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- CAPÍTULO 8 - Tercera Parte
Akane abrió los ojos pesadamente. Estaba tan cómoda entre sus brazos y se sentía tan protegida siendo envuelta por su calidez, percibiendo su suave respiración sobre su cuello… que no deseaba despertar aún. Pero a parte de los deseos de su mente, su cuerpo necesitaba urgentemente una ducha y sus músculos reclamaban desperezarse. Ya había dormido suficiente. Giró la cabeza ligeramente, para comprobar que él dormía aún. Sonrió, mordiéndose el labio inferior, al verle. Intentó zafarse de su abrazo suavemente, escurriéndose entre las sábanas, procurando no hacer ruido. La adrenalina le recorría las venas ante el nuevo reto, escapar de él sin que se diese cuenta, algo que le había sido complicadísimo de hacer en otras ocasiones… Obcecada en mirarle y comprobar que no estaba molestando su bien merecido descanso, a punto estuvo de tirar un libro que había en la mesita de noche. Cerró los ojos frunciendo el ceño, como aquel que se esconde estando perfectamente a la vista del otro. Abrió el ojo derecho, comprobando que seguía dormido, solo que ahora se había dado la vuelta cediéndola la espalda y estaba abrazando a la almohada. Suspiró aliviada y corrió de puntillas con grandes zancadas al cuarto de baño, cogiendo por el camino un albornoz que había sobre una silla del dormitorio, cubriéndose con él su desnudez.
Al entrar al baño, cerró la puerta con sumo cuidado, haciendo el menor ruido posible. Se acercó a la bañera y corrió las puertas de la mampara de cristales transparentes. Deslizó la primera hoja y abrió al máximo el grifo, seleccionando con el mono-mando el agua caliente. Volvió sobre el lavabo, se miró al espejo y sonrió agachando los párpados anotándose mentalmente un “Tienes suerte por tenerle”. Cuando levantó la mirada clavó la vista en el colgante. Lo acarició suave y delicadamente con los dedos recordando instantes de la noche anterior. Un escalofrío apabullante le recorrió la espalda. Estaba excitándose en demasía para ser primera hora de la mañana y no era el mejor momento para hacerlo “Déjale descansar, necesita dormir” volvió a recordarse desabrochándose la preciada cadena y dejándola sobre la estantería de cristal, que había a un lado del espejo, con mucho, mucho mimo. Volvió a sonreír, mirando a su reflejo, de esa manera que ella calificaría como “Desquiciadamente enamorada”, sintiéndose desbordada, repleta de felicidad…
Cogió una toalla de una de las estanterías y la colgó de la parte superior del esqueleto de la mampara, quedando así parte de la toalla hacia la zona interior de la bañera y otra porción por fuera. Se metió en la bañera, corrió las hojas y el agua empezó a resbalar por toda su piel. Los cristales de la mampara y el espejo comenzaron a empañarse debido al contraste de temperatura. Siempre se duchaba con agua prácticamente hirviendo. Era tan caliente que la piel terminaba picándola y cuando salía de la ducha debía frotarse fuertemente con una toalla para aliviar los hormigueos que se esparcían por todo su cuerpo. De hecho, en ocasiones podía incluso quemarse, lo que conllevaba a que debía ponerse de puntillas, deslizarse hasta el otro lado de la bañera y con movimientos muy rápidos alargar la mano hasta alcanzar el grifo y suavizar la temperatura con agua más fría. Era extraño, pero no sabía por qué no era capaz de sentirse cómoda duchándose con agua templada como casi todo el mundo. Incluso en verano se duchaba con agua caliente, no tanto como en otras estaciones del año, pero casi. Al cabo de unos minutos, en los que se había frotado la cabeza con los dos champús diferentes que utilizaba, más la mascarilla capilar, llegó el momento del cuerpo. Dejó caer el líquido en las palmas de sus manos con un delicioso aroma a miel y almendras y comenzó por frotar con suavidad sus piernas, primero apoyando una en el borde de la bañera y después la otra, resbalando sus palmas por los gemelos, los muslos, las caderas, los glúteos… Después subió hasta su abdomen, la zona lumbar, sus pechos en los que se detuvo masajeándolos con sumo cuidado, sus hombros… Estaba tan absorta en lo que hacía que no escuchó nada fuera de lo común en el cuarto de baño. Por tanto no pudo prever la corriente de aire fresco que se deslizó en el interior del habitáculo que formaba la mampara, ni tampoco encontrarse con unos precioso ojos azules que no le quitaban la vista de encima.
- ¡Por Dios! – Se dio la vuelta, quedando de espaldas a él - ¿Qué haces aquí? – dijo sofocada, sintiendo como su cuerpo le añadía un tinte carmín a sus mejillas y que no eran provocados precisamente por el calor.
- Venía a decirte que tengo que irme a buscar a Kira… Aunque me estoy planteando dejársela hoy también… – Masculló para sí mismo. - ¿Por qué te das la vuelta? – Dijo con una ceja enarcada sin entender muy bien su reciente reacción.
- ¡Anda, sal de aquí! – Espetó ella disimulando y enjabonándose el cuerpo tal y como estaba de pie, contra la pared.
Él la observó. La recorrió con la vista varias veces de arriba abajo, sin perder detalle de la preciosidad que tenía delante e intentando controlar sus impulsos. Sonrió. ¡A ella le daba vergüenza que estuviera allí! Esa era una de las muchas cosas que no era capaz de comprender sobre las mujeres.
- Akane ya te he visto desnuda, puedes hablarme mirándome…
- Ya, ya lo sé… - Sus ojos rodaron dejándolos en blanco - Pero quisiera un poco de intimidad mientras me ducho ¿Sabes? – Agregó observando el interesantísimo techo, moviendo la boca, rogando que él corriese la puertecilla de cristal y dejara de mirarla – Además ¡Me estoy muriendo de frío! ¡Cierra!
- ¿Y si me meto contigo? – Susurró juguetón con una mirada lasciva, encogiendo los labios y procurando no pensar mucho con los ‘paises bajos’ y más con el cerebro.
- ¿¡Qué parte de ‘un poco de intimidad’ no has entendido?! – dijo con sarna, asombrándose y dándose la vuelta. Y antes de darse cuenta, todo su cuerpo enjabonado quedaba pegado al de él, empapándole el torso desnudo y los pantalones.
- ¿Qué parte de ‘ya te he visto desnuda, puedes hablarme mirándome’ no has entendido tú? – Él era consciente de la cercanía y también de que Akane se había percatado - ¿Te da vergüenza que te vea así? - Y era más consciente aún de lo mucho que ella le excitaba y de lo doblemente que lo hacía con el cuerpo y su precioso cabello mojados.
Akane suspiró resignada. Cerró el grifo de la ducha y se le quedó mirando fijamente. Y entonces sintió como una ola de calor revolvía todas sus entrañas, de arriba abajo y de abajo a arriba. Una y otra vez.
- No, no me da vergüenza…
- Mentirosa… - susurró más cerca de ella. Notó como sus uñas de color marmóreo se clavaban en sus pectorales e imponían fuerza, intentando contenerle alejado.
- Bueno vale, un poco – reconoció – No es lo mismo que me veas en semi-penumbra a que me veas con toda esta luz, que además ofrece una perspectiva de mi cuerpo bastante realista, lo que te hará salir huyendo por esa puerta en dos segundos.
Así que, ese era el motivo, o al menos uno de ellos, por los que a las mujeres no les gustaba que lo hombres las vieran mientras se duchaban…
- Han pasado más de dos segundos desde que te he mirado y aquí sigo. Para ser exactos llevaba como tres minutos mirándote antes de abrir la mampara – Afirmó con una sonrisa sincera – …y lo que he visto me ha encantado. Y me encanta… - su mano recorrió la columna vertebral de Akane con lujuria contenida. Ella sintió un espasmo dentro de su cuerpo – Ya no te queda otro remedio que aceptar que me meta en la ducha contigo. Me has empapado… - señaló hacia abajo.
- ¿Perdona? – quiso separarse indignada – Te has empapado tú solo cuando me has cogido de esa manera para pegarte a mi – Se suponía que debía estar prácticamente congelada pero para su sorpresa estaba tan caliente como cuando estaba bajo el teléfono de la ducha.
- Ha sido la única forma de hacer que me prestases atención. De otra forma no hubiera conseguido que me mirases y ya sabes que me gusta que me miren cuando hablan conmigo. Así que, la culpa es tuya – Sonrió triunfante
- Tienes una gran habilidad para darle la vuelta a la situación y dejarla a tú favor ¿Sabías? – Akane se removió un poco, intentando separarse otra vez. Estaba prácticamente recién levantada, sus neuronas no estaban listas para un enfrentamiento de “A ver quién es el más hábil para arrinconar al otro y dejarle sin argumentos” Lo que le sorprendía era que él si lo estuviera.
- Forma parte de mi trabajo. Son años de experiencia – elevó los hombros, señalándolo como algo evidente - ¿A dónde crees que vas? – preguntó con una sonrisa de asombro. Tenía dos opciones; la primera era que le dejara meterse con ella en la ducha, la segunda era que se fuera con él a la cama. Aunque claro, su preciosa ‘Dama’ aún no sabía nada sobre sus opciones.
De repente Akane abrió muchísimo los ojos y se puso rígida.
- ¡Oh Mierda! – estiró el brazo cogiendo la toalla. Ranma la soltó increíblemente rápido - ¡Mierda, mierda! – maldecía repetidamente mientras se enrollaba la tela sobre sus pechos.
- ¿Qué pasa? – Preguntó aturdido, allí parado.
Akane le miró fijamente con una expresión almizcle de enfado y pánico. ¿Cómo podía haberse olvidado? Estaba claro que el culpable había sido él, por provocarla ese efecto de atontamiento estúpido que siempre sufría cuando estaba cerca. ¡Maldición!
- ¡Quítate si no quieres ser padre en nueve meses! – gritó exasperada mirándole fijamente. Él levantó las manos pálido, indicándole un “me rindo” y se apartó apretándose contra la pared, sin necesidad de pensar ni siquiera una sola vez sobre lo que acababa de decirle, dejándola salir del baño. Adiós a sus dos opciones, aquello las tumbaba por K.O.
Ella caminó velozmente hacia su mesita de noche, sacó la caja de píldoras anti-conceptivas y corrió a la cocina. Cogió un vaso y lo llenó de agua. Sus manos temblaron mientras empujó la burbuja del blister para hacer salir la pastilla. Se la introdujo en la boca y la tragó junto con un gran sorbo de agua. Dio unos cuantos pasos nerviosos de arriba abajo por la cocina. Un hijo no estaba proyectado en su vida en esos instantes y por culpa del enamoramiento se estaba volviendo torpe y más despistada de lo habitual… Y bueno, el hecho de que antes se olvidará tomar un par de pastillas anticonceptivas no suponía ningún problema, exceptuando el hecho de tomar dos al mismo tiempo el día siguiente ¡Pero ahora era distinto! Tenía a una fábrica de semen rondando por su casa prácticamente todos los días ¡Y a todas horas!
- Akane ¿Quieres calmarte? – dijo él apoyado sobre el marco de la puerta
- No, no ¡Tú no lo entiendes! - ¿Es que acaso él no se daba cuenta de la magnitud del problema? – Me estás volviendo completamente inútil. Y aquí tienes la prueba. ¡No quiero tener un hijo en estos momentos!
- ¿Cómo que yo te vuelvo inútil? – Preguntó desconcertado - ¡Y no vas a tener ningún hijo! – Se separó del marco – Te acabas de tomar la píldora, no hay problema. Tranquilízate – Y sonó más a una orden que a un consuelo.
- Sí, me estás volviendo inútil por que se me olvidan incluso las cosas que hacía mecánicamente. ¿Cómo puedes estar tan seguro de que no estoy embarazada? – Estaba histérica, completamente. Cogió la cajita y buscó el prospecto – No entiendes el trauma que me supondría quedarme embarazada ahora… - le dio la vuelta al papel, ya que lo había empezado a leer del revés- … ni te lo imaginas – farfullaba.
- Vamos a ver – se acercó por su espalda y le quitó el prospecto - ¿Hace cuánto que estás tomando la píldora? ¿Dos, tres, cuatro meses?
- Casi un año – aclaró ella intentando arrebatarle el trozo de papel
- ¿Y crees qué después de un año tomando anticonceptivos y acabándote de tomar la píldora que te correspondía para anoche, puedes estar embarazada?
- Hay probabilidades de que lo esté – le espetó prácticamente furiosa. Claro, el problema no era de él, por que no cargaría con un bombo, ni sufriría los malestares, no tendría que pasar por un parto, ni tampoco criar a un hijo. ¡Qué fácil era decirla eso!
Odió el gesto que hizo. Arqueó las cejas, acercó su rostro al de ella, con una sonrisa de medio lado, y su mirada se cubrió con un tono jocoso.
- ¿Cuándo dices que tiene que bajarte la regla? – y el tono sarcástico para rematar. ¡¡Quería asesinarle!!
- ¡Eres imbécil! – Le arrebató por fin el prospecto. Se dio la vuelta guardándolo en la caja, luchando contra las lágrimas que querían fluir de sus ojos. Se recolocó la toalla y suspiró conteniendo un sollozo.
- ¿No te das cuenta que estás teniendo una reacción totalmente paranoica? – La acarició suavemente la cintura, sin llegar a abrazarla - Akane o las píldoras te están proporcionando un buen aumento de hormonas o entonces, estás a punto de tener el periodo.
Sus ojos reflejaron asombro ante lo que él acababa de decirle. Cogió el blister de pastillas y comprobó que le quedaban solamente dos para llegar a las de color blanco, lo que significaba que en cualquier momento se presentaría su periodo. Así que, si utilizaba las probabilidades y porcentajes había un 0.01% de posibilidades de poder concebir un bebé. Suspiró aliviada y sonriente. Se giró para encararle.
- Lo siento… - susurró sin mirarle. Odiaba esos cambios repentinos de humor que siempre sufría justo antes de la visita “obligada” mensual. Lo curioso era que siempre que los padecía, jamás caía en la cuenta de a cuento de qué estaba tan irascible. Nunca los asociaba con su periodo - … he perdido los nervios. Tienes razón – Se frotó los ojos con su mano, como si quisiera borrar el gesto de culpabilidad que portaba por haberse puesto así con él – Siempre me pasa lo mismo cuando me va a bajar la regla, no controlo mis reacciones y me pongo histérica por cualquier cosa… y si cualquier cosa implica un posible bebé… - sintió un escalofrío, no podía imaginarlo y prefería no hacerlo.
- Ya veo… - la sonrió con tono tierno en su voz - … No tienes por qué disculparte, no es algo que hagas a propósito. De todas formas deberías ir al ginecólogo para que te hagan un control hormonal. Llevas un año tomando la píldora sin descanso y eso es mucho tiempo.
- ¿Y tú cómo sabes tanto? – preguntó con burla y sorpresa al mismo tiempo.
- Una hermana, una madre y dos ex-parejas que tomaban la píldora ¿Te parece suficiente?
- A mi me sobraría… - él rió – Gracias por ser tan comprensivo – susurró sincera - … otro me hubiera perdido de vista. Si no por la reacción hipersensible, por el hecho de haberme olvidado de tomar la píldora.
- Te quiero Dama – besó su frente - Lo mínimo que puedo ser es comprensible. Ya tendré yo mis días malos y te tocará soportarme - y después sus labios dulcemente - ¿Qué planes tienes para hoy?
- ¡Oh, se me había olvidado! Ésta noche hemos quedado con Sarah y su marido y con Diana y su prometido… - hábilmente le sonrió, de la manera más dulce e inocente que sabía y acarició su nuca suavemente con sus dedos. -… para ir a cenar. Tienen muchísimas ganas de conocerte - Esperaba que no se enfadara por anticipar planes sin decirle nada…
- Vale – Volvió a besarla - Ahora tengo que irme ¿Te veo a la hora de comer? – Ella afirmó con la cabeza. La acarició, con el anverso de la mano el rostro, como forma de despedida y caminó por el pasillo hacia el dormitorio. Y entonces, su voz se perdió por el apartamento de Akane llegando hasta sus oídos – ¡Y no hagas planes sin consultarme antes y menos si involucran a otras personas!
Ranma había vuelto para comer y luego se tuvo que marchar de nuevo. Quedaron a las siete y media para salir de casa y dirigirse al restaurante en donde se habían citado con Sarah, Diana y sus respectivos. Eran las siete y veinticinco minutos y Akane estaba perdiendo los nervios. Caminando, totalmente arreglada y lista para salir, de un lado a otro del salón. Le era imposible contactar con él a través del teléfono móvil y desde luego en su casa no estaba. Comenzó a preocuparse. ¿Y si le había pasado algo y no había forma de que se comunicara con ella? Porque dudaba mucho que estuviese tan pronto en su lista de contactos en caso de emergencia. Las siete y media. ¿Dónde demonios estaba? Le llamó otra vez al teléfono. Esperó hasta que se cortaron los tonos, cortesía de la compañía telefónica… Suspiró. Decidió que lo más factible era llamar a las chicas y explicarles la situación.
- Hola Akane – saludó Diana – Vamos a llegar unos minutos más tarde cielo… - decía sin dejarla hablar - Mike se ha entretenido intentando colocarme unas estanterías que llevaban un año esperándole y se acaba de meter en la ducha.
- No te preocupes, te llamaba precisamente por algo parecido… No he sido capaz de contactar con Ranma y no tengo ni remota idea de dónde puede haberse metido. – Dijo con tono resignado y a la vez con preocupación - Parece que se le ha tragado la tierra. Y no quiero parecer histérica, pero había pensado en llamar al hospital y a todos los ambulatorios de la ciudad ¿Qué opinas?
- A lo mejor está en algún sitio entretenido, no se ha dado cuenta de la hora y no escucha el teléfono…
- Pues qué poco formal… - ahora su tono fue de enfado. En ese instante sonó el teléfono fijo de casa – Espera un segundo, me están llamando a casa, te llamo ahora. – Dejó el móvil sobre el sofá y descolgó rápidamente el fijo - ¿Sí?
- ¿Señorita Tendo? – Le dio un vuelvo el corazón. Había pasado algo.
- ¡Sí, soy yo! – Se sentó en el sofá, pálida.
- Soy Naru Naomi, la secretaria del señor Saotome. – Hubo una pausa - Le llamo de parte del señor Saotome para informarla de que acaba de salir de una reunión de negocios, que está yendo hacia allá y que se encontrará con ustedes directamente en el restaurante. – Dijo la mujer de manera automática.
- Oh – Akane estaba aturdida ¿Por qué no podía llamarle él y tenía que hacerlo su secretaria? – ¡Oh! – Exclamó como dándose cuenta de lo que acababan de decirle – Sí, gracias por llamar Naomi…
- De nada señorita Tendo. Buenas Noches…
- ¡Espere, Espere! – Gritó ella casi a la desesperada
- ¿Sí señorita Tendo?
- He estado llamando al teléfono de Ranma y… no me lo coge ¿Sabe por qué? – preguntó con astucia.
- El señor Saotome desconecta su teléfono cuando está en las reuniones – contestó la mujer, quién poseía una voz muy suave y sensual, con parsimonia.
- Sí, eso lo supongo – sonrió forzada – Pero el teléfono me daba señal y… Bueno, no importa - ¿Qué pretendía? ¿Que aquella mujer conociera cada movimiento que él hacía? Aunque apostaría su cabeza a que sabía muchos más que ella - ¿Hace cuánto que salió Ranma del despacho?
- Quince minutos aproximadamente.
- De acuerdo, gracias de nuevo Naomi – la joven secretaria se despidió y Akane colgó el teléfono.
Cogió las llaves y el móvil. Se puso un abrigo tres cuartos de color ocre y de cuello alto y cerrado para cubrir su garganta, y salió de casa. De camino al restaurante llamó a Diana para terminar su conversación a medias y para comunicarla la nueva situación. Y a Sarah, para que no se volviera histérica y no se emborrachase por el aburrimiento de la espera. Al menos quería que estuviera completamente cuerda cuando se lo presentara, por que sin estar borracha ya podía denominarse como peligrosa. Realmente, Sarah no necesitaba beber ni una gota de alcohol para desmelenarse de la misma forma en que lo hacía cuando sí bebía.
Anduvo hasta prácticamente el centro de la ciudad. Se habían citado en el impresionante, exclusivo y vanguardista restaurante de moda ‘Anouk’. Sarah tuvo que remover cielo y tierra, y rondarle a algunos de sus contactos, para poder reservar mesa para los seis ese sábado por la noche. No alcanzaba a entender por qué se había empeñado en cenar precisamente en aquel lugar. Además, a Akane le iba a costar, por lo menos, el sueldo de un mes de trabajo, solo el primer plato. Cada vez que pensaba en la fortuna que estaba a punto de gastarse en escasas tres horas, le daban ganas de salir corriendo y esconderse bajo las mantas de su cama, como cuándo un niño se esconde del monstruo imaginativo que lo aterroriza. Divisó la fachada del local, amplísima de colores blancos nacarados y dorados. Sin duda era impresionante, lujosísimo y en definitiva, delicioso. Buscó con la mirada a su amiga y su marido, antes de plantarse justo frente a la puerta de entrada.
- ¡Akane! – Se giró buscando la procedencia de la voz. Sarah venía preciosa, junto con Nico quién no la hacía de menos - ¿Llevas mucho esperando? – Se acercó dándola dos besos
- No tranquila, acabo de llegar – Miró hacia su marido - ¡Hola Golfo! – Saludó Akane con una sonrisa en sus labios de manera jocosa. Él la dio dos besos devolviéndola el saludo verbalmente – Cuánto tiempo sin vernos ¿Eh?
- ¿Yo, golfo? ¡Eres tú la que andas desaparecida! Yo voy de casa al trabajo y del trabajo a casa – La miró pícaramente – Pero ya me han dicho que te has buscado un entretenimiento con nombre de varón…
- ¿Ah, sí? – Miró a Sarah, teatralizando una traición – ¿Ya te han hablado de mi nuevo amigo de color crema y fabricado en látex? – Sarah empezó a reírse y Nico tardó dos segundos más en captar el chiste y carcajearse junto a su mujer. Akane se sonrojó – Sí, la verdad que es un buen entretenimiento. Entre el trabajo y él no tengo tiempo para prácticamente nada…
- ¿Hablas de tu amigo el de color crema? – Sarah quería volver a reír, pero se contuvo. Demasiadas risas podían incomodar a Nico, el único hombre presente. Porque sabía que la conversación iría a derivar a terreno femenino y esperaba, y haría todo lo posible, para que tomaran ese rumbo cuando ya estuvieran los seis reunidos, desinhibidos, mientras tomaban el postre y el café.
- Hablo de mi otro entretenimiento, el que es autónomo y no necesita pilas– Akane miró hacia el suelo con una sonrisa adolescente a la vez que llevaba sus manos al cuello del abrigo y lo cerraba de forma protectora contra su garganta. Sus amigos rieron otra vez.
- ¿Qué hacemos? – preguntó él rodeando a Sarah tiernamente por la cintura y atrayéndola hacia sí, cobijándola del frío - ¿Entramos?
- Vamos a esperar un poco a ver si llegan los demás… - agregó su amiga, en un susurro dirigido hacia él, con un ligero toque de reprimenda – No creo que tarden mucho ¿Verdad? – Ahora miró hacia Akane, esperando su aprobación
- No, no lo creo - contestó esperando que así fuese, por el bien de alguien en concreto – Podemos esperarles unos cinco o diez minutos más y si no aparecen nos metemos dentro, por que la verdad es que hace un poquito de calor… - dijo de forma sarcástica
- Bueno Akane ¿Y qué tal el trabajo? – preguntó Nico interesado
- Muy bien. Aunque mi jefe estuvo a punto de matarme el otro día por que casi no le presento a tiempo un artículo. Pero por lo demás ya sabes, a mi gusto y a mi ritmo… No puedo quejarme… - Miró a Sarah, preocupada. Aún no la había contado nada sobre su no ascenso, lo que significaba que dudaba que se hubiera desahogado con alguien. Quizá con Diana, pero… no estaba muy segura - ¿Tú qué tal? A parte de pasarte el día en la oficina y de solo tener tiempo para ir a casa a dormir…
- Oh, bien, bien – dijo él, como queriéndole restar importancia – El cabrón de mi jefe se jubiló hará como dos semanas, así que ahora tengo a otro que es también un cabrón, pero en menor grado. – Sonrió y Akane también. Sarah parecía abstraída - Estoy asfixiado de trabajo, pero la cosa podría ir peor… Trabajo igual a dinero, no trabajo igual a ruina. – Levantó los hombros en señal de indiferencia por su último comentario – Pero vamos, estar hasta arriba me permite tener a mi niña contenta – Akane notó como Nico apretó a Sarah contra él, de una forma pícara y tierna al mismo tiempo - ¿Verdad princesita? – agregó en un tono juguetón, con una sonrisa en los labios.
- Nico cielo… - Sarah le miró almizclando su acaramelada y derretida mirada de amor con un gesto seco en el resto de su rostro - … Nos ponemos melosos luego ¿Vale? – Hizo amagos de querer apartarse un poco de él, todo con el típico juego entre una pareja de enamorados.
Akane sonrió feliz al verles tan bien. Nico era una de las mejores personas que había conocido. Y no solo era el marido de su mejor amiga, sino que él también, con el paso del tiempo, se había convertido en su amigo, casi rayando lo íntimo. Giró la vista enfocándola hacia la acera y la carretera. Quería que Ranma llegara. Le echaba muchísimo de menos y no podía dejar de sentir cierta envidia sana por la pareja que tenía en frente. Ella también quería estar así, quería que su hombre la rodeara por la cintura y la cobijara del frío, quería que la dijera cosas tiernas y dulces al oído, que la arrullara, acariciara y besara.
Diana y Mike llegaron en ese preciso momento. Primero se saludaron los hombres y después Sarah y Diana. Ésta última se acercó a darle dos besos a Akane.
- Voy a matarle… - susurró ella
- Tranquila… – agregó Diana besándola - … Ya llegará…
- Me da igual, pienso matarle… - sonrió disimulando lo frustrada que comenzaba a sentirse - ¡Hola Mike! – Le dio dos besos - ¿Cómo estás?
- Muy bien ¿Y tú? - Se saludaron correctamente y mantuvieron una conversación similar a la que Akane tuvo con Nico hacía unos minutos.
En cuestión de segundos, los dos hombres comenzaron a hablar amistosamente mientras que las chicas se reunieron frente a ellos, como si fueran dos bandos.
- ¿Estás segura de que Ranma se enteró dónde habíamos quedado? – preguntó Sarah extrañada.
- Sí, se lo repetí tres veces precisamente para que no se despistara… - Respondió Akane suspirando y remarcando el numero de ocasiones en que le dijo dónde se reunirían con los dedos de su mano derecha – Y su secretaria me ha dicho que venía hacia aquí… - sonó desilusionada.
Diana y Sarah la observaron preocupadas mientras Akane estiraba el cuello intentando divisarle por entre la gente que paseaba por la acera.
- ¡Por Dios! – gritó Sarah abriendo un poco el abrigo de Akane - ¿Y esto? – Diana se asomó también abriendo la boca por la sorpresa
- ¿Qué? – se echó un poco hacia atrás, debido al repentino acoso de sus dos amigas - ¿Qué pasa? – y miró hacia abajo.
- ¿Cuándo, Dónde y los más importante CON QUÉ te has comprado esto? - Diana sostenía la piedra entre sus dedos, incrédula.
- Me… Me lo regaló Ranma – agregó sin saber muy bien a qué venía tanto asombro de sus amigas. Desde luego la joya era una preciosidad, de una delicadeza exquisita, pero tampoco era para quedarse sin aliento y totalmente pálida ¿O si? - ¿Por qué? – preguntó aturdida
- ¿CÓMO? – Gritaron las dos al mismo tiempo observándose con una mirada preocupada y haciendo que sus respectivas parejas dejaran de conversar durante unos segundos para mirarlas. Al ver que eran asuntos de mujeres, siguieron con su amena charla sobre deporte.
- ¿Tú sabes lo que llevas encima? – Susurró Sarah, intercambiando su mirada rápidamente entre Diana, Akane y de nuevo posándola sobre el colgante - Es un diseño de Rafaello… - agregó esperando que con eso se diese cuenta de lo importante del asunto y de lo preciado que era un colgante como ese.
- ¿Y? Ya se que es una joya italiana, me lo dijo Ranma - Evidentemente, Akane no entendía absolutamente nada de joyas. Aunque al parecer sus amigas estaban muy puestas en el tema, sorprendentemente.
- Akane – Diana habló pausadamente, remarcando cada sílaba, haciéndola entender - Llevas doscientos cincuenta mil Yenes en el cuello.
Y entendió. Muy bien. A la perfección. Se quedó igual de pálida que ellas y con la boca formando una perfecta ‘O’. No podía creerlo. ¡¡Doscientos cincuenta mil Yenes en el cuello!! Intentaba asimilar la cifra. Ese era su sueldo mensual. Pero su sueldo en bruto, sin contar desgravaciones ni los gastos comunes. Esa preciosa, finísima, delicada y pequeña joya que llevaba colgando valía toda esa cantidad. La fascinación no era por el precio en sí mismo si no por saber que ÉL se había gastado toda ESA cantidad en una JOYITA para ELLA. Y en ese instante en el que se encontraba divagando y asimilando, sintió como unos fuertes y cálidos brazos la rodeaban por la cintura.
- Hola… Lamento muchísimo el retraso – Susurró dándola un rápido beso en la mejilla y después, dirigiendo la mirada hacia Sarah y Diana en primer término, afianzó sus disculpas – Mil perdones. Me han secuestrado en una reunión muy importante y he salido más tarde de lo esperado.
- ¿Así que tú eres Ranma? – dijo Sarah con una sonrisa libidinosa y extendiéndole la mano sensualmente - Encantada de conocerte, yo soy Sarah. – Le echó una mirada de arriba abajo - Me han hablado mucho de ti…
- Encantado Sarah a mi también me han hablado mucho de ti… - miró hacia Diana y corrigió - … de vosotras… Tú debes ser Diana ¿No? – dirigió su mano diestra hacia ella.
Sarah le dio un toquecito a Diana, para que despertara del sueño erótico que juraría estaba teniendo. A la vez, avisó a su marido y al prometido de Diana de que la pareja de Akane ya había llegado.
- Sí, sí… - Le estrechó la mano con una sonrisa inocente y con los pómulos sonrosados, aunque gracias al frío apenas se notó – Soy Diana, encantada Ranma.
Después de una presentación formal entre todos que corrió a cuenta de Sarah, ya que Akane seguía navegando en pensamientos sobre su valerosa joya, y de una disculpas por parte de Ranma hacia el resto por hacerles esperar, decidieron entrar al restaurante. La luz era tenue e íntima y le daba una calidez especial al local; las lámparas colgantes eran de formas curvas, dobladas en formas sensuales, elegantes, ligeras y de colores pasteles rojizos y blancuzcos. Las mesas eran amplias, con manteles blancos de algodón. Las cuberterías eran de brillante plata. Las vajillas de formas cuadriculares, alternándose los platos negros y blancos, unos sobre otros. Las copas de finísimo cristal de bohemia que relucían hasta con aquella luz apaciguante y en los centros, una vela blanca rodeada de níveos lirios y azucenas.
- Dama… - susurró él en su oído. Akane pareció salir del trance - ¿Ocurre algo?
- ¿Qué? ¿Qué? – se giró por primera vez para mirarle ¡Era tan atractivo! – No… No, no pasa nada… - Movió un poco la cabeza, desvaneciendo sus pensamiento anteriores - ¿Cómo has tardado tanto? – Preguntó demostrando que solo había estado de cuerpo presente en la conversación anterior.
- Me han entretenido en una reunión – Comenzó a andar detrás de las amigas de Akane – Lo siento, pero era un asunto delicado y no he podido salir antes…
- Podrías haberme llamado al menos… - y no era un reproche, si no que demostraba un disgusto, una pequeña decepción.
Sarah se había parado frente al recepcionista, quién les tomó el nombre y con una amplia sonrisa comenzó a caminar hacia su mesa.
- ¿No te llamó mi secretaria? – Ranma llevo su mano izquierda hacia su espalda, se arregló la americana y observó por encima el lugar. Después miró directamente a los ojos de Akane, quién denotaba un toque de tristeza en sus preciosos ojos pardos.
- Sí, me llamó. Pero hubiera preferido que lo hubieses hecho tú – desvió su vista hasta sus amigos. Estaba a punto de llegar a la mesa – Hablamos luego ¿Vale? – Volvió a mirarle – Quiero pasármelo muy bien contigo y con ellos – señaló con la cabeza hacia sus amigos – Esta noche es especial… – Él la sonrió y acarició su cintura en un gesto íntimo y tierno – Así que dejemos esta conversación para luego o mañana…
Akane se sentó a la izquierda de Ranma, pero no por elección propia, si no por que él de manera hábil y disimuladamente la hizo sentarse en ese lugar concreto. Les habían posicionado en una mesa de forma circular. Contando desde donde estaba Akane, a su lado, quedaron sentados de la siguiente forma: Mike, Diana quién estaba sentada justo frente a él, Sarah y su marido Nico. Nada más acomodarse, varios camareros se acercaron y les trajeron unos aperitivos, dos botellas de vino y dos de agua y La Carta para elegir la cena.
- Hoy me voy a saltar la dieta, no pienso comer pescado – dijo de forma casual como no dándole importancia. Sin embargo, todos los demás, quienes tenían la vista puesta en la Carta, la miraron atónitos.
- ¿Estás a dieta? – Preguntó Diana sorprendida con la boca semi-abierta – ¡Pero si no lo necesitas! ¡Ya quisiera yo estar como tú…!
- A ver sí a ti te hace caso Diana, por que a mi… - Nico habló en tono hastiado. Se notaba que él tampoco estaba demasiado de acuerdo con que su mujer hiciera dietas. A él le encantaba de cualquier manera - … como si fuese una maceta.
- Precisamente por que la hago no la necesito – Dijo en tono de reproche mirando a su marido. Después desvió la vista hacia todos los demás. Era evidente - Si no la hiciera entonces SÍ que la necesitaría. Ya me contaréis cuando os vayáis acercando a la cuarentena, ya… - advirtió – Además, a todos nos gusta cuidarnos ¿No? – Hizo una mueca – Akane por ejemplo, sale todos los días a correr.
- ¿A mi por qué me metes? – Su gesto era una mezcla de circunstancia, víctima y sorpresa – Yo no he dicho nada.
- ¿A que tú también te cuidas Ranma?
De repente todas las miradas estaban puestas sobre él. Todas menos la de Akane que desvió su vista supuestamente hacia la carta, aunque lo que en verdad hacia era esconder su sonrojo porque no pudo evitar recordar el irresistible cuerpo desnudo de su pareja.
- Claro – Respondió airoso, restándole importancia y con una sonrisa de aprobación dirigida hacia Sarah – Cuidarse está bien. Mientras no se obsesione, perfecto – declaró lanzando una mirada rápida hacia Nico de forma previsora.
- Oh, no le des la razón Ranma – Intervino Diana haciéndole un puchero – Se vuelve insoportable… Luego nos lo está restregando por la cara todo el día – exageró el ‘todo’ haciendo un gesto de amplitud con las manos y sonrió hacia su amiga dándola a entender que era una broma.
- ¡Y qué lo digas! – Exclamó el marido de Sarah. Miró a la pareja de Akane, para afianzar que se dirigía concretamente hacia él, aunque el comentario iba para toda la mesa – Luego la tendré toda la noche – afinó la voz, recreando una burla inocente - ¿Ves cómo tenía razón, te das cuenta como yo tenía razón? – Ranma sonrió por la situación tan natural que se estaba dando.
- ¡Yo no hago eso! – Sarah se sintió ofendida – Te lo digo una vez – levantó el dedo índice – Solo UNA vez y luego ya me callo, como si no existiera.
- Esa será la percepción que tú tienes sobre el número de veces que lo dices… Un día de estos voy a grabarte para que te entretengas luego en contarlas…
- Le creo – de repente, Mike intervino en la conversación – Diana también lo hace, me repite las cosas millones de veces…
- ¡Mentira! – Se giró hacia él, también mostrando un gesto en su rostro de ofensa – Además, si hicieras las cosas en su momento no tendría que estar recordándotelas miles de veces…
- ¡Lo veis! Es culpa vuestra que siempre estemos machacando las cosas – Sarah ya saboreaba la victoria del primer asalto mujeres vs. hombres
- ¿Entonces reconoces que las mujeres repetís miles de veces las cosas? – ese fue Nico, quién mantenía la sonrisa en los labios.
- Yo quiero un número 23 - Por fin, Akane habló. Ranma la observaba por el rabillo del ojo, parecía incómoda. Y no solo éste la miraba, si no todos los demás comensales a causa del repentino cambio de conversación. Se quedaron en silencio un segundo y entonces… – Y la culpa es tanto de las mujeres como de los hombres. Las mujeres por ponernos pesadas y de los hombres por no tener una concepción real del tiempo cuando se trata de las mujeres… ¡Perdéis el norte!
- ¡Eh, no es verdad! – Alegaron Mike y Nico con el ceño fruncido. Las chicas rieron por esa reacción.
El camarero apareció justo en ese momento para tomarles nota. Cada uno pidió lo que deseaba cenar y además Mike y Sarah ordenaron una cerveza para cada uno.
- Akane nos dijo que trabajas en Panasonic – comento Sarah, retomando la conversación con Ranma
- ¿¡Ah Sí!? Me vendrían bien un par de D-Snap… - dejó caer Nico, aunque rápidamente fue corregido por un codazo en las costillas de parte de su adorada esposa - ¡Auch!
- Lo siento Nico, no me muevo por esa zona… - dijo Ranma sonriendo - … lo mío son las altas esferas…
- Conozco a un par de tipos allí – intervino Mike de repente, serio - Dicen que hibernáis en vuestros despachos o en los despachos de otros… Y también que sois un poco cabrones…
- ¿Ah si? – Ranma se inclinó un poco sobre la mesa - ¿Cómo dices que se llaman? – agregó observando detenidamente a su interlocutor. Le había visto antes en algún sitio ¿Pero dónde? – Precisamente yo soy de los que no hibernan en los despachos… La mitad del tiempo estoy metido en un avión y la otra mitad colgado del teléfono. Apenas tengo trato con los empleados, solo con mis jefes y mi secretaria, así que sobre lo de ser o no cabrón no puedo contestarlo – se volvió a apoyar contra el respaldo de la silla – Y de los demás, no se nada…
Continuaron hablando amenamente de sus respectivos trabajos, y algunas anécdotas curiosas o graciosas que les habían ocurrido, durante todo el primer plato. Akane y Ranma intercambiaron fugaces y cómplices miradas durante la conversación. Él se lo estaba pasando muy bien, eran un grupo muy entretenido con el que parecía poder hablarse de cualquier tema. Ingeniosos, rápidos, tolerantes, cultos… en una palabra, Interesantes. Y ella estaba feliz y cómoda por sentir como él se adaptaba perfectamente al grupo. Parecía como si hubieran estado siempre los seis juntos. Poco a poco las conversaciones iban subiendo de tono. De haber empezado hablando de trabajo a estar a punto de comenzar a hablar de Hombres vs. Mujeres y con suerte, también de sexo. Sarah sonreía interiormente, terminaban ya el segundo plato, habían tomado alguna copa que otra y comenzaba el postre, justo como ella había “planeado”...
- ¿Sabéis? El otro día me explicaron por qué a los hombres os gusta “casaros con vírgenes”…
Ranma se atragantó con el vino que estaba bebiendo en ese momento y después empezó a reírse. Nico miró a su esposa y Mike le echó una mirada rápida a Diana y a continuación miró a Akane, quién lucía un ligero rubor en sus mejillas.
- A ver ¿Por qué? – preguntó Ranma exageradamente interesado.
- Pues por que no os gusta que os critiquen.
Akane apretó los labios conteniendo una risa, Diana no tuvo tanto control sobre sí misma y empezó a reír.
- Cómo si a vosotras os gustase que nosotros lo hagamos… - agregó él cruzándose de brazos y apoyándose en la mesa - … Además, siempre decís que preferís hombres experimentados para la primera vez. Eso sí, una vez que ya la habéis tenido y comprobáis que no ha sido como esperabais… - dejó inconclusa la oración
- Es que si la primera vez, lo haces con un hombre experimentado, hay más probabilidades de disfrutar de ella… - Sarah cruzó los brazos bajo sus pechos y se apoyó en la mesa, remarcando el interés.
- Por eso nos gusta “casarnos con vírgenes” – agregó Ranma victorioso bebiendo de nuevo de su copa – Vosotras disfrutáis más y nosotros también.
- Egoísmo, puro y duro – agregó Akane
- ¿Por qué? – sus ojos azules se clavaron sobre ella con dulzura
- No lo hacéis por que nosotras disfrutemos, lo hacéis por que vosotros hincháis el ego sabiendo que esa mujer nunca ha sido tocada por otro. – Le dijo mirándole fijamente - Es un instinto de posesión y un rasgo significativo del machismo.
- Es difícil encontrar una mujer virgen a estas alturas de la vida. Incluso diría que ahora es más fácil encontrar a un hombre virgen que a una mujer – dijo Mike, apoyándose en el respaldo de la silla encontrándose un poco mareado por las copas de vino.
- Estoy de acuerdo con Mike – Susurró Nico – Y sobre lo que dices Akane, creo que las mujeres tenéis una idea en general equivocada a cerca de nosotros… - miró hacia los presentes en la mesa, por si tenían algo que objetar - … te aseguro que no nos importa tanto como pensáis eso de “casarnos con una virgen”.
- Mira, quizá para una noche de sexo, no os moleste que ella haya estado con todos los hombres de la ciudad. Y es más, puede que no te importe casarte con una mujer así, pero no me niegues que en el fondo te repatea saber que ella ha estado con ellos y sobre todo si te encuentras con alguno de sus ex-amantes… - replicó Akane.
- Sí… - ahora fue el turno de Ranma - … pero a vosotras tampoco os hace gracia en el caso contrario. Y no me lo niegues… - advirtió él con una mirada juguetona.
- Eso depende del grado de celosía de la mujer. Pero en general no nos importa… - apartó la vista de él, llevándola hacia Diana y frunció los labios.
- ¡Eso sí que no me lo creo! – Mike empezó a reír a carcajada limpia – Las mujeres sois malas, víboras… - Todos le miraron un tanto extrañados, por el tono de voz empañado que empleaba - … os robáis mutuamente a los novios, a lo maridos, os da igual. – La mano de él rodeaba el frágil brazo de Diana, quién no le miraba - Luego con decir que han sido ellos los que os han seducido o los que os han ‘obligado’, os libráis de la bronca. – Su mano se cerró contra el bíceps de la mujer. Ranma entre-cerró los ojos - Cuando sabéis perfectamente que sois vosotras quienes nos seducís y nos volvéis completamente locos… ¿Cómo puedes decir que la reacción no depende de la mujer? Sois celosas y posesivas por instinto…
- ¡No esperaba eso de ti Mike! – Sarah estaba sorprendida – Pensaba que tenias una mente mucho menos retorcida. – Dejó los ojos en blanco durante un segundo - Solo tenéis que observar que si la mujer se acuesta con varios hombres “es fácil, una golfa o una puta” y da igual si el tío está o no casado, pero vosotros sin embargo “estáis hechos unos sementales” en el sentido más positivo de la palabra, hagáis lo que hagáis.
- Sarah, esos comentarios sois vosotras mismas quienes los fomentáis – agregó Ranma extrañado – ¿Cómo pretendéis que nosotros no los digamos si os lo decís hasta entre vosotras? Si no dejáis de pensar así, no esperéis que nosotros lo hagamos. Somos infinitamente más lentos para captar esas cosas, o nos lo dejáis todo mascadito o no nos enteramos de nada…
- Pues para no estar enterado de nada eres bastante espabilado… - agregó Sarah con ironía y con una sonrisa provocativa en su rostro. No se dio cuenta, pero Akane la fulminó con la mirada – Aunque quizá lleves algo de razón en eso… - se quedó pensativa.
- Es cierto que nosotras solemos llevar la voz cantante en lo que respecta a que nos prestéis atención – dijo Diana repentinamente - … pero la seducción es cosa vuestra, al menos cuando no nos conocemos. Sois vosotros quienes tenéis que acercaros, cortejarnos, no nosotras. Es una ley natural…
- ¡Venga ya! Esa es otra de esas cosas que jamás entenderé sobre las mujeres! – Nico dio un golpecito en la mesa, solicitando atención – Siempre estáis pidiendo igualdad, pero sin embargo cuando se trata de quién se acerca a quién ahí no la pedís, ahí tenemos que ser nosotros los que, en caso de rechazo, hagamos el ridículo ¿Qué pasa con vosotras, para hacer el ridículo no pedís igualdad?
- Cariño – dijo con cierto tono de evidencia hacia su marido - Es dificilísimo que un hombre le diga NO a una mujer. Imposible hacer el ridículo…
- Eso no es verdad – Interrumpió Akane, refiriéndose al comentario anterior – Seamos sinceras, nos encanta que los hombres nos seduzcan… Pediremos mucha igualdad y todo lo que tú quieras, pero hay ciertas cosas que nos sigue gustando que sean a la antigua usanza. Y esa, es una de ellas.
- ¿Y qué pasa con lo que pueda gustarnos a nosotros que se haga a la antigua usanza? – Ranma volvió a clavar sus ojos zafirinos sobre ella - ¿No cuenta nuestra opinión? – preguntó dirigiéndose hacia toda la mesa
Cuando se quisieron dar cuenta, eran más de las doce de la noche. Después de haber tomado un par de cafés y otro par de copas, decidieron de mutuo acuerdo que ya era hora de salir del restaurante.
- ¿Qué tal si ahora vamos al ‘Nomium’? – Dijo animadamente Sarah, dándose la vuelta para verles a todos – Y movemos un poco el culito… - serpenteó su cuerpo, elevando los brazos, en una pose provocativa de baile.
- Yo… Disculpadme, pero estoy agotado…
Akane iba a contestar un eufórico ‘¡Vale!’ a la sugerencia de Sarah por que hacía tiempo que no salía a bailar y le apetecía muchísimo. Pero entonces, escuchó esas palabras provenientes de su pareja y toda la energía se le esfumó del cuerpo. Se giró para observarle incrédula. No solo había llegado tarde, y no la había llamado, si no que, de repente, estaba tan cansado que no podía ir ni siquiera unos minutos por ahí. Frunció un poco los labios.
Ranma la observó y sonrió de medio lado reteniéndola dulcemente la mirada. Si su preciosa Dama fruncía los labios de esa sutil pero contundente manera significaba que lo que acababa de escuchar o presenciar no era de su agrado. Y, evidentemente, el que él rechazara la reciente oferta de Sarah, no la había gustado en absoluto. Pero es que, no tenía ni la más remota idea del día tan asfixiante que había tenido y por tanto del agotamiento, más psicológico que físico, que cargaba a sus espaldas.
- La verdad es que yo también estoy un poco cansada - agregó Diana, quién estaba abrazada a su prometido - ¿Os importa que lo dejemos para otro día? – dio un recorrido visual por sobre los que aún no se habían pronunciado en contra de la propuesta.
- ¡Qué aburridos! – Sarah se dejó caer mimosa, y un poco borracha, sobre su marido - ¿Nos vamos tú y yo, mi amor? – susurró sensual sobre sus labios.
- Encantado de haberte conocido Ranma, espero volver a verte pronto… - Nico le guiñó un ojo a Akane, extendió su mano derecha con una sonrisa mientras que con la izquierda sujetaba a su esposa. Éste respondió cordialmente a su saludo - … Me la llevo a casa. Dentro de un rato empezará la fase depresiva y es mejor que esté en la cama por entonces… - todos sonrieron – Buenas Noches chicos, nos vemos otro día…
- Buenas Noches – dijeron todos observando como la pareja se perdía por la acera, entre unos viandantes más.
- Bueno, nosotros también nos vamos ¿No? – Mike miró a Diana para que ésta re-afirmará su decisión – Encantado Ranma – se despidió de la misma manera que hizo Nico – Akane… - agarró la mano de su pareja
- Hasta pronto Mike. Diana ¿Te llamo mañana para comer? – preguntó Akane, quién sintió como Ranma la rodeaba cálidamente la cintura.
- Ya te llamo yo mejor… - respondió caminando, incitada por su prometido – ¡Encantada Ranma! – se despidió agitando los dedos de la mano y recibiendo una despedida similar del chico.
- Son geniales… - él comenzó a andar haciendo que ella le siguiera por su agarre - … no me extraña que las quieras tanto.
- ¿Quién? ¿Yo? ¿Ellas? ¿De verdad? – preguntó con sarna y un poco sarcástica - ¿Te lo has pasado bien? – aunque intentó disimularlo.
- ¡Claro! Es imposible aburrirse cuando Sarah anda metida en una conversación o cuando observas las caras de Diana por según qué comentarios que se vierten en la mesa… - la atrajo hacia sí, cobijándola – No esperaba menos de las amigas de una mujer como tú…
Akane estaba feliz, tanto por lo que él acababa de decirle como por ver lo bien que había salido todo. Sin ninguna duda, ambas partes se habían llevado una buena impresión de la contraria. Pero, no podía dejar de sentirse un poco incómoda. No se quitaba de la cabeza que él no la hubiese llamado directamente, sin tener que dejarle el recado a su secretaria, para avisarla de que llegaría tarde. Y es que además, contradictoriamente, se sentía mal por que eso la incomodara. Era un detalle sin importancia, sería absurdo tenerle eso en cuenta. Iniciar una discusión por ello demostraría o un comportamiento clásico y estúpido de niños de quince años o, entonces, es que se había convertido sin motivo alguno en una celosa patológica. Pero, no podía evitarlo. Y, para más INRI, no dejaba de preguntarse si lo mejor, o lo menos malo, sería hablarlo o no con él. Navegando entre sus pensamientos e intentando encontrar una respuesta a su duda, no se percató de cuándo había terminado delante de la puerta del asiento del acompañante de un BMW deportivo plateado, aparcado al otro lado de la calle del restaurante de dónde acababan de salir.
- ¡Vaya…! Así que, éste es tú coche… - dijo con cantinela y sorpresa en su voz, recorriendo de un lado a otro la silueta del vehículo.
- Sí – afirmó él, apoyándose en el techo y observándola fijamente.
- Encantada coche de Ranma – hizo una pequeña reverencia y abrió la puerta con cuidado. Después posó sus ojos terracota sobre él e hizo como que susurraba - … Creo que esto es un poco precipitado ¿Sabes? Normalmente la gente presenta a sus coches a los seis o siete meses de relación…
- ¡Ah, claro! Y a los padres a las cuatro semanas… - asintió con la cabeza y elevó los ojos al cielo, como si acabase de darse cuenta de algo importante - … tengo que apuntarlo, siempre lo hago al revés… - dio un sutil golpe sobre la chapa del coche y se metió dentro.
Akane sonrió completamente enamorada y se introdujo en el coche, junto a su compañero perfecto.
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