LA SITUACION POLITICO SOCIAL (III)
ALGUNAS NOTAS ACERCA DE LA ACTUAL COYUNTURA
Un informe presentado al congreso de la CTA sobre la situación político económica y social.
Por: Raúl Isman y Jorge Muller
Fecha publicación:02/12/2002
 
Segunda parte
 
En este contexto, las reivindicaciones populares plasmadas en las movilizaciones- congelamiento de las tarifas, plena vigencia de los derechos sociales, juicio a la Corte Suprema, profundización de la democracia, entre otras- quedaron relegadas a este fin superior (la negociación con el fondo).
Desgraciadamente, parece ser que la errática política de la fuerza gobernante- los mismos parlamentarios que ovacionaron el default de Rodriguez Saa, votaron las leyes exigidas por el F.M.I.- no le hará pagar costos electorales. La mayor parte- si no todos- de los observadores políticos coincide que el próximo presidente será justicialista. Esto, a nuestro entender, reafirma La extrema debilidad estructural de la sociedad civil, que es la causa principal de la orfandad política en que fue cayendo el incipiente frente intentado entre nuestra central, el A.R.I. y Autodeterminación y Libertad. Los sectores populares de la sociedad argentina no pueden pelear porqué se vayan todos, si a la vez, están inhibidos para realizar acciones defensivas elementales, como un poco comprometido apagón, para evitar el tarifazo. Aunque es una verdadera redundancia, el incremento en los servicios públicos arrojará legiones de argentinos al proceloso mar de la pobreza.
La clásica consigna Que se vayan todos asumía un doble carácter: por un lado, era indudablemente un enunciado de contenido democrático; ya que servía como vehículo de expresión para fuerzas cuya pretensión principal era lograr la caducidad de los mandatos. Se buscaba así que el pueblo zanjara con su voto, la crisis de legitimidad profundizada hacia diciembre de 2001. Pero, por el otro, contribuía- y contribuye- al nefasto desprestigio de la actividad política, al adjudicar a la dirigencia de los partidos la exclusiva responsabilidad del colapso nacional y del empobrecimiento popular. Nada casualmente, Que se vayan todos es un enunciado que hermana fuerzas tan diversas como Luis Zamora y Jorge Altamira, por un lado; y, por el otro, Bernardo Neustadt, Daniel Hadad, funcionarios del F.M.I, como doña Anne Fredy Krueger, y el secretario del tesoro de E.E.U.U, Paul O°Neil. Los representantes del establishment económico y los personeros de este en los medios no vacilan en cargar las culpas sobre los políticos, a sabiendas que de este modo se invisibiliza a los responsables de fondo de la crisis.
La referida consigna perdió fuerza en la medida que se quedó sin sustento por carecer de verdadera popularidad. Nunca- salvo algunos días en diciembre de 2001 y en la Capital Federal y zonas de influencia- tuvo verdadero anclaje de masas.
Las asamblea barriales y populares- que fueron el sector que originariamente levantó el Que se vayan- languidecen en la soledad de su aislamiento con relación a la sociedad que debe nutrirlas, la repetición automática de discursos estériles, la pelea miserable entre distintas sectas para regimentarlas, las absurdas divisiones, el delirio cercano a la psicosis (gobierno de las asambleas) entre otros defectos, y ya consumieron largamente su capital político inicial. Este importante movimiento social- al menos lo parecía en el verano- demostró su incapacidad para seguir construyendo alternativas. Queda como indudable saldo positivo la experiencia de la militancia realizada y algunos modestos logros: centros culturales, comedores, merenderos, micro-emprendimientos, campañas solidarias, reconstitución de vínculos sociales, que las relacionan con los sectores más perjudicados por la crisis (por ejemplo, cartoneros y desocupados) entre otros. Su aporte en el futuro dependerá de que vuelvan a convocar a las masas o languidecerán en la mediocridad actual.
El movimiento piquetero persiste en su importante actividad de resistencia y autorganización. Sobrelleva la fractura producida en su seno, hacia comienzos del corriente año. Los dos grandes bloques enfrentados son las organizaciones cercanas al Polo obrero, por un lado, y, por el otro, los movimientos encuadrados en nuestra central y la Corriente Clasista y Combativa. Acerca de la clase obrera y los sindicatos, nos expediremos más adelante. Como fenómeno de nuevo tipo, aparece el sector de fábricas tomadas y autogestionadas. De todos modos, no altera el carácter sustancialmente defensivo que presenta, frente a la agresión del mercado que despoja a sus asalariados del derecho al trabajo. Ciertamente, no ha logrado ejercer su impronta sobre ninguna empresa decisiva y agrupa una más que reducida porción del aparato productivo. Por todo lo analizado, afirmamos que en el conjunto del movimiento social siguen predominando la confusión, la dispersión, la atonía y el retroceso.
A partir del 26 de junio de 2002 aproximadamente, el día del asesinato de dos militantes piqueteros, la crisis económica entró en una cierta meseta de estabilidad, en el marco complejo que es de público conocimiento. El gobierno de Duhalde parece conducir la nave del estado con piloto automático hasta el próximo recambio electoral. Desde el punto de vista político, el futuro de la Argentina parece estar en manos de Menem, Kirchner, Reutemann o Rodriiguez Saa. Todos los síntomas referidos nos reafirman en la convicción que la debilidad de la sociedad civil es uno de los más graves problemas nacionales.
 
 
 
Sindicatos, ajuste
y privatizaciones:
El problema de la subjetividad
 
El proletariado debe despojarse
de todo residuo corporativo,
de todo prejuicio o incrustación sindicalista.
Antonio Gramsci, filósofo y dirigente político italiano.
 
En los debates realizados en la C.T.A.-Capital, una de las diferencias más apasionantes es la relacionada con quienes son los sectores sociales que realizarán y dirigirán una transformación social, los denominados sujetos revolucionarios. Se verifican en este punto dos posiciones divergentes. Estas son:
a) La que adjudica ese papel a la clase trabajadora, en algunas posiciones; clase obrera y aún el proletariado, en otras.
b) Nuestra idea afirma que es un mosaico de distintos sujetos articulados por la oposición concreta al orden establecido, es decir, la constitución en la lucha de la condición de sujetos para una transformación política y social o bien un sujeto pluriforme
Partiremos de un mínimo análisis histórico, para luego fundamentar teórica y prácticamente nuestras ideas.
Está fuera de discusión que el movimiento obrero se halla en crisis y la propia emergencia de nuestra central da cuenta de ello. En esta crisis que vive el citado movimiento obrero aparecen exacerbadas las trabas de más de cincuenta años de conciencia corporativista, introducida e impulsada por el peronismo sindical que ha dejado secuelas, a nuestro modo de ver, inocultables. Esta conciencia corporativa llevaba a los obreros a despreocuparse del problema de la salud pública, ya que este problema se resolvía para los trabajadores mediante las obras sociales sindicales. O a entender y practicar la solidaridad sólo al interior del gremio, desentendiéndose de la suerte de otros sectores. No ignoramos la existencia de programas progresistas y avanzados, como los de La Falda y Huerta Grande. Pero estos enunciados fueron realizados en tiempos que hasta podían ser suscriptos por algunos sectores burgueses. Hoy, tales fuerzas empresariales han dejado de existir. Y aún, el nudo del problema es preguntarse- y responder- porqué tales medidas no son ni siquiera conocidos por las masas obreras. No hablemos que luchen efectivamente por su vigencia y aplicación.
Por otra parte, en nuestra opinión, es urgente hacer un mínimo balance de las experiencias obreras durante los °80 y los °90. En la primera de estás décadas, el proletariado le hizo más de una docena de paros generales al gobierno presidido por el Doctor Raúl Alfonsín, sin que ni siquiera uno solo de ellos haya sido decidido por asamblea democrática alguna. Los únicos momentos asamblearios en esta etapa fueron impulsados por fuerzas opositoras a la conducción cegetista, como era en esos momentos el Movimiento al Socialismo (M.A.S.). Por otra parte, el discurso de Saúl Edolver Ubaldini, entonces líder y secretario general de la C.G.T., señalaba como único causante de los infortunios de los trabajadores al gobierno y aún al propio presidente, cuando las condiciones de opresión en las plantas fabriles eran aún peores que en la época dictatorial y se estaba consolidando el monstruoso poder económico que terminó por hundir en la miseria al pueblo argentino. Si el sindicalismo peronista no era cómplice del mencionado poder económico, lo disimulaba muy bien. La connivencia reside en señalar un enemigo menor o ficticio- los ocasionales encargados de gestionar el poder político- con lo cual lo que se logra es invisibilizar al adversario real, obviamente el largamente citado poder económico. Desgraciadamente, tal complicidad gozó del acuerdo- por acción u omisión- de gran parte de los trabajadores. El recurso de la huelga general- extremo y excepcional en otras latitudes- era utilizado aquí con una extraña mezcla de vocación por el fomento de la actividad turística y espíritu deportivo, vaciándolo de contenido y esterilizando su efectividad. En la década siguiente, cuando era ultranecesario para apoyar y solidarizarse con quienes resistíamos las medidas de Menem, los burócratas corruptos se cuidaron muy bien de siquiera amagar con una medida de lucha general. Salvo cuando el conjunto del patrimonio público ya había sido enajenado a la voracidad de los monopolios. Pero- hay que reconocerlo- tampoco apareció la huelga general solidaria como tendencia espontánea entre los trabajadores de la actividad privada. Desde la década del °80, los trabajadores han visto fuertemente mutilada su capacidad de expresión autónoma, no sólo frente a los gobiernos de turno. También, frente a las burocracias sindicales que se han mostrado altamente exitosas, tanto en movilizar- cuando lo consideran conveniente- como en hacer retroceder a los asalariados, cuando llega el turno de hacerlo. Hizo crisis de este modo, más de medio siglo de prácticas verticalistas impulsadas por el peronismo en el seno del movimiento obrero. En tal período, las acciones autónomas del movimiento obrero pueden contarse con el dedo de una mano.
En los °90, la mayoría de los mencionados trabajadores- con la excepción de los involucrados directos, telefónicos, ferroviarios, docentes, empleados de aeronavegación, estatales en general, entre otros- observó como avanzaba el proceso de privatizaciones del menemismo, casi como un espectador y aún en vastos sectores prestó un activo consenso. Tal aprobación resultó refrendada en distintas compulsas electorales (1991, 1993 y 1995, reelección del presidente Menem) y, recién en 1997, con la aparición de la Alianza y la agudización de sus enfrentamientos internos, el peronismo sufrió una derrota electoral. Es decir que durante los citados procesos electorales, se verificó un consenso que denominamos activo. Fuera de estos momentos, se realizó un consenso que llamamos pasivo, el generado por la aceptación sin luchas de las privatizaciones o la negativa a manifestar la solidaridad con quienes resistían.
Como resultado de este proceso brutal de transferencia del patrimonio público a empresas privadas quedaron consecuencias perdurables en la sociedad argentina. Mencionaremos algunas:
a) Resortes decisivos de la economía pasaron a manos de capital privado- nacional, extranjero o en alianza de ambos- y en consecuencia quedó profundamente acotado el margen de acción de la política para imponerle límites o concesiones al poder económico, y, de este modo, resolver los problemas populares. La actitud de las petroleras, que desobedecen sistemáticamente a los gobernantes o corrompen a muchos de ellos con las jugosas rentas que obtienen, es un buen ejemplo, mas no el único.
b) Gremios como el ferroviario- entre otros, pero este es el ejemplo más dramático- quedaron reducidos a una mínima base de afiliados.
c) El espacio territorial de la nación quedó profundamente desintegrado, ya sea por vía de los más que onerosos peajes que perciben las concesionarias de caminos o por de levantamiento de los ramales ferroviarios. Más de cuatrocientos pueblos del interior corren el riesgo de desaparecer por causa de haber sido abandonados por los ferrocarriles o debido a las diversas crisis de sus respectivas producciones. Sus poblaciones continúan engrosando las franjas marginales de las grandes ciudades.
d) Peor aún que el proceso descripto sucintamente en el apartado c es la fragmentación social generada por el modelo. Las privatizaciones coayudaron a que haya en la Argentina actual más de 17 millones de pobres, se incremente la influencia nefasta del desempleo como mecanismo de control social, se exacerbe el avance del deterioro de las condiciones de vida de la mayor parte de la población, por añadidura sindicado como fenómeno de la naturaleza por los epígonos del poder. Estos son sólo ejemplos de lo que hemos dado en llamar fragmentación. Es decir, la perdida de lazos solidarios y la instauración de lo que se llama popularmente sálvese quien pueda. En la naturalización de las diversas condiciones sociales reside gran parte de la posibilidad de imponerlas. Si son naturales, nada puede hacerse para impedir su imperio. Si en cambio, se las ve como construcciones sociales de los seres humanos, tienen principio, desarrollo y final. En consecuencia, la intervención consciente de los sujetos puede transformarlas.
En términos reales, el menemismo- si bien en gran medida es una continuación de la siniestra dictadura 1976-1983- constituye por la enorme cantidad de fenómenos implicados, una derrota de características propias para los sectores populares aún mayor que el llamado proceso de reorganización nacional. Los fundamentos de esta afirmación están en los cuatro puntos desarrollados poco antes. Y aunque nos duela reconocerlo, esta derrota tuvo la aceptación- sea por vía activa o pasiva- de gran parte de las víctimas. Los cambios económicos y sociales- que analizamos brevemente un poco más adelante- nos permiten comprender este revés de las clases subalternas. Pero ciertamente que son el trasfondo histórico de la tragedia social que vive la Argentina de hoy.
Las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, que provocaron la caída de De La Rua, uno de los picos más altos de la lucha social y política argentina de los últimos cincuenta años, son resultado de un proceso histórico en el cual predominó, desde nuestro punto de vista, la retirada de la clase obrera en cuanto factor decisivo de las luchas en el escenario social. Esta verdad no puede ser oscurecida por los malabares discursivos a los que nos tienen acostumbrados los distintos partidos de izquierda. (Ver por ejemplo, las publicaciones del P.O. y el M.S.T. de fines del 2001, por ejemplo. Del argentinazo revolucionario que describían, no ha quedado más que un tímido recuerdo y ninguna modificación sustantiva de las relaciones de clase y de poder real).
El protagonismo fundamental correspondió a sectores de clase media cuyas posibilidades de supervivencia- ya no hablemos de ascenso social- quedaron destruidas por la aplicación de la misma política económica casi inmemorial, pese a la diversidad de gobiernos (Los dictatoriales, además de los presididos por Alfonsín, Menem y De La Rua). Este modelo económico- que privilegió a los sectores financieros y achicó constantemente el mercado interno- es el que arrojó a vastas capas de las referidas clases medias a la lucha callejera, al limitar las posibilidades de sobrevivir de estas y empobrecerlas hasta lo inimaginable.
También la aparición de fuerzas políticas que establecieron cuestionamientos al tradicional bipartidismo- independientemente del devenir posterior de dichas fuerzas- es atribuible mucho más a los sectores medios que a la clase obrera, que permaneció en gran medida fiel al peronismo, es decir, a sus enemigos de clase. Nos referimos al FREPASO, a Autodeterminación y Libertad y al A.R.I. Los propios partidos de izquierda reclutan su membresía mucho más entre los llamados pequeño burgueses, que entre los destacamentos del proletariado.
La polémica acerca del sujeto revolucionario en la Argentina contemporánea es inconducente en el marco de las teorías que consideran esta condición como ungida por razones inmanentes o cuasi religiosas. Por ello, hemos partido de algunas consideraciones acerca del papel de los sindicatos desde 1945, para centrar nuestro análisis en los casi veinte años de democracia. En esta etapa se verifica un innegable retroceso de la clase obrera. Enunciaremos algunas de sus causas.
1) Económicas. En la Argentina hay un proceso de desindustrialización que ha hecho retroceder a la clase obrera en términos cuantitativos, por no referirnos a los cualitativos. Entre 1930 y 1976 aproximadamente, la economía fue centralmente industrial y la clase obrera tuvo un protagonismo innegable en las luchas sociales y en el escenario político. La U.O.M. era el sindicato más importante del movimiento obrero. El golpe revierte esta situación y a partir de allí- agravándose todo esto en los °90- la clase obrera se halla en retroceso en todos los planos. Por ello, el principal gremio de la C.G.T. es... empleados de comercio, de acuerdo al número de afiliados.
2) Tecnológicas. Las nuevas tecnologías requieren la utilización decreciente de la fuerza de trabajo.
3) Sociales. El desempleo- instalado como una constante en el paisaje de la sociedad argentina- es un formidable mecanismo de control social. Pero más dramáticamente, actuó como elemento negador de la identidad de clase y de la condición obrera.
4) Sindicales. La mayor parte de los sindicatos- en especial, los de obreros industriales- se hallaban conducidos por la burocracia más traidora.
5) De conciencia, ya que los trabajadores carecen de herramientas críticas para enfrentar los distintos planes de ajuste, en especial, el proceso de privatizaciones. Prestaron así su apoyo a medidas que los contarían como víctimas dilectas. Además, desde la dictadura y hacia aquí, se ha producido un enorme borramiento en la memoria colectiva de las luchas obreras y populares, condición decisiva para instaurar el escepticismo y la abulia, tal cual lo requiere el discurso dominante.
Lo anterior es ilustrativo de la centralidad que asume para nosotros la idea de sujeto o subjetividad, entendida esta como aparición sensible y en la lucha de sectores sociales que resisten, y, en esa lucha, crean instancias de autorganización y formación de nuevas identidades concretamente opuestas al sistema. En palabras del filósofo argentino Arturo Andrés Roig extraídas de su libro El pensamiento latinoamericano y su aventura:
Sujeto (en el sentido de aquello que sostiene un proceso o está de soporte de los cambios), que 'marcha' en una determinada dirección. Marchar es, en nuestra opinión, oponerse por medio de la lucha a este modelo. Un sujeto construido a partir de una afirmación constante de su propia subjetividad, así como de su mundo a través del cual se objetiva. La dialéctica subjetividad-objetividad opera, en los hechos, en que cuanto mayor es la afirmación de la subjetividad, más testimonios objetivos quedan en el mundo (la sociedad) de esta subjetividad: transformaciones por modestas que sean, nuevas identidades, mayores vínculos solidarios, redes de información, debate e intercambio, entre otras.
Por todo lo antedicho, negamos que la clase obrera tenga una papel que le corresponda por derecho natural en el proceso de cambio que imperiosamente requiere la Argentina. En todo caso, será un sujeto más, similar y a la par de aquellos que ya se han constituido, como los piqueteros, los indígenas, las mujeres, los diversos encuadramientos campesinos, las organizaciones defensoras de los derechos humanos, las distintas minorías sexuales, el movimiento estudiantil, los jóvenes, los sin vivienda y tantos otros.
Una de las novedades principales de los piqueteros es que ya no agrupan a los trabajadores tradicionalmente sindicalizados, al modo que podía representar un afiliado a la C.G.T.. A partir de las transformaciones de lo que se dio en llamar globalización aparecen nuevos protagonistas y estos son los que participan en las nuevas organizaciones. Es una enorme multitud de sujetos- los desocupados y también los ocupados- que el sociólogo nacido en Estados Unidos, James Petras (Articulo en Revista Cuadernos del Sur N° 11) denomina en un sentido muy amplio pueblo trabajador. Para este autor, El crecimiento masivo del trabajo temporal, del empleo múltiple, de remuneraciones que no son salarios ha dado origen a una categoría de mano de obra que es una cruza entre los asalariados y los independientes... a los que denominaremos pueblo trabajador. En esta categoría ubica también a los desocupados- gran parte de los desempleados sobrevive de changas- y pobladores urbanos y rurales.
Tal es el modelo distinto que encarna la C.T.A.. En nuestra central tienen un espacio todos los oprimidos, marginados, excluidos y explotados por las clases dominantes. Independientemente que tengan o no un anclaje laboral o corporativo. Es decir, una pluralidad de sujetos.
Para el ensayista mencionado es fundamental articularlos en una perspectiva de transformación de las duras condiciones de la actualidad y que pueda poner límites al avance conservador, superando el aislamiento y la fragmentación que les depara el sistema. Tal articulación- principalmente evitar que los desocupados caigan en el desaliento, la desagregación y el enfrentamiento mutuo- es una de las tareas más importantes de la actualidad para todos los sectores partidarios de una transformación social. De este modo se lograría superar la contradicción y la lucha- tan inútil como desgastante- entre trabajadores ocupados y desocupados, una de las piedras angulares de la hegemonía que aún muestra el modelo neoliberal; en crisis, pero todavía vigente en nuestro desdichado país. Los espacios que no son ocupados por esta prédica tan necesaria como liberadora, los coloniza el discurso hegemónico del poder.
 
 
Las tareas de la hora
 
Sólo el espesor y la fuerza de la sociedad civil
puede evitar la desorganización de los individuos
ante las crisis económicas.
Antonio Gramsci.
Filósofo y dirigente político italiano
 
A nuestro entender las principales tareas de la actual etapa- y por sobre problemas de estricta coyuntura que también trataremos, como las elecciones del año próximo- son cuatro:
1) La defensa de la nación agredida por la amenaza potencial de desintegración territorial y por el proyecto imperialista del ALCA.
2) La defensa y ampliación de la ciudadanía y
3) La defensa, profundización y ampliación de la democracia.
4) La defensa incondicional del concepto de solidaridad, tanto al interior de nuestra sociedad como en el plano de las relaciones internacionales.
Nada casualmente en los cuatro puntos enunciados figura la palabra defensa. Es que consideramos que subsume por completo la impronta de esta etapa, de carácter marcadamente resistente. Obviamente, todos los aspectos están totalmente relacionados y es imposible tomarlos por separado. Comenzaremos definiendo sin demasiada precisión el concepto de nación. Esta es- para el romanticismo alemán- la realización de una idea proveniente de la historia. Para ciertos manuales de ciencias sociales, una realidad de índole cultural, opuesta al estado, que sería de carácter político y jurídico. Para visiones influidas por la antropología, la defensa de hábitos culturales construidos en un largo proceso histórico. Según el común de las personas, la nación se resuelve en un sentimiento de pertenencia. Tal vez, a todas las definiciones glosadas les asista una parte de verdad. Nosotros preferimos mencionarla como una casa común, un mismo espacio de reconocimiento, en el cual todos los ciudadanos tienen idéntico derecho efectivo a una vida digna. Con todas las implicancias sociales que tiene el mencionado derecho a la vida. Además, la nación es inseparable de un estado nacional soberano e irrealizable sin este. En consecuencia, la nación argentina se halla jaqueada por peligrosos enemigos de adentro y de afuera. No es necesario explayarse acerca del imperialismo yanqui, ancestral oponente de los pueblos que luchan por sus derechos. En la Argentina, uno de los peores peligros es la existencia de una clase empresarial sin conciencia ni destino nacional, que aún no saldó la polémica acero o caramelos, y, si lo hizo, fue para no producir ninguna de las dos mercancías y dedicarse a la importación de baratijas y a la especulación financiera. Además, no vacila en seguir vendiendo sus empresas al capital transnacional y aún alentar- en complicidad con ciertas dirigencias políticas- la tupacamarización del territorio del país. Por lo tanto afirmamos que:
a) Ni la ciudadanía ni la verdadera democracia pueden lograrse, si no es en el marco de una nación y un estado soberanos. Y
b) Los trabajadores somos la reserva moral y material de la nación frente al naufragio al que la han conducido las clases dominantes.
Para ejemplificar e ilustrar nuestro concepto de ciudadanía, que para nosotros es articulador de la nueva subjetividad, analizaremos aspectos del movimiento piquetero. En efecto, el contenido y la demanda esencial de la revuelta píquetera puede sintetizarse en el concepto de ciudadanía, entendido en cuanto versión substantiva del mismo y no en su aspecto puramente legal. Por cierto, existen dos ideas opuestas de ciudadanía. Estas son:
a) La simple igualdad ante la ley. Esta concepción es defendida por las distintas variantes del liberalismo, sean estas neo o paleo. Es la igualdad (formal) entre el poderoso empresario y el más sumergido habitante de un asentamiento urbano. Además, esta isonomía (igualdad ante la ley) se halla consagrada en el texto de nuestra constitución nacional.
La noción de ciudadano, entendido como sujeto plenamente acreedor a derechos fundamentales que van más allá de los establecidos en los ordenes jurídico y político (derecho al voto, por ejemplo). Obsérvese que estos derechos son los llamados derechos sociales, sin los cuales las personas carecen de auténtica libertad.
 
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