| -Ser� mejor que volvamos al campamento. Es tarde y ma�ana ser� un d�a largo. Algo en el rostro de Roc�o le dijo que no. -�Qu� te ocurre? Pregunt� �l. -Sabes lo que soy y a�n as� me tratas con respeto. Yo no eleg� ser lo que soy. Soy una esclava... Eso �l lo reconoci�. Pero hab�a sido hac�a tiempo y aquellas palabras amargas trajeron a su memoria experiencias pasadas. La mir� a los ojos. �Dios era tan bella� -S� como te sientes. -Lo s�. He o�do tu historia. En todas partes... eres ya una leyenda. Pero eres el �nico que podr�a comprenderme. Trag� saliva y cerr� los ojos. -S� que podr�as hacer muchas cosas... pero no te lo voy a pedir. De todos modos... �qui�n soy yo para ped�rtelo? Le pregunt� ella con un tono de tristeza en su voz. Se levant� y sin despedirse se dirigi� hacia el campamento. M�ximus recapacit� y grit� su nombre. Ella se gir� sobre sus pies y le mir� a la luz danzante de la antorcha. -Puedo acogerte en mi seno como protegida. Te prometo que ning�n hombre te har� da�o nunca m�s. Unas l�grimas corrieron por el rostro de aquella mujer. -Si no te lo he pedido... es porque no quiero ser compadecida. � No quiero � Cay� de rodillas al suelo y solloz�. M�ximus se acerc� hasta ella y se puso a su altura. Acarici�ndole el cabello que ca�a sin orden sobre su rostro respir� hondo. � Cuanto dolor hab�a all� � �Qu� amargos pensamientos invad�an su mente� Las viejas heridas del pasado volv�an a abrirse de nuevo. Sab�a lo que ten�a que hacer. Era lo correcto. -No puedo prometerte m�s que lo que te he dicho. Comprar tu libertad... me costar� m�s tiempo, pero lo intentar�. No te defraudar� como no defraudo a mis hombres en el campo de batalla. Y ahora acomp��ame al campamento deben estar pregunt�ndose ya donde me he metido. Ayud� a levantarse a Roc�o y tras un breve espacio de tiempo se miraron. Ella logr� medio sonre�r y �l tambi�n. Lentamente se encaminaron hacia su destino. |
| ... LA ESCLAVA |