- CAPÍTULO 8 –

Primera Parte

 

Akane meditaba sobre lo curioso que era el tiempo. En ocasiones daba la sensación de que pasaba tan rápido que apenas podía saborear el momento y, sin embargo en otras, parecía que fuera tan lento que en realidad nunca llegaba el instante deseado. Ahora se encontraba en una fase intermedia, o algo parecido. Llevaba esperando a Sarah y a Diana como diez minutos que parecían diez días, y ansiaba que llegara la noche por que sería cuando Ranma volvería a casa después de pasarse una semana fuera. Una semana que parecía una eternidad. Pero, sin embargo, hacía tres semanas que estaban saliendo y le habían parecido tres días, por no exagerar y decir tres segundos. Se esfumaba el tiempo cuando lo pasaba junto a él. Y eso significaba que era feliz, muy, muy feliz.

 

Sentada en una terraza de la cafetería del parque Zen, con los restos de té sobre la taza blanca que reposaba en la mesa, se preguntaba qué podría haber pasado para que aquellas dos llegaran tarde. Últimamente era la primera en aparecer cuando se citaban y comenzaba a extrañarle. ¿Qué había pasado con su rutina de llegar cinco minutos tarde a sus citas con ellas? ¿O es que ella seguía llegando cinco minutos tarde pero las que se retrasaban más de diez eran ellas? Suspiró y se frotó las manos, más que por frío era por tener algo que hacer.

De repente, se detuvo a observar a una mujer que pasaba con un bebé en brazos. Era curioso; ella nunca había sentido ese instinto maternal que por ejemplo Diana tenía tan sumamente desarrollado. Al contrario, llegó a creer que en realidad ella no tendría ese instinto tan natural. Pero, al ver a aquella madre con su bebé, sintió una ternura especial. Era en esos momentos, cuando estaba sola y veía una imagen como esa, que sentía que era una mujer completamente normal, con los instintos básicos sin atrofiar.

 

         - Hola Akane – saludó Diana apareciendo por detrás de ella – Siento la tardanza pero he ido a ver diseños para las invitaciones de la boda – sonrió ampliamente sentándose en la silla de enfrente.

 

         - ¡Ah! No te preocupes. – dijo despreocupada - ¿Has ido y no me has dicho nada? – interpretó sentirse ofendida.

 

         - ¿Querías venir? – Le puso la mano sobre la suya – No lo sabía, pensé que lo de las invitaciones te daría igual… - se apresuró a decir con voz un poco temblorosa - De todas formas, tampoco iba a elegir nada, solo era mirar…

 

         - Estaba bromeando Diana… - sonrió -  Tranquila. ¿Qué tal van los preparativos?

 

         - ¡Oh bien! Ahora estamos decidiendo la fecha. Yo quiero casarme en Mayo, pero Mike insiste en casarse en Marzo. Y creo que Marzo es demasiado pronto, no me va a dar tiempo a organizar todo.

 

         - Casaros en Abril entonces – Akane pensaba que como tuviera la Boda de Diana y la de su hermana en Mayo se arruinaría por completo. Ya podía ir despidiéndose de las vacaciones – Así es un punto intermedio, ni para ti ni para él.

 

         - Ya, pero yo insisto, creo que es demasiado pronto. En fin, ya lo arreglaremos de alguna manera… Aún queda tiempo para decidir las cosas. Y bueno, tenemos que ir a la Iglesia a pedir la fecha, que igual ni podemos casarnos cuando queramos…

 

         - Parece que el año que viene se casa mucha gente que conozco… - levantó la mano derecha y comenzó a elevar los dedos según enumeraba - Mi hermana, tú… - y se acabó el recuento. Levantó los hombros y bajó la mano.

 

         - ¿Eso es mucha gente? – preguntó Diana con gesto sorpresivo

 

         - Para mi cuenta corriente lo es… - ambas empezaron a reír - ¿Sabes algo del aumento de Sarah? Llevo unos días sin hablar con ella y no se nada de eso. – Diana negó con la cabeza.

 

         - Creo que se lo han dado a un compañero suyo. Pero no estoy segura.

 

         - Espero que esté bien. Estaba demasiado ilusionada y convencida.

 

         - Las veces que he hablado con ella no parecía estar tan mal, pero ya sabes como es Sarah, te dice que está bien, te pone buena cara, no se desahoga y termina reventando cualquier día.

 

         - Eso es algo que hacemos todas – afirmó Akane – Está mal hecho pero no dejamos de hacerlo… - Diana afirmó con la cabeza casi por inercia.

 

         - ¿Cuándo vas a presentarme a Ranma? – Preguntó con impaciencia.

 

         - Pues estaba pensando en que podríamos cenar juntos éste sábado, si os viene bien. ¿Qué te parece? Y luego podríamos salir de pingoneo.

 

         - A mi me viene de maravilla. Esta noche te llamo confirmándotelo, tendré que consultarlo con Mike no sea que luego me diga “Es que siempre decides tú todo lo que hacemos” – agravó la voz mientras decía aquello y a la vez que escribía en la agenda.

 

         - Lo siento, lo siento… - De repente apareció Sarah, quién se dejó caer en una de las sillas respirando fuertemente - …menudo empiece de día. Me he quedado dormida, he perdido dos veces el metro y casi me atropella un coche cruzando la calle …

 

         - Tú como siempre o lo haces todo de manera exagerada o no te levantas de la cama ¿eh? – susurró Akane con una sonrisa y guiñándola un ojo.

 

         - ¿Tienes algo que hacer el sábado Sarah? – El abordaje de Diana fue abrumador. Akane agachó la mirada.

 

         - Si me propones un plan mejor del que tengo, no, no tengo nada que hacer. Dispara – dejó las bolsas que traía en el suelo, entre sus piernas y sacó el móvil del bolso reposándolo sobre la mesa.

 

         - ¿Qué te parece conocer a Ranma? – Sarah abrió la boca de forma exagerada, igual que los ojos, miró a Diana y después a Akane, a Diana y a Akane otra vez.

 

         -  No me lo puedo creer ¿De verdad voy a conocer a Mister Perfecto Italiano con miembro de actor porno? – Diana empezó a reír con un ligero rubor en las mejillas.

 

         - Le he comentado a Diana – la echó una reprimenda con la mirada – Que podíamos salir este sábado todos juntos. Vamos a cenar y después a “ligar” con alguien por ahí, en algún club en condiciones.

 

         - Anulo todos mis planes con tal de conocer a ese bombón que tienes por amante – rebuscó en el bolso su agenda electrónica.

 

         - Es algo más que mi amante Sarah…

 

         - Sí, sí, eso digo yo de mi marido también, aunque todo el mundo sabe que es mentira – En realidad todo el mundo sabía que lo que acababa de decir, que era lo que habitualmente le decía a todo el mundo, era una mentira y muy grande.

 

         - Yo ya le he dicho que esta noche le confirmaría si vamos o no, tengo que hablarlo con Mike – agregó Diana rápidamente, clavando la vista en la mesa.

 

         - Oh por Dios, ni que se te fuera a negar – Sarah marcaba sobre la pantalla táctil de la agenda – ¡¡Mike, aquí!! – señaló con voz marcial, frunciendo el ceño y señalando con el índice el suelo – Y Mike viene.

 

Akane empezó a reír y Diana se contuvo las ganas, aunque su mirada seguía clavada sobre la mesa.

 

         - Yo tengo que hablarlo con Ranma, no sabe nada de esto. No creo que tenga otros planes o que tenga que trabajar.

 

         - Bueno, como esta noche tenemos que llamarte para confirmar si podemos o no – comenzó a hablar Sarah dejando la agenda electrónica sobre la mesa – ya quedamos en algo entonces.

        

         - Vale – dijeron Akane y Diana al unísono. Después se hizo el silencio durante unos instantes entre las tres.

 

         - ¿Sabéis algo que no hacemos desde hace mucho? – Sarah irrumpió el silencio. Empezó a mirar de un lado hacia otro, buscando…

 

Diana y Akane la miraban, esperando una respuesta a su retórica pregunta. Se miraron entre ellas dos sonriendo y después de vuelta la vista sobre su interlocutora.

        

         - Puntuar a los hombres – se levantó de la silla y se colocó del otro lado, frente a donde estaba sentada en un principio, así podía ver el amplio paseo del parque – Desde que Diana se prometió hará como un mes, no lo hemos vuelto a hacer…

 

         - ¡Es verdad! – dijo la recién nombrada – Con lo divertido que era. Igual que analizar las parejas… Aunque ese es territorio profesional de Akane.

 

         - ¡Oooh! – Akane empezó a reír – Recuerdo la última vez, quedamos tan desilusionadas con los chicos que pasaron... ¡¡No llegó al cinco ninguno!!

 

         - ¡Eran horribles! – agregó Sarah con otra sonrisa – ¿Recordáis a aquel de negro, gordo, con aquellas greñas y esos andares de “Aquí está tu bollito de chocolate”?

 

         - ¡Dios, casi había conseguido olvidarle! – Diana frunció el ceño, dejando ver su desagrado - ¡Tuve pesadillas un par de noches!

 

Las tres empezaron a reír.

 

         - Venga, puntuemos como siempre, del 0 al 10. Cara, cuerpo en general y culo. Y luego remarcamos lo que más y menos nos gusta. – Sarah se cruzó de piernas y de brazos, y empezó a rebuscar entre los transeúntes – Recordar lo básico desmemoriadas, decirle a las otras cuál es el objetivo.

 

Las tres empezaron a observar hacia delante, como si no estuvieran haciendo nada en absoluto. Era como si fueran un dibujo, o como una escena cómica de una película. Las tres quedaban frente al paseo, las tres con los brazos y las piernas cruzadas y con un gesto interesante. Akane localizó a su primer objetivo.

 

         - Mirad a ese de la gabardina negra – susurró disimuladamente. Las tres chicas le buscaron con la mirada de la misma forma – Le doy un cuatro, por que me gusta la ropa. No me gusta de cara y no le veo el culo, eso es para restarle un par de puntos.

 

         - Me gustan los ojos – afirmó Diana – Lo demás me da un poco igual. Un tres. No le quites los puntos que hace frío, también tiene derecho a abrigarse.

 

         - ¡Oh no! En este jurado somos muy estrictos. Si no marcas culo, se te restan dos puntos… Aunque pensándolo mejor, hay algunos que mejor no ver… - Diana rió – Nah, un dos. Akane no vale quitar puntos.

 

         - Vale, vale… - silencio durante unos segundos - ¿Véis a esa pareja de ahí? ¿El chico de camisa azul y la chica de pantalones verdes? – ambas asintieron – Ella no le soporta. Seguro que está con él por el dinero.

 

         - ¿Por qué sabes que no le soporta? – preguntó Diana. Siempre le impresionaba el buen ojo que tenía Akane para esas cosas.

 

         - Porque él está encima de ella todo el rato y la chica solo hace que esquivarle. Es que ni siquiera le mira.

 

         - Estarán enfadados, yo hago eso con Mike.

 

         - Puede ser… - les observó un poco más - Lo del dinero lo he sacado por la ropa de marca que lleva él y que sin embargo ella no. Pero bueno, puede que de verdad estén enfadados. Desde luego a él se le cae la baba…

 

         - Pues es feo con ganas – agregó Sarah despectivamente – Así que lo que le faltaba al pobre.

 

         - Por eso digo que es por el dinero… - Akane puso los ojos en blanco y después se volvió para mirarlas - La chica es mona – sentenció.

 

         - A mi me parece horrible – opinó Diana – Mirad a ese que va con la camiseta ajustada de color negro y los vaqueros. El rubio.

 

         - ¡Madre mía! ¡Un Ocho, un ocho! – Esa fue Sarah. El chico pasaba frente a ellas justo en ese momento - ¡Oh mierda! Le falla el culo, dos menos. ¿Por qué los hombres cada vez tienen menos culo?

 

Akane se asomaba observándole.

 

         - ¿No habíamos quedado en que no se restaban puntos? – Sarah murmuró algo entre dientes - A mi me gusta. – Afirmó volviendo la vista sobre ellas - Yo le dejo con un ocho. ¿Para qué quieres más culo que ese? Además ¿Te has fijado en la cara? Me encantan los hombres de mandíbula cuadrada.

 

         - Pues cada vez hay menos… - intervino Diana - … yo la mayoría de los que veo por la calle tienen o bien cara de niños o de niñas, pero ¿De hombres? Uno de cada cien.

 

         - Es cierto. – Sarah sonaba prácticamente ofendida - ¿A qué mujer en su sano juicio le gusta ese tipo de hombre con cara de mujer?

 

          - Dicen por ahí que en el fondo la gran mayoría de las mujeres somos homosexuales, solo que nos declinamos por los hombres por la cuestión reproductiva y por lo que nos ha inculcado la sociedad.

 

Akane y Sarah la miraron extrañadas.

 

         - ¿Dónde has escuchado semejante tontería? – Sarah volvió a su tono “¿Estás loca?” – Ahora hay libertad, cada cual puede definirse en la tendencia sexual que le corresponda. Ya no hay por qué esconderse.

 

         - Las mujeres tenemos otro concepto de nuestra sexualidad. – Intervino de repente Akane - La atracción sexual es algo hormonal, no cerebral. Lo que nos atrae de un hombre en realidad es su testosterona, aunque el factor cerebro interviene en el momento en el que nos fijamos en su físico. Lo que ocurre en realidad es que somos más compatibles entre nosotras intelectualmente, y al igual que podemos destruirnos por nuestra competitividad innata, precisamente por conseguir al mejor macho de la manada, podemos congeniar mejor con una mujer que con un hombre, por eso siempre hay un momento en la vida de toda mujer en el que la carcomen las dudas relativas a su sexualidad y supongo que de ahí viene ese dicho.

Pero como sexualidad y como algo natural, nos deben atraer los hombres.

 

         - Akane, por favor, otro rollo de ese estilo y huyo de tu lado – dijo de forma divertida.

 

         - Lo siento, lo siento… Es mi faceta de doctora amor, que sale a flote.

 

         - Pues te has perdido a unos cuantos bombones. Yo creo que esos un siete mínimo… - susurró Diana buscando un nuevo objetivo. Mientras, las otras dos se asomaban para intentar ver los bombones que su amiga había puntualizado.

 

Pasó un hombre corriendo por el parque, haciendo un poco de ejercicio.

 

         - Bonitas piernas… ¿Dónde demonios han escuchado que nos gustan depilados? – Agregó exasperada -  De acuerdo que no queremos a un oso, pero por dios, no quiero a un niño ¡¡Otra vez con eso!!

 

         - Hay muchas mujeres a las que les gustan los hombres depilados Sarah. – dijo Diana

 

          - ¿Entonces qué coño es la masculinidad? ¿Qué entiende la sociedad ahora por masculinidad? Por favor, un niño de quince años parece más masculino que ciertos hombres de treinta.

 

         - Sarah, los cánones de belleza cambian – explicó Akane – Ahora nos toca que los hombres se depilen, se pongan potingues en la cara como nosotras y si llega el caso que se maquillen.

 

         - ¡Venga ya! – Sarah echó la cabeza hacia atrás – Terminaré convirtiéndome en hermafrodita. Es que yo no quiero a una mujer, quiero a un hombre. Y para mi un hombre es algo más que un pene entre las piernas, aunque ese factor sea importante. Un hombre tiene que tener unas espaldas anchas, un pecho amplio, una cintura estrecha y un buen culo. ¡Y pelo en pecho! Nada de culito de bebé…

 

         - Yo pienso como tú, pero la sociedad no – agregó Akane

 

         - Yo también – Diana seguía buscando entre los que pasaban.

 

         - Además, te recuerdo que no es moda ahora. – Informó de nuevo Akane - Ya en la vieja Europa se maquillaban y se ponían pelucas allá por el siglo XVIII.

 

         - No vas a conseguir que cambie de opinión Akane. Un hombre tiene que ser un hombre y punto. Me da igual si se ponían maquillaje y pelucas en el siglo XVIII. Pienso lo mismo de esos que de los de ahora. ¿O tú te imaginas a Ranma lleno de maquillaje y con una peluca? – Dijo Sarah enarcando una ceja, cruzándose de brazos y ladeando los labios.

 

Diana rápidamente desvió la vista hacia Akane, asomándose un poco, ya que Sarah estaba entre las dos. Akane se imaginó a Ranma de esa manera y estuvo a punto de vomitar.

 

         - Déjale como es, que está demasiado bien sin nada “raro” encima. Además, ya te he dicho que yo comparto tu opinión, así que no digas esas cosas o me crearás un trauma.

 

Diana rió y volvió en busca de algún hombre al que puntuar. Sarah sonrió victoriosa e hizo lo mismo que Diana. Akane sin embargo, no pudo evitar desconcentrarse de su labor de jurado y centrarse en pensar en Ranma, en lo mucho que le echaba de menos, las ganas que tenía de escuchar su voz, de hablar con él, en las ansías que tenía de abrazarle, besarle y… de otras muchas cosas.

 

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