UNA Y DOS

Cómic:Andrés Texto: Ramón Pérez


I


Tal vez en otros tiempos hubiera subido más decidido a aquel tren...Tal vez en otros tiempos hubiera subido más decidido a aquel tren; nadie le había obligado a ello, pero no iniciaba ese puente de otoño con demasiado optimismo previo. Allí, en S., le esperaban algunos de sus mejores amigos, con certeza los más antiguos, al menos. Sin embargo no tenía explicación a esa sensación de abandono que le rodeaba. Sabía que debía ir, y que muy probablemente lo pasarían bien; aunque no como en otros años. No podía culpar a nadie en concreto por aquello. Era algo que ocurría, que estaba ocurriendo, y ya está.

¿Por qué no?, pensó para decidirse. En realidad se trataba de la principal razón para que ahora estuviera sentado en el vagón, al lado de una chica rubia que había retirado muy amablemente una bolsa que ocupaba su asiento. Quedarse en casa esos días tampoco le hubiera provocado un mayor sosiego. Además una vez sentado en el tren, viendo pasar las casas y árboles de las afueras de la ciudad, todo parecía más leve. Ahora el flujo constante del paisaje a través de la ventanilla le servía de bálsamo contra la inquietud y las preocupaciones de los últimos días. Todo estaba mejor ahora, incluso la chica que había a su derecha había acompañado con una sonrisa agradable su breve saludo. Era un detalle estúpido, de acuerdo, pero contribuía a relajarle más, servía como buen augurio para esas pequeñas vacaciones. Cuando trató de mirarla discretamente se encontró con su sonrisa de nuevo. De manera torpe y mecánica se sorprendió a sí mismo correspondiéndole.

- Ya veo que no te acuerdas de mí. -dijo ella.
- ¿Yo?
El hecho de que aquella chica desconocida supiera su nombre le llenó de asombro.
- Pero, ¿nos conocemos? -preguntó él sorprendido.
- Bueno, sí y no. Un poco.

¿Ya no te acuerdas de mí?Pero, ¿nos conocemos?

Al contemplar que él no podía articular palabra, sumido en una expresión de desconcierto, consideró que no era justo dejarle así por más tiempo y le habló:

- No se cuántos años hace, pero estoy segura que fue un viernes en fiestas de B., delante de una hamburguesería.
Hizo una pausa y arqueando las cejas trató de encontrar en él alguna señal indicadora de recuerdo. Pero no la halló, así que continuó.
- Yo estaba fuera, sentada en un coche mientras mi amiga discutía con su ex-novio. Acababan de dejarlo, y me estaban amargando la noche. Llegó un grupo de tíos a la entrada de la hamburguesería, armando una escandalera de risas y gritos. Uno de ellos eras tú, seguro. La verdad es que ibais todos un rato felices -no pudo evitar un gesto para aclarar el significado de la palabra felices-. El caso es que entraron todos en la hamburguesería menos tú, que les esperaste allí de pie. Me hizo mucha gracia porque te quedaste con la mirada perdida durante un rato, hasta que giraste bruscamente la cabeza hacia mí y me saludaste.
-Si dices que íbamos felices seguro que no era yo. -comentó entre risas.
A sus risas se unieron las de ella y ambas duraron un rato hasta que él pudo seguir:
-Bueno, y qué pasó. ¿Te di un beso de tornillo o algo parecido que te dejara una huella imborrable?
-¡Ja!, ya te hubiera gustado, listo.

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