Informes especiales
LA SITUACION POLITICO SOCIAL (II)
ALGUNAS NOTAS ACERCA DE LA ACTUAL COYUNTURA
Por: Raúl Isman y Jorge Muller (Fecha publicación:02/12/2002)
 
 
Un informe presentado al congreso de la CTA sobre la situación político económica y social.
  
Primera parte
 
Un elemento más que merece destacarse es la debilidad relativa de las fuerzas del P.T. en el Parlamento Nacional. La falta de una mayoría propia obligará al ahora presidente electo a complejas negociaciones para aprobar las leyes y garantizar la gobernabilidad.'
La semana que finalizó el viernes 4 de octubre de 2002 demostró que los mercados, nombre eufemístico que en algunos medios recibe el poder económico, no vacilarán en recurrir a todos los medios legales e ilegales para resistir el ascenso popular. El desenlace está abierto y depende en gran medida de la claridad de las propuestas políticas del P.T. y los distintos movimientos sociales.
Fuertemente vinculado a la situación de Brasil, está el momento actual de la revolución bolivariana conducida en Venezuela por el presidente Hugo Chavez
La primer precondición para acercarse a la situación venezolana es despojarse de los prejuicios argentinos. Es decir, los preconceptos que nos pueden alejar de la comprensión de cómo un proceso que postula la democracia participativa, la distribución progresista del ingreso y la industrialización orientada hacia el mercado interno se halla liderado por un militar. Frente a él y su gobierno se colocan, con la agresividad que caracteriza a los sectores poderosos cuando ven amenazados sus privilegios, la central empresaria FEDECAMARAS, los organismos financieros internacionales, los grandes medios de comunicación, los monopolios transnacionales, la iglesia, los partidos burgueses tradicionales (COPEI y A.D.), la central sindical, vinculada a dichas fuerzas políticas. Con esta partición de fuerzas, no hay que ser muy imaginativo para saber donde corresponde ubicarse: del lado del movimiento bolivariano que orienta el presidente Chavez. Este no aceptó las presiones para privatizar el petróleo (causa fundamental del fallido golpe de abril de 2002).'
Tal ocasión se constituyó en una magnífica lección acerca de cuales son las fuerzas que realmente defienden la democracia y cuales no. La bolsa de New York respondió a la aventura golpista con una fuerte alza en las cotizaciones. El presidente del gobierno español, José María Aznar, creyendo que quedaba expedito el camino para nuevos negociados de verdadera rapiña, como los que hace REPSOL en estas tierras, apoyó alegremente la criminal acción. La democracia es la democracia, pero mucho más importante es la rentabilidad de los capitales.'
Además, el presidente Chavez impulsó una ley que facilita el acceso de los pequeños campesinos a tierras públicas, intenta conformar un frente con los demás países deudores de nuestra América, privilegia la alianza con Cuba. El proceso se halla en la actualidad en una impasse, golpeado por las acciones de la derecha. Pero el triunfo de Lula le devolverá dinamismo, retomando sus mejores tradiciones. Por ejemplo, cuando en ocasión del golpe de abril, las masas movilizadas arrancaron al presidente de la cárcel y lo restituyeron a su legítimo lugar. Este es el balance que hace Chavez de dicha experiencia, que hemos tomado de una entrevista al mandatario realizada por Marta Harnecker y publicada por la agencia electrónica Argenpres.
Siempre consideramos que ese poder constituyente (el pueblo movilizado, aclaración nuestra) no debería congelarse, sino que debería continuar activado junto al poder constituido (las autoridades del sistema político) y los representantes del pueblo en los diversos poderes; que no deberíamos cometer el error de que los miembros del poder constituido expropiáramos de su poder originario al pueblo. Los días 12 y 13 de abril demostraron que ese poder constituyente sigue ahí vivo; si ese poder constituyente se hubiese congelado, se hubiese quedado dormido o hubiese sido víctima del chantaje mediático y la amenaza represiva, el intento golpista habría tenido éxito y el poder constituido, expresión de ese poder constituyente, no hubiese podido instalarse de nuevo. Ese poder constituyente no permitió que le expropiaran su derecho y lo exigió a su manera, pero lo exigió con mucha firmeza y apoyado por sectores militares. Se podrá discrepar con las conclusiones del análisis de Chavez acerca de las relaciones entre poder constituyente y poder constituido, pero no hay dudas que es un hecho absolutamente desacostumbrado que un militar devenido en político funde su legitimidad en el pueblo movilizado. Esta es, para nuestra concepción, la única garantía que las transformaciones sociales y políticas no resulten desvirtuadas.'
En Uruguay, los casi treinta años de paciente construcción- propia de orfebres- del Frente Amplio lo han colocado en inmejorable situación en todas las encuestas para la próxima renovación de mandatos. Igual que en Venezuela, la dirigencia de los partidos tradicionales deja un páramo de pobreza y exclusión tras su ejercicio del poder político. En la patria de Artigas crece incansablemente el desempleo y la T.V. mostró, hace muy poco tiempo, que la indigencia y el hambre provocaron saqueos a la argentina.'
El partido Blanco y el Partido Colorado tienen su presente y su pasado indisolublemente ligados a los cánceres que corroen al pueblo. Por el contrario, en el Frente se conjugan partidos políticos de origen obrero- El Comunista y el Socialista- con fuerzas provenientes de la guerrilla de la década del 70, las fracciones más democrática y progresistas de los blancos y colorados, los movimientos sociales nuevos (desocupados, por la vivienda, entre otros) y viejos (estudiantil, derechos humanos y obrero) en una interacción de nuevos contenidos y prácticas que, más tarde o más temprano, le permitirá acceder al gobierno nacional, como ya lo hace en la intendencia capitalina. Allí el alcalde frenteamplista demostró que el gobierno no debe ser una función gerencial a beneficio del poder económico e impulsó una gestión respetuosa de la vigencia de los derechos sociales del pueblo oriental y del cuidado ambiental.'
Una economía altamente vulnerable, y en todo sentido dependiente de los negociados de los capitales financieros vinculados a sus poderosos vecinos, es un punto débil para la recomposición de mínimos derechos para el pueblo. Frente a cualquier intento de cambio, los capitales buitres responderán con sus clásicos aprietes, corridas y los recursos ya conocidos. Además, es un severísimo condicionamiento a las posibilidades de transformación que puedan formularse desde la política. A favor, puede mencionarse la existencia de importantes organizaciones sociales y políticas sólidamente engarzadas en la conciencia, en las prácticas y en la historia del pueblo oriental.
Otro epicentro más que problemático de América Latina es la situación colombiana. Allí se impuso en las recientes elecciones el candidato derechista Alvaro Uribe Velez, con aproximadamente cinco millones de sufragios sobre veinte millones de ciudadanos en condiciones de emitir el voto. Uribe es la encarnación de la política más dura del imperialismo, favorable a la resolución bélica del desafío generado por una guerrilla de más de cuarenta años. Para ello, no vacilará en aumentar el empobrecimiento popular, haciendo frente al demencial gasto provocado por las operaciones militares por medio de distintas cargas e impuestos. Frente a él, se alza una coalición potencialmente gigantesca: las masas pobres y de clase media de las ciudades, los campesinos atrapados entre dos fuegos, los desterrados por la acción criminal de parapoliciales y paramilitares al servicio de los terratenientes, de los narcos y del ejercito deben unirse y presionar por una solución política que coloque en primer plano los verdaderos problemas del pueblo colombiano: la necesidad de construir un estado social que coadyude a dar satisfacción a las carencias generadas por la pobreza, la indigencia, la falta de acceso a la tierra, la ausencia de verdadera democracia, asfixiada por un sistema de partidos- el liberal y el conservador- que le expropió sus verdaderos contenidos desde hace más de medio siglo.'
En Bolivia, en Ecuador, en Perú, en Paraguay, continúa la resistencia al neoliberalismo y las privatizaciones, jugándose en cada lucha la posibilidad que se mantenga o no la gobernabilidad. Esto es que las masas, en muchas de sus epopeyas, pueden hacer que los representantes pierdan totalmente su legitimidad, sin que muchas veces aparezcan nuevas alternativas. En Bolivia, la emergencia del liderazgo de Evo Morales demuestra que estas luchas pueden y deben hallar canalización dentro de las instituciones democráticas. En Perú, el inicial consenso del que gozó el presidente Toledo, se ha visto sensiblemente disminuido, pues su gestión se encaminó a privatizaciones a la Argentina; y, el pueblo se manifestó consecuentemente contra esta orientación. Más al norte, en el Ecuador, la economía dolarizada desde hace más de un bienio es una de las causas de un empobrecimiento popular sin precedentes. A la vez, implica un severísimo condicionamiento a toda acción social y política para alterar estos límites. En este marco, la izquierda se encamina a realizar un papel importante y, tal vez, descollante en las próximas elecciones. Pero debe computarse el hecho que no pueda romper ni siquiera discursivamente con la dolarización, como un severo límite a sus posibilidades futuras para formular alternativas que rompan el círculo vicioso del atraso, la pobreza, la marginalidad y la decadencia nacional. En Paraguay, existe una situación de profunda ilegitimidad de sus autoridades, agravada por el ejercicio mafioso de la actividad gubernamental y la generalización de prácticas fraudulentas en los actos eleccionarios, situación que en tierras guaraníes es de antigua data. El movimiento campesino no le da tregua a los terratenientes paraguayos y es un factor democratizador de primer orden, en un país que sólo ha conocido dictaduras y gobiernos fraudulentos en el último medio siglo.'
Como en toda América, como en todo el mundo, las movilizaciones de masas constituyen la única posibilidad de ampliar efectivamente la ciudadanía y la democracia, además de defender a la nación amenazada por la acción imperialista y del colapso al que la arrojan las clases dominantes locales.'
Extraeremos algunas conclusiones provisionales del análisis que hemos realizado.
1) Las elecciones en Brasil constituyen una oportunidad única y tal vez irrepetible para resistir al imperialismo y evitar la desintegración nacional y social que sufren nuestros pueblos.
2) El triunfo de Lula dará un aliento impensado a las resistencias particulares que, en cada país, se realizan contra el poder del imperialismo y las clases dominantes locales.'
3) En todas las sociedades se pondrá en tensión las posibilidades que la política tiene para dar satisfacción a las demandas populares; así como los condicionantes económicos que limitan su campo de acción. La contradicción será entre economía y política, o, dicho de otro modo, entre el poder real y la sociedad civil.'
4) Las tareas centrales son la defensa de la nación, la profundización constante de la democracia y la defensa incondicional de la ciudadanía política y social, ampliando todos sus contenidos.
A continuación nos referiremos a la actual coyuntura que padece el pueblo argentino.
 
Argentina:
La vergüenza de haber sido'
y el dolor de ya no ser
 
... la estructura del harén llegó a su plenitud con Carlos Menem: durante sus gobiernos, Argentina adquirió la mayoría de los rasgos que constituyen un serrallo. Porqué, nunca como entonces, cohabitaron el despota, los amores violentos o contra natura, los sirvientes eunucos, los mudos, los hijos negados y las sultanas veladas.'
Luis Frontera.'
 
Comenzaremos caracterizando el marco histórico general, con especial mención a las causas últimas de la crisis que padecemos. Estas no son otras que la aplicación casi ininterrumpida por más de un cuarto de siglo, de un modelo económico caracterizado por la generación constante de endeudamiento improductivo, fuga de capitales, desindustrialización, pobreza, desocupación, exclusión social, entre otros flagelos. Este modelo impulsó la constante transferencia de recursos de los sectores de la producción a quienes se apropiaron de la mayor parte de las riquezas nacionales: los bancos, las empresas privatizadas, las petroleras y demás sectores parasitarios. Lo que hemos descripto líneas arriba es el centro del problema económico nacional. Sin diseñar un país con un modelo económico diferente, no hay ninguna posibilidad de dar continuidad a la existencia misma de la nación, así como es imposible mejorar el nivel de vida del pueblo. Por cierto que este proceso no fue exclusivo de la Argentina, se verificó en todo el mundo. Pero lo propio de aquí fue la magnitud, la profundidad y la intensidad, que prácticamente no admite comparación con otros países de nuestra América y de todo el universo.
La dictadura (1976-1983) lo aplicó por medio del terror: a sangre y fuego y fue necesaria la desaparición de 30.000 personas para implantar y sostener esta política económica. El menemato se sirvió del terror provocado por la hiperinflación para profundizar el modelo y realizar una aún más drástica redistribución del ingreso. Al cabo de la década de los °90, el crecimiento de la pobreza, el desempleo, la precariedad laboral, la marginación social y la concentración desigual de la riqueza, entre otras iniquidades resulta inocultable y pone en cuestión la propia supervivencia de la Argentina, en cuanto nación. En las dos etapas señaladas, el terrorismo masmediático resultó imprescindible para el logro de estos fines.'
Ubicado el marco histórico de nuestros padecimientos actuales, para analizar la actualidad, debemos partir de un reconocimiento que para algunos sectores será problemático, difícil y doloroso, pero, para nosotros, es absolutamente inevitable y necesario para guiar toda acción política, ya que es necesario basarse en la comprensión de la realidad. Este imprescindible reconocimiento es que el proceso abierto el 19 y 20 de diciembre de 2001 quedó atrás, y, ahora, asistimos a un inocultable reflujo del movimiento de masas. Contrariamente, algunas fuerzas gremiales que integran nuestra central, como el SUTEBA-Matanza, afirman que La movilización popular del 19 y 20 de diciembre no solamente acaba con el gobierno de De la Rúa y la Alianza sino que cuestiona profundamente al conjunto del régimen político y social. Agrega más adelante el documento redactado por la mencionada seccional y que circula electrónicamente El gobierno usurpador de la voluntad popular que encabeza Duhalde y Cia. se apropió ilegítimamente de las jornadas del 19 y 20 para tratar de recomponer el sistema político de dominación. Pero los cuestionamientos no son sólo contra este gobierno ilegítimo sino contra el conjunto de las instituciones de dominación política y económica. El subrayado es nuestro.
En rigor, nuestra percepción es radicalmente diversa. Tales puebladas fueron una alteración apenas epidérmica y ciertamente pasajera en la normalidad cotidiana, es decir, en la subordinación de los sectores populares a los designios del bloque dominante. Este conjunto de sectores poderosos cuenta con una inocultable iniciativa en la agenda económica, social y política. Lejos están las masas- de conjunto- en cuestionar las formas e instituciones de la dominación política, y, mucho menos económica. El citado documento no intenta explicar aspectos de la realidad que de tan evidentes nos parecen de perogrullo: si el pueblo está contra el conjunto de las instituciones de dominación política y económica, porqué el P.J. encabeza las encuestas y con toda seguridad se impondrá en las próximas elecciones de marzo de 2003. ¿Acaso la fuerza política de Menem, Duhalde, Rodriguez Saa, De la Sota, Aldo Rico, Reutemann y tantos otros es percibido por las masas revolucionarias como una reencarnación algo pintoresca del partido bolchevique? Para algunos sectores, la lectura e interpretación de la conciencia política de los sectores populares parecería ser un ejercicio sólo apto para devaneos intelectuales, mas no un dato decisivo de la realidad para una central de trabajadores, que se postula además para ser protagonista de un proceso de radicales transformaciones sociales
En nuestra opinión y a lo largo de las dos jornadas citadas se pueden diferenciar cuatro grandes protestas, que- no obstante- convergen en sus resultados. Estas fueron:
a) La revuelta de las clases medias, particularmente de la Capital Federal y sus zonas de influencia, motivadas por un contenido político de clara defensa de la democracia. En este sentido, se contrapusieron por vía de los hechos dos formas distintas de concebir el gobierno del pueblo. Por un lado, la formalidad institucional y procedimental consistente en que el pueblo elija ciertos gobernantes, y, estos luego hacen lo que quieren. Esta es la posición sustentada por el poder económico, el gobierno de turno y los partidos tradicionales en general. Y, por el otro, el ejercicio real, profundo y substantivo de la referida democracia realizado, de hecho, por el pueblo en la calle. Duro, duro, duro, ahora el estado de sitio se lo meten en el culo, coreaban los manifestantes la noche del miércoles 19, mientras rompían de hecho la arbitraria medida. La causas de la rebeldía de estos sectores deben buscarse más en la ruptura del pacto formulado por la alianza con sus votantes- comenzada desde que arrancó su gestión- que en el denominado corralito. De todos modos, la crisis bancaria mencionada influyó tensando el malhumor de las referidas capas medias.
b) Motines del hambre, impulsados por sectores de indigentes desesperados en respuesta a una situación económica tétrica. El hecho que comenzaran saqueando supermercados para robar comida, y, luego, proseguían con computadoras, artículos para el hogar, muebles o cubiertas de automóvil no le quita el carácter que le hemos adjudicado. Cuando la población está sometida a la habitualidad de restringirse en todos los aspectos, y, repentinamente, se aflojan los controles, esta situación provoca todo tipo de desbordes. Por otra parte, no puede decirse que estas manifestaciones tuvieran contenido antidemocrático. Entre ver morir pasivamente de hambre a sus hijos y saquear, la segunda es una opción que indudablemente también tiene un contenido democrático. Los saqueos no son una opción superadora de las iniquidades de este sistema injusto, pero cuando son expresión auténtica de sectores sumergidos que se defienden así de la barbarie capitalista, no deben ser condenados.'
c) Motines por el hambre como los anteriores, pero en este caso impulsados, alentados y desarrollados por diversos sectores de la derecha que van desde algunas franjas del P.J. (interesados en debilitar al entonces gobierno nacional, antes que la situación de las provincias que gobernaban se volviese incontrolable) a sectores influenciados por la derecha nacional del coronel Seineldin y lo que hace algunos años era llamado el sector carapintada de las fuerzas armadas. Es sugestivo el testimonio del dirigente de la C.T.A., Luis D´Elía, quien afirmaba haber observado operando en La Matanza a ex-militares otrora vinculados a las asonadas antidemocráticas de la década del '80. Por otra parte, diversas informaciones periodísticas dieron cuenta de la presencia de caracterizados punteros vinculados a algunos dirigentes del justicialismo bonaerense alentando desmanes.
d) La revuelta impulsada, entre otros, por distintas fuerzas de izquierda, el jueves 20 de diciembre, cuando la renuncia del presidente era vista como una circunstancia inminente, antes de convertirse en hecho consumado. Esto no implicó que hayan dejado de participar sectores independientes y fracciones de la juventud en los hechos ocurridos en el microcentro de la Capital Federal y otros puntos del país.
Estas revueltas profundizaron una crisis de gobernabilidad que ya era evidente desde octubre de 2000, en ocasión de la renuncia del vicepresidente Carlos Alvarez. Las causas centrales de la referida crisis de gobernabilidad es necesario rastrearlas en la parálisis generada por un discurso que simultáneamente pretendía seducir al poder económico y al pueblo.'
Los diez días finales del 2001 conmovieron al mundo y vieron una extraña sucesión de presidentes que duraban un suspiro, volteados como muñecos de paja en el vendaval de la crisis. Pero, desgraciadamente, los verdaderos fundamentos del poder real permanecieron inconmovibles. Los bancos cobrando intereses absurdos y usurarios por sus préstamos, las privatizadas percibiendo tarifas fuera del alcance popular, los concesionarios de peajes continuaron con sus cánones confiscatorios, por poner algunos ejemplos. De modo que vemos como necesario sacar de estos hechos algunas conclusiones, en lo posible algo más profundas que la consabida crisis de dirección, explicación única y excluyente que las fuerzas trotskistas dan a todos los problemas de la humanidad, desde 1940 y hasta la fecha. A propósito, uno de los puntos más flojos del documento Apuntes sobre nuestra estrategia reside precisamente en una interpretación colindante con el trotskismo, cuando afirma que uno de los problemas de la Argentina es la ausencia de una dirección consciente. Página 35. Volveremos sobre este tema más adelante.'
En este sentido, para comprender las causas últimas de los límites del movimiento popular, y dentro de esta temática, de la insuficiente movilización de masas, suscribimos la tesis de Miguel Angel Sierra, en un trabajo inédito. Dice este autor que La extrema debilidad estructural de la sociedad civil en Argentina es la clave de los principales problemas de este país, tanto en lo que se refiere a la economía nacional, como a las consecuencias en la superestructura y la conciencia política de las masas. No necesariamente coincidimos con todas las inferencias del citado ensayista, pero, a nuestro juicio, uno de los rasgos que mejor ejemplifican La extrema debilidad estructural de la sociedad civil es el profundo desprestigio y vaciamiento de la actividad política. Las causas del citado vaciamiento hay que buscarlas en la impotencia del estado frente al poder económico, situación que comenzó a ser percibida durante la presidencia de Alfonsín, y, que halla una de sus explicaciones más importantes en los mecanismos desregulatorios, los ajustes y las privatizaciones aprobados durante el menemato. En efecto, durante la década del °90, resultaron vaciadas las atribuciones de la formación estatal, por lo que esta quedó exánime para hacer frente - si se lo hubiera propuesto el gobierno de turno- al conjunto de monopolios que la venían reduciendo a la impotencia desde la etapa de la dictadura.
Si desde el gobierno y el estado es muy difícil revertir la relación actualmente existente entre economía y sociedad- para decirlo en otros términos, entre el poder real y la referida sociedad civil- el sistema político no puede proporcionar soluciones a las carencias populares. De tal manera que, en una situación impulsada y facilitada por la prédica de comunicadores al servicio de los monopolios, la propia palabra política asume para sectores subalternos proporciones sinónimas de robo, peculado, corruptelas, coimas, etcétera. La política y todos los políticos, no sólo los de las fuerzas tradicionales. Pero estos sectores populares no pueden advertir que sólo desde la referida actividad política pueden realizar acciones para modificar su suerte. Paradójicamente, esta asume para los sectores subalternos connotaciones sinónimas al inmovilismo. En consecuencia, si desde la allí no puede transformarse la realidad, tal realidad resulta inmutable. Queda petrificada así la actual correlación entre las clases sociales, y, consecuentemente, congelado el cuadro de distribución del ingreso. Además, todo lo expuesto configura un cuadro general de fomento para el escepticismo popular, un cáncer que corroe los esfuerzos de los militantes.'
Este poder real es el beneficiario de fondo y el responsable principal de este vaciamiento de la política. Sin una resignificación de la actividad política es imposible recrear alguna esperanza y la sociedad argentina carecerá de futuro. Por cierto que nos resulta extraño comprobar como, desde diversos sectores afines (Autodeterminación y Libertad, por poner sólo un ejemplo), se celebra la desconfianza popular hacia los políticos. Parecen no advertir que este escepticismo es, ni más ni menos, una reafirmación de la vigencia del discurso dominante entre las masas.
La necesaria resignificación de la actividad política pasa- a nuestro entender- por cuatro ejes. Estos son los siguientes:
a) Afirmación del carácter social de la ciudadanía y predominio de la sociedad civil contra el mercado. En otras palabras, de la política sobre los condicionamientos económicos.
b) Autorganización o no delegación. Es decir, no esperar de los gestores y representantes que nos resuelvan las carencias y problemas. Y apuntar a que la movilización de masas sea la única garantía que la política no se resuelva en las trenzas de algunos iluminados.'
c) Defensa, recuperación y ampliación de los espacios públicos confiscados o amenazados por los mercados.
d) Finalmente, como dice el documento Apuntes sobre nuestra estrategia, para los sectores subalternos, la actividad política debe ser entendida en términos de Emancipación frente a la dominación.'
Hacia fines del año pasado, el proceso abierto el 19 de diciembre pareció marchar en el sentido de la transformación del significado de la política, es decir, como recuperación de la capacidad autónoma de la sociedad civil. Por pocos días parecía que se ampliaba el campo de lo posible, mas en la medida que las movilizaciones comenzaron a refluir, el citado discurso del poder recobró su influencia y el espacio de la política volvió a angostarse para beneficio de los monopolios.
El gobierno de Duhalde- nacido en condiciones de extrema debilidad, con un gabinete ministerial que hace un verdadero culto de la inexistencia, salvo el ocupante de turno del Palacio de Hacienda- ató el éxito de su gestión al logro de un acuerdo con el F.M.I., ya que la creación de un nuevo modelo productivo- anunciado con bombos y platillos en enero de 2002- era un objetivo demasiado ambicioso y falto de sujetos (la burguesía emprendedora en la Argentina no existe y se conformó rápidamente con el negociado de la pesificación forzosa).'
De todos modos y analizando la gestión económica del ministro Roberto Lavagna, son de destacar algunos puntos sustanciales. El primero, la intervención estatal en los fenómenos económicos resulta imprescindible, habida cuenta de la irremediable voracidad de los mercados, a la cual es preciso cuanto menos limitar. La segunda, que también se vuelve imperativo imprimir un mínimo contenido de dignidad nacional a toda negociación con los acreedores externos. Aún para un gobierno insalvablemente antipopular como el que preside Duhalde, la postura ligeramente más firme le permitió oxigenar mínimamente el terrible panorama actual y, en consecuencia, los resultados de su gestión fueron mucho mejores que cuando- siguiendo dogmáticamente al F.M.I.- se implementaba la libre flotación en el mercado cambiario. Igualmente, en el marco de la situación actual de debilidad gubernamental y nacional, tales maniobras autónomas son de corto vuelo. Estos dos aspectos deben ser destacados como parte de la batalla cultural que debemos librar contra el neoliberalismo: es decir, que el estado intervenga en cuestiones económicas puede ser no sólo útil, si no también estrictamente necesario y que este estado debe ser soberano.
 
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