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- CAPÍTULO 9 - Primera Parte
Domingo por la mañana. Akane se preguntaba qué podía hacer de provecho un domingo a las once de la mañana y que no tuviese nada que ver con el trabajo o con la lectura. Entre sus opciones estaba despertar a Ranma y darle los buenos días de una forma que a ambos les gustaría en exceso pero, no quería que él lo tomase como costumbre. Recordó una ocasión en la que hablando con Nico sobre las relaciones sexuales matutinas éste le confesó: “Una vez que lo pruebas no puedes parar. Por la noche te acuestas con la idea fija de que, en cualquier momento, vas a despertarte por que ella está encima tuya haciéndote el amor. Pero cómo siempre, tenéis el poder… - dijo resignado- …si soy yo el que se despierta primero, me rechaza”. Ese “no puedes parar” se le quedó a Akane grabado a fuego en la mente. Y lo de que los hombres lo interpretan como, “si es una vez será siempre”, también. Además, tenía el período y estaba un poco molesta con él, así que hacerle el amor no era una buena opción en ninguno de los casos.
Podía hacer la compra para la semana. Eso sí, mentalizándose antes de que tenía prohibido adquirir cualquier cosa por bonita, buena y barata que le pareciese. Lamentablemente se conocía y sabía a la perfección que si iba sola compraría lo primero que se interpusiera en el camino, que le gustase y que no fuera alimento. Siempre que tenía la regla sufría antojos por doquier. Parecía que estuviera embarazada, en vez de eliminando el óvulo no germinado. Y, para qué engañarse, estaba desesperada por verle y tocarle un poquito, aunque estuviera enfadada con él.
- A la mierda… - susurró poniéndose la cazadora y la bufanda y caminando hacia la puerta de salida - … que se levante, que ya es hora… - decía con cierto tono de reproche, guardándose la cartera en el bolsillo y echando la llave de casa - ¿No me he levantado yo? – Farfullaba malhumorada andando por el pasillo y plantándose delante de la puerta del apartamento de él – Pues él también – Y llamó al timbre.
Kira empezó a ladrar y a olisquear a través de la rendija de la puerta. Akane dejó los ojos en blanco ¿Por qué los perros olisqueaban de aquella manera si sabían perfectamente quién estaba al otro lado de la puerta? ¿Para dejar constancia de su acción? Volvió a llamar. Al cabo de unos segundos la puerta se abrió de golpe y Kira se le acercó moviendo la cola y mirándola esperando una atención. Ella miró a la perra y la sonrió.
- Hola… - dijo él serio con el teléfono móvil en la mano - … Qué pronto te has despertado hoy ¿No? – Sonrió forzando amabilidad que no sentía, cosa que Akane percibió inmediatamente. Solo por la manera en la que la dijo ‘Hola’ sabía que él tampoco estaba de muy buen humor esa mañana. No hacía falta ver el gesto forzado.
- Veo que te has levantado con el pie derecho… - se metió las manos en los bolsillos de la cazadora – Voy a ir a hacer la compra para la semana – Kira arrimó el lomo contra sus piernas, como dejándose caer, mostrándola su simpatía. Akane miró a la perra de nuevo. Paradójicamente, todo el cariño que ésta intentaba mostrarle ese día, era el que su dueño parecía no estar dispuesto a ofrecerla – Sé que no es una cita perfecta, pero venía a decirte que si querías acompañarme. – Acarició la cabeza del animal con ternura y brindándola de nuevo una sonrisa simpática - A ver si tú consigues que no compre nada que no necesite… Si voy con alguna de las chicas seguramente que me incitarán a que lo haga en vez de pararme los pies - Concluyó sin apartar la vista de la perra.
No era para nada agradable verle irritado, sobre todo cuando era ella la que supuestamente estaba dolida con él. Además, eso de estar actuando haciéndose la simpática, cuando en verdad no lo sentía, tampoco resultaba muy satisfactorio. Pero quería evitar un enfrentamiento tan temprano, así que prefirió tragarse las ganas de soltarle cuatro improperios bien dichos. Seguía esperando su respuesta, pero al parecer Ranma no tenía demasiada prisa, cosa que Akane sí. Torció los labios y le miró fijamente. Él lo estaba haciendo de la misma forma.
- ¿Qué pasa? – preguntó ella con impaciencia
- Estás acariciando a Kira… - agregó recargando parcialmente su cuerpo contra el picaporte de la puerta y sonriéndola sinceramente.
- ¿Y qué? – Respondió restándole importancia a la acción. Él elevó los hombros en respuesta. ¿Ahora sí tenía ganas de sonreírla y ser amable con ella? – Bueno, yo me voy – se retiro, haciendo que la perra tuviese que dejar de recargar su peso contra ella – Que no quiero que me den las tantas…
- Espera… - dijo con cierto tono de arrepentimiento y atrapándola por una de sus pequeñas muñecas atrayéndola hacia sí antes de que saliera huyendo – Me acaban de dar una mala noticia del trabajo y todavía estoy enfadado ¿Me perdonas? – dijo mirándola con cara de súplica y ojos tristones. Pero ella no parecía reaccionar. Le observaba seria - ¿Por favor? - Susurró - Lo sento molto…moltíssimo
- Yo también estoy enfadada – confesó de repente y apartando su mirada – No me gustó que ayer no me llamases y que lo hiciese tu secretaria… Y sé que parezco una cría de dos años cogiendo un perrengue por algo así, y más sabiendo que tengo que mentalizarme de que será ella quién me llame cuando te retrases… Pero tengo excusa ¿sabes? – cogió aire y sentenció seria - Estoy con la regla…
- Ya, ya lo se… - tiró de ella y la metió dentro del apartamento a la vez que silbó a la perra para que entrase. Cerró la puerta y se apoyó sobre ella obstaculizándola la salida en caso de que quisiese escaparse - ¿Dónde decías que querías ir? Me he quedado tan impactado al verte tan cariñosa con Kira que ni me he enterado de lo que me has dicho…
Akane se cruzó de brazos y arqueó una ceja dándole a entender que eso que acababa de escuchar no le había gustado demasiado.
- A comprar. No quiero morir durante la próxima semana, necesito alimentarme a parte de… - le miró de arriba abajo con una media sonrisa, ladeando sus caderas - … otras cosas.
- Bien, te acompaño. Deja que me vista… - se despegó de la puerta, observándola fijamente – Ni se te ocurra escaparte… - la advirtió antes de perderse por el pasillo.
- ¡No iba a irme! – giró sobre sí misma y quedó mirando hacia el salón.
Observó la mesita que había frente al sofá, repleta de papeles, carpetas y libros… Sonrió al percibir el desorden. Al fijarse un poco más, uno de los libros llamó su atención. Movió sutilmente la cabeza a la vez que parpadeó un par de veces, perpleja. Se acercó a la mesa con cautela, no quería hacer ruido y menos que él la pudiera descubrir. No se lo podía creer ¡Estaba a punto de cotillear en sus cosas! Pero la culpa es suya, se decía así misma, si no hubiese dejado ahí todo eso y le hablara un poco más de su trabajo ahora no se sentiría tan atraída por lo que había sobre la mesa. Y al llegar, confirmó lo que había creído leer “Criminología”. Abrió los ojos al máximo y levantó el libro. Otro más “Derecho penitenciario” y otro “Código Civil y Penal” al levantar éste último apareció una carpeta de color marrón por la que sintió una curiosidad todavía mayor que por los propios libros. Pero escuchó un sonido que provenía de la habitación de al lado. Asustada, dejó todo sobre la mesa y anduvo prácticamente corriendo hasta la entrada del apartamento. Se pasó las manos por la cara, el pelo y la ropa, como si algo se hubiese descolocado de su sitio y, en realidad, lo único descolocado era su mente.
- Creo que lo he cogido todo… - dijo apareciendo en el campo de visión de ella, palpándose en los bolsillos de la cazadora y pasando por su lado - … sí, tengo todo – confirmó observándola y después mirando disimuladamente hacia la mesita - ¿Nos vamos? – Akane afirmó con la cabeza y salió del apartamento con una sonrisa. Ranma se apuntó mentalmente “No volver a dejar los libros sobre la mesa” al mismo tiempo que cerraba la puerta.
¿Sería verdad eso de que los hombres no soportan que la mujer les “aconseje” a la hora de conducir? ¿Lo tomarían a mala manera? Akane se lo preguntaba desde que comenzaron la encrucijada para encontrar un aparcamiento en el atestado Centro Comercial de las afueras de la ciudad hacía como quince minutos. Ranma había permanecido callado todo el tiempo con un gesto impasible ante todo lo que ocurría, ya fuera que le entorpecieran el camino, que la fila de vehículos no avanzase o que estuvieran a punto de golpearle el coche. Aunque Akane, desentrenada conductora pero para al fin y al cabo conductora, sabía que muchos de los que por allí deambulaban temían arrimarse demasiado al flamante BMW, no fuera después que el arreglo del endemoniado coche les valiese casi más que el propio vehículo con el que le habían golpeado. Después de pasarse un rato mirándole fijamente y este parecer no darse cuenta o no querer darse cuenta, Akane decidió atacarle. No sabía por qué le atraía en demasía la idea de verle enfadado, siempre que ella estuviese contenta claro. Seguro que sería pura testosterona en ebullición. Y ella estaba segura de que sus feromonas se lo agradecerían…
- Es la cuarta vez que pasamos por aquí… - dijo sin mucho ánimo, mirando por la ventanilla, haciéndose la distraída
- Sí y la verdad es que me estoy cansando… - agregó del mismo modo, cruzándose de brazos y dejando la vista perdida al frente.
- Tendríamos que haber venido antes – ahí estaba ella, haciendo uso del futuro perfecto de indicativo para incordiarle un poquito. Silencio. Akane le miró de reojo – Si hubiésemos salido cuando yo te lo dije ahora esto no estaría así.
- Si hubiésemos salido los cinco minutos antes que dices, que fue cuando te presentaste en la puerta de mi casa, quizá nos hubiéramos ahorrado treinta coches de los doscientos que hay aquí esperando aparcar.
- ¿Y por qué no lo dejas ahí? –señaló hacia un sitio reservado para minusválidos y después se le quedó mirando de la forma más dulce e ingenua que encontró.
- No me tomes el pelo, anda… - contestó él para sorpresa de Akane - …sé lo que estás tramando y no vas a conseguirlo, así que déjalo.
- ¿Perdona? – Los ojos de Akane parecían dos platos llanos - ¿Qué se supone que es lo que intento? – se hizo la ofendida. Cada vez se convencía más de que tenía ciertas nociones de psicología.
- Cabrearme – por primera vez en todo el tiempo que llevaban dando vueltas por el aparcamiento la miró – ¿Te apetece que hagamos pizza para cenar?
Akane se echó a reír, llevando la cabeza hacia atrás. Era totalmente imprevisible, prácticamente caótico. Era una mezcla de perfecto auto-control y magnífica improvisación. Volvió a mirarle aún con la sonrisa en los labios y al verle de nuevo tan serio observándola de esa forma que ella interpretó como “¿Te has vuelto loca de repente o qué?” volvió a reír con todas sus ganas.
Al final la compra se convirtió prácticamente en una carrera de obstáculos, la parte en la que caminaron por los pasillos de las tiendas que atestaban el centro comercial antes del supermercado, claro está. Ranma no soltó ni un segundo la mano de Akane y prácticamente la arrastraba en dirección contraria a la de los escaparates o tiendas a las que ella insistía acercarse. Se convirtió en una especie de juego. En sí, sin embargo, hacer la compra fue algo verdaderamente fugaz. Akane compró lo necesario e iba directamente a los pasillos que le interesaban, para sorpresa de Ranma, todo de forma mecánica. Excepto por un par de cosas extras que compraron para cenar pizza esa noche.
- No se si sabes el riesgo que corres haciéndome cocinar – decía Akane mientras seguía y observaba como Ranma buscaba algo en las cámaras frigoríficas.
- ¿Ah si? – murmuró él con un paquete de algo en las manos que Akane no consiguió identificar - ¿Por qué?
- Es casi seguro que te incendiaré la casa – mirando hacia los cristales de las cámaras se paró frente a las mantequillas, acordándose de repente de que no tenía
- Mejor, así cobro el seguro… De todas formas no pensaba dejarte sola cocinando – dejó el paquete en el carrito y se paró observándola – Además ¿Sabes hacer pizza?
- La pregunta no es esa – dijo ella con una sonrisa dejando la mantequilla al lado de su selecta compra – La pregunta es ¿Sabes cocinar algo? – le empujó juguetona con el carrito. Él arqueó una ceja, suspicaz. – Con decirte que el otro día intenté freír un filete y no se que hice que, de repente, la vitro-cerámica y la sartén eran una llamarada…
- Estás loca… - dijo dándose la vuelta sonriendo
- Ya lo se, pero por eso te gusto ¿A que sí? – se colocó frente a él, con las manos cruzadas tras su espalda y una amplia sonrisa
Ranma la besó y la abrazó con ínfima ternura y, dándola la vuelta haciendo que su espalda quedase recostada en su pecho y rodeándola por completo con sus brazos le susurró sensual “Por eso y por otras cosas dama, que espero saborear cuando lleguemos a casa…”
Akane tenía toda la camiseta llena de harina. Habían comenzado a preparar la masa base para la pizza. Ranma se encargó de echar en un recipiente grande y hondo la levadura, sal, harina (con la que habían iniciado una pequeña guerrilla y terminaron llenando casi todo el suelo de la cocina de polvo blancuzco) y el agua y proporcionarlos en sus correctas medidas. Akane miró con recelo el mejunje, pero finalmente metió la mano y empezó a remover. Él la miraba de reojo mientras colocaba una placa de madera sobre la encimera, en donde más tarde seguirían con la preparación de la masa, y esparcía un poco de harina sobre ella para evitar que se pegara.
- Te estás muriendo de asco ¿Verdad? – dijo apoyándose contra la encimera y observándola conteniendo las ganas de reírse.
- No – ella clavó su vista sobre él – Es que me está costando remover esto… - Sopló hacia arriba deslizando un mechón de pelo - Se está volviendo espeso y se me está pegando toda la masa entre los dedos. La mano me pesa como cinco kilos… - la sacó del pegajoso mejunje mostrándole la enorme mano que ahora tenía recubierta de futura base de pizza.
- ¿Has visto? – Dijo acercándose - A veces los hombres servimos en la cocina… - él se colocó detrás de ella y Akane sonrió.
- Yo creo que tú sirves siempre en la cocina, no solo a veces…
El fornido cuerpo de Ranma se amoldó sobre el suyo ardientemente. Le sentía desde los gemelos hasta el cuello, en donde percibía su cálida respiración. Sus potentes manos despegaban la masa de entre sus dedos con suavidad y parsimonia. Akane cerró los ojos y dejó inconscientemente que su cabeza se inclinara hacia atrás. Notó como él había sonreído. Noto su corazón palpitando y notó su excitación
- ¿Qué te pasa? – preguntó juguetona, moviendo sus caderas, haciendo que el roce fuera mayor.
- No se… - él respondió moviéndose también, deslizando sus labios entreabiertos sobre el fragante cuello de ella y continuando despegando la masa de las preciosas y frágiles manos de Akane - … ¿Tú qué crees que puede pasarme? – Besó el vértice de su mandíbula y bajó lentamente, mulliendo sus labios sobre la suave piel, recorriendo el camino hacia su hombro.
Ella sonrió ante las caricias y dejó que su cabeza yaciera hacia atrás, permitiéndole a él devorarla los labios. En respuesta la aprisionó más, empujándola con accidentada y calenturienta urgencia, contra la encimera, dejándola sin escapatoria. Akane ahogó un gemido en su garganta, sintiendo la fogosa necesidad de su hombre palpitando contra sus nalgas. Se giró con impaciencia, sin dejar de besarle apasionadamente, retirando las manos hacia los lados para evitar mancharle. Lo que no esperó es que las robustas manos de él atrapasen las suyas y las colocase sobre su trasero.
- No me vengas con remilgos… - susurró con voz tensa sobre sus labios - … la ropa se lava… - sus manos tiznadas de harina se escurrieron modelando el cuerpo de Akane, desde las caderas hasta sus pechos en donde ejerció una ligera y electrizante presión para luego deslizarse nuevamente hacia abajo - …y el deseo se calma… - y por sorpresa la cogió en brazos.
Antes si quiera de poder darse cuenta, Akane estaba tumbada sobre la mesa de centro de la cocina con un cuerpo de hombre que prácticamente la desgarraba la ropa sin preámbulos. Había escuchado ruidos metálicos desplomándose contra el suelo y sonidos quejumbrosos de Kira, pero lo tremendamente erótico y sensual de la situación la impidieron ser consciente del momento. En un arranque de apetito sexual incontrolable, pero que contradictoriamente deseaba ser refrenable al mismo tiempo, consiguió empujarle, haciendo fuerza con las piernas, hacia atrás y quedar sentada sobre la mesa excitada, con la sangre abrasándola las venas y con la boca seca. Él retrocedió unos pasos y se quedó observándola con los ojos ligeramente entrecerrados. Akane pudo vislumbrar algo oscuro en aquella turbia mirada. Y le resultó tremendamente llamativo al mismo tiempo. ¿Podría tratarse de algún tipo de fantasía sexual que le hicieran perder el control? Porque podía jurar y perjurar que durante los últimos segundos Ranma no había sido consciente de lo que hacía. En esos momentos era un cazador hambriento acechando a su presa. Y ella estaba dispuesta a dejarse devorar por completo. Se mordió el labio inferior, arrastrando los dientes con sexualidad. Y jugó a la Seducción. Se dejó caer ligeramente hacia atrás, con una clara invitación, sosteniendo su peso con sus brazos, lo que hizo que sus hombros se elevaran y marcaran. Arqueó la espalda, realzando su busto y dejó que su barbilla se aproximase a su pecho, observándole con desafío. Él intentó acercarse, despacio, pero el pie de Akane se apoyó sobre sus pectorales, reteniéndole.
- ¿Qué dirán nuestros hijos cuando sepan que no somos capaces de hacer una pizza sin una ración de sexo?
- ¿Por qué deberían saberlo? – dijo vocalizando entre dientes cada sílaba
Akane se alegró de no percibir ningún signo de pánico ante el uso del futuro de indicativo y del nombramiento de la palabra ‘hijos’.
- ¿No vas a ser capaz de esperar… - susurraba con voz sedosa irradiando una falsa y pícara inocencia - ….hasta que… - deslizó el pie por sus abdominales y continuó bajando hasta llegar muy cerca del terreno peligroso - …terminemos de cocinar?
Ranma avanzó, haciendo que Akane resbalase como una pluma sobre la mesa, a causa de su empeño de mantenerlo alejado, pero sin perder la posición en la que estaban. Apoyó las manos sobre el borde de la tabla y respiró hondo. Ella observó como sus anchos hombros se tensaban y sostenían su peso.
- ¿Y no podría esperar la cocina por nosotros?
Empujó un poco más, intentando que ella cediese, algo que no consiguió. Malévolamente Akane dejó al descubierto parte de la piel que recubría sus caderas y abdomen, un poco por encima de su ombligo.
- Juego sucio… - afirmó Ranma ante las porciones de cuerpo que le había mostrado. Le volvía loco observar la anatomía de aquella mujer. Y le encantaba dibujarla con la mirada. Maldijo la hora en que la confesó que adoraba cada poro de su piel, cada rincón. Pero había una parte que curiosamente le excitaba; la porción de piel que recubría la parte superior de la cadera, donde poco a poco la curva femínea se perdía formando la estrecha cintura.
- ¿No puedes contenerte? – retó con voz rasgada, utilizando su lenguaje corporal para hacerle saber que le deseaba tanto como él a ella.
- Vas a conseguir que me muera un día de estos… - finalizó angustioso, apartándose con pesadumbre - … Ni sueñes con que esta noche dormirás – amenazó con una mirada furtiva hacia sus senos firmes y erectos - En cuanto acabemos de preparar esto, nos metemos en la cama.
- Me gusta ésta mesa… - Akane se sentó en el borde de la tabla, clarificándole, al mismo tiempo, que quería que le hiciera el amor en ese lugar.
Él hizo caso omiso a lo que acababa de escuchar. Porque si respondía, sabía que se enzarzaría a embestidas contra ella sobre la mesa sin ningún reparo y no era lo que su Dama parecía querer en esos momentos. Así que, hundió las manos en el recipiente y continuó amasando con mucha más energía y gracia de la que lo hizo ella. No por nada, si no que tenía más experiencia. ¿Era él, o allí había demasiada tensión sexual acumulada?
Por otra parte, ella deseaba retrasar el momento. Quería que ambos estuvieran en un nivel de excitación tan alto que, apenas comenzaran a hacerlo, sintieran esos miles de fuegos artificiales que te iluminan unas milésimas de segundo antes de recibir el placentero orgasmo. Sentada allí, observando su amplia espalda, se preguntaba si estaría molesto. La primera vez que se acostaron, recordaba cómo había sucumbido a sus encantos, como ella se dejó hacer sin poner impedimentos. Había sido maravilloso. Y desde entonces, siempre ocurría así. Pero ya era hora de que, por una vez, ella tomara el control total de la situación. Miró hacia el suelo y empezó a balancear las piernas, como una niña pequeña que no tiene otra cosa qué hacer. Siguió así durante unos instantes que le parecieron eternos, básicamente por el silencio abrumador que reinaba en la sala. “Está enfadado” se dijo así misma. Quizá no había sido una buena idea retrasar el momento, sobre todo cuando ella también estaba deseando hacer el amor. De repente, percibió por el rabillo del ojo como algo había volado sobre la cabeza de él. Se giró, con los ojos abiertos como platos y el ceño fruncido. Le observó y volvió a suceder. Ahora las cejas estaban enarcadas. De un salto, bajó de la mesa y se acercó a él, colocándose a su izquierda.
- Creo que nunca podría hacer eso… - susurró mirando hacia el redondel de masa que tenía extendida sobre la tabla de madera con harina esparcida.
- ¿El qué? – él la miro imparcial, mientras hacía una bola de nuevo.
No, definitivamente no parecía estar enfadado.
- Eso de... – Akane hizo un gesto con las manos hacia arriba, como si lanzara algo de manera insegura - … lanzar la masa hacia arriba y… - colocó sus dedos índice apuntando al techo y dibujó circunferencias en el aire, observando con la mirada sus propios gestos - …darle vueltas como si fuera un plato – Clavó su vista en él, ofreciéndole una mirada de sorpresa.
- ¡Anda ya! – Ranma terminó de colocar la masa en una especie de bola un poco aplastada – Es fácil, solo es cuestión de practicar un poco… - se echó hacia atrás y señaló con la mano hacia la masa – Inténtalo.
- ¿¡Qué?! – Exclamó prácticamente despavorida - ¿Quieres quedarte sin cenar o algo por el estilo? – sonrió de medio lado y entrecerró los ojos, en un gesto pícaro – Porque yo pretendo cenar esta noche pizza ¿Sabes?
- Venga, prueba – Se cruzó de brazos. Volvió a señalarla la tabla, esta vez con la vista – A ver qué tal te sale. Si te lo cargas siempre podemos pedir una… - le sacó la lengua haciéndola burlas.
- No me va a salir, así que ya puedes ir pidiéndola... – Le dio un golpecito con el anverso de la mano en el brazo, de forma cariñosa - Soy muy torpe con los trabajos manuales. Inútil. Incompatible. Nada. Cero – decía mientras se colocaba de frente a la masa, observándola como si fuera el mayor desafío que tendría que afrontar en toda su vida – Hasta tener un bebé en estos momentos se me daría mejor que andar luchando contra un trozo de masa que supuestamente será nuestra cena… - le escuchó ahogar una carcajada. Miró hacia un lado de la cocina, al suelo, donde Kira estaba recostada desde que habían empezado con la preparación - … o la cena de Kira… - al escuchar su nombre, la hembra de pastor alemán movió las orejas y abrió los ojos, enfocándolos sobre Akane.
- Tampoco es tan grave Dama… - él volvió a colocarse detrás de ella, aunque esta vez no tan cerca – Tienes que hacerlo así… - Ranma batió la masa lanzándola hacia arriba, volteándola y modelándola en el aire, como si lo hubiese estado haciendo toda su vida. Dejó que el nuevo círculo de base de pizza cayera sobre la tabla en donde la preparaba - ¿Te has fijado?
Akane prestó suma atención a los movimientos. Se rascó la frente y ladeó las caderas, como si estuviera meditando sobre algo importante, algo decisivo en su vida. De repente, elevó los hombros resignada, dio un brinco poniéndose firme y plantó las manos sobre la masa.
- Vale… - susurró dándose ánimo - … creo que lo he entendido, señor. – Su voz varió a un tono solemne y grave y acompañó a su última frase con un saludo militar. Estiró el cuello y movió la cabeza de lado a lado, preparándose para el combate - Meto la mano… – uno de sus puños se clavó en la masa - Ataco al moquete… – estrujó la masa entre sus manos - … ¡¡¡Y me llevo el premio gordo!!! – Y lo lanzó hacia arriba con una sonrisa. Estaba preparada para volver a clavar el puño sobre la masa y comenzar a darle vueltas pero, la bola deformada fue atrapada por otras manos que no fueron las suyas - ¡Eh, eso era mío!
- Mírame otra vez – él volvió a repetir la forma de batir la masa en el aire – Si le llegas a meter el puño que pretendías… – decía continuando con la tarea de batir – habrías estampado al moquete contra el fregadero… - reposó la masa en la tabla - … o directamente contra Kira – miró a Akane con dulzura, brindándola una sonrisa conciliadora - … Inténtalo de nuevo.
- Vale, vale… - se remangó otra vez, inflando los mofletes. Repitió la operación hasta el momento en que tocaba batir en el aire, entonces clavó la mano, atravesando la masa - ¡Mierda! – la estrujó con las dos manos, aplacándola contra la tabla de madera – He estado a punto de perderlo, chico… - imitó al clásico Padrino.
Ranma se echó a reír…
- La mia bambina pazza... – susurró él aún con una sonrisa al verla inclinada sobre la madera, haciendo que protegía la bola con su cuerpo.
- ¿Perdón? – dijo ella pestañeando exageradamente – Te he dicho muchas veces que no digas palabras mal sonantes, Tiziano… Y que no me hables en otro idioma, que no me entero de lo que dices… - volvió a ponerse firme – Voy a ver otra vez… - resopló, amasó y lanzó hacia arriba - ¡Mira, mira! – gritó eufórica cuando consiguió darle un par de vueltas en el aire antes de que cayera sobre la encimera - ¡Lo he conseguido! – Se giró para verle, encontrándose con un repentino beso en los labios y un “Muy bien hecho” susurrado sobre ellos. Akane no pudo más que sonreír y sonrojarse – A ver ahora…
El teléfono empezó a sonar. Ranma metió las manos bajo el grifo del fregadero, se las restregó y se las secó con un paño que quedaba al lado de ella. Después corrió fuera de la cocina saltando por encima de Kira. Akane meneó la cabeza con una sonrisa, mientras rehacía la bola de masa. Era un hombre muy vital y había comprobado que, por muy cansado que estuviera, siempre tenía un hueco para pasar tiempo con ella. Mientras amasaba, no pudo dejar de pensar en dos cosas; En lo afortunada que era por tenerle y en lo bien que esperaba pasárselo disfrutando de una noche repleta de amor y buen sexo. Sintió a Kira llorar y rozarle la pierna. La miró con una sonrisa, era curioso lo bien que la hembra de pastor alemán había aceptado sus feromonas en la casa. Se asomó, intentando cerciorarse de que Ranma no estaba cerca.
- Quién iba a decir que tú y yo nos llevaríamos tan bien ¿eh? – la perra volvió a llorar y se sentó inquieta, girando la cabeza, como intentando comprender – Toma… - Akane arrancó un trocito de masa de pizza de la bola y la dejo en el suelo, frente a la perra. Ésta rápidamente lo cogió - … más vale que no se lo digas a Ranma o se enfadará muchísimo conmigo… - observó como aún mascando, la perra volvió al lugar en donde estaba, tumbándose otra vez - … Chica lista, si señor.
Y en ese momento, el rey de Roma apareció por la puerta, saltando sobre Kira y con el teléfono pegado a la oreja. Vocalizó algo que Akane no llegó a comprender. Sin muchas más intenciones de intentar entenderle, volvió otra vez a su tarea de amasar, lanzar y batir en el aire. Y no podía evitar prestar atención a la conversación que estaba manteniendo él, aunque no supiera hablar italiano.
- Sì, sì, sì lo so… - decía con un aire paciente. Se sentó en la encimera, al lado de ella, quién no perdía oportunidad de hacer uso de su buen oído para intentar identificar el sexo de la otra persona - Il giorno venti? – Preguntó él con sorpresa, lanzando una mirada interrogativa hacia Akane que continuaba intentando batir la masa con grandes progresos - Tutto dipende di se ho lavoro, mamma. – Sonrió al observarla - Sai già che non posso avere sempre ferie – Su preciosa Dama había dejado sobre la tabla la masa de la pizza en una circunferencia casi perfecta. La siguió en su caminar hacia el fregadero en donde se enjuagó las manos, mientras escuchaba a su interlocutora - Io cerco di arrivare. Lo prometto. Inoltre, sai che ora devo anche contare con Akane.
Al escuchar su nombre, se dio la vuelta y le observó seria. ¿Con quién hablaba y por qué había mencionado su nombre? Lo que recibió en respuesta fue una mirada de hastío. Estaba pidiendo socorro, o eso parecía.
- Mamma, te l'ho spiegato già molte volte – Ahora Akane le tenía en frente, acariciándola la mejilla con dulzura, rogándole paciencia - ¡Non è per non vedere a Mei ed Aleiandro! Sai che quello non mi preoccupa! – elevó un poco la voz, retirándose unos centímetros, con el ceño fruncido, molesto - Non lo so mamma, te l'ho detto già – se frotó la frente y a continuación – Habla tú con ella un momento… - le dijo a Akane reposando el teléfono en su pequeña mano recién lavada.
- ¿Que yo qué? ¡Pero qué dices! – Mirando al aparato aterrorizada y sorprendida al máximo, escuchaba la vocecita de mujer al otro lado del teléfono - ¡No sé hablar italiano! – se excusó intentando que él regresara a conversar con la mujer a la que había dejado colgada del teléfono - ¡No va ha entenderme!
- ¡No lo necesitas, ella habla japonés! – Y se perdió por el pasillo, dejando a Akane totalmente desconcertada.
Repasó en un segundo lo poco de la conversación que había escuchado y descubrió una palabra asociándola con el poquísimo inglés que conocía, “Mamma”. Horrorizada, estuvo a punto de soltar el teléfono y dejarlo caer al suelo. ¡Por Dios, ahí tenía la confirmación de quién era! Si sabía, tanto italiano como japonés y él se había referido a ella con la palabra ‘Mamma’ no cabía duda de que esa mujer era… “¡Dios, es mi suegra!” Al final, se decidió a hablar. Era peor no hacerlo, sabiendo que ella había entendido a su hijo.
- Ermm… ¿Hola? – cerro los ojos fuertemente, como queriendo esconderse
- ¿Akane? – preguntó una voz muy suave y dulce de mujer, con un ligero acento italiano muy apaciguado – Siento que la primera vez que hablemos sea algo tan repentino, cielo… - dijo ella en un japonés prácticamente perfecto - Tienes que disculpar a mi hijo, hay ciertos temas de los que no le gusta que le hable, pero es la única forma que tengo de asegurarme que se encuentra bien… Estamos tan lejos y nos vemos en tan pocas ocasiones…
- No se preocupe, está bien… - se apoyó sobre la encimera. Las rodillas le flaqueaban. Ahora comprendía la situación que habían vivido Diana y Sarah al conocer a sus respectivas suegras. Y sobre todo, lo estaba pasando peor, por que sabía cómo eran las suegras, por norma general, y sus ciertos comportamientos.
- ¿Cómo estás? Ranma me ha hablado mucho de ti…
Problema. Si era cierto que Ranma la había hablado mucho de ella, eso suponía que aquella mujer ya había creado una imagen de cómo era, gracias a lo que él la habría dicho. El asunto estaba en qué tipo de descripción le había dado Ranma… ¡Dios! Tenía que ser ella misma, lo sabía, pero no podía ni siquiera entenderse… No sabía de dónde había salido ese chip que había encendido algún tipo de sistema que la invitaba a NO ser, de repente, ella misma y pasar a ser lo que ella CREÍA que la madre de Ranma podía haber imaginado de ella.
- Pues estoy muy bien, gracias… Estábamos intentando preparar una pizza y Ranma me ha dejado sola en la cocina… He estado a punto de echar a perder la masa… - casi antes de terminar de decir esas palabras, se había golpeado la frente con la mano y su mente la gritaba “Tonta, tonta, tonta” - ¿Y usted cómo está? – se tapó la boca con la mano, como queriendo evitar que las palabras siguieran saliendo de ella. En su cara se reflejaba un gesto entre amargura y dolor…
- Oh, yo estoy muy bien… - dijo con cantinela en su voz - Un poco preocupada por ese hijo mío que anda en la otra punta del mundo. Aunque, para serte sincera, ahora que está contigo estoy un poco más tranquila… Y por favor, llámame de tú. ¡Soy casi una adolescente! - Akane rió. Más por cómo lo había dicho que por lo que había dicho. – Me gustaría hablar contigo en otro momento, con un poco más de calma y en una situación menos típica de Tiziano…- la voz fue sumamente cómplice y Akane percibió como había utilizado el segundo nombre de él - Pero es que ahora trataba de convencer a mi hijo de que vinierais los dos a pasar las Navidades aquí… Estoy deseando conocerte y me encantaría que pasaseis las vacaciones con nosotros… ¿Podrías ayudarme a convencerle? Tú ejerces más influencia que yo sobre él… Cómo se dice… mmm… ¡Sí! Tienes la sartén por el mango, yo si me acerco me quemo…
Akane se echó a reír de nuevo. Parecía una mujer muy divertida.
- Sí, claro, puedo ayudarla a convencerle de que vaya. No hay problema
- ¡Gracias, cielo! Por que no sabes lo que le echamos de menos en casa… Hace tanto que no le veo… - Akane percibió tristeza en la voz de aquella bonita mujer - … hace cinco meses que no viene a casa y a nosotros no nos deja ir…
- ¿Y eso, por qué? – Akane frunció el entrecejo y miró hacia la puerta
- Por que dice que siempre está muy ocupado y que no podría atendernos como nos merecemos… Es verdad que su trabajo le impide estar en casa todo el tiempo que una quisiera ¡Pero yo me conformo con verle unos minutos!
- Sí, es cierto que está muy ocupado… - dijo ella mirando al suelo – La entiendo perfectamente, porque yo también le echo de menos a veces… - el teléfono voló de sus manos
- Mamá, ¿No la estarás haciendo chantaje, verdad? – Dijo Ranma con una sonrisa. Recibió un golpecito en el brazo de parte de Akane – Vamos a ver… - cogió su agenda electrónica y buscó el mes de Diciembre, ella se colocó a su lado – A lo mejor puedo coger las dos últimas semanas de Diciembre. Tendría que salir de aquí… el día 22, llegando el 24… y tendría que volver el día 2 o el día 1 para estar aquí el día 4 - Miró hacia su Dama y la sonrió con paciencia, después volvió a clavar la vista sobre su PDA – Ya, pero calcula que a lo mejor no puedo salir el 22, y tengo que salir el 23… despídete de Noche Buena conmigo – de nuevo miró hacia Akane – con… ¿nosotros? – Ella elevó los hombros y frunció los labios y él lo entendió – ‘Kane no está segura de si podrá venir… - al parecer su madre no estaba por la labor de no pasar tiempo con su hijo esas Navidades - Mamá, escúchame un momento… Puede que no me den las dos semanas, así que decide si prefieres que vaya para Navidad o Año Nuevo - Ranma se rascó la cabeza, apartó un momento el teléfono y se dirigió hacia Akane – Ve preparando los ingredientes, yo voy a ver si quedo en algo con mi madre… - se dio la vuelta y salió de nuevo de la cocina y a los pocos segundos - ¡Mamá, eso no! - escuchó gritar en el pasillo.
Ella se acercó a la nevera y sacó los diversos ingredientes que habían comprado. Cuando ya los tenía dispuestos sobre la mesa se paró en mitad de la cocina ¿Dónde tendría los cuchillos? Fue abriendo cajón por cajón, rebuscando en ellos. En el primero, nada. En el segundo tampoco. Abrió el tercero y levantó con cuidado los paños de cocina que estaban colocados. Entonces, abrió los ojos desmesuradamente, se llevó una mano al pecho y cerró el cajón del golpe, afianzándose de nuevo sobre la encimera. Estuvo a punto de salir a hurtadillas de la casa y encerrarse en su apartamento.
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