MUHAMMAD ALÍ
HISTORIA DE UNA LEYENDA

9. UN MITO PARA UNA ÉPOCA.

EL OCASO

-Después de vencer a Foreman se enfrentó consecutivamente a Chuck Wepner, Ron Lyle y Joe Bugner antes de la pelea con Frazier en Manila. Luego de cinco defensas más, el 29 de septiembre de 1977 la dureza de los puños de Ernie Shavers hizo que su intención de abandonar cobrara visos de hacerse realidad... No fue así, y en febrero del 78 Leon Spinks le arrebataba el cinturón de campeón del mundo a los puntos.

Siempre había afirmado que su estilo le evitaría las secuelas y lesiones habituales; pero el largo destierro tuvo sus consecuencias. Aprendió a ganar jugando a veces con desventaja, llevando al extremo las posibilidades (técnicas y psicológicas) del boxeo. Al fin, su verdadera marca de clase era la inteligencia.
Aprendió, también, a encajar: cientos, miles de golpes de varios de los mejores pesos pesados de la historia. Ordenaba a sus sparrings que le dieran fuerte... En esa estrategia estuvo el secreto de sus grandes triunfos en en Zaire y Filipinas, pero, "a largo plazo resultó un desastre" (David Remnick).
El 15 de agosto de 1978 recuperaba el campeonato por tercera vez al derrotar a Spinks en la revancha, y pareció cumplir su promesa de retirarse a tiempo... Hasta que en 1980 su ex-sparring Larry Holmes le propinó una buena tunda en las vegas. Por primera y única vez, no pudo terminar un combate (KO técnico en el onceavo).
El triste final de una carrera insuperable llegó (a los puntos con T. Berbick) en 1981.

*El más grande no supo retirarse a tiempo.

¡The greatest!


LA ENFERMEDAD

-Es muy probable que ya entonces el deterioro neurológico hubiera comenzado. Desde luego no hablaba con la fluidez de antaño, y qué decir de sus reflejos, o la velocidad... En 1986 le diagnosticaron el mal de Parkinson.
Justo después de la pelea con Shavers, su médico Ferdie Pacheco le advirtió que tenía un grave daño renal y que estaba en peligro de sufrir alguna lesión cerebral si no se retiraba. Pero no le hicieron caso, y el que se retiró fue él. "Yo no le echo la culpa a nadie. Todos se dejaron ir e hicieron lo que hicieron partiendo del convencimiento de que Alí encontraría, como siempre, una forma de salir vencedor".
El parkinson es una dolencia que ralentiza los movimientos y paraliza los músculos, sobre todo los faciales, impidiendo al enfermo expresarse con normalidad. Su incidencia aumenta con el tiempo, llegan los temblores, y el mero hecho de tragar saliva termina convirtiéndose en un suplicio... Pero lo más terrible de la condición de Alí es que es totalmente consciente de lo que le está pasando: el mal no le ha privado de su capacidad de razonar.
Sin embargo, nunca se le ha escuchado una palabra de autocompasión. "Dios me está haciendo ver que soy un hombre como otro cualquiera. Y también te lo está haciendo ver a tí. Puedes aprender de lo que me sucede".
El que se apoye en la religión para aceptar el infortunio no resta un ápice de dignidad a su actitud... En última instancia, el pensamiento es suyo, bien a través de Alá o el Dios que sea, o no sea.

El campeón, en familia.

Aunque limitada, su actividad continúa. Se gana la vida (muy bien) firmando guantes, fotos, productos...
Y siempre hay alguna organización que desea ganar lustre mediante su presencia, ya sea el combate por el título mundial o los juegos olímpicos... Como en Atlanta 1996, cuando encendió el pebetero de la antorcha olímpica ante casi tres mil millones de espectadores.

Tiene que trabajar porque, aunque es cierto que pocos deportistas han ganado tanto dinero, debe mantener a nueve hijos de varias mujeres, y en su momento tuvo que pagar más de un divorcio (Sonji Roy, Belinda Boyd y Verónica Porche) antes de alcanzar la estabilidad con su actual esposa, Lonnie. Además, ha regalado millones de dólares a infinidad de organizaciones humanitarias, y qué decir de sus amigos, de los musulmanes negros o el batallón de aprovechados que lo rodearon durante años...


*Muhammad Alí, con sus retoños.


RETRATO DE UNA LEYENDA

-De todos los libros que se han escrito sobre el más grande (algunos excepcionales, como la biografía de Thomas Hauser o El Combate, de Norman Mailer), tal vez el mejor sea Rey del Mundo, del ganador del premio Pulitzer David Remnick.
"Alí es un mito que significa muchas cosas distintas para muchas personas. Un símbolo de fe, un símbolo de convicción y desafío, un símbolo de talento y valor, de orgullo racial, de agudeza y de amor.
La condición física de Alí conmueve porque viene a ser una representación acelerada de algo que todos tememos, el deterioro que traen los años, del carácter imprevisible de las amenazas... En él vemos la fragilidad de un hombre cuyo desempeño consistía precisamente en ser la figura más temible del planeta".

Su prestigio en los estados musulmanes y en el África negra es incluso mayor que el que tiene en occidente. A saber: en los ochenta, cuando las bombas explotaban sobre el cielo del Líbano, se plantó en el centro de Beirut para liberar a unos rehenes... Justo antes de la guerra del golfo, 15 más salieron de Irak bajo su custodia.
Es bienvenido en todos los países del mundo, y ha sido ejemplo e inspiración para una variedad de personajes que alcanza desde Michael Jordan o Bill Clinton hasta Nelson Mandela... El mito de una época.

*Muhammad Alí con el Premio Nobel de la Paz Nelson Mandela.

Dos leyendas del siglo veinte.

"Llegué a cogerle cariño a Alí", dijo Floyd Patterson. "Al final entendí que yo no era más que un boxeador y que él, en cambio, era historia".




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