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- CAPÍTULO 4 –
Se había dormido. Ese era el resumen de su estresante mañana. Había empezado con muy mal pie. La cita con su editor jefe era a las 11 y ella se había despertado a las 10.15. Voló desde la cama hasta la ducha, corrió hasta el armario y rebuscó algo apropiado que lucir delante de su jefe y después, descargó la copia de su artículo a un disquete. Creía tener todo listo, así que agarró un bolso que tenía a mano, metió la cartera, el disquete y el teléfono móvil, y salió de su casa. Al salir del ascensor en la planta baja, se topó de frente con los buzones. Y maldijo. Se había olvidado por completo de que tenía que dejarle el teléfono a su vecino. Abrió el bolso, mientras murmuraba varias palabras mayores para sí misma, y buscaba un pañuelo de papel y un bolígrafo. Magnifica suerte la suya el encontrar ambas cosas. Se apoyó en la pared y apuntó su nombre, su teléfono móvil, y un ‘lo siento’ al final. Después lo introdujo en la ranura y echó a correr fuera del edificio.
Al llegar a la redacción, tuvo que soportar una bronca monumental de su jefe por hacerle esperar. Fue mejor callar y no hablar, aunque se quedó con las ganas de decirle que si él nunca se había quedado dormido en su vida. Era la primera vez que a Akane le pasaba eso y estaba convencida que tenía que ver con el desajuste hormonal que cierto individuo la estaba provocando. Allí sentada tras la gran mesa de despacho de su editor, esperó a que el empezase a leer.
- Es un borrador, queda trabajarlo todavía aún más… - se apresuró a decir ella antes de que él diera cuerda a su lengua - …es solo para que veas mi idea, a ver si te gusta.
- Tus ideas siempre me gustan, el problema es cómo las desarrollas – el hombre siguió leyendo.
A Akane no es que él le cayese mal, era su mal humor lo que la ponía de los nervios. Llegó a pensar incluso que Max, su jefe, tenía algún tipo de menstruación masculina, por que según las fechas mensuales en las que te encontrases con él se comportaba y/o reaccionaba de una manera u otra.
- Te he dicho muchas veces Akane, que tienes que intentar mejorar tus sinónimos… - murmuró él a la vez que tecleaba rápidamente - … utilizas palabras muy frecuentes, muy de conversación hogareña.
- Pero si la última vez me dijiste que te gustaba mi manera de escribir, que te parecía muy natural y directa… que la idea de que fuese algo más del estilo “conversación entre amigas” que no un clásico y extra-trabajado artículo escrito para mujeres, te parecía interesante.
- Eso es que no me escuchaste bien la otra vez – y siguió leyendo, como si no hubiese dicho tal cosa.
Akane estaba perpleja. No podía creer que se contradijera. Ese podía ser un buen tema para un nuevo artículo que esperaría pronto presentarle en sus narices. Uno que llamaría de una manera así “Los hombres lo saben todo, aunque no tengan ni idea de lo que hablan”. Lo primero; que no entendía como podía tener a un hombre como su redactor jefe, cuando la revista era dedicada a la mujer. Era básico. Un varón no podía comprender en su totalidad la mentalidad femenina. Ni siquiera otra mujer podría en ciertos momentos entender a otra. Lo segundo; que en el anterior artículo-borrador que le presentó, había alabado su manera de escribir, por que según él, era como si lo que se leyese fuese una conversación entre amigas. O un argumento expuesto de mujer a mujer. Incluso se atrevió a decir que era muy probable que muchos hombres encontraran atractivo en sus artículos, precisamente por eso, la naturalidad.
- Te he señalado las partes que podrías intentar corregir o cambiar. Te hago un par de sugerencias al final de página y poco más. La idea me gusta y la ordenación es correcta. – Sacó el disquete y se lo dejó sobre la mesa – Espero que el lunes que viene pueda estar terminado. Y si me puedes ir enviando los progresos por e-mail te lo agradeceré.
- Sí claro – Su mente añadió “y de paso te matriculo en la universidad” se levantó, cogió el disquete y se lo guardó en el bolso. – Te mandaré lo que tenga en unos días. Hasta luego, tengo prisa – y se marchó del despacho.
Era la una cuando estaba paseando por una de las amplias calles de la ciudad. Tenía que hacer tiempo hasta las dos, la hora en la que había quedado con Diana para comer una pizza en una pizzería que estaba a siete manzanas del apartamento de Akane. Vio algunos escaparates mientras pasaba hacia el restaurante. No le gustaba para nada la moda de ese año de otoño-invierno. Y ya podía predecir que se volvería loca buscando la ropa que le gustaba. Ese era otro problema de la sociedad; las modas. Y si la moda decía que se llevaban las mini-faldas-cinturones, podría ir olvidándose de encontrar unos simples vaqueros. Y si la moda decía que las mujeres tendrían que tener una talla 36, es que las mujeres, si quieren ropa, tienen que tener una talla 36. Y eso era el principio de una interminable cadena de problemas para las féminas. Y lo peor de aquello era, que los hombres dictaminaban aquello, por que eran ellos los diseñadores de esa moda otoño-invierno.
Rendida ante lo evidente. Los hombres seguían dominando el mundo. Y ella tenía que intentar comprenderles. Ese era su sino.
Llegó al restaurante diez minutos antes y pidió una Pepsi Light mientras esperaba. Durante aquellos minutos a solas, pensó en su vecino. Un hombre agradable, educado, simpático… increíblemente atractivo, sexy y… a quién le gustaba Shakespeare. Sí eso era, le gustaba un autor que ella admiraba. Maldijo, por que el condenado de él estaba en el setenta por ciento de sus pensamientos. Daba igual lo que estuviera haciendo, siempre había un momento en el que su imagen se plantaba en sus narices, con la consecuente revolución de hormonas. Igual, a lo que le estaba sucediendo en aquel momento. Dio un trago largo a su Pepsi Light y pudo ver como por la acera de enfrente caminaba Diana. Al llegar ésta, saludarse y sentarse frente Akane, no pudo evitar confesarle:
- Si llego a estar cinco minutos más aquí sola, creo que hubiera tenido que salir corriendo a mi casa y llamarle desesperadamente.
- Espera ¿Estas hablando de tu vecino? – Diana pidió también una Pepsi. Light, por supuesto. Y se quitó el abrigo dejándolo a un lado del sillón.
- Sí, de ese condenado. ¿Sabes que desde anoche no he podido quitármelo de la cabeza? He dormido fatal por su culpa.
Diana tenía los ojos muy abiertos. No podía creer lo que oía.
- Cuéntame lo que ha pasado. Estoy impaciente – se apoyó en la mesa de brazos cruzados reclamando así su sesión de charla.
- Ayer hubo un apagón en mi edificio y al salir para ir a por las llaves del contador, me encuentro con mi vecino. Él también quería bajar, así que no me opuse. Estuvimos hablando un poco, que si la edad, en qué trabajamos, que por qué vino a vivir a mi bloque… Cosas así. Después llegamos al cuarto de contadores. Nos vacilamos un poco, nos chocamos una vez, hubo un amago de insinuación aunque luego dijo que no lo era, que el lo que quería lo decía directamente y por último, al llegar arriba y despedirnos para irse cada uno a su precioso apartamento me pidió una cita para el sábado por la noche – Akane estaba prácticamente sin aire – Fin de la emocionante historia.
- Pues vaya “cosas así”. Yo no hablé de trabajo con Mike hasta la tercera cita – se sintió un poco rara, igual le dio menos importancia de la que tenía a esa pregunta en cuestión – Bueno, ¿Y cuál es el problema para tener esas dudas tan enormes para NO salir con él?
- No lo sé – bebió de nuevo – Es un poco extraño. Parece encantador. Es educado y correcto, sabe guardar las formas y parece bastante inteligente. Y me ha invitado a ver la representación de ‘Hamlet’ en el Galeón.
- Yo no encuentro ningún problema ahí.
- Pues ese es precisamente el problema, que no hay ninguno. Es aparentemente algo así como mi hombre perfecto y se que voy a hacerme ilusiones ¿Qué pasa si luego no lo es?
- Que le dejas, quedáis como amigos y se acabó la emocionante historia. Pero te pregunto ¿Qué pasa si lo es y por tener esas absurdas dudas pierdes la oportunidad de conocer al hombre de tu vida?
Akane pensó unos segundos antes de contestar.
- Pues que sería una completa amargada y desdichada tres cuartos de psicóloga. – Diana la observaba mientras ella decidía como seguir – Es ejecutivo – dijo finalmente. – Se llama Ranma, tiene veintinueve años recién cumplidos y su perra se llama Kira. Se mudó por motivos de trabajo y decidió instalarse en mi bloque por que le habían hablado bien de la zona.
- ¡Vaya! ¿Todo eso en… cuántos minutos?
- Mmm… como en un cuarto de hora.
- Si seguís así os veo en la cama la semana que viene, si no cae este sábado – Diana sonreía y bebió de su refresco.
- Nunca te acuestes con un hombre antes de la tercera cita a no ser que no te importe que pierda el interés por ti. Es una regla demasiado antigua como para quebrantarla. – y en ese preciso momento sonó su teléfono móvil, saliendo reflejado en la pantalla un número que desconocía. - ¡Oh, Joder!
- ¿Qué pasa?
- Es él. – susurró Akane, quién estuvo a punto de soltar el teléfono sobre la mesa espantada. Miró a su amiga – Le he dejado mi teléfono en el buzón, para que me confirme la hora de la representación el sábado. ¡Mierda! No creí que fuera a llamarme tan pronto.
- Pues no se lo cojas. Que insista más. ¿No hay ninguna norma que diga que tienes que dejar que te llame un número de veces mínima para que te demuestre que realmente tiene interés por ti?
- Tú sabes más de lo que haces notar… - dijo Akane con el teléfono en la mano. Le costó descolgar pero al final lo hizo – ¿Sí?…
- Hola Akane, soy Ranma – maldita su voz. Sonaba tan intimidante incluso por teléfono…
- ¡Ah, Hola Ranma! – intentó sonar casual, consiguiéndolo además. Diana no perdía detalle de los gestos de ella – Me pillas comiendo…
- Y no en tu casa por cierto… - apuntó - … sobre lo del sábado, la representación empieza a las 20.30 y hay que estar en la sala al menos media hora antes – Akane escuchó por el auricular como sonaba un teléfono fijo
- Erm… - Diana se apresuró a mover de arriba abajo la cabeza, sabiendo que Akane aunque estaba ilusionada tenía sus dudas - … vale, el sábado a las… ¿19.00? ¿Te parece bien?
- Sí, perfecto. Disculpa un segundo – sonó extremadamente serio. Se le escuchaba al fondo. Había retirado el teléfono móvil de dondequiera que estuviera el teléfono fijo.
- ¡Bien! – susurró Diana levantando los brazos indicando una victoria.
Akane empezó a sonreír y a moverse ligeramente de un lado a otro, sacándole la lengua a su amiga. Contenta, como una niña pequeña y feliz.
- Perdona. Entonces… el sábado a las 19.00 ¿correcto?
- Sí, eso es – bajó la mirada, como avergonzada. Diana abrió los ojos sorprendida ante ese pequeño pero significante gesto de Akane.
- Bien, entonces… Hasta el sábado… - pareció que algo quedaba en el aire.
- Hasta el sábado… - susurró ella y colgó.
- ¡SÍ! – gritó Diana - Ahora solo te queda enseñarme una foto suya o presentármelo.
- No tengas tanta prisa… - sin embargo, Akane no parecía tan convencida. Estaba ilusionada pero seguía teniendo unas enormes dudas - Y no te emociones tanto, no sea que luego esto no llegue a nada.
- Vale, vale – bebió un trago de Pepsi, dando a entender que dejaría el tema pero, de repente, dijo en el mismo tono jovial de antes - ¿Qué vas a ponerte?
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