MUHAMMAD ALÍ
HISTORIA DE UNA LEYENDA

2. LA FORJA DE UN CAMPEÓN.

LOS COMIENZOS.

-Seis semanas después de empezar a entrenarse, Cassius Clay debutó entre las (entonces) tres cuerdas, pesando cuarenta y cuatro kilos cuatrocientos gramos. Su rival, un alevín llamado Ronnie O'Keefe, en un combate pactado a tres asaltos de un minuto. Ambos se dieron una buena serie de golpes no muy ortodoxos hasta que les dolió la cabeza. Alí lanzó alguno más, recibiendo la recompensa de un flamante primer combate nulo. Seguidamente, acogió la decisión gritándole a todos que muy pronto sería "el mejor de todos los tiempos".
En cuanto ganó algo de peso, fuerza y sentido del cuadrilátero, empezó a desarrollar ese estilo tan particular
que más adelante sería pulido por sus sucesivos entrenadores, sobre todo por el definitivo, Ángelo Dundee.

El campeón, a los doce años.

Cassius dejaba las manos colgando, imprimía una trayectoria sinuosa a los golpes de izquierda y daba vueltas por el ring de puntillas. Su mejor defensa era la rapidez, aquella insólita habilidad para calibrar el golpe del adversario y apartarse lo justo para que no le acertara, y devolverlo de inmediato.
Tenía unos ojos excepcionales. Daban la impresión de no cerrarse nunca, de no ofrecer jamás una pista al rival. Y en cuanto percibían una apertura, sus manos actuaban en consecuencia.
Clay no sólo era rápido, sino muy valiente y capaz de mantenerse frío en las situaciones difíciles; nunca se dejaba llevar por la furia lanzándose a réplicas desordenadas. Si algo distingue realmente a Muhammad Alí como boxeador, es su inteligencia. No eran sólo la rapidez, el coraje y aquellos reflejos sobrenaturales; sabía pelear.
Y la disciplina. Desde sus inicios, vivía prácticamente en el gimnasio. No fumaba, no bebía. Un par de veces esnifó con sus amigos las emanaciones de un tanque de gasolina, pero ahí se terminan sus experiencias con alucinógenos. Era un obseso de la nutrición, y llevaba siempre consigo una botella llena de una mezcla de agua y ajo que, según decía, mantenía la tensión baja y la salud perfecta. "Lo único que le interesaba era comer, entrenarse y hacer guantes", dijo Jimmy Ellis (su futuro sucesor en el trono de los pesados en 1967, cuando le retiraron la licencia por su negativa a ir al Vietnam), que tambien entrenó en el gimnasio de Joe Martin.
A los dieciocho años tenía un historial asombroso como amateur: 100 victorias y sólo ocho derrotas, dos campeonatos nacionales de los Guantes de Oro y dos títulos (también nacionales) de la Amateur Athletic Union.



* En la foto, con doce años, el terror del parque infantil.


EL PERSONAJE.

-Ya en la adolescencia era su propio estratega, no admitía imposiciones de nadie; mucho antes de tomarle el pelo a toda la prensa americana y mundial con sus poemas y asaltos psicológicos contra toda la sucesión de sus rivales, comenzó a inventarse.
En la previa de los combates metía la cabeza en el vestuario de su contrincante y le advertía entre alaridos que se preparase para recibir una buena tunda. Con doce años, llegó a amenazar a George King, un púgil local casado y con hijos (por supuesto, no combatieron).

Ante los periodistas fanfarroneaba igual, de forma que su popularidad creció vertiginosamente, aunque tenía un carácter negativo:la gente iba a verle fundamentalmente con la esperanza de que en tal o cual velada le partiesen la mandíbula. Lo asombroso es que ya entonces era una estrategia premeditada: "me da igual lo que piensen de mí, con tal de que vayan a verme". Y las gradas se llenaban. Dick Schaap, jefe de la sección de deportes de Newsweek, lo conoció personalmente antes de los juegos olímpicos de 1960: "no tenía más de dieciocho años pero era la persona más llena de fuerza y más viva con quien me había tropezado nunca. Era como estar con un gran actor, o uno de esos políticos que le dejan a uno electrizado. Una persona con aura, dotada de una especie de energía interior. Y se daba uno perfectamente cuenta de que todos íbamos a hablar muchísimo de él en los años venideros".

*Muhammad Alí disfrutando de sí mismo en una rueda de prensa.
Alí, montando el número con los periodistas.

 


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