- LA SITUACION POLITICO SOCIAL (III)
- ALGUNAS NOTAS ACERCA DE LA ACTUAL
COYUNTURA
- Un informe presentado al congreso de la
CTA sobre la situación político económica y social.
- Por: Raúl Isman y Jorge Muller
- Fecha publicación:02/12/2002
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- Segunda parte
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- En este contexto, las reivindicaciones
populares plasmadas en las movilizaciones- congelamiento de las tarifas,
plena vigencia de los derechos sociales, juicio a la Corte Suprema,
profundización de la democracia, entre otras- quedaron relegadas a este fin
superior (la negociación con el fondo).
- Desgraciadamente, parece ser que la errática
política de la fuerza gobernante- los mismos parlamentarios que ovacionaron
el default de Rodriguez Saa, votaron las leyes exigidas por el F.M.I.- no le
hará pagar costos electorales. La mayor parte- si no todos- de los
observadores políticos coincide que el próximo presidente será
justicialista. Esto, a nuestro entender, reafirma La extrema debilidad
estructural de la sociedad civil, que es la causa principal de la orfandad
política en que fue cayendo el incipiente frente intentado entre nuestra
central, el A.R.I. y Autodeterminación y Libertad. Los sectores populares
de la sociedad argentina no pueden pelear porqué se vayan todos, si a la
vez, están inhibidos para realizar acciones defensivas elementales, como un
poco comprometido apagón, para evitar el tarifazo. Aunque es una verdadera
redundancia, el incremento en los servicios públicos arrojará legiones de
argentinos al proceloso mar de la pobreza.
- La clásica consigna Que se vayan todos
asumía un doble carácter: por un lado, era indudablemente un enunciado de
contenido democrático; ya que servía como vehículo de expresión para
fuerzas cuya pretensión principal era lograr la caducidad de los mandatos.
Se buscaba así que el pueblo zanjara con su voto, la crisis de legitimidad
profundizada hacia diciembre de 2001. Pero, por el otro, contribuía- y
contribuye- al nefasto desprestigio de la actividad política, al adjudicar
a la dirigencia de los partidos la exclusiva responsabilidad del colapso
nacional y del empobrecimiento popular. Nada casualmente, Que se vayan todos
es un enunciado que hermana fuerzas tan diversas como Luis Zamora y Jorge
Altamira, por un lado; y, por el otro, Bernardo Neustadt, Daniel Hadad,
funcionarios del F.M.I, como doña Anne Fredy Krueger, y el secretario del
tesoro de E.E.U.U, Paul O°Neil. Los representantes del establishment económico
y los personeros de este en los medios no vacilan en cargar las culpas sobre
los políticos, a sabiendas que de este modo se invisibiliza a los
responsables de fondo de la crisis.
- La referida consigna perdió fuerza en la
medida que se quedó sin sustento por carecer de verdadera popularidad.
Nunca- salvo algunos días en diciembre de 2001 y en la Capital Federal y
zonas de influencia- tuvo verdadero anclaje de masas.
- Las asamblea barriales y populares- que
fueron el sector que originariamente levantó el Que se vayan- languidecen
en la soledad de su aislamiento con relación a la sociedad que debe
nutrirlas, la repetición automática de discursos estériles, la pelea
miserable entre distintas sectas para regimentarlas, las absurdas
divisiones, el delirio cercano a la psicosis (gobierno de las asambleas)
entre otros defectos, y ya consumieron largamente su capital político
inicial. Este importante movimiento social- al menos lo parecía en el
verano- demostró su incapacidad para seguir construyendo alternativas.
Queda como indudable saldo positivo la experiencia de la militancia
realizada y algunos modestos logros: centros culturales, comedores,
merenderos, micro-emprendimientos, campañas solidarias, reconstitución de
vínculos sociales, que las relacionan con los sectores más perjudicados
por la crisis (por ejemplo, cartoneros y desocupados) entre otros. Su aporte
en el futuro dependerá de que vuelvan a convocar a las masas o languidecerán
en la mediocridad actual.
- El movimiento piquetero persiste en su
importante actividad de resistencia y autorganización. Sobrelleva la
fractura producida en su seno, hacia comienzos del corriente año. Los dos
grandes bloques enfrentados son las organizaciones cercanas al Polo obrero,
por un lado, y, por el otro, los movimientos encuadrados en nuestra central
y la Corriente Clasista y Combativa. Acerca de la clase obrera y los
sindicatos, nos expediremos más adelante. Como fenómeno de nuevo tipo,
aparece el sector de fábricas tomadas y autogestionadas. De todos modos, no
altera el carácter sustancialmente defensivo que presenta, frente a la
agresión del mercado que despoja a sus asalariados del derecho al trabajo.
Ciertamente, no ha logrado ejercer su impronta sobre ninguna empresa
decisiva y agrupa una más que reducida porción del aparato productivo. Por
todo lo analizado, afirmamos que en el conjunto del movimiento social siguen
predominando la confusión, la dispersión, la atonía y el retroceso.
- A partir del 26 de junio de 2002
aproximadamente, el día del asesinato de dos militantes piqueteros, la
crisis económica entró en una cierta meseta de estabilidad, en el marco
complejo que es de público conocimiento. El gobierno de Duhalde parece
conducir la nave del estado con piloto automático hasta el próximo
recambio electoral. Desde el punto de vista político, el futuro de la
Argentina parece estar en manos de Menem, Kirchner, Reutemann o Rodriiguez
Saa. Todos los síntomas referidos nos reafirman en la convicción que la
debilidad de la sociedad civil es uno de los más graves problemas
nacionales.
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- Sindicatos, ajuste
- y privatizaciones:
- El problema de la subjetividad
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- El proletariado debe despojarse
- de todo residuo corporativo,
- de todo prejuicio o incrustación
sindicalista.
- Antonio Gramsci, filósofo y dirigente político
italiano.
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- En los debates realizados en la
C.T.A.-Capital, una de las diferencias más apasionantes es la relacionada
con quienes son los sectores sociales que realizarán y dirigirán una
transformación social, los denominados sujetos revolucionarios. Se
verifican en este punto dos posiciones divergentes. Estas son:
- a) La que adjudica ese papel a la clase
trabajadora, en algunas posiciones; clase obrera y aún el proletariado, en
otras.
- b) Nuestra idea afirma que es un mosaico
de distintos sujetos articulados por la oposición concreta al orden
establecido, es decir, la constitución en la lucha de la condición de
sujetos para una transformación política y social o bien un sujeto
pluriforme
- Partiremos de un mínimo análisis histórico,
para luego fundamentar teórica y prácticamente nuestras ideas.
- Está fuera de discusión que el
movimiento obrero se halla en crisis y la propia emergencia de nuestra
central da cuenta de ello. En esta crisis que vive el citado movimiento
obrero aparecen exacerbadas las trabas de más de cincuenta años de
conciencia corporativista, introducida e impulsada por el peronismo sindical
que ha dejado secuelas, a nuestro modo de ver, inocultables. Esta conciencia
corporativa llevaba a los obreros a despreocuparse del problema de la salud
pública, ya que este problema se resolvía para los trabajadores mediante
las obras sociales sindicales. O a entender y practicar la solidaridad sólo
al interior del gremio, desentendiéndose de la suerte de otros sectores. No
ignoramos la existencia de programas progresistas y avanzados, como los de
La Falda y Huerta Grande. Pero estos enunciados fueron realizados en tiempos
que hasta podían ser suscriptos por algunos sectores burgueses. Hoy, tales
fuerzas empresariales han dejado de existir. Y aún, el nudo del problema es
preguntarse- y responder- porqué tales medidas no son ni siquiera conocidos
por las masas obreras. No hablemos que luchen efectivamente por su vigencia
y aplicación.
- Por otra parte, en nuestra opinión, es
urgente hacer un mínimo balance de las experiencias obreras durante los °80
y los °90. En la primera de estás décadas, el proletariado le hizo más
de una docena de paros generales al gobierno presidido por el Doctor Raúl
Alfonsín, sin que ni siquiera uno solo de ellos haya sido decidido por
asamblea democrática alguna. Los únicos momentos asamblearios en esta
etapa fueron impulsados por fuerzas opositoras a la conducción cegetista,
como era en esos momentos el Movimiento al Socialismo (M.A.S.). Por otra
parte, el discurso de Saúl Edolver Ubaldini, entonces líder y secretario
general de la C.G.T., señalaba como único causante de los infortunios de
los trabajadores al gobierno y aún al propio presidente, cuando las
condiciones de opresión en las plantas fabriles eran aún peores que en la
época dictatorial y se estaba consolidando el monstruoso poder económico
que terminó por hundir en la miseria al pueblo argentino. Si el
sindicalismo peronista no era cómplice del mencionado poder económico, lo
disimulaba muy bien. La connivencia reside en señalar un enemigo menor o
ficticio- los ocasionales encargados de gestionar el poder político- con lo
cual lo que se logra es invisibilizar al adversario real, obviamente el
largamente citado poder económico. Desgraciadamente, tal complicidad gozó
del acuerdo- por acción u omisión- de gran parte de los trabajadores. El
recurso de la huelga general- extremo y excepcional en otras latitudes- era
utilizado aquí con una extraña mezcla de vocación por el fomento de la
actividad turística y espíritu deportivo, vaciándolo de contenido y
esterilizando su efectividad. En la década siguiente, cuando era
ultranecesario para apoyar y solidarizarse con quienes resistíamos las
medidas de Menem, los burócratas corruptos se cuidaron muy bien de siquiera
amagar con una medida de lucha general. Salvo cuando el conjunto del
patrimonio público ya había sido enajenado a la voracidad de los
monopolios. Pero- hay que reconocerlo- tampoco apareció la huelga general
solidaria como tendencia espontánea entre los trabajadores de la actividad
privada. Desde la década del °80, los trabajadores han visto fuertemente
mutilada su capacidad de expresión autónoma, no sólo frente a los
gobiernos de turno. También, frente a las burocracias sindicales que se han
mostrado altamente exitosas, tanto en movilizar- cuando lo consideran
conveniente- como en hacer retroceder a los asalariados, cuando llega el
turno de hacerlo. Hizo crisis de este modo, más de medio siglo de prácticas
verticalistas impulsadas por el peronismo en el seno del movimiento obrero.
En tal período, las acciones autónomas del movimiento obrero pueden
contarse con el dedo de una mano.
- En los °90, la mayoría de los
mencionados trabajadores- con la excepción de los involucrados directos,
telefónicos, ferroviarios, docentes, empleados de aeronavegación,
estatales en general, entre otros- observó como avanzaba el proceso de
privatizaciones del menemismo, casi como un espectador y aún en vastos
sectores prestó un activo consenso. Tal aprobación resultó refrendada en
distintas compulsas electorales (1991, 1993 y 1995, reelección del
presidente Menem) y, recién en 1997, con la aparición de la Alianza y la
agudización de sus enfrentamientos internos, el peronismo sufrió una
derrota electoral. Es decir que durante los citados procesos electorales, se
verificó un consenso que denominamos activo. Fuera de estos momentos, se
realizó un consenso que llamamos pasivo, el generado por la aceptación sin
luchas de las privatizaciones o la negativa a manifestar la solidaridad con
quienes resistían.
- Como resultado de este proceso brutal de
transferencia del patrimonio público a empresas privadas quedaron
consecuencias perdurables en la sociedad argentina. Mencionaremos algunas:
- a) Resortes decisivos de la economía
pasaron a manos de capital privado- nacional, extranjero o en alianza de
ambos- y en consecuencia quedó profundamente acotado el margen de acción
de la política para imponerle límites o concesiones al poder económico,
y, de este modo, resolver los problemas populares. La actitud de las
petroleras, que desobedecen sistemáticamente a los gobernantes o corrompen
a muchos de ellos con las jugosas rentas que obtienen, es un buen ejemplo,
mas no el único.
- b) Gremios como el ferroviario- entre
otros, pero este es el ejemplo más dramático- quedaron reducidos a una mínima
base de afiliados.
- c) El espacio territorial de la nación
quedó profundamente desintegrado, ya sea por vía de los más que onerosos
peajes que perciben las concesionarias de caminos o por de levantamiento de
los ramales ferroviarios. Más de cuatrocientos pueblos del interior corren
el riesgo de desaparecer por causa de haber sido abandonados por los
ferrocarriles o debido a las diversas crisis de sus respectivas
producciones. Sus poblaciones continúan engrosando las franjas marginales
de las grandes ciudades.
- d) Peor aún que el proceso descripto
sucintamente en el apartado c es la fragmentación social generada por el
modelo. Las privatizaciones coayudaron a que haya en la Argentina actual más
de 17 millones de pobres, se incremente la influencia nefasta del desempleo
como mecanismo de control social, se exacerbe el avance del deterioro de las
condiciones de vida de la mayor parte de la población, por añadidura
sindicado como fenómeno de la naturaleza por los epígonos del poder. Estos
son sólo ejemplos de lo que hemos dado en llamar fragmentación. Es decir,
la perdida de lazos solidarios y la instauración de lo que se llama
popularmente sálvese quien pueda. En la naturalización de las diversas
condiciones sociales reside gran parte de la posibilidad de imponerlas. Si
son naturales, nada puede hacerse para impedir su imperio. Si en cambio, se
las ve como construcciones sociales de los seres humanos, tienen principio,
desarrollo y final. En consecuencia, la intervención consciente de los
sujetos puede transformarlas.
- En términos reales, el menemismo- si bien
en gran medida es una continuación de la siniestra dictadura 1976-1983-
constituye por la enorme cantidad de fenómenos implicados, una derrota de
características propias para los sectores populares aún mayor que el
llamado proceso de reorganización nacional. Los fundamentos de esta
afirmación están en los cuatro puntos desarrollados poco antes. Y aunque
nos duela reconocerlo, esta derrota tuvo la aceptación- sea por vía activa
o pasiva- de gran parte de las víctimas. Los cambios económicos y
sociales- que analizamos brevemente un poco más adelante- nos permiten
comprender este revés de las clases subalternas. Pero ciertamente que son
el trasfondo histórico de la tragedia social que vive la Argentina de hoy.
- Las jornadas del 19 y 20 de diciembre de
2001, que provocaron la caída de De La Rua, uno de los picos más altos de
la lucha social y política argentina de los últimos cincuenta años, son
resultado de un proceso histórico en el cual predominó, desde nuestro
punto de vista, la retirada de la clase obrera en cuanto factor decisivo de
las luchas en el escenario social. Esta verdad no puede ser oscurecida por
los malabares discursivos a los que nos tienen acostumbrados los distintos
partidos de izquierda. (Ver por ejemplo, las publicaciones del P.O. y el
M.S.T. de fines del 2001, por ejemplo. Del argentinazo revolucionario que
describían, no ha quedado más que un tímido recuerdo y ninguna modificación
sustantiva de las relaciones de clase y de poder real).
- El protagonismo fundamental correspondió
a sectores de clase media cuyas posibilidades de supervivencia- ya no
hablemos de ascenso social- quedaron destruidas por la aplicación de la
misma política económica casi inmemorial, pese a la diversidad de
gobiernos (Los dictatoriales, además de los presididos por Alfonsín, Menem
y De La Rua). Este modelo económico- que privilegió a los sectores
financieros y achicó constantemente el mercado interno- es el que arrojó a
vastas capas de las referidas clases medias a la lucha callejera, al limitar
las posibilidades de sobrevivir de estas y empobrecerlas hasta lo
inimaginable.
- También la aparición de fuerzas políticas
que establecieron cuestionamientos al tradicional bipartidismo-
independientemente del devenir posterior de dichas fuerzas- es atribuible
mucho más a los sectores medios que a la clase obrera, que permaneció en
gran medida fiel al peronismo, es decir, a sus enemigos de clase. Nos
referimos al FREPASO, a Autodeterminación y Libertad y al A.R.I. Los
propios partidos de izquierda reclutan su membresía mucho más entre los
llamados pequeño burgueses, que entre los destacamentos del proletariado.
- La polémica acerca del sujeto
revolucionario en la Argentina contemporánea es inconducente en el marco de
las teorías que consideran esta condición como ungida por razones
inmanentes o cuasi religiosas. Por ello, hemos partido de algunas
consideraciones acerca del papel de los sindicatos desde 1945, para centrar
nuestro análisis en los casi veinte años de democracia. En esta etapa se
verifica un innegable retroceso de la clase obrera. Enunciaremos algunas de
sus causas.
- 1) Económicas. En la Argentina hay un
proceso de desindustrialización que ha hecho retroceder a la clase obrera
en términos cuantitativos, por no referirnos a los cualitativos. Entre 1930
y 1976 aproximadamente, la economía fue centralmente industrial y la clase
obrera tuvo un protagonismo innegable en las luchas sociales y en el
escenario político. La U.O.M. era el sindicato más importante del
movimiento obrero. El golpe revierte esta situación y a partir de allí-
agravándose todo esto en los °90- la clase obrera se halla en retroceso en
todos los planos. Por ello, el principal gremio de la C.G.T. es... empleados
de comercio, de acuerdo al número de afiliados.
- 2) Tecnológicas. Las nuevas tecnologías
requieren la utilización decreciente de la fuerza de trabajo.
- 3) Sociales. El desempleo- instalado como
una constante en el paisaje de la sociedad argentina- es un formidable
mecanismo de control social. Pero más dramáticamente, actuó como elemento
negador de la identidad de clase y de la condición obrera.
- 4) Sindicales. La mayor parte de los
sindicatos- en especial, los de obreros industriales- se hallaban conducidos
por la burocracia más traidora.
- 5) De conciencia, ya que los trabajadores
carecen de herramientas críticas para enfrentar los distintos planes de
ajuste, en especial, el proceso de privatizaciones. Prestaron así su apoyo
a medidas que los contarían como víctimas dilectas. Además, desde la
dictadura y hacia aquí, se ha producido un enorme borramiento en la memoria
colectiva de las luchas obreras y populares, condición decisiva para
instaurar el escepticismo y la abulia, tal cual lo requiere el discurso
dominante.
- Lo anterior es ilustrativo de la
centralidad que asume para nosotros la idea de sujeto o subjetividad,
entendida esta como aparición sensible y en la lucha de sectores sociales
que resisten, y, en esa lucha, crean instancias de autorganización y
formación de nuevas identidades concretamente opuestas al sistema. En
palabras del filósofo argentino Arturo Andrés Roig extraídas de su libro
El pensamiento latinoamericano y su aventura:
- Sujeto (en el sentido de aquello que
sostiene un proceso o está de soporte de los cambios), que 'marcha' en una
determinada dirección. Marchar es, en nuestra opinión, oponerse por medio
de la lucha a este modelo. Un sujeto construido a partir de una afirmación
constante de su propia subjetividad, así como de su mundo a través del
cual se objetiva. La dialéctica subjetividad-objetividad opera, en los
hechos, en que cuanto mayor es la afirmación de la subjetividad, más
testimonios objetivos quedan en el mundo (la sociedad) de esta subjetividad:
transformaciones por modestas que sean, nuevas identidades, mayores vínculos
solidarios, redes de información, debate e intercambio, entre otras.
- Por todo lo antedicho, negamos que la
clase obrera tenga una papel que le corresponda por derecho natural en el
proceso de cambio que imperiosamente requiere la Argentina. En todo caso,
será un sujeto más, similar y a la par de aquellos que ya se han
constituido, como los piqueteros, los indígenas, las mujeres, los diversos
encuadramientos campesinos, las organizaciones defensoras de los derechos
humanos, las distintas minorías sexuales, el movimiento estudiantil, los jóvenes,
los sin vivienda y tantos otros.
- Una de las novedades principales de los
piqueteros es que ya no agrupan a los trabajadores tradicionalmente
sindicalizados, al modo que podía representar un afiliado a la C.G.T.. A
partir de las transformaciones de lo que se dio en llamar globalización
aparecen nuevos protagonistas y estos son los que participan en las nuevas
organizaciones. Es una enorme multitud de sujetos- los desocupados y también
los ocupados- que el sociólogo nacido en Estados Unidos, James Petras
(Articulo en Revista Cuadernos del Sur N° 11) denomina en un sentido muy
amplio pueblo trabajador. Para este autor, El crecimiento masivo del trabajo
temporal, del empleo múltiple, de remuneraciones que no son salarios ha
dado origen a una categoría de mano de obra que es una cruza entre los
asalariados y los independientes... a los que denominaremos pueblo
trabajador. En esta categoría ubica también a los desocupados- gran parte
de los desempleados sobrevive de changas- y pobladores urbanos y rurales.
- Tal es el modelo distinto que encarna la
C.T.A.. En nuestra central tienen un espacio todos los oprimidos,
marginados, excluidos y explotados por las clases dominantes.
Independientemente que tengan o no un anclaje laboral o corporativo. Es
decir, una pluralidad de sujetos.
- Para el ensayista mencionado es
fundamental articularlos en una perspectiva de transformación de las duras
condiciones de la actualidad y que pueda poner límites al avance
conservador, superando el aislamiento y la fragmentación que les depara el
sistema. Tal articulación- principalmente evitar que los desocupados caigan
en el desaliento, la desagregación y el enfrentamiento mutuo- es una de las
tareas más importantes de la actualidad para todos los sectores partidarios
de una transformación social. De este modo se lograría superar la
contradicción y la lucha- tan inútil como desgastante- entre trabajadores
ocupados y desocupados, una de las piedras angulares de la hegemonía que aún
muestra el modelo neoliberal; en crisis, pero todavía vigente en nuestro
desdichado país. Los espacios que no son ocupados por esta prédica tan
necesaria como liberadora, los coloniza el discurso hegemónico del poder.
-
-
- Las tareas de la hora
-
- Sólo el espesor y la fuerza de la
sociedad civil
- puede evitar la desorganización de los
individuos
- ante las crisis económicas.
- Antonio Gramsci.
- Filósofo y dirigente político italiano
-
- A nuestro entender las principales tareas
de la actual etapa- y por sobre problemas de estricta coyuntura que también
trataremos, como las elecciones del año próximo- son cuatro:
- 1) La defensa de la nación agredida por
la amenaza potencial de desintegración territorial y por el proyecto
imperialista del ALCA.
- 2) La defensa y ampliación de la ciudadanía
y
- 3) La defensa, profundización y ampliación
de la democracia.
- 4) La defensa incondicional del concepto
de solidaridad, tanto al interior de nuestra sociedad como en el plano de
las relaciones internacionales.
- Nada casualmente en los cuatro puntos
enunciados figura la palabra defensa. Es que consideramos que subsume por
completo la impronta de esta etapa, de carácter marcadamente resistente.
Obviamente, todos los aspectos están totalmente relacionados y es imposible
tomarlos por separado. Comenzaremos definiendo sin demasiada precisión el
concepto de nación. Esta es- para el romanticismo alemán- la realización
de una idea proveniente de la historia. Para ciertos manuales de ciencias
sociales, una realidad de índole cultural, opuesta al estado, que sería de
carácter político y jurídico. Para visiones influidas por la antropología,
la defensa de hábitos culturales construidos en un largo proceso histórico.
Según el común de las personas, la nación se resuelve en un sentimiento
de pertenencia. Tal vez, a todas las definiciones glosadas les asista una
parte de verdad. Nosotros preferimos mencionarla como una casa común, un
mismo espacio de reconocimiento, en el cual todos los ciudadanos tienen idéntico
derecho efectivo a una vida digna. Con todas las implicancias sociales que
tiene el mencionado derecho a la vida. Además, la nación es inseparable de
un estado nacional soberano e irrealizable sin este. En consecuencia, la
nación argentina se halla jaqueada por peligrosos enemigos de adentro y de
afuera. No es necesario explayarse acerca del imperialismo yanqui, ancestral
oponente de los pueblos que luchan por sus derechos. En la Argentina, uno de
los peores peligros es la existencia de una clase empresarial sin conciencia
ni destino nacional, que aún no saldó la polémica acero o caramelos, y,
si lo hizo, fue para no producir ninguna de las dos mercancías y dedicarse
a la importación de baratijas y a la especulación financiera. Además, no
vacila en seguir vendiendo sus empresas al capital transnacional y aún
alentar- en complicidad con ciertas dirigencias políticas- la
tupacamarización del territorio del país. Por lo tanto afirmamos que:
- a) Ni la ciudadanía ni la verdadera
democracia pueden lograrse, si no es en el marco de una nación y un estado
soberanos. Y
- b) Los trabajadores somos la reserva moral
y material de la nación frente al naufragio al que la han conducido las
clases dominantes.
- Para ejemplificar e ilustrar nuestro
concepto de ciudadanía, que para nosotros es articulador de la nueva
subjetividad, analizaremos aspectos del movimiento piquetero. En efecto, el
contenido y la demanda esencial de la revuelta píquetera puede sintetizarse
en el concepto de ciudadanía, entendido en cuanto versión substantiva del
mismo y no en su aspecto puramente legal. Por cierto, existen dos ideas
opuestas de ciudadanía. Estas son:
- a) La simple igualdad ante la ley. Esta
concepción es defendida por las distintas variantes del liberalismo, sean
estas neo o paleo. Es la igualdad (formal) entre el poderoso empresario y el
más sumergido habitante de un asentamiento urbano. Además, esta isonomía
(igualdad ante la ley) se halla consagrada en el texto de nuestra constitución
nacional.
- La noción de ciudadano, entendido como
sujeto plenamente acreedor a derechos fundamentales que van más allá de
los establecidos en los ordenes jurídico y político (derecho al voto, por
ejemplo). Obsérvese que estos derechos son los llamados derechos sociales,
sin los cuales las personas carecen de auténtica libertad.
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