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                                                                                             CAP�TULO V

Lleg� otra noche m�s y Roc�o se encontr� sola en su casita de la playa sin poder poner remedio. Sus ansias de ver a Russell eran cada vez m�s grandes y no pod�a concentrarse en nada de lo que hac�a. �l la hab�a embrujado con su mirada, no pod�a apartar de su mente sus ojos verdes, ni el contacto de su piel contra sus labios. En su coraz�n le deseaba con locura.
La soledad se transform� en una l�grima que se desliz� por sus mejillas y rendida a sus emociones se ech� a llorar tumbada boca abajo, acostada en su cama, sola.
Su pecho se estremeci� con un largo sollozo humedeciendo la almohada con sus l�grimas. Sinti� que toda la amargura que ella guardaba en su interior sal�a al exterior sin poder hacer nada ni poder evitarlo.
De pronto su llanto se apag� y se incorpor� violentamente de la cama. Unas luces destelleantes bailaron ante sus ojos. �Hab�a escuchado a alguien llamar a la puerta? Mientras se limpiaba con las manos sus mojados ojos y mejillas volvi� a escuchar aquel sonido. Eran golpes suaves en la madera de su puerta de entrada.
Tras recuperarse de su peque�o mareo se levant� y se encamin� hacia la entrada. Baj� las escaleras sintiendo el latido de su coraz�n en las palmas de sus manos. Russell no pod�a ser... �l regresaba al d�a siguiente. Y nadie m�s exceptuando a sus padres sab�a que ella viv�a all�.
Lleg� con paso cansino y con los ojos escoci�ndole. Mir� a trav�s de la mirilla, no se acordaba que la luz estaba fundida y solo pudo ver una sombra plantada delante de su puerta.  La luz de las distantes farolas le mostraron lo que sin lugar a dudas era la silueta de un hombre que de nuevo se dispon�a a llamar. Antes de que lo hiciera Roc�o entreabri�  la puerta. El mundo cay� a sus pies.
-�T�� �Qu� haces aqu�?
Aquella persona sonri� maliciosamente, mientras se apoyaba en el quicio de la puerta. Un aroma a colonia barata inund� su olfato.
-C�mo no me llamabas... he decidido venir a hacerte una visita.
-Ya te dije esta ma�ana que no ten�amos nada m�s de que hablar... Ernesto.
Roc�o comenz� a cerrar la puerta pero �l se interpuso.
-Vamos... �vas a desaprovechar este momento? �Has estado llorando por m�?
Pregunt� al ver sus enrojecidos ojos.
Ella cay� en la cuenta. Y frunciendo el ce�o le mir� desafiante.
-�C�mo has sabido donde viv�a?
Apoyada en la puerta haciendo fuerza para evitar su entrada notaba como �l empujaba suavemente para abrirla un poco m�s.
Ernesto sonri� y un brillo en sus ojos le delat�.
-La matr�cula de tu moto... sabes que tengo buena memoria. Al llegar a la Central solo he tenido que hacer unas pocas averiguaciones. No me ha sorprendido saber que viv�as fuera de la ciudad. Supongo que aqu� ten�as m�s probabilidades de no encontrarme... pero el destino... ha querido nuevamente unirnos... mi ni�a.
Roc�o sinti� n�useas en su est�mago. Nunca le hab�a gustado que �l la llamara as�.
-Pues... de la misma forma que has venido... puedes marcharte. Aqu� no se te ha perdido nada. Creo que t� y yo no tenemos ya nada m�s de que hablar. Creo que te lo dej� bien claro... �no?
Lo dijo con todo su odio contenido y escupi� las palabras ante su rostro.
Repentinamente Ernesto cambi� su expresi�n maliciosa y compuso otra bien distinta. Ces� en su empe�o por abrir la puerta y la mir� a los ojos.
-Vamos... Roc�o... solo quiero conversar contigo. Me he comportado como un est�pido, lo s�. Has sido la �nica que me supo escuchar cuando lo necesitaba. Me doli� cuando me dejaste tirado...
-Ten�as que haberme dicho que estabas casado... fue una jugada que te sali� mal. �O es que pensaste que no era un detalle importante que deb�a saber?
�l se cruz� de brazos asintiendo ante sus palabras.
-Tienes raz�n... te lo iba a contar. �Sabes que al mes me separ� de ella?
-�No mientas� Hasta hace poco no lo has hecho. A saber a cuantas m�s habr�s enga�ado.
Ernesto abri� los ojos sorprendido, qued�ndose repentinamente sin habla.
-Yo tambi�n s� hacer averiguaciones. Es parte de lo que me ense�aste.
Fruto de su �amistad� con Ernesto conoc�a a gente dentro de la Central que guardaban buen recuerdo de ella y a una simple pregunta suya bast� para enterarse de la realidad.
-Me alegro de que nuestra relaci�n fuera provechosa para ti. Pero tienes que creerme... solo quiero hablar contigo.
Roc�o suspir� y lo mir� analiz�ndole... sab�a que no deb�a confiar en �l... pero tal vez sus palabras fueran sinceras. Abri� la puerta del todo y le hizo un adem�n para que entrara. Esper� no arrepentirse de su acci�n, observ�ndole entrar con una inocente sonrisa dibujada en sus labios.
-De acuerdo... hablaremos... pero despu�s te marchar�s y no volver�s jam�s a este lugar.
�l asinti� y la sigui� al sal�n-comedor. Se sentaron el uno frente al otro en c�modos y mullidos sillones.
Ernesto calibr� con su mirada el lugar mientras Roc�o cruzada de brazos le miraba no sin cierta desconfianza. Una lucecita de peligro se encend�a en su cabeza al mirarle. No estaba muy segura de lo que ve�a en aquellos ojos azules.
-Est� muy apa�ado todo. Me gusta.
-Pues m�ralo bien porque no creo que tengas otra oportunidad.
�l sonri� y volvi� a aparecer por unos instantes un brillo malicioso que desapareci� de inmediato.
-�No me vas a invitar a una copa o a un caf�?
-Perdona mi falta de cortes�a... no estoy acostumbrada a las visitas.
Le contest� con cierto sarcasmo. Se levant� del sill�n y se dirigi� al mueble bar. Le dio la espalda pero le vigil� por el gran espejo que hab�a en la pared. Se estremeci� al ver que �l le miraba el trasero. Si hubiera sabido que iba a verle probablemente se habr�a vestido de otra forma en lugar de con un cort�simo pantal�n. Poco a poco se fue sintiendo sucia ante su mirada. Sus ojos la estaban desnudando sin disimulo alguno. Abri� la peque�a nevera y en dos vasos puso hielo. Cogiendo una botella de whisky del estante le puso dos dedos a cada uno. Se gir� y se lo dej� en la mesa para evitar tocarle. Ernesto cogi� el vaso olfateando el contenido y sonri� haci�ndole un brindis mudo alzando el vaso.
-Veo que te sigues acordando de mis preferencias.
Se sent� nuevamente frente a �l y le mir� mientras sorb�a un poco del l�quido.
-Es el �nico buen gusto que siempre has tenido.
-�Vas a seguir a la defensiva todo el rato o te vas a relajar para que podamos hablar c�modamente?
Dijo dejando el vaso sobre la mesa.
Aquella pregunta ten�a raz�n... Roc�o hab�a estado todo aquel tiempo en alerta, en tensi�n y eso �l lo hab�a notado. No era tonto. Desde siempre �l hab�a sido un gran observador.
-�De qu� quieres hablar?
Le pregunt� m�s tranquilamente observando que la sensaci�n de peligro se iba alejando. �l volv�a a mirarle con ojos m�s humanos. No lo sab�a con certeza... pero algo hab�a cambiado en su forma de ser. No lo bastante, pero s� de forma significativa. Decidi� darle una oportunidad. Tal vez as� �l terminara por comprender que lo que hab�a ocurrido entre los dos era ya agua pasada.
-No s�... del tiempo que ha pasado... de lo que has hecho.
Ella se encogi� de hombros. Moviendo el vaso hizo que los hielos sonaran chocando entre s�. Indiferente mir� el amarillento l�quido.
-Cosas... como te dije estoy estudiando veterinaria. Siempre me gustaron los animales.
-�Por eso saliste conmigo?
Ernesto puso cara de perrito abandonado. Y ella sonri�.
-Sabes que no...
�l se levant� y mir�ndola interrogadoramente le pregunt�.
-�Por qu� no me ense�as el resto de la casa? �No es eso lo que hace la anfitriona con las nuevas visitas?
Ella se levant� resignada y de no muy buena gana comenz� el recorrido. Pero tampoco quer�a hacerle enfadar, sab�a de su car�cter un tanto violento. Cuando salieron juntos lo demostr� en m�s de una ocasi�n, aunque no precisamente con ella.
ETERNALLY
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