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Alguien afirma: "Mawlana no habla".

Yo digo: ‘Es su imaginación la que atrae a esta persona; su imagen de mí no le dice: ¿Cómo estás?, o ¿Cómo te portas? Ella la con­duce sin palabras. De haber sido mi realidad quien la atra­jo, ¿qué habría de sorprendente?

 

La palabra es la sombra de la realidad y su accesorio. Si la sombra atrae, con mayor razón lo hará la realidad. La palabra es un pretexto. Lo que atrae a los hombres entre sí es la afinidad que los liga y no la palabra. Ver cien mil milagros y prodigios, sin comprender esta parte de la profecía y sin gozar de la santidad, no sirve para nada. Esa falta de correlación es la que trae inquietud y agi­tación.

Si en la paja no hubiera una parte de ámbar[1], ella jamás iría hacia el ámbar; una y otra poseen una homo­geneidad invisible y oculta.

Es su imaginación acerca de cada cosa la que impulsa al hombre hacia esa cosa. La imagen del jardín conduce al hombre hacia el jardín, la imagen del negocio hacia el negocio. Pero esas imágenes son tramposas. El hombre va hacia un lugar y después lo lamenta, diciendo: ‘Yo imagi­né que estaba bien, más no era verdad’. Esas imágenes son semejantes a velos y, detrás de cada velo, alguien se ocul­ta. Sin embargo, cuando la imaginación desaparece y las verdades se muestran sin velo, es la Resurrección: no pue­de haber arrepentimiento. Cada realidad que nos atrae no es más que esta realidad y no otra; ella es siempre la misma.

 

El día en que los secretos serán puestos a prueba[2]. En verdad la cosa que atrae es siempre una, pero aparen­ta ser muchas (Se me responderá): ‘¿Acaso los deseos del hombre no son diversos?’ El dice: ‘Yo quiero comer el Toutmaj[3], el Bourak[4], el Halva[5], el Oelya[6], los frutos, los dátiles'. A1 parecer, esos manjares difieren en­tre sí, sin embargo, cuando está satisfecho, el hombre di­ce: `No deseo más nada'. Es evidente que no había, en el origen de su deseo, ni diez ni cien cosas, sino sólo una: el hambre.

 

Los hemos enumerado solamente para ponerlos a prue­ba[7]: Esta multiplicidad de criaturas no es sino una prueba. Se dice, entonces, que éste es uno y aquéllos son cien; que el santo es uno y los hombres multitud. ¿No es esto una gran prueba? Los hemos enumerado solamente para ponerlos a prueba. Se dice que las personas sin ma­nos, sin pies, sin inteligencia, sin alma, que se mueven co­mo en un sortilegio, como el mercurio, son sesenta, o cien, o mil, y que éste es uno. Pero, en verdad, ellos no son nada, y éste es mil, y cien mil; y miles de millares. “Ellos son poco numerosos cuando se los cuenta, numerosos cuando actúan[8].

 

Un rey entregó la ración de cien hombres a un solo sol­dado y su ejército se lo reprochó. El rey dijo para sí: ‘Lle­gará el día en que veréis la razón de esta preferencia’. Y en efecto, en el día del combate todo el ejército huyó, tan sólo se batió ese soldado. El rey dijo entonces: ‘¿Veis? Tal es el motivo de mi elección’.

 

Debemos purificar de todo prejuicio nuestra facultad de discernimiento y buscar un amigo en la religión, pues­to que la religión es el conocimiento del amigo. Sin em­bargo, cuando el hombre pasa su vida en medio de gentes sin discernimiento, su juicio se embota y ya no puede re­conocer al amigo de la religión. Alimentamos a nuestro cuerpo, mientras que el principio del ser humano es el dis­cernimiento que le falta a ese cuerpo[9]. El loco, aún cuando tiene manos y pies, está privado de discernimiento.

El discernimiento es el sentido sutil que nos anima, sin embargo, noche y día nos esforzamos por nutrir aquello que carece de discernimiento pretendiendo que surja de allí. ¿Qué sentido tiene ocuparnos solamente del cuerpo menospreciando el discernimiento? El cuerpo existe gra­cias al discernimiento y no a la inversa. Su luz brota por los ojos, por las orejas, etc., y si careciera de estas salidas ella crearla otras.

Colocamos una lámpara delante del sol pretendiendo verlo con su luz, pero. ¿Qué necesidad tenemos de la lámpara? ¿Acaso el sol no se muestra por sí mismo?

Es necesario no perder la esperanza en Dios[10], tal es el principio del camino de la seguridad. Mas, si no tran­sitamos esa vía, sólo veremos el comienzo del camino y no podremos reconocer las faltas cometidas. Esforcémo­nos por ser siempre rectos y nada tortuoso nos desviará. La rectitud es el bastón de Moisés, la magia lo desviado[11]. Cuando la rectitud se manifiesta, ella devora toda magia. Cuando hacemos mal nos lo hacemos a nosotros mismos. El daño no alcanza a Dios.

Si un pájaro se posa en la cumbre de una montaña y luego alza vuelo, ¿qué es lo que la montaña pierde o ga­na con este hecho?

 

Cuando nos volvemos rectos, todo lo que es tortuoso desaparece.

No pierdas jamás la esperanza.[12]

 

Asociarse con reyes, de por sí, no amenaza la vida que podemos perder hoy o mañana. El peligro está en otra parte: cuando los reyes comparecen, cuando su alma car­nal (nafs) adquiere la fuerza de un dragón, aquél que se asocia con ellos, pretende su amistad y acepta sus dones, debe estar, necesariamente, de acuerdo con sus opiniones; él acata en su corazón sus malos propósitos[13] sin poder oponerse a ellos[14]. El peligro, entonces, reside en el perjuicio que esta sumisión puede causar a su religión pues, al ponerse de su lado, todo lo esencial se vuelve ex­traño. En tanto marcha en esa dirección, el Bienamado se aparta de él; en tanto sostiene relaciones con personas de ese mundo, el Bienamado le retira su amistad. "Si ayudas a un tirano, Dios hace que ese tirano te domine"[15]. El simple hecho de ir hacia él, hace que Dios lo ponga bajo su dominio.

 

¿No es una pena llegar hasta el mar y sacar, nada más que un cántaro de agua, siendo que allí hay perlas y cien mil cosas preciosas? ¿Cual es el valor del agua? Y, ¿de qué se glorifican los sabios? ¿Por qué lo hacen, siendo todo el universo nada más que la espuma que flota sobre el mar? Ese mar, donde se encuentra la Perla, sólo es de conocimiento de los santos. El universo es, apenas, espu­ma cargada de ramitas. A causa del movimiento de las olas, de la efervescencia de las aguas, la espuma reviste cierta belleza: "Las cosas que se desean fueron adornadas por el mundo: mujeres, niños, tesoros de plata y oro, ca­ballos marcados, animales y campos, todo esto es la rique­za de la vida presente[16]. Dios dijo "adornadas", para mostrar que esas maravillas no son bellas en sí mismas, que su belleza es prestada y que proviene de otro sitio, que son piezas falsas recubiertas de oro. El mundo, un puñado de espuma, es una pieza falsa y sin valor, pero nosotros la recubrimos de oro. He aquí el sentido de las palabras: "adornadas por el mundo".

El ser humano es el astrolabio divino, pero es necesario un astrónomo para dar utilidad a un astrolabio. Si aquél que vende legumbres o especies poseyera un astrolabio ¿qué interés tendría para él? ¿Le revelaría ese astrolabio algo sobre el estado de los cielos, la rotación, las influen­cias y los movimientos de los astros? Sin embargo, el as­trolabio tiene una gran utilidad para el astrónomo, ya que "aquél que se conoce a sí mismo conoce a su Señor[17].

Así como el astrolabio de cobre es el espejo de las esfe­ras, así también el ser humano, del cual Dios dijo: “Noso­tros ennoblecimos a los hijos de Adán[18]”; es el astrola­bio de Dios. Cuando Dios el Altísimo se hace conocer por el hombre y lo vuelve conciente de El, ese hombre se transforma en el astrolabio de su propio ser, ve a cada instante, a cada momento, la luminosidad de Dios y su Belleza inigualable. Y esa Belleza no está jamás ausenté del espejo.

Dios tiene servidores que se revisten de sabiduría, de conocimiento y de gracia, mas los hombres no poseen la visión que les permitiría verlos. Sin embargo, a causa del extremo celo (de Dios), esos servidores, como dijo Mutanabbi: "Llevan sedas estampadas, no como adorno, sino a fin de preservar su belleza[19]".

 

 

 

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NOTAS

 

[1] Ámbar: Resina fósil, amarillenta y traslúcida procedente de coníferas propias de la región del Báltico que frotada tiene la propiedad de atraer los cuerpos leves (como en este caso la paja); de su nombre grie­go, élektron, se ha derivado el de la electricidad.

[2] Corán, LXXXVI, 9: Se trata del Día del Juicio.

[3] Especie de sopa hecha con pastas y leche cuajada seca.

[4] Sopa hecha con yoghurt y ajo.

[5] Especie de confitura.

[6] Carne frita.

[7] Corán, LXXXIV, 31.

[8] Cada profeta es único en este mundo - Un solo caballero atacó al ejér­cito real - Alejaos del miedo engañoso - EI, solo, ataca a un mundo.

[9] Tiende la mano hacia cualquier suciedad y la come. Si en este ser corpo­ral existiera el discernimiento, no haría esto.

[10] "Desesperan del Espíritu de Dios sólo los incrédulos".

[11] Los magos del Faraón.

[12] Segunda parte de una cuarteta de Rumi cuya idea se encuentra ya ex­presada en un poema atribuido a Ferdousi.

[13] Y para satisfacer a la criatura, irrita al Creador.

[14] Y si puede oponerse a ello, mucho mejor para él. Tal persona es poco frecuente y puede fundar su juicio sobre lo que es poco frecuente.

[15] Tradición profética relatada en el Kunuz al-Haqa'Iq de Abd al Ra'uf al-Munawi, ed. de la India, p. 123.

[16] Corán, III, 14.

[17] Tradición atribuida por Rumi al Profeta, aunque generalmente se atri­buye a Alí.

[18] Corán, XVII, 70.

[19] Cita de Mutanabbi, Diwan, II, p. 158.

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