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"Un día hablaba yo a un grupo de gente, entre los que se encontraban infieles. Durante mi sermón, lloraban y se entusiasmaban: estaban en éxtasis".
Alguien preguntó: "¿Qué comprendían y cómo conocían estas palabras? Los más avanzados entre los musulmanes comprenden una palabra entre mil, ¿cómo podrían comprenderlas los infieles y llorar?"
El Maestro respondió: "No es necesario que ellos comprendan esos sermones en sí mismos. Comprenden lo que está en la fuente. Todos creen en la unidad de Dios, que Dios es el Creador, que da el pan cotidiano, que todo lo impregna y que para todas las cosas uno se remite a El, que el castigo y el perdón vienen de El. Cuando escucharon esos discursos que se referían a Dios y a Su memoria (dhikr) surgieron en ellos la inquietud, el deseo y la nostalgia, ya que a partir de esas palabras sintieron el perfume del Bienamado, el de Aquel que desean. Si los caminos son diferentes, el objetivo es único. ¿No sabéis que muchos caminos conducen a la Kaaba? Para algunos, el camino de la Kaaba pasa por Bizancio, para otros por Siria, para otros por Persia, para otros por China, para otros por el mar del lado de la India y del Yemen. Los caminos difieren más, el objetivo es único, todos los corazones coinciden con respecto a la Kaaba; hay una reciprocidad, un amor, y un gran afecto en el corazón por la Kaaba. Allí, no existe ninguna contradicción; el objetivo no pertenece ni a la infidelidad ni a la fe; cuando la gente lo alcanza, se aplacan todas las querellas, disputas y diferencias que surgieron en el curso de la ruta. Y aquéllos que se decían uno al otro, mientras recorrían el camino: "Tú has cometido agravios y eres impío", olvidan su discordia cuando llegan, ya que su intención era una sola.
Si el jarrón estuviera dotado de vida, sería el servidor del alfarero, y le ofrecería su amor. Algunos opinan que esa vasija que se fabricó, debe ser colocada sobre la mesa, y otros afirman que es necesario lavar su interior, unos piensan que es necesario lavar su exterior, y otros afirman que es necesario lavarla enteramente; otros, finalmente, consideran que no es necesario lavarla. Allí reside la diferencia. Pero en lo que concierne al hecho de que la vasija tiene ciertamente un creador y un fabricante, y que no se hizo a sí misma, todos coinciden. Regresando a los hombres, en el interior de su corazón y en secreto, ellos aman a Dios; están en Su búsqueda; tienen necesidad de El y confían en El, y, a excepción de El, no creen que nadie tenga poder y dominación sobre ellos. Esta concepción no es ni la de la impiedad ni la de la creencia; en la fuente ella no tiene nombre. Pero cuando el agua de la concepción corre desde la fuente hacia el canal de la lengua, y se congela, se transforma en imagen y frase; aquí ella se denomina impiedad y fe, bien y mal. De la misma manera, las plantas que germinan, al comienzo no tienen forma; al brotar son débiles y pálidas. Después, creciendo, se vuelven más verdes y carnosas, toman otro color. Así es que cuando el creyente y el impío se sientan juntos, si no se dicen ninguna palabra, es porque están de acuerdo. No hay represión en los pensamientos; en el mundo de los pensamientos está la libertad, ya que los pensamientos son sutiles y no se puede todavía transformarlos en juicio. "Nosotros juzgamos la apariencia, y Dios es maestro de las cosas escuetas"[1].
En tanto que los cuerpos, las representaciones, las imaginaciones y las ilusiones tienen cada una un mundo, Dios el Altísimo está más allá de esos mundos y no está ni en su interior ni en su exterior. Considera el dominio ejercido por Dios sobre los pensamientos: El les da formas sin utilizar medios, sin pluma y sin instrumento. Si tú partieras el corazón y lo dividieras en pequeños pedazos, no podrías encontrar allí esos pensamientos: ni en la sangre, ni en los nervios, ni en lo alto, ni en lo bajo, ni en ninguna parte del cuerpo; ya que son inmateriales y no contingentes, tampoco los encontrarás fuera.
Ya que el dominio de Dios sobre esos pensamientos es tan sutil que no deja rastros, considera cuánto más sutil y sin marca es Aquel que creó todas las cosas! Así como los cuerpos, en relación con las ideas de los hombres, son pesados y materiales, del mismo modo estas concepciones sutiles e inmateriales, parecen cuerpos y formas pesadas y materiales, en comparación con la sutileza de Dios.
Si el Espíritu Santo se mostrara sin velos, las inteligencias y las almas humanas serían consideradas como cuerpos[2].
"La Verdad eterna realizó la visión que Su mensajero recibió del Cielo. Si Dios lo quiere, entraréis en la mezquita inviolable, sanos y salvos"[3].
Todos dicen: "Nosotros entraremos en la Kaaba". Pero hay algunos que dicen: "Si Dios lo quiere", entraremos allí. Los que dicen: "Si..." son los enamorados, ya que el enamorado no está libre, siendo el Bienamado el que actúa. El dice: "Si el Bienamado lo quiere, entraré". Para los exotéricos, la Mezquita inviolable significa la Kaaba donde se reúne la gente. Para los enamorados y los amigos de Dios, la Mezquita inviolable designa la unión con Dios. Ellos dicen: "Si Dios lo quiere, nosotros Lo esperaremos y seremos honrados con Su visión".
Si nos esforzamos por explicar este secreto, incluso los santos unidos a Dios (awlya) perderán el hilo del discurso. ¿Cómo hablar a los hombres simples de semejantes secretos y "estados"?. "Al llegar aquí, la pluma se detiene"[4]. Aquél que no ve el camello en lo alto de la torre de la mezquita, ¿cómo, vería un cabello en la boca del camello?
Regresando a nuestra conversación: los enamorados que dicen: "Si Dios lo quiere", "esto depende del Bienamado; si el Bienamado lo quiere, nosotros entraremos en la Kaaba", están ligados a Dios. Allí nada existe a excepción de Dios. No hay lugar para otro; Dios entra en ellos después que se han aniquilado. "No hay nadie en la casa salvo El".
En lo que respecta a "la visión de Su Mensajero", esta visión es el sueño de los enamorados y de los creyentes sinceros (sidiq) y su interpretación se da en el otro mundo. Aquél que tiene un hermoso sueño en estado de vigilia es un âref (místico): pone su polvo en tus ojos.
Por otra parte, todo lo que pase en este mundo es como un sueño, cuya interpretación aparecerá en el otro mundo. Así, tú ves en sueños que montaste a caballo; eso significa que lograrás tu objetivo. ¿Qué relación hay entre el caballo y el objetivo? Si tú sueñas que se te dan dos monedas de oro, la interpretación es que escucharas palabras justas y buenas de un sabio. ¿Qué relación existe entre la moneda y las palabras? Si ves en un sueño que se te cuelga de una horca, eso significa que te convertirás en el jefe de un grupo de jóvenes. ¿Qué relación existe entre la horca y la condición de jefe? Sucede lo mismo para todas las situaciones del mundo, de las que dijimos que eran semejantes a un sueño. "Este mundo es como el sueño de aquél que duerme"[5]. Su interpretación, en el otro mundo, será diferente, no se asemejará al sueño. Es necesario un Intérprete divino para explicar, ya que todas las cosas le son develadas.
Algo similar sucede con un jardinero que entra en un jardín y echa un vistazo sobre los árboles. Incluso, si no hay frutos en las ramas, él sabe cuál es la palmera, la higuera, el granado, el peral, o el manzano. Como el intérprete posee este conocimiento, no hay necesidad de esperar la Resurrección para descifrar las interpretaciones: ya que por experiencia, él sabia ya que tal signo produciría tal resultado: el jardinero sabia también que tal árbol daría tal fruto.
Todas las cosas de este mundo, la riqueza, las mujeres, los vestidos, son deseados por lo que nos proporcionan y no son buscados por sí mismos. ¿No ves que si tienes cien mil dirhams, y tienes hambre y no encuentras pan, esos dirhams no te servirán de nada? La mujer está destinada a tener niños y a satisfacer la concupiscencia; los vestidos, a proteger del frío. De la misma manera, todas las cosas están ligadas a Dios el Altísimo. El es el Buscado por su esencia; se Le busca por Si mismo, no por otro, ya que El está más allá de todo, es mejor, más noble. y más sutil que todo. ¿Cómo se Le buscaría por algo menor que El? "El es el objetivo final: cuando se llega a El, se llegó al fin supremo, no se puede ir más lejos. Mi corazón no se vuelve hacia otro lugar, no tengo más dirección que Tú”.
Jamás el alma humana puede liberarse de las dudas y las dificultades, salvo si ella está enamorada; entonces, no hay en ella ni dudas, ni dificultades. "Tu amor por las cosas te torna ciego y sordo"[6]. Cuando Iblis rehusó posternarse delante de Adán, dijo: "Tú me creaste del fuego, y lo creaste a él de la arcilla"[7]: "Mi esencia es el fuego, y su esencia es la arcilla. ¿Cómo podría posternarse lo superior delante de lo inferior?". Y cuando Dios lo expulsó por su pecado y su oposición a El, dijo: "Oh mi Dios! Tú eres la causa de esta tentación. Ahora, Tú me maldices y me destierras". Dios le contestó: "Oh miserable! ¿No te avergüenzas de esas palabras?". Cuando Adán pecó, Dios el Altísimo lo expulsó del Paraíso. Y le dijo: "Cuando te reprendí y castigué por ese pecado, ¿por qué no discutiste conmigo? Tú tenias razones para hacerlo, sin embargo, no dijiste: "Todo viene de Ti y eres Tú quien hace todo lo que quieres en el mundo, y lo que Tú no quieres no se realiza jamás". Tu disponías de ese razonamiento claro y exacto, ¿por qué no lo expusiste?". Adán respondió: "Oh mi Dios, yo lo sabia, pero no renuncié a la cortesía hacia Ti, y el amor me impidió dirigirte reproches".
El Maestro dijo: "La ley religiosa (sharî'a) es semejante a un bebedero útil, el camino directo y la salvación. Es como la sala de audiencia (Dîwân) del rey, donde se cumplen todos los decretos, la prohibición, el castigo, la justicia para el pueblo y los notables. Y los decretos del rey son infinitos, innumerables, excelentes y plenos de utilidad. La estabilidad del mundo depende de ello. La condición del derviche y del faquir es la compañía del Rey, y el conocimiento de la ciencia de aquél que gobierna. ¿Qué relación existe entre el conocimiento de los decretos, la ciencia del que gobierna y la compañía del Rey? Son tres cosas muy diferentes.
Los compañeros y su condición se parecen muna escuela de Derecho canónico. El profesor enseña a cada estudiante los conocimientos según su capacidad; a uno se le enseña diez, a otro veinte, a otro treinta. Nosotros también hablamos a cada uno 'según su aptitud. `Habla a la gente según la medida de su inteligencia"[8].
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NOTAS
[1] Tradición profética, citada en el "Ihya", IV, p. 161.
[2] Cita extraída de un ghazal de Rumi.
[3] Corán, XLVIII, 27.
[4] Hemistiquio del poeta Khaqani.
[5] Citado en el "Ihya", III, p. 148. Cf. Mathnawi, I I I, 1300:q; 1736 seq.
[6] Hadith citado en el "Ihya", III, p. 25 y en el Kunuz, p. 56.
[7] Corán, VII, 12.
[8] Tradición profética citada en el "Uhya", I. p. 74 y por Bukhari, Sahíh, I, p. 24.