Informes especiales
LA SITUACION POLITICO SOCIAL (IV)
ALGUNAS NOTAS ACERCA DE LA ACTUAL COYUNTURA
Por: Raúl Isman y Jorge Muller (Fecha publicación:02/12/2002)
 
 Un informe presentado al congreso de la CTA sobre la situación político económica y social.
 
  Tercera parte
 
No hay dudas que la perdida de vigencia de los referidos derechos, hace a los individuos esclavos con relación a las necesidades de su propio cuerpo: el hambriento sólo piensa en saciar su apetito; el enfermo, en curar su enfermedad; quien vive en la calle, en dormir bajo techo, y así sucesivamente con los distintos derechos. Por lo tanto, si los mencionados derechos sociales carecen de concreción práctica, las personas están sometidas a las arbitrariedades de los gobernantes, los punteros políticos y algunas organizaciones que se favorecen del atraso y la ignorancia de vastos sectores de nuestra población sumergida. Por todo lo anterior, estos derechos son la precondición de la libertad auténtica y de la ciudadanía plenas y sustantivas, como observó Hannah Arendt en su célebre ensayo Sobre la revolución. Allí comenta que... la pobreza es abyecta debido a que coloca a los hombres bajo el imperio absoluto de sus cuerpos....
Por otra parte, el sociólogo francés Pierre Rosanvallon (Reportaje en Clarín del 25/11/01) afirma que... si la ciudadanía es simplemente el derecho al voto, estaría ya lograda. Pero si es una historia de la pertenencia y de la integración, entonces no lo está. Porque ciudadano no es simplemente el que dispone del derecho y el ejercicio del sufragio sino el que se considera como un miembro pleno de la sociedad. Y para esto, son esenciales los ya varias veces referidos derechos sociales.'
En el centro de estos debates se halla uno de los problemas más importantes de la hora actual: la relación que se opera en el campo de lo público entre los ciudadanos y los productores. En realidad, es una dialéctica entre tres sectores componentes: los que aún tienen trabajo (productores); quienes tienen todavía el goce de los derechos sociales fundamentales (ciudadanos), pero que se hallan en peligro de perderlos y las grandes masas excluidas que aspiran a una ciudadanía lo más plena posible. Si se logra articular un frente tan vasto, sería de hecho invencible.'
El objetivo de este frente- y del movimiento político y social- es realizar la liberación nacional, o, dicho en otros términos la revolución (democrática) burguesa o burguesa (democrática). Al definirla en los términos citados, aludimos más a un cierto horizonte histórico que a una problemática reactualización de sujetos (la clase burguesa), que tal vez resulte inviable. En nuestro pensamiento, tal transformación consiste en generalizar el trabajo asalariado- básicamente, para una población excluida de este derecho- y crear un verdadero estado nacional, o sea con auténtica soberanía (poder de decisión). Por lo tanto, en estos tiempos, la citada generalización del trabajo a cambio de salario implica reindustrializar nuestra economía para lograr reincorporar a los excluidos por el sistema neoliberal. Esto, sin dudas, no puede hacerse sin la formulación de un proyecto de país que recree el mercado interno, con un fuerte contenido distribucionista y a favor de los sectores populares. En tal perspectiva pueden converger trabajadores ocupados y desocupados, diversos profesionales, algunos sectores empresarios, comerciantes, y otros sectores propietarios. Además, distintas fuerzas políticas y territoriales.
Por otra parte, la creación de un estado soberano significa romper con las trabas y condicionamientos con que los organismos internacionales y otros estados (el G7) pretenden someter las posibilidades de autodeterminación del conjunto de la nación argentina. Además, es la única posibilidad de que exista realmente la democracia. El auténtico gobierno del pueblo no pasa de ser un discurso vacío en una sociedad postrada frente a organizaciones financieras y gobiernos de otros países. En esta lucha puede articularse un frente tan vasto como para aislar y derrotar al poder económico monopólico autóctono y sus aliados del exterior, principales causantes de los infortunios populares.
Finalmente y profundamente vinculado a los problemas expuestos precedentemente está la cuestión de la democracia, campo de confrontación con las clases dominantes. Efectivamente, para estas, el problema democrático se reduce a lograr la aparición de una figura política que concite adhesión popular y gestione los negocios públicos en beneficio de los poderosos. El referido esquema se vuelve a reproducir en las provincias y municipios y cada bienio o dos bienios, se renuevan autoridades. En tal cosa consiste la llamada democracia representativa y además procedimental, es decir, la formalidad de los procedimientos, por sobre la afirmación sustantiva de auténticos mecanismos de decisión popular. Cuanto menos participativa, tanto mejor será para los sectores dominantes. Inclusive, hay países, como E.E.U.U., en que el poder fomenta la apatía hacia la política y hasta se vota en días laborables. En cambio, para los sujetos subalternos, es fundamental ampliar permanentemente los horizontes de la vida económica, social, política, educativa, cultural, territorial y familiar pasibles de ser sometidos a deliberación democrática y a mecanismos de decisión de masas. La salud, la educación, el trabajo deben dejar de ser espacios pertenecientes al cerrado saber de algunos tecnócratas, para que la discusión y nuevos mecanismos institucionales permitan avanzar al pueblo en instancias de decisión que garanticen la vigencia de los intereses de las mayorías. Por poner un ejemplo, sin el aporte de los trabajadores, no se crearía riqueza en las empresas. Sin embargo, estos se hallan indefensos ante las medidas que toman los directorios. ¿Por qué no someter las decisiones económicas y empresariales a mecanismos democráticos?
A nuestro entender, estas son las tareas decisivas de la etapa- ampliar la democracia y la ciudadanía, defender la nación, establecer vínculos solidarios- y se deberían marchar hacia la concreción de un frente amplio político y social. En este sentido, el documento de la mesa nacional de la C.T.A. Construir la unidad del campo popular nos parece un aporte más que valioso. Del mismo modo que el texto que está editado con el título Apuntes para una estrategia avanza en definir al movimiento político y social como una instancia que apunte a tomar la crisis argentina con una noción de integralidad y al territorio como el espacio donde debe centrarse el trabajo militante para construir instancias de poder popular.
 
 
 
Elecciones 2003:
Que hacer
 
Quien tiene asco por la política
es gobernado por quien no lo tiene.
Es esto lo que los malos políticos, los corruptos
y los demagogos quieren de nosotros:
repugnancia a la política.'
Frei Betto. Teólogo de la liberación.
 
Para decidir la actitud que deben tomar las fuerzas partidarias de una transformación social hacia el fenómeno electoral, es necesario partir de consideraciones históricas, teóricas y de un análisis político lo más certero posible del nivel de conciencia y de actividad de las masas populares. Esto último es la piedra de toque de la cuestión electoral.
Desde el punto de vista histórico, diremos que nunca las elecciones- y particularmente, las que se producen bajo las formas mas ampliadas de la democracia de masas- fueron una dádiva graciosamente arrojada por la burguesía hacia los pueblos. Desde la Constitución Jacobina de 1794- primer ejemplo de sufragio universal que por cierto excluía a las mujeres- hasta la elección del general Perón en 1973, pasando por la conquista del voto femenino en todo el mundo y el derecho electoral de las mayorías negras en Sudáfrica; en toda época y lugar, los sistemas electorales fueron respuesta del poder a la combatividad de las masas y concesiones realizadas por las clases dominantes, cuando no tenían otra opción. Por lo tanto, existen contenidos democráticos en todo llamado electoral, aún en los más fraudulentos. La clave reside en mostrarlos y que resulten evidentes. Así como en denunciar de modo práctico sus aspectos restringidos.
Desde el punto de vista teórico, diremos que la posición de la mayoría de los clásicos del pensamiento revolucionario consiste en que es obligatorio participar en las elecciones, mientras la conciencia y la actividad de las masas no supere por vía de los hechos la democracia formal y sus mecanismos eleccionarios. Esta es la posición de Lenín, tal como se la puede consultar en El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo, libro escrito cuando ya los bolcheviques se hallaban en el poder. Pero jamás desde el llano adujo el carácter limitado de los llamados a elecciones como fundamento de una táctica abstencionista. Y eran las elecciones a un Parlamento (Duma) ciertamente restringido, como que eran convocadas por la autocracia zarista; al lado de la cual, el aparataje punteril de la provincia de Buenos Aires luce como modelo de juricidad y de democratismo extremo, puntilloso y hasta elegante.
Karl Marx denunció implacablemente las condiciones de exclusión en que se desenvolvían los procesos electorales. Pero jamás planteó que estas pudieran ser pretexto para no participar. De hecho, en la polémica con los anarquistas desarrollada durante la vigencia de la primera internacional (1864-1872), impulsó, como en todas las restantes ocasiones en que pudo hacerlo, la citada intervención política de los trabajadores en los comicios. Y en su época no se había logrado en ningún país capitalista el derecho a sufragar para todos los habitantes. Por cierto que tal derecho fue un resultado de las luchas de los pueblos, más que una concesión brindada por la burguesía. La negativa de los poderosos a permitir la expresión popular por medio del sufragio atraviesa la historia contemporánea: desde la primer constitución de la revolución francesa a la proscripción por casi dos décadas del peronismo en nuestro país, pasando por la negativa a conceder el voto a las mayorías negras en Sudäfrica o las minorías del mismo color en E.E.U.; siempre el voto fue una conquista de los distintos pueblos y sus combates.
Sólo los pensadores anarquistas se han negado sistemáticamente y por principios a la participación electoral. Pero muy bien se sabe que la tradición ácrata puede ser tomada como modelo de moral revolucionaria, pero nunca de táctica política.
No es un secreto para nadie el carácter tramposo, restringido y amañado de las elecciones previstas para marzo de 2003, como por otra parte, ocurre con toda convocatoria a sufragar en el sistema capitalista. Pero este reconocimiento no puede guiar una táctica de tipo abstencionista, puesto que esto sería equivalente a diseñar la orientación política desde algunas necesidades subjetivas- las de algunos destacamentos politizados y de vanguardia de los sectores populares- y no desde las del conjunto del movimiento. En este error, nos parece, caen compañeros de organizaciones hermanas como la Corriente Clasista y Combativa y Autodeterminación y Libertad. Particularmente, estos últimos aparecieron a la faz pública capitalizando el descrédito de la dirigencia política en el marco de la severísima crisis del país. En este sentido, en las elecciones del 2001, favorecieron una canalización dentro de la actividad institucional y política a sectores muy diferenciados. Por un lado, fracciones conscientes, combativas pero minoritarias, que estaban dispuestas a librar luchas incesantes contra este modelo. Pero por el otro, se expresaron a través del voto por A.L sectores escépticos de todo tipo y aún de derecha. Era frecuente en los recuentos de sufragios una extraña combinación: Zamora-Beliz.'
A nuestro juicio, el dato que debe inclinar decisivamente el análisis frente al proceso electoral es que la gran mayoría de las masas no tiene hábitos autogestionarios, más bien le critica a la democracia burguesa y a sus representantes que no resuelvan sus problemas y carencias. Pero muy lejos se hallan de haber superado- en su conciencia y en sus prácticas- el horizonte del parlamentarismo burgués. Por lo tanto, una salida abstencionista sólo ayuda a reafirmar- más allá de las loables intenciones de quienes hayan formulado esta táctica- las condiciones descriptas, y, de ningún modo, favorece el avance en organización y conciencia, ya que no se diferencia del discurso que adjudica a la política todos los males y deja a vastos sectores presa del escepticismo. Por otra parte, estas posiciones abstencionistas no dan cuenta del giro a la izquierda de los electorados latinoamericanos, como demuestran las elecciones en Brasil, Bolivia y Ecuador y las inminentes en Uruguay.'
De modo que aseveramos el carácter necesario de la participación en el proceso electoral. Para denunciar sus aspectos limitados, tramposos y fraudulentos y para reafirmar la necesidad de construir una alternativa política que defienda los intereses de los sectores populares en el juego de las instituciones democráticas. A su vez, estas fuerzas deben enfatizar que la llegada al gobierno no es su objetivo exclusivo, para diferenciarse adecuadamente de los partidos tradicionales y de fuerzas aventureras que nunca escasean.
 
 
Algunas diferencias con el documento'
Apuntes sobre nuestra estrategia
 
Por cierto que el referido texto es sin dudas un gran aporte. Pero desde el punto de vista histórico, puede citarse una verdadera paradoja. Entre 1945 y 1976, en tiempos que el movimiento obrero contaba con verdadera fuerza social y aún institucional, sus direcciones políticas y sindicales lo dejaban en posición subordinada frente a los sectores dominantes. En nuestra época, en que podemos interpelar a la sociedad con un documento de tanta riqueza teórica y política, carecemos los trabajadores de organicidad y verdadera fortaleza para impulsarlo y llevar esta propuesta a todos los niveles, particularmente, entre el conjunto de los sectores subalternos.'
De todos modos, este reconocimiento a los aportes del documento no debe silenciar algunas diferencias que comenzamos a exponer.
En primer lugar, las tres posibilidades de resolución de la crisis de hegemonía. Dice Apuntes... en la página 10:
... las tres posibles salidas son:
1) La posible reconstrucción de cierta hegemonía del bloque de poder para reinstalar una gobernabilidad con algún consenso social, sin que ello descarte formas de represión y terror.
2) El mantenimiento del orden vigente, sin ningún consenso y, por supuesto, con más autoritarismo y terror.
3) La afirmación de una nueva coalición política y social que instale una alternativa económica, política, social y cultural, capaz de alterar las presentes relaciones de producción.'
A nuestro modo de ver, las alternativas 2 y 3 son imposibles e inviables, bien que por motivos muy distintos, como se verá a continuación. La solución 3, la salida que sería absolutamente deseable, se halla totalmente alejada de sus posibilidades inmediatas de concreción, por causa de la ya citada inmadurez e insuficiencia de la sociedad civil. Construir esta nueva alternativa es el eje de un proceso de acumulación a mediano y largo plazo; pero, en los tiempos que corren, lo vemos como inaccesible. Salvo que la agudeza de la crisis provoque una aceleración más que vertiginosa en los procesos de maduración de la conciencia, este escenario no lo vemos en términos inmediatos y factibles.
La segunda posibilidad es inviable teórica, y, por lo tanto, prácticamente. No existe, no ha existido, ni existirá ningún régimen político relativamente durable, en una sociedad capitalista, que pueda sustentarse exclusivamente en el autoritarismo, el terror y la represión. Aún los gobiernos más despóticos hacen sentir su virulencia sobre ciertas franjas de la población merced al acuerdo de otros estratos sociales. Simplemente queremos recordar que cuando las fuerzas armadas- durante el salvaje genocidio practicado contra nuestro pueblo en especial entre 1976-1983- realizaban sus criminales acciones, recibían el implícito apoyo de parte de la población expresado, entre otras maneras, por la célebre frase por algo será, ampliamente justificadora de la represión. O adhiriendo a tópicos propios del autoritarismo militar, del tipo de la campaña antiargentina, en especial, durante el mundial de fútbol de 1978.
A nuestro modo de ver, existen sólo dos alternativas inmediatas. La tercera, que es la más deseable, no es previsible a corto plazo. Las posibilidades que vemos como factibles son:
a) La primera en los mismos términos que la define el documento. Es decir, la legitimación de las relaciones de dominación, prácticamente del mismo modo en que se han vivido en los últimos años, que se perpetúan, precisamente en función de haber logrado recrear un cierto consenso. Esto implicará algún uso de la represión. Una salida autoritaria- tal como determinados sectores pensaban durante el último verano- presupone necesariamente la creación de una base social de sustentación. Y
b) Una situación de inestabilidad económica y social, crecientes luchas populares y aumento de las dificultades para gobernar de la coalición dominante. En este contexto, los sectores subalternos logran que sus demandas sean retomadas- aunque sea de modo parcial, deformado y fragmentario- por los gobernantes en crisis. Tal etapa, de concretarse, sería un momento de transición entre la situación actual y el momento en que al fin pueda lograrse la creación de un nuevo bloque de poder gestado desde abajo.
Otro punto en el que deseamos dejar expresada nuestra diferencia es la afirmación de la página 22 del documento de la Central. ... el año 2001 representa, desde la experiencia política de los sectores populares, el final de la Argentina de la dictadura. Nos parece que las acciones de masas ocurridas ese año parecieron abrir un nuevo ciclo social y político en la Argentina y cerrar otro: el caracterizado por la derrota popular comenzada en 1976 y el profundo retroceso de la sociedad civil. Pero esto sólo fue un espejismo. Las movilizaciones fueron importantes, pero insuficientes y no lograron establecer variaciones de fondo en la correlación de fuerzas entre las clases sociales y su acceso al ingreso. Sin establecer cambios substantivos entre los sectores dominantes y las clases subalternas, nos parece que no puede afirmarse definitivamente que ha llegado el final de la Argentina de la dictadura. Por mas que el referido texto cite- con acierto- la existencia de movilizaciones y organizaciones autónomas, el criterio determinante, en nuestra opinión, es el inocultable predominio que cuenta el discurso dominante en vastos sectores populares. Insistimos, sin alterar las relaciones de fuerza entre las clases sociales y sin modificar la fuerte hegemonía de tópicos propios del citado discurso dominante, no puede afirmarse que se ha dejado atrás la Argentina de la dictadura.'
Finalmente, una mención al diagnóstico que se hace en el documento de las dificultades del movimiento social. Líneas arriba, caracterizábamos de neotrotzkismo la afirmación que el principal problema de los sectores subalternos es la ausencia de una dirección consciente. En primer lugar, fundamentaremos la calificación de neotrotzkista que hemos adjudicado a esta idea, para luego rebatirla. León Trotski dice en el Programa de transición, texto elaborado en 1938, que la crisis de la humanidad se reduce a la crisis histórica de la dirección revolucionaria, juicio más que reduccionista y simplificador, justificable y comprensible tal vez en las difíciles circunstancias de la época (auge del fascismo, inminencia de la segunda guerra mundial, durísimas derrotas de los movimientos populares), pero insostenible en la actualidad. Los problemas de la humanidad, nos parece, son infinitamente más complejos que la crisis histórica de la dirección revolucionaria. Pongamos un ejemplo, la existencia de una dirección consciente en estos tiempos ¿Cómo resuelve algunos dilemas que se le presentan a toda la sociedad? ¿Cuidamos el medio ambiente o mantenemos las fuentes de ocupación masivas, aunque depredadoras de la naturaleza? Esta pregunta da cuenta de los inmensos problemas que tenemos por delante. Los partidos trotzkistas han atravesado más de medio siglo de historia con los citados fundamentos teóricos y otros de similar entidad. Su histórica orfandad y raquitismo políticos, nos parece, tienen directa relación con sus ideas constitutivas, que les impiden balancear la conciencia de las masas y basar su línea política en la realidad. Por tal motivo, los documentos de estos partidos son tan ricos en excentricidades y análisis de variada índole rayanos en el impresionismo y el surrealismo.
En nuestra opinión, el problema principal no pasa por la ausencia de una dirección consciente. Más conciencia que la desplegada por distintos dirigentes de nuestra central- organizando a los sectores más sumergidos, denunciando al poder económico, impulsando la necesaria redistribución del ingreso, intentando articular a los diversos sujetos agredidos por el neoliberalismo, participando en el fallido frente por la caducidad de los mandatos, entre otras iniciativas- es difícil encontrar. El problema que estas direcciones (conscientes) hallan muy escaso eco a sus iniciativas en el seno de la sociedad civil. La clave se encuentra en que todo proceso de revolución social requiere una profunda revolución cultural que transforme las conciencias, reduciendo progresivamente, hasta eliminar por completo, la influencia del discurso dominante.'
Por lo demás, tenemos acuerdos de fondo con gran parte del documento. Particularmente con el apartado que bajo el título Distribución, soberanía y democracia enuncia distintos puntos para un programa. En este punto, sólo queremos proponer que la Central impulse una ley de ciudadanía alimentaria que tenga tres ejes principales. Estos son:'
a) La obligatoriedad para los exportadores de alimentos, consistente en que un 30% de sus ventas externas sea obligatoriamente canalizado internamente para eliminar el hambre.'
b) Sostenimiento obligatorio, por parte del estado, de toda instancia nacida de la sociedad civil (comedores vecinales y populares, O.N.Gs, cooperativas, huertas comunitarias, entre otros) encaminada a disminuir o eliminar la desnutrición. Para ello,'
c) Creación de un Fondo Nacional, bajo control de las organizaciones sociales y populares, formado con impuestos a las grandes fortunas, a las petroleras y a los grandes beneficiarios del modelo en general.
 
 
 
 
 
Conclusiones con el'
racionalismo de la voluntad
 
sólo merece vida y libertad
quien ha de conquistarlas día a día.
W. Goethe. Poeta alemán.
 
A riego de caer en la reiteración, sintetizaremos lo más importante de nuestro análisis acerca de la actual coyuntura de nuestro país.
1) En la Argentina, se verifican las mismas condiciones generales- con más algunas muy específicas- que se observan en otras partes del mundo, desde el punto de vista social más general.
2) El proceso de movilizaciones abierto el 19 de diciembre de 2001 ha dado lugar a un inocultable reflujo. Sólo desde el reconocimiento de la realidad, puede formularse una táctica correcta.
3) Para dejar atrás más de un cuarto de siglo de derrotas y retrocesos, la transformación que necesita la sociedad argentina es un proceso de liberación nacional o revolución burguesa, en los términos que hemos definido, es decir, generalización del trabajo asalariado y (re)creación de un estado nacional soberano.
4) El principal problema.- no el único- de nuestra sociedad es la debilidad estructural de la sociedad civil. Para revertir esta situación es necesaria una revolución cultural, que comience previamente y continúe desarrollándose a la par de las transformaciones que hemos definido en la conclusión anterior
5) Las diversas transformaciones que sufrió la sociedad argentina- así como el propio capitalismo mundial- ponen en cuestión la idea tradicional del sujeto revolucionario que diversas corrientes le asignan aún hoy a la clase obrera.'
En el marco de la severísima crisis que padecemos, la participación en la coyuntura electoral es una instancia más- ni única ni excluyente pero absolutamente necesaria- en el proceso de construcción del movimiento político y social.

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