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- CAPÍTULO 3 - Segunda Parte
Había estado toda la tarde tumbada en la cama, intentando ordenar sus pensamientos, entre sueño y sueño. La conclusión a la que llegó fue que era una mujer joven y atractiva. Con un buen puesto de trabajo y estabilidad económica. Con una buena formación y cultura general. Y un partido excelente para cualquier hombre y muy posiblemente la envidia de muchas mujeres. Entonces ¿Por qué le era tan difícil tener a alguien en su vida? Su psique estaba totalmente agotada emocionalmente. Encendió su ordenador y mientras éste se iniciaba, fue a por una botella de agua a la cocina. Debía intentar terminar el artículo esa noche, para llevar un borrador a su cita de la mañana siguiente con su editor jefe. Odiaba ese momento en el que él leía el artículo y o bien se lo rechazaban o bien le hacía varias “sugerencias” para cambiar ciertas partes. Y yendo de camino a la cocina, sin más, la luz se apagó.
- ¡Oh mierda! – dijo justo antes de tropezar con una silla - ¡Ouch, joder…! – con la mano libre fue tentando la pared, esperando que a no mucho tardar sus ojos se hicieran a la oscuridad – A ver donde tengo la condenada linterna… - se dirigió hacia la entrada, dejó la botella encima del mueble y abrió el primer cajón. Rebuscó dentro y encontró la pequeña lámpara. La perra del vecino empezó a ladrar.
Una vez encendida la linterna caminó hasta la puerta y allí abrió la pequeña portezuela de los plomos de casa. Vió que todo estaba en orden.
- Genial un apagón general… Seguro que es de la comunidad… - susurró mientras fue en busca de las llaves – Ahora me tocará bajar a casa de los Anders y gritarle pidiéndole las llaves del contador de luces. ¡¡Magnífico!! Con las ganas que tenía de ponerme a escribir y las pocas que tengo de hablar.
El señor Anders era un hombre de unos 70 años con un grave problema de audición, prácticamente perdida. Había asumido el cargo de presidente de la comunidad permanentemente. Era el único que, junto a su mujer, tenía tiempo suficiente como para hacer y deshacer, mover y remover todo lo que guardaba relación con los temas comunitarios. Así que los vecinos se pusieron de acuerdo, y ese era el resultado; el señor Anders era el presidente de la comunidad aún con parte de su audición perdida.
Akane cogió las llaves y abrió la puerta dispuesta a bajar al piso de los Anders y pedirle las llaves del contador de luces para intentar mirar si todo estaba bien. Al salir, percibió que la puerta de enfrente estaba abierta. Se podía ver la luz de una linterna que se movía dentro del apartamento y de repente una sombra se aproximaba hacia ella acompañada de un ‘tric trac’ en el suelo. Enfocó con su propia linterna a la susodicha y vió como la perra del vecino andaba hacia ella. Akane se asustó. Como no era veterinaria, pero sí tres cuartos de psicóloga, hizo lo que se hacía en los casos en los que querías evitar que alguien atacara a alguien; intentar calmarlo.
- Tranquila… - susurraba a la perra que no dejaba de mirarla - … Tranquila… - quería evitar a su vecino por todos los medios. Y claro está, deseaba huir, esquivando al animal, por las escaleras. De repente, ladró. Y por el tono parecía enfadada.
- ¡KIRA! – se escuchó ordenar desde la puerta de enfrente. La perra retrocedió y corrió hacia la voz - ¿Pero qué estabas haciendo? – le dijo enfocando a la pastor alemán directamente con la linterna. Y después esa misma luz se disparó contra ella - ¿Te ha asustado? – preguntó. La perra había entrado en el apartamento.
- No, no… - mintió torpemente – Bueno, la verdad es que sí… sinceramente no me la esperaba… pero no importa – sonrió echándose el pelo hacia atrás.
- Lo siento, no suele salir del apartamento sin mi, habrá interpretado que la iba a sacar – Akane se fijó en el termino que empleó para referirse a lo que la perra había hecho, utilizó la palabra ‘interpretar’. Eso denotaba un cierto toque de diferenciación. Cerró la puerta del apartamento. Entonces, comenzó a acercarse a ella – Tampoco tienes luz, por lo que veo… - y ahí estaba, cara a cara.
- Ves bien – afirmó ella. Él sonrió – Esto a veces pasa. La instalación es un poco antigua, así que de vez en cuando falla. – elevó los hombros - Normalmente se arregla desde el propio contador de luces de la comunidad. Se aprieta un interruptor y listo, de nuevo tenemos luz.
- ¿Quién tiene las llaves?
- El Señor Anders. Iba ahora mismo a por ellas…
- Bien, te acompaño – y se anticipó a lo que Akane quería decir -. Así sabré para otra vez donde tengo que ir.
- Vale, como quieras… - ella echó a andar hacia las escaleras.
- ¿Hace cuanto que vives aquí?
- Unos siete u ocho años… Mes arriba mes abajo… - debían de bajar cuatro pisos más. Desde el sexto hasta el segundo.
- Este sitio parece bastante tranquilo.
- Sí, tanto el barrio como la comunidad lo son. La gente es muy amable, muy independiente, poco ruidosa… Y siempre están dispuestos a echarte una mano. – hubo un breve espacio de tiempo en silencio. Lo que lleva bajar tres o cuatro escalones - ¿Por qué has venido a vivir aquí? – se atrevió a preguntar
- Motivos de trabajo. Pedí un traslado y me mandaron aquí. Miré algunos pisos por la zona, ya que me habían hablado muy bien de ella, y me compré el apartamento.
- Así que eres funcionario… - dijo ella divertida. Los funcionarios y su fama de no trabajar nada en absoluto.
- No – él dejó también entrever que se lo había tomado como una gracia - … soy ejecutivo.
- Aaah… - un piso más y habrían llegado a la casa del señor Anders.
- ¿Tu estás trabajando?
- Sí, escribo para una revista de tirada nacional.
- ¿Periodista?
- Tres cuartos de psicóloga – le escuchó ahogar una risa. Se paró y se giró, apuntándole con la linterna - ¿Por qué te ibas a reír?
- Por lo de tres cuartos de psicóloga. Normalmente la gente dice algo como “Empecé psicología, pero no terminé y ahora me dedico a….” – se quedaron en silencio, mirándose - ¿Vas a seguir apuntándome mucho más tiempo con la linterna? Me siento como un rehén.
- ¡Oh, sí! Lo siento – siguió bajando las escaleras. Llegaron a la planta segunda y caminaron hacia la puerta del señor Anders.
- ¿En qué revista escribes? – a él empezó a resultarle tremendamente curiosa, aún más de lo que le pareció el primer día que la vió.
- Kawaii – afirmó sin dar mucha importancia y llamó a la puerta. La señora Anders salió – Buenas Noches señora Anders.
- Buenas Noches, señora – dijo él, con voz marcial.
- Buenas Noches Akane y… - le enfocó con la linterna. Él hizo una mueca, y Akane sonrió.
- Soy Ranma Saotome, vivo en el sexto segunda.
- Oh si, el nuevo vecino. Vaya estreno has tenido ¿eh? Con un apagón.
- Sí – sonrió guardando el decoro – la señorita Tendo ya me ha explicado el problema que hay con la instalación y que esto ocurre en ocasiones. – la recién mencionada estaba anonadada por la facilidad de palabra que tenía.
- Sí, la verdad es que sí, más de las que quisiéramos – anotó cansada dando unos pasitos hacia dentro de la casa -. ¿Venís a por la llave, no?
- Sí por favor – dijo Akane impaciente – intentaremos mirar si se puede arreglar desde abajo, si no tendríamos que llamar a la compañía eléctrica.
- Claro. Esperemos… - la mujer rebuscó en los cajones de un pequeño mueble que había en la entrada - … que en ese caso no tarden tanto como la otra vez. Por que si no, se me va a descongelar todo lo que tengo en el frigorífico… Aquí tenéis – Akane cogió las llaves – Luego no os olvidéis de subírmelas.
- Gracias – dijo él – se las subiré después, no se preocupe.
- Hasta luego señora Anders – sonrió a la mujer.
Los dos empezaron a caminar hacia las escaleras que conducían hacia el primero y progresivamente al sótano. Él fue tras ella todo el tiempo, alumbrándose y alumbrándola el camino.
- Una mujer muy amable.
- Ya te lo dije, la gente aquí es de lo más agradable.
- ¿Te incluyes a ti también? – dijo bromeando.
Decidió tomárselo como una persona adulta y racional y seguirle la bromita pesada que acababa de gastarle. El comentario era de lo más inoportuno.
- Se supone que yo también soy gente, persona o individuo como quieras llamarlo. Así que sí, me incluyo. Además, estoy siendo bastante amable. – caminaron por el descansillo antes de llegar hasta las escaleras que conducían finalmente al bajo - Consiento que bajes conmigo siendo un completo desconocido al cuarto de la luz para resolver un problema. Es más… – se giró bruscamente haciendo que él chocase contra ella al no esperarse esa reacción - ¡Ouch! – se tocó la frente
- Lo siento – ella le alumbró con la linterna de nuevo, como a un rehén. Había olvidado lo que le estaba diciendo y le estaba poniendo de los nervios que él estuviera conteniendo la risa – Parece que lo nuestro es chocar.
- En todos los aspectos, sí – dijo ella frunciendo el ceño. Reanudó la marcha - ¿Cuántos años tienes?
- Veintinueve recién cumplidos. ¿Y tú? - Akane agitó las llaves.
- Veintiocho. – llegaron frente a la puerta. Ella abrió. Un ligero olor a humedad se desprendió de la habitación - Bien HOMBRE, – recalcó esa última palabra y se metió en el amplio cuarto – a ver quién es el primero que encuentra el interruptor mágico.
Él inspeccionaba con la linterna el habitáculo, reconociéndolo.
- ¿No se supone que habías bajado antes aquí? – preguntó observando los contadores y estando de espaldas a Akane.
- También se supone que los hombres tenéis más reflejos que nosotras y te has chocado conmigo dos veces de tres que nos hemos visto.
- La primera fue por que estaba pendiente del teléfono yo también – se movió hacia la izquierda - Y esta segunda es por que estábamos a oscuras y de repente te has girado sin previo aviso. - Hubo un silencio de un par de segundos - Y también te recuerdo que se supone que las mujeres veis mejor en la oscuridad que nosotros, por tanto, eres un 99% culpable del último encontronazo.
- ¡Ah! – exclamó como ofendida - Y pensar que voy a tener que aguantarte a ti… - y añadió mentalmente “y a tu escandalosa perra” - … como vecino… - se movió hacia la derecha.
- Ya verás que no es para tanto… - y se chocaron otra vez. Él la enfocó con la linterna y ella entre-cerró los ojos por la intensa luz – Voy a comenzar a creer que lo estás haciendo adrede… - susurró con una sonrisa y una mirada turbia que a ella le encantó.
- Eso mismo estaba pensando yo sobre ti… - se coló entre el hueco que quedaba entre la pared y él y no pudo evitar que ambos se rozaran. Y la sensación le encantó y quiso volver a sentirlo - Ni que estuvieras flirteando conmigo o algo por el estilo. – siguió buscando el interruptor ‘mágico’.
- No, yo no flirteo así.
- ¿Ah no? ¿Cómo entonces? – Akane lo encontró.
- De hecho no flirteo, directamente digo lo que busco.
Y en ese momento ella levantó la pestaña y activó de nuevo la corriente. Se hizo la luz. Al darse la vuelta le contempló. Levantó los hombros y enmarcó una ceja.
- Solucionado. – Exclamó ella. Él echó andar fuera del habitáculo y Akane también - Ahora no podrás escudarte en que veo mejor en la oscuridad que tú. – Cerró la puerta, dio tres vueltas a la llave y jugueteó con ellas entre las manos mientras caminaron hacia el ascensor.
- Ni tu tampoco en que yo tengo mejores reflejos que tú y que por eso debo esquivarte cada vez que te pares en seco… - el abrió la puerta y la dejó pasar.
Pararon en el segundo y le entregaron las llaves a la señora Anders, quién les agradeció que hubieran bajado a activar de nuevo la corriente. Durante la subida al sexto, ninguno de los dos volvió a hablar al otro.
Akane se sentía vulnerable. Le encantaba físicamente y le gustaría que ella también le resultase atractiva, solo por el hecho de saber que podría atraer a un hombre así, por que su autoestima lo necesitaba con urgencia. Y también por darle con un canto en las narices a su madre y hermana. Se conformaría solo con eso, aunque desease algo más. Y siguiendo su instinto de mujer, parecía que aquel hombre podría ser alguien con quién tener algo más que un simple lío en donde su virginidad regenerada durante dos años se perdiera.
Al llegar al sexto, de nuevo, él le sujetó la puerta para que ella saliera.
- Hasta mañana – dijo ella buscando las llaves de su apartamento y caminando hacia el piso con la cabeza gacha.
- Akane – exclamó él a un par de pasos de la puerta de su apartamento.
Ella se giró con brusquedad y dejó caer los brazos como extasiada. Enmarcó una ceja y se le quedó mirando reclamando que necesitaba con urgencia marcharse.
- ¿Qué?
- El sábado por la noche representan Hamlet en el Galeón, ¿Quieres ir?
Akane creyó que la mandíbula se la caía al suelo, que los ojos se le salían de las órbitas y que ni sus rodillas ni sus tobillos podían mantener su peso. ¿Acaso la estaba pidiendo una cita? Seguramente era una broma. O era eso o entonces es que vivía en el ‘Gran Hermano’ que George Orwell describía en su novela ‘1984’.
- ¿Yo? – preguntó no terminando de creérselo.
- Creo recordar que te llamas Akane – el se había apoyado contra la puerta de su apartamento con una sonrisa tierna, para nada burlona – que no hay nadie más aquí y que yo no tengo ningún tipo de enfermedad que me haga ver o imaginar a personas, - bajó un poco el tono de voz - …y es que estoy completamente seguro de que tu no eres producto de mi imaginación por que la señora Anders también te ha visto, - y volvió al tono normal - por tanto mucho menos voy a hablarlas. A parte de tener la certeza de que te gusta Shakespeare… Así que, SÍ, TÚ.
- Erm… - se preguntó por qué se lo estaba pensando. Hacía unos segundos estaba deseando eso, y ahora se lo pensaba. -… vale. ¿A qué hora?
- Mañana me aseguro y te lo digo.
- Bien – se dio la vuelta para meterse corriendo en su apartamento y dar un par de saltos y gritar en silencio. Pero de repente se sintió en la obligación de decirle - ¡Ah! Mañana por la mañana no voy a estar por que tengo que hablar con mi editor jefe y por la noche tampoco. No llegaré hasta tarde porque tengo una cena, así que solo me pillarás por la tarde.
- Uhm… Yo por la tarde no estaré, trabajo. – Miró su reloj - Dame tu teléfono y te llamo. A no ser que no te importe que te moleste a las tres de la mañana.
- Vale, te daré el número de mi teléfono móvil. Te lo dejaré en el buzón mañana por la mañana, no recuerdo el número ahora.
- De acuerdo. Buenas Noches – él sacó las llaves y comenzó a abrir la puerta.
- Hasta mañana.
Ambos cerraron la puerta al mismo tiempo.
Cuando Akane entró en su casa y se dejó caer sobre la puerta creyó que podía tener un orgasmo en ese preciso momento y que no necesitaría ningún tipo de estimulación extra. La conversación había sido intensa, él era intenso en sí mismo. Toda la situación lo había sido y necesitaba contarlo de inmediato. Corrió en busca del teléfono y llamó a Diana.
- ¿Sí? – se escuchó una voz somnolienta
- Oh cielo, lo siento, no creí que estuvieras dormida ya – dijo abrumada y sincera. Miró la hora, era demasiado temprano todavía como para echarse a domir…
- No, no te preocupes… ¿Qué pasa?
- Se trata de mi vecino… - se sentó en el sillón que tenía al lado de la terraza, la puerta corrediza estaba unos centímetros abierta, así que el aire fresco se colaba en la habitación - … tenemos una cita el sábado por la noche.
- ¿CÓMO? – Diana se sentó en la cama - ¡Eso es genial!
- ¿Tú crees? – y empezaron a carcomerle las dudas de repente – Cuando me lo ha propuesto me ha parecido increíble. Incluso he estado a punto de tener un orgasmo cuando me he encerrado en mi apartamento, que ha sido hace menos de un minuto pero… No se, ahora de repente creo que… no es… buena idea.
- ¿Pero por qué?
- No lo se… - masculló con pesadez. Ni siquiera ella misma podía entenderse, y eso la enrabietaba.
- Akane, tienes que abrirte un poco más y en concreto a los hombres. Cielo, debes olvidar el pasado. No puedes basarte en una relación que dejaste hace casi tres años y pensar que todas van a ser igual.
- Ya… si lo sé… - susurró afectada - … pero no puedo evitarlo y quiero hacerlo. Parece un hombre encantador y es… no se como explicarte… Es rápido, hábil… inteligente. Se nota en cómo habla, en cómo dice las cosas. Y eso que solo he tenido una conversación o… bueno algo parecido a eso… Y creo que puede llegar a gustarme. ¡Dios mio! – gritó levantándose del asiento - ¡Estoy loca! ¿Pero tú me oyes? Si solo he mantenido una conversación prácticamente superficial con él y ya estoy afirmando que puede llegar a gustarme, que es inteligente. ¡Estoy prejuzgando! No me extraña que no pudiera sacarme la carrera. – Diana rió al otro lado del teléfono.
- Eres complicada Akane. Y contradictoria, cariño. Mira, ¿Qué te parece si mañana quedamos para comer y hablamos? Sobre las dos ¿Qué me dices? Así conversamos más tranquilas…
- Sí, de acuerdo. Tienes razón. Gracias Diana…
- De nada. Y vete a la cama, anda. No estés hasta las tantas despierta…
- Hasta mañana… - y colgó.
Sí, sería mejor hablar al día siguiente con Diana. Le contaría lo que había pasado y cómo y… bueno, supuso que ella podría guiarla mejor. Al fin y al cabo, Diana había encontrado a una pareja y estaba prometida. Si ella había conseguido eso, ¿quién mejor entonces para aconsejarla?
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