-Ya te dije grandull�n... que me saldr�a con la m�a.
Ernesto intent� ver a Roc�o por encima de los hombros de Russell y con una mano le mand� un beso.
La rabia de Russell creci� en su interior, pero no pod�a hacer nada. Explotar toda su ira en aquel lugar... no era lo adecuado.
Ernesto capt� la fulminante mirada de odio de �l y se apart� ligeramente.
-Encantado de conocerte...  Russell Crowe... supongo que en otras circunstancias... podr�amos haber sido amigos...
Y se march� por el pasillo saliendo por la puerta.
Russell se gir� y se encontr� con aquella mirada triste que le encogi� el coraz�n.
-Roc�o...
Comenz� a decir cuando ella se abraz� a su cuerpo con fuerza hasta casi dejarle sin respiraci�n. Toda la angustia contenida fluy� a trav�s de aquel abrazo. �l mir� a los abogados que recog�an sus papeles y estos le contestaron encogi�ndose de hombros. Aunque su propio testimonio era relevante... no hab�a servido para nada.
Acarici� con sus manos aquel cabello que tantos d�as atr�s hab�a deseado tocar y as� abrazados salieron de la sala.

Espoleando al animal comenz� a galopar salvajemente en la oscuridad que reinaba en la llanura. El aire golpeaba su rostro llev�ndose las l�grimas que hab�an vuelto a fluir en sus ojos. Su mente nuevamente fue abordada por recuerdos amargos. Tal vez alej�ndose lo m�s r�pido posible lograra dejarlos atr�s.
Record� aquella noche del juicio en la casita de la playa. Hac�a fr�o, la brisa marina ya no era tan confortable como meses atr�s. La playa se hab�a convertido en un lugar solitario donde las olas golpeaban con violencia la orilla. Ya no estaba ese c�lido rumor de arrullo del agua que invitaba a la intimidad. Una tormenta distante sobre el mar dej� entrever todo su poder con sus sordos rel�mpagos. Los lejanos truenos llegaron a sus o�dos.
La chimenea del sal�n crepitaba con el fuego encendido. Las luces estaban apagadas. Sombras grotescas bailaron reflejadas en las paredes.
Roc�o acurrucada en el sof� a pocos metros observaba el hipn�tico baile de las llamas. Un rel�mpago ilumin� brevemente el lugar... uno, dos, tres... la tormenta segu�a su camino acerc�ndose a la costa. No tardar�a en llover.
Russell de pie junto a la chimenea aviv� un poco el fuego mir�ndola despu�s. �Tanto hab�a cambiado? El resultado del juicio no hab�a sido el esperado. Pero no alcanzaba a comprender porque ella le hab�a rechazado cuando al llegar all� hab�a intentado besarla dulcemente en los labios. Sobre todo despu�s aquel desesperado abrazo en la sala de justicia. Se sinti� confuso. Ten�a miedo de preguntarle... de que su coraz�n hubiera elegido otro camino distinto al suyo. Suspir� tratando de encontrar la respuesta en sus ojos. Pero ella ten�a la mirada perdida en aquel resplandor.
-Ya no hace el tiempo como en verano... �verdad? Echo de menos esos maravillosos atardeceres.
Dijo tratando de acercarse a ella. Pero el silencio volvi� a repetirse.
-�Cu�ndo volver�s a irte?
Pregunt� de pronto ella sin mirarle siquiera. �l no hab�a esperado esa pregunta. Sab�a que al d�a siguiente tendr�a que marcharse de nuevo. No pod�a mentirla... no a ella.
-Ma�ana por la ma�ana.
De repente se sinti� muy cansado y se sent� en un sill�n junto a la chimenea. Las fuertes emociones que durante el d�a se hab�an sucedido y el largo viaje hicieron mella en su cuerpo y mente. Observ�ndola a la temblorosa luz dese� poder estrecharla entre sus brazos y besarla con aquella pasi�n que hab�an sentido los dos con anterioridad. Como aquella noche en la playa cuando se acerc� a su hoguera. Pero algo hab�a cambiado. Sus ojos ya no reflejaban esa vivacidad, esa fuerza que tanto le hab�a gustado a �l.
Haciendo acopio de fuerzas se levant� del sill�n y se puso de rodillas ante ella cogi�ndole las manos. Ten�a que jug�rselo todo a una carta... y era ahora o nunca. No pod�a marcharse de nuevo sin saber lo que ella sent�a en ese momento.
-�Tanto hemos cambiado como para echar a perder lo que vivimos los dos?
Ella le mir�. Se solt� de sus manos y acarici� su cara con dulzura.
-T� no has cambiado... pero yo s�.
La manera en que lo dijo asust� a Russell que sinti� como un escalofr�o le recorr�a su espalda. De pronto se escuch� como las gotas de agua de la lluvia repiqueteaban en los cristales.
-No digas eso cari�o.
Le contest� sintiendo como una angustia se posaba en su voz. Se negaba a creer que la estuviera perdiendo. Su b�squeda hab�a finalizado al encontrarla. No quer�a pensar siquiera que aquello se estuviera acabando.
-He tenido mucho tiempo para pensar. Aunque en la cl�nica me ten�an todo el d�a medio atontada con pastillas y con las largas charlas del sic�logo... he podido recapacitar.
A Russell se le encogi� el coraz�n.
-Tal vez necesites m�s tiempo para...
Ella le tap� la boca con suavidad negando con la cabeza.
-No... Russy. Lo que nos pas� en verano fue algo muy bonito, yo dir�a que casi de gui�n de pel�cula. Pero la realidad es muy distinta. Cada uno tiene su propio camino, convergieron en un punto pero ahora se alejan.
-Me niego a creer que el destino nos haya unido para ahora volver a separarnos.
Se levant� para evitar que ella viera sus ardientes ojos deseosos de llorar.
-�El destino? Somos muy diferentes... no hubiera funcionado. T� de aqu� para all�. Dime... �qu� tiempo hubi�ramos compartido?
-Creo que en esa cl�nica te han lavado el cerebro. No eras as�.
Dijo con rabia. La respuesta de ella le sorprendi�.
-Simplemente me han ayudado a comprender la realidad. A vivir la realidad.
-�Cual?
Pregunt� ir�nicamente.
-Lo que pas� con Ernesto... en cierta manera estaba relacionado con mi forma de vida. Me han ayudado a replante�rmela, a encauzarla. Esa est�pida rebeld�a ante mi padre... solo era para llamar su atenci�n. Ahora s� que todo lo que me dec�a era por mi propio bien.
Russell neg� con todo su cuerpo.
-No puedo creer lo que estoy escuchando de tu boca. Por lo que me contaste tu padre nunca se interes� por c�mo pensabas o sent�as. Dime... �Fue tu amado padre el que te ingres� en esa cl�nica?
Ella salt� del sof� enfadada.
-�No tienes ning�n derecho a hablar as� de �l. Me consigui� una buena defensa para el caso.
-S�... ya veo lo buena que ha sido. Ernesto se ha quedado hecho polvo con la sentencia. Seguramente est� ahora mismo celebr�ndolo a tu salud y a la m�a. �Por Dios... si casi nos mata a los dos� Tendr�a que haberlo aniquilado con mis manos aquella noche. Tal vez no tendr�a que haberme ido y mandar a la mierda la pel�cula para estar a tu lado. Tal vez as� no hubiera permitido que te cambiaran como lo han hecho. �D�nde est� esa Roc�o que viv�a la vida en su plenitud? No te has dado cuenta �Te han convertido en tu padre�
Roc�o lleg� a su lado y le dio una bofetada.  La mejilla de Russell ardi�.
-Nada me duele m�s que ver el cambio que te han hecho.
La agarr� de las manos y la mir� directamente a los ojos.
-�No puedes decir toda esa sarta de estupideces del destino Russell�
-�Y t�� �No puedes entender que te quiero?
Ella se solt� de golpe mir�ndole. Un velo de confusi�n apareci� en sus ojos.  El sonido de un trueno cascado rompi� el sepulcral silencio que se hab�a creado. Dio dos pasos hacia atr�s.
-�C�mo...  c�mo eres capaz de venir aqu� y decirme eso?
�l intent� acercarse pero ella retrocedi�. Su voz se quebr�.
-Porque es la verdad.
-�Por qu� tuviste que ir a Madrid? �Por qu� no te acompa��?
Roc�o tropez� con una silla y se sent� en ella. Comenz� a llorar sin parar. Russell se arrodill� delante de ella cogi�ndola por los hombros.
-Nunca me lo perdonar�... como el haberme tenido que ir a Nueva York en lugar de quedarme y cuidarte. Pero tenemos que aprender a vivir con ello. Tal vez se trataba de una prueba del destino. No lo s�. A m� tambi�n me duele lo que pas�... pero estoy aqu�... �dijo acariciando su cabeza.-... estoy aqu� y te quiero. No s� hacerlo de otra manera... Roc�o.
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