15
Existe en el hombre un amor, un dolor, una inquietud, un llamado, de manera que si poseyera cien mil universos, no podría encontrar la calma y el reposo antes de lograr su objetivo. Los hombres ejercen todos los oficios, todos los comercios y realizan todo tipo de estudios: medicina, astronomía, etc., pero no pueden encontrar reposo ya que su objetivo no ha sido alcanzado. Se llama "reposo del alma", al Bienamado; y ¿cómo podría encontrarse quietud y reposo sino es en El?
Todos los placeres y todos los objetivos son como una escalera, cada peldaño no es un lugar de reposo, sino un paso. Feliz el que se despierta temprano, a fin de recorrer el largo camino sin perder su vida tropezando con los escalones.
Uno preguntó entonces "Los Mongoles[1] roban nuestros bienes, y a veces nos los dan. Esto es bizarro. ¿Cuál es entonces vuestra opinión en relación a este asunto?"
El Maestro respondió: "Todo lo que los mongoles quitan por la fuerza se asemeja a lo que entra en la manó y el tesoro de Dios. Del mismo modo, cuando llenas un cántaro o una jarra en el mar y la retiras de él, éste agua se vuelve de tu propiedad. Mientras el agua permanece en esta jarra o este cántaro, nadie puede disponer de ella. Si alguien quita el contenido de esta jarra sin tu permiso, lo hace sin tener derecho. A partir del momento en que el agua es devuelta al mar, no es más de tu propiedad y puede ser aprovechada por otros. Nuestro bien es ilícito para ellos, pero el bien de ellos es lícito para nosotros.
"No existe el monacato en el Islam[2], la sociedad es una misericordia"[3].
Mohammad (¡la salvación sea con él!) realizaba infatigables esfuerzos para afianzar la comunidad, ya que las almas reunidas son mucho más fuertes que las que viven en el aislamiento y la soledad. Se construyeron las mezquitas para que los habitantes de los barrios se reunieran allí y se acrecentaran los beneficios y la misericordia. Las casas aisladas están destinadas a la separación y sirven para ocultar nuestros defectos. Se construyó la mezquita catedral a fin de que todos los habitantes de la ciudad se reunieran allí, y se impuso como obligación el peregrinaje a La Meca para que la mayoría de los habitantes del mundo, de las diferentes ciudades y condados, se congregaron allí para obtener el beneficio de la unión y de la reunión.
Alguien dijo: "AI principio, los Mongoles vinieron a este país sin vestimentas y desnudos. Tenían bueyes para montar y sus armas eran de madera. En el presente, son afortunados y están saciados, tienen los mejores caballos árabes y las más bellas armas.
El Maestro dijo: "En el tiempo en que eran débiles y no tenían fuerzas, Dios los socorrió y satisfizo sus deseos; pero en el presente, que están saciados y fuertes, Dios el Altísimo hace que sean exterminados por débiles criaturas, a fin de que sepan que sólo gracias á la providencia de Dios y a su ayuda, y no por sus propias fuerzas, pudieron dominar al mundo entero. Al principio, los Mongoles estaban en el desierto, lejos de los hombres, pobres, indigentes, desnudos y necesitados; sólo unos pocos de ellos comerciaban en el país de Khwarazman-shah, hacían trueque y compraban kerbaz (hilo de algodón) para su vestimenta. Pero Khwarazman-shah lo impidió y ordenó matar a estos comerciantes, en tanto que exigía de ellos un tributo en beneficio de sus negociantes. Los Tártaros fueron a implorar a su rey Gengis y se quejaron de ser exterminados[4]; el rey les pidió sólo diez días de plazo. Se retiró al interior de una caverna y permaneció diez días ayunando, imponiéndose humildad y posternaciones. Escuchó (de Dios el Altísimo) una voz; "He aceptado tus súplicas. Parte. Por donde vayas, vencerás. "Así, desde el momento en que partieron, vencieron según la orden de Dios, y conquistaron el mundo entero".
Alguien dijo: "Los Tártaros también creen en la Resurrección, y dicen también que habrá un Juicio".
El Maestro contestó: "Ellos mienten, quieren participar de la fe de los Musulmanes; nosotros también sabemos y creemos", dicen ellos[5]. Si afirman creer en el Día de la Resurrección, ¿cuál es la conjetura y la señal? Estos pecados, males y tiranías, se asemejan al hielo y la nieve que se apilan capa sobre capa. Cuando surge el Sol del arrepentimiento y de la enmienda, acompañados de las ideas del más allá y del temor a Dios, las nieves del pecado comienzan a fundirse. Si un témpano o un montículo de nieve dijera: "Vi al sol y el sol del verano brilló sobre mí", y no obstante permaneciera témpano y nieve, ningún ser razonable lo creería. Es imposible que el sol del verano proyecte sus rayos sin derretir nieve y hielo.
Dios el Altísimo ha prometido que la recompensa por el bien y por el mal tendría lugar en el Día del Juicio; sin embargo, hace llegar una prueba o señal aquí abajo, a cada instante y a cada momento. Si el hombre descubre la alegría en su corazón, es porque fue recompensado por haber hecho sentir alegre a alguien; si está triste, es que ha entristecido a alguien; estas recompensas son los presentes del otro mundo y las señales del Día de la retribución, a fin de que comprendamos, con tan poco, lo que es inmenso. Así, se nos muestra un pequeño puñado de trigo de un gran depósito.
Mohammad (la salvación sea con él), pese a su majestad y grandeza, sintió una noche un dolor en la mano. Recibió una revelación: este dolor se debía a que había lastimado la mano de Abbas, quien fue capturado y atado a otros cautivos; aunque actuó bajo la orden de Dios, el castigo no deja de llegar; a fin de que sepas que todas las enfermedades, las oscuridades, las depresiones que te aquejan ,son el fruto amargo del pecado y de la pena que causaste, aunque no recuerdes en detalle el mal que hiciste, por negligencia o ignorancia, o a causa de un mal compañero sin fe que minimizó los pecados a tus ojos, de manera que no los consideraste como tales. Piensa en la recompensa: ¿cuál es el grado de serenidad dé tu alma y cuál el de tu depresión? Ciertamente, la depresión es el castigo del pecado, y la serenidad es la recompensa a la sumisión a Dios. Cuando el Profeta (la salvación sea con él) jugaba con la sortija de su dedo[6], Dios lo acusa diciéndole: "Nosotros no te creamos para jugar y dedicarte al ocio". "¿Creéis que Nosotros os hemos creado en vano?”[7].
De este hecho, por analogía, puedes deducir si pasas tu vida en el pecado o en las buenas obras.
Parece que a menudo piensas en aquellos hombres que, desde el principio hasta el fin de su existencia, viven en el bienestar, la prosperidad y el gozo. Dios sabe que es así, pero por otra razón. Dios el Altísimo dijo: “Aquéllos son los compañeros del Fuego, donde permanecerán eternamente"[8]. ¿No escuchaste que durante cuatro siglos el Faraón no experimentó ningún dolor? Esta es la señal de su extrema enfermedad. Si se le hubiera acordado el dolor estaría lamentándose a Dios; no se le quiso otorgar la queja, el lamento, la súplica, la inquietud y las espinas. ¡Acuérdate! El Profeta (la salvación sea con él y su familia) dijo: "Aquél sobre quien se arroja el castigo en este mundo, es un hombre feliz".
Dios encargó a Moisés (la salvación sea con él) que se ocupara de los hombres. Por otra parte ordenó que Khezr se dedicara exclusivamente de El. Impulsó primero a Mohammad (la salvación sea con él) a consagrarse a EI. Luego El le ordenó predicar a los hombres, brindarles sanos consejos y corregirlos. Mohammad (la salvación sea con él) se lamentó, diciendo: " ¡Oh Señor! ¿Qué pecado cometí para que me arrojes de Tu presencia? Yo no quiero al mundo". Dios le respondió: "Oh Mohammad! No te apenes. Yo no te abandono; ocupándote de los hombres, estarás conmigo. Ni siquiera en un átomo (cabello) disminuirá tu relación conmigo si te ocupas de los hombres, y en todo lo que hagas estarás en plena unión conmigo".
Se preguntó: "¿Habrá un cambio en los decretos pre-eternos y en todo lo que Dios el Altísimo preestableció?"
El Maestro respondió: "En lo concerniente a lo decretado por Dios el Altísimo en el día pre-eterno, a saber: que el mal no tendrá otra consecuencia que el mal, y el bien que el bien; este decreto no cambiará porque Dios el Altísimo es Sabio: El no ordenará jamás que el mal sea recompensado con el bien. Nadie sembrará trigo para recoger cebada o lo contrario. Esto es imposible. Todos los santos y los profetas dijeron algo semejante: "La recompensa del bien es el bien, y la retribución del mal es el mal".
"Quien haga un átomo de bien, lo verá; quien haga un átomo de mal, lo verá”[9].
Si entiendes por decreto pre-eterno lo que dijimos y explicamos, ningún cambio se producirá, Dios nos ampare. Si piensas que la retribución del bien y del mal aumentará, cuanto más bien obres, más abundantes serán los bienes que recibirás, y cuanto más sucumbas al mal, más pesados serán tus males, en esto sí habrá cambios. Pero el decreto primordial no cambiará.
Alguien pidió explicaciones complementarias: "A veces constatamos que el perverso se vuelve virtuoso y el virtuoso perverso".
El Maestro respondió: "Es porque este perverso obró o pensó bien que se tornó virtuoso. Y el virtuoso se volvió perverso porque obró o pensó mal. De la misma manera que Iblis, cuando protestó con relación a Adán: "Tú me creaste del fuego y lo creaste a él de la arcilla"[10]. Aunque era el maestro de los arcángeles, fue condenado eternamente y expulsado del serio de Dios. De manera similar decimos que la retribución del bien es el bien, y la del mal es el mal".
Se preguntó a un musulmán ortodoxo (ama): "Alguien hace el voto de ayunar un día. Si rompe este ayuno, ¿debe hacer una compensación (kaffara) o no?"
El respondió: "De acuerdo con el rito de Shafi'i, según la opinión unánime, es necesario que haya una compensación porque cada voto implica un juramento, y quien rompe un juramento está obligado a una compensación. Pero según Abu Hanifa[11], el voto no tiene el sentido de juramento, entonces no implica compensación. Hay dos tipos de votos: votos absolutos y votos condicionales. Un ejemplo de voto absoluto: yo hago voto de ayunar un día. El voto condicional: yo hago voto de ser deudor de tal o cual cosa si tal o cual cosa sucede".
El contó: "Alguien ha perdido su asno y hace ayunó durante tres días con la esperanza de encontrarlo. Al cabo de tres días, encuentra a su asno muerto. Se siente maltratado, humillado, de tal modo que apostrofa al cielo, diciendo: "Si en lugar de estos tres días de ayuno, no como durante seis días de Ramadhan, no soy un hombre. Vas a ver si puedes aprovecharte de mí"
Alguien preguntó: "¿Cuál es el sentido de las bendiciones, de los saludos y alabanzas al Profeta?".
El respondió: "Estas adoraciones, servicios, obligaciones y atenciones, no proceden ni dependen de nosotros: en verdad, las adoraciones y plegarias pertenecen a Allah, son de El; son Su propiedad. Así como durante la primavera, muchos se dedican al cultivo, van al campo, hacen viajes y levantan construcciones: todas estas actividades son un don y un favor de la primavera que Dios el Altísimo les acordó; de otro modo, estarían obligados a permanecer prisioneros en sus casas y cavernas. En realidad, éste cultivo, estas distracciones y el goce de estos beneficios pertenecen a la primavera: ella es la benefactora. Los hombres se ligan a causas secundarias a las que atribuyen muchas buenas acciones; pero, a los hombres de Dios, se les reveló que las causas secundarias no son más que un simple velo que impide reconocer la Causa Primera; es como si alguien hablara detrás de un telón y otro creyera que es el telón el que habla, desconociendo la incapacidad del telón para hacerlo, desconociendo que no es más que una pantalla. Si en el momento de hablar el hombre sale de atrás del telón, el otro comprenderá que el telón sólo es un velo.
Los santos de Dios ven las cosas más allá de las causas secundarias: fue así como Mohammad (la salvación sea con él) partió la luna sin instrumento alguno; Adán (la salvación sea con él) nació sin padre ni madre; Jesús (la salvación sea con él) nació sin padre, y como para Abraham (la salvación sea con él) el fuego dio nacimiento a un rosal...[12]. Ellos (los santos) ven y saben que los medios no son más que un subterfugio y que lo que actúa es otra cosa, independiente del instrumento. Los medios no son más que un velo[13] levantado frente al común de los hombres para que tomen la carga de la realidad y luego descubran la verdadera esencia.
Dios prometió a Zacarías (la salvación sea con él): "Te daré un niño".
El se lamentó: "Soy viejo y mi mujer es vieja, el fuego de la pasión está debilitado y, por la edad que tiene mi mujer, es imposible estar embarazada y dar a luz un niño". El dijo: "Señor, ¿cómo podría tener un niño cuando he llegado a la senilidad y mi mujer es estéril?"[14].
Llegó la respuesta: "¡Oh Zacarías! ¡Tú perdiste el hilo conductor! Cien mil veces te mostré que los asuntos de Dios están más allá de los motivos aparentes. Tú lo olvidaste de nuevo. ¿No sabes que los medios no son más que pretextos? Yo, en este instante, ante tus ojos, Soy capaz de darte cien mil niños, sin mujer y sin embarazo. Si Yo hiciera un gesto, aparecería en el mundo una nueva generación, que llegada a la edad de la pubertad sería sabia y perfecta. ¿No fui Yo quien te creó en el mundo de las almas, sin padre ni madre, te acordé beneficios y gracias predestinadas antes que nacieras? ¿Por qué lo olvidaste?".
La situación de los profetas y de los hombres de Dios, así como del común dé los mortales -los buenos y los malos, según su rango y su esencia- es como la de los esclavos conducidos desde los países de los impíos al país de los musulmanes. Se los vende; algunos tienen cinco años, otros diez, otros quince años. El que fue llevado siendo pequeño, que vivió durante muchos años y envejeció con los musulmanes, ese olvida enteramente el país (donde nació); todo rastro se pierde en él. Si es más grande conserva algunos recuerdos; cuando es sensiblemente de más edad está más marcado. De manera semejante, antes de llegar a este mundo, las almas han vivido en presencia de Dios. "¿No soy vuestro Señor? Ellos respondieron: Sí"[15]. Su alimento y su fuerza eran la palabra divina sin letras y sin sonidos. Al ser transportadas al mundo sensible, por la ofuscación del nacimiento no recuerdan su estado anterior, y al escuchar la palabra divina se sienten extraños. Esta es la descripción de los que tienen velos y están absorbidos por la impiedad y el extravío; también están los que, apenas recuerdan las primeras palabras divinas; surge en ellos el ardor y el fervor hacia esta dirección, estos son los creyentes. Y hay otros hombres en los que se manifiesta el estado originario del alma para escuchar la palabra divina; se descorren los velos y encuentran la unión: estos son los profetas y los santos.
Nosotros recomendamos a nuestros amigos cuando las bellezas del mundo de la comprensión aparecen en su fuero interno y los misterios se revelan: "Poneos en guardia, no habléis a los extraños y no les expliquéis. Este discurso que escucháis de nosotros, no lo digáis a nadie. El Enviado de Dios dijo: "No acordéis la sabiduría a los que no son dignos, de otro modo les perjudicaréis; más no seáis avaros en transmitirla a los que son merecedores, de otro modo perjudicaréis a esos hombres". Si tienes una beldad o una amada y ella se aísla o encierra en tu casa, diciendo: "No me muestres a nadie, porque te pertenezco", ¿es conveniente que la hagas volver al mercado, diciendo a todo el mundo: " ¡Venid, mirad esta belleza! "? ¿Le agradara a ella esta conducta? Iría a casa de otros y estaría encolerizada contra ti. Dios el Altísimo ha hecho que estas reflexiones no estuvieran al alcance de todos. De la misma manera los habitantes del infierno claman a los habitantes del paraíso: " ¿Dónde están, entonces, vuestra generosidad y vuestra caridad" Entre tantos dones y misericordias que Dios os acordó, hacednos limosna y favor. ¿Por qué no volcáis sobre nosotros una pequeña porción? "Y para la tierra hay una parte de la copa de los hombres generosos"[16], porque nos quemamos en este fuego, y nos devastamos; ¿por qué no volcáis sobre nosotros una parte de los frutos y de las aguas límpidas del paraíso?".
"Y los compañeros del Fuego llaman a los compañeros del Paraíso: "Volcad sobre nosotros el agua o lo que Dios os ha otorgado, Ellos responden: "Esta dicha está negada a los impíos"[17].
Los compañeros del paraíso responden: "Dios os los prohibió. La simiente de estos beneficios ha existido en la vida de aquí abajo, pero como vosotros ni la habéis sembrado ni cultivado, -fe, sinceridad, obras piadosas- ¿qué podéis recoger aquí? Si por generosidad os acordamos algún don, seguramente os quemaría la garganta y no se deslizaría en ella, ya que Dios lo ha prohibido. Si vosotros lo pusierais en una bolsa, la bolsa se rasgarla y todo caerla".
Un grupo de hipócritas y de hombres hostiles llegó hasta lo de Mustafá (la salvación sea con él), donde estaban a punto de explicar los misterios y celebrar alabanzas al Profeta. El Profeta dijo a sus compañeros de manera alusiva: "Cubrid vuestro recipiente"[18], es decir: echad un velo sobre vuestros cantos, vuestras copas, vuestros calderos, vuestras jarras, porque hay pequeños animales impuros y venenosos. Cuidad que ellos no caigan en vuestros recipientes, no sea que, por error o ignorancia, bebáis del agua que os resultarla perjudicial. El recomendaba, en esos términos, ocultar la sabiduría a los profanos y callar, pues ellos son los ratones, indignos de este conocimiento, que roban vuestros secretos.
capítulo 14 - Índice - capítulo 16
NOTAS
[1] Esta alusión muestra que las palabras pronunciadas en este capítulo fueron posteriores al 840 de la Hégira, fecha en la que los Mongoles atacaron Bizancio.
[2] Tradición profética citada en Uyun al -akhabar de Ibn Qutaiba, IV, p. 18, Cf. Mathnawi V. 574.
[3] Tradición profética citada en el Mathnawi, I, 3017.
[4] Nosotros somos inocentes y se vierte nuestra sangre. A fin de cuentas estamos, sin pan y sin vestimentas.
[5] Cuando el rey se lamentaba, pidió el imperio del mundo y lo alcanzó. La tiranía de Khwarazm-Shah tuvo, en consecuencia como resultado, la acogida favorable de la plegaria.
[6] Cf. al-Ghazali, 'Ihya, I, p. 51, 120.
[7] Corán, XXI II, 115.
[8] Corán, II, 257.
[9] Corán, XCIX, 7-8.
[10] Corán, VII, 12.
[11] Shafi'i y Abu Hanifa: jefes de dos de los cuatro ritos del Derecho canónico islámico.
[12] Alusiones a diversos versículos del Corán.
[13] Entonces ¿por qué todo el mundo se liga a las causas secundarias y abandona el Causante de las causas? Se trate o no de causas secundarias, su fuerza proviene de que el común de los hombres son llamados para que tomen en cuenta la otra dimensión, la Primera.
[14] Corán, III, 40.
[15] Corán, VII, 172.
[16] Versos anónimos citados por AI-Ghazali, 'Ihya', IV, p. 71.
[17] Corán, VII, 50.
[18] Tradición profética. Cf. Muslim, Sahih, VI, p. 105.