El Dormitorio, Van Gogh

ASPECTOS DEFINITORIOS

EL SIMBOLISMO

El simbolismo habría de surgir poco después que el parnasianismo, y en muchos aspectos es su antípoda. Existen dos claras raíces del simbolismo, una la representa Isidore Ducasse, Conde de Lautréamont y sus Cantos de Maldoror, la otra está en Las Flores del mal de Charles Baudelaire. Ambos autores y ambas obras presentan aspectos desconcertantes por las actitudes vitales asumidas, todas ellas marcadas por una clara inadaptación social.  El yo poético nos presenta un agitado y satánico personaje que lanza dicterios contra la humanidad. Frente a la serenidad parnasiana se presenta la rabia maldiciente; frente a la belleza armónica la fealdad de la putrefacción, frente al verso perfectamente medido el verso libre.

Estos dos autores, a principios del siglo, fueron tomados con poca seriedad, deduciendo de su actitud un afán de notoriedad, más un gesto adolescente, en fin, ganas de escandalizar con algunas actitudes altisonantes (el libro de Baudelaire fue multado por un juez moralista). Pero, a finales de siglo (1886) un grupo de nuevos poetas toma en serio la actitud maldiciente y se asumen como unos poetas que muestran una moral burguesa que está en clara ruinas, es decir, muestran una decadencia moral, y como tal, se hacen llamar decadentistas.

Consideran que la realidad debe expresarse a través de símbolos y no de forma directa y llana como lo hace el realismo, el parnasianismo o el naturalismo. También invocan a los grandes románticos desadaptados como sus maestros, entre otros agregan a la lista al alcohólico y alucinado escritor bostoniano Edgar Poe.  Frente a la realidad, el símbolo, frente a lo evidente, lo sugerido, frente al alejandrino la prosa poemática (sin metro, sin rima, sin ritmo).

En 1886 el poeta Jean Moréas funda la revista Le Symboliste, y desde entonces el grupo de sus amigos y correligionarios habrá de ser identificado con ese nombre, del que ya nunca habrán de separarse. Los simbolistas harán de sus credos estéticos un programa de vida y el escándalo, las drogas, los crímenes habrán de rodearles. Quienes mejor encarnaron ese espíritu inadaptado fue la pareja formada por Verlaine y Rimbaud. Si son dos los términos que identificarán inicialmente a este grupo de poetas (decadentismo, simbolismo) Verlaine colaborará con un nuevo nombre al que estarán indisolublemente unidos: “los poetas malditos”. Esto sucedió debido a que Paul Verlaine publicó en el año de 1884 una serie de semblanzas biográficas de poetas amigos, afines a él, incluidos sus maestros, y que llamó -a dicha colección de estampas biográficas- con el nombre genérico de “Los poetas malditos”. Integrarán este grupo de poetas, a parte de los ya mencionados (Moréas, Verlaine, Rimbaud) Mallarmé, Laforgue, Corbière, etc.

Para Francia el simbolismo y sus poetas no significó lo mismo que para hispanoamérica. En el caso galo, la rica y variada tradición poética hace que la competencia por sobresalir haya hecho casi caer en el olvido a la mayoría de estos poetas, quizá el más valorado sea Mallarmé y el más recordado, por sus escándalos, sea Rimbaud. Sin embargo para nuestros países, cuya era moderna inicia con el Modernismo (es decir, con más de cien años de atraso, puesto que para los países europeos la modernidad inicia con la ilustración, en el siglo XVIII), significó una influencia tan poderosa y duradera, que no sólo podemos decir que la modernidad inicia con ellos, sino que es un verdadero parte aguas: nuestra literatura es una antes, y otra después de los modernistas. De todas las influencias recibidas es la del simbolismo la más importante en número, en calidad y en trascendencia que las otras. Más específicamente, es la poesía de Verlaine la que más habrá de fecundar la literatura hispanoamericana. El verdadero culto que se hizo a su persona y a su obra no tiene comparación con ningún otro poeta o artista, ni Bécquer, a quien leyeron con tanto esmero, ni a Witman a quien respetaban tanto, en fin, ni a Poe, que tanto los seducía. Si no se cree que sea así, véase estas palabra de Darío por él:

El abuelo español de barba blanca me señala una serie de retratos ilustres: “Éste, me dice, es el gran don Miguel de Cervantes Saavedra, genio y manco; éste es Lope de Vega; éste, Garcilaso; éste, Quintana.” Yo le pregunto por el noble Gracián, por Teresa la Santa, por el bravo Góngora y el más fuerte de todos, don Francisco de Quevedo y Villegas. Después exclamo: Shakespeare! ¡Dante!  ¡Hugo...! (y en mi interior: ¡Verlaine...!)

 

O qué decir de aquellos conmovidos versos del Responso a Verlaine escritos por el mismo Darío en que le llama padre y maestro.

Otra de las grandes contribuciones del simbolismo, no sólo al modernismo, sino a toda la tradición poética occidental fue la búsqueda de la sugerencia, antes que de la enunciación. El no decir las cosas con la transparencia directa, propia de la frialdad realista o neoclásica fue determinante para definir y entender al simbolismo y al modernismo. A pesar de ser Baudelaire un maestro en muchos aspectos, en este sentido se alejan de él, ya que podríamos hablar de una brutalidad de éste para enunciar las ideas en sus poemas. Por ejemplo, un tema muy gustado por estos poetas fue el tedio de la vida, el famoso spleen; Baudelaire dedicó varios poemas a este tema, en uno de ellos expresa esa sensación de malestar inexplicable:

Spleen

LXXXIX

Cuando la lluvia extiende sus inmensos regueros

Que imitan los barrotes de una vasta prisión,

Y todo un pueblo mudo de asquerosas arañas

Del cerebro en el fondo sus hilos va tejiendo,

Hay campanas que saltan, de repente, furiosas

Y hacia el cielo levantan un horrible alarido,

Cual si fuesen espíritus errantes y sin patria

Que a gemir se entregaran inacabablemente.

--Y fúnebres  carrozas, sin tambores ni música,

Cruzan con paso lento por mi alma; la Esperanza

Derrotada solloza y la Angustia despótica,

En mi cráneo vencido iza su negra enseña.

 

 

Paul Verlaine más sutil describe su melancolía de esta forma:

 

ARIAS OLVIDADAS

III

Llora en mi corazón

cual llueve en la ciudad,

¿Qué lánguida emoción

entra en mi corazón?

 

¡Oh dulce lloviznar

en tierra y tejados!

Para un tedioso ansiar,

¡oh el son del lloviznar!

 

¡Y llora sin razón,

corazón hastiado!

¿Por qué, si no hay traición?...

¡Es duelo sin razón!

 

¡Y la pena mayor

es no saber por qué

sin odio y sin amor

siento tanto dolor!

 

Finalmente, los modernistas retomaron este sentimiento lánguido y triste y lo expresaron así:

TÚ ME MIRARÁS LLORANDO

Tú me mirarás llorando

--será el tiempo de las flores--,

tú me mirarás llorando,

y yo te diré: “No llores”.

 

Mi corazón, lentamente,

se irá durmiendo... Tu mano

acariciará la frente

sudorosa de tu hermano...

Tú me mirarás sufriendo,

yo sólo tendré tu pena;

tú me mirarás sufriendo,

tú, hermana, que eres tan buena.

 

Y tú me dirás “Qué tienes?”

Y yo miraré hacia el suelo.

Y tú me dirás: “Qué tienes?

Y yo miraré hacia el cielo.

 

Y yo me sonreiré,

--y tú estarás asustada--,

y yo me sonreiré

para decirte: "No es nada"

                        Juan Ramón Jiménez

 

HERMANA, HAZME LLORAR

Fuensanta:

dame todas las lágrimas del mar.

Mis ojos están secos y yo sufro

unas inmensas ganas de llorar.

Yo no sé si estoy triste por el alma

de mis fieles difuntos

o porque nuestros mustios corazones

nunca estarán sobre la tierra juntos.

 

Hazme llorar, hermana,

y la piedad cristiana

de tu manto inconsútil

enjúgueme los llantos con que llore

el tiempo amargo de mi vida inútil.

 

Fuensanta:

¿tú conoces el mar?

Dicen que es menos grande y menos hondo

que el pesar.

Yo no sé  ni por qué quiero llorar:

será tal vez por el pesar que escondo,

tal vez por mi infinita sed de amar.

 

Hermana:

dame todas las lágrimas del mar...

                   Ramón López Velarde

 

Como se ve, los poetas hispanos fueron más sutiles aún que el mismo Verlaine. Transitamos de Baudelaire que da nombre a la cosa, a López Velarde que describe la sensación sin llamarla por su nombre. Claro que en este proceso de sutileza, de lenificación de los sentimientos, no tuvo poco que ver Bécquer, pero de él y sus influencias nos ocuparemos en otro lugar.

Otro elemento básico del simbolismo, y que tiene no poco que ver con el nombre que adoptó, fue el de la mezcla de sensaciones y sentidos caprichosamente enlazados y contradictoriamente percibidos, el famoso soneto “Correspondencias” de Baudelaire se convierte en una verdadera arte poética para los simbolistas. Todos los poemas de éstos tratarán de recrear figuras literarias donde la metáfora tradicional sede el lugar a la sinestesia. Veamos el poema de Baudelaire, luego fragmentos de simbolistas y modernistas.

 

CORRESPONDENCIAS

La Creación es un templo de entre cuyos pilares

hay palabras confusas que acertamos a oír;

pasa el hombre a través de los bosques de símbolos

que le observan con ojos habituados a vernos.

 

Cual larguísimos ecos que a lo lejos se funden

en lo que nos parece unidad oscura y honda,

vasta como la noche, vasta como la luz,

corresponden perfumes a colores y músicas.

 

Hay perfumes tan frescos como carnes de niños,

suaves sones de oboes, verdes como praderas,

como hay otros corruptos, triunfales, pletóricos,

 

que se expanden igual que lo que es infinito,

como el ámbar y el almizcle, el benjuí y el incienso,

arrebato sonoro de sentidos y de alma.

 

MANOS

Tienen así, esas manos secas,

bajo sus pelos erizados,

un aire frío, cual si fueran

presas de pensamientos malos.

 

Negra inquietud que les asalta

su casi-sueño siempre inquieto,

les hace hacer siniestra mueca,

aun cuando son manos sin gesto.

                                  Paul Verlaine

 

 

 

SIENDO HERMOSO

Ante una nieve, un Ser de Belleza de alta talla.  Silbidos de muerte y círculos de música sorda hacen subir, ensancharse y temblar como un espectro ese cuerpo adorado...

REALEZA

Una hermosa mañana, entre un pueblo fuerte y dulce, un hombre y una mujer soberbios gritaban en la plaza pública...

                                       Arthur Rimbaud

LAS VENTANAS

Harto del hospital y del incienso fétido

que sube en la blancura banal de las cortinas

hacia el gran crucifijo hastiado en la pared,

el moribundo vuelve, hosco, una vieja espalda,

y a rastras va, no tanto por calentar su hedor

cuanto por ver al sol en las piedras...

                                        Stephan Mallarmé  

 

PLEGARIA

Los cráteres dormidos de sus bocas 

dan la ceniza negra del Silencio; 

mana de las columnas de sus hombros

la mortaja copiosa de la Calma...

Piedad para las pulcras cabelleras

“místicas aureolas” 

peinadas como lagos 

que nunca airea el abanico negro, 

                              Delmira Agustini

 

 

LAS VOCES TRISTES

El infinito blanco... 

sobre el vasto desierto 

flota una vaga sensación de angustia,

de supremo abandono, de profundo y sombrío desaliento. 

                              Ricardo Jaimes Freyre

 

 

DECORACIÓN HERÁLDICA

Mi dulce amor, que sigue sin sosiego,

igual que un triste corderito ciego,

la huella perfumada de tu sombra,

                               Julio Herrera y Reissig

 

El simbolismo también heredó al modernismo una actitud vital nihilista, que podemos atribuir a varias fuentes, una de ellas es el existencialismo, en especial de Schopenhauer, pero también está asociado al desarraigo social de los artistas en este fin del siglo XIX.  Esta condición se encierra en la figura del dandi, que veremos por separado, y que mucho tiene que ver con la actitud iconoclasta y subversiva que retoman de Baudelaire. En el caso de los modernistas, todos ellos también se sintieron los poetas malditos, los desclasados, pero a diferencia de los simbolistas franceses, sus posiciones sí se acercaron a cierta actitud de crítica social y produjeron algunas pequeñas obras que recuerdan a la posición crítica del realismo. Ahora bien, es conveniente hacer la diferencia entre la simpatía por el oprimido obrero, (que es la simpatía de los realistas y de Darío. Véase el cuento “El Fardo” de este último) y por el lumpen proletario, es decir el clochard, el out clase, el alienado.  Por este último sí tenían simpatía Baudelaire y los simbolistas, pero hay en este gesto una actitud romántica, de identificación de marginalidades. Si bien el obrero y el clochard son pobres y socialmente marginados, las diferencias sociales sí son significativas.

        Habría otros muchos aspecto del simbolismo que pasan al modernismo por ver, pero prolongar por más tiempo este repaso lo haría por demás muy pesado, así que queremos concluir con la alusión a un último aspecto que nos parece de trascendente importancia, como los hasta ahora explicados. Nos referimos al contacto que hubo entre la escuela pictórica impresionista y la escuela poética del simbolismo y—por efecto de esta última—con el modernismo hispanoamericano. Hasta aquí pues lo referente al simbolismo. Desarrollaremos más adelante las relaciones impresionismo-modernismo.

 

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