|
- CAPÍTULO 6 – Segunda Parte
El restaurante era íntimo y confortable. La luz de las velas en cada una de las mesas le daban un aspecto relajante y cálido. Estaban sentados prácticamente en el centro de la sala, en el segundo piso. Acababan de hacer el pedido.
- Así que escribes en Kawaii… - inició la conversación, utilizando un tono casual.
- Sí, así es.
- ¿Sobre qué escribes? – se apoyó en la mesa, mostrando interés. La luz de las velas acentuó un color grisáceo en sus ojos.
- Pues planteo los problemas hombre-mujer más comunes y trato de darles una explicación coherente.
- Aham… Una especie de consultorio a través del papel ¿O algo así?
- No, no es eso. Yo escojo un problema común entre las parejas y argumento el por qué ocurren esos problemas. Hablo de la mentalidad del hombre y de la mujer y las distintas formas de reaccionar ante ese mismo problema y entonces planteo una solución.
- Desde el punto de vista de una mujer – agregó él
- Desde el punto de vista de una psicóloga – no iba a permitirle que se entrometiese en su trabajo.
- Tres cuartos de psicóloga.
- Ibas increíblemente bien hasta que hemos empezado esta conversación – Akane bebió agua.
- No estoy tirando por tierra tu trabajo. Aunque seas psicóloga e intentes ser imparcial sigues siendo una mujer y hay cosas de la mentalidad de un hombre que jamás podrás plasmar en el papel, básicamente por que no eres uno. Además, la revista va dirigida a las mujeres, no puedes darle un enfoque masculino por que entonces a ellas no les gustaría lo que escribes.
- Procuro ser imparcial, aunque no lo creas. Hay lectores hombres en Kawaii. Sin ir más lejos mi editor jefe es un hombre y todo pasa por él antes de ser publicado – Bebió un poco más de agua -. Además, los problemas que planteo siempre son vividos desde fuera, nunca estoy involucrada en ellos. Por lo que yo solo veo y razono el por qué de ese altercado. E intento darles un enfoque humorístico y sarcástico en muchas ocasiones por que considero, que si vas a leer algo sobre un problema real, no interesa caldear más el asunto si no quitarle hierro.
- Me gusta tu estrategia. Y no sabía que tu editor jefe fuera un hombre, así que cambio de opinión. Supongo que serán artículos más imparciales al pasar por las manos de él antes de ser publicado.
- O a lo mejor se convierte en un artículo más masculino de lo que crees – Akane se cruzó de brazos apoyándose en la mesa.
- No creo que le dejases hacer eso. Además, está comprobado que las mujeres sois más hábiles para esas cosas que nosotros. Y… por lo poco que te conozco no te costaría meterle gato por liebre y darle un artículo que, a simple vista, es lo que él te ha pedido pero que, si te fijas bien, te encontrarás la revolución femenina entre las letras.
- No soy feminista en absoluto. Así que no encontrarás algo así en ninguno de los artículos que publico. - Silencio - ¿Qué hay de ti, ejecutivo? ¿Para quién trabajas?
Ranma cambió su mirada a una más distante cuando escuchó esa pregunta. Después se relajó y sonrió.
- Trabajo en Panasonic. Soy el director de la división de cierre de contratos y negocios… Casi siempre de cara a otros, firmando papeles, revisando resultados, estadísticas, ganancias, pérdidas, teniendo constantes reuniones en diferentes países…
- ¡Vaya! Así que no paras de trabajar ¿Eh?
- Podría decirse que estoy disponible para la empresa las veinticuatro horas del día. En cualquier momento pueden llamarme por que algo se complica y tengo que irme a lidiar con el otro empresario para que no anule todo lo acordado o para que no rompa el contrato. Es un poco sacrificado, pero me pagan demasiado bien como para dejarlo…
- Así que, si ahora mismo te llaman ¿Te irías? – susurró sensual
- Debería irme sí… lo que no se es si tendría la suficiente fuerza de voluntad como para levantarme de esta silla y dejar de mirarte…
En ese preciso instante, el camarero llegó con la cena. Les sirvieron y les trajeron una botella más de agua. Cenaron entre algunos comentarios a cerca de su vida, dándose detalles sin importancia, charlando de cosas triviales, entre sonrisas y miradas cargadas de sensualidad y ternura.
Cuando salieron del restaurante, Akane se encogió y tembló. Hacía frío esa noche, aún cuando la tarde había sido de lo más agradable.
- No vuelvas a salir sin una chaqueta - Ranma llevó su mano izquierda a la espalda. Después se quitó la americana y la colocó sobre los hombros de ella, abrazándola de seguido.
- Gracias. Y te haré caso. Las noches son muy frías… - se acurrucó más contra él.
Durante todo el camino no hablaron, simplemente compartieron el calor de sus cuerpos. Se acariciaban sutilmente, se acercaban, se anhelaban, se deseaban. Akane se apoyó contra él; era reconfortante, la hacía sentir tan bien, tan segura.
Al llegar al portal, Ranma se quedó rezagado y esperó detrás de ella a que ésta abriera la puerta. Después de unos segundos en los que Akane luchó con sus dedos fríos para que la respondieran, entraron en el portal. Fue como una ola de calor.
- ¡Joder, que frío! – dijo él subiendo los escalones y frotándose las manos – Me debes una. Te he salvado la vida…
- La verdad es que sí que me has salvado de morir congelada ahí fuera…
Subieron también en silencio. La tensión sexual por parte de ambos era muy notable. Él no quería abordarla allí, en un ascensor. Y ella quería que él la abordara en su cama. Él la dejó salir del ascensor y la siguió. Akane sintió como le flaqueaban las rodillas. El momento que tanto ansiaba se acercaba, y esperaba por toda la gloria que ocurriese. Le deseaba con una intensidad que nunca había experimentado anteriormente con ningún hombre. Quiso romper ese silencio que la atormentaba.
- Que raro… Kira no ladra.
- Kira nunca me ladra. Solo a los desconocidos. Sabe que estoy aquí – él no dejaba de mirar y repasar el cuerpo de Akane desde atrás. Era perfecta, sencillamente perfecta. Sintió como su mente divagaba con imágenes de ambos en la cama.
- Eso explica por qué cuando subo no deja de ladrarme… - Akane sacó las llaves de su bolsillo y encajó la destinada en la cerradura. Se dio la vuelta y le miró – Bueno… - su boca se secó de repente al observarle.
- Bueno… - Ranma apretó la mandíbula, conteniendo los deseos de abalanzarse sobre ella - ¿Tendré mi beso de buenas noches?
- ¿Sólo quieres uno? Te conformas con poco… - Akane sonrió y miró hacia abajo.
Antes de que se diera cuenta él la estaba besando apasionadamente. Ella gimió por la sorpresa y le abrazó, correspondiendo de la misma manera intensa al beso. El rodeó con sus manos y acarició su estrecha cintura, sus bien torneadas y formadas caderas y la apretó contra sí mismo, sintiéndola desde los pechos hasta las rodillas. A la vez que la apoyaba suavemente contra la puerta de su apartamento. Ranma separó la mano derecha de ella y buscó las llaves que permanecían en la cerradura. Cuando las encontró, afianzó su brazo izquierdo sobre el cuerpo de Akane y abrió la puerta.
- O entras ahora mismo… - dijo entre besos – O entramos los dos…
Primera Versión --------------------------------------------------------------------------
- De acuerdo… - Akane se retiró y caminó hacia el interior, no estaba preparada para hacerlo tan rápido, debía controlarse al menos hasta que los dos estuvieran dentro del apartamento. Le oyó suspirar - ¿Por qué no pasas y tomamos el postre? – le miró por encima del hombro con una sensual sonrisa. Ranma masculló algo que ella no llegó a entender.
Se quitó la americana de los hombros y la dejó caer sobre una silla, de manera que pareciera casual. Él apreció cada movimiento, como constantes insinuaciones, invitaciones… que no estaba dispuesto a rechazar.
Akane se sentó en su cama y comenzó a quitarse las botas. Desde allí vió como él caminaba hacia donde ella estaba, con las manos en los bolsillos del pantalón. Sonrió. “El sentimiento es mutuo…” pensó, ya que su interior también había comenzado a trabajar en el mismo ámbito que el de él. Después se quitó las medias, despacio, sin prisa, saboreándole con la vista. Él paró al lado de la americana y rebuscó algo en los bolsillos interiores. La dejó de nuevo sobre la silla y siguió acercándose hasta donde ella estaba.
Había un sillón frente a la cama y ahí es donde decidió sentarse. Apoyó los codos en los brazos del asiento y juntó las manos justo bajo su barbilla, sosteniéndola. Y comenzó a desvestirla con la mirada, una mirada lujuriosa, ansiosa, hambrienta. Quería saborear cada centímetro de su piel. Quería sentirla yaciendo entre sus brazos y temblar de pasión. Quería hacerla suya esa noche una y otra vez, sin tregua. Akane levantó la mirada y le observó durante el único segundo que su salud sexual se lo permitió, por su bien. Se dejó caer de espaldas en la cama y cogió el mando del equipo de música que estaba cerca de la almohada; lo encendió y la música comenzó a sonar. Se volvió a erguir, quedando sentada de nuevo. Ahora estaba más relajada.
- ¿Qué quieres tomar? – preguntó ladeando la cabeza sin dejar de mirarle.
- ¿Tú que crees? – susurró él con voz grave
Sabía perfectamente lo que quería tomar y ella estaba totalmente dispuesta. Se levantó de la cama, despacio, con precisión, sin dejar de mirarle de esa forma que le invitaba a mucho más de lo que podía apreciarse a simple vista. Cuando estuvo frente a él, colocó sus manos en las caderas y susurró: “Adelante”
Segunda Versión --------------------------------------------------------------------------
Akane quiso pensárselo, pero su boca fue más rápida por increíble que pudiera parecer. Su cerebro se había paralizado de repente, gracias a sus hormonas que comenzaron a revolucionarse de golpe, enviando ciertos mensajes a lugares concretos de su anatomía femenina… Su cuerpo se sintió seguro de lo que anhelaba casi con desesperación, de lo que quería y de lo que deseaba. Y su mente, estaba totalmente sumisa a las órdenes hormonales… Se sentía atractiva y segura de sí misma.
- Ven aquí… - susurró sobre sus labios atrayéndolo dentro del apartamento. Caminaron, sin parar de besarse, hacia la cama.
La americana resbaló de los hombros de Akane, dejándolos al desnudo. Él acarició uno de ellos, disfrutando de la tersedad, de la suavidad… A su vez, introducía su otra mano con delicada ternura bajo la camiseta de lycra, queriendo llegar más allá, estimularla aún más, desbordarla de calor. Quería saborear cada centímetro de su piel. Quería sentirla yaciendo entre sus brazos y temblar de pasión. Deseaba hacerla suya una y otra vez durante toda la noche, sin tregua.
Akane deslizó la camisa hacia atrás dejándole el torso desnudo, siendo ayudada por él quién la soltó rebujada sobre una silla. Ella acarició con sus finos dedos su poderoso pecho, sus amplios hombros, llenándose, deleitándose, admirándose… y dejó que sus yemas sintieran el calor al tacto de su piel, deslizándose en un recorrido excitante hasta su abdomen, acariciando sus trabajados abdominales.
De repente, él la dio la vuelta. Pegó su cuerpo a la espalda de ella, como si de un imán se tratase. Besó su cuello con impaciente necesidad. Movió sus caderas sobre sus nalgas, excitándola, excitándose aún más. Sus vigorosas manos se deslizaron sobre su ropa y yacieron en su punto álgido, acariciándola sobre la tela. Y comprobó hasta el punto en qué ella estaba lista, dispuesta, enteramente para él.
Akane necesitaba con urgencia una estimulación completa, sin barreras.
- No, así no… - susurró en su oído, alejando sus manos hacia la cinturilla de la falda - … te necesito dentro de mí…
- Y yo necesito estarlo…
Ella se dio la vuelta, parándose frente a él, sonriéndole. Entonces, Ranma la sostuvo en brazos y la llevó hacia la cama, tumbándola con sumo cuidado e irguiéndose sobre ella. La besó de nuevo, como si la vida le fuera en ello. Acarició sus redondeados y níveos pechos, deleitándose en estimular las aureolas rosadas. Se sentía incomprendidamente aturdido, era la mujer más hermosa que había tenido jamás. Siguió la senda por recorrer, saboreando con sus dedos la piel más suave y sensual que jamás había acariciado. Abordó su pierna, torneada, tonificada, maravillosa… y perdió su mano bajo la falda, presintiendo el aromático calor femenino.
- Uhm… Interesante… - sus dedos se enrollaron en la prenda íntima y la deslizó por sus largas piernas, unos centímetros hacia abajo hasta que tropezó con la media que llegaba a la mitad del muslo. Después se acercó a su oído y le susurró - … si llego a saber esto, hubiéramos empezado mucho antes… - y acarició con ternura los pliegues femíneos, sin llegar a penetrarla.
- Pues ya que hemos perdido tiempo… - Akane desabrochó los pantalones de su amante y acaricio su excitado miembro - … no perdamos más… - hundió la mano bajo la última prenda que recubría su sexo y le acarició, piel contra piel.
Volvieron los besos ansiosos, estridentes, escalofriantes. Jamás había conocido a una mujer como ella, que pudiera solo con mirarle conseguir excitarle de sobremanera. Recorrió su cuello con su lengua, acarició el lóbulo de su oreja… Y la tensión, la excitación y la lujuria pudieron con todo poder sobre su mente. Retiró la mano de ella y la aprisionó sobre el colchón por encima de su cabeza. Si le hubiera seguido acariciando hubiera terminado en ese preciso instante.
- Tendrás condones… - masculló de repente, con las mandíbulas apretadas. Todo su cuerpo en tensión, expectante… Akane jadeaba, hambrienta y demasiado sensible, excitada.
- ¿Ahora me lo preguntas? – Consiguió responder con reproche – ¿Estás completamente sano?
- Completamente – él entendió lo que ella quería decirle a la perfección.
- Entonces no pares… - deslizó las caderas, realizando movimientos sutiles con la pelvis, provocándole, incitándole, deseándole… - …estoy tomando la píldora…
Y en un movimiento preciso la penetró. Akane ahogó y desgarró un grito en sus cuerdas vocales. Se abrazó a él y hundió su rostro en sus robustas clavículas, clavándole las uñas en la espalda. Sintió como su cuerpo se despertaba, como el calor la invadía a una velocidad vertiginosa. Como sus músculos vaginales recibían a un visitante añorado y ansiado por mucho tiempo. Su corazón se exaltó, su respiración se quebraba a cada impulso. Perdió el control sobre su voz, sobre todos sus actos. El vaivén se hizo constante, como las olas del mar que bañan la tostada arena. Más profundo o menos profundo, más lento o más rápido. Variando el ritmo, la intensidad de la melodía, pero con un fin común, llegar a la cúspide, terminar la obra comenzada.
- Eres la mujer más maravillosa que jamás he tenido… - susurró en su oído con una voz grave, profunda y rasgada.
Akane gimió y creyó recibir al orgasmo. Una nueva ola de calor abrasó todo su cuerpo con temerosa urgencia. Sus pechos se erizaron y su cerebro aclamó un estímulo verbal.
- Dilo en italiano… - rogó besando su mejilla.
- Sei la donna… più meravigliosa che non ho avuto mai
Y descubrió cuánto la excitaba recibir esas palabras en su oído y que estaba a punto de culminar…
- Otra vez… - volvió a implorar, con un gemido contenido, una respiración desequilibrada – Dilo otra vez…
- Sei la donna più meravigliosa che non ho avuto mai – ella se estremeció entre sus brazos y él presintió lo que venía. Varió el ritmo a uno más intenso, más profundo. La sostuvo apretada contra su cuerpo, anidando su piel en la suya y susurró, en el momento preciso - Adoro fare l'amore con te.
Y Akane disfrutó del orgasmo más maravilloso e intenso de su vida. Gimió y gritó mientras la explosión de sensaciones recorría cada molécula de su cuerpo. Le abrazó, clavándole las uñas en la espalda, rasgando su piel. Imploró interiormente por tenerlo siempre, por deleitarse… y creyó volver al clímax al sentirse inundada por él. Y él, se sintió más vivo que nunca.
- ¡Dios! – Sollozó repleta – Eres maravilloso… - acarició sus amplios hombros delicadamente, erizando sus sentidos al contacto con sus músculos, con el roce sobre cada poro de su piel, sintiendo su respiración cálida y agitada en la mejilla.
Ranma se dejó caer a un lado, besándola el cuello y acariciando su estrecha cintura. Acurrucándola junto a él. Quería saborear su aroma, guardarlo en su memoria y añorarlo cuando no lo tuviera.
- Me alegro de poder escucharte decir eso… - su mano se deslizó por la columna vertebral de ella, dibujándola de arriba abajo, relajándola.
La luz de la calle se filtraba por la ventana, vertiendo luces y sombras maravillosas sobre sus cuerpos. Resaltando y escondiendo… Akane colocó sus manos debajo de la almohada y se apoyó sobre ellas. Se mordió el labio y sonrió completamente feliz. Observando sus preciosos ojos plateados y, de camino a perderse por siempre en ellos, una duda la azotó sin esperarlo.
- ¿Y ahora qué? – su corazón se aceleró.
Sintió que se estaba volviendo loca. Podría jurar y perjurar que quería a ese hombre, que lo amaba y no estaba dispuesta a perderlo. Apreció la envergadura del problema; solo había mantenido contacto físico pleno esa noche, solo había hablado con él tres veces y ya podía afirmar que deseaba tenerle por siempre a su lado. El ser humano es incomprensible, y su mente y su corazón eran sin duda los menos razonables…
- Qué romántica… - susurró él con una sonrisa y acariciándola el pómulo con el dorso de la mano.
- Gracias… - le sacó la lengua - Pero…
- ¿Qué quieres tú? - la interrumpió, sin darla oportunidad a explicarse
- ¿Y tú? – era la vulnerabilidad, el pánico personificados.
- Algo más que lo que acaba de pasar, no lo dudes.
- ¿Y qué es ese algo más? – ella quería escucharlo de él.
- Los límites los pones tú… - el se removió – ¿Por qué no disfrutamos del momento? Ya pensaremos en lo demás.
- Necesito saber a qué atenerme Tiziano… - ella se dio la vuelta ofreciéndole una sensual visión de su nívea espalda - … no quiero llevarme sorpresas después…
- ¿Cómo que Tiziano? – Pegó todo su cuerpo al de Akane nuevamente, y deslizó su mano derecha por el estómago de ella, hacia abajo. – No me llames así… Nunca respondo por ese nombre – Esbozó la curva que conducía hasta su intimidad con ínfima delicadeza. Después, guiando a sus dedos en la dirección opuesta, abordó su vientre plano, los deslizó por entre sus pechos, de una manera tan exquisita como escalofriante. Y anhelante susurró en su cuello – Yo quiero hasta donde tú me dejes llegar – Agarró delicadamente la estrecha barbilla de ella, y la obligó a mirarle - Si no quieres pasar de esta noche, solo dilo. Si quieres encuentros casuales, dilo. Y si quieres una relación formal, dilo también. Yo me atengo a lo que tú elijas.
- ¿Y si elijo toda una vida? – preguntó con una mezcla de ironía y sorpresa
- Mañana mismo nos casamos – contestó con total naturalidad.
- O me estás tomando el pelo o estás como una cabra.
- Más bien lo segundo… - Ella volvió a darse la vuelta. Y él besó su hombro suave, delicadamente, como si acariciase con los labios una pieza de la más fina porcelana oriental. Después susurró - … Quiero averiguar, conocer y saber lo que hay dentro de esa cabecita tuya… Y no me importa estar toda la vida para conseguirlo.
Ella se giró, observándole inquisidora.
- ¿No lo estarás diciendo para quedar bien? – entrecerró los ojos, advirtiéndole. Él negó con la cabeza – Vale… - mordió su labio inferior y le abrazó sonriendo – Eres un encanto…
Se quedaron abrazados durante unos minutos. En silencio, escuchando sus parsimoniosas respiraciones. Entonces ella sintió la necesidad de conocer más de él, con súbita urgencia.
- ¿Tienes hermanos?
- Tengo un hermano mayor de treinta y cuatro y una hermana pequeña de veinticinco. – Afirmó con voz pausada - ¿Y tú?
Y también sintió como parte de su alma gritaba por liberarse y desnudarse para él.
- Tengo dos hermanas mayores. – Frunció los labios - No me llevo muy bien con ellas…
- ¿Y eso? – preguntó con voz extrañada y curiosa - ¿Por qué?
- Pues… yo siempre he sido la más independiente. Supongo que mis padres influyeron a que ahora tenga esta especie de resentimiento hacia mis hermanas… Siempre fueron más débiles que yo, requerían más atención de mis padres de la que yo supuestamente requería, así que… siempre he permanecido un poco apartada de ellas.
- En todas las familias pasa lo mismo, por lo que veo… - se sentó en la cama y se apoyó en el cabecero.
- Es completamente natural. El instinto humano hace que protejas al débil y te despreocupes del fuerte.
- También se puede conseguir convertir al fuerte en alguien débil.
- Sí y entonces protegerás a ese y desprotegerás a los otros. Termina siendo un círculo vicioso. – Silencio - ¿Cómo se llaman tus hermanos?
- Takashi y Shan.
- Y… ¿también tienen nombres italianos…? - canturreó con una sonrisa pícara, irguiéndose frente a él.
- ¿Qué te ha dado a ti con el italiano, eh? – Con el dedo índice tocó la punta de su nariz, de forma juguetona - Aleiandro y Annina.
- Oooh por supuesto – canturreó dejando los ojos en blanco un segundo -…nombres de toda la vida…
- ¿Qué esperabas? – se volvieron a fundir en un beso íntimo, cómplice, recreándose en disfrutarlo, en explorar la calidez mutua.
Y hablaron hasta muy entrada la madrugada, aprendiendo el uno sobre el otro, conociéndose y comprendiéndose. Hasta que sus cuerpos se rindieron ante Morfeo y yacieron abrazados sobre la cama.
|