| CAP�TULO II Otra noche solitaria lleg� a la playa y sorprendi� a una chica sobre sus apuntes de carrera encima de la mesa del sal�n-comedor. Se quit� sus gafas de estudio dej�ndolas sobre los papeles y se prepar� una frugal cena. No ten�a demasiada hambre y con una ensalada se sinti� satisfecha. Tras dejar el plato en la pila sali� un momento a respirar la brisa marina y se sent� en los escalones de su peque�o porche. Inspir� lentamente y luego lo solt� igualmente sintiendo una agradable distensi�n en su cuerpo. Aliviada pens� que le quedaba poco para terminar ese a�o de la carrera cuando de pronto sus o�dos captaron un sonido lejano. No, no eran las olas, el ritmo era distinto. Se levant� y estirando la cabeza trat� de identificarlo. El sonido ven�a cortado con el aire y poco a poco sali� a la semioscuridad del camino. Proven�a de la playa, del lugar donde ella acostumbraba a ponerse. Conforme fue acerc�ndose m�s claro se o�a y finalmente supo de que se trataba. Era una guitarra y sin lugar a dudas unas manos expertas la estaban tocando. Aquella melod�a entr� en su mente y la hipnotiz�, era maravillosa... entre triste y esperanzadora. Se detuvo un instante y vio el resplandor de un fuego y dos bultos junto a �l. Uno m�s peque�o, acostado sobre la arena, y otro sentado. Uno de ellos debi� presentirla ya que levant� la cabeza y mir� hacia donde estaba. La m�sica ces�. El otro bulto alertado por el movimiento del primero se movi�. -�Qui�n es?... Si�ntese si quiere alrededor de nuestro fuego. Aquella voz... aquella voz... ten�a una cadencia que ella ya hab�a escuchado con anterioridad, aquella voz acariciaba sus sentidos haci�ndola sentir embriagada. Un escalofr�o recorri� su espalda reconoci�ndola. T�midamente se acerc�. -Hola... Logr� decir casi en un susurro. -Hola... si�ntese con nosotros. Le dijo con voz sosegada y alegre por la compa��a que se acababa de unir a ellos. Ella se sent� frente a �l en la arena y Zeus fue a su lado para hacerle caranto�as aburrido de escuchar tocar a su due�o. Acariciando al perro ella logr� encontrar una respuesta que no fuera un tanto est�pida. A�n as� no tuvo el valor para mirarle a la cara directamente. -Estaba dando un paseo... �minti�.-... cuando escuch� la m�sica y me pic� la curiosidad. Espero no haberle molestado... �l la mir� con inquisitivos ojos, entorn�ndolos un poco, y record�. -La vi esta tarde �verdad? Ella asinti� todav�a sin mirarle directamente. De reojo lo observ�. A la luz crepitante de la hoguera estaba tan atractivo... La singular danza del fuego dibujaba magn�ficas sombras en su cuerpo cubierto por una camiseta de tirantes y unos pantalones cortos. Con las piernas cruzadas la miraba divertido mientras abrazaba su guitarra con los dos brazos. Antes, en su primer encuentro a �l no le hab�a dado tiempo a fijarse muy bien en su rostro. Pero ahora frente a frente, pod�a admirarla con detenimiento al igual que ella que poco a poco hab�a ido venciendo su timidez y lo miraba a los ojos. -��Qu� profundidad de ojos tienes amor m�o�� Pens� ella en su interior. Not� como la sangre sub�a a su cara, pero afortunadamente el calor del fuego lo hac�a pasar desapercibido. Admir� nuevamente su cuerpo musculado sin llegar a rozar la exageraci�n. Unos poderosos hombros encumbraban a una espalda ancha y poderosa. Los brazos, marcados, abrazaban con suavidad aquel trozo de madera. Y sus manos, maravillosamente masculinas, agarraban delicadamente el instrumento. Por unos instantes ella dese� haber sido aquella guitarra y sentirlas sobre su piel. De pronto �l enarc� una ceja y sonriendo nuevamente, coloc� la guitarra encima de la manta donde se encontraba sentado al lado de una camisa de cuadros. -Debes pensar que soy un maleducado... me llamo Russell, a Zeus ya le conoces. Dijo en un tono de voz cort�s que la hechiz�. -Yo... yo... - Empez� a tartamudear.-... soy Roc�o. �l sonri� y su cara se ilumin� ante aquel gesto. Probablemente ya le hab�a reconocido y quiz� por ese motivo se encontraba nerviosa. Le pareci� divertido. Sobre todo porque descubri� que un peque�o estremecimiento se apoderaba de una de las manos de su fortuita compa��a e intentaba pararlo cruz�ndose de brazos. Cogi� otra vez la guitarra y la mir� con el rabillo del ojo medio gui��ndole. Roc�o termin� por hundir sus manos en la arena para evitar que el temblor nervioso la delatara delante de �l. -Ahora que tengo un p�blico m�s... humano. Puedo aceptar cualquier petici�n. Se qued� mir�ndola, casi atraves�ndola con una mirada magn�tica que a Roc�o le cost� contestar. -La canci�n de antes era muy bonita... aunque triste. A�adi� intentando tragar saliva. Su garganta estaba seca de los nervios. -La compuse hace tiempo, cuando me di cuenta de que la vida no era un camino de rosas. Cuando supe que las cosas bonitas aunque son dif�ciles de conseguir, una vez en tu poder son a�n m�s maravillosas. Y lo que duele perderlas despu�s. La volver� a tocar... si quieres... Roc�o. Al escuchar su nombre de aquellos labios dese� en ese momento lanzarse sobre �l y probar el sabor de su piel. Pero nuevamente se contuvo y hundi� a�n m�s las manos en la arena. A ese paso terminar�a enterrando sus brazos hasta los codos. Russell afin� la guitarra un momento y haciendo una breve pausa, cerr� los ojos, suspir� y posando delicadamente sus manos sobre la misma sac� los primeros acordes. Roc�o observ� aquel ritual, como sus manos tocaban con tanta dulzura la insensible madera y las cuerdas tan tensas. Un calor se apoder� de ella cuando sinti� el impulso de ocupar el espacio de aquel instrumento entre los brazos de su acompa�ante. Sin poder evitarlo record� la noche anterior y del sue�o que la hab�a enamorado sin a�n conocerle. El tiempo transcurri� sin darse cuenta y la intensidad del fuego decreci�. Ella sinti� fr�o y un escalofr�o la estremeci�. Sus ojos se hab�an llenado de l�grimas al escuchar la �ltima canci�n que �l hab�a tocado. Sin �l saberlo hab�a tocado la melod�a que ella esperaba o�r alg�n d�a en su coraz�n. Russell se dio cuenta del estremecimiento de fr�o y le ofreci� su camisa. Coloc�ndose tras ella, de rodillas, se la puso por los hombros roz�ndolos durante unos segundos sintiendo el tacto de su piel. Roc�o reaccion� poni�ndosele los pelos de punta. �l se sent� a su lado y ella sinti� el calor que su cuerpo desped�a, su aroma. Su olfato se satur� de su olor, cerr� los ojos y lo grab� en su mente. Pod�a escuchar su respiraci�n apacible cuando Russell rompi� el silencio. -Me gustan las noches estrelladas y con luna... todo parece distinto al reflejo de su luz. Dijo mirando al mar. Ella encontr� las palabras y asombrada descubri� que ya no estaba tan nerviosa... la cercan�a de Russell la tranquilizaba, como un b�lsamo a sus atormentados pensamientos. -Cuando los problemas pueden conmigo vengo aqu� de noche y miro el cielo... somos tan peque�os... que todo parece insignificante ante tanta belleza... Russell debi� quedarse sorprendido ya que le contest�. -Cuando te vi cre�a que eras como las dem�s... pero veo que me equivoco. Prefieres la soledad al bullicio... �no? -Creo que eres un adivino. Dijo Roc�o mir�ndole a los ojos. -No... simplemente he sabido observarte. Aquel ser fascin� por completo a Roc�o. Hab�a o�do hablar y le�do muchas cosas sobre Russell Crowe, muchas negativas sobre su mal humor, sobre su imagen de conquistador... en el par de horas que llevaban juntos en aquella noche hab�a podido entrever su verdadero ser interior. No era tan fiero el le�n como lo pintaban. Una pregunta rondaba su cabeza... �Qu� hac�a all�? Su hogar y su trabajo estaban realmente lejos de all�. Iba a hablar cuando Zeus comenz� a gru�ir. �l lo mir� y con cara de resignaci�n se volvi� a Roc�o. -Creo que la paciencia de mi perro se ha acabado... Se levant� ayud�ndola a ella con las manos. Durante unos instantes sus caras se quedaron a corta distancia, notando como los alientos acariciaban sus caras. Y se miraron a los ojos... ella los apart� asustada por lo que estaba empezando a sentir en su interior. Su coraz�n comenz� a palpitar con fuerza. Russell agarr� con delicadeza los brazos de Roc�o. -�Te gustar�a dar un paseo conmigo? Ella sonri� levemente. Se acercaron hasta la orilla para caminar mejor acompa�ados por un Zeus que no dejaba de corretear contento de aqu� para all�. El peque�o paseo dur� un tiempo que los dos no deseaban que pasara y se encontraron de nuevo junto a los rescoldos de la hoguera mir�ndose y habl�ndose con la mirada. Hab�an abierto sus corazones sin saber porqu� y se sent�an felices y asustados. Una clase de miedo que suele acompa�ar al amor. Un miedo a que todo cese de pronto como en un sue�o. Russell la acompa�� a su casa y al despedirse, �l le deposit� un peque�o beso en la mejilla a Roc�o que not� como la piel de su cara ard�a tras aquel gesto. Nuevamente su coraz�n lati� con fuerza dentro de su pecho, temiendo que �l pudiera escucharlo. -Entonces... �ma�ana nos veremos? Pregunt� mir�ndola a los ojos. Ella asinti�. Tras verlo alejarse en compa��a de su juguet�n compa�ero cerr� la verja pero no con tristeza... sino con alegr�a porque sab�a que lo volver�a a ver. Hab�a tanto de que hablar... que sentir a su lado, que descubrir... sintiendo un extra�o v�rtigo en su est�mago entr� en la casa. Nunca se hab�a sentido tan a gusto con alguien a quien acababa de conocer. A esa maravillosa noche le siguieron otros d�as en los que poco a poco se dieron a conocer mutuamente. Abrieron sus corazones a lo largo de tranquilos paseos a la orilla del mar. Sus manos inocentemente se rozaban sin llegar a cogerse, reflej�ndose en sus rostros t�midas sonrisas de no saber el por qu�. Casi siempre quedaban al atardecer, cuando el calor del sol ya no era agobiante y la salada brisa marina acariciaba sus cuerpos. Y como todas las noches... �l al despedirse le depositaba un dulce beso en la mejilla dej�ndola flotar en un m�gico mar de nubes. |
| ETERNALLY |