ASPECTOS DEFINITORIOS
EL PARNASIANISMO
Se considera al parnasianismo, movimiento literario francés, como heredero directo del neoclasicismo, que hasta bien entrado el siglo XIX no se había alejado del gusto de los franceses, sobre todo en el campo del teatro. Este gusto por el antiguo mundo clásico en el siglo XIX se puede remontar a los mismos románticos, que a pesar de haber atacado los principios estéticos del neoclasicismo, nunca se alejaron de la temática clásica, es decir de la antigua Roma y Grecia. El mismo Baudelaire o Théophil Gautier, importantes poetas románticos, cultivaron en su poesía la temática clasicista.
A mediados del siglo XIX, y cuando buena parte de las ideas estéticas románticas se encontraban, si no agotadas, por lo menos más que reconocidas, surge con gran fuerza un movimiento de poetas parisinos que, retomando la temática griega y latina de los neoclásicos, pero sobre todo de los románticos, construyen una escuela literaria que iba más allá de una simple asimilación de la temática clásica, para romper con un principio romántico tan explotado: la pasión. Ante ésta opusieron la frialdad expresiva. Dicha escuela se construye en torno de una publicación titulada “El Parnaso Contemporáneo” aparecida en 1866, 1869 y 1876. Dicho grupo toma pues el nombre de su publicación, y como moderno monte de Apolo, ahora en París y ya no en Delfos, inspirarán sus musas decimonónicas a poetas como Leconte de Lisle, Banville, José Maria de Hérédia, Catulle Mendès y Fraçoise Coppée.
El parnasianismo tiene como ideal la impasibilidad, el no conmoverse ante nada, incluso ante una verdadera tragedia mayúscula, tal hace la Helena de Julián del Casal cuando mira la destrucción de Troya y conserva su languidez femenina representada en el lirio que sostiene su rosada mano.
HELENA
Luz fosfórica entreabre claras brechas
En la celeste inmensidad y alumbra
Del foso en la fatídica penumbra
Cuerpos hendidos por doradas flechas;
Cual humo frío de homicidas mechas
En la atmósfera densa se vislumbra
Vapor disuelto que la brisa encumbra
A las torres de Ilión, escombros hechas.
Envueltas en veste de opalina gasa,
Recamada de oro, desde el monte
De ruinas hacinadas en el llano,
Indiferente a lo que en torno pasa,
Mira Helena hacia el lívido horizonte
Irguiendo un lirio en la rosada mano.
El parnasianismo también opone al realismo, con el cual se le ha asociado, el arte por el arte; es decir, que frente al compromiso social de Zola y otros muchos, Leconte y Hérédia se proponen hacer un arte refinado y culto, donde su único objetivo sea expresar la belleza y la armonía, mejor aún si esa armonía y esa belleza se expresa con motivos como las ninfas, las esculturas clásicas, los templos jónicos, o los hexámetros latinos. Cuando Rubén Darío escribe en su libro Azul... el cuento “La ninfa”, inevitablemente está construyendo un cuento parnasiano ya que todos los personajes, rodeados de un ambiente grecolatino, practican el arte por el arte. El ideal de todos ellos, pero en particular del narrador, es encontrar una encarnación del ideal de perfección, dicho ideal sólo podía estar en la belleza, mejor aún, en la belleza femenina.
La principal y mayor influencia que dejará en el modernismo, a parte de lo antes señalado, estará el gusto por la perfección del verso bien hecho, la musicalidad o el ritmo son fenómenos realmente extraños en nuestra tradición hispana, ya que después de casi dos siglos (todo el XVIII y buena parte del XIX) nuestra literatura adolece de graves problemas y graves pobrezas, una de ellas es la mediocridad de sus artistas: ¿Qué buen escritor produjo hispano América durante el neoclasicismo, el romanticismo o el realismo? ¡ninguno! Darío tiene muy clara esta situación cuando, en sus “Palabras liminares” a las Prosas profanas dice: “Por la absoluta falta de elevación mental de la mayoría pensante de nuestro continente, en la cual impera el universal personaje clasificado por Remy de Gourmont con el nombre de Celui-qui-ne-comprend-pas. Celui-qui-ne-comprend-pas es entre nosotros, profesor, académico correspondiente de la Real Academia Española, periodista, abogado, poeta, rastaquère”.
El parnasianismo era tan importante para la poesía hispanoamericana como lo es el agua para quien está perdido en el desierto. Cuando Verlaine les reprocha a estos poetas hispanohablantes sus gustos juveniles por Leconte o Banville se evidencia que el gran maestro de ellos, Verlaine, no había comprendido la impostergable necesidad de rehacer la tradición literaria hispana a partir de la calidad antes que de la tradición, y que antes de esa iconoclastia de los poetas malditos necesitaban transitar por la calidad artística; una vez ajustadas estas cuentas, asumir al decadentismo y el simbolismo fue uno y lo mismo.
Así pues, la gran variedad de versos que habrán de cultivar los modernistas, que van desde el soneto alejandrino hasta pasar por los hexámetros, les vendrá de los parnasianos, quienes rehicieron la sintaxis latinizante. Obsérvese cómo en los siguientes versos de Hérédia se fuerza la expresión para dejar al final de la oración el verbo, como se haría en latín, pero no en francés o en español: “Que los alados soplos del aire, en raudo coro,/ formen brisas balsámicas, redoblen el aliento,/ y la nave conduzca -la vela inflada al viento-/ hacia extranjeras playas, por sobre el mar sonoro.” Darío, más atrevido que Hérédia, en “El coloquio de los centauros” hace decir a Quirón: “Calladas las bocinas a los tritones gratas,/ calladas las sirenas de labios escarlata,/ los carrillos de Eolo desinflados, digamos/ junto al laurel ilustre de florecidos ramos la gloria inmarcesible de las Musas”.