MUHAMMAD ALÍ
HISTORIA DE UNA LEYENDA

3. EL PASO AL PROFESIONALISMO.

LOS JUEGOS OLÍMPICOS.

-En pleno Central Park, Joe Martin tuvo que ejercer de psicólogo improvisado para resolver una cuestión que a punto estuvo de dejarlos en tierra, impidiendo la conquista de la medalla de oro de 1960. Presa de un ataque de pánico, de miedo a volar, Alí tardó varias horas en convencerse de que no podían ir a Roma en barco; luego se fue a una tienda de excedentes del ejército ¡a comprarse un paracaídas!
"De hecho, lo llevó puesto durante todo el viaje. Lo cierto es que fue un trayecto bastante agitado, y allí estaba él, rezando en el pasillo, con el paracaídas puesto".
Una vez en Italia, montó lo más parecido a una revolución en la Villa Olímpica... Al cabo de unos días le llamaban, en broma, "el alcalde de la Villa Olímpica". Wilma Rudolph, ganadora de tres medallas de oro en las pruebas de velocidad, afirma: "todo el mundo quería verlo. Todo el mundo quería hablar con él. Y él, hablando sin parar. Yo siempre me quedaba atrás, a ver qué decía".
Por supuesto, ganó la medalla de oro de los pesos semipesados, venciendo en la final a un correoso polaco de nombre impronunciable, Zbigniew Pietrykowsky. En lo más alto, su carrera amateur había terminado.

*El alcalde de la Villa, posando sonriente con el traje oficial de la delegación americana.

Cassius Clay, medalla de oro de los semipesados en los juegos de Roma 1960.

EL PASO AL PROFESIONALISMO.

-De vuelta en los EEUU, un grupo de oligarcas blancos de Louisville se reunieron para crear una sociedad que patrocinara al joven campeón. De este modo, bien respaldado, inició su carrera profesional. El 20 de octubre de 1960 derrotaba a Turney Hunsaker en un combate a seis asaltos.
Ahora su entrenador era Fred Stoner, elegido básicamente por ser negro. Más tarde llegaría su preparador definitivo, el gran Ángelo Dundee, al que aceptó (pese a su irremediable tez caucásica) porque no quiso imponerle sus propias reglas ni restarle protagonismo, sino explotar sus cualidades.

Cumpliendo sus predicciones, tumbando a Lamar Clark.

El campeón vigente de los pesos pesados era por aquel entonces Floyd Patterson, uno de los boxeadores más prestigiosos del siglo, y tal vez el más educado; Kennedy llegó a decirle, antes de su pelea contra el terrorífico Sonny Liston, que debía vencerle porque representaba el lado bueno de la sociedad, mientras que Liston era un ex-presidiario, el último campeón del mundo controlado por la mafia de John Garbo, un mafioso que probablemente dió la orden para asesinar al famoso Bugsy Siegel, el "fundador" de Las Vegas.
Pero todo ello le interesaba poco a Alí, todavía Cassius Clay. Gritaba a los cuatro vientos que su boxeo dejaba en pañales al de Patterson, o el de cualquiera. La prensa y la opinión pública en general, acostumbrados a la solicitud y correción política de campeones negros como Joe Louis o Jackie Robinson en beisbol, quedaron estupefactos al escuchar las palabras de aquel (no lo olvidemos) debutante. Sus entrevistas eran un prodigio de exhuberancia y descaro. Antes de su combate contra Lamar Clark, un boxeador durísimo con 45 victorias seguidas por KO, expresó su pronóstico: "¡lo tumbaré en el segundo asalto! ¡Soy el más grande! y bla, bla, bla"...

*Alí - Lamar Clark. Louisville, 19 de abril de 1961.

De este modo, Alí iba ganando enteros como el boxeador más impopular del momento excepto, quizás, Sonny Liston. Con una salvedad: Liston sencillamente daba miedo, al público y a sus rivales, mientras que en Alí veían a un chulo, un negro orgulloso como no se veía desde Jack Johnson (primer campeón de raza negra los pesados), y mucho más irritante. Visto ahora, aquello era terriblemente divertido, y sólo hubiera dejado de serlo en caso de una derrota, pero Muhammad Alí estaba en el ring para evitarlo... La pelea con Lamar Clark terminó cuando el
árbitro detuvo el combate porque este había besado la lona dos veces, con la nariz rota... En el segundo asalto.

 


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