|
MUHAMMAD
ALÍ
|
|
HISTORIA DE
UNA LEYENDA
|
DON KING .
![]() |
-Don
King es un personaje singular. Muchos se preguntan cómo demonios
un estropajo andante ha terminado por convertirse en el soberano de los
promotores del boxeo internacional... Y Muhammad Alí es una de las
respuestas. En 1974, el célebre ex-convicto de melena huracanada le ofreció al campeón del mundo George Foreman cinco millones de dólares si peleaba con Alí. Después hizo otro tanto con este, que también estuvo de acuerdo... Faltaría más: era una bolsa increíble. En total, diez millones de dólares de la época, que serían unos veinte mil millones de pesetas al cambio actual. Gracias a aquella montaña de dinero, el combate del siglo iba a celebrarse. Ahora bien; Don King no tenía diez millones de dólares. Ni diez, ni cuatro... Lo que tenía era mucha jeta, y suerte; porque el país más grande del África subsahariana estaba festejando su independencia, y al dictador Mobutu Seke Seko le interesaba promocionarse, de modo que compró la velada por mucho, mucho más de diez millones. Y le salió rentable. *El promotor más importante del boxeo moderno, feliz de la vida, como siempre. |
GEORGE FOREMAN
-La imagen del viejo y adiposo gigante de Marshall, Texas, reconquistando el
título de campeón de los pesos pesados en 1994 (a la edad de 45
años) supuso un aldabonazo tremendo en la opinión pública.
El hecho de que uno de los antiguos rivales de Alí, en plena ancianidad
deportiva y al 50 por ciento de su capacidad original, se bastara todavía
para llegar a la cima del boxeo, dejó sin habla a más de uno.
Hoy día, sobre todo en los EEUU, George Foreman es una atracción
mediática tal que su fama actual ha terminado por oscurecer un pasado
glorioso. Como Alí (salvando las distancias), aunque en este caso es
la panza lo que no nos deja ver el bosque.
|
Porque
hubo un tiempo en que el sacerdote metido a púgil renacido fue
el más grande pegador de la historia, y que nos perdonen los fanáticos
de Joe Louis; hablamos de la colosal masa de músculo (sin grasa
alrededor) que apabullaba en los rings de los setenta. Nadie ha empleado
jamás unos puños tan demoledores, y ningún campeón
ha sido tan indiscutible. Ni siquiera el primer Tyson: los rivales de
Foreman no se llamaban Frank Bruno. En 1974 pegaba tanto y tan duro que
se decía que sus golpes podían matar no ya a un hombre,
sino al mismísimo Alí.
No era una exageración... No del todo; para derrotar a Joe Frazier, el loco de Louisville había necesitado más de 25 asaltos completos. Y 24 más para tumbar a Ken Norton, que de regalo le fracturó la mandíbula en el primero. Pues bien: entre los dos no habían aguantado ni cuatro asaltos al invencible Robot de Texas. Hacía más de dos años que sus veladas no llegaban al segundo round, y nunca había sido derrotado... 40 peleas, 40 victorias y de ellas, 38 por KO. Una barbaridad. |
![]() |
|
*En
la imagen, George Foreman en los década de los noventa.
|
Ya
no era que destrozara a los únicos hombres que habían tumbado
a Alí con una facilidad insultante; Los demás, esos mismos rivales
de segunda fila que tanto le costaban ahora al antiguo campeón, la mayor
profusión de buenos boxeadores que ha visto la categoría de los
pesados en su historia, todos sin excepción le tenían un miedo
cerval al invencible George Foreman... De no mediar aquellos diez millones de
dólares, el Rugido en la jungla tal vez no se hubiera escuchado.
RUMBLE IN THE JUNGLE
-Nadie
apostaba un céntimo por su victoria. Ignorando los precedentes (Liston,
Frazier), la posibilidad de asistir al declive repentino del campeón
ni se consideraba. Esta vez era Alí quien tenía 32 años,
por veinticinco de Foreman. Para más inri, en el aeropuerto de Kinsasha
había un avión-hospital preparado para volar a Madrid inmediatamente,
si ocurría la tragedia... De nuevo, Muhammad Alí se encontraba
en la coyuntura perfecta (por desfavorable) para engrandecer su leyenda.
![]() |
No
sabía Foreman la que le venía encima. En sus declaraciones,
el más grande planteó el combate como una lucha entre el
representante de la raza negra oprimida (él mismo) y un lacayo
servil de la metrópoli.
Tal vez no anduviese muy desencaminado; en los juegos olímpicos de México 68, G.F. fue uno de los deportistas de color que enarboló una banderita de los USA en el podio, en vez de los guantes negros y el puño en alto de los velocistas... Aunque no se debe ser injustos con él. Lo hizo con la cabeza gacha, avergonzado, por la sencilla razón de que no quería acabar en el arroyo, como le pasó a los atletas, que sufrieron el ostracismo y la injusticia de una sociedad que no estaba preparada para el valor y la osadía de figuras como John Carlos. En Zaire, de nada sirvieron las palabras del campeón señalando que era mucho más negro que Alí. Encerrado en un palacio de las afueras, custodiado por el ejército, inaccesible, le estaba dando la razón al de Louisville. Además, cometió un error lamentable nada más llegar, bajando la escalerilla del avión con un pastor alemán de la mano... El perro del ejército colonial belga, recién expulsado. Muhammad Alí se hospedaba en un barrio popular. Y no rehuía el contacto sino que lo buscaba. Cuando iba a correr, por los suburbios más pobres de la ciudad, un séquito espóntáneo de cientos de africanos acompañaba su marcha. Y él como siempre, en su salsa, disfrutando de cada instante y diciéndoles exactamente lo que querían oír. La película When we were Kings (Cuando fuimos Reyes), ganadora de un Oscar de Hollywood al mejor documental en 1997, adquiere una grandeza especial sobre todo por esos momentos: Correteando entre la basura, tratando a los humildes de la tierra como a sus iguales, despojado de su traje de superhéroe, ninguna otra figura de cualquier deporte ha alcanzado nunca el grado de exuberancia y magnetismo que desprendía Alí, sencillamente hablando... *Cartel promocional de la película When we were Kings. |
El
30 de octubre de 1974, con el aspirante bailando alrededor de Foreman , la pelea
discurría por los cauces que todo el mundo suponía. Pero a mediados
del primer asalto dió un giro totalmente inesperado. Alí se fue
a las cuerdas, de manera que los golpes del campeón alcanzaban con demasiada
facilidad su objetivo. Era una locura, un suicidio, o al menos así lo
entendió Ángelo Dundee, que no paraba de gritar ordenándole
que boxeara como habían planificado.
Del primero al último de los comentaristas y la inmensa mayoría
de los telespectadores se dispusieron a presenciar un combate breve por necesidad.
Una locura... Excepto para los sesenta mil enfervorizados seguidores del Bocazas
que abarrotaban el Estadio Nacional de Kinsasha.
La masa entera y vociferante, sobre todo a partir del quinto asalto, galvanizada
por la milagrosa resistencia de Alí, como si la rabia acumulada durante
años y años de esclavitud brotara de repente, empezó a
gritar estremeciendo el lugar hasta sus cimientos... "¡Alí
bomayé! ¡Alí bomayé!" ¡Alí,
mátalo!
Rebotando a cada puñetazo de Foreman, echándose hacia atrás,
hacia delante, con una guardia alta permanente, moviendo los hombros y la cabeza,
sobrevivió a una desproporción de golpes recibidos y lanzados
que era de veinte a uno.
El combate fue aquiriendo tintes de epopeya, y a medida que avanzaban los minutos
crecían las señales de agotamiento de Foreman. Resoplaba como
un búfalo, los golpes eran cada vez más débiles, su defensa
se iba abriendo poco a poco... Y el KO no llegaba.
|
El
mero hecho de iniciar el sexto asalto multiplicaba las posibilidades de
Alí... Entonces, su locura se tornaba razonable. Porque
fue el único en darse cuenta de que la ofensiva del campeón
tenía un sentido concreto. La mayoría de los golpes iban
dirigidos no al rostro, sino al hígado, bazo, caderas y riñones;
el objetivo era inmovilizarle.Y lo cierto era que, más pronto
que tarde, lo iba a conseguir. Ya no era el demonio inaccesible de su
juventud, no tenía físico para evitarlo durante seis, siete
o más asaltos... Aún así, terminaría más
cansado que su rival, y adios muy buenas. Por todo ello, improvisando,
decidió su propia estrategia; encomendándose a su esquiva
prodigiosa, no se movió desde el inicio.
Lanzar los golpes más duros del planeta durante tantos rounds cansa, y mucho. En el séptimo, ya eran palmetazos... Y la concurrencia entró en el éxtasis del que hablamos antes... Jaleando los gritos del público, burlándose con muecas de temor francamente cómicas, guiñándole el ojo en cada descanso y ofreciéndole perlas como "¡golpeas como una niña! ¡Eres un negro mamarracho!", destruyó finta a finta la seguridad ilimitada de su rival. *Una fantástica instantánea del KO más famoso de todos los tiempos. |
![]() |
![]() |
ANTERIOR | SIGUIENTE | ![]() |