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El Maestro dice: "Alguien ha informado a Tadj-ud­Din Qubayi: "Estos sabios se mezclan entre nosotros y privan a los hombres de su fe en Dios".

El respondió: "No, ellos no se mezclan entre nosotros y no nos vuelven incrédulos: por lo contrario, Dios nos preserva haciendo que sean de los nuestros! Si un perro lleva un collar de oro, no se lo llama galgo. "Galgo" tiene otro sentido, di­ferente a que el perro lleve un collar de oro o de lana. Un hombre no se vuelve sabio por llevar el hábito y el turban­te. Ser sabio es una cualidad que debe existir en su esen­cia, esté o no ataviado con un hábito o una capa. Así, en el tiempo del Profeta (la salvación sea con él), un grupo de hipócritas tenía la intención de perjudicar a la reli­gión: hacían ver que daban importancia al hábito de la oración para seducir a los discípulos ya que comprendían que no triunfarían con sus artificios sino aparentaban ser musulmanes; ya que si un cristiano (Ferengi) o un ju­dío hubieran calumniado al Islam, nadie los hubiera escu­chado. "Desgraciados los hipócritas e incrédulos que son negligentes en sus oraciones, los que oran sólo por osten­tación, los que se niegan a tener a sus semejantes una mano caritativa y rehúsan dar la limosna ".

 

Lo esencial es poseer el discernimiento; pero tú no tie­nes tal cualidad. Busca este discernimiento, es eso lo que necesitas alcanzar, el resto es charlatanería. Cuando algo se adorna demasiado, se olvida la intención oculta.

 

Un tendero amaba a una mujer; le hacía llegar mensa­jes por intermedio de su sirvienta: "Yo soy como esto, soy como aquello, estoy enamorado, ardiente, no tengo reposo ni sueño, no puedo comer, sufro con tanta cruel­dad, ayer a la tarde estaba en tal estado, y la víspera en tal otro", contando siempre largas historias.

La sirvienta se acercó a su ama, y le dijo: "El tendero te saluda, di­ciendo: ven para que yo haga esto contigo".

La dama pre­guntó: "¿Con esa frialdad?".

La sirvienta respondió: "El ha contado largas historias, pero lo esencial es esto".

 

Lo esencial es la intención, el resto no es más que dolor de cabeza.

 

 

capítulo 18 - Índice - capítulo 20

 

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