- CAPÍTULO 7 –

Segunda Parte

 

Con la caja de cereales frente al teclado y una botella de agua a su lado, Akane estaba pegada al ordenador leyendo sus e-mails. Su editor jefe había dado el visto bueno a dos artículos que le había mandado recientemente. Ahora tendría dos semanas cubiertas, más el especial de Navidad.  Por fin había adelantado trabajo. Llevaba tiempo intentándolo y ahora, que se sentía más inspirada que nunca, lo había conseguido.

 

Eran las 12.30 y Ranma aún no había llamado. Mirando al móvil que estaba a su izquierda, se le pasó la idea de descolgar y marcar su número de teléfono. Se frotó los ojos. Estaba teniendo una crisis de histerismo por que él no se había comunicado con ella todavía. Parecía, corrección, se sentía desesperada por escuchar su voz.

Hundió la mano en la caja de cereales sin apartar la vista del teléfono. De repente, el pequeño aparato comenzó a vibrar y a punto estuvieron los cereales de esparcirse por todo el suelo. Colocó la caja sobre la mesa con ambas manos, con visible nerviosismo y comprobó en la reluciente pantalla que era él.

 

         - ¡Hola!

 

         - Hola preciosa, ¿Has dormido bien?

 

       - Sí, perfectamente… - se levantó de la silla y empezó a andar de un lado para otro de la habitación - …aunque me he escapado por ahí a desayunar con unas amigas, tampoco creas que me he levantado mucho más tarde que tú… - se escuchó una sonrisa ahogada - …supongo que estarás hecho polvo.

 

         - No lo supongas – dijo con tono agotado, aunque luego hizo un amago de rectificar y agregó - Tampoco tanto. ¿Lo has pasado bien?

 

        - ¡Sí, claro! Con ellas siempre me lo paso bien. – pensó en decirle que querían conocerle, pero inmediatamente decidió que era mejor no revolucionar demasiado las cosas. Ya iba demasiado rápido todo como para también querer correr con las presentaciones.

 

        - Me alegro. Ahora voy para casa, dejo unas cosas, me doy una ducha y… ¿nos vamos por ahí a comer?

 

         - Genial… - dijo con una sonrisa en los labios - ¿Dónde iremos?

 

         - Ya decidiremos algo luego… Te veo dentro de un rato mia dama.

 

         - Hasta luego… - Akane se quedó con el teléfono pegado al oído hasta que sonó el tono que indicaba que la comunicación había terminado.

 

Cuando regresó al mundo real se dio cuenta de su persistente actitud adolescente. Quería encontrar un por qué a ese nuevo comportamiento que recorría su cuerpo siempre que la situación tratase o le involucrase a él. Se aproximó al “Muro de los Libros”; toda una pared del salón desde el suelo hasta el techo llena de sus mejores amigos fantásticos.  Empezó a buscar el que hacía poco se había comprado en la librería de Sam. Quizá en él encontrara alguna explicación razonable. Lo peor de todo no era encontrar la explicación, ya que ella más o menos intuía lo que le pasaba: estaba enamorada. Lo peor era que no podía terminar de creer que pudiera sentir eso de una forma tan espontánea, repentina e intensa y en tan poquísimo tiempo. Pensó que si comprobaba los síntomas, acabaría por admitirlo, aunque en el fondo no deseaba hacerlo tan pronto.

 

Encontró el libro y se sentó en el sillón que había la lado de la terraza. Cogió la botella de agua y la dejó al lado, en el suelo. Puso los pies sobre el asiento, con las rodillas hacia un lado pero atraídas a su pecho. Se saltó la introducción y comenzó de lleno con el primer capítulo. Pasaron quince minutos, treinta, tres cuartos de hora, una hora, hora y cuarto… Akane seguía nadando entre las letras, sumergida en las páginas.

Se escuchó el timbre de la puerta y con el libro en la mano, esquivando a la perfección todos los obstáculos que encontraba a su paso, llegó hasta la puerta. La abrió y se quedo allí, en el umbral, con el libro como su único objetivo y continuando leyendo sin mirar a la persona que tenía delante de ella.

 

 

Él no dijo nada. La observó de arriba abajo. Con aquella ropa cómoda; un pantalón largo gris marengo, que quedaba holgado en las piernas pero que se ajustaba perfectamente a sus caderas, la camiseta que resbalaba hacia un lado y dejaba a la vista uno de sus sensuales hombros, con ese recogido desbarajustado que solo servía para evitar que el cabello se le fuese hacia delante y con las gafas de media montura de metal negras, le parecía mucho más sensual y tórridamente atrayente que nunca y que cualquier otra mujer en la tierra.

Después de estar durante cerca de diez segundos parado allí, decidió que era momento de recordarla que existía, que estaba en la puerta frente a ella y que ni siquiera se habían saludado.

 

         - ¿Recibes siempre así a todas tus visitas?

 

         - ¿Uhm? – masculló Akane sin apartar la vista del libro. Le hizo gestos con la mano y se dio la vuelta, caminando hacia el interior – Pasa, pasa… Voy a vestirme…

 

Ranma estaba anonadado por la falta de interés que ella estaba mostrando. Se asomó, inclinándose hacia la izquierda, buscando el título del libro con la mirada.  “¿¿Por qué amamos?? Interesante título…” pensó a la vez que se adentraba en el apartamento y cerraba la puerta tras de sí.

De repente, sin esperárselo, Akane se le echó encima. Ella rodeó su cuello con sus frágiles brazos y le dio un fugaz y tierno beso en la mejilla.

 

         - Te he echado de menos… - le dijo retirándose - … Tenía ganas de verte...

 

         - Y yo a ti… - rodeó su estrecha cintura con sus brazos – Aunque he estado a punto de creer que te daba igual que estuviera aquí.

 

         - ¿Soy buena actriz entonces? – se acercó a él, saboreando sus labios con la mirada. Incitándole a que él degustara los suyos…

 

         - Muy buena… - susurró, terminando con la distancia que los separaba. Entremezclaron el placer, la pasión, la sensualidad, el deseo… en un beso que denotaba e irradiaba cálida ternura. Abandonado la embriaguez de aquel contacto… - ¿Qué estabas leyendo? – Ranma se alejó unos centímetros, no quería dejarse arrastrar por la lujuria y menos abordarla tan pronto. Suficiente había sido la noche anterior.

 

         - Uhm… - sollozó ella - … Un libro muy interesante – caminó hacia dentro, con rumbo a la habitación para cambiarse - … se llama ‘Por qué amamos’ y bueno, explicarte el contenido sería un poco absurdo ¿no?

 

         - Sí, un poco… - se paró frente a la estantería de los libros y comenzó a leer los títulos. Llevando la cabeza, cuando era requerido, hacia la derecha y hacia la izquierda, según la manera en el que estaban impresos los nombres - ¿Dónde quieres ir a comer?

 

         - Me da igual… - dijo desde la habitación. Él había aparecido con unos vaqueros y una camisa. Y le sentaban tan bien o mejor que los trajes… Así que ella decidió ponerse un conjunto vaquero, pero de color claro - Por mí una hamburguesa estaría bien… - se puso los botines y se colocó los bajos del pantalón. Corrió al armario a buscar una camiseta. Se vistió con una de color blanco y cogió la cazadora vaquera. Se aseó lo pertinente antes de salir de casa - ¿Qué te parece? – y llegó frente a él.

 

         - Qué estás preciosa – dijo mirándola de lado, con los brazos cruzados. Ella sonrió y el creyó derretirse.

 

         - Me refiero a lo de comer una hamburguesa – se puso la cazadora - ¿Crees que debería cogerme una bufanda? – dijo llevándose una mano a la zona clavicular.

 

         - Lo de la hamburguesa, bien. Es más, prefiero los sitios informales estoy harto de las formalidades. Lo de la bufanda, como tu veas, aunque opino que tendrías calor dentro de un rato.

 

         - Vale, pues sin bufanda – se acercó a la mesa y cogió las llaves, el móvil y la cartera – Podríamos ir al parque y comer allí ¿Qué opinas?

 

 

Salieron de casa y caminaron, él con el brazo sobre sus hombros y ella estrechando su cintura. Apenas hablaron durante el trayecto. Akane tenía un sentimiento extraño, intuía que él necesitaba estar con ella, sentirla a su lado físicamente, pero su mente estaba divagando en otro sitio, meditando sobre algo. Se cruzaron sus miradas y ella le sonrió, un poco. Se sentía molesta por que no sabía si su intuición era verdadera y si era cierta en qué, o más enervante, en QUIÉN estaba pensando.

 

Fueron hasta la hamburguesería que había cerca del parque, compraron la comida y buscaron un banco que estuviera bajo la sombra de uno de aquellos majestuosos árboles. Se sentaron uno frente a otro y la comida la colocaron entre medias.

 

         - Sé que estoy particularmente silencioso – dijo, para sorpresa de Akane que había dejado su hamburguesa a medio camino de su boca – digamos que no he podido arreglar los asuntos que tenía que haber resuelto esta mañana…

 

         - No te preocupes – dijo ella conciliadora –. Todos tenemos nuestros buenos y malos días.

 

         - Pues este no es precisamente de los malos… - la encaró con la mirada, dejando entre-ver algo más de lo que aparentaba a simple vista – así que, imagina como será uno de ellos.

 

         - Prefiero no imaginarlo de momento, quiero seguir idealizándote todavía – le pegó un mordisco a la hamburguesa, masticó y tragó -. Ya tendré tiempo para caerme del burro.

 

         - Gracias – el tono fue con sarna e ironía, pero también dejó escapar alivio - ¿Con quién fuiste esta mañana a desayunar?

 

         - Oh, con Sarah y Diana. Son mis mejores amigas… - Estuvo a punto de decirle que ellas estaban deseando conocerle y ella de presentarle.  Y que si tenía que hacer algo el próximo sábado para concertar una cena con ellas y sus parejas.

 

         - Y ¿Habéis tenido una de esas interesantes “charlas de mujeres”? – enfatizó lo de ‘charlas’ y sonrió de medio lado, mordiendo su hamburguesa.

 

Ella entrecerró los ojos y torció los labios al sentirse parcialmente descubierta.

 

         - Sí, hemos tenido una de “esas” charlas. – contestó con cierto tono de evidencia-reprimenda y cierta sonrisa irónica-feliz en sus labios - Y sí, aparecías tú de por medio, si es lo que querías saber.

 

         - Era una pregunta inocente, solo quería saber si la habíais tenido, no su contenido – ella se ruborizó y el lo notó -. Pero me gusta saber que hablas con ellas de mí, eso está bien.

 

         - ¿Has hablado de mi con alguien? – preguntó interesadísima

 

         - No, no exactamente – pareció habérselo pensado.

 

         - ¿Podrías explicarte un poco más? – frunció el ceño.

 

         - Mi secretaria – dio un trago de agua. Akane observó su nuez, era marcada y poderosa, como todo él.

 

         - ¿Qué le pasa? – preguntó un poco descolocada

 

         - ¿Sabes que el otro día leí uno de tus artículos? Espera… – ella quiso cortarle – no he terminado – y enfatizó su voz, abriendo los ojos un poco más de lo normal y enarcando ambas cejas. Después, continuó con ese tono casual - La revista estaba pasando de mano en mano por las oficinas. Eres muy famosa entre las chicas, por cierto. – Akane rió - Tuvimos una reunión y… en la mesa, junto con los periódicos del día, estaba ‘Kawaii’. Así que, la cogí a escondidas y me la llevé. – Él levanto las cejas y los hombros. Ella supo que aquello significaba “Tocado y hundido” - No soy muy dado a leer ese tipo de revistas… - ¡Bingo! Pensó Akane - Mi secretaria se encarga de filtrarlas antes de que lleguen a mi mesa con los periódicos y revistas que saben que me interesan… Así que, cuando llegué a mi despacho la metí debajo de todo el papeleo del día. Cuando ya estaba desquiciado de revisar carpetas, ficheros, carpesanos y mi cabeza andaba saturada de datos, la cogí y me puse a leer el artículo. He de decirte que me hizo gracia eso de que “mi trabajo es un campo de batalla y yo soy el jefe de un escuadrón sin soldados”. – Ella se ruborizo y rió - El caso, es que Naomi, mi secretaria, me descubrió leyéndola y ésta misma mañana le di tu teléfono para que lo apuntara en mi la lista de contactos preferentes. Técnicamente no he hablado con ella sobre ti, pero a veces no hace falta decir las cosas para darse cuenta.

 

Akane sonreía. Así que él también pensaba en ella durante el trabajo. Además, la había incluido en su lista de contactos preferentes y siendo un jefe de sección seguramente no tuviera muchos de esos contactos; familiares y pocos más.

 

         - Eso es genial…- susurró ella acercándose a él - me alegra ser uno de tus contactos preferentes. ¿Eso me permite poder llamarte en cualquier momento, a cualquier hora aunque no sea una urgencia, y me pasarán contigo? – aquello fue un ronroneo delicioso.

 

         - Si estoy disponible Sí, te pasarán conmigo.

 

         - ¿Sin pedirme explicaciones sobre por qué llamo?

 

         - Sin pedirte explicaciones…

 

         - Uuuhh… - gimió sonriente - … eso me gusta… - le besó rápido, pero desprendiendo pasión y deseo.

 

         - Pero no abuses de ello o haré que te saquen de la lista… - dijo juguetón.

 

         - Soy civilizada, tranquilo. No soy de ese tipo de chicas… - le dio un trago al agua – Cuéntame alguna anécdota de cuando eras pequeño – dijo de repente, de manera espontánea.

 

         - Uhm… - se quedó pensativo - Una anécdota… ¿De qué tipo?

 

         - Pues no se, algo que te ocurriese en clase, con alguien de tu familia, en algún parque jugando… ya sabes, alguna anécdota.

 

         - Mmmm – pareció quedarse pensativo unos segundos y con toda la tranquilidad del mundo, como si le hablara del tiempo, prosiguió - Cuando tenía cuatro años me caí de espaldas contra el suelo, desde un primer piso – arrebujó el papel que recubría la hamburguesa y lo metió en la bolsa. Después la miró. Ella tenía una expresión un tanto curiosa, los labios ligeramente separados y la mirada un poco aturdida.

 

         - ¡Dios! – suspiró - ¿No te pasó nada? – preguntó afectada por la revelación

 

         - No. – Negó al mismo tiempo con la cabeza - Mi madre salió corriendo cuando no me vio en la terraza, donde me había dejado dos segundos antes… Le gritó a mi padre y él también vino corriendo. ¡Hasta mi hermano mayor se acercó! – dijo aquello último con sorpresa e ironía - Estábamos en Italia, construyendo la casa de Trento donde luego viviríamos durante unos… - quedó pensativo - …cinco años más o menos. La verdad es que yo ni siquiera me enteré de que me caí. Hasta que no ví a todos a mí alrededor, no me di cuenta de que no estaba en la terraza.

 

         - Menos mal que no te pasó nada. Menudo susto debiste darle a tus padres… - le dio un golpecito con el reverso de la mano sobre el brazo - No quiero ni imaginarme como me pondría yo si a mi hijo le pasase eso, ni como me sentiría si se hiciera algo.

 

         - Según mi madre… - se sentó más a la orilla del banco de piedra, y llevó los brazos hacia atrás, reposando todo el peso de su cuerpo sobre sus manos que yacían en el borde paralelo del banco - … les di bastantes quebraderos de cabeza hasta que cumplí los dieciocho.

 

         - ¿Tan malo eras? – ella se arrimó a él, dejando la bolsa con los restos de la comida en el suelo, colocando sus piernas entrelazadas sobre el banco y afianzando sus manos sobre sus tobillos.

 

         - Yo no me recuerdo tan perverso… - llevó la cabeza hacia atrás. Akane volvió a recorrer con su mirada su garganta. – creo que mis padres exageran, como todos. – Hubo unos segundos de silencio, en los que ella decidió seguir admirándole e imaginando… – Te toca.

 

         - ¿Qué? – Preguntó saliendo de su ensoñación y encontrándose con sus ojos grises - ¡Ah! Pues… a ver que piense… - su dedo índice descansó sobre sus labios,  acariciándoselos mientras rememoraba. Algo que a él le encantó y le sedujo también. - Una vez me escapé de casa con… diez años. No fui muy lejos, la verdad es que llegué al parque donde solíamos jugar pero, me quedé allí hasta que me encontraron al anochecer.  Tardaron bastante. Mientras tanto creo que pensé que yo no les importaba, por que no podía comprender como podía estarles costando tanto dar conmigo si era evidente donde estaba.... 

 

         - ¿Por qué te fuiste? – el tenía una mirada opaca, como si quisiera percibir algo más allá que de las palabras, algo oscuro.

 

         - Discutí con mis hermanas por que rompieron algo y me acusaban de haberlo hecho yo. Mi madre, como no, las creyó y yo me enfadé por que estaba harta de que siempre cargaran las culpas contra mi y de que mi madre no me escuchara… - ella perdió la mirada entre la gente que paseaba por el parque - … siempre me he sentido bastante incomprendida por ella.

 

         - Lo siento.

 

         - No te preocupes, es algo que he superado hace mucho. Ahora no me afecta en lo más mínimo… - estaba mintiendo. Sí que le seguía afectando aquello, pero no lo reconocería jamás ante nadie, exceptuando a Sarah y a Diana.

 

Durante unos segundos, reinó el silencio entre ellos.

 

         - Uhm, así que debo tener cuidado con lo que hago de ahora en adelante, no sea que me convierta en el próximo hombre despellejado en ‘Kawaii’ – dijo con una leve sonrisa.

 

         - Bueno, eres un hombre, supongo que harás cosas de hombres. – Ella le miró de reojo, con una ceja arqueada - No voy a despellejarte, pero seguramente que en algo de lo que publique coincidirás. Si no fuera así, tendría que preocuparme.

 

         - ¿Ah si? ¿Por qué? – preguntó curioso, al a vez que se levantaba del banco.

 

         - Por que entonces podría significar una de estas cosas: - se puso de pie frente a él – Uno – levantó el dedo índice de la mano derecha -, que no eres un hombre. Dos – ahora el corazón - , que eres un hombre pero eres gay. O Tres – el anular - que serías el hombre perfecto para cualquier mujer, y yo no puedo haber tenido tanta suerte como para encontrarlo...

 

Ranma la rodeó por la cintura y la atrajo hacia él bruscamente, con el gesto serio. Akane se estremeció, al no esperarse esa reacción. El se encargó de que la mayor parte de su cuerpo se rozase con el de ella, especialmente la pelvis y el pecho.

 

         - No creo ser el hombre perfecto – susurró sobre su boca entreabierta- … pero te aseguro…- su mano ahora se deslizó, abrasándola, desde la estrecha cintura de ‘su’ mujer hasta sus nalgas, en donde con la palma, la empujó más contra sí. Akane ahogó un gemido en sus cuerdas vocales.  - … que soy un hombre… - Acarició con sus labios los rosados de ella, provocándola, excitándola, sin llegar a besarla. Después resbaló los mismos contra su mejilla, navegando sobre la tersa piel de su pómulo, hasta naufragar en su oído. Notó como sus preciosos pechos se erizaban y endurecían al contacto, por la sensualidad y sexualidad de la situación, lo que hizo que a él le hirviera la sangre aún más - …y estás comprobando que… - hizo un ligero movimiento de su pelvis, empujando contra ella - …me excitas demasiado, como para ser gay… - Entonces, mordió suavemente el lóbulo de su oreja y susurró a continuación – Vamos a mi casa…

 

 

Akane percibió como Ranma había ido conteniendo y controlando su apetito sexual paulatinamente. De hecho, notó como se había tensado casi de repente, a medida que se acercaban al edificio. Era como si hubiese recordado algo que había olvidado mientras estaban comiendo. Estaba serio y ligeramente distante.

Una vez arriba, Akane dudó en decirle si prefería que fueran a su apartamento. No estaba muy segura de qué podría estarle pasando por la cabeza en esos momentos y qué mejor lugar para evadir a alguien molesto que en tu propia casa. Había intentando descifrar en lo que estaba divagando su mente, observando su lenguaje corporal, pero era como si estuviese blindado, como si él supiera que ella estaba tratando de averiguar algo. Akane frunció el ceño ¿Acaso él tendría algún tipo de idea sobre psicología? De hecho, ella nunca le había preguntado, ni él la había informado, sobre qué había estudiado… De acuerdo que él le había dicho que era ejecutivo pero ¿Y qué más? ¿Qué estudios exactos tenía? Por que estaba claro que era una persona con un nivel académico y cultural importante.

 

Ranma buscó las llaves en el bolsillo y abrió la puerta. Kira, la perra, gruñó y estuvo a punto de lanzarse contra Akane. Y ésta última estuvo a punto de subirse a la cabeza de él.

 

         - ¡Fuera Kira! – ordenó interponiéndose entre las dos. La hembra de pastor alemán se perdió dentro del apartamento, hacia la terraza.

 

         - Por lo que veo está celosa… - susurró Akane, intentando relajarle. Podía sentir y casi saborear lo tenso que estaba.

 

         - Eso parece… - él sonrió, por fin.

 

Akane caminó hacia dentro. Era básicamente la misma estructura que su apartamento, solo que del lado contrario, como si fuera el reflejo de un espejo. Así que no había pérdida si quisiera encontrar el cuarto de baño, entre otras cosas.

 

Escuchó como la puerta se cerró y después unos brazos la rodeaban la cintura. Notó su cálido cuerpo contra su espalda, y sus labios amoldándose sobre su cuello, pausadamente, degustando la piel. Dejó que su cabeza cayera hacia atrás, reposando sobre los pectorales de él, aspirando su aroma. La sensación era gratificante, relajante, dulce, exótica, maravillosa.

Se dio la vuelta lentamente, procurando no perder el cálido contacto corporal, colocando sus finos dedos tras el cuello de él y enredándolos en su cabello. Se besaron dulcemente, con ternura y con pasión contenida. Todo parecía meditado…

Los músculos que recubrían sus hombros, sus brazos, su espalda, estaban tensos. Akane pudo notarlo inmediatamente sobre su ropa y no se sentía completamente cómoda. Por alguna razón inexplicable Ranma no conseguía relajarse y, por el contrario, parecía cada vez más y más tenso. Y no precisamente por su apetencia sexual, que era muy considerable.

 

Anduvieron hacia el dormitorio poco a poco, desnudándose paulatinamente durante el camino. Ella le susurró al oído durante el trayecto, las palabras más tiernas, dulces y tranquilizadoras intercalándolas con algunas de tono más obsceno y toscas. Pero no funcionaba. Sí, él estaba francamente excitado, pero no cómodo y Akane lo percibía directamente mientras él imprimía sus apasionados besos y sus electrizantes caricias, sobre su piel.  Estaban a punto de llegar al último escalón previo al terreno en donde es difícil hacer que un hombre se detenga: la cama. Por que el último está claro, que es cuando ha comenzado el acto sexual en sí mismo.

Ranma deslizó sus labios sobre los pechos semidesnudos de Akane, y ella fue capaz de hacerse por un segundo con el poder sobre su cordura…

 

         - Ranma, espera… - susurró apoyando sus manos sobre las mejillas y obligándole a dejar lo que estaba haciendo. Sintió el peso parcial de su cuerpo sobre ella.

 

         - ¿Qué ocurre? – ahora parecía aturdido. Ella le empujó un poco, con lo que consiguió que se retirara hacia un lado y así pudo sentarse en el colchón.

 

         - Ven… – agregó haciéndole un gesto con el dedo índice, señalándole que se girase y quedase sentado en la cama dándole la espalda a ella. Él lo hizo - … Ya se que no te apetece ni tienes por qué contarme lo que te pasa, cosa que respeto por que nos conocemos de muy poco… - apoyó sus manos en sus hombros y presionó, comenzando a darle un suave masaje - … pero no te quiero tan tenso y distante cuando te acuestes conmigo… - susurró en su oído.

 

         - Lo siento, dama… - dijo suspirando y frotándose los ojos, con un cierto tono que mezclaba culpa y tensión.

 

         - No te preocupes cielo… - besó su cuello y continuó masajeando - …no pienses en ello ahora. Tú solo relájate ¿Mmm? – pegó su cuerpo a su espalda, y siguió masajeando los hombros.

 

Mientras lo hacía comenzó a mirar el dormitorio. Sería la misma estructura que su apartamento, pero desde luego su habitación parecía el doble de grande. Curiosamente su escritorio estaba colocado al revés de cómo ella lo tenía, pegado a la pared que quedaba frente a la ventana. Estaba lleno de papeles apilados a un lado y unos cuantos libros abiertos boca abajo, como si su lector hubiera tenido que dejarlos a prisa y corriendo allí y la única forma de marcar en donde había dejado la lectura fuera esa. Giró la vista hacia su espalda, al cabecero de la cama. Había algunas estanterías sobre ella, con varios libros grandes y muy gruesos. Distinguió que muchos de ellos estaban escritos en italiano…

 

         - ¿De qué son los libros que tienes en las estanterías que hay sobre la cama? – él llevó la cabeza hacia atrás, apoyándose sobre ella, como si de esa forma pudiera escucharla mejor. Tenía los ojos cerrados. Observó como su pecho se inflaba de aire. Prefirió desviar la vista. Tenía que relajarle, no excitarle, ni tampoco excitarse ella…

 

         - De Arte – Ranma empezó a acariciar los gemelos de Akane tiernamente con la yema de los dedos. Esa mujer le tenía hechizado por completo, su piel era tan suave, tan deseable…

 

         - Ahm… - Era su oportunidad para indagar un poco más y descubrir qué era lo que había estudiado - ¿Has estudiado Arte?

 

         - He vivido en Italia, Akane. – Abrió sus ojos grisáceos y los clavó sobre los de Akane, dando a entender que aquello era algo evidente. Ella creyó derretirse… Después, volvió a cerrarlos y continuó - Mi madre estudió Arte y a mis hermanos y a mí nos enseñó a apreciarlo. Creo que yo fui el que supo hacerlo mejor, porque soy el único de los tres que tiene tantos libros sobre Arte clásico y moderno.

 

         - Me parece que eres el favorito de tu madre... – dejó el masaje y le abrazó por la espalda, acurrucando su cabeza entre su hombro y su mandíbula. El ahogó una risa. Durante unos segundos permanecieron en silencio – No me has dicho qué es lo que estudiaste.

 

         - Dirección Comercial y Marketing, con Master incluido – dijo rotundo con voz fría.

 

Se quedaron abrazados en silencio. Akane apoyó la mejilla en esta ocasión sobre su espalda y se quedó mirando hacia la ventana. De repente se fijó en un par de marcos con  fotografías que había sobre otra estantería situada a la derecha de la ventana. Intentó enfocar su visión desde allí, pero le era imposible distinguir las figuras.

En es preciso momento, Ranma se levantó.

 

         - Voy a por agua, ¿Quieres algo? – la miró de lado, con los dedos pulgares metidos bajo la cintura del pantalón.

 

         - Agua también, por favor – Ella le ofreció una sonrisa y refrenó sus instintos de lazarse en sus brazos. Él se perdió a través de la puerta.

 

Akane se levantó y caminó con dirección a la ventana. Sentía curiosidad por esas fotos ya que al parecer, eran las únicas visibles que había en toda la casa. En uno de los marcos había tres fotografías. En una de las imágenes aparecían una mujer y un hombre con un bebé en brazos. La mujer tenía los ojos verdes, muy expresivos. Su pelo era largo, liso y de color castaño y tenía una cara muy bonita. El hombre también era guapo; de cabello y ojos castaños, de complexión fuerte y al menos era una cabeza más alto que la joven que había a su lado; aunque desde luego la chica llamaba mucho más la atención que él, sin duda alguna.

Después había otra fotografía justo al lado de la anterior. En ella aparecían tres niños, dos chicos y una chica. No cabía duda de que esos eran Ranma y sus hermanos. El paisaje debía ser Europeo, seguramente Italiano. La chica aparecía entre medias de los dos con una amplia sonrisa. ¡Era la mujer de la foto anterior! Se fijó mejor; supuso que entonces el hombre que estaba a su lado era su marido y el bebé, su hijo. Sonrió. Formaban una bonita familia.

Después analizó a los chicos. Uno de ellos estaba riéndose, mientras que el otro chico permanecía con una ligera sonrisa. Se fijó aún más en ellos y sonrió cuando identificó esos ojos grises-azulados perlados, inconfundibles. Aunque el otro joven tenía los ojos también de color azul, parecían tan oscuros, que podían confundirse, si no prestabas atención, con un negro.  Los tres eran guapísimos.

Al girar para ver la siguiente fotografía Akane se quedó sin aliento. Aparecía el primer plano de una mujer increíblemente preciosa. Parecía irreal, como una pintura renacentista. Su mirada era intensa y muy expresiva; transmitía serenidad, dulzura, apaciguamiento, sinceridad, en unas grandes y rasgadas joyas verdes pulidas, frescas, mentoladas. Su cabello era del color de las avellanas tostadas, ondulado en las puntas. Si piel era límpida, sedosa y de un tono acaramelado claro. Irradiaba sensualidad con sus pómulos alzados y ligeramente marcados y con sus labios carnosos, tiernos y rosados. Pero todo aquello quedaba cubierto por un sutil brillo de inocencia angelical.

 

         - ¿Y esa cara de haber visto un fantasma? – Akane dio un respingo al escuchar la voz de Ranma y encontrar su cara a la izquierda.

 

         - ¡Te dije que hicieras ruido la próxima vez! – tenía una mano sobre el pecho. Vió que traía una botella de agua y se la quitó de las manos.

 

Ranma miró a las fotografías y después a ella otra vez. Enarcó una ceja y se cruzó de brazos.

 

         - ¿Y bien?

 

         - No es de ver un fantasma… - dijo terminando de beber. Después se giró y señaló con el índice a la mujer – La miraba a ella ¿Quién es?

 

Ranma observó la fotografía durante un segundo, para cerciorarse de a quién se estaba refiriendo. Aunque, en realidad, podía imaginarlo.

 

         - Mi madre – aclaró mirando a Akane directamente, quién seguía observando la fotografía.

 

         - Es muy guapa… - susurró admirada - ¿Cuántos años tiene? – empezó a recorrer con la vista las facciones de la mujer y después comenzó a mirar la fotografía de Ranma y sus hermanos… Ahora entendía de dónde habían salido unos hermanos tan guapos… Además, quería sacar parecidos entre ellos.

 

         - Cincuenta y tres. Esa foto se la hicieron cuando tenía veinticinco. – Se cruzó de brazos y se apoyo en la pared - Estaba embarazada de mi hermana.  – Unos segundos de silencio - Supongo que ya habrás deducido quién es quién en cada foto.

 

Akane posó su vista sobre él, fijamente. Tenía la mirada de aquella mujer, su madre. Era curioso observarle por que, era la tentativa prueba de una mezcla exótica que había dado un resultado demasiado perfecto y atractivo en su opinión.

 

         - Tú eres el que está casi serio - se deslizó hasta quedar frente a él – Tienes un hermano muy guapo…

 

         - Está casado – se apresuró a informar fríamente, notándosele en la voz.

 

         - Tranquilo fiera, me gustas tú, no él – pasó sus brazos tras su cuello, abrazándole y sonriéndole. Parecía un hombre seguro de sí mismo en extremo, pero el haber nombrado a su hermano dejó entrever una pequeña fisura en su caparazón blindado.

 

         - Eso me dijo la que ahora es su mujer… - susurró mirando al suelo.

 

Akane se descolocó. No esperaba una respuesta de ese estilo, esperaba más bien algo cómo “Estaba enamorado de una chica y no me hacía ni caso por que estaba colada por mi hermano”. No sabía exactamente qué hacer, si decirle un “lo siento” o si era mejor quitarle hierro al asunto y que olvidara esa puntualización.

 

         - Mejor – decidió inclinarse por la segunda opción. Ranma enarcó una ceja y la observó fijamente, con una mirada opaca. – Así ahora puedo disfrutarte yo solita… - Susurró sensual para luego darle un beso fugaz e inesperado – Ella no supo valorarte.

 

         - No – negó con la cabeza y cerró los ojos suspirando al mismo tiempo – Lo que le pasó es que acabó harta de mí y mi trabajo – echó la vista rápidamente sobre Akane y después la desvió hacia la puerta de la terraza – como supongo que acabarás tú también… 

 

Ella torció el gesto, frunció el ceño y se retiró de él. Aquello la había ofendido. Aunque era lógico que él pensase de esa manera dada su pasada experiencia con la que ahora era la mujer de su hermano, no pudo evitar sentir como si la hubieran clavado unos cuantos alfileres en el corazón. Sabía que tenía que decirle algo como “No cariño, yo no haré eso por que hasta el último poro, el último átomo de todo mí ser, está enamorado de ti”. Pero no pudo decirlo. La sensación de prejuicio era latente y odiaba que la prejuzgaran.  Y especialmente él.

 

         - Pues sí piensas eso, vas muy mal conmigo – se giró buscando su ropa. – Eso lo tendré que decidir yo y no tú – se puso los vaqueros con nerviosismo, estando a punto de caer sobre la cama un par de veces – Soy capaz de tomar mis propias decisiones y no necesito que nadie las tome por mí…

 

Ranma se quedó a cuadros. No pretendía que Akane tomara aquel comentario así. Su experiencia con las féminas con las que podía haber llegado a algo serio no fueron en absoluto buenas. La que era ahora esposa de su hermano, había dejado su relación con él fríamente por teléfono. Sus razones fueron que no podía soportar más sus continuos viajes, estar sin él, pasar las noches sola y que cuando regresaba lo único que hacían era discutir y discutir, un argumento que Ranma no compartía en absoluto. Al regresar de aquel fatídico viaje, fue a buscarla a su casa. Necesitaba hablar con ella y aclararlo todo antes de dejar lo que para él significó algo. Pero lo que encontró al entrar al dormitorio de ella le destrozó… Ella estaba en la cama con Takashi, con su propio hermano mayor. Con aquel de los dos hermanos que tenía una vida estable en Italia, que no precisaba ni siquiera salir de la ciudad. Lo entendió todo casi de golpe. Mientras él le gritaba en un italiano exasperante un clásico “no es lo que parece” salió de allí antes de perder la compostura y cometer una locura de la que sabría se arrepentiría.

Después de eso, al día siguiente a primera hora de la mañana, pidió su traslado a Japón. Quería alejarse de ella y de él. Necesitaba olvidar lo que había pasado cuanto antes.

 

Cuando volvió a la realidad se percató de como a ella le quedaban solo un par de botones que abrochar y estaría lista para salir del apartamento y alejarse de su vida indefinidamente.

 

         - Lo siento Akane – dijo sin moverse de donde estaba. Si tenía que correr tras ella estaba seguro que la alcanzaría antes de llegar si quiera a la puerta de la habitación.

 

Ella le encaró, con el flejillo por delante de los ojos y con las mejillas sonrosadas por el visible enfado. Se cruzó de brazos.

 

         - A mi no me vuelvas a prejuzgar y menos de esa forma tan despectiva. Siento muchísimos que la tipa esa te hiciese daño, pero eso no quiere decir que yo vaya a hacerte lo mismo. – Caminó hacia él – Para que lo sepas, yo también he tenido mis malas experiencias y no por eso he huido de ti. 

 

         - ¿Encontraste a tu novio follándose a tu hermana? – elevó la barbilla, y la miró de reojo.

 

Ella se quedó sin habla, pensando durante unos segundos.

 

         - No – reconoció – Pero salí con un tío que me engañó – se sentó en un lado de la cama, de tal forma que quedaba frente a él. Ahora no podía evitar sentirse mal, avergonzada por su comportamiento.

 

         - Entonces no puedes saber cómo me siento respecto a eso. Mi comentario no iba contra ti, era a título informativo. Si te hubiera prejuzgado y hubiera creído que me harías lo mismo que ella, no estaría aquí contándote esto. Ni siquiera me hubiera fijado en que te gusta Shakespeare y mucho menos te hubiese invitado a ver ‘Hamlet’ – Silencio – Mis dos únicas parejas formales me dejaron por el mismo motivo ¿Por qué no puedo pensar que contigo pasará lo mismo?

 

         - Porque no me conoces. - Se levantó de la cama. - ¿Ves? ¡Me estás prejuzgando!

 

         - No Akane, solo pongo las posibilidades sobre la balanza. Por ahora hay las mismas probabilidades de que te quedes y de que te vayas. Precisamente por que no te conozco, las cosas están así. Soy realista, ahora no viajo demasiado, pero cuando me pase meses fuera…

 

         - ¿Qué? – interrumpió ella. El rumbo de la conversación no le gustaba en absoluto. Sintió como se le revolvía el estómago de repente, como se le encogía – ¿Qué pasará cuando estés meses fuera? – Ahora sonaba soberbia - Si yo quiero de verdad a una persona, puedo soportar perfectamente que esté uno o dos meses fuera. Siempre y cuando hable con él para saber que está bien y para recordarle que le quiero y que me recuerde que él también me quiere no habrá problema. No soy ese tipo de mujeres, no necesito a mi hombre las 24 horas del día pegado a mi espalda.

 

Ranma entre-cerró los ojos y luego sonrió, se despegó de la pared y se acercó a ella. La rodeó con sus brazos, envolviéndola muy suavemente y apoyó la barbilla sobre su cabeza, acariciando su pelo con su mano izquierda. Akane ni siquiera se movió.

 

         - Me da la sensación de que nos vamos a llevar demasiado bien… - susurró - A ver si va a resultar que voy a ser yo el que lloriqueé mientras esté fuera por no tenerte a mi lado – le dio un beso en la cabeza. Ella empezó a reír y le abrazó.

 

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