| CAP�TULO VIII Ya hab�an transcurrido cuatro meses desde aquel desgraciado suceso. La Navidad se acercaba y un calor agobiante reinaba en el ambiente. Russell hab�a salido a cabalgar al atardecer por sus amadas tierras... cuando el sol permit�a un peque�o desahogo tras un caluroso d�a. La noche no tardar�a en llegar... pero a �l no le asustaba la oscuridad... es m�s, le gustaba. Era uno de los momentos m�s propicios para pensar, sin las constantes idas y venidas de la ma�ana. Durante la noche todo transcurr�a como m�s ralentizado... lejos del estr�s de los problemas que siempre se presentaban. Las ideas flu�an m�s claras en su mente. Atraves� al galope la extensa planicie levantando nubes de polvo a su paso cuando detuvo al caballo. El animal agradeci� aquel descanso dejando escapar un relincho. Soltando las riendas se quit� su sombrero y se pas� las manos por el cabello, ya que algunos mechones hab�an ca�do sobre su rostro a causa de la galopada. Acariciando el cuello del animal se baj� dando un peque�o salto. Sin saber porqu� comenz� a caminar seguido por su caballo. �C�mo hab�a llegado hasta all�? Varios pensamientos se agolparon en su mente al mismo tiempo aturdi�ndole. Hac�a dos semanas que hab�a finalizado su �ltima pel�cula en Nueva York y en lugar de perderse por aquella llanura sab�a que lo que tendr�a que estar haciendo era preparar su gira de conciertos con el grupo. Hab�an decidido desplazarse hasta Europa en vez de Estados Unidos. Su hermano y los dem�s grunties se hab�an quedado sorprendidos cuando a mitad de una conversaci�n �l se hab�a levantado y sin mediar palabra hab�a salido por la puerta sin contestar a sus preguntas. Una extra�a sensaci�n se hab�a apoderado de su mente... de pronto en mitad de aquella charla con sus amigos hab�a sentido la necesidad de disfrutar de un poco de soledad. Dej�ndose llevar por su instinto se hab�a encontrado de pronto cabalgando sin rumbo fijo. Entorn� los ojos mirando la temblorosa esfera luminosa del sol que se escond�a tras el horizonte al tiempo que sacud�a el polvo del sombrero en su pernera. �Precioso atardecer� Pens�. Pero un vac�o se abr�a en su coraz�n. Nada hab�a sido igual desde aquel verano en Espa�a. �Qu� le hab�a ocurrido? Inconscientemente se llev� una mano al cuello y sac� la cruz que llevaba colgada. Un nombre se dibuj� en sus labios. -Roc�o.... Susurr� levemente al tiempo que cerraba su pu�o sobre la misma. Su mente le transport� cuatro meses atr�s... una amplia sonrisa apareci� en su rostro, pero inmediatamente despu�s sinti� arder sus ojos. �Por qu�? �l a�n intentaba comprender lo sucedido. Todas las noches segu�a record�ndola. Daba igual lo que estuviera haciendo que ella siempre se le aparec�a en mitad de sus pensamientos, dej�ndole inmerso en una extra�a tristeza. Aquel verano en Espa�a hab�a sido el mejor que hab�a tenido. Hab�a conocido a la mujer m�s maravillosa del mundo, la mujer que su coraz�n hab�a esperado durante tanto tiempo. Su mujer ideal. Ella hab�a sido capaz de descubrir al verdadero Russell, al que se escond�a tras esa m�scara de autoprotecci�n. Pocas personas le conoc�an y ella hab�a sido la m�s importante. Y sin embargo se encontraba solo. �Por qu�? Record� los acontecimientos de aquella horrible noche en la que volvi� ilusionado antes de tiempo para darle una sorpresa a Roc�o. Ni siquiera hab�a pasado por su bungalow al bajar del avi�n... hab�a ido directamente a la casita de la playa. Pero al llegar... nadie hab�a respondido a sus llamadas en la puerta. Extra�ado, hab�a buscado la entrada de atr�s hall�ndola abierta. Una vez dentro de la cocina buscando la luz hab�a escuchado ruidos en el primer piso. Tal vez ella estuviera d�ndose una ducha. Una maliciosa sonrisa se hab�a dibujado en su rostro. Le iba a dar la sorpresa de su vida con su anticipada vuelta. Le hab�a costado pero hab�a conseguido adelantarlo unas horas. No le importaba lo que pensara la prensa... Roc�o era lo m�s importante en ese momento. Y la echaba de menos. All� en Madrid hab�a sentido el vac�o de su coraz�n sin su compa��a. Recordaba como hab�a subido con sigilo las escaleras sin ni siquiera reparar en las peque�as gotas de sangre de los escalones. En su mente estaba imaginando la cara de sorpresa de ella al verle as� de repente cuando al abrir la puerta de su habitaci�n la escena que se hab�a encontrado era lo que menos se podr�a haber pensado. No dud� ni un instante cuando vio una pistola encima de la mesita de noche, ella atada a la cama y un hombre con su rostro hundido en sus pechos. La rabia no tard� en florecer y con una controlada calma hab�a cogido el arma enca�onando a aquel hombre que sorprendido le miraba sin comprender... Russell agit� la cabeza... la noche le hab�a sorprendido y las estrellas le saludaban brillantes en el oscuro manto. Las l�grimas se desbordaron de sus ojos mojando sus mejillas. Sec�ndoselas con una manga mir� hacia las estrellas. Se maldijo por haber tenido que abandonarla debido al contrato de su �ltima pel�cula. Por m�s que se lo pidi�, ella no accedi� a acompa�arle. Ten�a que quedarse para preparar el juicio contra Ernesto. Ni siquiera le hab�a acompa�ado al aeropuerto al irse a Nueva York... esperanzado hab�a esperado hasta el �ltimo minuto antes de embarcar... pero ella no apareci�. No lo tom� en cuenta... el shock que hab�a experimentado tras su agresi�n la hab�a cambiado. Sab�a que necesitar�a tiempo para asimilarlo. Pero �l no podr�a estar a su lado ayud�ndola porque ten�a que marcharse, pero no ten�a otra opci�n. No pod�a abandonar aquel proyecto... no por �l... sino por el resto del equipo que hab�an esperado hasta que �l estuviera disponible. Record� la sensaci�n de impotencia cuando sinti� que el avi�n despegaba de la pista alej�ndole de all�. Sus manos se hab�an aferrado con fuerza a los brazos del asiento sinti�ndose angustiado. Por m�s que intent� contactar con ella le fue imposible. La cl�nica donde ella hab�a ingresado por orden del m�dico ten�a rigurosas reglas y la �nica excepci�n fue para sus abogados. Ni siquiera cuando tuvo que ir a declarar como testigo pudo visitarla... tan pronto declar� se encontr� de nuevo en un avi�n alej�ndose de ella. No obstante tuvo suerte de poder contar con la informaci�n que los abogados le proporcionaban respecto al proceso y a las preguntas que �l les hac�a sobre Roc�o. Russell les hab�a pedido el favor y hab�an aceptado. Aunque desesperado comprob� que no era suficiente. Por ellos supo cuando iba a celebrarse el �ltimo d�a del juicio y lo arregl� todo por estar a su lado durante el mismo. El equipo conoc�a su participaci�n como parte de un juicio... as� que no les sorprendi� que �l desapareciera unos d�as tras pocas explicaciones. La brisa nocturna acarici� su rostro movi�ndole el cabello. Poni�ndose el sombrero mont� de nuevo en su caballo. Levemente sonri�... Recordaba los sentimientos que hab�an recorrido su cuerpo cuando tras llegar a su destino supo que iba a verla de nuevo. Notaba como su coraz�n se aceleraba por momentos al acercarse al juzgado donde iba a celebrarse el proceso. Las palmas de sus manos sudaban por los nervios. No pod�a fijarse en los sorprendidos rostros con los que se cruzaba por los pasillos mientras buscaba la sala. S�lo pod�a pensar en ella, en c�mo estar�a. �Volver�a a encontrarse con aquellos ojos que tanto le comprend�an? �Podr�a volver a abrazarla entre sus brazos fundi�ndose como en una sola persona? Esperanzas y dudas se mezclaron en su cabeza cuando abri� la puerta y se encontr� con la estancia medio vac�a. El miedo se apoder� de su mente mientras la buscaba con la mirada. El juicio hab�a comenzado ya. De pronto la vio. Sentada junto con sus dos abogados... se acerc� procurando estar lo m�s cerca posible pero sin que llamara la atenci�n. De repente mientras la miraba de espaldas a �l... ella se gir� para hacerle un comentario a uno de sus abogados cuando repar� que alguien la estaba observando. Su coraz�n estaba a punto de salirse por su garganta cuando sinti� que sus ojos se clavaban en �l. Aquellas d�cimas de segundo le parecieron siglos esperando una respuesta. Un brillo apareci� tras una expresi�n triste en los ojos de Roc�o... en su boca se dibuj� una leve sonrisa. �Segu�a tan bella� Aquella estancia en la cl�nica le hab�a beneficiado. Recordaba como �l se hab�a levantado hasta situarse tras ella y hab�a cogido entre sus manos la que ella le ofrec�a por encima del respaldo. Multitud de sentimientos se filtraron a trav�s de aquel contacto. Deseaba tanto poder explicarle su roto deseo de haber estado todos aquellos d�as junto a ella... apoy�ndola... Necesitaba saber que no la hab�a fallado... y lo ley� en sus ojos. La emoci�n se reflejaba en ellos. Hubiera deseado poder cogerla y marcharse de all� en aquel instante... cuando el juez anunci� que iba a dictar sentencia. �l ni siquiera se hab�a dado cuenta de la presencia de Ernesto unos metros m�s all� custodiado por la polic�a, que le miraba sonriente. Hab�a estado tan absorto mir�ndola que no hab�a reparado en ning�n detalle del juicio excepto en ella. Su coraz�n se encogi� de temor... el juicio no se hab�a desarrollado como �l hab�a esperado. Al tiempo que su coraz�n lat�a con fuerza en su pecho sinti� como Roc�o apretaba con fuerza sus manos. Con una enorme impotencia escuch� el veredicto. No pod�a creer lo que estaba oyendo. El Juez ley� la resoluci�n lentamente, no, no pod�a ser... la pena impuesta reflejaba aquel hecho como una falta en lugar de un delito. La rabia creci� en su interior cuando vio el rostro sonriente de Ernesto escuchando aquellas palabras. Un a�o de inhabilitaci�n y una multa irrisoria de indemnizaci�n. Las manos de Roc�o cayeron lacias de las suyas y �l apret� con ira sus pu�os hasta clavarse las u�as. No se lo pens� dos veces cuando levantada la sesi�n vio que �l se acercaba a Roc�o. Se alz� accionado como por un resorte y se interpuso entre los dos. Las miradas de ambos hombres se cruzaron. |
| ETERNALLY |