Nausicaa arroja la pelota al estanque, anónimo

TÓPICOS MODERNISTAS

EL CISNE

El cisne ha sido un tema y un símbolo desde la antigüedad. Uno de los referentes  inmediatos lo tenemos en la presencia de los cisnes en la mitología greco-latina. Zeus se transforma en cisne para raptar a Leda, unos cisnes tiran del carro de Apolo y los cisnes suelen ser trasuntos de Afrodita y Artemisa. En las antiguas mitologías nórdicas también tiene un papel relevante, siendo símbolo de la luz y la pureza celeste. Como tema en el arte aparece desde hace muchos siglos, en los murales vidriados de Roma, en la pintura de Leonardo da Vinci, en los sonetos barrocos de Góngora, etc. Pero es el romanticismo en donde cobra una fuerza hasta antes nunca tenido.

Los románticos lo relacionaron, como en los mitos, con la luz, la pureza y la elegancia. Como símbolo, los modernistas lo asociaron además con los elementos de la cábala y el panteísmo, por los cuales Darío tenía mucho interés y conocimiento. Para los modernistas fue un símbolo sagrado pero también una representación del mismo artista: hermoso, sagrado, dador de la luz y, en fin,  de muerte dramática: daba su mejor canto en la agonía. El tema del cisne les viene también a los modernistas por vía de los parnasianos, ya que ellos gustaban del tema por la sobriedad y la elegancia que se le atribuye a esta ave, y que ellos -los parnasianos- pensaban así a su poesía: sobria y elegante.

De todos los tópicos modernistas el cisne es el más difundido, el más explotado y el que representa una de las facetas más amables del movimiento, por que en él -en el símbolo del cisne- hay elegancia, donosura, buena presencia. Se aleja del lado maldito y tenebroso del movimiento cuando habla de los vicios y el desarraigo. También es el tópico más denostado ya que representa el rostro más voluble y superficial del movimiento, y principal acusación en contra del modernismo: su superficialidad.

        Darío, a pesar de la transición que tiene a lo largo de la vida, nunca renunció a esa parte de su yo poético. Pudo haber roto con muchos oropeles de su estética, pero nunca con los cisnes. Acepta preocuparse por la realidad hispanoamericana pero, como él mismo dice en el más maduro de sus libros, “mi protesta queda escrita sobre las alas de los inmaculados cisnes”

 

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