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EL HECHICERO
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NOCHE 2 |
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La
nueva pareja real viajó por muchos rincones del mundo, más allá de
los reinos conocidos, en donde fueron recibidos con la mayor de las
atenciones. Luego de varios meses volvieron al reino, en donde se ofreció
un gran Banquete por su retorno.
Como el príncipe era estupendo
cazador y extrañaba disfrutar de sus excursiones, la princesa dejó con
gusto que su esposo se fuera por un par de semanas con sus hombres de
confianza. A
la princesa le gustaba salir del palacio disfrazada
y unirse a la gente común del pueblo, y una noche salió sin
compañía, ya que todos dormían. Caminó por senderos llenos de barro,
pues hace poco había llovido mucho; el camino la condujo a un enorme
castillo escondido entre una arboleda, tan tupida que no dejaba pasar la
luz de la luna. Su aspecto era tenebroso, y sólo en una de las ventanas
alumbraba una pequeña vela desde el interior. La princesa se acercó
cautelosamente, para ver quién vivía tan recluido en ese enorme
castillo. Al acercarse lo suficiente a la ventana pudo ver a un enorme
hombre, cubierto por una túnica negra que sólo le dejaba ver las
gigantescas manos, con las que sujetaba extrañas botellas humeantes,
cuyos líquidos agregaba poco a poco en una hoguera colocada al fuego.
Al verlo haciendo misteriosas mezclas, a la princesa no le cupo duda que
se trataba de un brujo, por lo que se alejó rápidamente del lugar,
pero con tan mala suerte que al tratar de correr por el camino resbaloso
cayó y perdió el conocimiento. Al
despertar, se encontró tendida en aquel lugar que descubriera desde
afuera. Aún estaba oscuro, por lo que supuso que aún no amanecía. La
chimenea estaba encendida, pero no estaba el brujo junto a ella. Salían
vapores de colores y aromas muy fuertes, que empezaron a marear a la
princesa. Se levantó preocupada, y quiso salir de la habitación, pero
con horror descubrió que la puerta estaba con llave. Entonces intentó
abrir una ventana, pero igualmente estaba cerrada, y de repente le saltó
encima una enorme alimaña, que la tiró al suelo sin soltarla a pesar
de sus gritos. En ese momento se abrió la puerta, apareciendo ante la
princesa un apuesto joven,
ricamente vestido y muy perfumado. Se acercó galantemente a la princesa
y le ofreció la mano para ayudarla a levantarse. Al parecer no le
importaba en lo más mínimo el enorme gato que estaba sobre ella, lo
agarró con la otra mano y lo tiró lejos, a lo cual el animal
desapareció maullando horrorosamente. La
princesa, una vez de pie, miró con extrañeza al joven, que le sonreía
al mismo tiempo que le indicaba una silla junto a la chimenea. —
Es un placer tenerla en mi humilde castillo, princesa, se golpeó muy
fuerte, ha estado inconsciente casi
una semana. La
princesa no podía creerlo, preguntó al joven si ya había dado aviso
al palacio de su estado, pero él no le contestó, solo mantenía esa
sonrisa que inquietaba a la princesa. —
No se preocupe, todo está bien, no es necesario inquietar as nadie,
usted está en el lugar que le corresponde—, y diciendo esto, lanzó
una terrible carcajada, al tiempo que su cara se desfiguraba y adquiría
poco a poco las formas de aquel hombre que la princesa había visto por
la ventana. En
cosa de segundos, la princesa tenía ante sí a ese enorme brujo, y
aunque intentó escapar el hombre fue más rápido y la sujetó. —
Al fin te tengo, princesa. Creí haber fallado en mis planes cuando el
príncipe se fue de cacería antes de que se comprometieran, pero creo
que no está todo perdido. — ¿Qué pretendes, malvado
hechicero? —
Por si no te has dado cuenta, en el pueblo corrieron muchos rumores
sobre tu esposo, pero nada se pudo comprobar; pues bien, en realidad lo
que se decía era una verdad a medias, era yo quien tomaba posesión del
cuerpo del príncipe, y me iba a tierras lejanas a conquistar hermosas y
ricas doncellas, para luego desengañarlas de manera que enloquecieran
de dolor, para así realizar mis planes, ja, ja! —
¿Y cuáles eran tus planes? —
Como las doncellas enloquecían, eran enviadas lejos, de manera que yo
podía robarles el alma sin que nadie se diera cuenta, y preparar mis
pociones mágicas. Además, me quedaba con la dote y así llené cada
vez más mis arcas de oro y diamantes. La
princesa no podía creer que existiera un ser tan maligno, y temía lo
peor estando en sus manos. —
Sin embargo le perdí la pista al príncipe cuando se fue de cacería
sin dar aviso, y no pude hacerte correr la misma suerte, ya que al día
siguiente de su regreso ya estaban casados. Pero ahora, teniéndote aquí,
veo que no todo está perdido. El
hechicero tenía pensado apoderarse del alma del príncipe, haciéndole
creer que su esposa había muerto. En realidad para sus pociones eran
mucho más poderosas las almas de las doncellas, pero no estaba
dispuesto a perder tanto trabajo por nada, por lo que siguió con sus
planes. Dejó
a la princesa encerrada en la torre más alta del castillo, resguardada
por dos gárgolas vivientes. Luego el hechicero bebió de una de
sus pócimas y se convirtió en un leñador, pero se apresuró lo más
posible en llegar al castillo real, pues sus pociones duraban poco
tiempo, a menos que tomara posesión de un cuerpo.
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