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            Es, importante que Ibn Châvish[1] deje de murmurar acerca del Sheikh Salah-ud-Din[2], pues esa actitud le será beneficiosa y alejará de él las tinieblas y los velos.

            En un principio, refiriéndose al Sheikh, Ibn Châvish, decía: "Los hombres abandonaban su patria, abandonaban a su padre, a su madre y a su tribu, para buscar a uno que conociera el perfume del otro mundo; y en el camino destrozaban las botas de hierro que habían construido para esa búsqueda. ¡Cuántos de ellos murieron en el desa­sosiego por no haberlo hallado!". Y ahora, cuando Ibn Chávish tiene la dicha de haber encontrado a semejante hombre en su propia casa, le vuelve la espalda. El afirma­ba, en relación al Sheikh de los sheikhs, Salah-ul Haqq wa'l-Dîn (que Dios perpetúe su reino), que su rostro ex­presaba grandeza y poder. Siendo que la expresión de su rostro no ha cambiado, ¿no será la mala intención y la ne­gligencia de Ibn Châvendish las que lo alejaron del Sheikh?

            ¿Qué agravio le causó el Sheikh Salah-ud-Dîn? Nin­guno; sólo que al ver que se precipitaba en el abismo, le dijo, movido por la piedad que experimenta para con to­dos los hombres: "No caigas en el pozo". Ibn Châvendish, entonces, se sintió herido por esa compasión.

            Aquél cuyos actos desagradan a Salah-ud-Dîn, se encuentra en el seno su cólera; permaneciendo allí, ¿có­mo podría encontrar la luz? Al contrario, como persiste en su actitud, se ennegrece cada vez más, envuelto en el humo del infierno. Entonces el Sheikh le aconseja: "No permanezcas bajo los efectos de mi cólera; abandona el lugar de mi ira y dirígete hacia mi misericordia. Cuando haces algo que me alegre, penetras en la morada de mi gracia; allí tu corazón se purifica y se vuelve lumi­noso".

            Los consejos del Sheikh son para su bien; sin embargo, Ibn Châvendish considera que la piedad y la compasión de aquél obedecen a ocultos motivos, a oscuras intencio­nes. Pero, ¿qué oculta intención podría albergar un hom­bre como Salah-ud-Din? Cuando Ibn Chávendish en­contró su goce en el vino prohibido, en el haschis, en la música, en ese momento, satisfecho, pleno, perdonó a sus enemigos y quiso besar sus pies y sus manos. En ese momento, incrédulo y creyente, fueron iguales ante sus ojos. Por lo tanto, el Sheikh, que está en el origen del go­ce, que posee océanos de goce ¿cómo podría guardar al­gún rencor hacia cualquiera? Cuando habla, lo hace movido por la piedad y la compasión hacia todas las cria­turas. ¿Cómo podría, aquél que posee la grandeza y la realeza, alimentar malas intenciones para con las langostas y las ranas?

 

            ¿No se ha dicho que el Agua de Vida se oculta en la os­curidad? Si detestas esa oscuridad, si te apartas de ella ¿cómo podrías encontrarla? Cuando tratas de estudiar la sodomía de los sodomitas, o la prostitución de las prosti­tutas, debes sortear mil obstáculos, soportar mil golpes y oposición a tu voluntad. ¿Cómo pretender, entonces, al­canzar la vida eterna, la morada de los profetas y los san­tos, sin disgustos, sin sufrimientos, sin renunciar a las posesiones?

            Los antiguos sheikhs ordenaban: "Abandona tu mujer y tus hijos, tu fortuna y tu rango, a fin de que nos apropiemos de ellos", y se los soportaba. Muy diferente es lo que aconseja el Sheikh, y, sin embargo, Ibn Châvendish, se resiste. "Puede ser que algo, detestable para vosotros, os resulte, no obstante, beneficioso"[3].

 

            La ceguera y la ignorancia están emparentadas. Los hombres, cuando se enamoran de una mujer, sacrifican fortunas, pasan por mil humillaciones, se esfuerzan día y noche para seducirla y lograr el placer de su corazón. Y no se apartan de este objetivo que los lleva.

            La ceguera y la ignorancia están emparentadas. Los hombres, cuando se enamoran de una mujer, sacrifican su fortuna, pasan por mil humillaciones, se esfuerzan día y noche para seducirla, para lograr el placer de su corazón. ¿Es menos importante el amor al sheikh y el amor a Dios?

            Si alguien, por un capricho, abandona al Sheikh criti­cando sus mandatos o consejos, debemos entender que no es un enamorado ni un buscador de la verdad, ya que si lo fuera, para su corazón, aún el excremento seria co­mo la miel y el azúcar.

 

 

 

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NOTAS

 

 

[1] En una de sus cartas (Mektubat, Teherán, 1957, p. 56) Rumi llama a Najmud-Din ibn Khurram Chavish, "Mi querido niño".

[2] Salah-ud-Din Zarkub; ver nota 4, cap. 21.

[3] Coran, II , 21 s.

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