BOGAVANTE

 

 

    Los gallegos llamamos Lumbrigante, o Lubrigante, al Homarus vulgaris o Homarus gammarus; y también lo llamamos Lubricante, como en Cantabria.

    El uso del nombre castellano Bogavante es, también, muy común en toda Galicia.

    Su carne maciza, sabrosa, y que siempre abunda dentro de su caparazón subcilíndrico hace llorar a las almas sensibles como la mía.


 

 

    No se sabe que es mejor: el bogavante o la langosta. Sin embargo, lo mejor, según me dijo un experto cocinero mariñán, es no hablar de eso y comer de los dos.

    Lo que, desde luego, tiene el bogavante, es dos antenas tan largas como el cuerpo (que puede llegar a tener una longitud de más de 50 centímetros) y cuatro anténulas muy cortas. También tiene cuatro pares de patas torácicas que poco valen: las dos posteriores terminadas en uñas, y las dos delanteras en unas pequeñas quelíceras. Pero, delante de este cuerpo tiene las primeras patas torácicas, enormes en los especímenes desarrollados, que tienen dos quelíceras desiguales y muy fuertes. De esas dos piezas, la menos gruesa tiene una pinza con dientes finos y ataca con gran rapidez.

    Viven y comen de noche (como el pulpo) pegados a la costa hasta profundidades moderadas.

    Entiendan que si no nos preocupamos más de su biología y morfología es porque nuestro interés es casi exclusivamente de presentación culinaria.

    Al saborear el bogavante, la biología desaparece.

 

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