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El Nayeb dijo: “Antiguamente los impíos adoraban a sus ídolos y se prosternaban frente a ellos, Nosotros los criticamos; sin embargo, cuando fuimos al país de los Mongoles, nos prosternamos ante ellos y les servimos; ¡y nos decimos musulmanes! Además tenemos dentro nuestro infinidad de ídolos, -tales como la concupiscencia, el deseo, el odio, los celos-, a quienes obedecemos. Obramos, tanto interior como exteriormente, igual que los impíos, no obstante, nos creemos musulmanes".
El Maestro dijo: "Pero aquí es diferente; pues, si recordáis esas prácticas como malas y desagradables, ello se debe seguramente, a que el ojo de vuestros corazones ha percibido algo sin igual, sublime y sin calificativos, que os permite comprender la fealdad. El agua salada es salada para quien bebió agua dulce. "Se conocen todas las cosas por sus contrarios"[1]. Dios el Altísimo puso en vuestra alma la luz de la fe; ésta os permite juzgar la fealdad. Por comparación con la belleza es que discernís la fealdad; si no, ¿por qué los otros no experimentan semejante pena? Ellos están satisfechos con su condición y dicen: "Todo está bien".
Dios el Altísimo os acordará vuestro ideal y el objeto de vuestros esfuerzos. "El pájaro vuela con sus alas; el creyente con sus esfuerzos"[2].
Entre las criaturas hay tres categorías: primero, los ángeles, que son la razón pura: la sumisión, la obediencia y el recuerdo de Dios (dhikr) son su naturaleza y su alimento, y viven en ellos, como el pez en el agua. No pesan obligaciones sobre ellos; están desprovistos de concupiscencia y son puros. Si no ceden a la concupiscencia o no experimentan deseos carnales, ¿qué mérito tienen? Son puros y no realizan esfuerzos para evitar defectos. Su obediencia no cuenta como tal, ya que sin obediencia no podrían existir.
A continuación, está la categoría de los animales, que son pura concupiscencia. No tienen racionalidad que los sujete ni obligaciones que pesen sobre ellos.
Queda finalmente el desdichado hombre, compuesto de razón y de concupiscencia: mitad ángel, mitad animal[3]; mitad serpiente, mitad pez. El pez lo atrae hacia el agua, la serpiente hacia la tierra, y él está perpetuamente en conflicto y desgarrado. Dios creó a los ángeles y los dotó de razón; creó a los animales y los dotó de concupiscencia; creó a los hombres y los dotó de razón y de concupiscencia. "Aquél cuya razón prevalece sobre la concupiscencia es superior a los ángeles, y aquél cuya concupiscencia prevalece sobre su razón es inferior a los animales"[4].
"El ángel es salvado por su conocimiento y el animal por su ignorancia; entre los dos, el hombre permanece en litigio"[5].
Hay hombres que han obedecido a la razón hasta el punto de convertirse en ángeles perfectos y pura luz: son los profetas y los santos. Están libres del temor y la esperanza. "No temen y no se entristecen"[6]. En otros prevaleció la concupiscencia sobre la razón hasta el punto de convertirse en animales. Son verdaderas bestias y están más extraviados aún (Corán, VII, 179). Otros finalmente, permanecen en litigio. Estos últimos son los que tienen marcado en su corazón una pena, un dolor, un lamento, un pesar: no están satisfechos de su propia vida. Son los creyentes. Los santos los ayudan a fin de hacerles alcanzar su "morada" (manzil), y tratan de hacerlos semejantes a ellos. Pero los demonios tratan también de atraerlos hacia ellos, hacia los abismos. Tú quieres y Yo quiero, pero no sucede sino lo que Yo quiero.
Nosotros queremos, los otros también; no se sabe quién tiene la Fortuna, ni a quien ella ama.
"Cuando llega la victoria de Dios"[7].
Los comentaristas exotéricos (zaher) comentan así: Mohammad (la salvación sea con él) tenía el deseo de islamizar el mundo, y de conducirlo por el camino de Dios. Cuando estaba próximo a morir, dijo: "Hélas, yo no viví lo suficiente como para convertir al mundo entero al Islam". Dios el Altísimo le dijo: "No te apenes; en el momento en que partas, todos los países y todas las ciudades que hubieras conquistado, yo los volveré obedientes y creyentes. He aquí la señal: verás, sin necesidad de ejército y sin combate, ya próximo a la muerte, venir a los hombres hacia el Islam, grupo tras grupo. Cuando llegue esta señal, sabrás que llegó el momento de tu partida. Ahora, alaba a Dios y haz penitencia".
Los buscadores de la verdad dicen que este versículo significa que el hombre se imagina poder arrojar fuera de sí mismo los caracteres viles, por su propia acción y su propia lucha (jihad). Cuando ha realizado muchos esfuerzos y agotado infinitos recursos, está cansado y desilusionado. Dios el Altísimo le dice: "Habías imaginado poder liberarte por tus propias fuerzas y acciones. Estos son los preceptos que Nosotros impusimos: que gastes en Nuestro camino todo lo que posees; a continuación vendrá Nuestra absolución, Nosotros te ordenamos viajar en Nuestro camino sin fin, con esas manos y esos débiles pies. Sin embargo, resulta evidente que con ellos no podrás recorrer este camino, y que en cien mil años no llegarás a una etapa. En tanto marchas en este sendero, te agotarás, caerás y no te quedará más fuerza; entonces la gracia de Dios vendrá en tu ayuda. De este modo se toma al niño en los brazos, se lo cuida y cuando crece se lo deja libre para partir. Ahora tus fuerzas han desaparecido; cuando estés listo y hagas esfuerzos de tiempo en tiempo, en el sueño y en la vigilia, Nosotros te otorgaremos las gracias a fin de que recibas las fuerzas para buscarnos sin perder la esperanza. En el momento en que tus fuerzas desfallezcan, mira Nuestras gracias, Nuestras absoluciones y Nuestros favores que descienden en abundancia sobre ti, y de los que no verías ni un átomo por cien mil de tus esfuerzos. "Alaba a tu Dios y pídeLe Su perdón"[8].
Si nosotros amamos al emir, no es por sus atributos de este mundo. Los otros lo aman por su rango, por sus conocimientos, por sus acciones, ya que ven sus espaldas y no su verdadero rostro.
El emir es como un espejo y sus cualidades como las perlas y el oro que lo adornan por detrás. Los enamorados del espejo miran siempre el frente -aman al espejo por ser espejo- y este les muestra, permanentemente, un bello rostro que no dejan de contemplar.
Aquellos que aman el oro y las perlas, al mirar el espejo, ven reflejadas en él unas facciones feas y defectuosas; entonces lo dan vuelta procurando las joyas incrustadas al dorso.
Semejante gesto no estropea el frente del espejo. Dios el Altísimo ha creado la animalidad y la humanidad a fin de que las dos se manifiesten. "Las cosas se identifican por sus contrarios". La definición de una cosa sin su contrario es imposible. Sólo Dios el Altísimo no tiene opuestos. El dijo: "Yo era un Tesoro oculto y quise ser conocido"[9]. Por eso, para ser conocido, El hizo nacer a las criaturas; y para que Su Luz se hiciera manifiesta, extrajo de las tinieblas a este mundo. Dio a luz a los profetas y a los Santos, y creó a Adán según Su propia imagen. "Preséntate con Mis atributos ante Mis criaturas"[10]. Los profetas y los santos son, entonces, la manifestación de la luz de Dios y, a través de esa luz se distingue al amigo del enemigo, al hermano del extraño. Así, frente a Adán está Iblis; frente a Moisés, el Faraón; frente a Abraham, Nemrod; frente a Mohammad (la paz sea con él y con los suyos) Abu Jahl[11]; y del mismo modo hasta el infinito. Como dijimos antes, gracias a los santos lo opuesto a Dios se manifiesta; aunque en la realidad Dios no tenga contrarios.
Si los hombres les testimonian hostilidad, las realizaciones (de los santos) prosperan y se conocen mejor. "Ellos quieren extinguir de sus bocas la luz de Dios; pero Dios hace perfecta Su luz, incluso si los incrédulos se oponen a ello"[12].
Cuando la luna brilla en la oscuridad
la reacción del perro es ladrar:
¿es esto culpa de la luna?
La naturaleza del perro es así.
La luna clara satura el firmamento;
el perro no es más que un hálito salido de la tierra[13].
Hay muchos hombres a los que Dios castiga por medio de la abundancia, el oro, la dominación, pero sus almas huyen de esas riquezas. Un derviche[14] vio en Arab a un príncipe cabalgando un corcel -su frente irradiaba la luz de los profetas y los santos - entonces dijo: "¡Gloria a Aquél que castiga a Sus servidores por medio de la prosperidad!”.
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[2] Citado en Marzuban-Nama. ed. de Leyde, p. 127.
[3] Cf. Pascal, Pensamientos.
[4] Palabra atribuida a Alí y al Profeta. Cf. Mathnawi, I I I, 1497.
[5] Verso del mismo Rumi (Diwan, ed. Furuzanfar, I I, 9669).
[6] Corán, X, 63
[7] Corán, CX, 1
[8] Corán, CX, 3.
[9] Hadith qudsi, citado frecuentemente por los Sufis.
[10] Palabras de Bayazid Bistami, citadas en el Risalat an-Nur de al-Sahlaji, p. 149.
[11] Tío y enemigo del Profeta.
[12] Corán, LXI, 8.
[13] Esta misma idea fue expresada en los versos de Sayyed Hasan Ghazmavi, Diwan, ed. de Teherán, p. 31-32.
[14] Según Faridun Sepahsalar, Risala, p. 124, y también Aflaki, op. cit., este último era Shams ud-Din de Tabriz.