| Cl�nica de Cirug�a General y Gastroenterol�gica Dr. Ramiro Gonz�lez Lozano |
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| CENTRO MEDICO HIDALGO Ave. Hidalgo 2425, Pte. Mezz. No. 3, Obispado, Monterrey, N.L. M�xico CP: 64060 Telefono (01-81)8318-6785y 86 Urgencias: RADIO (8) 380 45 00� Clave 121 |
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| LESIONES BENIGNAS DE ANO-RECTO | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
| FISURAS Las fisuras, algunas veces denominadas �lceras anales, se refierea las soluciones de continuidad en el revestimiento del conducto anal que no cicatrizan y que van acompa�adas de un repliegue cut�neo externo denominado hemorroide centinela.� La hemorroide centinela evita el drenaje libre de la superficie de la �lcera, y dificulta as� la cicatrizaci�n.� A menudo se encuentra una papila anal hipetr�fica en el interior.� La ulceraci�n causa fibrosis en el esf�nter por debajo de la fisura y con ello la manifestaci�n de dolor intenso. |
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| Los pacientes con fisuras presentan un dolor anal urente (sensaci�n de quemaz�n) durante la defecaci�n.� El dolor suele ser intenso y persiste un rato despu�s de la defecaci�n.� Es habitual que durante la defecaci�n sobrevenga cierta hemorragia, pero la cantidad de sangre no suele ser superior a algunas gotas.� Debido a los espasmos o contracciones del esf�nter del ano, se origina estre�imiento y mala funci�n de la defecaci�n, de modo que se forma un c�rculo vicioso debido al temor que experimenta el paciente de efectuar la defecaci�n, lo que conduce a evitar ir al ba�o y a limitar la ingesta de alimentos, y la siguiente defecaci�n produce incremento en el dolor para la defecaci�n.. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Habitualmente el tratamiento es quir�rgico, pero los anest�sicos de aplicaci�n t�pica (como la Xilocvaina enpomada) ofrecen un alivio temporal.� Los principios de la t�cnica quir�rgica se dirigir�n a la extirpaci�n de la varice centinela (hemorroide) y del tejido fibroso (Callo) del esf�nter situado por debajo de la �lcera o fisura.� Para la extirpaci�n se pr�ctica una incisi�n longitudinal alrededor de la base de la �lcera o fisura, para tratar de dejar solo tejido sano y extirpar la totalidad del tejido fibroso en forma de callo y luego practicar una sutira sobre tejido normal que facilita la cicatrizaci�n en 8 a 12 d�as, siguiendo las indicaciones del m�dico. � |
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| LESIONES TUMORALES Los tumores del ano y del recto son frecuentes y suponen un motivo de preocupaci�n, tanto para el cirujano como para el paciente, debido a que la incidencia de malignidad es en extremo alta.� El colon es la segunda localizaci�n, en orden de frecuencia, de cancer en el hombre y constituye el lugar de implantaci�n de tumores benignos en alrededor del 7% de la poblaci�n.� La mayor�a de los tumores del colon se originan en el recto y la parte final de colon. Los ultiomos 30 cms. llamados rectosigmoides. |
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| Tipos de tumores Los tumores de la regi�n anorrectal pueden encuadrarse en tres grupos seg�n el tipo de tratamiento indicado.� El primer grupo incluye las lesiones benignas en las cuales puede aplicarse un tratamiento de tipo local sin temor al fracaso; el segundo grupo consiste en las lesiones francamente malignas que precisan medidas quir�rgicas radicales para controlar su diseminaci�n; y el tercer grupo est� formado por aquellas lesiones equ�vocas que pueden ser tratadas por cualquier procedimiento quir�rgico seg�n cuales sean sus caracter�sticas cl�nicas.� Por fortuna, el tercer grupo es peque�o.� Al tratar las lesiones de la regi�n anorrectal hay que tener en cuenta que, en la terap�utica, tan peligroso es pasarse como quedarse corto. |
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| S�ntomas Los tumores benignos y malignos de la regi�n anorrectal pueden ser del todo asintom�ticos, pero esto ocurre pocas veces; el estudio de 1,000 sujetos asintom�ticos en edad de c�ncer no demostr� un carcinoma anorrectal en ninguno de ellos.� La mejor esperanza para la prevenci�n del carcinoma, es el diagn�stico y el tratamiento de las lesiones benignas antes que sobrevengan degeneraciones malignas.� Las lesiones benignas que pueden sufrir esta transformaci�n son los adenomas.� Aunque no todos los adenomas benignos llegan a hacerse malignos, es necesario resecar todos los tumores del recto. |
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| Los s�ntomas producidos por los tumores malignos son principalmente la hemorragia y el cambio en el h�bito intestinal.� La hemorragia puede ser copiosa con la consiguiente anemia o hipotensi�n, o concluir s�lo en una insignificante mancha de sangre.� El cambio en el h�bito intestinal es el segundo s�ntoma m�s significativo debido a los tumores del recto y este cambio puede consistir tanto en estre�imiento como en diarrea.� Fundamentalmente, un cambio en el h�bito intestinal es m�s significativo que el tipo de defecaci�n.� Todo paciente que manifieste un cambio en su h�bito intestinal, necesita ser explorado para excluir la posibilidad de un tumor de colon. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
| El cambio que se manifiesta con m�s frecuencia es un estre�imiento pertinaz, aunque algunos pacientes sufren una frecuencia progresivamente creciente en la defecaci�n.� Las alteraciones en las caracter�sticas de la defecaci�n se presentan en un per�odo tard�o, en el curso del crecimiento del tumor y significan que la luz del recto est� ya seriamente obstruida por la neoformaci�n. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Los carcinomas espinocelulares del recto y del ano suelen causar dolor, cuando se encuentran cerca de la l�nea dentada, aunque otros tumores de tipo histol�gico y de mayor tama�o, situados m�s externamente, raras veces son dolorosos.� Resultan m�s frecuentes las obstrucciones tumorales de la porci�n izquierda del colon que las de la derecha.� Los s�ntomas de la obstrucci�n son: distensi�n abdominal, dolor abdominal y, m�s adelante en el curso de la afecci�n, v�mitos.� Es evidente que, cuando aparece una obstrucci�n se debe a que el paciente ha demorado en exceso su visita al m�dico; raras veces se presenta una obstrucci�n aguda de la porci�n izquierda del colon por lesiones previamente asintom�ticas.� Cuando aparece la obstrucci�n, el pron�stico es peor que si �sta no se hubiera presentado; la tasa de supervivencia a los 5 a�os es un 50% m�s baja en los pacientes con obstrucci�n que en los que sufren lesiones similares pero carecen de s�ntomas obstructivos. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Diagn�stico El diagn�stico de los tumores tanto malignos como benignos del ano y del recto, se obtiene por la observaci�n visual, la palpaci�n, y el examen histol�gico de la lesi�n.� De todas las modalidades diagn�sticas utilizadas para detectar y clasificar las lesiones malignas y benignas del ano y del recto, la m�s �til en vistas al diagn�stico precoz es la palpaci�n.� La exploraci�n digital requiere de un equipo m�nimo: un guante o un dedil y un lubricante. |
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| El explorador coloca al paciente en una posici�n que facilite la introducci�n suave del dedo en el recto.� Esta posici�n puede ser la genupectoral, de rodillas, o la posici�n ginecol�gica.� Se introduce suave y lentamente el dedo �ndice en el recto y se observan en el ano posibles signos de induraci�n o hinchaz�n; a continuaci�n se palpan todas las paredes del recto.� Cuando se percibe una tumoraci�n debe intentarse determinar su dureza, su localizaci�n exacta y las caracter�sticas de la base de implantaci�n.� Se intentar� entonces palpar toda la lesi�n, dedicando una atenci�n especial a determinar su firmeza, debido a que las lesiones firmes sugieren un tumor maligno.� Se realizar� tambi�n el intento de evaluar el grado de fijaci�n de la lesi�n a la superficie mucosa y a las estructuras submucosas.� Si la lesi�n es anular, se determinar� el tama�o de la luz, a trav�s de la lesi�n, antes de introducir ning�n instrumento.� Los carcinomas de colon de crecimiento r�pido tienden a invadir la pared rectal y a extenderse m�s all� de ella.� Estas lesiones tienen una superficie intraluminal peque�a lo cual reviste considerable inter�s para el abordaje quir�rgico al tumor. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Despu�s de la palpaci�n se procede a la observaci�n del tumor anorrectal, observaci�n que se lleva a cabo mediante diferentes instrumentos diagn�sticos, como el anoscopio, el proctoscopio y el sigmoidoscopio.� El instrumento elegido ha de poseer un sistema de iluminaci�n adecuado y una longitud y un calibre que permitan introducirlo con facilidad y exactitud a trav�s del ano.� Es preciso determinar el tama�o de la lesi�n y consignar su distancia por encima de la l�nea dentada y el grado de obstrucci�n presente. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Por lo general se necesita cierta preparaci�n del paciente para esta exploraci�n.� La preparaci�n consiste en una enema de limpieza, que puede practicarse inmediatamente o varias horas antes de la exploraci�n.� En la actualidad se dispone de ciertos supositorios que estimulan la evacuaci�n de las heces con la eficacia suficiente para dejar preparado el intestino.� Se han seleccionado varias posiciones para practicar esta exploraci�n y el cirujano necesita estar familiarizado con ellas.� Jackman ha publicado una detallada descripci�n de la t�cnica de la proctoscopia. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Son caracter�sticas importantes para evaluar una tumoraci�n rectal, su nivel por encima de la l�nea dentada, su tama�o, la presencia o ausencia de �lceras y el grado de obstrucci�n.� Para determinar su nivel debe tomarse como referencia un punto fijo, que puede ser la l�nea dentada o el reborde anal.� El significado de esta medida es obvio para la selecci�n del tipo de operaci�n necesario para extirpar la lesi�n. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
| P�lipos y lesiones benignas El tratamiento de las lesiones benignas del ano y del recto tiene como objetivo extirpar la tumoraci�n sin resecar el �rgano.� Esto se consigue ya sea cauterizando la lesi�n ya resec�ndola.� Esto �ltimo resulta m�s satisfactorio debido a que puede as� disponerse de toda la lesi�n para su examen histol�gico.� Destruirla con la coagulaci�n el�ctrica constituye el m�todo m�s sencillo y resulta, adem�s satisfactorio. |
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| Para la extirpaci�n local de una lesi�n del recto se utiliza un agente anest�sico apropiado.� Se hace presa en la lesi�n a fin de colocar una sutura o un clamp por debajo del tumor y as� controlar la hemorragia.� Se diseca entonces la lesi�n y se coloca una fila de suturas que cierren el defecto resultante. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
| La electrocoagulaci�n tiene por objeto destruir el tumor y coagular los vasos existentes en la vecindad inmediata.� A este fin, se utilizan sistemas de coagulaci�n especiales seg�n el tama�o de tumor que se desea destruir; estos sistemas generan una corriente el�ctrica de un voltaje un extremo elevado alto y de alta frecuencia, pero de un amperaje ultrabajo.� La corriente destruye el tumor al quemarlo.� Este procedimiento es seguro, y puede realizarse en cualquier porci�n del intestino que sea asequible.� Las lesiones peque�as son susceptibles de quemarse hasta que queden del todo carbonizadas, en muy poco tiempo, pero las lesiones de mayor tama�o precisan de coagulaciones repetidas hasta conseguir su destrucci�n y desprendimiento. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Lesiones vellosas Las lesiones vellosas del recto son especiales debido a que seg�n parece, tienen m�ltiples puntos de origen, mientras que el p�lipo adenomatoso habitual procede de un solo punto.� El lugar de origen de las lesiones vellosas es, a veces, tan amplio que abarca toda la circunferencia del recto en una distancia de varios cent�metros.� Por lo general esas lesiones son blandas y relativamente finas, y producen gran cantidad de moco.� La producci�n de moco de las lesiones vellosas de localizaci�n alta en el intestino, es a veces tan excesiva y contiene tan alta concentraci�n de electr�litos, que existe el riesgo de provocar, incluso, un desequilibrio electrol�tico debido a esta p�rdida.� Los bordes de las lesiones vellosas suelen estar poco definidos, y por lo mismo es dif�cil electrocoagularlas adecuadamente. |
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| Existen dos tipos de lesiones vellosas: adenocarcinomas malignos de tipo velloso y adenomas vellosos benignos.� A menudo es dado encontrar un adenocarcinoma en una lesi�n vellosa, pero la mayor�a de las lesiones son benignas.� La malignidad oscila entre un grado bajo y un grado alto. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
| En todas las lesiones vellosas se requiere una extirpaci�n total y un examen histol�gico.� En el momento de realizar el tratamiento hay que considerar las lesiones vellosas como potencialmente malignas, en tanto no se demuestre lo contrario y, al determinar la naturaleza de la lesi�n, el explorador debe dedicar una atenci�n especial a su consistencia.� Si se aprecia una zona firme, de ah� se tomar�n muestras para el examen microsc�pico.� Si el tratamiento elegido es la electrocoagulaci�n, es preciso obtener muestras bi�psicas repetidas de la lesi�n durante el curso del tratamiento.� De un 15 a un 25% de las lesiones vellosas son adenocarcinomas y tienen que tratarse como tales. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
| El tipo de tratamiento requerido por una lesi�n vellosa depende de su tama�o, localizaci�n y posible malignidad.� En las lesiones relativamente peque�as y f�cilmente accesibles, cabe realizar la extirpaci�n local.� En las lesiones m�s grandes y situadas en la mitad del recto, puede practicarse una proctotom�a posterior y resecci�n en cu�a de la porci�n de intestino que contiene la lesi�n.� Las lesiones vellosas anulares requieren una extirpaci�n amputadora (por abordaje transanal).� Las lesiones vellosas de localizaci�n m�s alta (sean anulares o no), pueden tratarse en forma adecuada por electroagulaci�n, siempre que se tomen muestras repetidas para determinar la posibilidad de un c�ncer y siempre que la cauterizaci�n sea fraccional, de tal forma que la cicatriz no sea demasiado amplia. � |
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| Indicaciones para el tratamiento quir�rgico El objetivo de cualquier intervenci�n quir�rgica es el restablecimiento r�pido de un estado fisiol�gico normal con la m�nima ayuda artificial.� Esto puede conseguirse con facilidad despu�s de una intervenci�n anorrectal, si se siguen las siguientes reglas operatorias y postoperatorias: |
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| 1.�� Antes de una operaci�n anorrectal debe hacerse una exploraci�n completa y detallada del ano, del recto y del colon 2.�� Los tejidos tienen que manipularse con suavidad y solo se resecar�n aquellos que sean causantes de s�ntomas.� El ����� resultado est�tico no es importante. 3.�� Se inspeccionar� diariamente la herida anal para detectar precozmente una impactaci�n fecal que requiere una r�pida ����� correcci�n. 4.�� Es preciso restablecer cuanto antes el h�bito intestinal normal, con una dependencia nula o m�nima de los laxantes, de tal ����� forma que la contracci�n anal sea m�nima o nula.� Cuando se establezca un h�bito intestinal normal, raras veces ser� ����� necesario practicar dilataciones mec�nicas. 5.�� Las contracciones esfinterianas voluntarias han de ser pronto demostrables.� Debe mejorarse, mediante ejercicios, el tono ����� esfinteriano. 6.�� Ev�tese dejar en el ano o en las heridas anales apositos de ning�n tipo ni tubos durante m�s de 18 horas, ya que provocan ����� una hiperdistensi�n del esf�nter o separan los bordes de la herida. |
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| ENFERMEDADES NO TUMORALES | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Abscesos anales En la regi�n lateral al ano y recto se encuentran varios espacios en los cuales es posible la formaci�n de abscesos.� Para el tratamiento quir�rgico de los abscesos es fundamental poseer un conocimiento exacto de los l�mites anat�micos de estos espacios y del significado de cada uno de ellos.� Los abscesos se originan, a veces, por estados inflamatorios del ano, del recto o del colon, o debido a perforaciones que ocurren ya sea en la pared rectal ya procedentes de alguna fuerza externa.� Los s�ntomas relacionados con los abscesos pueden ser generales o locales.� Los s�ntomas generales consisten en fiebre, escalofr�os, n�useas, v�mitos y malestar.� Los s�ntomas locales son sobre todo, dolor, hinchaz�n, tenesmo y disuria.� Al igual que ocurre en cualquier proceso inflamatorio, puede haber leucocitosis.� El tratamiento fundamental de los abscesos perianales y perirrectales consiste en la incisi�n amplia y drenaje.� Se tomar� una muestra del material purulento obtenido, a fin de llevar a cabo un estudio bacteriol�gico.� Por lo general no se consigue mucho alivio con los antibi�ticos cuando existe un absceso agudo activo, pero pueden utilizarse una vez practicada una incisi�n amplia y establecido un drenaje apropiado.� El tratamiento antibi�tico de elecci�n depender� del informe del bacteri�logo.� Los abscesos se clasifican y dividen en los situados por debajo de los m�sculos elevadores y los localizados encima de estos m�sculos. |
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| Abscesos infraelevadores Existen abscesos perianales, subcut�neos e isquiorrectales, situados por debajo de los m�sculos elevadores y procedentes, en general, de una cripta anal infectada.� La mayor�a de estos abscesos se presentan en el espacio retroanal.� Los abscesos isquiorrectales son m�s grandes y est�n en situaci�n lateral al ano, pero por debajo de los m�sculos elevadores.� A menudo proceden tambi�n de un cripta anal infectada.� El tratamiento de todos los abscesos infraelevadores consiste en el drenaje amplio.� Debe practicarse una incisi�n en cruz tan cerca como sea posible de las m�rgenes del ano y en el cuadrante en que est� situado el absceso a la cripta infectada.� De la incisi�n y drenaje de estos abscesos suele resultar una f�stula anal.� Con frecuencia puede practicarse una fistulotom�a durante la fase aguda de un absceso, siempre que la celulitis asociada al absceso sea m�nima. |
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| Abscesos supraelevadores Estos abscesos son, a veces, submucosos, pelvirrectales o retrorrectales.� Los abscesos submucosos supraelevadores proceden por regla general de una cripta anal infectada que ha traspasado por encima de la l�nea dentada.� Los abscesos pelvirrectales se originan a partir de una fisura en la pared rectal por encima de los m�sculos elevadores y son de etiolog�a quir�rgica o traum�tica.� Estos abscesos amenazan con provocar un estado de enfermedad aguda con fiebre muy alta e incluso suponen, a veces, un riesgo vital.� Es imprescindible la incisi�n r�pida y adecuada de la masa fluctuante.� Tiene que drenarse el absceso a trav�s de la pared rectal a la luz del recto; no es necesario establecer un drenaje al exterior a trav�s de la piel.� Del drenaje externo de los abscesos supraelevadores suele resultar una f�stula que pasa bien por debajo de los esf�nteres. |
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| F�stulas Las f�stulas son comunicaciones anormales establecidas entre un �rgano hueco y el exterior o entre dos �rganos huecos.� Las f�stulas pueden proceder de abscesos o de un trauma que establezca una soluci�n de continuidad en el epitelio rectal o anal.� Por lo general, las f�stulas se presentan despu�s de la formaci�n de un absceso o por infecci�n secundaria de un seno.� Cuando un absceso se asocia a una f�stula suele denominarse absceso fistuloso.� Este tipo de cavidades abscesuales encierra, en algunos casos, cuerpos extra�os y constituye el lugar de donde cabe extraer material para la identificaci�n de bacterias u hongos pat�genos.� El tipo habitual de f�stula anal procede de un conducto anal que se ha infectado secundariamente a una obstrucci�n.� La cavidad del absceso aumenta de tama�o y se acumula en ella el pus.� Debido al aumento de tama�o el absceso progresa siguiendo las l�neas de menor resistencia; minando por debajo del esf�nter o de los fasc�culos del esf�nter externo, el absceso llega a aflorar al exterior. |
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| Tambi�n es posible que avance en direcci�n cef�lica y apunte al interior del recto.� La apertura secundaria del absceso sobreviene cuando se rompe en forma espont�nea o cuando es drenado quir�rgicamente.� Las f�stulas pueden clasificarse seg�n el espacio parianal que atraviesan o seg�n la localizaci�n de la apertura secundaria. (ya sea interna o externa). | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Tipos poco frecuentes Aunque la f�stula anal suele presentar una apertura primaria a nivel de la l�nea dentada, en algunos casos la apertura tiene una localizaci�n m�s alta en el recto o incluso en el rectosigma.� Por fortuna este tipo es raro, ya que su tratamiento resulta bastante m�s complejo.� Una f�stula cuya apertura primaria est� situada m�s arriba de la l�nea dentada o de la regi�n rectal inferior, tiene que ser sometida a las medidas diagn�sticas suficientes para determinar la localizaci�n exacta de su apertura primaria.� En las f�stulas originadas en el rectosigma, al igual que en los abscesos p�lvicos debidos a diverticulitis, es preciso utilizar m�todos radiol�gicos de contraste para determinar su extensi�n.� A fin de facilitar la introducci�n del medio de contraste, se introduce un cat�ter uretral a trav�s de la apertura secundaria y se lo hace avanzar suavemente a lo largo del trayecto fistuloso antes de inyectar el medio de contraste (Diodrast).� Es menester practicar radiograf�as en proyecci�n lateral.� En ocasiones, puede encontrarse un seno retroanal con un seno paranal infectado.� Esto no son verdaderas f�stulas y hay que pensar en la posibilidad de un quiste precocc�geo de origen teratomatoso.� Un absceso prost�tico origina, a veces, f�stulas ureterorrectales.� Este tipo de absceso se presenta raras veces, pero tiene que sospecharse siempre que un paciente var�n sea portador de una absceso o una f�stula localizados en la l�nea media anterior y extendido cef�licamente.� Las f�stulas tuberculosas son raras, pero han de tomarse en consideraci�n siempre que un absceso fistuloso manifieste una reacci�n h�stica m�nima en su pared. |
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| Generalmente, el 85% de los abscesos fistulosos alrededor del ano son completos, estando la apertura primaria en el canal anal o en el recto.� El restante 15% de estos llamados abscesos fistulosos, de hecho no son fistulosos y entre ellos se incluyen entidades tales como la hidroadenitis supurativa y las criptas retroanales asociadas a quistes precocc�geos y fur�nculos pararrectales. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Diagn�stico Casi siempre puede identificarse con facilidad la apertura secundaria de la f�stula de ano, pero su relaci�n con el reborde anal y su localizaci�n, ya sea anterior o posterior, tiene que determinarse con precisi�n.� Si la apertura secundaria de una f�stula se encuentra a menos de 4 cm del reborde anal y es de situaci�n posterior a una l�nea trazada transversalmente a trav�s del ano, la apertura primaria estar� en una cripta en el cuadrante posterior del ano, por lo general en la l�nea media posterior.� Si la apertura secundaria es anterior a la l�nea imaginaria que divide transversalmente al ano y est� localizada a menos de 4 cm del reborde anal, la apertura primaria estar� en el cuadrante anterior del ano.� Si la apertura secundaria est� a m�s de 4 cm de distancia del reborde anal y en el cuadrante anterior, la apertura primaria estar� en el cuadrante posterior del ano.� Estos principios se denominan regla de Salmon. |
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| Antes de iniciar cualquier tratamiento es preciso localizar la apertura primaria de la f�stula, pero s�lo en raras ocasiones podr� identificarse de manera positiva antes de practicar una exploraci�n del ano bajo anestesia.� El curso del trayecto fistuloso se determina por exploraci�n rectal bidigital; esto es, colocando el dedo �ndice en el canal anal, puede palparse el trayecto entre el �ndice y el pulgar que hace compresi�n contra los esf�nteres sobre la zona sospechosa.� Esta exploraci�n debe llevarse a cabo con toda atenci�n debido a la relativa cortedad del canal anal.� Las lesiones rectales bajas y anales no son palpables de manera adecuada, si se introduce demasiado el dedo en el recto; de esta forma, pueden pasarse por alto tales lesiones. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Tratamiento El principio fundamental del tratamiento de cualquier f�stula consiste en la obliteraci�n de su apertura primaria.� Este principio es aplicable tanto a� las f�stulas anales como a las originadas en cualquier otro �rgano hueco.� Para el tratamiento de las f�stulas anales son necesarias algunas modificaciones debido a la proximidad de la apertura primaria con la secundaria y a la posici�n del trayecto fistuloso a trav�s de unas estructuras tan irremplazables como son los esf�nteres.� Una vez identificada la apertura primaria, se pasar� una sonda desde la apertura� primaria a la secundaria, definiendo as� todo el trayecto fistuloso.� Para localizar la apertura primaria ser� una buena ayuda aplicar las reglas de Salmon previamente descritas.� Adem�s si se apresa con un clamp la apertura secundaria y se tira de ella de tal forma que el trayecto fistuloso quede en tensi�n, se pondr� de manifiesto la apertura primaria.� Aplicando esta tracci�n, el trayecto fistuloso, se enderezar� facilitando el paso de la sonda.� Se practica entonces una fistulotom�a seccionando las estructuras que rodean el conducto.� Con frecuencia es preciso cortar el esf�nter.� Sin embargo, esta secci�n del esf�nter no provoca necesariamente una incontinencia esfinteriana, puesto que muy raras veces es preciso seccionar todo el mecanismo esfinteriano.� Una vez disecada toda la longitud del conducto, se buscar�n ramificaciones secundarias.� La fistulectom�a est� indicada si el trayecto fistuloso se ha epitelizado.� Se recortan los extremos seccionados de la incisi�n de la fistulotom�a y el borde seccionando de la mucosa rectal cef�lica a la f�stula se sutura para conseguir la hemostasia.� Las heridas de fistulotom�a y de fistulectom�a no se someter�n a un ap�sito compresivo ya que esto dificulta una buena cicatrizaci�n y puede ser causa de incontinencia. |
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| No hay otro tratamiento que no sea el quir�rgico en caso de f�stulas; las sustancias esclerosantes no obliteran el trayecto fistuloso.� Sin embargo hay que insistir en que las f�stulas de origen alto en el recto pueden tener trayectos que pasen por debajo del esf�nter y, por lo tanto, no es posible realizar una fistulotom�a sin destruir por completo el mecanismo de continencia esfinteriano.� En tales f�stulas, est� indicado realizar la obliteraci�n de la apertura primaria con el legrado del trayecto fistuloso. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
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| Esta p�gina contiene informaci�n m�dica y orientaci�n para pacientes, de ning�n modo los s�ntomas o los padecimientos aqu� se�alados, con los respectivos consejos para la prevenci�n de complicaciones y que se relaciones con su persona,� no susbtituyen la evaluaci�n m�dica que deber� practicar su m�dico familiar o especialista de su elecci�n. Por lo tanto �stos conceptos deber�n tomarse solo como informaci�n o cultura m�dica. Si usted requiere de mayor informaci�n deber� acudir con su m�dico familiar de confianza o a la Instituci�n de Salud m�s pr�xima a su domicilio. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||
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