Finalmente ella lleg� a su objetivo, vio como saltaba de excitaci�n ante sus ojos y sonri�. Le dedic� una mirada felina. �Dioses... estaba tan bella con el cabello revuelto cay�ndole sobre su dulce rostro� Entonces ella cogi� con su boca aquel latente miembro y lo acarici� con su lengua suavemente, de M�ximus escap� un murmullo gutural de aut�ntico placer carnal y la mir�. � Qu� excitante visi�n �
Roc�o mientras tanto besaba aquel poder masculino con gracia innata. Se olvid� de todo su pasado y de lo que ella hab�a representado. En aquel momento s�lo importaba el Amor que se respiraba all� por todos los poros de sus pieles.
Pero aquello estaba lejos de finalizar, s�lo hab�a comenzado.
Las olas de placer fueron creciendo a niveles insospechados por los dos. Mientras Roc�o continuaba proporcion�ndole aquellas y sutiles pero a la vez efectivas caricias en su miembro viril, M�ximus intent� apoderarse de los pechos de su amada, pero sus manos solo lograron rozar suavemente los mismos en aquel intento. Se movi� desesperado ante la llegada inminente de la cumbre de su placer y se deshizo de ella en un arrebato de pasi�n desbordada, haciendo que ella cayera. Con rapidez felina la agarr� fuertemente pero sin dureza y la deposit� nuevamente en el lecho. Ella sonre�a. En ese momento �l la aprision� con sus brazos y comenz� a depositar tenues besos sobre su cuello al tiempo que escuchaba como ella gem�a y se mov�a por aquel puro placer. Continu� su descenso hasta alcanzar sus pechos que voluptuosos bailaban al ritmo de su respiraci�n entrecortada.
Con sus labios aprision� los pezones y not� como respond�an ante su ataque. Se volvieron turgentes y le apuntaron deseosos de m�s caricias. Entonces los mordi� levemente al tiempo que los succionaba como un beb� hambriento. Ella gimi� a�n m�s y not� como abr�a sus piernas bajo �l, preparada para recibirle. Pero el momento a�n no hab�a llegado. Quer�a proporcionarle m�s placer.
�l not� como su propio cuerpo deseaba poseer en aquel instante el cuerpo de ella. Pero aquello deb�a durar m�s, aquel momento ten�a que ser eterno. La mir� y vio sus ojos semicerrados que le observaban. Transmit�an todo su amor y deseo por �l. Ninguna palabra podr�a haberlo expresado mejor. En aquel momento s�lo era v�lido el lenguaje corporal. Y sus cuerpos estaban hablando para s� en un lenguaje universal.
Con sus fuertes manos la agarr� de la cintura y acarici� su vientre provoc�ndole unas deliciosas cosquillas. Lo bes� mientras descend�a hac�a su santuario. El c�lido lugar donde a �l le gustar�a reposar eternamente. Not� la calidez de su piel contra la suya y lleg� a su destino en medio de un mar de besos y caricias tiernas. S�... ella le deseaba, �l la deseaba tambi�n.
Con cuidado abri� la entrada y con sus labios bes� el camino hacia su morada. Qu� c�lido lugar, pod�a notarlo a�n incluso sin tocarlo. Ella dej� escapar un dulce suspiro. Su santuario lat�a y lat�a, al tiempo que le gritaba en silencio... entra, entra...
Sin pensarlo, se coloc� y lentamente, para no olvidar ni un solo segundo de aquel instante, se introdujo dentro de ella. Ambos gimieron. �Qu� c�lido lugar�
Entonces comenz� la sensual danza de sus cuerpos unidos en aquel lazo de pasi�n desatada. Sus cuerpos destilaron el sudor de aquella batalla y se volvieron resbaladizos aumentando la tremenda sensaci�n de placer. Era un ritual sin normas... pero los dos sab�an lo que ten�an que hacer. Las reglas no eran escritas... pero cada uno sab�a como deb�a obrar.
El sudor perl� la frente de M�ximus y peque�as gotas cayeron en el rostro de Roc�o. La suave brisa que entraba por la ventana acarici� sus cuerpos h�medos.
Poco a poco la danza entr� en un estado de desbordante pasi�n arrancando cada vez m�s y m�s gemidos de excitaci�n. Roc�o abraz� con fuerza el mojado cuerpo de su amante al tiempo que levemente le clavaba sus u�as en la piel. El momento que ambos hab�an esperado se estaba acercando, como el final de una batalla se iba acercando el umbral del final. M�ximus la mir� con la boca entreabierta... era una imagen tan bella aquel cuerpo bajo el suyo movi�ndose al comp�s de una m�sica que solo sus mentes conoc�an...
Entonces �l sinti� como ella le abrazaba cada vez m�s fuerte y c�lidamente su miembro en su interior, al igual que ella sent�a como crec�a m�s y m�s dentro. El momento no se hizo esperar y los dos estallaron, como las olas contra las rocas, en una violenta explosi�n de pasi�n y placer. Aquel instante se prolong� hasta que sus cuerpos extenuados se derrumbaron el uno encima del otro. Las fuertes respiraciones llenaron el espacio que les rodeaba. Intentando recuperar el ritmo normal. El sudor de sus cuerpos se entremezcl� en aquel c�lido abrazo despu�s del arrebato pasional.
Se miraron y con sus ojos se lo dijeron todo sin necesidad de las palabras, aquellos ojos no ment�an. Expresaban lo que en realidad quer�an decir. Sonrieron y permanecieron as� hasta que M�ximus se coloc� a su lado en el lecho mojado. Ella recost� su cabeza en su pecho y juguete� con sus dedos encima del mismo provoc�ndole cosquillas que hicieron que �l riera. �Cu�nto tiempo sin re�r sin ning�n tipo de problema a sus espaldas�
�l por su parte acarici� su cabello, el pelo se le enred� entre sus dedos. A�n sent�an el cansancio de la dura batalla cuando a lo lejos se escuch� el relincho de un caballo. M�ximus siempre en alerta en su subconsciente salt� de la cama y se asom� por la ventana.
Un caballo negro como el azabache se encontraba justo delante de su puerta. El jinete, un joven romano y soldado seg�n �l pudo ver, le esperaba a la entrada con una bolsa colgada en su cuerpo.
-�General M�ximus�
Grit� en alerta mirando hacia todos los lados en busca de su destinatario. Se llev� una mano al cinto, al lado de su espada y volvi� a mirar enrededor. Volvi� a reiterar su llamada.
M�ximus mir� a Roc�o.
-Tengo que bajar...
Ella suspir� y asinti� con la cabeza.
�l se puso una t�nica de color azul y baj� las escaleras hasta llegar al umbral de su puerta. Sali� con precauci�n al exterior. El joven soldado sonri�.
-General M�ximus... le traigo un comunicado del Senado de Roma.
Al tiempo que le entregaba un pergamino con el inconfundible sello del Senado Popular. Sus manos temblaron al cogerlo con sus manos. �Ser�a aquella su respuesta? �O quiz� le necesitaban para alguna otra guerra en los confines del imperio?
Antes de abrirlo, mir� al soldado.
-Puedes descansar un rato y darle de beber a tu caballo. Ya te dir� si tiene contestaci�n.
-Gracias Se�or.
Mientras observaba al cansado soldado y a su caballo dirigirse a los establos mir� hacia la ventana donde su amada se encontraba asomada mir�ndole con rostro un poco preocupado. Con sus manos presion� el pergamino que cruji� entre sus dedos. Sent�a miedo... no era la primera vez que lo sent�a en su interior, pero aquel sentimiento que oprim�a su pecho era angustioso.
Lo mir� y con  manos temblorosas abri� el sello lacrado, el pergamino se abri� por inercia. Sus ojos recorrieron las l�neas escritas hasta que lleg� a la parte importante. Sus piernas temblaron al tiempo que su boca se abr�a para proferir un grito... de j�bilo.
-�Roc�o� �Roc�o�
Grit�. Ella que se hab�a metido nuevamente en la habitaci�n baj� corriendo las escaleras y r�pidamente se encontr� a su lado.
... LA ESCLAVA
CONTINUAR
VOLVER
Hosted by www.Geocities.ws

1