Últimos
encuentros.
María
de la Trinidad escribe en Junio...
Las noticias sobre su salud eran cada día más tristes;
yo me ahogaba de pena... Un día que salí a tomar el
aire a la huerta, la vi en su coche de enferma, debajo de los castaños.
Estaba sola, y me hizo señas de que me acercase: "No,
le dije, pueden vernos, y no tengo permiso". Entré en
la ermita de Santa Faz, donde me eché a llorar. Al levantar
la cabeza, vi con sorpresa a mi hermanita sor Teresa del Niño
Jesús sentada en un tronco de árbol a mi lado. Me
dijo: Yo no tengo prohibido acercarme a ti, y aunque tuviese
que morir, quiero consolarte.
Me secó las lágrimas, apoyando mi cabeza sobre su
pecho. Le supliqué que volviera al coche, pues estaba temblando
de fiebre: Sí, pero antes tienes que sonreírme.
Lo hice inmediatamente, por miedo a que se pusiese peor, y la ayudé
a llegar hasta el coche
Al final de
agosto, cuando Teresa estaba muy enferma, María de la Trinidad
obtuvo permiso de sentarse con ella por media hora. Y con su usual
franqueza, la joven profesa (tenía sólo 23 años)
con un carácter infantil, confesó a la enferma su
necesidad de jugar y de distraerse un poco.
...descubrí
al pie de la cama un gran balón rojo que habían traído
para que se entretuviese. Aquel balón me despertó
las ganas de jugar, y no pude por menos de decirle: "¡Cómo
me gustaría jugar con él!". Ella sonrió,
pero como su debilidad era tan grande que no podía soportar
el menor ruido, me dijo: Ponte detrás de mí
mientras no haya nadie, y juega con él; yo cerraré
los ojos para que el ruido no me aturda.
Cogí encantada el balón, y le sacaba tanto gusto al
juego, que Teresita parpadeaba una y otra vez por verme sin aparentarlo
y no podía contener la risa. Entonces le dije: "¡No
soporto estar triste tanto tiempo! ¡Ya no puedo más!
Me vienen tentaciones de distraerme, ganas de jugar a la trompa
que me regalaste por Navidad; pero si alguien me ve, es capaz de
escandalizarse y de decir que no tengo corazón".
No, no ;me respondió;, yo misma te mando
coger la trompa e ir a jugar durante una hora en el desván
del noviciado. Allí nadie te oirá, y si alguien se
da cuenta le dirás que te lo he mandado yo. Vete ya, me gusta
mucho pensar que vas a divertirte.

El 12 de Agosto,
de 1897, Teresa escribió con mano temblorosa, en la parte
trasera de una imagen de la Sagrada Familia su legado final, este
adiós final:
"A
mi querida hermanita, en recuerdo de su 23 años. 12 de
agosto de 1897."
"Que tu vida sea toda ella de humildad y amor, para que puedas
ir pronto a donde yo voy.
¡A los brazos de Jesús...!
Tu
hermanita, Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz.

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