Cómic:Andrés Texto: Ramón Pérez
La se�ora sentada en frente de ellos, junto a su hijo, apart� la atenci�n de su revista y les dirigi� una mirada nada comprensiva ante la rimbombancia de sus carcajadas. Ambos se acercaron un poco y continuaron hablando en un tono m�s bajo.
Mientras ella le segu�a contando lo que ocurri� aquella noche, su atenci�n no se deten�a s�lo en las palabras que sal�an de su boca, sino que trataba de escrutar su cara en busca de alg�n rasgo que le permitiera recordar aquella chica a la que habl� una noche en B., al menos seg�n ella. Pero resultaba in�til, as� que decidi� escucharla atentamente, dispuesto a dejarse sorprender por el relato que de sus propios hechos le iba a hacer otra persona.
- La cosa es que te pusiste a decir tonter�as como una cotorra, y yo que estaba de un malhumor enorme por mi amiga, empec� a re�rme como una boba. Me pareci� una situaci�n tan rid�cula que se me afloj� la risa. Imag�nate, dos personas que no se conocen de nada, intercambiando frases sin sentido, como un di�logo para besugos. Uno, arrancado, esperando a que sus amigos pidan algo de comer; la otra, desquiciada, aguardando a que terminen el espect�culo su amiga y el novio.
- �No hab�as dicho que era su ex?
- Va, no me jodas, ya sabes lo que quiero decir.La historia iba resultando más familiar, más factible, aunque seguía sin localizarla de manera exacta en su memoria. Sin embargo, se le podía dar crédito a las palabras de esa rubia desconocida, por más desconocida que fuese. No es que hubiese dudado de la certeza o no de su historia, pero necesitaba de esos puntos de referencia que acababa de escuchar. Asentía con la cabeza a medida que más detalles le permitían cercar mejor en su memoria aquella noche.
Ella siguió hablando, contándole incluso alguna frase de las que se dijeron, recordando su nombre. La memoria de él, por el contrario, no parecía llegar a tanto.
- No te acordabas de mi nombre, ¿verdad?
- Pues, sinceramente, no. Lo siento. -Respondió él con un resquicio de vergüenza y pesar.
- Que no te acordaras ahora de mi nombre es normal, pero lo que estuvo mal es que no fueras a verme al partido del domingo.
- ¿A verte ?, ¿dónde?
- Joder, ¿tampoco te acuerdas de lo del rugby?
En ese momento algo se le disparó en la cabeza. Una breve imagen cruzó por sus ojos como un relámpago. Vio a un tío y una tía sentados en el capó de un coche. Esa imagen era real, estaba seguro, y no fruto de su intento por evocarlo todo claramente. Reconstruyó la escena con rapidez y de repente le pareció nítida. Podría decir ahora que sí recordaba aquel encuentro con una chica que jugaba a rugby, sin ser especialmente corpulenta, ni mucho menos. Era cierto.
¡Rugby! Podía ser que le estuviera tomando el pelo, pero aquella noche de la hamburguesería era difícil distinguir las verdades de las fantasías, así que se lo creyó y le prometió que acudiría a verla el domingo a los campos federativos. Sí, podría ser verdad, quizá todo aquello hubiera ocurrido.
¿Y por qué no fui?, se preguntaba ahora. Sin embargo prefería no revelarle que sí recordaba todo aquello, porque entonces las disculpas serían no por mala memoria sino por falta de palabra. Así que en su rostro había ahora un gesto indescifrable que a ella no le transmitía ninguna respuesta concreta. Justo lo que él había pretendido.Durante un rato más siguieron conversando sobre lo que aquel primer encuentro deparó: cuando sus amigos salieron, él se despidió de la misma manera repentina en que se había dirigido a ella al principio, diciéndole "Domingo. Federativos. A las 17:00. Vale." De forma sincera, trataba ahora de disculparse por aquella falta.
- Vaya, lo siento mucho, de verdad. Perdóname.
- Tranquilo, no te preocupes. Además me salió un partido horrible, y perdimos -dijo mientras bajaba la mirada.
- Bueno, por lo menos no fui yo el gafe. ¿Todavía juegas?
- No, hace tres años que lo dejé.
- Pues yo este año estoy metido en un equipo de fútbol, y jugamos la mayor parte de las veces en federativos.