Seré hoy sembrador de prados
y hacedor de surcos,
mis dedos serán arado.
Suavizaré mis manos,
como la piel de los damascos,
y buscaré en tu geometría
el triángulo más perfecto.
Mi boca llena de semillas de luna
caminará por cada uno de tus surcos,
depositando en tu monte las caricias
guardadas.
Me convertiré en bebedor de lluvias,
en esperador paciente del nacimiento
de las semillas, me encontraré con cada
una de ellas, ya crecidas, en mis manos.
Me transformaré en jardinero cósmico,
en absorbedor de aromas, en intruso de
rincones, en encontrador de espacios finitos,
en explotador de sentires y en buscador
de puntos perdidos.
Entonces, seré cosechador de tus frutos,
me subiré a cada una de tus ramas y
con la ligereza de los jilgueros,
picaré cada uno de ellos.
Con la voracidad de las palomas
beberé de tu fruta
y con la paciencia de las ardillas
las recogeré una a una
y las iré guardando en mí,
para alimentarme con ellas
cuando estés ausente.
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