-�Sigues llevando tu pistola contigo?
�l se asombr� de su pregunta.
-La llevo en el coche como siempre. Nunca se sabe que problemas pueden surgir de repente. Adem�s... que yo recuerde nos sac� de m�s de un apuro a los dos �Te acuerdas?
Le respondi� �l. Ella entonces record�... como un d�a de los que sol�an salir mientras hac�an el amor en el coche en la playa escucharon a alguien merodeando. Y c�mo �l hab�a salido del coche cargando la pistola. C�mo se rieron al o�r como aquella persona sal�a corriendo. Record� esa sensaci�n de adrenalina al escuchar como las balas entraban en la rec�mara del arma, era una sensaci�n de miedo y de poder a la vez. Le sonri� para demostrarle que no lo hab�a olvidado.
Sin prisas... pero sin pausas fue mostr�ndole la planta baja... la cocina... con su puerta trasera... un despacho, de cuando su padre trabajaba all� en la �poca de veraneo... un aseo...
Se encaminaron a la planta de arriba subiendo las escaleras. Primero iba ella apoy�ndose en la barandilla de madera y detr�s Ernesto que no dejaba de mirarla y de evaluar el entorno. No la calificaba de descort�s pero Roc�o era bien parca en explicaciones. Ahora que �l tampoco quer�a que le aburriera con absurdos comentarios de decoraci�n.
Arriba... se encontraba la distribuci�n t�pica... tres espaciosas habitaciones con sus ba�os correspondientes, una salita de estar donde ella hab�a improvisado un peque�o gimnasio, nada ostentoso, solamente lo que ella necesitaba y un gran balc�n con vistas al mar. 
El �ltimo lugar que quedaba por ense�ar era su cuarto y no deseaba mostr�rselo. Ernesto suspir� a su lado. Su aliento lleg� a Roc�o con el olor inconfundible a whisky.
-�No quieres ense�arme tu habitaci�n?
No fue la pregunta en s�... fue el tono en que la realiz� cuando ella supo que algo no iba bien. La luz de peligro volvi� a encenderse en su interior.
-�Para qu�? Un cuarto es un cuarto.
-�Te da verg�enza?
Ella gir� sobre sus pies evitando rozarle por la cercan�a y abri� la puerta que se encontraba a su derecha. Ernesto entr� en �l y ella se qued� junto al marco mir�ndole.
Ernesto dio una batida a la habitaci�n observando todo lo que se encontraba all�. Indudablemente aquel hab�a sido el dormitorio de sus padres. La cama de matrimonio ligeramente revuelta... un espejo grande en la pared enfrente de la cama... un tocador... el armario era empotrado cuyas puertas eran de cristal opaco... un par de bonitas estanter�as llenas de figuritas de porcelana... un gran ventanal con doble acristalamiento. Lo golpe� ligeramente con sus nudillos y vio su sonrisa reflejada en el duro cristal. Se volvi� cara a ella y lentamente se sent� en la cama probando su dureza con un peque�o bote. La mir� con ojos infantiles dici�ndole que se sentara a su lado. Ella sinti� como su piel se erizaba ante aquella no tan inocente mirada. Conoc�a su juego... siempre hab�a funcionado con ella... pero ahora ya no. La luz roja se hizo m�s intensa al tiempo que su coraz�n comenzaba a latir m�s r�pidamente.
-Ya lo has visto... ahora volvamos al sal�n y continuemos hablando.
-Este es un buen sitio... �no te acuerdas lo que te gustaba hablar despu�s de haber hecho el amor conmigo? Te encantaba seguir tumbada a mi lado rodeada con mis brazos y charlar sobre la vida. Sobre lo que nos deparar�a a ti y a m�.
Suavemente golpe� varias veces con su mano sobre el colch�n inst�ndola a sentarse a su lado. Ella continu� inm�vil en la puerta. Cuando sus ojos de pronto divisaron algo en el suelo cerca de la cama... casi oculto bajo la misma... no se hab�a dado cuenta hasta ahora... era la camiseta que Russell no hab�a encontrado aquella noche despu�s de su encuentro amoroso. Ernesto sigui� la mirada de Roc�o y la cogi�. Oli�ndola la mir� sonriente.
-Aqu� hay algo que no me has contado... que mala eres Roc�o.
Ella podr�a haberle mentido pero la evidencia era aplastante. Llevaba el nombre de su due�o impreso en letras grandes en la espalda. Era una de las camisetas de su grupo de rock.
Roc�o sinti� el impulso de ir y quitarle aquella prenda de sus manos. Toc�ndola de esa manera la estaba ensuciando con su tacto. Dio un paso inseguro en el momento que �l saltaba de la cama y la agarraba con fuerza contra s� de las mu�ecas. Su aliento bebido lleg� a su nariz. Un brillo demon�aco se apoder� de su mirada. La rabia contenida minutos antes... horas antes cuando la hab�a visto en la ciudad y le hab�a dado esquinazo se estaba haciendo patente en ese mismo instante. Apret� con fuerza sus mu�ecas tanto que ella dej� escapar un gemido de dolor. Se las estaba dejando sin flujo sangu�neo.
-Me haces da�o...
Dijo intentando liberarse sin conseguirlo. Asustada lo mir� a los ojos. Un azul fr�o, intenso... la estaba atravesando.
-Veo que ya has encontrado a otra v�ctima que engatusar. �Lo dejar�s tirado como a m� en el momento en que m�s te necesitaba, eh?
Trat� de besarla pero ella apart� su rostro y �l le lami� el cuello. Asqueada se revolvi�. Pero �l la ten�a bien sujeta. El peligro pulsaba en sus sienes con violencia. Ten�a que escapar de all�. La adrenalina le brind� las fuerzas que buscaba y le peg� un rodillazo en su entrepierna. Ernesto la solt� de golpe y cay� al suelo de rodillas soltando un gemido doloroso. Roc�o reaccion� y sus piernas la echaron a correr por el pasillo. Su coraz�n lati� desesperado. Corriendo baj� las escaleras a grandes zancadas hasta llegar a la puerta, pero el picaporte no gir� con sus nerviosos intentos. A sus o�dos llegaron las fuertes pisadas de Ernesto en el piso superior. La fuerte naturaleza del polic�a era superior a lo que ella hab�a cre�do. Casi no le dio tiempo a dirigirse a la puerta de la cocina que se hallaba a su izquierda. �l la mir� desde la barandilla donde se hab�a apoyado para recuperarse del dolor que sent�a en su entrepierna. Los dos se quedaron quietos recuperando el ritmo de la respiraci�n, jadeantes. Apenas tuvo ella tiempo de entrar en la cocina e intentar cerrar la puerta cort�ndole el paso. �l se interpuso sintiendo el choque de la madera en su cuerpo. Con el rostro desfigurado por el dolor de aquella caricia la mir�. Roc�o solt� un grito apoy�ndose con fuerza en la puerta para evitar que entrara. No alcanzaba a entender el odio que hab�a reflejado en sus ojos.
-�Ernesto� Vete de aqu�. Si te vas... no dir� nada a nadie.
Mir� con des�nimo la puerta trasera... estaba abierta. Pero sab�a que no le dar�a tiempo si se apartaba de all�. Ella hac�a esfuerzos tit�nicos para mantener la puerta en su lugar apoyando todo su peso. 
-Vamos... mi ni�a... sabes que nunca te har�a da�o. S�lo quiero recordar viejos tiempos... hacer las cosas que tanto te gustaban...
Dijo al tiempo que haciendo acopio de fuerzas empujaba la puerta contra ella y ca�an los dos al suelo. Los vasos que se hallaban en una estanter�a tras la misma se precipitaron rompi�ndose en mil pedazos al ser golpeados por la puerta. Tras un primer aturdimiento �l se levant� antes de dar tiempo a que ella, atontada del golpe, se levantara atrapando bajo el peso de su cuerpo, cara al suelo, a Roc�o, que busc� la manera de deshacerse de �l. Pero Ernesto estaba acostumbrado a las detenciones violentas en la calle y sab�a la manera adecuada de inmovilizar a cualquier sospechoso con sus manos, con su cuerpo entero si era necesario.
El rostro de Roc�o estaba aplastado de lado contra el suelo, Ernesto estaba sentado encima de ella apretando con una de sus manos su cabeza y con la otra agarr�ndola de sus mu�ecas giradas. Aquella postura estaba resultando inc�moda y... dolorosa para ella. Puesto que sent�a como peque�os trozos de vidrio se estaban clavando por todo su cuerpo. Intent� hablar y su voz sali� distorsionada de su boca.
-Ernesto... esto que est�s haciendo es una locura. Estoy esperando a alguien, ya has visto la prueba en mi habitaci�n... Vete antes de que regrese.
�l ri�. Se agach� hasta llegar a sus o�dos. Ella sinti� su respiraci�n medio agitada.
-No... mi ni�a. Siempre he sabido cuando me ment�as, nunca has tenido esa cualidad. Adem�s �te crees que no me he cerciorado de que estabas sola antes de venir?
-�Tanto odio me guardas?
Pregunt� Roc�o tratando de ganar tiempo para encontrar una salida a aquella situaci�n.  En ese momento �l cogi�ndola del pelo levant� su cabeza del suelo, ella sinti� como cruj�an sus huesos cervicales. Dej� escapar un doloroso murmullo.
-Saliste conmigo buscando un verdadero hombre... pues ahora te lo mostrar�. No me diste nunca la oportunidad cari�o. Me he cansado de tus jueguecitos de ni�a mimada.
Y bes� con violencia sus labios apretados para evitar que su lengua penetrara en su boca. Con desprecio, Ernesto estrell� su cabeza contra el suelo con fuerza. Roc�o perdi� el sentido.
En su inconsciencia vag� por los rincones oscuros de su mente... im�genes del pasado pasaban a gran velocidad caus�ndole a�n m�s confusi�n. En ellas siempre era Ernesto quien le causaba dolor. Una vaga sensaci�n de contacto lleg� a sus sentidos... se sinti� transportada, sent�a como sus pies basculaban en el vac�o, intent� abrir los ojos pero todo estaba borroso, sin definici�n. Un dolor pulsante se hab�a materializado en su cabeza y lleg� hasta sus labios el sabor acre de la sangre. Volvio a desmayarse perdiendo la nocion de la realidad.
ETERNALLY
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