- CAPÍTULO 7 –

Primera Parte

 

Ranma había despertado con la primera luz de la mañana. Miró la hora en el reloj de la mesita de noche de Akane, hacía tres horas que se habían quedado dormidos. A ella le sedujo antes la idea de dejarse arrastrar al país de los sueños… aunque intentó luchar por permanecer despierta. Siempre recordaría la manera en que se había ido quedando dormida poco a poco entre sus brazos, como le pesaban los párpados y como se acurrucaba inconscientemente sobre él. Era un ángel, sin duda alguna.

Hablaron y rieron durante varias horas la noche anterior. Hicieron comentarios sobre la familia, del trabajo, de sus gustos literarios, musicales, su forma de ver y entender la vida, incluso de política. Evidentemente no profundizaron demasiado en los temas, pero trataron de todo un poco, conociéndose así algo más.

 

Ranma se deslizó despacio fuera de la cama, con sumo cuidado, para no despertarla. Caminó hacia la mesa en donde Akane tenía el ordenador.  Observó algunos papeles que tenía sobre ella y leyó algunas de las notas que había allí. Eran anotaciones sobre artículos, por lo que pudo deducir. Después fue a por su camisa y mientras se la ponía regresó al escritorio, cogió un trozo de papel y un bolígrafo y comenzó a escribir, con la mano izquierda.

 

Ella se había despertado cuando le extrañó a su lado. Le vió caminar hasta el escritorio y comenzar a escribir algo. Recordó la maravillosa noche anterior y deseó pasar más noches así en su vida, junto a él.

 

         - ¿Dónde vas? – preguntó ella, removiéndose entre las sábanas. Él dejó de escribir y enfocó su vista sobre Akane.

 

         - Hola preciosa… - susurró acercándose a la cama - … siento haberte despertado… - se sentó a su lado y la acarició la mejilla

 

         - No importa… - se acurrucó en la almohada, suspirando. 

 

         - Tengo que ir a correr con Kira y luego resolver unos asuntos… ¿Te apetece quedar para comer?

        

         - Vale. – Respondió con una sonrisa - ¿A qué hora?

 

         - Sobre las… - volvió a mirar el reloj de la mesilla - … ¿Dos? De todas formas te llamaré cuando venga a casa…

 

         - Me parece bien… - volvió a removerse. Recibió un beso en la frente, que la hizo abrir los ojos sorprendida.

 

        - Sigue durmiendo… - caminó con dirección a la salida y antes de marcharse de la habitación la susurró - …que descanses...

 

Al cabo de unos segundos Akane escuchó la puerta cerrarse. Se estiró en la cama y suspiró feliz, con una gran sonrisa en los labios.

 

 

 

Eran las once de la mañana. Habían pasado tan solo cuatro horas desde que Ranma se había marchado y ya le estaba echando de menos.

Se preguntó por qué la primera etapa de una relación era tan intensa. Por qué cuando uno no se conoce desea por encima de todo estar con la otra persona, de adorarle y hacer cualquier cosa por él ó ella y sin embargo, a medida que la intimidad es mayor, que se pasa más tiempo junto a la pareja y se conoce más a fondo, toda la intensidad se transforma en conformidad. ¿Por qué ocurría de esa manera? ¿Es que acaso una vez que conocemos lo que creemos es un todo de una persona, deja de interesarnos? ¿Por qué la fogosa pasión de los primeros encuentros sexuales dejaban de estar presentes, pasado un cierto tiempo que podría llamar prudencial?

Por supuesto, esperaba que a ella eso jamás le ocurriera.

 

Había quedado a las once en la cafetería “High-Tech” con Sarah y Diana. Después de unos días, iban a reunirse de nuevo las tres a tomar algo a la vez que conversaban de “cosas de mujeres”.

Mientras caminaba con rumbo al café, iba pensando sobre si contarles o no su excitante cita. Si bien Akane por una parte estaba deseando explicarlas con pelos y señales que esa misma noche acababa de perder su virginidad regenerada durante un par de años, también tenía sus dudas al respecto. Ella era la primera que siempre había seguido las reglas femeninas al pie de la letra y había quebrantado una de las más importantes en lo referente a las citas “no acostarse con él antes de la tercera a no ser que quieras que pierda el interés por ti”. Ya podía imaginarse sus reacciones: “Akane estás loca, si ese tío te gusta no deberías haber hecho eso” “A los hombres no les gustan las mujeres fáciles para una relación estable, tendrías que haber esperado” y más comentarios del estilo acompañados de unos ojos como platos y gestos grotescos. El problema, es que ellas no habían tenido ESA cita con ÉL. Ni tampoco habían sido seducidas de esa manera. Y tampoco sentían esa necesidad sexual que ella si padecía, ya que Sarah tenía a su ex-marido y Diana a su prometido. ¿Tenía ella a alguien real para desfogarse? No. No, hasta ahora.

 

Entró a la cafetería y las buscó con la mirada. No vio a nadie y miró su reloj de pulsera. Como siempre, había llegado antes de hora.

Buscó una mesa en donde sentarse que estuviera más o menos aislada del resto; aunque iba a intentar no decirles nada respecto a que se había acostado con él, no podía prometerse a sí misma que fuera a conseguir no hablar de ello… Así que mejor estar en una mesa en donde solo unos pocos, preferiblemente nadie, escuchasen el sermón que le iban a dar.

 

Nada más sentarse apareció el camarero.

 

         - Bueno días, ¿Qué desea tomar?

 

         - De momento un té con limón, por favor – Akane se quitó el abrigo y lo dejó caer en la silla de al lado mientras el camarero iba a por su pedido. Sacó el teléfono móvil de uno de los bolsillos y lo dejó sobre la mesa.

 

Pasaron un par de minutos hasta que llegó Sarah.

 

         - ¿Aún no ha llegado Diana? – se sentó frente a ella y dejó su abrigo encima del de Akane – Madre mía, que frío hace hoy – se frotó las manos.

 

         - No todavía no. ¿Un poco de té? – le acercó la taza humeante

 

         - Ahora pido yo uno – se asomó buscando al camarero - ¿Cómo te has sentado aquí? Normalmente nos ponemos al lado del ventanal…

 

         - Aquí también se está bien y mucho más calentito… - mintió escondiendo la mirada en el té dorado de la taza.

 

         - Sí, eso es cierto… - le hizo una seña al camarero y pidió otro té con limón. Aclarando que por favor, el agua estuviera prácticamente hirviendo – No soporto cuando te traen un té templado.  Claro como ellos no están fuera no vienen con frío de tres pares de narices. ¿No se dan cuenta que cuando entramos aquí parecemos el imbécil de Rudolph?

 

         - No te metas con el pobre venado, que no te ha hecho nada.

 

En ese momento apareció Diana por la puerta. Con las manos metidas en los bolsillos y la cabeza escondida como una avestruz entre el cuello del abrigo.

 

         -¡Brr, qué frío! – Se dejó caer en la silla, sin quitarse el abrigo - ¿Cómo han podido bajar tanto las temperaturas? ¡Ayer podías ir en manga corta!

 

         - Eso nos pasa por vivir en esta parte del planeta, si nos fuéramos al trópico nos moriríamos de calor todo el año. Podríamos ver cuerpos esculturales fuéramos donde fuésemos – dijo Sarah apoyando los codos en la mesa  y la barbilla sobre las manos, con gesto soñador.

 

         - Eso si no te trae de vuelta un tifón o un huracán hasta esta otra parte del planeta – Akane sonrió. La idea del trópico estaba bien a su juicio, pero solo para unas vacaciones.

 

         - ¡Qué trágica Akane! – dijo Diana entrando en calor poco a poco – Pues entonces busquemos otro sitio del globo para vivir sin estos fríos.

 

         - Hungría – Exclamó Sarah

 

         - ¿Estas loca? – Akane la miró con la mandíbula desencajada – En Hungría la media está en veintiún grados en verano y cero en invierno.

 

         - ¿Korea? – sugirió Diana

 

         - Demasiada humedad, la ropa se te quedaría pegada al cuerpo como una lapa... Horrible.

 

         - Sugiere alguno tú, tanto qué sabes de temperaturas terráqueas.

 

         - Italia – le salió espontáneamente, sin pensarlo.

 

         - ¿No hace mucho calor en verano por allí? – dijo con tono burlesco Sarah

 

         - Y lo peor, son veranos secos… te ahogarías en dos segundos casi seguro – agregó Diana convencida.

 

         - Es un clima más parecido al nuestro en verano que cualquiera de los dos que habéis sugerido vosotras… - Akane bebió un poco de té - … Ahora tengo calor – susurró.

 

El camarero llegó con el té de Sarah. Diana pidió un café solo y Akane pidió otro.

 

         - Tengo noticias, chicas. Es muy posible que me asciendan en un par de semanas…

 

         - ¡Eso es genial Sarah! – exclamó Diana aplaudiendo

 

         - ¡Enhorabuena, cielo! – se sumó Akane a la alegría - ¿Te lo han confirmado ya?

 

         - Bueno, no, aún no la verdad. – De repente se quedó mirando a la mesa -  Pero soy la única que podría ascender por muchos factores: antigüedad, experiencia, ritmo de trabajo… además de todo el papeleo importante que llevo. Papeleo que solo recaería en manos de alguien responsable. Es decir, yo. Así que…

 

Diana y Akane se miraron. Sabían las ganas y lo bien que se merecía Sarah su ascenso y el consecuente aumento de sueldo. Pero sabiendo, por lo que ella había comentado, como era su jefe directo, lo tenía un poco complicado.

El camarero entró de nuevo en escena y les sirvió los cafés. Cuando se marchó siguieron con la conversación.

 

         - Bueno, entonces pronto tendremos que preparar una fiesta en condiciones, por todo lo alto, para Sarah... – dijo Diana

 

         - Yo ahora mismo propongo un brindis por ese pedazo de aumento que va a conseguir en un par de semanas…

 

Levantaron las tazas, las juntaron haciendo que resonaran y después bebieron un poco de cada una.

 

         - Nada… - susurró Sarah casi quemándose la garganta - … Esto hay que hacerlo con una copita de Whisky o Martini…

 

         - Deja eso para más tarde o para el día de la fiesta. A las once de la mañana a mi no me entra ni una gota de alcohol en el cuerpo… - aclaró Diana moviendo las manos negativamente y echándose hacia atrás. Al dejarse caer contra el respaldo se quejó - ¡Auch!

 

         - ¿Qué te pasa? – preguntó Akane curiosa

 

         - Yo creo que he dormido mal, me duele la espalda… - explicó mirando a la taza de café y acariciándose la parte de atrás - … ya se pasará…

 

         - Eso seguro que ha sido que tu y Mike habéis hecho alguna posturita fuera de lo común y al no estar acostumbrados así os pasa… - Sarah apretó los labios conteniendo una carcajada

 

         - No, para nada – la miró inquisidora – Nosotros somos muy normales, no como otros… - le sacó la lengua

 

Y Akane se mordió la suya. El tema del sexo era mejor ni tocarlo…

 

         - ¡Por cierto! – gritó de repente Sarah, haciendo que Akane se atragantase - ¿Qué tal tu cita con el vecinito?

 

         - ¿Quieres matarme o qué? – dijo limpiándose con una servilleta de papel y dejando la taza encima del platito.

 

         - ¡SÍ! Cuéntanos, cuéntanos… - a Diana le cambió por completo el gesto - ¿Qué tal te fue?

 

         - Pues muy bien – Akane se irguió y se apoyó en la mesa - … Fuimos a ver ‘Hamlet’, por cierto os recomiendo que vayáis por que es un montaje sensacional – aclaró bajando el tono de voz – y luego fuimos a D’Angello a cenar.

 

         - ¡D’ANGELLO! – Sarah se llevó la mano sobre le pecho - ¡Dios! Es un sitio carísimo… Aunque para la primera cita está bien impresionar… - miró a Diana esperando su confirmación, la cual se la dio asintiendo con la cabeza.

 

         - Bueno ya os dije que es empresario… Trabaja para Panasonic y es el mandamás de la división de cierre de contratos y negocios.

 

         - ¡Encima con dinero! No, si aquí la amiga no habrá encontrado en tanto tiempo a ninguno, pero cuando se decide a buscarlo no se conforma con cualquier cosa. – esa fue Diana, con cara de sorpresa.

 

         - Yo no le busqué, simplemente apareció… - se defendió y con una pícara sonrisa agregó - … en frente de mi puerta…

 

         - Bueno, vale, deja de darnos envidia… - intervino Sarah - … y cuéntanos más. ¿Está duro o flácido?

 

         - ¡¿Qué clase de pregunta es esa!? – gritaron Diana y Akane al mismo tiempo, lo que provocó la risa de las tres.

 

         - Hija, quiero decir… ¿Está cachas, de buen ver… O es del montón tirando hacia abajo?

 

         Se hizo el silencio. Diana y Sarah la miraban expectantes y ansiosas. Ella buscaba la palabra adecuada para describirle.

 

         - Indescriptible… - susurró ella

 

         - ¡Buf! – Sarah se abanicó con la mano - ¡Creo que voy a llamar a los bomberos! ¡Vais a prender fuego al edificio cuando os acostéis!

 

Mientras Diana chocaba las palmas con Sarah en señal de victoria, Akane observó el de repente atrayente color negro del café.

 

         - Es divertido, inteligente… - comenzó para que dejaran de llevar el tema por allí - …y se portó maravillosamente bien conmigo. Fue increíble, por que, sentí que conectábamos tan bien... – “Y tanto, guapa” agregó su mente - Creo que me repito un poco hablando de él, además es que siempre digo lo mismo…

 

         - Si a nosotras nos encanta que lo hagas ¿Verdad Diana?

 

         - Por supuesto. Venga, dinos más. Que tenemos que sacarte las cosas de entre las muelas con bastoncillos para los oídos.

 

         - Es que no se qué más contaros… - “Oh si, como si no hubiera algo importante que contar ¿verdad?” volvió a recordar su mente - …Bueno a ver… Tiene dos hermanos, uno mayor y una hermana pequeña.

 

         - Bien, bien, hablar de la familia es bueno. Significa que quiere que le conozcas… - se apresuró a comentar Sarah.

 

         - Y… - las miró a las dos rápidamente. Parecían cazadoras al acecho de su presa, apoyadas en la mesa y echadas hacia delante - … es italiano – terminó.

 

Las mandíbulas se les desencajaron.

 

         - ¡Será perra, por eso ha dicho Italia antes! – Sarah echó la cabeza hacia atrás riéndose.

 

Diana tenía una mirada indescifrable.

 

         - Bueno, NO es del todo italiano, su madre lo es. Y él sabe italiano y alemán. Por cierto… – ladeó la cabeza y sonrió – no sabía que el italiano fuera tan sensual. Nunca me lo había parecido.

 

         - A ti lo que te pasa es que te parece sensual en él, guapa – dijo saliendo del shock Diana – Seguro que si yo te hablo en italiano te ríes de mi…

 

         - Es una respuesta razonable – dijo Akane bebiendo café después – Y hemos quedado para comer hoy, dijo que me llamaría durante la mañana.

 

         - Uhh…Va en serio… ¿eh? – Afirmó Sarah – Agárrale, no lo dudes mucho. Por que mira, en un futuro si no te satisface sexual o emocionalmente, al menos tienes dinero que gastarle.

 

         - No soy así Sarah… - se medio quejó Akane por el concepto que su amiga quería imponerla sobre las relaciones.

 

         - Cuando te engañen lo serás…

 

         - ¿Quieres dejar eso? – Diana la miró afectada – NO te engañó. Vale que habéis vuelto apenas hace un mes y todo está muy reciente, pero a ver si te entra en la cabeza que ÉL NO TE ENGAÑÓ…

 

         - Pues ya nos contarás qué tal os va en la comida, entonces – agregó Sarah haciendo que ignoraba a Diana.

 

         - ¿Pagará él no? Quiero decir, QUE PAGUE ÉL, que para eso es el rico.

 

         - Diana, yo también tengo dinero. Puedo pagarme mi plato de comida y el suyo también, Gracias.

 

         - Si lo digo por que a eso, se le llama cortesía y caballerosidad.

 

         - A eso se le llama machismo embotellado en frasco de mujer, cariño – Sarah la abrazó sonriéndola – Pero si él insiste en pagar, déjale. A los hombres les hiere el orgullo querer invitar y que ella no les deje…

 

         - No te preocupes, si él insiste, él paga. – afirmó Akane. Y era lo que pensaba hacer, no mentía.

 

       - Generalizando el monotema – ahora fue el turno de Diana. Se irguió y frunció un poco el ceño mientras lanzaba la pregunta - ¿Por qué los hombres intentan arreglarlo todo con el sexo?

 

Ahí estaba otra vez, la indeseable palabra de esa mañana.

 

        - Por que es su única arma, ya que el cerebro no les funciona – dejó caer Sarah, como si fuera la verdad absoluta del mundo. Akane rió.

 

          - No, en serio ¿Por qué lo hacen? Ayer Mike y yo discutimos por la tarde – su voz se quebró, un poco - …y quiso arreglarlo con sexo.

 

          - Ahora que lo dices, el imbécil de Nico también lo hace… ¿Alguna explicación razonable para esto Akane?

 

           - Nunca había pensado en ello – Meditó un poco -. Supongo que tendrá algo que ver con los instintos. Es posible que esa sea la manera que tienen de pedir perdón. Puede que en parte sea por que ellos tienen menos capacidad de expresión que nosotras y se bloquean antes y prefieren hacerlo de un modo físico, cuerpo a cuerpo, que se les da mejor.

 

         - ¿Eso será un derivado de sus instintos de lucha por saber quién se lleva el harén? Por lo de cuerpo a cuerpo… - sugirió Diana

 

          - No se… - respondió Akane bebiendo lo último que quedaba de su café.

 

         - Eso son los instintos del mono. – Akane y Diana empezaron a reír - Han desarrollado la capacidad de comunicarse con gestos y sonidos grotescos cuando quieren algo, pero no lo han hecho por que no puedan hablar no, si no por que son vagos. Así son los hombres.  Pueden follarte, unos mejor que otros, te harán caso en lo que les digas, pero no esperes que se comuniquen contigo de una forma verbal… ¡No! Eso nunca.

 

         - Puede que tengáis razón… - dijo Akane aún con una sonrisa en los labios y recordando lo bien que se había comunicado con ella cierta persona… Siempre tenía que haber una excepción a la regla ¿no? – Quién sabe…

 

         - Lo que está claro es que los hombres vienen de otro planeta… Por ejemplo ¿Nunca os ha pasado que vienen enfadados del trabajo y lo único que quieren es follar? – Sarah se sorprendía más a medida que avanzaba en la pregunta – Yo llego enfadada del trabajo y lo único que quiero es darme una buena ducha y aislarme del mundo hasta que se me pase, o si no hablar con él o con una amiga y desahogarme, pero ellos no, ellos quieren sexo…

 

Akane ya ni siquiera escuchaba el argumento, sus oídos y su cerebro se habían empeñado en comprender nada más que las palabras “follar” y “sexo”.

 

         - ¡Es verdad! A Nico le pasa exactamente lo mismo. Y cuanto más malo haya sido el día, más ganas tiene. Y no creas que revolotea o algo para hacerme cambiar de idea aunque yo no quiera, no, directamente a meterme mano, sin siquiera haberme saludado.

 

         - Eso debe ser la dichosa testosterona, por que no puede haber ninguna explicación lógica a eso. O viene encendido en modo sexual o viene en modo “peleón”. Como me descuide, algún día de estos en que llega así a casa se liará a puñetazos con la lámpara de la mesita de noche…

 

Diana rió y Akane ya no aguató más.

 

         - Me he acostado con él – masculló sin mucho ánimo. Algo de lo que se sorprendía por que había sido su mejor experiencia sexual.

 

         - ¿Perdón? – dijo Sarah descolocada por el repentino cambio de conversación y por la suculenta información que acababa de recibir.

 

         - ¿¡Te has acostado con él?! – Diana se había quedado prácticamente de piedra-  ¡Pero Akane, si solo habéis salido juntos una vez! ¿No decías que te interesaba?

 

         - ¿Has oído algo de lo que dije antes, Diana? – Alegó en su defensa – Sarah, tu misma has dicho que si me hablaba de la familia es que iba en serio ¿verdad? – de repente la asaltó la duda.

 

         - Sí, pero una cosa es que tengáis una cita y habléis de las familias y cada uno a su casa y otra muy distinta es que te hable de la familia y acabaseis en la cama. – Silencio - Yo he sido bastante promiscua antes de casarme y cuando te acuestas con un hombre en la primera cita ya no te ven de la misma manera cielo, créeme.

 

         - Ya, pero vosotras no habéis tenido la cita que tuve yo y tampoco le conocéis. No conversasteis con él, no visteis como nos mirábamos, las caricias, los gestos, la complicidad… es algo que nunca he tenido con ninguna de mis anteriores parejas. Y dudo mucho que alguna vez un hombre os haya seducido de la manera que él me sedujo a mi… - hubo uno par de segundos más de silencio - ¡¡Y tuve el mejor orgasmo de toda mi vida!! – exclamó cerrando pesadamente los párpados y abriéndolos repleta de euforia al recordarlo - ¡Por Dios, fue increíble!

 

         - Akane mira – Sarah estaba más seria de lo habitual – …espero que esto vaya en serio por que te veo más ilusionada de lo normal con un hombre al que apenas conoces o que estás empezando a conocer. Lo único que no quiero es que te haga daño. Si te has acostado con él, me parece perfecto es más lo aplaudo porque era algo que esperabas y necesitabas desde hacía tiempo – Diana miraba Sarah, apretando los labios y asintiendo casi inconscientemente ante esas últimas palabras -…pero ten muy presente que puede que no quiera nada más contigo que sexo o algún encuentro casual…

 

         - Sí, Akane, ten cuidado. Al menos estate prevenida… - Diana la acarició la mano en señal de apoyo.

 

         - Mirad, por lo poco que he visto y fiándome de mi criterio y de sus propias palabras… - suspiró - …es muy directo y dice las cosas a las claras.

 

         - Si, de acuerdo. ¿Y qué? –preguntó Diana sin soltar su mano

 

         - Estamos saliendo - Ambas se la quedaron mirando con los ojos como platos y la boca abierta – Se lo pregunté ¿vale? Le dije que quería saber exactamente a qué atenerme con él. Si esto podía llegar a algo serio o era solo pasajero, un magreo y ya está, para evitar así llevarme el chasco de mi vida. Pero me dejó claro que él quería algo formal conmigo. – Cogió su abrigó y rebuscó en el bolsillo – Estuvimos hablando prácticamente toda la noche y dormimos juntos y… ésta mañana se ha ido por que tenía que arreglar unos asuntos… – sacó un trozo de papel - …y mirad la nota que me ha escrito, aunque me despedí de él antes de que se marchara.

 

Dejó la nota sobre la mesa. Y ésta decía: “¡Buenos Días dormilona! He tenido que irme a arreglar unos asuntos. Volveré aproximadamente a media mañana; te llamaré para quedar y así comemos juntos. Ya te hecho de menos, mia dama.”

 

          - Vaya, vaya… - susurró Diana – Bonita letra…

 

         - Interesante nota… - Sarah la miró seria - Oye, ¿Tiene ese miembro de actor porno con el que decías que habías chocado aquel día? – Aquella pregunta había sido la manera de su amiga de darle el visto bueno. Akane apretó los labios, se sonrojó y afirmó con la cabeza. - ¡Por qué no me lo encontraría yo! – medio gimió poniendo los ojos en blanco, exagerando la situación. Lo que arrancó las sonrisas de sus dos compañeras, que era exactamente lo que pretendía.

 

         - Bueno, todo parece de color rosita chicle. Así que… ¿Cuándo nos lo vas a presentar? – preguntó Diana, haciendo un gesto con la mano que indicaba un claro y simpático “Ni caso” hacia su amiga.

 

         - No corras tanto… - se apresuró a decir Sarah - … dales un respiro. Y si la cosa sigue adelante y les va bien, pues entonces que nos lo presente. Aunque a mi… - sacó la plateada agenda electrónica - …me viene bien cenar con vosotros el próximo sábado ¿Qué tal?

 

Diana echó a reír. Akane se sujetó la frente con la mano y riendo también, movió la cabeza en señal de negación, dejando en el aire un claro “No sé que podemos hacer contigo, Sarah”. 

 

 

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