En la primera parte de esta semblanza, platicamos
sobre su nacimiento, su infancia y parte de su adolescencia. Ahora nos
centramos en las que fueron sus primeras incursiones como maestro y como
escritor.
Alejandro Topete siguió con sus estudios,
cursando la secundaria y lo que es hoy el bachillerato en la Escuela Preparatoria
y de Comercio del Estado, (después Instituto Autónomo de
Ciencias y hoy Universidad Autónoma de Aguascalientes), a un costado
de San Diego, donde actualmente es el edificio central. Ahí estudió
materias comerciales como: Aritmética Mercantil, con el señor
Don Miguel N. Rodríguez; Inglés, con doña María
del Refugio Romo; Español Castellano, con Don José Ramírez
Palos, de los cuales guardaba el concepto de que fueron muy buenos
maestros.
Perteneció al ejército con el nombre de un muerto
Entre los 14 ó 15 años fue invitado por el Coronel Pablo Baranda para pertenecer al ejército; ocupó el cargo de sargento segundo del LXIX Regimiento con el nombre de Jesús Salas, quien había fallecido; cargo en el que no permaneció por mucho tiempo, sin embargo nos contaba que había sido una gran experiencia.
La muerte de su padre y sus inicios como escritor
Cuando él tenía 17 años, por
el año de 1925, muere su padre de una afección pulmonar y
tuvo que interrumpir sus estudios para ponerse a trabajar, tal vez sintiendo
la responsabilidad por ser el hijo mayor varón que quedaba; 1
conoció y llevó amistad con el Dr. Francisco C. Macias 2
, Director de la Escuela Preparatoria, con quien gustaba platicar
de las cuestiones históricas y, seguramente viendo su afición
por este tema, le recomendaba leer algunos libros, entre ellos el de Don
Agustín R. González, que trata de la historia local; el Dr.
Macias le indicaba dónde podría buscar algunos datos y de
allí nació el interés por investigar lo cual después
se convirtió en su pasión. Y así, le merecieron los
motes que le pusieron Eduardo J. Correa: “paciente hurgador del pasado”,
o como le llamó su gran amigo y condiscípulo Antonio
Acevedo Escobedo: “el viejo buceador de la comarca”.
Sus dos hermanos varones Fernando y Antonio se inclinaron
por la Medicina, profesión que no le llamó la atención
porque como él mismo decía: “soy enemigo de la pus y de la
sangre”.
Ese mismo año (1925), comenzó a escribir
en la revista La Voz del Pueblo de Daniel García, e inició
al mismo tiempo sus labores magisteriales, dando las cátedras de
Historia de México en el 1°, 2° y 3er. año de la
secundaria apoyado en los libros de Don Alfonso Toro y en la obra para
este nivel de Don Luis Chávez Orozco. Todo esto siendo estudiante
en la Escuela Nocturna Pro-Alfabeto. Su sueldo era de 30 pesos por clase
al mes, así que hacía un total de 90 pesos. En el año
de 1926, del 16 de noviembre al 6 de diciembre, entró como escribiente
interino de la Tesorería General del Estado, después como
1er. Oficial Archivero de la Secretaría de Gobierno y el 10
de diciembre de 1928 como Oficial Mayor de la Secretaría de Gobierno
hasta el 14 de enero de 1929.
En 1927, por su iniciativa, fue creada la segunda
Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, y realizada su organización
bajo la dirección del maestro Don Arnulfo Miramontes, creador de
una amplia obra clásica. Esta orquesta funcionó durante algo
más de dos años, dando de ocho a diez conciertos periódicamente.
Ésta había sido la corporación musical más
numerosa, con 65 músicos en total.
También escribió como editorialista
en la revista
El Estudiante (1928), donde plasmó este pensamiento:
“Convencidos estamos que cada hombre del mañana honrará no
solamente a su hogar y a su Nación, sino también a sus principios
y a su Gobierno; y llevará el prestigio de su Patria tan alto como
el vuelo del águila que traspasa el azul infinito de los cielos”(....)
3
Algunos de sus escritos los llegó a firmar
con el seudónimo de Jean D´Arol, que es un anagrama de Alejandro.
Fundación del Club Rotario
A principios del año 29, se fundó en esta ciudad el Club Rotario por un grupo de honorables empresarios y profesionistas. A un mes escaso de dicha fundación, el señor Enrique Reyes, propietario de la ferretería “La Estrella”, a manera de padrino invitó a mi papá a pertenecer al club, con el significativo mote de “Quijote”.4
Secretario Particular del gobernador Manuel Carpio
Por aquellos días comenzó sus funciones como Gobernador del Estado el señor Manuel Carpio Velázquez, quien nombró a mi papá su Secretario Particular, cargo que desempeñó hasta el día 10 de abril de ese mismo año, ya que después fue comisionado como Secretario de la Dirección General de Educación Pública del Estado, del 11 de abril del 29 al 23 de enero del 30. Tenía tan solo 22 años, era apenas un jovencito que ocupaba cargos de mucha responsabilidad, pero siempre muy formal en todos sus trabajos.
Fundación del P.N.R.
Por esas mismas fechas (1929) se instituyó el Partido Nacional Revolucionario (actualmente el P.R.I) y fue invitado a pertenecer como uno de los miembros fundadores, encabezados por el Gobernador Carpio. También se integró el secretario de Gobierno, Don Tirso Flores y algunos de los empleados de Gobierno y del Ayuntamiento. El edificio del Partido se encontraba en la esquina de la calle Colón y Juan de Montoro.
Un cadáver aéreo
Estaba ya encargado de esa Secretaría, cuando
el Gobernador Carpio le dijo que había que hacer un viaje a la ciudad
de México por cuestiones de trabajo, pero en la víspera
del vuelo, mi papá le hizo notar que existían
algunos asuntos pendientes como los censos de las escuelas. El Gobernador
recordó, en efecto, la importancia de esos asuntos y le permitió
quedarse. El señor Carpio, ya estando en la ciudad de México
en una corrida de toros (a la que era aficionado), se encontró con
el Ingeniero Daniel Valera, delegado Agrario por el estado de Aguascalientes
y lo invitó a regresarse con él al día siguiente,
ya que traía un asiento desocupado en el avión (el lugar
asignado a mi padre), a lo que accedió el Ingeniero y tal
como lo habían dispuesto, salieron para esta ciudad el día
4 de noviembre de 1929. A los pocos minutos de salir de la Capital, a las
7.30 horas de la mañana, el avión en el que viajaban se estrelló
en Villa del Carbón, Estado de México. Las personas de ese
poblado, al enterarse de que era el gobernador de Aguascalientes,
cooperaron entre todos para ponerlo en un ataúd de madera. Mi papá,
por ser funcionario de Gobierno y puesto que había sido su Secretario
Particular, fue el encargado de ir a dar fe del accidente y de recoger
los cadáveres; al enterarse de ese gesto tan maravilloso de los
pobladores, dispuso su traslado en ése féretro.
Las noticias en los periódicos dieron cuenta
del fatal accidente y de los nombres de los ocupantes del avión,
entre ellos el de mi padre; el Lic. Eduardo J. Correa, amigo de la familia,
al enterarse, se apresuró a ir a la casa a presentarle sus condolencias
a mi abuela por la pérdida de su hijo; cual va siendo su sorpresa
que el que lo recibe es el mismo Alejandro Topete; aunque le dieron gracias
a Dios porque las cosas se presentaron de esa manera, estaban muy conmovidos
por un hecho tan lamentable. Así que a mi papá le tocó
contestar las condolencias por su “fallecimiento”.
Curiosamente, el gobernador Carpio había
comprado terrenos para la ampliación del Panteón de la Cruz,
siendo su cuerpo el primero que se inhumó en dicha ampliación.
La Carta Geográfica del Estado
Recuerdo que mi papá me comentaba con gran
orgullo que había tenido la suerte y la oportunidad de abrir brechas,
tales como la formación de la Carta Geográfica del Estado,
no como obra personal, sino como promotor en la creación del organismo
de más alto rango como la triangulación geodésica
de la región, a cargo principalmente de un verdadero sabio como
fue el señor ingeniero don Manuel Medina Peralta, zacatecano ilustre
que tuvo a su cuidado los trabajos científicos, base para ligar
nuestro territorio a la triangulación ya existente a lo largo del
meridiano 98° que va desde Alaska a Tierra de Fuego, quedando así
ligada con toda exactitud nuestra porción territorial a la red mundial
del triangulaciones.
Tanto el gobierno federal como el del estado aportaron
considerables inversiones en estos trabajos, entre los años 1929
hasta el 32, realizando innumerables trabajos geodésicos y topográficos
como se puede comprobar con tres memorias anuales, una de las cuales le
otorgó un crédito. Él siempre lo señaló
como uno de los más grandes honores, suscrito por el ingeniero Manuel
Medina Peralta, del que siempre nos habló con los más altos
calificativos.
Guardian de la historia
En esta época, tuvo en sus manos muchos documentos
de importancia que actualmente se encuentran en el Archivo Histórico
(que ahora lleva su nombre) y nos relataba de cómo se
encargó de cuidarlos; por ejemplo, el periódico El Patriota
de 1847 se lo regalaron, tal vez pensando la gente que estaría en
buenas manos, y no se equivocaron, porque ése ejemplar de tanta
valía que se puede consultar en el Archivo Histórico “eran
unos papeles viejos llenos de porquería de ratón y algunos
ya roídos”. Los mandó empastar en piel y ¡cómo
no! si se trataba del primer periódico oficial del Estado.
De otro periódico, El Porvenir (1860),
el primer tomo se lo regaló Don Eliseo Trujillo que lo había
comprado en La Línea de Fuego ; el segundo lo obtuvo cuando murió
Florencia Chávez viuda de Camarena; los deudos le quisieron vender
dos tomos, pero como ya tenía el primero, solo aceptó el
segundo al precio de “quince pesos”, cosa de la que se arrepintió
porque como él dijo: “así se hubieran tenido los dos
ejemplares”; tiempo después él no se dio cuenta que sucedió
con ése documento tan apreciable para los que amamos la historia;
sin embargo, para muchas otras personas simplemente eran ( y a veces son),
papeles viejos que “ hay que tirar”.
Lo mismo sucedió con el periódico
El
Republicano de 1862 (que sustituyó al El Porvenir), también
ejemplar único que había sido de Don Martín W. Chávez,
padre de Florencia y de Aurelia, cuando al morir las dos, el señor
Rafael Leal Camarena avisó a mi padre que allí estaban
unos periódicos viejos, que si los quería también
adquirir al precio de quince pesos, lo que aceptó de inmediato.
Del periódico La Revista (1863), solo
hay un tomo que fue de don Trinidad Pedroza. Al morir este señor,
quedó Don Alberto “ El Chato” Pedroza al frente de la imprenta
de su papá, quien se lo facilitó para copiarlo pero solamente
le hizo un extracto. Al poco tiempo también murió “El Chato”.
Mi padre se acordaba de esos libros y preguntó a sus familiares
por ellos, encontrándose únicamente un tomo, que se lo vendieron
en treinta o cuarenta pesos.
De los demás periódicos como La
Voz de Aguascalientes
(1876) también lo compró; el Instructor
(1824) le costó noventa pesos; El Campo (1895), editado por
el Doctor Díaz de León; El Clarín (1908),
fue un regalo de Martín Montes hijo de Don Juan Montes quien le
dijo: “tenga usted estas cosas, yo sé que estarán mejor en
sus manos que en las mías”. Había personas que sabían
de su afición por los papeles viejos y el buen uso que él
les daría, por eso prefirieron obsequiárselos. 5
El Fandango (1887), de Don Jesús F.
López, también fueron comprados y como estos, muchos otros
libros que él adquiría en las librerías “de viejo”
en la Cd. de México. Me sorprende ver que tuvo la visión
de resguardarlos y con esto legó a Aguascalientes parte de
su historia .
Mi padre, aunque era un hombre que disfrutaba
de la vida y a cada cosa le daba su lugar, decía: “he tenido que
hacer tantos trabajos administrativos y a veces tan fastidiosos para sostener
a mi familia, que me he dedicado a ellos por necesidad”. Su verdadera vocación
fue la de historiador, de investigador, de maestro y además era
un gran conversador; las personas que lo conocieron y lo trataron no me
permitirán mentir.
La organización de los Juegos Florales y la feria de San Marcos
Desde 1927 promovió la organización
de los Juegos Florales de la Feria de San Marcos; en 1931 comenzó
a invitar a personas muy destacadas en los medios literarios del país.
Así conoció a escritores como Rafael López, a Nicolás
Rangel, el Doctor Pedro de Alba, quien lo relacionó con otros; también
a Enrique y Gabriel Fernández Ledesma, José Ruiz y Domínguez,
Alfonso Toro; gente de letras como Carlos González Peña,
asimismo con el Dr. Mariano Azuela quien además de ser
su tío abuelo, fue su amigo y con los hijos de éste, en particular
con Don Salvador Azuela, con quien llevó una amistad entrañable.
También fue gran amigo de Don Artemio del Valle Arizpe, asiduo
asistente a la Feria de San Marcos, quien lo propuso para ser miembro
de la Academia de la Lengua, a la cual ingresó en 1955. 6
Recuerda mi mamá que lo invitaba a quedarse
en la casa a comer y Don Artemio le decía: “Nada más que
no me vaya a dar albóndigas, porque no me gustan” y casualmente,
o por mala suerte, eso era lo que había en el menú, pero
aún así aceptaba la invitación.
Del 23 de enero al 23 de agosto de 1930, ocupó
el cargo de Oficial Primero de Estadística y del 11 de agosto de
ése mismo año al 7 de diciembre de 1932, estuvo de Oficial
Mayor en la Secretaría de Gobierno.
“El que en casarse acierta en nada yerra”
El 27 de junio de 1932, siendo Gobernador Don Rafael
Quevedo, contrajo nupcias con la señorita Bertha Ceballos Aguilera,
después de un noviazgo de tres años. Ella, originaria de
Teocaltiche, Jalisco, era hija de Eduardo Ceballos de León y de
Josefa Aguilera Morán. Se acababan de abrir los templos por la Guerra
Cristera y la situación en el país todavía estaba
confusa; en esa época habían contraído nupcias
Don Rafael Arellano y Doña Minita Madrazo y el evento se realizó
en su casa particular; a mis papás les pareció muy buena
idea. Por lo tanto, la ceremonia se realizó en la casa que
estaba situada en la esquina de Hidalgo y Z. Mena ( lugar en que vivía
temporalmente mi abuela paterna). Ofició la misa el Padre Porfirio
Ibarra; festejaron el acontecimiento con un brindis muy familiar.
Luego fincaron su domicilio en la calle de Guerrero # 2, frente al
Templo de la Merced.
A propósito de su matrimonio, cuando mi papá
ya se pensaba casar, fue con su abuela Doña Cirenia Azuela viuda
de Del Valle a comunicarle su decisión y ella le preguntó:
“¿ya lo pensaste bien?”, a lo que mi papá contestó
afirmativamente y ella le dijo: “porque el que en casarse acierta, en nada
yerra”, sentencia que nunca olvidó y que la repetía constantemente,
y así vimos como su matrimonio duró 67 años.
Los hijos de este matrimonio fuimos: Fausto Alejandro
Zacarías, Adriana Margarita, Fernando Javier, Bertha María
y Ana Luisa.
Por esas mismas (1932) fundó la revista
El
Heraldo de Primavera, donde reflejó su amor por Aguascalientes
al escribir estas palabras: “AGUASCALIENTES, capital de importancia pero
de humildes edificios, sin dejar de tener obras de arte, que solo florecen
con la riqueza, pero siendo éstas por razón de su humildad,
encumbre dentro de su ser, la población que responde a su fisonomía
arquitectónica”. 7
Fue Secretario de la Escuela Preparatoria y Normal
del Estado, del 1° de diciembre de 1932 al 14 de Febrero de 1933; Catedrático
de la Escuela Preparatoria del Estado de tres cursos de Historia de México
del 15 de Febrero de 1933 al 11 de marzo de 1934. Además, fue nombrado
Secretario de la misma institución del 27 de enero al 13 de marzo
del mismo año, continuando con sus cátedras, las que no abandonó
hasta el 9 de Julio de 1938, tanto en la Secundaria como en los dos Bachilleratos.
Pasó después a ser Oficial Mayor de
la Secretaría de Gobierno del 12 de marzo al 17 de mayo de 1934.
Miembro fundador de la Sociedad Mexicana de geografía y estadística
Por ese año ingresó como Miembro Fundador
y Presidente de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística
del Estado,8 donde comenzó a editar un
boletín con una serie de artículos de gran importancia ya
que algunos sobre la historia de Aguascalientes, eran paliografiados por
él mismo, lo cual ha sido clave para el estudio de la historia
local. La publicación del Boletín abarcó los años
de 34 a 35, repartidos en 14 folletos.
Cómo recuerdo a mi papá en una de
sus bibliotecas, casi a oscuras, con un aparato donde introducía
las filminas que le llegaban del Archivo de Indias de Sevilla, con una
lupa en la mano y tratando de descifrar aquellos escritos. El foco se le
quemaba constantemente ya que tenía que permanecer mucho tiempo
prendido y con la máquina de escribir en el otro lado para ir traduciendo
los documentos que estaba paliografiando; así con esa rusticidad
logró obtener muchos datos para la historia de la región.
Fue nombrado Secretario del H. Ayuntamiento y Presidencia
Municipal de la Capital del 17 de mayo al 18 de septiembre de 1934.
Por un problema entre los diputados y el gobernador Alvarado, se ausenta de Aguascalientes
Ocupó el cargo de Oficial Mayor
de la Secretaría del H. Congreso del 17 de Septiembre de 1934 hasta
el 2 de Julio de 1938, fecha en que por voluntad propia, se disolvió
la H. XXXIV Legislatura y tuvo que ausentarse de Aguascalientes y viajó
a la Ciudad de México, por un problema que se suscitó entre
los diputados y el gobernador Juan Alvarado. Fueron los diputados con el
Presidente de la República, quien en ese entonces era Lázaro
Cárdenas, a presentarle el problema y éste no los quiso apoyar,
ya que en las mismas condiciones estaban otros estados del país;
el Presidente pensó que al apoyarlos, las otras entidades hubieran
esperado el mismo resultado, por lo que en conjunto le renunciaron al Gobernador
y mi papá tuvo que hacer lo mismo, puesto que trabajaba con ellos.
El Sr. Alvarado insistió que él se quedara, pero mi papá
le contestó que no podía por ser fiel a sus principios
y leal con sus jefes. Le costó mucho, tener que ausentarse de la
ciudad que tanto amaba, pero siempre estaba primero su lealtad. En
la capital del país vivieron en Santa María La Ribera
# 36, en la colonia del mismo nombre.
Permaneció en la ciudad de México
del 2 de julio de 1938 al 16 de diciembre de 1942, trabajando en
la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, invitado
por el Ingeniero Luis Herrera Marmolejo, donde colaboró en hacer
el libro de la Carretera 45 (que va desde Alaska hasta Tierra de Fuego).
Además, trabajó como Catedrático de Lengua y Literatura
Española en la Escuela Militar de Intendencia y después en
el Heroico Colegio Militar, invitado por el General Pascual Cornejo Brún,
experiencia que él nunca olvidó por haber sido muy grata
y de la cual se sentía muy orgulloso.
El Círculo Aguascalentense
Durante su estancia en México, participó
en la fundación del “Círculo Aguascalentense”, fungiendo
como Secretario General y como presidente el señor Manuel E. Otalora;
algunos de sus miembros fueron el Sr. Daniel N. Marín, Don Pablo
Medina, Augusto Kegel, etcétera. Mi papá creó el lema
del mismo: “Fieles a la Provincia, leales a la amistad”. Esta era
una asociación donde se reunían los aguascalentenses
que vivían en la Capital para no desligarse de las noticias que
pasaban en su lugar de origen y para crear un ambiente de unidad
entre todos los coterráneos, siendo publicada una revista
llamada Provincia.
Notas a pie de página
1 Recordemos que los hermanos mayores ya habían fallecido
2 Correción que hacemos del número pasado, aunque también
llevó mucha amistad con Don Carlos Salas López, con el cual
también gustaba de platicar asuntos históricos y le llegó
a recomendar algunas lecturas
3 José Arteaga Pedroza, "Vocación. Los principio s
de Topete del Valle", en: El Sol del Centro, 5 de Mayo de 2000
4 El club Rotario tiene la característica de que al ingresar
como miembro, se les asigna un mote, que hace referencia a su ocupación
o a su modo de ser, con el que se tratan familiarmente
5 Entrevista que le hizo el Lic. Enrique Rodríguez Varela en
el suplemento "El Unicornio", de El Sol del Centro, 16 de
Junio de 1985
6 Entrevista con el Lic. Enrique Rodríguez Varela
7 José Arteaga Pedroza, "Vocación...", Op.
Cit.
8 Esta sociedad ya había sido fundada en la ciudad de México