I
      �As� que mi padrino Pr�ximus est� en Roma� ley� el pergamino que anunciaba los eventos de los  siguientes 50 d�as �Ser�a bueno hacerle una visita� la nana hizo un gesto de asombro.
      ��Ni�a! �Es muy peligroso! ���l trata con esclavos y bravucones!! No es bueno para una dama como t� el andar en esos lugares� refunfu�� mientras daba una mordida a la naranja que acababa de pelar. Andrea suspir� y negando con la cabeza se encerr� en su cuarto. Lucilla hab�a sido muy amable al prestarles sus habitaciones fuera del palacio. Consideraba que Andrea era una joven de un esp�ritu libre y el que se quedara en el palacio significar�a que Commodus no la dejar�a salir mucho.
      �Nana, voy a salir� anunci� cuando aparec�a con un vestido de algod�n blanco muy sencillo. Podr�a pasar por campirana a no ser por sus rasgos tan finos y el cuidado de su piel. Tom� la capa y dejando a la vieja con la boca abierta de semejante cambio. Hab�a soltado su cabello a los hombros y le llegaba a la cintura. Tambi�n se quit� las halajas que portaba, dejando solamente el anillo que Luis le diera antes de que partiera. Entonces llam� a una carroza sin el escudo real �ser�a demasiado f�cil reconocerla de esa manera y no se quer�a exponer demasiado en su primera salida- y pidi� que la llevaran a los cuarteles donde entrenaban los gladiadores. Atravesaron toda la ciudad, pasando junto al coliseo, al foro, al mercado de Trajano, al templo de Saturno. Entonces llegaron al otro lado de la ciudad donde los edificios eran cubiertos por hiedra. Le daba un toque de tranquilidad, de serenidad. En una de las villas pregunt� por Pr�ximus y dejando entrar la carroza hasta la puerta principal, baj�. Un sirviente se acerc� un tanto alarmado ya que era extra�o que una joven preguntara por Pr�ximus.
       ��Mi se�ora? �En que puedo servirla?� pregunt� curioso al ver el vestido sencillo de la joven. Quiz�s era una prostituta esperando obtener unas cuantas monedas.
       �D�gale a Pr�ximus que Andrea de Le�n lo busca� contest� con una voz que denotaba autoridad. La condujo a una sala y desapareci�. Pronto volvi� a aparecer con el gesto un poco transtornado.
       �Por favor, se�orita, s�game� parec�a algo apurado y entonces comprendi� Andrea que Pr�ximus sab�a quien hab�a llegado. Caminaron a lo largo de un solar en el cual hab�a una infindad de hombres, unos peleaban con espadas de madera, otros eran azotados, otros m�s recib�an �rdenes bajo los rayos del intenso sol de un grandul�n que cargaba con un l�tigo en mano. Se sinti� observada por muchos. Pero una de las miradas la hizo estremecerse. Busc� alrededor y encontr� unos ojos verdes que la vigilaban desde el otro lado del solar. Pens� verlo sonreir. Esquiv� la mirada al sentirse intimidada por aquel rostro que le parec�a tan familiar. El esclavo que la guiaba la vigilaba de reojo.
       �Mi se�ora, la mayor�a de lo gladiadores tienen un precio justo... si alguno le interesara con gusto le podr�a ayudar� y sonri� ense�ando una dentadura chimuela. Andrea no comprendi� del todo en un principio. �En el coliseo hay c�modas c�maras que resguardan la identidad de las matronas� entonces comprendi� y sus ojos se abrieron asombrados ante tal proposici�n. Sacudi� la cabeza ante tal pensamiento y record� el sarcasmo de Luis.
       Entonces vi� al viejo Pr�ximues sentado bajo la sombra de un frondoso �rbol dictar algo a un esclavo. Se acerc� sonriente y lo salud�. Pr�ximus se levant� de un brinco y tom�ndola de la cintura, la bes� en ambas mejillas.
      ��Andreita! �Andreita de Le�n!� dijo con gran efusi�n. Andrea parec�a algo sorprendida por el recibimiento mas se alegr� de ello.
      ��Pr�ximus! �Hace tanto tiempo que no te ve�a!� contest� ella con la misma euforia
      �Mira c�mo pasa el tiempo� y sonri� al ver a aquella ni�a que escalaba �rboles junto con sus primos se hab�a convertido en toda una mujer de 19 a�os.
      �Y t� sigues igualito, padrino� la invit� a sentarse junto a aquel claro donde ve�a y supervisaba todas las actividades que se llevaban a cabo en el solar. Mand� traer vino y fruta fresca. Le explic� que hac�a a�os el coliseo romano hab�a sido vedado por Marco Aurelio a todas las compa��as de gladiadores dado a la violencia que estas presentaban. Ahora que Commodus hab�a subido al trono y quer�a conmemorar las victorias de su padre, seg�n presum�a, el coliseo se hab�a abierto de nuevo a los combates entre gladiadores y bestias salvajes. Grandes banquetes, masacres, teatro, bebida, org�as. De todo habr�a por los siguientes 50 d�as.
       ��Y que te trae por la antigua Roma, hija?� pregunt� interesado. La chica esquiv� su mirada y vi� a lo lejos al hombre de hojos verdes que peleaba ferozmente defendi�ndose con la espada de madera de el grandul�n que tra�a el l�tigo.
         �Commodus me mand� llamar...� sinti� un poco de amargura.
         ��s�? �Para que?� Pregunt� interesado el viejo
        �Se dice que anda buscando esposa... y que soy una de las candidatas...� hablaba casi murmurando. Sent�a verg�enza de que aquello le estuviera pasando a ella. Proximus ri� hacia sus adentros, a�n cuando el padre de Andrea pareciera de gran juicio, esto demostraba que no era muy seguro de su posici�n.
       ��Y te agrada Commodus?� busc� la mirada de la joven pero ella segu�a observando al gladiador.
       �No.. lo conoc� hace 6 a�os en un viaje que su padre hizo a las Espa�as, para pisar por �ltima vez su patria... entonces no me agrad� y hoy en d�a tampoco...� tom� un sorbo del vino.
       ��Cu�ntos a�os tiene �l?� pregunt� por seguir la pl�tica.
       �Creo que me lleva 4 o 5 a�os... ha de tener unos 23 � 24� Proximus apreciaba el disgusto de la joven.
       ��Y que puedo hacer para que esta pena que llevas en tus hombros se aligere?� pregunt�. Andrea lo observ� por fin a los ojos y pareci� que ya ten�a una idea en mente.
        �D�jame ayudarte con tus gladiadores� Proximus no esperaba tal respuesta �No los pienso entrenar ni nada por el estilo... pero s� ayudarte a curar a los enfermos, en casa era muy bueno con esto... y quiz� a alimentar a los gladiadores�
        ��Sabes en lo que te est�s metiendo?� pregunt� a�n sin creer lo que la joven le hab�a pedido � Yo no te puedo proteger de lo que estos b�rbaros te pudieran hacer�
       �Yo no te estoy pidiendo protecci�n... te estoy pidiendo un pasatiempo� y una sonrisa p�cara asom� a los rojos labios de la joven. Proximus ri� a su vez. Era una joven distinta, en busca de experiencias y conocimientos. Entonces asinti� y llam� a Sebas el cual hab�a escuchado la conversaci�n a escondidas. La llev� a la enfermer�a donde lav� y cur� las heridas de los hombres que hab�an sido flagelados, quemados y azotados. Le entreten�a de sobremanera la biolog�a. Despu�s de haber tratado a los enfermos, sali� al solar. Mand� a Sebas a traer un barril de agua y un cuenco de barro. Se acerc� entonces al grandul�n del l�tigo. Volte� entonces y al verla sonri�.
        ��Agua?� le ofreci� el c�ntaro. El afirm� y tomadolo bruscamente, derram� la mitad por sus mejillas y su barbilla. ��Le puedo dar a los gladiadores?� pregunt�.
        �S�... pero no m�s de medio cuenco... despu�s no podr�n pelear si toman m�s de esta cantidad� y regres�ndole el c�ntaro, empez� a repartir agua entre los gladiadores. Camin� entonces hacia donde estaba el hombre de ojos verdes. De cerca pudo apreciar su notable altura y su cuerpo musculoso. Su rostro bronceado por el sol, con una cicatr�z en lo alto de la nar�z, la barba a medio crecer pero bien cuidada. Sus intensos ojos verdes que a la sombra del arbol, parec�an azules. Llen� el c�ntaro con el resto del agua que quedaba en el barril y despach� a Sebas por m�s.
LA VENGANZA
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