sarah rió - ¿O te has dado un golpe en la cabeza y te has quedado sin materia gris? - Y desvió la vista, pensativa, como si estuviese hablando y reflexionando para sí misma - ¿O quizá te han absorbido el cerebro? – De repente se giró hacia Sarah y chasqueó los dedos, como habiendo encontrado la solución - ¡Ya lo tengo! Están experimentando contigo en algún laboratorio médico y te han dejado sin neuronas.
- ¡Qué va! – Dijo ella empujándola con la cadera de forma cariñosa - Solo que ya me cuesta muchísimo perder kilos y me sobran unos poquitos, así que… ¿Por qué no? Además, así de paso me retoco un poco el culo, que lo tengo algo caído…
- Pero Sarah ¿Tú te has mirado bien? – su gesto ahora era una mezcla de seriedad y asombro. No podía terminar de creerlo – Estás perfecta. ¡No digas tonterías! No te sobra ni te falta nada.
- Akane, tengo cuarenta años – sonó tajante – Si tú tardas un mes en perder cinco kilos, yo tardo lo mismo para perder quinientos gramos… ¡Es frustrante! Ya sabes que estuve en el gimnasio un tiempo y no conseguí nada. La única solución que me queda es recurrir a la cirugía estética. Y si me lo puedo permitir ¿Por qué no?
- ¿Lo haces por ti o lo haces por gustar a los hombres o concretamente a Nico? – Akane frunció el ceño, los labios y cruzó los brazos – Mira, si supiera a ciencia cierta que lo haces para sentirte tú mejor, casi no te pondría pegas, porque ya sabes mi opinión respecto a que alguien se meta en un quirófano por que sí, sin su vida corriendo peligro. Pero es que me da la sensación de que lo vas a hacer para gustarle a él, no por ti. ¡Hace un segundo estábamos criticando a esa chica por algo parecido!
- ¡Akane, por favor! ¿A estas alturas estamos así? Si lo hago es por mi, no por él – Sarah miró hacia otro lado – Simplemente quiero quitarme unos kilos de más y ya he probado de todo – volvió a encararla – Miles de dietas, hacer ejercicio, subsistir a base de hierbas – iba contabilizando las opciones con los dedos - ¡Y nada, sin resultado! La única manera viable es con la cirugía estética…
- ¿Y si tardas dos meses más de lo que has planeado qué más da? – Akane se sentía impotente - Puedes seguir haciendo dieta y ejercicio y al final terminarás perdiendo los kilos que quieras – casi estaba suplicante - Y no necesitas meterte en un quirófano. ¡Por favor Sarah, piénsatelo bien!
- Si ya lo tengo muy pensado, Akane – Se escucharon algunas voces en la parte de atrás de la fila de gente - Por eso no quería decírtelo – murmuró con cariño - Por que ya se lo que opinas de los quirófanos y sabría que te opondrías a que lo hiciera…
- Es que lo veo innecesario – decía remarcando la poca gracia que la hacía la idea – Estás bien. Por que mira…
- ¡Anda jefe si sabes que no he hecho nada! – oyó la queja de un hombre detrás de ella.
- Si tuvieras sobrepeso podría comprender que te sometieras a alguna operación de reducción de estómago y a las lipo-esculturas necesarias. Porque ahí ya entra el factor salud. – Akane observaba con curiosidad el gesto tan extraño que tenía Sarah
- ¡Deja de quejarte y anda! – volvió a escuchar la voz de un hombre con tremenda autoridad, cerca de dónde ellas estaban.
- Pero si es algo estético, no estoy a favor de que lo hagas – Akane se quedó mirándola seriamente. Estaba comenzando a creer que no la estaba haciendo ni puñetero caso. Eso la invitó a elevar un poco más la voz - Porque es que además los kilos que dices que te sobran yo no los encuentro por ningún lado…
- Sí, sí claro… - Sarah la cogió de los hombros - … pero mira eso – y la giró sobre sí misma, de improvisto y con energía, noventa grados.
- ¡No me lo puedo creer, sabes que no he hecho nada! – gritaba a pleno pulmón un hombre de mediana edad, esposado y custodiado por dos hombres trajeados.
- ¿Quién dice lo contrario, Nagase? – replicó con hastío uno de ellos - ¡Muévete, hazme el favor! – le empujó para que siguiera caminando.
Akane estaba de piedra. No podía dar crédito a lo que veía. Aunque tenía a los hombres a menos de cinco metros, le era imposible creerse lo que tenía delante de sus propias narices. Sentía las manos de Sarah sobre sus hombros y no necesitaba mirarla para saber que ella también se encontraba en una situación mental del estilo. Sintió rabia, ira, decepción, aturdimiento. Se sintió perdida. Repentinamente, y de manera preocupante, unos instintos asesinos desconocidos con anterioridad afloraron en ella. Apretó los puños bajo las mangas del abrigo y creyó por un instante que se clavaría sus propias uñas en las palmas de las manos. Ambas siguieron con la mirada la estela de los hombres, que empujaban al que llevaban esposado con ahínco, ya que el detenido parecía resistirse. Cuando se perdieron tras las puertas de la comisaría, Akane pareció reaccionar.
- Dime que no es cierto – susurró con la vista perdida al frente y el rostro pálido – Dime que lo que he visto ha sido producto de mi imaginación…
- Pues o somos muy imaginativas las dos… - dijo dándole la vuelta a Akane como si de una muñeca articulable se tratase - O entonces estás saliendo con un tío repetido – dijo con los ojos como platos.
- ¿Eran azules? – preguntó con un gesto que se podría denominar como indescifrable
- ¿Qué?
- Los ojos – dijo como si estuviese hablando con alguien que no entendía su idioma, gesticulando sobremanera y con una pizca de desprecio - ¿Eran azules?
- Erm… - Sarah dudó unos microsegundos - ¿Sí? – respondió con temor
- ¡LE MATO! – Gritó estridentemente, haciendo que todo el mundo la mirase - ¡LE MATO, LE MATO! – se salió de la fila, como movida por un resorte y echó a andar hacia la comisaría con esos recién sentidos instintos asesinos deseando ser estrenados sobre un único objetivo.
- ¡Akane espera, espera! – gritaba Sarah corriendo detrás de ella.
La gente de la cola empezó a gritar varios improperios de tonos mayores. Y a medida que más improperios gritaban, los instintos de Akane crecían y crecían. A punto estuvo de rugirles. Abrió la puerta y se introdujo en el edificio. Subió las escaleras marcando cada paso con rabia.
- Akane, tranquilízate – rogaba Sarah conociendo el temperamento de su amiga y llevándola el paso – Por favor, tranquila…
Al llegar al final de las primeras escaleras, vio subir a esos dos hombres con el detenido por otra escalinata que estaba al final de un largo pasillo. Inició el camino para ir tras ellos pero un policía se interpuso de improviso en su camino.
- Disculpe señorita, no puede pasar por ahí – dijo serio, con voz tosca y remota.
Akane se rió con amargura. Una risa extremadamente forzada que rayaba el delirio.
- Ya, perdone, pero mire es que tengo que hablar con ESE – señaló con el dedo hacia el final del pasillo – hombre de AHÍ – el policía ni siquiera se giró.
- Lo siento, pero eso es imposible. Si necesita realizar algún trámite debe…
- ¡No debo nada! – gritó con exasperación.
Varias personas que estaban en las escaleras miraron hacia ellas dos y el guardia. Otros de algunas salas que había a los laterales de la entrada comenzaron a interesarse por lo que allí ocurría. El hombre arqueó una ceja y entre-cerró los ojos.
- Verá agente – Sarah se interpuso con una enorme sonrisa entre el hombre y una Akane que expulsaba veneno y echaba humo – Es que mi amiga cree conocer a ese hombre y es muuuy importante que lo corrobore ¿Sabe?
- Ese no es asunto mío señorita. Ustedes no pueden pasar por ahí. Les pido amablemente que vuelvan a la cola si necesitan realizar algún trámite oficial o que pasen a esa sala si necesitan presentar una denuncia.
- ¡MIRE! – Akane sobrepasó a Sarah echándola hacia un lado con intensidad – ¡No venga ahora a decirme que no puedo hablar con el hombre con el que me acuesto cada noche! – Se escucharon varios murmullos
- Señorita, por favor… - dijo el hombre arrastrando cada sílaba
- ¡No, no, escúcheme! – Ordenó apuntándole con el dedo índice, como método de intimidación - ¡Se supone que tendría que estar en un viaje de negocios en la otra punta del mundo! ¡Pero NO! – Notaba como si el corazón quisiera salírsele del pecho – Vengo a tramitar unos simples papeles ¿Y qué me encuentro? – Dijo indignada
- Akane, por favor… - susurró Sarah entre avergonzada y asustada. Ésta observó como el policía se llevaba la mano hacia la parte trasera del pantalón y como algunos policías más uniformados comenzaban a acercarse hacia la escena. Con los ojos abiertos como platos, intentó sacarla de allí - ¡Akane, para por favor! – La agarró del brazo y tiró un poco de ella - Discúlpela, de verdad. Está en tratamiento, por los nervios… - se excusaba ante el hombre con temblorosa voz
- ¡Déjame Sarah! – se deshizo del agarre de su amiga y volvió a reclamar con desparpajo y hablando con grandísima velocidad al policía que tenía en frente - ¡Pues me encuentro qué en vez de estar trabajando en lo que se supone que tendría que estar trabajando está empujando a un hombre esposado dentro de una comisaría! – Posó las manos sobre las caderas - ¿Usted cómo reaccionaria si de repente descubriera… - y volvió a señalar con el dedo índice al hombre - …que la mujer con la que se acuesta y mantiene una relación en vez de trabajar de secretaria, que es en lo que le había hecho creer que trabajaba, lo que está haciendo es prostituirse? ¿Eh?
De repente el hombre tiró de una de sus muñecas y la aplastó contra una pared, con brusquedad y delicadeza al mismo tiempo evitando así hacerla daño.
- Queda detenida por alteración del orden público – sentenció esposándola – Y por desobediencia a la autoridad – la empujó, despegándola de la pared – Creo, señorita – dijo con sarna - …que ahora si puede caminar por ese pasillo
Akane no respondió. Se limitó a caminar por dónde el hombre la había indicado.
- ¡Dios Mío! – grito Sarah tapándose la boca, sin todavía asimilar lo que acababa de suceder en los pasados diez minutos. Miró hacia los lados, buscando alguien que pudiera socorrerla.
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