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En nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso
El Profeta (la paz sea con él) dijo: "El peor de los ulemas es el que visita a los emires, y el mejor de los emires es el que visita a los ulemas[1]. El mejor de los emires es el que acude a la puerta de un faqîr, y el peor faqîr es el que acude a la puerta de un emir”[2].
En general, la gente ha tomado esta tradición según su sentido aparente, interpretando que no es conveniente para el sabio visitar al príncipe por temor a ser considerado como el peor de todos. Sin embargo, esto no es así: el peor de los sabios es aquél que obtiene ayuda de parte de los príncipes: su fama y su situación dependen de estos últimos y obedecen al temor que ellos inspiran. En primer lugar, él ha estudiado para congraciarse con los príncipes, para recibir sus presentes, obtener su respeto y hacerse merecedor de las dignidades que pudieran ofrecerle. Para alcanzar ese logro él se ha perfeccionado, ha transformado en ciencia su ignorancia. Se muestra obsequioso por temor al castigo y se esfuerza por agradar a los príncipes. Así, aún cuando el príncipe visite al sabio, o el sabio al príncipe, siempre el sabio será el peregrino, y el príncipe el objeto del peregrinaje.
Más si el sabio adquiere su sabiduría, no por causa de los príncipes sino de Dios, y sus actos son dignos y brotan de su propia naturaleza -por no poder actuar de otro modo tal como el pez que no puede vivir fuera del agua- ese sabio estará guiado únicamente por la razón. Sus contemporáneos se sentirán admirados y llenos de un temor respetuoso ante su grandeza, y el mundo recibirá, consciente o inconscientemente, el brillo de su luz. Si tal sabio visitara al príncipe será, aparentemente, el peregrino del emir; pero, en verdad, será el objeto de su peregrinaje, ya que el príncipe es quien recibe la ciencia, mientras que el sabio se basta a sí mismo. El irradia como el sol que da sin distinción, transformando las piedras en cornalinas y en rubíes; las cuevas polvorientas en minas de cobre, de oro, de plata y de hierro, y la aridez de la tierra en fresco verdor. El otorga, ofrece pero no recibe[3]. Los árabes dicen: "Hemos aprendido a dar y no a tomar”[4]. Por lo tanto, el sabio es siempre el visitado, y el emir el que visita[5].
Aun cuando no sea este el lugar apropiado, viene a mi espíritu este versículo del Corán: "Dios el Altísimo dijo: ¡Oh Profeta! Di a los cautivos que están en tus manos: ‘Si Dios encuentra un bien en vuestros corazones, os dará más de lo que habéis tomado y seréis perdonados’. Sí, Dios perdona, pues es misericordioso[6]".
He aquí la causa por la cual fue revelado este versículo.
El profeta (la salvación sea con él) fue el vencedor de un combate; dio muerte a los infieles, tomó el botín y numerosos cautivos, los cuales fueron encadenados de pies y manos. Entre ellos se encontraba Abbas, su tío (que Dios esté satisfecho con él). Toda la noche, los prisioneros gemían y lloraban, de impotencia y humillación, frente a sus cadenas. Perdida toda esperanza, sólo aguardaban la espada y la masacre. El Profeta (la paz sea con él) lanzó una mirada sobre ellos y se echó a reír[7].
Los prisioneros comentaron entre sí: "¿Habéis visto?, las debilidades humanas le sobran, y no tiene fundamento su pretensión de no tenerlas más, pues al vernos con cadenas y con trabas se siente tan gozoso como los hombres ordinarios al ver a sus enemigos derrotados".
El Profeta (la salvación sea con él) comprendió lo que había en sus corazones y les dijo: " ¡Oh, no! Si yo río, no es por ver a mis enemigos vencidos y afligidos. (No estoy alegre, pero río) al ver con mi ojo interior a un grupo de hombres arrancados de la hoguera, del infierno, del humo negro, y al cual arrastro, por sus cadenas y sus trabas, al Paraíso y al Rosedal eternos".
Mas los cautivos, gimiendo y gritando, preguntaron: "Y, por qué nos conduces, desde el peligro, hacia ese Rosedal y la seguridad?"
(Y él respondió) "Vosotros no tenéis el don de la visión que os permitiría ver. Es por esto que río: El Dios Altísimo me ha ordenado: "Di a los prisioneros: al principio vosotros reunisteis vuestros ejércitos y desplegasteis un gran poder; teníais entera confianza en vuestro coraje y en vuestras fuerzas; os decíais unos a otros: Así haremos con los Musulmanes: los destruiremos y los venceremos. No veíais a nadie más poderoso por encima de vosotros, y no conocíais a nadie que pudiera arrebataros la victoria; más sucedió que vuestros planes se volvieron en contra vuestro. Sin embargo, ni aún en este instante os arrepentís de vuestra falta; ni aún ahora, en vuestra desesperación, veis por encima de vosotros a Alguien poderoso. Cuando os sentís derrotados, debéis verme, y comprender que habéis sido vencidos por Mí, a fin de que las cosas se os tornen fáciles. En el estado de temor no desesperéis de Mi, ya que sólo Yo soy capaz de salvaron y daros la seguridad. Aquél que puede sacar una vaca negra de una vaca blanca puede, también, hacer salir una vaca blanca de una vaca negra. "El hace salir la noche del día y el día de la noche" [8] "El hace nacer de un muerto un vivo, y de un vivo un muerto"[9]. Por lo tanto, en vuestro cautiverio, no desesperéis de Mi, a fin de que Yo os tome de la mano, pues "desesperan del Espíritu de Dios sólo los incrédulos"[10]. Dios el Altísimo os dice ahora: "Oh, cautivos, si abandonáis vuestra antigua religión y Me veis, tanto en el temor como en la esperanza, y en toda circunstancia os consideráis como sometidos a Mí, Yo os salvaré del temor, y todos los bienes que os fueron quitados o destruidos os serán devueltos: Yo os los devolveré acrecentados y os perdonaré, y en lo sucesivo reuniré para vosotros el bienestar de este mundo y el del otro".
Abbas dijo entonces: Yo me arrepiento, yo dejaré de ser lo que era antes".
El Profeta (la salvación sea con El) replicó: “De la pretensión que tienes, Dios el Altísimo, te demanda una señal”.Pretender que se ama, es fácil, pero es necesario proporcionar pruebas (y argumentos).
Abbas respondió: "En el nombre de Dios, ¿qué señal exiges?"
El Profeta dijo: "Si eres verdaderamente musulmán y deseas el bien del Islam, las riquezas que te quedan dónalas a sus ejércitos a fin de que ellos se tornen poderosos".
Abbas dijo: "Oh Enviado de Dios, ¿qué me queda?, todo me fue tomado, no se me dejó siquiera una estera".
El Profeta (la salvación sea con él) dijo: "Ves, cómo no eres sincero ni dejas de ser lo que eres? ¿Debo enumerarte las riquezas que posees, a quién las has confiado y dónde se encuentran?"
-"Dios me guarde por ello! ", y continuó: "¿No confiaste tal suma a tu madre[11], no la ocultaste en el muro y no la legaste en forma detallada, diciendo: "Si regresara, tú me la devolverás; si no lo hiciera, utilizarás una parte con tal fin, otra la entregarás a tal persona y tal cantidad la tomarás para tí misma?".
Cuando Abbas hubo escuchado esas palabras se convirtió, esta vez, con total sinceridad, y dijo: “¡Oh Profeta de Dios! Yo te creí favorecido por el cielo como tus predecesores, los soberanos Haman, Sheddad, (Nemrod) y los otros; pero desde el momento en que pronunciaste estas palabras, estoy seguro de que ese don te viene del otro mundo, que es divino y te ha sido dado por el Señor".
El Profeta (la salvación sea con él) respondió: Esta vez has dicho la verdad. Yo escuché romperse en tu corazón la cuerda de la duda y la idolatría (shirk). Y cada vez que alguien quiebra en su corazón la cuerda (zonnar) de la duda, la idolatría y la incredulidad, yo la escucho con el oído oculto que tengo en el fondo de mi alma. En verdad te has vuelto sincero y tienes fe".
El Maestro explicó: Una vez dije al emir Pervana[12]: Al convertirte en Jefe de los Musulmanes afirmaste: "Yo me consagro enteramente, yo, mi razón y mis pensamientos, a la continuidad del Islam y a la multiplicación de los Musulmanes, a fin de que el Islam se perpetúe". Ahora bien, como tú obraste sin ver a Dios, y sin saber que todo viene de Dios confiaste tan sólo en tus propios pensamientos, Dios transformó tus propios medios y todos tus esfuerzos en causas de debilitamientos para el Islam. Fue como si te hubieras unido a los tártaros ayudándoles a destruir a Sirios y Egipcios, arruinando a los países del Islam. Vuelve pues, ahora, tu rostro hacia Dios, ya que ha llegado el tiempo del temor, y haz limosnas para que El te salve de esta mala situación. No pierdas la esperanza en Dios aun cuando El te haya hecho pasar de la sumisión al pecado. Tú consideraste esa sumisión como proveniente de ti mismo pues habías caído en el pecado; ahora, en el pecado, tampoco debes perder la esperanza: implórale, ya que El puede cambiar ese estado de pecado en un estado de sumisión y acordarte el arrepentimiento. El puede darte, además, los medios para acrecentar el poder del Islam, transformándote, a ti, en su fuerza. No desesperes, pues "desesperan del Espíritu de Dios, sólo los incrédulos"[13]
Yo deseaba que el emir Pervana hiciera limosnas, implorara a Dios y comprendiera que, a pesar de, haber pasado de un estado extremadamente elevado a uno inferior, también en ese estado inferior debía esperar en Dios.
El Altísimo es astuto[14], El muestra bellas apariencias; pero bajo esas buenas apariencias están las malas, a fin de que el hombre no se vuelva vanidoso y no se diga: `Yo pienso bien, actúo bien, y todo lo que me sucede está bien[15]'. Si todo lo que sucede fuera conforme a las apariencias, el Profeta, dotado de una visión tan viva, luminosa y radiante, no hubiera dicho: ‘Oh mi Dios, muéstrame las cosas tal como son’[16]. El muestra lo bello y en, realidad es feo; El muestra las cosas como feas y en verdad, son bellas. Debemos pedir, pues, que nos muestre las cosas tal como son, a fin de no andar perpetuamente desencaminados. Vuestro juicio, aunque sea justo, no será mejor que el del Profeta. El hablaba así, en consecuencia, no debemos fiarnos más de nuestras ideas y de nuestros pensamientos. Imploremos y temamos a Dios.
Este era mí objetivo para con el emir Pervana, y él aplicó este versículo y esta interpretación a sus proyectos con sincera voluntad, diciendo: ‘En este momento nosotros enviamos ejércitos: no es necesario que pongamos en eso nuestra confianza. Lo verdaderamente necesario es no desesperar de Dios si somos vencidos y caemos en el temor y la impotencia’. El puso en práctica estas palabras en el cumplimiento de sus designios, tal como era mi intención.
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